PLANTA SAGRADA INDÚ
Este verano de 2026 pasará, a mi pequeña historia personal
sin importancia, como el estío más nefasto de cuantos llevo entregados en
cuerpo y alma a las labores hortícolas, y llevo ya unos cuantos a costa de mis
riñones. Por lo que me han ido contando otros colegas de huertos próximos al
mío, mi opinión es bastante generalizada. Incluso, hay quien ha levantado el
huerto a estas todavía tempranas fechas, cansado de batallar en él sin éxito.
Me parece una exageración. No está siendo un buen año para el huerto, es
cierto, pero con todo, está dando sus buenos y esperados frutos.
Dicho esto, también haré observar que ha sido el verano en
el que he conocido plantas y frutos nuevos para mí, y que han llegado a mi vida
para quedarse. Es el caso de la acelga roja, de la que recientemente pasó a
formar parte de este listado de cosas que me gustan, o de la albahaca morada,
también conocida como albahaca negra, totalmente desconocida para mí. El caso
es que cuando comencé a plantar allá por el mes de mayo, y siguiendo la
tradición de mi suegro, fui a adquirir en mi vivero de referencia, Huerta
Barbereta, plantas de albahaca para cultivarlas junto a las pimenteras. Nunca
tuve muy claro el motivo, pero si él lo hacía, yo también. Esta planta de
albahaca, aunque se trata de la misma variedad, la Ocimum basilicum, no es la
que se cultiva para que hermoseen las oscenses fiestas de San Lorenzo, que se
realiza para finales de junio, unos cuarenta días antes de que se inicien los
festivos días laurentinos.
Conforme las iba plantando entre pimenteras y tomateras, el
aroma que desprendía la negra no me era desconocido. Me recordaba a algo, pero
no acababa de identificarlo. La maquinaria de los recuerdos se puso en marcha
hasta que se encendió la luz; me recordaba al guiso perdiz que hacía mi madre y
al inconfundible olor que se apoderaba de la cocina cuando hacía este guiso.
Pero volvieron los interrogantes: Si entre los ingredientes del guiso no se
encontraba esta planta ¿a qué se debía su olor? No tardé mucho en despejar la duda,
una vez conocidos los pormenores de la Ocimum sanctum, como científicamente se
le denomina: “Tiene un aroma fuerte y dulce, similar al de la albahaca verde, pero
con un toque picante y notas de clavo”. Eso era, las notas de clavo, la especia
protagonista del guiso perdiz que cocinaba mi madre.
Con su presencia, olor y sus múltiples recuerdos he pasado
en el huerto este verano de aúpa. ¡Qué descubrimiento! ¡Qué hermosos ejemplares
han alegrado mi vista y facilitado mis días, a pesar de los 37, 38, 39 y hasta
40 grados, que he tenido que soportar durante estos meses! Acercarme hasta ella
se ha convertido en casi una necesidad diaria. Aun en las fechas que nos
encontramos, finales del mes de agosto, todavía, sus secas flores, son capaces
de entusiasmarme. No me cabe la menor duda, de que al año que viene, esta
curiosa albahaca volverá a acompañarme en mis días de huerto y espera.
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