MI RECREO
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Hoya de Huesca/Plana de Uesca. Óleo sobre lienzo |
MI RECREO
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Hoya de Huesca/Plana de Uesca. Óleo sobre lienzo |
NUNCA TAN CERCA
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| El día que una cigüeña visitó mi huerto |
PLATO FINO Y SABROSO
Traigo hasta este caleidoscopio vital, y van ocho, a una de
las verduras más apreciadas por mí; la borraja. Se trata de una plata herbácea,
de aspecto humilde y cubierta por una fina pelusilla en sus tiernos y verdes tallos.
Aunque en muchas regiones europeas crece de forma silvestre, en España se cultiva
de manera específica para su consumo, sobre todo en Aragón, donde forma parte de
su gastronomía, así como en Navarra y La Rioja. Estamos ante una verdura no muy
conocida, si bien es cierto, que en los últimos años su popularidad ha crecido
considerablemente y ya no es tan ajena al consumidor.
Históricamente, la borraja ya era conocida por los romanos y
griegos, quienes la utilizaban tanto como alimento como por sus propiedades
medicinales. En la actualidad, su cultivo se ha extendido a otros países
mediterráneos y zonas templadas, valorándose por su sabor delicado y su alto
contenido en agua, vitaminas y minerales.
El huerto este año ha querido regalarme numerosos ejemplares
y, además, bien vistosos. Esto se traduce a que estamos comiendo borraja en
casa un par de días por semana. Y si no comemos una tercera, se debe a la
pejiguera de limpiarlas. Es lo que menos me gusta de ella, aunque cuando se le
coge el tranquillo, que te echen kilos para limpiar.
En esta ocasión, y para variar, propongo subir un escalón más,
para acompañarlas con sepia. Me resulta un plato muy sugerente, a la par que
fino y sabroso. De sencilla elaboración, puedo garantizar que deja un grato recuerdo.
Con el último bocado dado, ya pensaba en cuándo sería la próxima vez.
Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de borraja limpia, una
sepia mediana, 4 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, agua y sal.
Elaboración: Limpiar los tallos de la borraja, si no se tiene la posibilidad de adquirirlos ya limpios. En una olla, llevar a ebullición agua con sal. Cuando comience a hervir el agua, incorporar las borrajas unos diez minutos o hasta que comprobemos que están tiernos los tallos. Mientras se cuecen las borrajas, cortar la sepia en trozos, sazonar y saltearla en una sartén con aceite de oliva y unas laminas o picada de ajos. Una vez se haya cocinado la sepia, incorporar las borrajas cocidas y bien escurridas, y rehogar durante unos tres minutos para que se integren los sabores. Servir caliente.
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Borraja con sepia, un plato fino y delicado |
NI TAN MAL
Esta costumbre de cenar frugalmente, se rompe reiteradamente llegado el verano. El culpable no es otro que el huerto. Y es que son tantas las tentaciones que me regala diariamente. Eso que este año está siendo un poco chusco por el excesivo calor, lo sufro en mis carnes y así también me lo transmiten mis vecinos hortelanos. Por ejemplo, las judías verdes o vainas, ni olerlas; los calabacines que otros años salen por castigo, este verano se van cogiendo, pero con cuenta gotas; las tomateras que otros años presentan un atractivo espectáculo con sus amarillas florecillas, en esta ocasión acaban por secarse y los escasos frutos que empiezan a formarse, caen al suelo. Dicho lo cual, hay frutos a los que parece no importarles las altas y extremas temperaturas. Es el caso de los pimientos de Padrón y de las piparras. Desde que comenzaran a salir, todos los días recolecto 50 ejemplares de cada especie, que reparto entre casa y amigos. Están saliendo unos y otras, francamente de vicio.
Como todas las noches, tenía intención de tomarme un pepino, simplemente aliñado con aceite, vinagre y sal. Esta era mi intención hasta que he ido al frigorífico para coger el susodicho pepino y he visto unos pimientos de Padrón, unas piparras y una morcilla de Burgos. Ha sido como un flash. ¿Y si los pongo a los tres fritos en un plato? No me lo he pensado dos veces. Sartén, un poco de aceite de oliva virgen extra, primero los pimientos de Padrón, luego las piparras, por supuesto, bien de sal, y por último, la apreciada morcilla de Burgos. ¡Qué combinación más potente y deliciosa! Nunca había probado esta terna de sabores tan personales e inconfundibles. He disfrutado lo que no está escrito. Mañana volveré al pepino. Lo único que espero es que esta noche no me pase factura.
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Morcilla de Burgos con pimientos de Padrón y piparras |
ILUSIÓN
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Óleo sobre lienzo |
HOY HA SIDO FÁCIL
| Paseo marítimo de Castelsardo, Cerdeña |
ATRACTIVA Y ENIGMÁTICA PLANTA
Este año he dado la bienvenida al huerto a una nueva planta;
la acelga roja. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza incorporarla a mi
trocito de bendita tierra, pero no encontraba suministrador. Por fin, este año
he dado con ella. Para probar, en el mes de mayo, para San Isidro, por más
señas, planté seis diminutas plantas. Tenía curiosidad por probar su sabor y
también, por comprobar cómo se aclimataba al terreno.
En algo más de un mes, la media docena de plantas comenzaron
a llamar poderosamente mi atención. Sus tallos de color rojo, intenso color
rojo, era imposible que pasaran desapercibidas en contraste con el verdor del
resto de especies hortícolas. Lo primero que hacía al llegar al huerto era
detenerme ante ellas para entusiasmarme con su crecimiento. Me resultaba una
planta curiosa y enigmática en medio de las tradicionales acelgas verdes y
otras, también novedad este año, de hoja amarilla. El huerto ofrece muchos
entretenimientos; observar crecer las plantas es uno de ellos, y más si cabe,
cuando se trata de una planta nueva para mí. Al principio, sus brotes son
rojizos, pero conforme pasa el tiempo se vuelven verdes, exceptuando el tallo.
Cuando la planta está madura, la penca fija en su tallo un llamativo color
rojizo, mientras la hoja combina el verdor de la planta con rojizos nervios. Un
pequeño espectáculo.
Leí que acostumbra a cultivarse en climas templados y cera
del mar, lo que le aporta un sabor característico, con cierto sabor a tierra.
Mal comenzamos, pensé, ya que mi huerto dista muchos kilómetros del mar y para
nada se ubica en un clima templado. También es cierto, que visto los ejemplares
de acelga que obtengo, tampoco le importa mucho a la planta. También
pude saber que se trata de una variedad de acelga, similar al Ruibarbo, con un
leve sabor amargo, pero a diferencia de este, sus hojas no son tóxicas.
En lo leído aprendí que la versatilidad de esta variedad de
acelga es más amplia que cualquier otra y que se emplea tanto en revueltos,
guisos o cocida. Además, resulta muy agradable como acompañamiento en platos
con base de carne o pescado, arroces, pasta, wok, salsas y cremas.
Para hacerme con su sabor en mi bautizo, opté por una simple
cocción con patata y rehogadas posteriormente a fuego lento con ajo y unos pequeños tacos de jamón. Para su cocción fueron
suficientes 15 minutos a partir de la ebullición del agua con sal.
A la hora de probarlas, no me decepcionaron. Gustándome como
me gusta la acelga, esta roja, me pareció un plus y respondió a cuanto había
leído sobre ella; de fuerte sabor y ligera terrosidad. Solo le puse un reparo.
A pesar de que la olla donde las cocí estaba casi a rebozar de acelga roja,
tras su cocción quedó en nada. Me supieron a poco. Ya sé que, para la próxima
vez, tendré que disponer del doble. E incluso, conociendo ya su sabor, ampliaré
horizontes con otras alternativas que no sea su simple cocción.
Acelgas rojas con patatas, rehogadas en aceite de oliva con ajo y jamón |