ILUSIONADOS MOMENTOS
Ría de Cubas, Cantabria. Óleo sobre lienzo |
ILUSIONADOS MOMENTOS
Ría de Cubas, Cantabria. Óleo sobre lienzo |
TIERNA Y SUAVE
Este verano, estar en el huerto no ha sido tan paradisíaco como
estíos precedentes. Con las altas temperaturas registradas, no diré que ha sido
un infierno, pero casi. A ello se han sumado una gran variedad de insectos,
amén de la ya tradicional araña roja en las tomateras. Es lo que tiene
practicar el ecologismo más absoluto. Algunas plantas han fenecido antes de lo
acostumbrado y otras no han dado el rendimiento deseado. De todas formas, en
cuanto a producción en general se refiere, no me puedo quejar. Pero si me tengo
que quedar con algo digno de destacar, es la variedad de plantas que he
conocido este año, de la mano de su calidad, buen resultado y prestancia en el
huerto. Varias de ellas ya han dejado su sello en este caleidoscopio vital,
cediendo en esta ocasión el testigo a la acelga amarilla de Lyon.
Tenía ganas de probarla, aunque fui paciente y esperé a que
sus tallos y hojas adquirieran un considerable tamaño. Hasta ese momento me
conformé con cuidar la media docena de plantas que cultivé y alegrarme cada día
con su hermoso color, en contraste con las acelgas rojas y verdes que las
acompañan.
De momento, solo las he probado hervidas con patatas, y
salteadas con un sofrito de cebolla y jamón. Es como habitualmente consumimos en
casa la acelga. Me resultó muy agradable al paladar, casi dulce; nada que ver con
las acelgas rojas o verdes. Ahora, además de seguir cuidándolas, tendré que
ampliar horizontes en cuanto a su consumo se refiere. Y por supuesto, contaré
con ella en venideras plantaciones.
UN AROMA PARA UN MOMENTO PLACENTERO EN LAS NOCHES DE VERANO
El aroma de la citronela se ha convertido en mis últimos años en un clásico en las noches de verano. El motivo es que esta planta, con su aroma fresco y cítrico, tiene una poderosa acción como repelente natural de insectos, especialmente de los molestos y agotadores mosquitos. En las noches de estío, me gusta sentarme en la terraza de casa con un libro o algo de lectura. Y en ausencia de uno u otro, apoltronarme en el sofá con mis pensamientos y mirar las estrellas, en compañía del dulce aroma que desprende una enorme vela de citronela encendida. Me resulta un momento muy placentero.
Tendría que hablar en pasado, porque este año, a pesar de la
citronela, los mosquitos me tienen aborrecido y hasta dolorido. Mi cuerpo es
como una paella, lleno de granos, motivados por sus picadoras. Bien es cierto,
que muchos de los abones me los traigo del huerto, a pesar de la albahaca, otro
repelente de insectos.
Hace unas semanas estuve cenando en la terraza de casa de
una amiga. El olor a citronela era espectacular. Busqué con la mirada una vela
o similar, pero no encontré nada. Así que le pregunté de dónde provenía tan identificable
olor. Mi amiga me señaló con el dedo una planta bien nutrida de hojas, de entre
el medio centenar que hermosean su terraza. Nunca había visto una planta de
citronela, así que no la podía distinguir. Conforme me acerqué a la planta, su
aroma se tornó más intenso y penetrante. Mi anfitriona zarandeó entonces sus
verdes, largas, lineales y estrechas hojas con las manos, lo que potenció más
el olor a citronela. Me hizo observar que era un gran repelente de mosquitos, y
que, de hecho, desde que había incorporado la planta a la terraza, no le había
picado insecto alguno.
En vista de que la planta no dio los resultados previstos en
la terraza de casa, me la llevé al huerto, donde goza de una excelente salud.
Ha crecido ya considerablemente. Cuando lleguen los primeros fríos la regresaré
a casa y le buscaré un buen cobijo. A ver si para el próximo verano tengo más
suerte, porque lo que es este… Pero que conste, que me encanta la citronela.
Nota: las fotografías no hacen justicia a la planta. Tomé
las instantáneas con el toldo anaranjado de la terraza bajado. Por eso el
extraño color.
DULCE Y JUGOSO
UN MOMENTO MUY ESPECIAL
COMPAÑERA DE FATIGAS
UN VICIO