PAISAJE SOÑADO
viernes, 10 de abril de 2026
01741 Un Desvarío
lunes, 6 de abril de 2026
01740 Un Variado de Tomates
¡POR FAVOR!
Una de mis cenas favoritas cuando los tomates maduran en mi
huerto, es sacar a la mesa una variada selección de estos frutos, aliñados
simplemente con un buen aceite de oliva virgen y sal, e incluso en esporádicas
ocasiones, aderezados con ajo cortado muy fino. Siempre que me enfrento a este
platazo, me acuerdo de mi querido Antonio Arazo, reconocido cocinero oscense,
que, cuando yo apenas conocía media docena de variedades de tomate, nos deleitó
en una cena con amigos, con una degustación de hasta 25 tipos de tomates. Me
pareció algo fascinante y difícil de olvidar.
Con estos mimbres nacen suculentas comidas y cenas, no como
las de mi amigo Antonio Arazo y sus 25 variedades, pero creo que a este paso en
un par de años podré emularlas. Tiempo al tiempo.
No obstante, me he quedado perplejo con un dato que acabo de
leer y que no la tengo todas conmigo de que sea cierto. “Existen más de 10.000
variedades de tomates en el mundo, clasificadas por forma, color (rojo,
amarillo, negro, verde) y uso culinario, desde los diminutos cherry hasta los
grandes tomates de ensalada”. Si es así, anda que no me quedan tomates por
probar. Imposible, al igual que escribir sobre diez mil cosas que me gustan; objetivo de este blog.
viernes, 3 de abril de 2026
01739 Las Gulas Rebozadas
SORPRENDENTE E INESPERADO
En casa nos encantan las gulas. Siempre hay en el
frigorífico un par de paquetes para algún “por si acaso”. Son un buen recurso y
nos han sacado de no pocos apuros. Acostumbramos a tomarlas en ensaladas, con
huevos fritos, en revueltos o con los tradicionales ajos fritos y sus
correspondientes cayenas. En esta ocasión, las recojo en un cocinado
sorprendente, inesperado e inimaginable; rebozadas. Todo un rico
descubrimiento. Un aperitivo rápido de preparar, crujiente y delicioso.
Fue Gloria la que me sorprendió, de forma inesperada, con esta
inimaginable propuesta a la hora del aperitivo. Es una mujer inquieta, despierta
y muy interesada por el conocimiento, sea cual sea la materia, y la gastronomía
no es una excepción. Ya he comentado en alguna ocasión que se maneja de manera
sobresaliente entre fogones, lo que implica que probemos platos memorables.
De entrada, el plato me llamó la atención. Nunca pensé que
las gulas se pudieran rebozar. Y eso, que yo soy de los que rebozaría y
empanaría todo. Antes de probar el primer bocado, Gloria nos informó acerca del
proceder de la tapa. Aparentemente, tenían un aspecto magnífico. Solo quedaba
probarlas. Cogí el primer haz de gulas rebozadas, lo unté ligeramente en el
alioli, me lo llevé a la boca y… ¡Qué bueno! Un bocado crujiente, sabroso y
sutil. A partir de aquí, fueron cayendo como el que come pipas. No sé a quien
se le ocurrió esta idea, pero vaya desde aquí mi aplauso. Mis felicitaciones a
Gloria se las di en directo.
Ingredientes: 250 gramos de gulas, harina de trigo o de
garbanzo y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración: Enharinar un pequeño puñado de gulas y freír en
pequeñas tandas en aceite muy caliente durante unos 2 minutos, hasta obtener un
color dorado. Sacar del fuego y dejar escurrir sobre papel absorbente. Servir
caliente, acompañadas de alioli.
jueves, 2 de abril de 2026
01738 Los Caracoles a la Llauna
TAN IGUALES, TAN DISTINTOS
Regresan los caracoles hasta este caleidoscopio vital, y lo
hacen de la manera que quizás más me gusten; a la llauna. Se trata de una forma
tradicional de cocinar caracoles en una bandeja de hierro, muy típica en
Valencia y Cataluña. Llauna proviene de la bandeja metálica donde se hornean.
Básicamente se busca una cocción que conserve los jugos del caracol y una capa
externa ligeramente crujiente cuando se gratinan.
Recuerdo perfectamente la primera vez que los probé de esta
guisa. Me parecieron deliciosos. Fue en la ya desaparecida Casa Barrau,
en la localidad altoaragonesa de Binéfar, a escasos kilómetros de Lleida,
el reino del caracol, del cargol o caragol catalán. De aquello han pasado más
de una treintena de años, y lo recuerdo como todo un descubrimiento, de tal
manera que siempre que tengo oportunidad de deleitarme con este plato, no me lo
pienso dos veces. Hasta entonces, los había consumido en guisos o simplemente
cocidos en agua y acompañados de un buen alioli.
Ya he comentado en alguna ocasión, refiriéndome al caracol,
que aquí no hay término medio: o se ama, o se odia; la indiferencia no cabe. De
hecho, según he podido leer, mientras en las zonas mediterráneas el caracol es
muy apreciado, en el resto de Europa está considerado como algo “repugnante”.
Aunque pudiera parecer un plato humilde, -si así fue, fue otrora, no en la
actualidad-, los patricios romanos consideraban al caracol como una auténtica
delicia. Sería precisamente durante el Imperio romano, cuando los caracoles
alcanzarían la mayor de sus consideraciones. En la Edad Media perdió el caracol
buena parte de su prestigio, si alguno le quedaba. Ya en el siglo XVII, para
acabar de rematar, Alonso de Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua Castellana,
advierte sobre este gasterópodo, “su carne es dura de digestión, y de ruin y
grosero mantenimiento para gentes delicadas”. Será en el siglo XIX, cuando
Antonin Carâreme los introducirá en las nobles mesas, al ofrecérselos al zar
Alejandro I a la bourguignonne, un icono de la cocina francesa.
En la actualidad, Cataluña y Chipre abanderan el consumo de
caracoles en todo el mundo. Precisamente, en la localidad catalana de Lleida se
viene celebrando desde 1980 L’Aplec del Caragol, un encuentro festivo y
gastronómico en torno a la cocina de este pequeño animal. La cita anual se
organiza para finales del mes de mayo, en un intenso fin de semana, con la
participación de 124 peñas, 16.850 peñistas, 200.000 visitantes y una previsión
de consumo de 14 toneladas de caracoles. L’Aplec se inicia el viernes por la
tarde y se prolonga durante el sábado y domingo con verbenas, conciertos,
música, castellers, concursos y un sinfín de actividades. El caracol se cocina
de múltiples formas: a la gormanda, -plato tradicional de la cocina catalana,
especialmente popular en Lleida, que consiste en caracoles cocinados en cazuela
de barro con un sofrito de ajo, guindilla, harina, perejil, y a menudo beicon o
jamón, resultando en una salsa espesa y picante-, a la cazuela… pero la más
popular es a la llauna, a la “lata”, en una plancha metálica plana con asas. “Los
caracoles dejunats, en ayunas, se colocan sobre una lata de uno en uno y boca
arriba, y la lata sobre las brasas. Una vez cocinados, se extraen del caparazón
con un palillo largo, y se mojan con alioli, una salsa hecha a mano en el
mortero con aceite y ajo o a la vinagreta.
“Los caracoles ‘a la llauna’ son una tradición, una fiesta y
un símbolo de la gastronomía de las Terres de Lleida. Esta receta te guiará
para preparar este delicioso plato, al horno o a la brasa, que evoca el
espíritu de las fiestas populares. Simplicidad y cocción directa para disfrutar
con calma y buena compañía”.
Ingredientes para 4 personas (como entrante o picoteo): 1
kilo o 1,5 kilos de caracoles (preferiblemente de la variedad sapenco, ya
purgados), sal gorda (para la base de la ‘llauna’), sal fina, pimienta
negra molida, aceite de oliva virgen extra, opcional para aliñar (hacia
el final de la cocción), 1 cabeza de ajos, un buen manojo de perejil fresco,
un poco de guindilla o pimentón picante (si gustan picantes), un chorrito
de coñac o brandy (opcional).
Utensilios necesarios: una ‘llauna’ especial para
caracoles o una bandeja de horno metálica, pinzas largas (si se hacen a la
brasa), mortero.
Tiempo de preparación: Preparación previa (purga): los
caracoles deben estar purgados (en ayuno) al menos una semana antes. Limpieza
(opcional): 5-10 minutos. Cocción: 15-25 minutos. Dificultad: baja-media
(la principal dificultad radica en el manejo de los caracoles y el punto de
cocción).
Pasos a seguir: Primero, asegúrate de que los caracoles
estén bien purgados. La limpieza externa es opcional: algunos prefieren
cocinarlos directamente para conservar toda su ‘baba’, mientras que otros los
pasan por un poco de agua para quitar tierra o impurezas del caparazón, sin
sumergirlos del todo. Prepara la ‘llauna’. Si no es una ‘llauna’ especial con
concavidades, cubre el fondo de la bandeja metálica con una capa generosa de
sal gorda. Esto ayudará a estabilizar los caracoles y a distribuir el calor. Coloca
los caracoles sobre la sal gorda (o en las concavidades de la ‘llauna’), con la
abertura hacia arriba y bien juntos, para que no se vuelquen durante la
cocción. Aliña los caracoles. Espolvoréalos generosamente con sal fina y
pimienta negra molida. Riégalos con un buen chorro de aceite de oliva virgen
extra.
Cocción: Al horno: precalienta el horno a 200-220°C con
calor arriba y abajo (y si tiene grill, actívalo los últimos minutos).
Introduce la ‘llauna’ en el horno y cuece durante unos 10-15 minutos. A la brasa: coloca
la ‘llauna’ sobre las brasas de un fuego de leña o carbón, a una altura que
proporcione un calor intenso, pero no directo para evitar que se quemen
rápidamente. La cocción será más rápida, unos 8-12 minutos. A media cocción (a
los 7-10 minutos), puedes retirar momentáneamente la ‘llauna’ y, si lo deseas,
añadir un aliño adicional. Una opción clásica es una picada de ajo y perejil
mezclada con un poco más de aceite de oliva y distribuida por encima de los caracoles.
También puedes añadir un chorrito de coñac o guindilla en este momento. Vuelve
a introducir la ‘llauna’ en el horno o a la brasa y continúa la cocción unos
5-10 minutos más, o hasta que los caracoles empiecen a dorarse y su carne esté
cocida y tierna. Sirve los caracoles
inmediatamente, bien calientes, en la misma ‘llauna’ de cocción.
domingo, 29 de marzo de 2026
01737 Las Alcachofas con Jamón
LAS DE TODA LA VIDA
sábado, 28 de marzo de 2026
01736 El Que Algo Quiere
ALGO LE CUESTA
viernes, 27 de marzo de 2026
01735 La Pasta Fresca de Lasaña Frita
UNA GENIAL SORPRESA
Hace días que encuentro el frigorífico un tanto desordenado
y confuso, casi tanto como yo. Así, que he decidido poner un poco de orden y
ver qué "maravillas" me encuentro en tanto desajuste. Sigo
refiriéndome al frigorífico, ya que lo mío no tiene arreglo. Los recipientes de vidrio con restos de comida
están controlados. Los lácteos y sus derivados en perfecto estado de
presentación y amplia caducidad. Frutas y verduras no han ocasionado baja
alguna. Hasta aquí bien. Continúo con algo que ya empieza a preocupar. Me
refiero a esos pequeños paquetes envueltos en papel de aluminio y cuyo
contenido es una absoluta incógnita. Lo que me temía. Medias manzanas, medios
limones, medios plátanos... Respiro hondo y no miro a nadie. Los coloco en
primera línea del frío para que no se vayan sumando más medios de lo que sea y
el resto del personal de casa sepa que existen.
Ahora toca revisar las decenas de botes ya abiertos o sin
abrir que viven en el frigorífico. Digo que viven porque la última vez que puse
orden en este electrodoméstico, los coloqué todos en la misma balda y ya
pueblan todas las existentes. ¡Qué curioso!
Los botes empezados de mermeladas, pimientos en conserva y
encurtidos varios, entre otros, no presentan todavía mal aspecto. Aquellos que
están todavía sin abrir mantienen el margen de fecha para su consumo. También
sin baja alguna y todos los envases colocados de nuevo en una misma balda.
He recordado que, en una de esas incursiones que realizo de
vez en cuando al azar por el maravilloso, amplio y atractivo mundo de las
recetas gastronómicas, me topé con una especialmente curiosa y fácil de aprender;
tanto, que ni siquiera la guardé ni la anoté. Se trataba, precisamente, de una
receta de pasta de lasaña fresca frita. Nunca la había cocinado de esta guisa y
este ha sido el día, porque en esta casa no se tira nada de comida. El
resultado, reconozco que tenía ciertas dudas al respecto, no ha podido ser más
certero y plausible: de aperitivo con una fresca cerveza, crujiente, adictiva
como las pipas… y hasta agotar existencias. ¡Y más que hubiese habido! Una
genial sorpresa que no tardaré en repetir y sin necesidad de poner orden en el
frigorífico.
Ingredientes: láminas de pasta de lasaña fresca, aceite de
girasol, sal y pimentón dulce o picante.
Elaboración: Cortar las láminas de pasta en trozos iguales,
6x2,5 cms aproximadamente. Introducir los trozos en pequeñas cantidades en una
sartén con aceite de girasol bien caliente. Dorarlos ligeramente. Mucho cuidado
con la fritura, pues se doran rápidamente si el aceite está caliente. Sacar de
la sartén y depositar los trozos en un plato con papel absorbente de cocina.
Sazonar y espolvorear pimentón dulce o picante, según el gusto.

