DESPERTANDO EMOCIONES
sábado, 3 de octubre de 2026
01790 El Pollo Escabechado
viernes, 2 de octubre de 2026
01789 Dar Calabazas
PERO DE LAS DEL HUERTO
Ahora, recordándolo, me sonrío. En mis tiempos juveniles, nunca se me dio bien el arte de ligar. Aprendí que ligar era un arte para el que no estaba llamado. Mi timidez no me ponía las cosas fáciles. Así, que cuando lo intentaba, ayudado de algún líquido con más o menos grados de la época, tenía todos los números para ser correspondido con una calabaza. Era el número uno de recepción de calabazas. Algunas de ellas memorables. Voy a dejarlo aquí.
martes, 29 de septiembre de 2026
01788 El Tartar de Sardinas
TODO LE VA BIEN
En mis inicios laborales alguien me aconsejó que cuando me
encontrara en una comida o cena de trabajo, descartara hablar sobre mí, de política
y, sobre todo, de mi empresa o de mi profesión. Me dijo que tuviera siempre recursos con los
que poder hablar para obviar hacerlo sobre lo anteriormente mencionado. Añadió
que era una práctica muy americana. En aquel momento no entendí muy bien el
consejo. De hecho, no le presté mucha atención y tampoco lo llevé a la
práctica, hasta que me llevé algún que otro revés inesperado.
Con el tiempo y, sobre todo, después de sobrevenidos
sufrimientos por no escuchar tan práctico consejo, comencé a incorporarlo a mi
rutina social y laboral. Evité hablar de mi vida personal, dejé de compartir
detalles íntimos o debilidades para que no pudiera ser usado en mi contra en
momentos determinados y descarté transitar por asuntos delicados. Para
interactuar, tal y como fui aconsejado, eché mano de mis aficiones: jardinería,
fotografía, pintura, literatura, viajes, gastronomía, baloncesto, entre otras, y
aprendí a callar y a escuchar, siempre escuchar.
Ahora, mi universo laboral ha quedado en el olvido, pero
sigo manteniendo algunos de aquellos hábitos para mis relaciones sociales.
Como, por ejemplo, recurrir a cuestiones intrascendentes cuando me encuentro
con algún conocido y decidimos tomar un café. Una vez puestos al día de
nuestras respectivas vidas, todo generalidades, se hace necesario rellenar con
palabras el encuentro. Es entonces, cuando acudo a las socorridas aficiones. La
más frecuente en la actualidad es la gastronomía. Da mucho juego para interactuar
e incluso depara gratas sorpresas.
Recientemente se dieron todas estas circunstancias. Un paseo
matinal, encuentro con un viejo conocido al que no veía hace tiempo, propuesta
de tomar un café, que si ya soy abuelo, que si acaba de llegar de China, que si
este año el huerto me ha costado sacarlo adelante, que si se tenía que operar
de una hernia… y poco más. Todavía quedaba café en nuestras respectivas tazas y
ninguno de los dos teníamos prisa. En la mesa contigua a nosotros, alguien se
estaba comiendo un bocadillo de sardinas. Hacía años que no veía un bocata de
estas características, y recordé lo bueno que está. Hice observar a mi
compañero de café, mi inclinación por las sardinas. Un gusto también por él
compartido. Comenzamos a hablar de sardinas como si fuésemos expertos en la
materia y a intercambiarnos recetas. La mayoría de ellas eran muy comunes,
hasta que una me puso en alerta; el tartar de sardinas de lata.
¿Cómo? Nunca lo había visto ni tampoco escuchado. Me dijo
que acostumbraba a elaborarlo en su casa con frecuencia, sobre todo los fines
de semana y que, aunque lo preparaba con unos ingredientes básicos, le gustaba
incorporar otros sabores. “El tartar de sardinas es muy agradecido. Todo le va bien”,
me hizo observar. Huelga decir, que le pedí la receta básica. De las probatinas
ya me encargaré yo, que en eso soy experto.
No tardé mucho en sacar a la mesa, también en un fin de
semana, mera coincidencia, este tartar. Me encantó. Ya lo creo que me encantó.
Ingredientes: 2 latas de sardinas en aceite de oliva, 1
tomate maduro, 1 cebolla morada, 2 piparras, ½ pimiento italiano verde,1
aguacate maduro, el zumo de medio limón, aceite de oliva virgen extra, pimienta
molida y sal en escamas.
Elaboración: Desmenuzar en un bol las sardinas, reservando
una, y retirar el exceso de aceite. Picar en pequeños dados el tomate, la
cebolla morada y el aguacate. Añadir al bol de las sardinas. Picar finamente el
pimiento verde y las piparras. Añadir al bol. Verter el zumo de limón, un
chorrito de aceite de oliva, la sal en escamas y la pimienta negra molida.
Mezclar bien y emplatar. Servir frío e incorporar la sardina que habíamos
reservado.
sábado, 26 de septiembre de 2026
01787 Aquella Pizza en Venecia
EN UN SOÑADO VIAJE
miércoles, 23 de septiembre de 2026
01786 Un Lugar al Que Mirar
UN LUGAR AMABLE Y HERMOSO
domingo, 20 de septiembre de 2026
01785 Las Cucañas
PIÑATAS
Resulta agradable comprobar lo sencillo que es retornar a la
infancia. Lo pude volver a observar recientemente, después de una fiesta y
reunión familiar en mi pueblo materno de Alcalá de Gurrea. Después de comer,
con sobremesa larga, tras despedirme de tías, hermanas y primos, y dirigiéndome
ya al coche para regresar a casa, pude ver cómo estaban preparándolo todo para
que los niños y niñas pudieran jugar a las cucañas. Me quedé clavado como una
estatua. Así lo quiso el niño de hace más de medio siglo. Me recordó que yo
también jugué en esta plaza a las cucañas y a las cintas, creo que así se
denominaba el juego que consistía en ir montado en una bicicleta y con un lápiz
o un pequeño y afilado palo de madera, intentar traspasar una arandela que
llevaba enrollada una cinta y escrito en ella un premio en metálico. Yo no
tenía bicicleta, pero siempre había alguien que me la dejaba para que pudiera
participar. Desde aquel entonces no he vuelto a ver este juego. Bueno, por no
mentir, hace unos diez años, vi algo parecido en la Aldea de El Rocío. En
aquella ocasión los participantes no iban en bicicleta sino sobre hermosos y
cuidados caballos.
Por fin, el niño rompió la vasija desparramando por el suelo
su dulce contenido. Un ruido, el de la vasija con su contacto al caer al suelo,
me devolvió al presente con una sonrisa. Pensé que muchas cosas habían
cambiado, pero la emoción y la ilusión que siguen despertando aquellos juegos,
siguen intactas.
Quien pueda llegar a leer esto, pensará que estoy en un error,
y que en realidad el juego referido no se corresponde con las cucañas sino con
las piñatas. Toda la razón, pero en Aragón a lo que se conoce como una piñata
se le denomina cucaña. Según he podido leer, “etimológicamente, la palabra
procede del italiano cuccagna, que hacía referencia a una tierra mítica
de abundancia y felicidad, similar al país de Jauja, donde no hacía falta
trabajar y los alimentos caían del cielo o de los árboles. Al trasladar este
concepto a los juegos populares de los pueblos, se empezó a denominar «cucaña»
a cualquier reto o juego infantil cuyo objetivo final fuera conseguir premios,
dulces o monedas de forma gratuita”.
Antiguamente, en las fiestas de los pueblos aragoneses, no
se organizaba una sola actividad aislada, sino que se preparaban las llamadas "Cucañas".
Este término funcionaba como un bloque o sección de juegos populares
infantiles. Dentro de esta misma categoría se agrupaban dinámicas muy diversas:
El tradicional palo untado de grasa, las carreras de sacos o la rotura de ollas
de barro colgadas de una cuerda rellenas de caramelos, agua o monedas. Al estar
englobada la piñata dentro del programa de "las cucañas" de las
fiestas, la metonimia hizo que el término pasara a dar nombre al objeto en sí.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
01784 Una Discreta Discusión
EL CORAZÓN DEL ATARDECER









