EN VERDE
sábado, 7 de noviembre de 2026
01815 El Pacto
viernes, 6 de noviembre de 2026
01814 Las Costillas de Sajonia
ALGO ESPECIAL
Desde que lo comiera por primera vez me cautivó. Conocí este
alimento y su peculiar sabor gracias a Gloria. Fue al poco de casarnos, en una
de nuestras primeras comidas cuando la cocina para nosotros era una gran
desconocida. Ambos teníamos nuestro pequeño muestrario de especialidades, pero
nada más. La costilla de lomo de Sajonia era una de las especialidades de su
abanico gastronómico. Tampoco había que volverse muy loco; chuleta vuelta y
vuelta en la sartén con un poco de aceite de oliva y unas patatas fritas de
acompañamiento. Su atractivo radicaba en su sabor difícil de olvidar. Desde
entonces, este corte de carne que se encuentra en la zona del lomo y las
costillas del cerdo, y que ha pasado por un proceso de salazón y un ligero
ahumado, siempre nos ha acompañado. Cuando las niñas se incorporaron a la mesa
con cuchillo y tenedor, en algún momento probaron esta costilla ahumada, dando
también su aprobación.
Me he interesado por su origen y esto es lo que me he encontrado:
“Curiosamente, su nombre genera bastante confusión. En Alemania se la conoce
como ‘kassler o kasseler’, no como Sajonia. De hecho, su origen es incierto:
algunos afirman que proviene de la ciudad de Kassel, en la región de Hesse,
mientras que otros lo atribuyen a un carnicero de Berlín llamado Cassel. En
cualquier caso, lo que sí está claro es que su procedencia es alemana y que se
remonta al siglo XIX”.
Obviamente, lo más característico de esta costilla radica en
su elaboración. En primer lugar, la carne se cura en salazón y a continuación,
se ahúma utilizando madera de haya o aliso, proporcionándole un suave sabor,
ligeramente salado. Su textura es muy jugosa, tierna y fácil de masticar. Se
trata de una carne bastante magra y aporta proteínas de calidad. Dado que la
carne cuando la compramos viene ya casi hecha, solo necesita un golpe de
sartén. Admite infinidad de acompañamientos, que hacen de este bocado algo
especial.
miércoles, 4 de noviembre de 2026
01813 Los Pimientos Verdes Rellenos de Puré de Patata
Y QUESO BRIE
martes, 3 de noviembre de 2026
01812 De Grises
OBSERVAR ES UN ARTE
01811 Los Mejillones a la Vinagreta
AUTÉNTICO DELEITE
Desconozco cuántos kilos de mejillones podremos tomar en
casa a lo largo del año, pero me temo que son bastantes. Todas las semanas
aparecen en la mesa una vez por lo menos; cantidad que se duplica o triplica en
la época álgida de este apreciado molusco. Habitualmente los consumimos con
salsa de tomate un poco picante, con alguna mayonesa o simplemente al vapor.
Nos encantan de cualquier manera.
En esta ocasión, el mejillón regresa a este caleidoscopio
vital en una vertiente que tenía casi olvidada y que en mis días de juventud tuvieron
mucha notoriedad: en vinagreta. No había celebración, fiesta o invitación a
amigos para comer o a cenar en casa que no estuvieran, a modo de aperitivo, unos
deliciosos mejillones en vinagreta. Por aquellos años, mis conocimientos en
materia de cocina eran muy escasos y me defendía con una docena aproximada de
platos. Este era uno de ellos. Casi ni me acordaba ya de lo deliciosos que están.
Su elaboración es muy sencilla y rápida. Si bien, a la hora
de hacer la vinagreta hay muchas vertientes, sin menosprecio de la mayoría de
ellas, he optado por la de toda la vida: pimiento rojo, pimiento verde,
cebolla, vinagre, aceite y sal.
Mientras preparaba concienzudamente la vinagreta, he
recordado los buenos momentos que me ha deparado este plato. El tiempo se me ha
pasado volando. Al final, la vistosidad del plato ha sido espectacular y ya ni
cuento cómo estaban los mejillones. Un auténtico deleite.
Ingredientes para un kilo de mejillones: 1 kilo de
mejillones, peso con concha, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 1 cebolla
mediana, aceite de oliva virgen extra, vinagre de vino no excesivamente fuerte
y sal.
Elaboración: Limpiar los mejillones. Cubrir el fondo de una
cazuela con agua. Cuando rompa a hervir, introducir los mejillones y abrirlos
al vapor. Una vez abiertos todos, sacarlos de la cazuela, dejar enfriar y
quitarles la cáscara de la parte vacía. Reservar. Para la vinagreta: cortar los
pimientos y la cebolla en brunoise o picado fino. Mezclar en un cuenco y aliñar
al gusto con un poco de sal, vinagre de vino no excesivamente fuerte y aceite
de oliva virgen extra. Colocar los mejillones sobre una fuente y cubrirlos
generosamente con la vinagreta. Introducir la fuente con los mejillones en el
frigorífico durante una hora y servir.
lunes, 2 de noviembre de 2026
01810 Un Preciso Instante
LA OLA
domingo, 1 de noviembre de 2026
01809 Sensaciones Inamovibles
VACAS
En los inicios de este caleidoscopio vital, en el año 2015,
le dediqué una entrada a las vacas. En concreto, la entrada 00021. He vuelto a
esos primeros pasos de esta larga, larguísima aventura, y he vuelto a leer lo
que en su día escribí: "Me gustaría
ser como las vacas", me dijo en una ocasión una conocida de mi juventud.
Me hizo gracia la expresión, así como el desarrollo de su profusa teoría. Lo
solía exclamar cuando las cosas no le iban bien o se encontraba en plena lid
con el mundo y sus circunstancias. Algo muy habitual en ella. Su argumentación
se basaba, si mal no recuerdo y, en síntesis, en la placidez de tan noble
animal, su sosegada vida y en "lo divertido" que era ver cómo
espantaba a las moscas con el movimiento de su rabo. Reconozco que yo siempre
me he identificado más con el caballo, pero desde que escuché por primera vez
la frase en boca de mi confusa camarada, he de admitir que la res en cuestión
ha ganado muchos puntos e incluso, en ocasiones, confieso que no me importaría
nada ser vaca. De momento, vaca que veo, vaca que inmortalizo. Sobre todo, por
su cabeza. Su cara me transmite mucha ternura” ...
Tengo vacas cántabras, del Pirineo aragonés, catalanas,
asturianas, vascas y gallegas. Las que ilustran esta entrada son, precisamente,
gallegas. Las imágenes las capturé en mi último viaje a esta hermosa e
inolvidable tierra. No voy en su busca, salen al paso. Es entonces cuando cojo
la cámara fotográfica o el móvil y recojo sus imágenes. A veces me siento
frente a ellas, siempre a buen recaudo y sin intención de molestar. Otras,
simplemente detengo brevemente mi camino, busco sus miradas y continúo con mis
pasos. Forma parte de mis momentos de bienestar no siempre entendibles. Tampoco
hay mucho que explicar. No es necesario estar todo el día dando explicaciones.
Cansa. Hay sensaciones inamovibles que, aunque pasen los años, permanecen
intactas. Mi querencia hacia este plácido, noble y benefactor animal es una de
ellas.








