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lunes, 17 de noviembre de 2025

01717 Las Patatas Rebozadas

 Y VAN VEINTIDÓS


A tenor de lo visto en este blog, queda claro que me encantan los empanados, rebozados y frituras, siempre con moderación, claro está. En esta ocasión, traigo hasta este caleidoscopio vital mi última adquisición: patatas rebozadas. ¡Sorprendentes! Nunca se me hubiese ocurrido y cuando las probé me parecieron de lujo.

Fue Gloria quien las trajo a la mesa. Allí me las encontré. No tenía ni la menor idea del menú. Mis días de huerto ocupan toda mi atención y prácticamente llego a mesa puesta. Después de pasear a Humphrey y de la obligada ducha para sacarme la tierra del cuerpo, me senté a la mesa y fue cuando aparecieron ante mis ojos unas pequeñas y doradas bolas aplastadas. No tenia la menor idea de qué se trataba. Pregunté y la respuesta fue: "pruébalo y averígualo tu mismo". Y así lo hice. El bocado no invitaba a confusión alguna. Estaba claro que se trataba de unas crujientes patatas rebozadas. ¡Qué cosa más rica y caprichosa! La primera porción la tomé tal cual, a pesar de estar acompañadas con una mayonesa rosa un poco picante. Las siguientes las unté en la salsa y ya fue una explosión de alegría y emoción. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de la mano de la sencillez.

Después de saborear hasta la última porción, le pregunté a Gloria sobre su elaboración y me dijo algo así como "se pelan las patatas, se cortan como si fueras a hacer patatas fritas, pero más pequeñitas, se secan bien con un paño de cocina, se cogen pequeños puñaditos, se sazonan, se pasan por harina y huevo y se fríen en aceite de oliva bien caliente. Una vez fritas, se colocan, antes de servir, en papel absorbente de cocina". Todavía sigo con la boca abierta.

A la hora de listar esta entrada, me acabo de enterar que las patatas suman ya veintidós entradas, y las que faltan por llegar. Todo un mundo este de la patata.






miércoles, 3 de abril de 2024

01311 Las Patatas a la Riojana

UN GUISO DE REFERENCIA


Hacía tiempo que no tenía entre mis manos el cuaderno en el que a lo largo de los años he ido apuntando las recetas aprendidas de mi madre y que guardo como oro en paño. En este caleidoscopio vital he compartido el grueso de ellas, pero todavía quedan gratas sorpresas, como, por ejemplo, la que traigo en esta ocasión.

Se trata de una receta de origen humilde, muy humilde, pero con toda la fuerza, energía y sabor de un buen plato y, además, de cuchara. Un plato de la gente del campo, de los vendimiadores de mi querida tierra riojana, aunque muy extendido por el resto de España. A mi madre le encantaba guisarlo. Ya no por su bajo coste, era una excelente economista doméstica, sino porque le recordaba mucho a sus viajes a La Rioja, cuando iban a visitar a los familiares de mi padre. Todo esto, unido a su sencillez y a su delicioso sabor.

Tan solo son necesarios siete ingredientes, además de agua, aceite y sal. A saber, patatas, chorizo, pimiento choricero, pimentón, cebolla, ajo y laurel. Suficiente para hacer unas exquisitas patatas a la riojana. Si será delicioso, que en una ocasión leí que Paul Bocuse, estrella de la cocina francesa y considerado como el mejor chef del siglo XX, llegó a decir: “Una receta así debe representar a España en el mundo entero, porque es lo más sabroso que he probado en mi vida”.

Hace algunos años que no las comía y me han sabido a verdadero manjar, además de remover mi baúl de las emociones. Totalmente de acuerdo con Bocuse.

Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de patatas, 250 gramos de chorizo de guisar dulce o picante, 1 cebolla, 1 cucharada de carne de pimiento choricero, 3 dientes de ajo, 2 hojas de laurel, pimentón, aceite y sal.

Elaboración: Calentar en una olla un generoso chorro de aceite de oliva. Añadir la cebolla picada y pochar. Una vez pochada la cebolla, incorporar los ajos, también picados.  Cocinar, sin parar de remover, durante unos dos minutos. A continuación, incorporar el chorizo cortado a rodajas y una cucharada de carne de pimiento choricero. Rehogar durante un par de minutos. Pelar y chascar las patatas. Es decir, el último tramo del corte a la patata, en lugar de un corte limpio, lo arrancamos. De esta manera, durante la cocción, la patata soltará más almidón y dará más cuerpo al guiso. Incorporar las patatas al guiso y remover. Cubrir las patatas con agua, como un par de dedos por encima de ellas e incorporamos al guiso dos hojas de laurel y una cucharadita de pimentón dulce. Tapar la olla con el fuego a máxima potencia. En cuanto comience a hervir, bajar el fuego a la mitad de su potencia y dejar cocinar durante unos treinta minutos o hasta que las patatas estén tiernas. Probar el gusto de sal a media cocción. Terminado el guiso, dejar reposar durante unos quince minutos y servir caliente.

 




lunes, 11 de marzo de 2024

01291 Las Patatas de Antojo

UNA HUMILDE DELICIA


Lo cierto es que no tenía intención de cenar. No es que no tuviera hambre, no. Lo que sucede, es que el invierno se me hace muy largo y para mitigarlo, me da por comer. Creo que no es nada novedoso y somos legión los que así actuamos en esta época del año. Así, que para que la báscula no sume más dígitos de los deseados, me propongo perdonar alguna que otra cena.

Hoy era uno de esos días en los que me había propuesto no cenar, pero... Mientras andaba distraído con la lectura de la obra de teatro "La visita del inspector", de J.B. Priestley, me ha parecido escuchar como de fondo: "¿A quién le apetecen unas patatas de antojo?". No he respondido y he reaccionado como quien oye llover. No se ha hecho esperar una nueva llamada de pregunta/atención, que antes de oír finalizar la frase, ya estaba plantado en la cocina. ¡Cómo renunciar a un antojo y además, tan rico! Ya ayunaré mañana y si no, pasado mañana. Pero a estas patatas, hoy no renuncio.

Son una tontería, pero están deliciosas y entran de cualquier manera. Como diría mi madre, "hasta sin hambre". Es tan sencillo como hacer unas pequeñas patatas al microondas. Cuando están cocidas, y casi en caliente, darles un puñetazo, sin pasarse, y aplastarlas. Hecha esta operación, se les añade a cada patata unos granos de sal gorda, una generosa cucharada de mayonesa casera y como colofón, una anchoa en aceite. Ya está. Servir y acompañar con un vasito de vino tinto. 

Después de comerlas y saborearlas me ha entrado el arrepentimiento. Pero he pensado a continuación, "que me quiten lo bailao". 

Las llamo de esta guisa, porque en una ocasión tenía antojo de comer algo y no sabía qué. Y sin comerlo ni beberlo, apareció en la mesa esta humilde delicia. 





jueves, 18 de enero de 2024

01251 La Tortilla de Casa Dani

 POCO CUAJADA Y MUY JUGOSA


Casa Dani, ubicado en el atractivo Mercado de la Paz de Madrid, entiendo que es de esos establecimientos hosteleros que hay que visitar por lo menos una vez en la vida, como tantas otras cosas, para que no te lo cuenten ni hables de oídas. Famosa por su tortilla de patata, poco cuajada y muy jugosa, al estilo de Betanzos, consiguió el primer premio en el segundo Campeonato de España de Tortilla de Patata celebrado en Tenerife en marzo de 2019, en el marco del “II Foro Gastronómico Internacional de la Papa”.

Con este reclamo acudí por primera vez a uno de los establecimientos más populares de la capital de España. En aquella ocasión pude probar la tortilla de milagro, pues no cabía un parroquiano más. A decir verdad, siempre que he ido, ha estado hasta la bandera. También es cierto, que la celeridad y diligencia del servicio, muy profesional, todo sea dicho de paso, hizo que lo imposible fuese posible. Desde entonces, no hay vez que visite Madrid, que no me de una vuelta por Casa Dani.

No sé si esta tortilla es la mejor de España, como siempre que se habla de la tortilla de patata se abre el debate, pero lo que no me cabe la menor duda, es que resulta deliciosa. Vaya por delante, que a quien no le guste la tortilla sin cuajar, no le va a hacer gracia alguna. No obstante, no solo de tortilla de patata vive Casa Dani. Ofrece, además, una variada alternativa y un menú muy asequible al bolsillo, digno de mención.

Volviendo a la tortilla de patatas, leí en una entrevista realizada a Dani y Lola, fundadores hace más de treinta años del establecimiento, que los clientes la prefieren con cebolla. De hecho, cada día “se elabora un 80 por ciento de tortillas con cebolla y un 20 por ciento sin ella”. En esa misma entrevista, Lola señala que el éxito de la tortilla estriba, además de estar hecha con “producto, experiencia y corazón”, en el uso de patata agria manchega, aceite de girasol y cebolla. Añade, además, que si prescinde del Aceite de Oliva Virgen Extra es porque “creo que este aceite impregna demasiado a la patata al freírla y resulta menos agradable el sabor que con el de girasol”.

Pues nada, que ir a Casa Dani siempre me da vidilla y por eso me gusta.

 

 




miércoles, 20 de diciembre de 2023

01234 El Guiso de Patatas con Mejillones

OTRA MIRADA AL MAR


Los guisos de patatas siempre son bien recibidos. Resultan sabrosos, aromáticos, reconfortantes y asequibles al bolsillo. El recetario de nuestra gastronomía está repleto de ellos. Recetas de las que a mí me encantan; elaboradas a fuego lento, sin prisas y con cocciones prolongadas para mantener los jugos de los ingredientes.

En esta ocasión, acompaño a la humilde patata con unos mejillones y con el comodín de los sofritos, que como diría mi madre, “tanto valen para un roto como para un descosido”. Una receta plena de sabor, económica, muy resultona y con esa mirada al mar que tanto me fascina.

Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de mejillones, 6 patatas medianas, 1 brick pequeño de tomate frito, 1 cebolla, 1 pimiento verde, ½ vaso de vino blanco, 300 cl de agua, 1 pastilla de caldo de pescado, 2 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.

Elaboración: Cubrir el fondo de un cazo con vino blanco e incorporar los mejillones. Cocer hasta que se abran los moluscos. Reservar. Pochar en un cazo, con un poco de aceite de oliva, el ajo, la cebolla y el pimiento verde, todo cortado con anterioridad, y sazonar. Pelar las patatas, cortarlas en cachelos y añadir al sofrito. Incorporar el tomate frito también al sofrito. Colar el caldo de cocer los mejillones y añadir al guiso, junto con la pastilla de pescado y agua hasta que cubra las patatas. Cocer a fuego medio por espacio de unos 30 minutos. Añadir los mejillones al conjunto del guiso, cuando las patatas estén a punto de cocción. Comprobar el punto de sal deseado, cocinar unos 5 minutos más y servir caliente.

 





lunes, 13 de noviembre de 2023

01207 Los Guisos Marineros

ALGO SUCULENTO Y PLACENTERO


He llegado a casa y el olor con el que he sido recibido, me ha transportado a Cantabria, Galicia, País Vasco, Huelva y sur de Portugal; mis lugares de referencia marineros. No sabía con exactitud qué es lo que desprendía tan grato aroma, pero estaba convencido de que se trataba de algo suculento y placentero.

Habitualmente, cuando entro en casa, lo primero que hago es lanzar desde la puerta un “¡ya estoy aquí!”. Voy a mi habitación, me quito los zapatos y me pongo la ropa de estar por casa. Hecha esta “tradicional” operación, busco a quien repartir besos. En esta ocasión, he roto el ritual. Mis pasos me han llevado directamente a la cocina, atraído y lleno de curiosidad por saber qué se estaba cocinando. Ha sido abrir la puerta y congraciarme con la vida, con la que últimamente tengo algún que otro desencuentro.

Me he acercado hasta una olla que había sobre la encimera, le he quitado la tapa que la cubría y he asomado mi cara para ver su contenido. Era tan potente y agradable el aroma que desprendía, que he dejado unos segundos mi nariz sobre el guiso, como quien toma vahos de eucalipto para descongestionar las fosas nasales.

En un visto y no he visto, me he cambiado de vestuario y sentado a la mesa. El inconfundible aroma pesquero seguía presente en la estancia. Un olor de mimado guiso, que llega y perdura como quien guarda una visita. Un guiso marinero inspirado en la primitiva, humilde y sabia cocina que se cocinaba a bordo de los viejos barcos pesqueros e incluso a pie de barca, en la playa. Platos sencillos, nacidos de la necesidad y elaborados con lo que había o con lo que no se vendía.

La primera cucharada del guiso marinero me ha sabido a manjar; el segundo, a delicia; el tercero, a delicadeza; el cuarto…. Cada cucharada que me llevaba a la boca era un acontecimiento. Así, hasta que lo he dejado limpio. Hace tiempo que no acostumbro a servirme dos veces un mismo plato, pero en esta ocasión, no he podido resistirme. ¡Estaba tan bueno, tan deliciosamente rico!

Guisos marineros hay una lista interminable. Cada zona geográfica costera tiene su sello personal. Este que preparó Gloria, y que será difícil que pueda llegar a olvidar, además de un buen caldo de pescado, contenía mejillones, calamar, tomate, pimiento verde y patatas, y está reinterpretado, a Gloria le encantan reinterpretar las recetas con un acierto casi pleno, de una receta que copió en nuestra última estancia en Somo, Cantabria. Dejaré que pase un tiempo y le pondré ojitos, así, como el que no quiere la cosa, para que lo vuelva a cocinar y que la casa se vea envuelta de nuevo en ese cautivador aroma de las cocinas costeras y que tanto me fascinan.

Aquí dejo la receta aproximada de cuanto me contó Gloria de su guiso marinero.

Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de patatas, 1 kilo de mejillones frescos, 300 gramos de anillas de calamar, 1 pimiento verde, una cebolla mediana, 3 dientes de ajo, 1 tomate maduro, azafrán, pimentón picante o dulce, aceite de oliva virgen extra, sal y caldo de pescado.

Elaboración: Limpiar los mejillones y cocerlos al vapor. Una vez cocidos, sacar los mejillones de sus cáscaras y reservar. Colar el agua de cocer los mejillones y reservar. En una cazuela con aceite, freír la cebolla cortada muy fina y el pimiento cortado también en pequeños trocitos, junto a los ajos también picados. Cuando empiecen a coger color, incorporar el tomate maduro e ir machacándolo con la ayuda de un tenedor. Mantener cocinando a fuego medio durante unos veinte minutos e incorporar las anillas de calamar. Rehogar e incorporar el caldo de los mejillones, así como un par de vasos de caldo de pescado y dejar cocer durante otros veinte minutos. Verter las patatas peladas y cortadas a trozos rasgados, el azafrán, la sal y el pimentón. Cocer durante veinte minutos a fuego suave. A falta de cinco minutos para apagar, añadir los mejillones. Dejar reposar unos minutos antes de servir. 




viernes, 18 de agosto de 2023

01176 Las Papas Aliñás

DE CÁDIZ


Las papas aliñás, como tapa o primer plato, son un redondo acierto. De rápida y sencilla elaboración, este plato de la cocina andaluza, concretamente de la provincia de Cádiz, engancha desde el primer día que lo pruebas. Tanto es así, que desde la primera vez que las comimos en Huelva, hará de esto unos ocho años, se han convertido en un clásico de nuestras comidas en cualquier época del año, pero sobre todo en verano. Son muy apetecibles y de muy grato sabor. Con ingredientes básicos y económicos, se consigue un plato de los de chuparse los dedos.

Dicen que las papas aliñás son tan sencillas de hacer, que apenas requieren de receta. No obstante, para que salga un buen plato, hay que observar algunas consideraciones: la patata que sea nueva, que el aceite de oliva virgen extra sea bueno y que el vinagre sea de nuestro gusto. Otra de las observaciones a tener en cuenta, es que es conveniente añadir la vinagreta con la patata calienta. Así, conseguimos que la patata absorba mejor el aliño. ¡Ah! Y no meter las patatas en el frigorífico. Se aconseja enfriarlas a temperatura ambiente para que no pierdan todo su gusto y sobre todo, su textura.

La versión más básica de unas papas aliñás lleva patata, cebolla, perejil y vinagreta. A partir de aquí, se le puede añadir atún, melva, huevo, aceitunas, gambas e incluso pimiento verde crudo, entre otros ingredientes.

En casa, y siguiendo las directrices de aquella primera vez que las probamos en Huelva, acostumbramos a tirar de las papas aliñás básicas. Si bien, en alguna ocasión, cuando tenemos oportunidad, añadimos ventresca de atún e incluso huevo duro.

A continuación, traslado la receta básica. A partir de aquí, el gusto personal de cada uno.

Ingredientes para 6 personas: 1 kilo de patatas nuevas, 1 cebolla tierna, 60 ml de vinagre de Jerez o vinagre que se tenga por costumbre utilizar, 125 ml de aceite de oliva virgen extra y 18 hojas de perejil y sal. (Las cantidades para el aliño son orientativas. Dependerá del gusto personal de cada uno)

Elaboración: Lavar las patatas y cocerlas con piel en agua hirviendo hasta comprobar que están tiernas. Sacar las patatas del agua y dejarlas atemperar ligeramente. Pelar las patatas en caliente. Cortar las patatas en trozos grandes y colocarlas en un bol. Aliñar con sal, vinagre de Jerez y aceite de oliva. Reservar hasta que se vayan a servir, pero nunca introducir en el frigorífico. Cortar la cebolla en juliana o brunoise, picar las hojas de perejil, y justo antes de sacar el plato a la mesa, mezclar la cebolla y el perejil con las patatas.

 

 






martes, 25 de julio de 2023

01161 La Tortilla de Patatas con Pimientos Asados

 UNA OBRA MAESTRA


Solo con ver su imagen se me quitan todas mis penas. ¡Qué gran antídoto! Sencillez y humildad reunidas en un bocado con sabor a lujo a terrenal. Combinación perfecta para agasajar a un estómago inquieto de cualquier despertar. Parece que nacieron para estar juntos, la una y los otros. Se atraen. Lo saben. Son cómplices en la ventura de ese instante prodigioso en el que no hay palabras, apenas un cerrar de ojos de concentración en la dicha. No se les puede pedir más. 

Despacio. Poco a poco. No hay prisa. Se hace necesario prolongar el instante. Siempre es necesario alargar los buenos momentos. Y este, como tantos otros, es uno de ellos. Poco a poco. Despacio. Disfrutando de un sabor que viene de viejo. Al lado el pan. Para ayudar, para que no se pierda la más mínima brizna de este pequeño tesoro. Y en frente, un vaso de vino tinto con el que rematar la obra maestra.

Miro al cielo. Está limpio y azul. Miro al plato, limpio como una patena. 







lunes, 24 de julio de 2023

01160 Las Patatas de Verano

 SENCILLAS Y MUY GRATIFICANTES


Acabo de observar que la patata, en alguna de sus manifestaciones, lleva registradas en este caleidoscopio vital quince entradas. Está claro que me gusta, que se incorpora a la cocina a la perfección, sea cual sea la época del año, y que dan mucho juego en la cocina.

La receta que traigo en esta ocasión es supersencilla y muy gratificante. En casa, mis hijas, un buen día, decidieron llamar a este plato como "las patatas de verano". Y así se le quedó.

A pesar de la aparente contundencia del plato,  tomado con discreción, muy frío y bien aliñado, resulta muy agradable al paladar y nada pesado. La opción "b", es tomar una buena cantidad, a modo de plato único. Yo soy más de la segunda alternativa.

En casa acostumbramos a elaborarlo para aprovechar los restos de alguna ventresca de atún o de bonito al horno, que hemos cocinado con anterioridad. La combinación de patata, atún o bonito y cebolla dulce, me parece un espectáculo para el paladar. No tiene mas que lo mencionado y un generoso aliño de aceite de oliva, vinagre, sal y pimienta. Esta última, incluso en ocasiones cae en el olvido.

Ingredientes para 4 personas: 6 patatas grandes, 1 buen trozo de ventresca de atún o de bonito, 1 cebolla dulce grande, sal, aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez y pimienta negra.

Elaboración: Cocer las patatas enteras y con piel en abundante agua hirviendo con sal. Dejarlas enfriar ligeramente, quitarles la piel y partir en trozos no muy pequeños. Reservar. Cortar una cebolla dulce en finas tiras longitudinales. Reservar. Trocear la ventresca. Preparar en un bol un aliño al gusto, a base de aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez, sal y pimienta negra. Mezclar en una fuente la patata, con cuidado de que no se deshaga demasiado, la cebolla cortada y la ventresca troceada. Incorporar a la mezcla el aliño. Remover bien e introducir en el frigorífico hasta la hora de servir. 





miércoles, 14 de junio de 2023

01136 Una Ensaladilla Rusa Muy Especial

RICARD CAMARENA


En casa, Gloria borda las ensaladillas rusas. Es una de sus especialidades. De aquí, que rara vez tomemos este manjar fuera de nuestros dominios domésticos. Dicho lo cual, esto no quita para que, y dada nuestra querencia por esta deliciosa combinación de sabores creada a finales del siglo XIX por el francés Lucien Olivier en L´Hermitage de Moscú, en alguna ocasión hagamos una excepción. Es el caso que traigo a continuación.

No recuerdo muy bien, si lo leí o lo vi en algún canal televisivo de cocina. El caso es que me quedé con el nombre de un chef, Ricard Camarena, su exitosa y personal ensaladilla rusa, y su establecimiento hostelero, Central Bar, ubicado en el Mercado Central de Valencia, por donde pasan 150.000 personas al año.

En un viaje en 2018 a Valencia, no es que tenga memoria para las fechas, sino que lo acabo de ver en el archivo de las fotografías que ilustran esta entrada, uno de nuestros destinos programados en la bella ciudad del Turia, fue precisamente, visitar el Mercado Central y probar la ensaladilla rusa de Camarena, entre otras exquisiteces.

Nos encantó y extrañó su textura. Luego, cuando conocimos la receta en boca de su autor, entendimos el por qué de la suave, deliciosa y cremosa ensaladilla rusa, acompañada de unos picos de pan con un toque de sal.

Copiamos la receta para hacerla en casa. Alguna vez que Gloria la ha elaborado, siguiendo las doctrinas de Ricard Camarena, se asemeja bastante a la que pudimos degustar en el Central Bar. Aunque de sencilla realización, es necesario echarle algo más de tiempo que a la habitual. Más adelante se entenderá y por supuesto, merece la pena la dedicación.

A continuación, traslado algunas consideraciones y datos al respecto de esta ensaladilla rusa. Una de sus peculiaridades estriba en el pimiento rojo asado y en la judía verde, apenas escaldada y picada. Camarena cuece la patata, variedad monalisa, y las zanahorias enteras, con piel, y deja que se enfríen antes de pelarlas para que no se endurezcan. No las corta ni las tritura, sino que las ralla, al igual que hace con el huevo duro. El atún, desmigado, a ser posible con las partes menos cotizadas del mencionado pez y que resultan ser las más sabrosas. Una vez mezclados todos los ingredientes, los amasa a mano, con el objeto de presentar una ensaladilla rusa muy cremosa. Con todo amasado y añadida la mayonesa correspondiente, debe reposar para que se ensamblen los sabores.

Ingredientes para 6 raciones: 4 patatas medianas, 1 pimiento rojo asado o una lata mediana, 4 zanahorias, 12 judías verdes, 4 huevos duros, 4 latas de atún desmigado, 300 gramos de mayonesa Hellmann´s o Musa, aceite de oliva virgen extra y picos de pan.

Elaboración: Cocer las patatas y las zanahorias enteras y con piel. Dejar que se enfríen, pelar y rallar. Escaldar las judías verdes y picarlas muy finas. Añadir. Picar el pimiento rojo asado y añadir junto con el atún y el huevo duro, previamente rallado. Amasar con las manos hasta darle la máxima cremosidad posible. Añadir la mayonesa, remover y dejar reposar en el frigorífico de cuatro a cinco horas. Servir con picos de pan crujientes y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra.

Según Ricard Camarena, hacen alrededor de 200 kilos de ensaladilla a la semana durante todo el año.

 

 





lunes, 5 de junio de 2023

01129 Las Patatas Salvajes

 UNAS DE TANTAS


Ya he comentado en alguna ocasión que, animado por hijas, de vez en cuando me veo sentado en la mesa de algún restaurante que de motu propio jamás se me habría ocurrido hacerlo. No me importa. Si a ellas les gusta, a mí también. Manías de padre. Y de paso, pruebo cosas distintas para variar y abrir así nuevas, para mí, propuestas gustativas.

Es el caso de estas "patatas salvajes", según rezaba en la carta, y que recientemente tuve el placer de degustar, además de catar por primera vez algunos de sus ingredientes. 

Vaya por delante que con esta denominación hay patatas a porrillo. Lo de "salvaje", en la mayoría de las ocasiones y por mi experiencia, acostumbra a relacionarse con algún tipo de picante. Estas picaban ligeramente, o por lo menos, así me pareció. Las he llegado a comer mucho más salvajes. Me resultó más salvaje la generosidad del plato o la combinación imposible de sabores que contenía, algunos de ellos totalmente nuevos para mí, como el pulled pork o el pico de gallo.

Se trata de unas patatas muy concurridas en ingredientes. A saber: patatas caseras, pulle pork, pico de gallo, guacamole, lima, cilantro, nata, queso y salsa barbacoa. El resultado es un plato fresco, sorpresivo al paladar, ligero y entretenido de comer, según hacía donde se dirija el tenedor. 

Tomé buena nota para hacerlas algún día en casa, pero me temo que me quedaré con el grato recuerdo. Más que nada porque es un follón de plato. Lo de menos son las patatas, la lima, el cilantro, la nata, el queso, la salsa barbacoa y hasta el guacamole. Todo fácil de hacer y de conseguir. Pero donde me entran las dudas es en la elaboración del pulled pork y la salsa pico de gallo. El pulled pork es cerdo deshebrado que se prepara en una cocción a baja temperatura y que hace que la carne se ablande lo suficiente y permitir que se desagarre fácilmente en hebras. En cuanto a la salsa pico de gallo, típica de la gastronomía mexicana y una de las preparaciones más clásicas de aquel país, consiste en un preparado de jitomate, cebolla y chile picados en brunoise. 

A pesar de que me pareció un buen plato y muy sabroso, para hacerlo en casa, de momento lo dejaremos en prevenga. 





martes, 16 de mayo de 2023

01117 Las Patatas de Fin de Año

 SIN COMPLICACIONES


He comentado en alguna que otra ocasión, mi inclinación a denominar con nombres propios, de referencia o de situación, a determinados platos o elaboraciones gastronómicas. Mi listado en este sentido, empieza a ser amplio.

En esta ocasión, traigo, hasta este caleidoscopio vital, mi último bautizo a unas patatas al microondas, con mayonesa y una anchoa, o lo que es lo mismo, las patatas de Fin de Año. Fue mi aportación a la última cena de 2022.

Desde hace muchos años, en mi familia tenemos por sana costumbre, reunirnos en una casa de turismo rural para despedir el año y darnos los buenos propósitos para el siguiente. Al principio, la versión familiar era reducida, unos doce, y se elaboraba una cena al uso y para la ocasión. Para la comida de Año Nuevo, habitualmente nos íbamos de restaurante.

Con el paso de los años, la familia ha ido creciendo y se han incorporado a la cita otros hermanos. Por resumir, el año pasado nos contábamos en Enciso, La Rioja, muy cerca a la localidad de Herce, en número de treinta. 

Cuando la reunión comenzó a ser multitudinaria, pusimos en práctica la idea de hacer un concurso de tapas. Así, cada adulto tenía la obligación de hacer una tapa para cada uno de los asistentes. ¡Una barbaridad! El día de Año Nuevo todavía seguíamos comiendo tapas.

Los niños ya han crecido y son adultos, con lo que también se han incorporado al tapeo. La única novedad es que ya no hay concurso, fuera presiones. Que cada uno haga para el resto lo que le apetezca. No a todo el mundo le gustas cocinar, pero todos se empeñan en agradar. Lo cierto es que al final, sobre las alargadas mesas se exhiben deliciosos bocados y de calidad. ¡Otra barbaridad! El desayuno del primer día del año,  parte de la comida, y también de la cena, es a base de las tapas sobrantes.

Este año monté una tapa que pudiera gustar tanto a los niños, pocos ya, como al resto del personal y sus rarezas. Pensé en la patata como base, que gusta a todo el mundo. Luego era cuestión de darle un plus. Así que me incliné por la mayonesa y acompañarla de una anchoa. Las patatas están cocidas en el microondas, en unas pequeñas bolsas adquiridas en un popular supermercado. Una vez hechas, tardan unos siete minutos en cocerse, se sacan de la bolsa, se aplastan ligeramente, y se les incorpora una mayonesa casera y una anchoa de lata. Se culmina con unas escamas de sal Maldon, sin pasarse.

Cincuenta hice para la ocasión, y ni una quedó de muestra para el desayuno de Año Nuevo. 

 









martes, 18 de abril de 2023

01107 Las Patatas Gajo

OTRO ROLLO


Hay algunos indicadores que te hacen ver que el tiempo no pasa en balde. Flaquea la memoria y el interés por determinadas cosas, cada día descubres en tu cuerpo un dolor nuevo, te vuelves más selectivo en el día a día… Pero, sobre todo, son mis hijas quienes ponen de manifiesto esta realidad.

En casa siempre nos han gustado los aperitivos y las comidas o cenas de capricho en el fin de semana. Es una forma, como otra cualquiera, de romper con la monotonía. Hasta hace unos años, éramos nosotros los que “improvisábamos el festivo menú”, con aquellas viandas o platos que sabíamos les gustaban a las niñas. Ahora, son ellas las que proponen y ejecutan el contenido de estos encuentros gastronómicos con, para nosotros sus progenitores, nuevos sabores. Tanto Loreto como Jara tienen sus especialidades para estos casos, que son, por otro lado, siempre bien recibidas y aplaudidas, como no podía ser de otra manera.

Las patatas gajo que traigo hasta este caleidoscopio vital son una aportación de Jara. Estas patatas las comí, mejor dicho, las medio comí, hace algunos años en un establecimiento de comida rápida para acompañar una hamburguesa. No me hicieron gracia alguna. Las encontré sosas, pastosas y sin fundamento. Probé unas pocas y el resto se quedaron en el envase de cartón que las contenía.

Pasó de aquello un tiempo, hasta que Jara propusiera hacer un día unas patatas gajo para cenar un sábado en casa. No dije nada, pero el solo recuerdo de aquella primera y única ocasión que las probé, no hacía presagiar nada grato. Las probaré, pensé, diré que están riquísimas y hasta la próxima.

Jara se puso manos a la obra y en menos de treinta minutos teníamos sobre la mesa una fuente repleta de patatas gajo que, de aspecto, nada tenían que ver con las que yo recordaba. Y qué decir de su sabor y crujiente textura… Otro rollo, como se dice ahora. Me puse las botas, como hago siempre que Jara propone hacer patatas gajo, acompañadas de sus correspondientes salsas.

Hasta estas pasadas Navidades, las hacía en el horno, pero desde que los Reyes Magos nos trajeran una freidora de aire, Jara prefiere esta última. Le gustan más, resulta más cómodo y quedan algo más crujientes.

Comparto las dos formas de hacer estas patatas: al horno y en la freidora de aire.

Al horno:

Ingredientes para 4 comensales: 6 patatas, una cucharada de pimentón, ½ cucharada de comino picado, una cucharada de orégano, una pizca de tomillo, una pizca de ajo en polvo, una pizca de pimienta negra molida y dos cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: Precalentar el horno a 190 grados centígrados. Lavar las patatas y cortarlas en gajos del mismo tamaño. Poner una olla de agua al fuego y cuando empiece a hervir, añadir las patatas durante un par de minutos. Escurrir y reservar. Poner en un bol todas las especias, junto con la sal, la pimienta y el ajo en polvo. Añadir las dos cucharadas de aceite y remover todo. Incorporar los gajos de patata y remover bien para que las patatas se impregnen de manera uniforme. Poner las patatas en una bandeja de horno y hornear durante aproximadamente unos treinta minutos.

En freidora de aire:

Mismos ingredientes que los mencionados con anterioridad.

Elaboración: Lavar las patatas, cortarlas a gajos y dejar en remojo unos cinco minutos. Escurrir y secarlas con papel de cocina. Poner en un bol todas las especias, junto con la sal, la pimienta y el ajo en polvo. Añadir las dos cucharadas de aceite y remover todo. Incorporar los gajos de patata y remover bien para que las patatas se impregnen de manera uniforme. Disponer los gajos en la cesta de la freidora de aire, procurando que no se toquen los gajos unos a otros. Programar la freidora a 180 grados centígrados durante 20 minutos. Transcurridos los diez primeros minutos remover los gajos de patata para que se hagan de forma homogénea.

Las patatas gajo se pueden acompañar con alioli, salsa barbacoa o salsa brava, por ejemplo.  

 

 





jueves, 23 de marzo de 2023

01096 Las Patatas a lo Pobre

DE RICO SABOR


Revisando fotografías para poder seguir alimentando, y nunca mejor dicho, a este caleidoscopio vital, me he topado con unas patatas a lo pobre que pude degustar en un viaje a Almería. No recuerdo exactamente dónde las degusté. El cuaderno de ese viaje no lo encuentro en estos momentos. Solo sé, que me parecieron extraordinarias en su rotunda humildad. Aunque habitualmente esta sabrosa preparación se sirve como guarnición de carnes y pescados, así las había probado hasta entonces, en aquella ocasión las pedí, así las ofrecían en el restaurante, como plato.

La patata me gusta de cualquier manera, y aunque existen muchas recetas para preparar este plato, todas tienen, por lo general, un nexo en común: la patata, la cebolla, el pimiento y el ajo. Su solo nombre ya nos anticipa su sencillez. Decir patatas a lo pobre, es decir que se preparan con lo que hay en el frigorífico o en la despensa, sin florituras. Plato que viene de antaño y de la cocina de aprovechamiento, ya que hasta el aceite sobrante se puede aprovechar para otras elaboraciones.

Al parecer, el nombre de este preparado de patatas proviene de los años de postguerra. Poco o nada que guardar en la despensa y de espaldas al hambre. Las patatas a lo pobre abandonaban su cometido como guarnición, para pasar a convertirse en el plato principal o único con el que se alimentaba toda la familia.

Como he mencionado con anterioridad, hay muchas variantes a la hora de cocinar estas patatas. Las que ilustran esta entrada sólo llevan como ingredientes patatas, pimientos verdes, aceite y sal. Sería más que suficiente, pero en esta ocasión, y sin abandonar su pobreza, añadiremos un plus de gusto. Un plato sencillo, sabroso y que no nos llevará más de media hora su preparación.

Ingredientes para 4 personas: 6 patatas, 1 cebolla, 3 dientes de ajo, 2 pimientos verdes tipo italiano, 1 pimiento rojo, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.

Elaboración: Pelar las patatas y cortar en rodajas de unos 3 milímetros de grosor. Reservar. Cortar los pimientos a tiras, picar la cebolla en juliana y los ajos. En una sartén con abundante aceite, echar todos los ingredientes partiendo de aceite en frío. De esta manera se conseguirá que todo se fría lentamente y se vaya confitando. Cuando empiecen a asomar las primeras burbujas, sazonar y subir el fuego para que las patatas se doren ligeramente. Comprobar previamente que las patatas comienzan a estar blandas. Dejar freír a fuego vivo durante unos siete minutos. Una vez hechas las patatas, las escurrimos ayudados de un colador para retirar el exceso de aceite.




martes, 10 de enero de 2023

01088 Los Cachelos

 MÁS QUE UNA HUMILDE PATATA


Revisando y clasificando fotografías, hacía tiempo que no abordada tan inacabable labor, le ha tocado el turno a un archivo de un viaje a Galicia, concretamente a Lugo. Sin prisas, he vuelto a recrearme plácidamente con los singulares y atractivos parajes y paisajes que regala esta hermosa provincia, además de rememorar su gustosa gastronomía. ¡Qué gratos momentos disfrutados y vividos!

Ordenado y archivado el viaje, he acabado por hacer un listado de cosas que me gustaron para poco a poco ir trasladándolas hasta este caleidoscopio vital. La duda estribaba en por dónde empezar. Finalmente, me he decantado por los cachelos. No sé cuántos de estos pequeños tubérculos llegué a comer en aquellos días, pero a tenor de las imágenes que guardo, fueron numerosos. Con pulpo, con lacón, en exquisitos caldos, con sardinas asadas, con raxo, e incluso en solitario con aceite y sal. Me parecieron deliciosos de cualquier manera. Ya los había probado con anterioridad, pero nada que ver como los saboreados en origen.

Mi ignorancia me llevó a pensar hasta aquel entonces que el cachelo era una variedad de la humilde patata, pero no, aprendí que se trata de una preparación que tiene que ver con el tipo de corte y su forma de cocinar. No obstante, y por lo que pude leer, cachelo no significa lo mismo en toda Galicia. Mientras que para las personas que viven en el interior, para que una patata pueda denominarse cachelo, ha de ser cocida en agua con sal, para los habitantes que viven en la costa, la patata tiene que ser cocida con piel.

Por lo que pude observar, no hay una única forma de cocinar los cachelos. Las que traigo hasta aquí son las más extendidas. La primera opción pasa por lavar las patatas y sin quitarles la piel, ponerlas en una cazuela con agua y sal. Dejar cocer durante unos veinte o veinticinco minutos y si al introducir un palillo entra y sale con facilidad, ya están cocidos. Una vez cocidos, apagar el fuego y retirar los cachelos. Escurrir el agua de la olla y volver a colocar los cachelos en su interior con la olla tapada con un paño durante un par de minutos para que acaben de secarse.

Otra opción es coger los cachelos y una vez lavados, introducir un cuchillo un par de centímetros en la carne y terminar el corte con un giro del cuchillo. El corte del tubérculo debe hacerse escachado, es decir, sin cortar totalmente con el cuchillo, sino dejando que la patata se parta parcialmente. A continuación, echar los cachelos en una cazuela con abundante agua con sal y llevar a ebullición por espacio de unos veinte minutos.

Dicho lo cual, tengo que confesar que desde aquel viaje no he vuelto a comer cachelos. Ha habido intentos, pero nada que ver con los saboreados en tierras lucenses. Han quedado en unas simples patatas cocidas. Y es que hay determinados alimentos, y este es uno de ellos, que hay que disfrutarlos en su origen.

 




sábado, 9 de abril de 2022

00964 La Ensalada Campera

EN DÍAS DE LUZ, AIRE Y RECREO


Ya tengo ganas. O mejor dicho, tengo imperiosa necesidad. Necesito con urgencia recuperar pequeños placeres que en los últimos dos años nos han sido robados por culpa del bicho. No lo citaré. En este caleidoscopio vital solo tienen cabida cosas que me gustan. Y el bicho no es el caso.

Esas ganas de recuperar los pequeños placeres me lo recuerda esta ensalada campera disfrutada en mi última salida al campo en medio de un hermoso paraje; uno de tantos que nos regala la provincia oscense.

Recuperar el aire, la naturaleza, las largas conversaciones sin importancia tumbados al sol. Recrearnos y disfrutar de los platos típicos que conforman las necesitadas escapadas y que solo en estas circunstancias saben mejor, se aprecian más, adquieren otro gusto. Volver a jugar a con las piedras del frío río, mirar el ir y venir de las afanosas hormigas, rendirte plácidamente al prestado jardín de todos los jardines. Admirar acomodados paisajes de cerrado y apretado abrazo que salen al encuentro.

Todo así de sencillo, como esta sencilla ensalada campera que ahora miro y remiro hasta recordar cómo supo aquel día de aire, luz y recreo. No hay mucho más que explicar. Las cosas sencillas se desvisten de explicaciones.


sábado, 16 de mayo de 2020

00914 Los Huevos Rotos

CON CALAMARES REBOZADOS


La gastronomía no deja de sorprenderme. Y eso es del todo bien interesante porque hace que mis sentidos estén despiertos y entrenados. Siempre, siempre hay algo que aprender y cuando menos los esperas.

En esta ocasión fue en Madrid, en el Restaurante El Gran Barril, donde fui citado a una reunión familiar, el lugar en el que me deleité con una nueva sorpresa: "Rabas fritas de potera con huevos rotos y escamas de sal". Me pareció un plato sencillo y  sumamente delicioso. La comanda consistió en un picoteo al centro y un segundo a elegir. Hasta tal punto me llamaron la atención estas rabas que fueron servidas en el  picoteo, que llegaron a eclipsar el resto de especialidades. Tanto es así que me cuesta recordar que es lo que llegamos a comer. Sí que recuerdo, en cambio, unos  "Callos con mucho morro", que pedí de plato principal, especialidad de la casa,  y que estaban de auténtico vicio.


El caso es que tan grabado quedó en mí la unión de rabas y huevos, que no hace mucho nos aventuramos a elaborar este plato en casa. Utilizamos calamar fresco que, una vez limpio, lo troceamos en aros y los fuimos rebozando en harina de garbanzo para introducirlos para su fritura en aceite bien caliente. Una vez fritos todas las anillas de calamar, espolvoreamos sobre ellas unas escamas de sal Maldon y completamos el plato con unos huevos fritos que rompimos sobre el calamar.

Lejos de querer competir con El Gran Barril, líbreme Dios, el resultado fue de lujo. Ni las miguitas del rebozado quedaron sobre el plato. Mucho me gustan los huevos rotos con patatas y sus añadidos, pero esta combinación me parece sensacional y digna de tener en cuenta en cualquier momento.