lunes, 10 de agosto de 2026

01769 Entre Paisajes y Pinceles

 MI RECREO



Hoya de Huesca/Plana de Uesca. Óleo sobre lienzo
El paisaje humilde y cotidiano me arrastra a los pinceles. Sé que nunca podrán igualar su belleza, aunque tampoco lo pretendo. Solo me recreo, aprendo, disfruto, me pierdo y encuentro entre colores, luces y callados paisajes, ajenos a tiempos convulsos. No es poco. Es mucho más de lo que puedo imaginar.


domingo, 9 de agosto de 2026

01768 Un Visitante Inesperado

 NUNCA TAN CERCA


El día que una cigüeña visitó mi huerto
Cuando estoy en el huerto, las visitas son contadas.. Echo la vista a los tres últimos meses y que recuerde, he hablado con un par de individuos interesados por si se vendía la casa, es un clásico, el vecino con quien comparto riego una vez a la semana y un amigo que tenía interés por conocer el huerto del que tanto hablo. Esto es todo. Bueno, las "visitas de médico" casi a diario de mi amigo y compañero de teatro, Pepe, no las cuento. Pepe pasa los veranos en un chalet de una población vecina. Todos los días se da un largo paseo caminando, en cuyo itinerario se encuentra mi huerto. Si coincide que estoy, entra, echamos una "charradeta", como se dice por aquí, y antes de que apriete el calor, se vuelve para casa. No está conmigo más de quince minutos. Quince agradecidos minutos. Otros hortelanos me roban su presencia. Sus visitas me reconfortan y reaniman, pues me obligan a sentarme, tomar un café, fumarme un cigarrillo y despistar a mis pensamientos, que últimamente me tienen sobrepasado. Lo achaco al calor.

Hace unas semanas también recibí una visita totalmente inesperada. Estaba en cuclillas poniendo orden en las tomateras, cuando oí un sonoro ruido sobre mi cabeza que no alcancé a identificar. Me levanté como si me hubiesen puerto un petardo en salva sea la parte. Tan rápido me puse en pie, que todavía alcancé a ver tomar tierra a la causante de semejante susto; una cigüeña. La contemplé a distancia. Al principio la contemplé a distancia. Se paseaba como si conociese el lugar. Las plantas del huerto estaban todavía en sus inicios. Por un momento nos cruzamos la mirada. Seguí inmóvil para no asustarla como ella a mí en su reciente aterrizaje. El ave prosiguió recorriendo el recinto, altiva, como si caminara por una pasarela. Parecía encontrarse a gusto. Decidí acercarme a ella lentamente. Solo quería hacerle algunas fotografías con el móvil. Conforme me acercaba, la cigüeña se alejaba. No había manera de encuadrar una imagen en condiciones. Tomé algunas instantáneas a bote pronto para que me sirvieran de acta notarial de su presencia en el huerto. Y menos mal, porque a los pocos minutos, igual que llegó, se fue.

Acostumbrado como estoy a insectos, gatos, gorriones y a alguna que otra urraca, su presencia me distrajo de mis tareas diarias, lo que le agradecí enormemente. Además, nunca había estado tan cerca de una cigüeña, algo que también pasó a mi haber. Más que nada, porque los animales con pico no me gusta tenerlos cerca. Tengo la impresión de que esta cigüeña no fue la primera vez que visitaba mi huerto. 

 



viernes, 7 de agosto de 2026

01767 La Borraja con Sepia

 PLATO FINO Y SABROSO


Traigo hasta este caleidoscopio vital, y van ocho, a una de las verduras más apreciadas por mí; la borraja. Se trata de una plata herbácea, de aspecto humilde y cubierta por una fina pelusilla en sus tiernos y verdes tallos. Aunque en muchas regiones europeas crece de forma silvestre, en España se cultiva de manera específica para su consumo, sobre todo en Aragón, donde forma parte de su gastronomía, así como en Navarra y La Rioja. Estamos ante una verdura no muy conocida, si bien es cierto, que en los últimos años su popularidad ha crecido considerablemente y ya no es tan ajena al consumidor.

Históricamente, la borraja ya era conocida por los romanos y griegos, quienes la utilizaban tanto como alimento como por sus propiedades medicinales. En la actualidad, su cultivo se ha extendido a otros países mediterráneos y zonas templadas, valorándose por su sabor delicado y su alto contenido en agua, vitaminas y minerales.

El huerto este año ha querido regalarme numerosos ejemplares y, además, bien vistosos. Esto se traduce a que estamos comiendo borraja en casa un par de días por semana. Y si no comemos una tercera, se debe a la pejiguera de limpiarlas. Es lo que menos me gusta de ella, aunque cuando se le coge el tranquillo, que te echen kilos para limpiar.

De la borraja, como ya he dejado escrito en algún momento de este blog, me gusta su visión, el olor que desprende al cortarla y la variedad de platos que se pueden llegar a cocinar. Habitualmente, las consumo hervidas con patata, bien escurridas y aliñadas con un buen sofrito de ajos laminados. Me parecen un espectáculo y que, como todo buen espectáculo, no me canso de verlo, aunque en este caso, no me canse de comerlo.

En esta ocasión, y para variar, propongo subir un escalón más, para acompañarlas con sepia. Me resulta un plato muy sugerente, a la par que fino y sabroso. De sencilla elaboración, puedo garantizar que deja un grato recuerdo. Con el último bocado dado, ya pensaba en cuándo sería la próxima vez.

Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de borraja limpia, una sepia mediana, 4 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, agua y sal.

Elaboración: Limpiar los tallos de la borraja, si no se tiene la posibilidad de adquirirlos ya limpios. En una olla, llevar a ebullición agua con sal. Cuando comience a hervir el agua, incorporar las borrajas unos diez minutos o hasta que comprobemos que están tiernos los tallos. Mientras se cuecen las borrajas, cortar la sepia en trozos, sazonar y saltearla en una sartén con aceite de oliva y unas laminas o picada de ajos. Una vez se haya cocinado la sepia, incorporar las borrajas cocidas y bien escurridas, y rehogar durante unos tres minutos para que se integren los sabores. Servir caliente.



Borraja con sepia, un plato fino y delicado









martes, 4 de agosto de 2026

01766 La Morcilla con Pimientos de Padrón y Piparras

NI TAN MAL


Como ya he comentado en alguna ocasión, desde unos años a esta parte, mis cenas son bastante frugales. Tal y como se dice por estas tierras altoaragonesas, no me gusta irme "farto" a la cama. Esto no quita, para que si se presenta la ocasión, disfrute de una buena cena.

Esta costumbre de cenar frugalmente, se rompe reiteradamente llegado el verano. El culpable no es otro que el huerto. Y es que son tantas las tentaciones que me regala diariamente. Eso que este año está siendo un poco chusco por el excesivo calor, lo sufro en mis carnes y así también me lo transmiten mis vecinos hortelanos. Por ejemplo, las  judías verdes o vainas, ni olerlas; los calabacines que otros años salen por castigo, este verano se van cogiendo, pero con cuenta gotas; las tomateras que otros años presentan un atractivo espectáculo con sus amarillas florecillas, en esta ocasión acaban por secarse y los escasos frutos que empiezan a formarse, caen al suelo. Dicho lo cual, hay frutos a los que parece no importarles las altas y extremas temperaturas. Es el caso de los pimientos de Padrón y de las piparras. Desde que comenzaran a salir, todos los días recolecto 50 ejemplares de cada especie, que reparto entre casa y amigos. Están saliendo unos y otras, francamente de vicio.

Como todas las noches, tenía intención de tomarme un pepino, simplemente aliñado con aceite, vinagre y sal. Esta era mi intención hasta que he ido al frigorífico para coger el susodicho pepino y he visto unos pimientos de Padrón, unas piparras y una morcilla de Burgos. Ha sido como un flash. ¿Y si los pongo a los tres fritos en un plato? No me lo he pensado dos veces. Sartén, un poco de aceite de oliva virgen extra, primero los pimientos de Padrón, luego las piparras, por supuesto, bien de sal,  y por último, la apreciada morcilla de Burgos. ¡Qué combinación más potente y deliciosa! Nunca había probado esta terna de sabores tan personales e inconfundibles. He disfrutado lo que no está escrito. Mañana volveré al pepino. Lo único que espero es que esta noche no me pase factura.


Morcilla de Burgos con pimientos de Padrón y piparras









lunes, 3 de agosto de 2026

01765 Constancia

 ILUSIÓN



Óleo sobre lienzo
No sé si fue la luz
o para quien iba destinado.
Empeñé todo mi esfuerzo,
aunque cada pincelada sumara un fracaso.
Abandoné mi esfuerzo
como quien se desprende de un calcetín con agujero.

Pasaron días,
o semanas,
igual meses.
Retomé el óleo abandonado.
Nuevas pinceladas,
colores empastados
y un nuevo hartazgo.
                                                                                    Volví a dejar el lienzo en un rincón
                                                                                    junto a otros objetos desilusionados.
                                                                                    
                                                                                    Un día, recogiendo la vida,
                                                                                    me encontré con un pincel,
                                                                                    que me recordó aquel óleo inacabado.
                                                                                    Lo recuperé con cierto entusiasmo
                                                                                    y lo coloqué en el bastidor de donde
                                                                                    nunca tuvo que ser apeado.

                                                                                    Respiré hondo
                                                                                    y comencé a jugar con los colores.
                                                                                    La gran nube de un atardecer,
                                                                                    cómplice del sol,
                                                                                    comenzó a tomar forma
                                                                                    sobre un campo impreciso de labranza.

                                                                                    Pasaron días y semanas,
                                                                                    que no meses,
                                                                                    y el lienzo tomó vida,
                                                                                    para ser una dádiva para Ana.

                                                                                    Finalizado el trabajo, lo miré fijamente.
                                                                                    Llegué a la conclusión de que no fui yo quien                                                                                            acabó el cuadro.
                                                                                    Fueron la ilusión por un regalo
                                                                                    y la constancia, 
                                                                                    que habitualmente me acompaña.                            

                                                                                   
                                                              
                        
                                                                 
Ilusíón y constancia
                                                                                



sábado, 1 de agosto de 2026

01764 Un Balance Cualquiera

 HOY HA SIDO FÁCIL


Paseo marítimo de Castelsardo, Cerdeña
    Acaba el día.
    Hora de hacer balance.
    La terraza abierta y la mente aun despierta.
    He roto una taza.
    Un grito inesperado asustó mi mano.
    Ni una llamada.
    Gente triste.
    Un niño se aferra a la mano de su madre.
    Parece feliz.
    Aprovechad ese instante, madre, hijo.
    Todo sucede muy deprisa.
                                                                                    Poco más.
                                                                                    El balance no da más de sí.
                                                                                    Miro al horizonte
                                                                                    y añado al balance un mar en calma que se prepara                                                                                        para la noche.


01763 Las Acelgas Rojas

 ATRACTIVA Y ENIGMÁTICA PLANTA



Este año he dado la bienvenida al huerto a una nueva planta; la acelga roja. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza incorporarla a mi trocito de bendita tierra, pero no encontraba suministrador. Por fin, este año he dado con ella. Para probar, en el mes de mayo, para San Isidro, por más señas, planté seis diminutas plantas. Tenía curiosidad por probar su sabor y también, por comprobar cómo se aclimataba al terreno.

En algo más de un mes, la media docena de plantas comenzaron a llamar poderosamente mi atención. Sus tallos de color rojo, intenso color rojo, era imposible que pasaran desapercibidas en contraste con el verdor del resto de especies hortícolas. Lo primero que hacía al llegar al huerto era detenerme ante ellas para entusiasmarme con su crecimiento. Me resultaba una planta curiosa y enigmática en medio de las tradicionales acelgas verdes y otras, también novedad este año, de hoja amarilla. El huerto ofrece muchos entretenimientos; observar crecer las plantas es uno de ellos, y más si cabe, cuando se trata de una planta nueva para mí. Al principio, sus brotes son rojizos, pero conforme pasa el tiempo se vuelven verdes, exceptuando el tallo. Cuando la planta está madura, la penca fija en su tallo un llamativo color rojizo, mientras la hoja combina el verdor de la planta con rojizos nervios. Un pequeño espectáculo.

Llegó el día de probar tan curiosa acelga de la que tan poco sabía. Corté sus tallos como hago habitualmente con la acelga tradicional; es decir, en lugar de cortar toda la planta, lo hice tallo por tallo. Esta forma de cortar la acelga la aprendí de un viejo y sabio hortelano, quien me hizo observar que de esta forma la planta está más activa y dura. Al llegar a casa, me interesé por su forma de cocción, así como de sus características.

Leí que acostumbra a cultivarse en climas templados y cera del mar, lo que le aporta un sabor característico, con cierto sabor a tierra. Mal comenzamos, pensé, ya que mi huerto dista muchos kilómetros del mar y para nada se ubica en un clima templado. También es cierto, que visto los ejemplares de acelga que obtengo, tampoco le importa mucho a la planta. También pude saber que se trata de una variedad de acelga, similar al Ruibarbo, con un leve sabor amargo, pero a diferencia de este, sus hojas no son tóxicas.

En lo leído aprendí que la versatilidad de esta variedad de acelga es más amplia que cualquier otra y que se emplea tanto en revueltos, guisos o cocida. Además, resulta muy agradable como acompañamiento en platos con base de carne o pescado, arroces, pasta, wok, salsas y cremas.

Para hacerme con su sabor en mi bautizo, opté por una simple cocción con patata y rehogadas posteriormente a fuego lento con ajo y unos pequeños tacos de jamón. Para su cocción fueron suficientes 15 minutos a partir de la ebullición del agua con sal.

A la hora de probarlas, no me decepcionaron. Gustándome como me gusta la acelga, esta roja, me pareció un plus y respondió a cuanto había leído sobre ella; de fuerte sabor y ligera terrosidad. Solo le puse un reparo. A pesar de que la olla donde las cocí estaba casi a rebozar de acelga roja, tras su cocción quedó en nada. Me supieron a poco. Ya sé que, para la próxima vez, tendré que disponer del doble. E incluso, conociendo ya su sabor, ampliaré horizontes con otras alternativas que no sea su simple cocción. 




Acelgas rojas con patatas, rehogadas en aceite de oliva con ajo y jamón