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lunes, 24 de noviembre de 2025

01718 Un Plato Disfrutón

 UNO DE TANTOS DELICIOSOS PLATOS COMBINADOS


Nunca como hasta ahora me había declarado tan fan de los platos combinados. Pero no de los platos combinados para cubrir el expediente, sino de los elaborados a conciencia, con sabor y que gusten a la vista.

Este verano la huerta ha tenido a bien regalarme una buena cosecha de pimientos morrones. Y cuando digo buena, es que ha sido excepcional. Sobre todo, si la comparo con años precedentes, cuando el número de ejemplares se podían contar con los dedos de las manos. Tan aburrido me tenían, que este año estuve a punto de pasar de ellos, pero a última hora me arrepentí, y visto el resultado, ahora no me arrepiento de haberme arrepentido. ¡Qué lío!

El caso es que, como digo, este año ha sido magnifico, ya no solo en cantidad, sino en calidad y tamaño. A casa los traía del huerto entreverados y los depositaba en un mueble de la cocina. No tardaban ni cuatro días en adquirir su característico color rojo, prestos para ser horneados. A partir de aquí, después de pelados y cortados a tiras, les esperaba una buena conserva o un gran táper que dejaba en el frigorífico para consumir a demanda, según las apetencias del momento.

El plato combinado que traigo hasta este caleidoscopio vital es un ejemplo de lo mencionado, compuesto por cuatro alimentos que se complementan a la perfección. Los loados pimientos rojos asados, solo con aceite y sal, huevo duro, tomate, también del huerto, y lomo adobado a la plancha. Suficiente para, como dice mi hija Jara, sacar a la mesa un plato "disfrutón". Y así lo acometí, disfrutándolo de principio a fin.




jueves, 4 de septiembre de 2025

01715 El Gazpacho con Mango

INTERESANTE Y SENCILLA PROPUESTA


¡No me lo puede creer! Con lo que me gusta el gazpacho y todavía no lo había incluido en mi caleidoscopio vital. Me he querido asegurar echándole un vistazo a todas las entradas del blog y efectivamente, aún no lo había recogido. ¡No doy crédito! Precisamente, ayer elaboré un gazpacho con unos hermosos y maduros tomates pera recogidos en el huerto. Como diría mi madre, "no estoy en lo que celebro".

El caso es que el gazpacho que traigo a colación lo probé en una reciente celebración de cumpleaños familiar. No se trata del tradicional gazpacho andaluz, sino de una "reinterpretación" de esta popular sopa fría. La autora de esta delicia fue mi sobrina Isabel quien, a la hora de sacarlo a la mesa, buscó entre los comensales nuestra aprobación. Y ya lo creo que la obtuvo, y por unanimidad.

La gracia añadida a este gazpacho es el mango. El ligero dulzor del fruto le confiere a la sopa un agradable sabor, si bien la textura es algo más cremosa que el tradicional gazpacho andaluz. Me pareció una interesante propuesta, digna de ser recordada.

Ingredientes: 1 kilo de tomates maduros, 1 mango grande, 1/2 pepino, 1/2 pimiento verde italiano, 1 diente de ajo, vinagre de manzana, 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, sal,  y unos pistachos tostados, así como un mango pequeño para finalizar el emplatado.

Elaboración: Pelar y trocear los tomates, el mango, el pepino, el pimiento y el ajo, e introducir todo en una batidora junto con el vinagre de manzana, el aceite y un pellizco de sal. Triturar hasta que no quede grumo alguno. Servir bien frío, y a la hora de emplatar y sacar a la mesa, añadir a cada tazón de gazpacho unos dados de mango junto con unos pistachos tostados y pelados.







miércoles, 10 de julio de 2024

01398 El Bonito con Tomate

 PLENO DE EMOCIÓN


Traigo hasta este caleidoscopio vital uno de los platos que en otro tiempo acompañó muchas de mis comidas y que me parecía un lujo. Me remonto a mi época universitaria en Bilbao y a las comidas que hacía indistintamente mi hermano Antonio o su suegra Sara, que como buena “ama” vasca, tenía muy buena mano en la cocina. Es un plato de tradición, con muy pocos ingredientes, pero pleno de sabor. Se trata del bonito con tomate.

Hacía tiempo que no lo probaba. Recientemente tuve la oportunidad de volver a recuperar su gusto y me siguió pareciendo algo delicioso. Un sabor fácilmente reconocible y pleno de emociones.

Como digo, tan solo se necesitan unos buenos tacos de bonito del norte frescos, cebolla, tomate, pimiento verde, unos dientes de ajo, laurel, sal y aceite de oliva. El único cuidado que hay que tener es que el bonito no se reseque y mejor prepararlo de un día para otro. O por lo menos, así lo dictan mis entendederas. Para acompañar este cocinado de auténtico vicio, un buen vino, un buen pan y tira millas. Fue un reencuentro feliz.

Ingredientes para 4 personas y para que sobre si es necesario: 8 rodajas de bonito del norte fresco, 1 cebolla, 1 ½ kilo de tomates maduros o la misma cantidad de tomate triturado en conserva, 1 pimiento verde, 3 dientes de ajo, 1 hoja de laurel, sal y aceite de oliva.

Elaboración: Poner un poco de aceite de oliva en una sartén, salar el bonito y dorarlo a fuego alto durante un minuto por cada lado. Reservar. Picar muy fino tanto la cebolla como el pimiento. Triturar los tomates. Majar los ajos en un mortero. Pochar la cebolla en un poco de aceite y a fuego bajo. Añadir el pimiento hasta que se reblandezca. Incorporar el ajo y cocinar durante un minuto. Añadir el tomate triturado y la hoja de laurel, y reducir la salsa a fuego bajo. Sazonar. Incorporar las rodajas de bonito y cocinar durante un minuto. Apagar el fuego, tapar el recipiente donde se ha cocinado y dejar que el bonito acabe de cocinarse con el calor. Dejar reposar el guiso para que gane sabor. 




martes, 7 de mayo de 2024

01333 La Tostada de Navidad

ROJO Y VERDE


Esta sencilla tostada se ha convertido en todo un clásico de nuestras Navidades familiares. Nació sin querer. Sin más. Solo por el gusto combinado del tomate, la anchoa y el aguacate. Cuando la vi sobre la mesa, pensé en voz alta. ¡Anda, si parece una tostada de Navidad! Y desde entonces, en algún momento o momentos de nuestras comidas en familia, aparece como aperitivo esta tostada tan rica.

Huelga decir, que cuando la vi en la mesa aquella primera a improvisada vez, me llamó la atención su alegre y esperanzador colorido y el predominio del rojo y el verde, colores característicos de la Navidad. De aquí, yo que soy muy dado a bautizar platos, la denominara como la tostada de la Navidad.

Por cierto, que asociemos estos dos colores con el periodo navideño tiene su miga. Independientemente del Papá Noel nacido del marketing, existen varias teorías al respecto. La que más me acerca a su origen es la que hace referencia al acebo. Entre otras cosas, porque es la naturaleza la que habla. Esta planta de color verde y frutos rojos, ya albergó rituales durante la Edad Media en época invernal. Era concebida, junto al muérdago, como una planta de vida. Cuando todas las demás plantas parecían haber muerto, estas, no solo permanecían verdes, sino que incluso daban frutos en pleno invierno.

Volviendo a nuestra tostada navideña en rojo y verde, es tan sencilla como colocar sobre una rebanada de pan tostado, unas ruedas de tomate, una anchoa de Santoña  y unas rodajas de aguacate, para finalizar con un poco de sal sobre ella y un generoso chorro de aceite de oliva virgen extra. Está de rechupete, además de ser muy agradecida durante estos días en los que todo es comer y comer. 



lunes, 18 de marzo de 2024

01299 La Ensalada de los Seis Ingredientes

 PARA LOS DÍAS DE DESGANA Y POCO PENSAR


Tan solo seis ingredientes para una refrescante ensalada y plena de sabor: lechuga, migas de atún en aceite, tomate, sal, aceite de oliva virgen extra y vinagre de Módena. Es más que suficiente.

En el apasionante, atractivo y hasta divertido mundo de las ensaladas, -en este caleidoscopio vital ya llevo recogidas 28-, esta que se cuela en esta ocasión, es una de mis favoritas para los días de desgana y de poco pensar. O por lo menos, así me lo ha parecido hoy. Aunque también la tengo muy relacionada a mis días de dieta. Cuando me tocaba comer esta ensalada, aplaudía con las orejas. La única diferencia que estriba entre esta y aquella, es que el vinagre era de vino y no de Módena.

En fin, que lo mire por donde lo mire, me parece una ensalada muy sugerente, a pesar de sus escasos ingredientes. En numerosas ocasiones, en la sencillez es fácil encontrar la grandeza.






martes, 27 de febrero de 2024

01277 El Tomate Deshidratado

 SIEMPRE EN LA DESPENSA


No hace muchos años que descubrí los tomates deshidratados. Me encantaron, además de comprobar que son unos grandes aliados en la cocina. Desde entonces, siempre he tenido algunos botes dispuestos en la despensa para un “nunca se sabe”.

Habitualmente los consumimos en casa como condimento o aderezo en los platos de pasta o ensaladas. También como aperitivo con un queso fresco tipo mozzarella, feta o de rulo de cabra o en tostadas junto a unas anchoas, bonito o sardinillas. Aunque no les sacamos todo el provecho, todo se andará, poco a poco los vamos incorporando a otras propuestas gastronómicas, sobre todo aquellas que vienen de Italia, donde son unos expertos en esta materia. Allí se les conoce como “pomodori secchi” o “pomodori essiccati”.

La humedad es uno de los grandes enemigos de los alimentos. Así, si se elimina el agua que contienen, se consigue alargar su vida útil durante meses e incluso años. De esta manera, el secado de los alimentos es una de las técnicas de conservación de alimentos más antigua que el hombre comenzó a practicar. He leído, y visto en algún programa de televisión, que en Italia todavía se siguen preparando los tomates deshidratados siguiendo el método tradicional. Es decir, secando los tomates directamente al sol. Los tomates frescos, una vez lavados y seleccionados, se cortan por la mitad de forma longitudinal, se colocan sobre unas tablas de madera o rejillas con el corte expuesto hacia arriba en un lugar donde reciban luz solar, y se espolvorean con abundante sal.

Durante el proceso de secado, que dura algunos días, los tomates pierden su volumen y se arrugan. Queda una textura reseca por la parte no expuesta al sol y algo más carnosa por la cara oculta, manteniendo las semillas. Después se envasan al vacío o en botes esterilizados, aunque resultan más prácticos en conserva con aceite de oliva y algunas hierbas aromáticas.

Salvo en rara ocasiones, en casa acostumbramos a consumir los tomates deshidratados en conserva con aceite de oliva. Resultan más cómodos, pues no hay que desalarlos ni hidratarlos. Tal cual salen del frasco, van directamente al plato ideado.

Para mí, la verdad que es un mundo este del tomate deshidratado, al que poco a poco le voy cogiendo el tranquillo, que no el gusto, pues me encantan de cualquier manera.

Las imágenes que ilustran esta entrada se corresponden con una ensalada a base de diferentes tipos de lechuga, mozzarella, tomate deshidratado y conservado en aceite de oliva, y un poco de aceite, vinagre y sal. El sabor que el tomate le confiere a la ensalada es excepcional.

 

 




sábado, 17 de junio de 2023

01139 ¡Marchando una de Color!

ENSALADA PARA LOS DÍAS GRISES


Como buen "climeopático" que soy, -palabra todavía no reconocida por la RAE, pero que viene a significar algo así como, "persona a la que le afecta anímicamente el estado del tiempo"-, con los días grises y lluviosos me vengo abajo, y con los días de sol y luminosos, estoy que me salgo.

No obstante, lo dicho con anterioridad no hay que tomarlo al pie de la letra. No todos los días grises me afectan. Si son muy seguidos sí, e incluso en ocasiones hasta me gustan. Lo mismo que los días de luz, tampoco todos son para echar cohetes. 

El caso es que estos días atrás de tanta lluvia, tormentas y grises nubes, empezaban a resquebrajar mi cuestionada fortaleza. Cuando esto sucede, intento buscar antídotos. Nada de química ni cosa que se le parezca. Acudo a la música, la lectura, la fotografía, los trabajos domésticos y sobre todo, a la cocina y sus múltiples beneficios terapéuticos. Todo consiste en estar con la mente ocupada. 

En esta ocasión, me incliné hacia la última propuesta. Cuando empecé a preparar la comida, no tenía ni la menor idea en qué iba a consistir el improvisado menú. Lo único que tenía claro es que tenía que ser algo con mucho color, que alegrara la vista y sin muchas complicaciones. El segundo plato lo tenía más claro; pechugas empanadas con patatas fritas, a sugerencia del respetable.  

Para el primer plato se me ocurrían varias alternativas, pero a todas les faltaba el toque de color que me pedía mi estado anímico. Además, tenía que hacerlo con los ingredientes que hubiera en casa, pues el tiempo apremiaba. Abrí el frigorífico, eché un vistazo y una bolsa de lechugas variadas me trajo la inspiración. ¡Ya está! Puede servir, me dije. 

En una fuente puse, tras lavarla y secarla, la lechuga a modo de lecho. Cogí a continuación un solitario aguacate que vi en el verdulero del frigorífico. Lo pelé y lo puse sobre la lechuga a gajos. La cosa iba bien y muy cercana a lo que buscaba. El color verde para estos casos es una apuesta segura. Pensé en un alimento que ofreciera un gran contraste. Así que cocí unos huevos durante 9 minutos, los dejé enfriar en agua fría, les quité la cáscara, los partí por mitades y los coloqué finalmente en el centro de la fuente. También había en el frigorífico un par de tomates de los llamados "azules". Los corté a gajos y los dispuse alrededor de la fuente. En vista de cómo estaba quedando, lo que viene siendo una vulgar ensalada, y en ausencia de más ingredientes en el frigorífico, me vine arriba y buceé en la despensa en busca de algo más. Tenía claro que una lata de sardinas había que poner, aunque sólo fuera para darle más sustancia y sabor. Cuando me disponía a coger una lata de sardinas en aceite, me topé con un bote de cristal de pimientos del piquillo asado y a tiras. No lo dudé y con él que me volví a la cocina. Dispuse las sardinas a modo de colofón y las tiras de pimiento entre los gajos de tomate. Salpimenté y saqué la ensalada a la mesa. 

La colorista ensalada no fue ni aplaudida ni vitoreada. Tampoco ese era el objetivo. Había hambre. Antes de servirla en los platos y destrozar su armoniosa presencia, me la quedé mirando y pronuncié en voz alta: "Marchando una de color". Afuera, en la calle, lucía en hermoso sol.



miércoles, 7 de junio de 2023

01132 El Tomate Casero

 UN PEQUEÑO GRAN PRIVILEGIO


Hablando con un amigo que también tiene huerto, después de intercambiar información sobre lo que habíamos plantado este año en nuestros respectivos vergeles, hemos llegado a la conclusión de que somos unos privilegiados.

Tras repasar las bondades de cuanto se cultiva y su proyección en la cocina, hemos acabado hablando largo y tendido, como no podía ser de otra manera, de los tomates y sus múltiples variedades. Cuando le ha llegado el turno al tomate de pera, popularmente conocido como el de embotar, la conversación se ha tornado en un derroche de piropos hacia este alimento y lo necesaria que se hace su presencia en innumerables platos. Así, hemos empezado a enumerar platos: Albóndigas, bacalao, pistos, sardinas, cordero, caracoles, magras, lomo, macarrones, espaguetis.... Parecíamos dos concursantes del siempre recordado "Un, dos, tres, responda otra vez", contestando por 25 pesetas a la pregunta: Platos que como ingrediente lleve salsa de tomate.

De no ser porque mi interlocutor tenía que asistir a sus clases de música, todavía estaríamos hablando de las excelencias de los huertos y de sus temporales inquilinos vegetales. Las últimas palabras de mi amigo, cuando ha empezado a caminar para dirigirse a su obligación musical, han sido: "Y como el tomate embotado en casa, no hay nada igual". A lo que le he respondido: "No seré yo quien diga lo contrario".

De regreso a casa, he reflexionado sobre lo hablado con mi amigo. Y efectivamente, los que hoy en día disponemos de un huerto para convertirlo en parte de nuestro ocio, somos unos privilegiados. El contacto con la tierra, la vida y su cuidado es, o por lo menos así lo siento yo, un excelente analgésico para los dolores del alma, aunque luego el dolor se instale en tu espalda. Con todo, merece la pena. 

Y en cuanto al tomate embotado en casa, qué podía más añadir yo a la sentencia de mi amigo en la despedida, si soy un auténtico fan del carnoso fruto. Su sabor a temporada, aun cuando se coma fuera de ella. Sus distintas formas de elaboración aprendidas de la tradición. Su verdad, sin trampa alguna... Sí, todo un privilegio. Y como todavía quedan en casa botes de tomate de las dos últimas cosechas, y en honor a ese privilegio, qué mejor homenaje, que unas sardinas con tomate casero, embotado a la antigua usanza. 

 



lunes, 15 de mayo de 2023

01116 Una Tortilla Floja y un Tomate

 UN TOMATE Y UNA TORTILLA FLOJA


Clas, clas, clas, clas, clas..... Es el familiar y siempre reconocido sonido que sale de la cocina. Me hace sentir bien. No hay nada qué preguntar. Sólo esperar. Es todo muy obvio. Clas, clas, clas, clas, clas..... Quizás sea este el sonido más común de nuestras vidas, aprendido a la par que las cinco vocales. Una onomatopeya con olor a humildad, a reposo y sosiego necesitado. Clas, clas, clas, clas, clas..... Puede que sean los últimos. Si es así, entonces se hará el silencio. Un breve silencio hasta que se oiga una voz que invita a cenar.

Sobre el plato, la materialización de ese sonido amigo; una tortilla floja. No está sola. Le acompaña un tomate partido a gajos. Aunque pensándolo bien, no alcanzo a certificar quien complementa a quien. Se llevan bien. No se molestan. Saben compartir un espacio destinado al sustento, a un humilde, sencillo y delicioso sustento. No hay alardes ni florituras. Todo sobra y nada falta en el camino hacia las buenas noches.






sábado, 3 de diciembre de 2022

01073 Las Sardinas con Tomate

UN OLOR MUY FAMILIAR


La cosa hoy va de antojo. Me apetecía que la cocina estuviera ad hoc con el día con el que hemos amanecido. Día invernal, casi navideño, húmedas calles e incluso algo de vaho al respirar. Hoy apetece recogimiento y generar familiares olores. Hay muchas alternativas, pero finalmente me he decantado por algo sencillo y que cumple a la perfección con esa apetencia con la que he iniciado la jornada: sardinas con tomate.

Será escasamente una hora de delicioso y suculento entretenimiento. Los primeros aromas con los que me quiero encontrar vendrán con el tomate casero. Abrir la tapa que lo atesora y acercarme el bote a la nariz es casi obligado. Me resulta un olor familiar, íntimo y seguro. Este pequeño placer para el sentido se verá incrementado cuando a la incipiente salsa de tomate se le añada la cebolla, los ajos y las especias. La ligera fritura enharinada de las sardinas acabará por rematar el escenario que perseguía cuando me he levantado. Parece todo tan natural y casi perfecto... Me he asomado a la terraza. Llueve. La gente va con prisas. Lo entiendo. No es día de pasear distraídamente, ni mucho menos de pararte para hablar al amparo de un paraguas. No resulta cómodo. Vuelvo con mi guiso. A fuego lento, sin prisas. Caliento mis manos sobre el vapor que emana. Todo está bien. Prueba superada.

Ingredientes: 1 kilo de sardinas, 750 gramos de tomate casero, una cebolla, tres dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, dos cayenas, harina y sal.

Elaboración: Limpiar las sardinas cortándoles la cabeza y sacándoles la tripa. Salpimentar las sardinas por fuera y por dentro. Enharinarlas y freír ligeramente en una sartén con aceite de oliva virgen extra. Reservar. Hacer una salsa de tomate, cebolla y ajo, como se tenga por costumbre, e incorporar un par de cayenas; una entera y la otra desmenuzada. Una vez que la salsa está lista, incorporar las sardinas que teníamos reservadas y cocinar durante unos seis o siete minutos. Retirar del fuego y dejar reposar. Mejor cocinarlas de un día para otro.







lunes, 1 de agosto de 2022

01018 El Tomate y la Vida

 LA COSA VA DE PARANGONES


En ocasiones me da por buscar parangones entre la cocina y la vida, o viceversa. Es un entretenimiento como otro cualquiera. No hay manera de que mi cabeza y sus pensamientos estén tranquilos. Siempre necesitan algo en lo que estar entretenidos. Llevo muchos años así y a estas alturas es difícil cambiar.

Y así ha sido como, mientras cortaba y preparaba un tomate para cenar, he llegado a la conclusión de que la cocina y la vida pueden ser muy sencillas, aunque no por ello, exentas de sabor y placer.

El sofocante calor que nos acompaña durante estos días ha mermado considerablemente mi capacidad de acción y también mi apetito. En la cocina, si es posible no encender el fuego de la vitro, mejor que mejor, y ya puestos a pedir, que los alimentos que salgan a la mesa, preferiblemente que estén fresquitos y que no necesiten de mucha manipulación. Y es entonces, bajo estas premisas, cuando aparece el rey de la huerta: el tomate. El siempre auxiliador y delicioso tomate.

En esta ocasión voy a invertir el mínimo esfuerzo posible. No creo que se pueda superar. Bastará con lavar el tomate, sanearlo, cortarlo en recias rodajas y aliñarlo con unos dientes de ajo picados, un buen aceite de oliva virgen y sal. ¡Nada más! Ni acompañamientos ni predicamento alguno. Hoy no toca. Ni abrir una lata. ¡Y qué bueno está el condenado! Sólo él se basta y se sobra.

Mientras me recreaba con tan deliciosa exquisitez, se me ha antojado que la vida es como este tomate. Para disfrutarla no es necesario disponer de muchos productos y accesorios a tu alcance. Será suficiente con tener uno y sacarle el máximo provecho y sabor posible. La vida, y cada día estoy más convencido de ello, está llena de deliciosos tomates a nuestro alcance.





lunes, 6 de junio de 2022

00995 Las Tostadas de Aguacate

 Y ALGO MÁS


Tengo que reconocer que la primera vez que entré en contacto con el aguacate no me hizo mucha gracia. Lo probé con una tostada de pan a modo de mantequilla. Me resultó soso y sin gracia alguna. Comí la tostada y punto. Sin más.

Pasaron varios años sin que volviera a probarlo, por lo menos de forma consciente, hasta que conocí el guacamole, típica salsa mejicana en la que este exótico fruto tiene mucho que decir. A partir de aquí, no sé por qué, aunque imagino que atraído por sus extraordinarias propiedades alimenticias, comenzó a incorporarse a mi dieta diaria de forma espectacular. ¡Quién me lo iba a decir!

Tostadas y ensaladas acogen espléndidamente a tan singular fruta, aportando untuosidad y consistencia a muchas recetas. Un ejemplo es la que traigo en esta ocasión y que en casa acostumbramos a incluir en los aperitivos o "frugales" cenas. Basta con una rebanada de pan tostado, untada en tomate, y sobre él, unas rodajas de tomate, una buena anchoa del cantábrico, para finalizar con unas rodajas de aguacate. Chorrito de aceite, pizca de sal y a disfrutar del momento tostada.

Las propiedades del aguacate son múltiples. Nutricionalmente, lo más curioso es que siendo una fruta fresca, su principal componente no son los hidratos de carbono, sino las grasas, las grasas del tipo más sano: las monoinsaturadas, como las del aceite de oliva. Además, el aguacate destaca sobre todo por su contenido en vitamina E, que protege la membrana de las células y su núcleo. También aporta vitamina C, provitamina A y minerales como el potasio, calcio, magnesio, fósforo, cobre, hierro y cinc. 

Es recomendable para nuestra salud cardiovascular, relaja el sistema nervioso, ejerce un efecto protector de la visión y nutre y suaviza la piel.

El aguacate, toda una auténtica joyita.




miércoles, 20 de abril de 2022

00970 Los Tomates de Corazón

 DE BUEY


Hace tan solo un par de años que tuve conocimiento de la existencia de esta variedad de tomate. En el huerto acostumbraba a plantar siempre tomate rosa, de Huesca, cherry y de pera. Fue hace dos años cuando hablando con un conocido sobre cuestiones hortícolas, excelente alternativa para no hablar de política, me informó sobre la existencia del tomate de corazón de buey. Recuerdo perfectamente sus palabras: "cuando lo pruebes, ya no comerás otro". Así que cuando llegó la hora de plantar las tomateras me acordé de aquella conversación, y a las ya mencionadas variedades de tomate, incorporé a la tierra la, para mí, nueva variedad.

Tenía curiosidad por saber cómo se aclimataría "el nuevo inquilino" a los aires de mi huerto y tengo que reconocer que ese verano estas tomateras fueron mis niñas bonitas. Recuerdo que tardaron en salir los frutos y que no fueron muy abundantes. Ahora bien, los pocos que pude recoger me parecieron excelentes. El tamaño de los tomates me pareció espectacular y divertido comprobar en el día a día cómo el fruto iba adquiriendo la forma de corazón. No sé cuántas fotografías llegué a hacerles.

Y llegó el momento de comprobar todas las bondades culinarias de esta variedad de tomate de las que me habló aquel conocido. En cuanto llegó el primer ejemplar a casa, lo primero que hice fue pesarlo en la báscula de cocina: un kilo y trescientos veinte gramos. Cuando vi su peso no pude esconder mi asombro y "orgullo", además de sonreír al recordar el dicho de "a hortelano tonto, patata gorda". Aunque en este caso fuera mejor decir, "a hortelano tonto, -esto no cambia-, tomate gordo". 

Salió a la mesa con todos los honores y aderezado solo con aceite y sal. Resultó un tomate muy carnoso, dulce y jugoso. La combinación entre el salado aportado por la sal y el dulzor del fruto junto a su firme textura me pareció algo sublime. 

Desde entonces, no diré, como me trasladó mi conocido, que cuando probara el corazón de buey ya no querría comer otra variedad de tomate, pero sí tengo que reconocerle que de momento está en cabeza de cuantas variedades de tomate conozco.


martes, 12 de abril de 2022

00966 La Ensalada con Botarga

 ALGO ESPECIAL



Hace tiempo quedó ya constatado en este caleidoscopio vital mi gusto por la botarga, o lo que es lo mismo, por las huevas de algunos pescados saladas y secas. La conocí en un inolvidable viaje a Cerdeña, un destino que me dejó prendado e impregnó en mis retinas un buen número de imágenes repletas de cálidas sensaciones. Tanto es así que,  antes de abandonar la isla,  dejé escondido un objeto de especial interés para mí, con la promesa de que algún día volvería a recuperarlo. Todavía está pendiente.

En aquella primera vez, la botarga formó parte de unos deliciosos espaguetis con almejas. Difícil expresar con palabras la sensación y el gusto tan especial que me dejó en la boca. Huelga decir que regresamos a casa con una variedad de huevas más que interesante y que llegaron para quedarse, para dar a nuestros platos su peculiar e inconfundible sabor. Como por ejemplo, a las ensaladas.

A una buena ensalada, y sobre todo cuando está hecha con productos de calidad, entiendo, que poco más hay que añadir. Pero también digo, que unas láminas de botarga enaltece el conjunto del plato y le da un plus. En esta ocasión, la ensalada está compuesta por huevos duros de corral, tomate y lechuga del huerto, aguacate y huevas de atún.

En Italia, por lo que pude informarme en su día, se utilizan principalmente las huevas de mújol, seguidas de las de atún. Para los puristas solo la bottarga di muggine es la única que debe ser denominada botarga. 







sábado, 9 de abril de 2022

00964 La Ensalada Campera

EN DÍAS DE LUZ, AIRE Y RECREO


Ya tengo ganas. O mejor dicho, tengo imperiosa necesidad. Necesito con urgencia recuperar pequeños placeres que en los últimos dos años nos han sido robados por culpa del bicho. No lo citaré. En este caleidoscopio vital solo tienen cabida cosas que me gustan. Y el bicho no es el caso.

Esas ganas de recuperar los pequeños placeres me lo recuerda esta ensalada campera disfrutada en mi última salida al campo en medio de un hermoso paraje; uno de tantos que nos regala la provincia oscense.

Recuperar el aire, la naturaleza, las largas conversaciones sin importancia tumbados al sol. Recrearnos y disfrutar de los platos típicos que conforman las necesitadas escapadas y que solo en estas circunstancias saben mejor, se aprecian más, adquieren otro gusto. Volver a jugar a con las piedras del frío río, mirar el ir y venir de las afanosas hormigas, rendirte plácidamente al prestado jardín de todos los jardines. Admirar acomodados paisajes de cerrado y apretado abrazo que salen al encuentro.

Todo así de sencillo, como esta sencilla ensalada campera que ahora miro y remiro hasta recordar cómo supo aquel día de aire, luz y recreo. No hay mucho más que explicar. Las cosas sencillas se desvisten de explicaciones.


lunes, 7 de marzo de 2022

00943 Uno, dos y tres

 APROVECHAMOS OTRA VEZ


De nuevo vuelvo aplicar en la cocina una de mis máximas y que me acompaña toda la vida desde que tengo uso de razón: "Aquí no se tira nada".

En esta ocasión se trata de un apaño para aprovechar restos de comida y ciertamente, está mal que yo lo diga, ha quedado redondo. Tres son sus ingredientes: un tomate que vivía su soledad en el frigorífico, unos langostinos cocidos que no pudimos apurar en su momento y una salsa tártara que se hizo para acompañar a unos espárragos. No tiene otro misterio este preparado de aprovechamiento. Se corta el tomate en ruedas y se le "enseña" sal y aceite de oliva virgen. Se pelan y trocean los langostinos para poner sobre el tomate y finalmente, se corona el plato con salsa tártara. El resultado es una mezcla de sabores muy interesante a la par que sabroso.

Y ya que estamos, habrá que interesarse por la salsa tártara, ideal para acompañar pescados, mariscos, huevos duros o ensaladas. Sus ingredientes para unos doscientos cincuenta gramos de mayonesa son: un huevo cocido, 30 gramos de alcaparras, 30 gramos de pepinillos, 50 gramos de cebolla y 15 gramos de mostaza, preferentemente de Dijon. Una vez elaborada la mayonesa, picamos bien las alcaparras, los pepinillos, la cebolla y el huevo cocido. Cuando lo tengamos todo bien picado, incorporamos el resultado a la mayonesa junto con la mostaza. Removemos con una cuchara y lista para comer. 


viernes, 25 de febrero de 2022

00937 Aguatoque

 COMO LA VIDA MISMA


"La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar". Esta es la mítica y tan traída frase que pronuncia Tom Hanks,  encarnando a Forest Gump, en una película llena de entusiasmo y reto personal y en la que se nos muestra cómo un ideal puede superar cualquier adversidad en la vida. He perdido la cuenta de cuántas veces he visto la película. No me canso de visionarla y siempre encuentro alguna nueva enseñanza y nuevos matices.

No me preguntéis el por qué, pero cuando preparo una ensalada, y salvando las distancias,  rara vez dejo de acordarme de la caja de bombones de Gump, Forres Gump. En mi caso, me da por pensar que la vida es como una ensalada, "todo depende de lo que quieras complicarla". Muchas veces, una simple y sencilla ensalada, puede resultar más sabrosa y agraciada que otras recargadas de sabores, salsas y excentricidades varias. Una vida, una ensalada,  humilde y sencilla, sin trampa ni cartón, acostumbra a ser más digna de mi atención. Y más, si cabe, conforme van pasando los años.

Un ejemplo es esta sencilla ensalada que en su día bauticé familiarmente como "aguatoque". Es decir, compuesta de aguacate, tomate y queso fresco, más su correspondiente aliño con sal y un buen aceite de oliva virgen. El único requisito para su auténtico disfrute es que los tres ingredientes sean de buena calidad y ser sabedor de lo que tienes sobre el plato. Vamos, como la vida misma.


lunes, 24 de agosto de 2020

00923 El Tomate Cherry

CON CREMA DE ANCHOAS


La legión de los pequeños, deliciosos y atractivos tomates cherry ya han hecho acto de presencia en el huerto. Es tiempo de airear las sencillas recetas con las que llevarlos a la mesa.

Los primeros, y para seguir la tradición, serán catados desde la mata a la boca, tal cual, sin aliños, y en tiempos intermitentes a modo de descanso en las labores cotidianas de aseo del huerto y aledaños. Un pequeño placer como otro cualquiera. Ya en la mesa aparecerán, casi a diario, con un buen número de acompañamientos o serán ellos los que hagan compañía.

Como estreno, vayan estos cherry aliñados con crema de anchoas. Una sencilla y sabrosa combinación que se adapta a cualquier sugerencia: aperitivo, entrante o acompañamiento. Su elaboración no puede ser más simple. Los pequeños tomates solo hay que lavarlos bajo el agua y partirlos por la mitad. En cuanto a la salsa, bastará derretir en una cazuela un par de generosas cucharadas de mantequilla e incorporar una lata de anchoas, con aceite incluido. Mezclamos bien con una cuchara de madera e incorporamos un bote de 250 ml de nata líquida para cocinar. Vamos dando vueltas, a fuego medio,  hasta conseguir una crema. Dejamos enfriar y vertemos sobre los tomates a la hora de sacarlos a la mesa. Así de sencillo para un óptimo resultado.


jueves, 4 de junio de 2020

00916 Los Chips de Tomate

ALGO CURIOSO


El pasado verano, contra todo pronóstico, y a fuerza de ilusión y esperanza, la producción de tomates del huerto familiar no se dio finalmente del todo mal, lo que nos permitió llevar este manjar a diario de la mata a la mesa y embotar algunas decenas de tarros en distintas versiones. De ellos hemos ido dando buena cuenta a lo largo del invierno para formular deliciosos platos.

El caso es que en una tarde de intensa y arremangada preparación de conserva, se fueron acumulando sobre la tabla de cortar de la cocina un interesante montón de peladuras de tomate cuyo destino hubiese sido la basura de no ser porque nos asaltó una pregunta ¿Se podrá hacer algo con las peladuras de tomate? Don Google seguro que tendría la respuesta. Encontramos varias sugerencias pero una, los chips de tomate, fue la que más nos entusiasmó.

Su elaboración es muy sencilla. Una vez obtenidas las peladuras tras escaldar los tomates, -en esta ocasión eran tomates de pera-, las disponemos sobre una bandeja de horno cuya superficie habremos recubierto con papel parafinado. A continuación introducimos la bandeja en el horno a ochenta grados centígrados hasta que veamos que los pétalos de tomate están totalmente deshidratados. Sacamos la bandeja del horno y freímos las peladuras en abundante aceite de oliva virgen muy caliente. Es aconsejable no freír muchas a la vez y no más de minuto y medio en el aceite cada tanda. Solo restará retirarlas a una bandeja con papel absorbente y sazonarlas con sal y orégano antes de servir.

Reconozco que las primeras que probé no acabé de encontrarles el aquel. Pero poco a poco me fui haciendo con ellas mientras veía en la televisión un partido de la Sociedad Deportiva Huesca. Cuando me quise dar cuenta no quedaban ni las miguitas. Espero volver a degustarlas y probaré a cambiar el orégano por la pimienta o el ajo. Me resultó algo curioso.


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