domingo, 6 de septiembre de 2026

01777 El Tomate Lucky Tiger

 DULCE Y JUGOSO


Cuando me aficioné hace algo más de una década al mundo hortícola, en materia de tomateras solo cultivaba el tomate rosa de Barbastro y el de Huesca. Son los que en esos momentos me recomendaron. Con el tiempo he ido incorporando otras variedades hasta conseguir las quince que cultivo en la actualidad. En los últimos años, cada primavera pruebo con nuevas variedades. Si observo que funcionan, y que el tomate en cuestión me gusta, cuento con él para la próxima temporada.

El fruto que traigo a colación en esta ocasión lo conocí hace cuatro años. Me lo recomendaron en el vivero donde adquiero habitualmente las plantas. Me hablaron maravillas de él. Compré media docena de ellas y esperé el resultado. No me decepcionó ni su sabor, ni la producción. Me pareció un tomate espectacular, para convertirse desde ese año en uno de mis favoritos. Una apreciación compartida por todos aquellos a los que se los di a probar.

Se trata del tomate Lucky Tiger, una de las muchas variedades de las denominadas tomate tigre, nombre que se utiliza para describir a las variedades de tomates que tienen la piel con rayas o vetas de colores, que recuerdan a las marcas de un tigre. Su tamaño es más bien pequeño, aunque no tanto como un cherry. Sus flores desarrollan unos tomates oblongos, de poco peso y de un máximo de 5 centímetros de largo. Cuando nacen presentan un color verdoso y conforme va madurando, adquiere toques amarillentos y tintes rojizos con unas rayas de color verde intenso. Su sabor es dulce y muy jugoso, y su piel fina. 

Aunque habitualmente los consumo abiertos por sus mitades, simplemente con aceite y sal, me encanta comerlos enteros y explosionarlo en la boca. Toda una experiencia. 






01776 El Primer Sorbo de Café

 UN MOMENTO MUY ESPECIAL


Un amigo que, según me confesó, cuando se acuerda, acostumbra a echar un vistazo a este blog, me hizo saber que para él, algo que le encanta, es el primer sorbo dado a una cerveza. Me trasladó que se trataba de un momento muy especial, y que aunque reiterativo y aprendido, siempre le producía una inexplicable sensación.

No supo darme más detalles al respecto, pero yo le entendí a la perfección. A mi me sucede lo mismo, pero con el café. A lo largo del día me puedo llegar a tomar más de media docena de cafés americanos, pero ese sorbo dado al primer café de cada mañana, tiene un gusto un tanto particular y me produce una sensación, al igual que el primer sorbo de cerveza para mi amigo, muy especial. Tengo la impresión de que es el primer acto consciente de cada despertar, de lanzar la mirada al cielo en busca del itinerario a seguir durante el día, de soñar con los ojos abiertos y de preparar a mi cuerpo y a sus cinco sentidos de que cualquier cosa puede pasar. 

Sí, amigo, sé lo que me quisiste decir, aunque no acertaras a explicarlo.


viernes, 4 de septiembre de 2026

01775 Un Guiño a Mi Carretilla

 COMPAÑERA DE FATIGAS


Desconozco cuántos años tiene, pero muchos. La primera vez que la vi, la llevaba mi suegro entre sus manos. Y de esto hace ya muchos años. Si no es centenaria, poco le faltará. Es mi gran aliada en el huerto, mi compañera de fatigas. Tampoco sé cuántos cientos de kilómetros habremos hecho juntos en la última década; ella cargada y yo acarreándola. Como tampoco sé cuántos buenos días le habré dedicado al cogerla entre mis manos a mi llegada al huerto. La soledad es lo que tiene. Si ella hablara, cuánto podría decir de mi existencia. Después de tantos años, puedo asegurar que le he cogido cariño. También me encariño de los objetos inanimados.

Hace unos días descubrí que su cubeta presentaba unos agujeros, imagino que fruto del desgaste y de algún que otro descuido por mi parte. El desperfecto ha ido en aumento. He cubierto la cubeta con un enorme cartón para contener su deterioro. Quiero pensar que algo conseguiré para que podamos seguir "compatiendo" nuestros días de huerto y laboreo.

Ella lo sabe, porque así se lo he dicho: le tengo mucho apego por lo que representa, es, y espero que siga siendo por muchos años. 




martes, 1 de septiembre de 2026

01774 Los Huevos Fritos con Piparras y Pimientos de Padrón

 UN VICIO


Dicen que las reglas y las normas están para romperlas. Yo añadiría, siempre y cuando sirvan para mejorarlas. Esto viene a cuento porque he de confesar que este año he roto una de mis normas, reglas o costumbres. En algún momento de este caleidoscopio vital escribí que, aun gustándome con locura los huevos fritos, rara vez los cocino en casa, dejando este manjar para cuando salgo de excursión a cualquier lugar de la geografía altoaragonesa, si quedo a almorzar con mis amigos del grupo de teatro o si se tercia la ocasión. Pero siempre, fuera de casa.

Digo que este año he roto esta curiosidad, porque son varias docenas de huevos las que he frito en casa. No voy a reincidir sobre las grandezas de este alimento, pero sí diré que se lleva bien con cualquier otro comestible. Nunca molesta y siempre es bien recibido. O al menos, así lo percibo. Son varias las entradas de este blog en las que el huevo es el gran protagonista junto a platos que hasta la fecha había consumido sin él. Se me ocurren, por ejemplo; con chirlas, con gulas y langostinos, con madeja, con papada de cerdo, con calamares, con guisantes o con morcilla, entre otros. En esta ocasión, el huevo comparte protagonismo junto a piparras y pimientos de Padrón.

Todos los días "ordeño" en el huerto las plantas de piparras y de pimientos de Padrón. De las primeras traigo para casa entre 30 y 50 ejemplares, no muy grandes, y llegando al centenar de pimientos. Es curioso, pero en mi entorno no son muy proclives a estas delicias. Tan solo tengo una amiga a quien, como a mí, le chiflan. Con ella comparto prácticamente mi producción. Como me descuide, se me amontonan en el frigorífico. Una noche me dio por cenar en "condiciones", y pensé que piparras, pimientos de Padrón y un par de huevos fritos, podría ser una buena combinación. No lo dudé dos veces. Me puse manos a la sartén, freí piparras y pimientos en un poco de aceite de oliva virgen extra y a continuación, en ese mismo aceite, freí un par de huevos de gallina. El aspecto del plato era muy prometedor. El resultado, memorable. Untadita de pan en el huevo y acompañadita de piparra o pimiento bien sazonados. Le di cuenta al plato en un visto y no visto. Y eso que ahora intento comer despacio y masticando reiteradamente. Me dio pena que se acabara. Pero no importa, ahora que he roto de sobras mi norma, que las plantas siguen cada día dándome estos pequeños frutos y que seguro se seguirán amontonando en el frigorífico... ya sé el camino que hay que seguir. ¡Un vicio!




viernes, 28 de agosto de 2026

01773 Los Guisos de Setas

 COSTILLA DE CERDO ADOBADA CON PATATAS Y NÍSCALOS


Me encantan, como así queda demostrado a lo largo de este caleidoscopio vital, los guisos de tradición. Guisos aprendidos a fuerza de verlos cocinarse en su tiempo justo, sin prisas, humeantes y aromáticos, y depositados en la mesa para despertar admiración. De cuantos guisos conozco, hay uno por el que siento especial inclinación; cualquier guiso que contenga setas. Esta afición me fue inculcada por mi añorado hermano Antonio de quien, junto a mi madre, aprendí lo poco que sé de cocina.

Recuerdo que el primer guiso de setas que probé salió de las manos de mi hermano Antonio. Se trata de un sencillo guiso de patatas con níscalos o robellones, recogido en este blog en la entrada 00679. Fue en un fin de semana que vino a casa desde Pamplona, donde cursó sus estudios de periodismo. Acostumbraba a meterse en la cocina y deleitarnos con uno de sus platos aprendidos. Siempre nos sorprendía con algún plato que con el tiempo se convertiría en especialidad. Tanto a mi madre como a mí nos pareció delicioso, de tal manera que aprendimos a cocinarlo.

Con el tiempo y con sus guisos, Antonio me hizo ver que este tipo de recetas de cazuela y calma, aprovechan el sabor intenso, y a veces hasta terroso, de los hongos silvestres. De él aprendí la versatilidad y los sabores únicos que aportan a los guisos los “tesoros” más apreciados del campo: las setas.

Todo esto he ido recordando mientras me deleitaba con un guiso de setas con costilla de cerdo adobada y patatas, con el que me ha sorprendido Gloria para comer. Me ha parecido excepcional, al igual que le hubiese parecido a Toño.

Ingredientes: 1 kilo de costillas de cerdo adobadas, 4 patatas, 250 gramos de níscalos, 1 cebolla, 1 pimiento verde, 2 dientes de ajo, 150 ml de vino blanco, 500 ml de caldo de carne, 1 cucharada de pimentón dulce y 1 hoja de laurel, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: En una cazuela, trocear la carne y dorar en un poco de aceite de oliva virgen extra. Reservar. En el mismo aceite de dorar la carne, incorporar los dientes de ajo picados, así como la cebolla y el pimiento cortados en trocitos pequeños. Añadir la hoja de laurel y pochar a fuego medio. Una vez pochadas las verduras, añadir el pimentón, remover y echar las costillas a la cazuela. Verter el vino blanco y dejar hervir hasta que se evapore el alcohol. Pelar y chascar las patatas, e incorporar al guiso. Remover. Cubrir el guiso con caldo de carne, sazonar al gusto y cocinar a fuego medio durante unos 30 minutos aproximadamente. Saltear las setas troceadas en una sartén con un poco de aceite. Añadir las setas al guiso y dejar que de un hervor. Comprobar que tanto las patatas como la carne estén blandas. Retirar la cazuela del fuego y cubrirla con una tapa durante unos 10 minutos. Dejar reposar y servir. 










miércoles, 26 de agosto de 2026

01772 Nunca Olvidaré

 LÁGRIMA DE CIELO


Nunca olvidaré
esa lágrima de cielo,
que se negó a resbalar
por la mejilla,
temerosa de perderse un instante de felicidad.
Tu,
yo
y el ligero viento
que desnudó nuestros temores
a volver a enamorarnos.

Si hubo algo más,
habría que preguntárselo a esa lágrima de cielo,
                                                                                    que se escondió a los ojos de la oscuridad.


martes, 25 de agosto de 2026

01771 La Albahaca Negra

 PLANTA SAGRADA INDÚ


Este verano de 2026 pasará, a mi pequeña historia personal sin importancia, como el estío más nefasto de cuantos llevo entregados en cuerpo y alma a las labores hortícolas, y llevo ya unos cuantos a costa de mis riñones. Por lo que me han ido contando otros colegas de huertos próximos al mío, mi opinión es bastante generalizada. Incluso, hay quien ha levantado el huerto a estas todavía tempranas fechas, cansado de batallar en él sin éxito. Me parece una exageración. No está siendo un buen año para el huerto, es cierto, pero con todo, está dando sus buenos y esperados frutos.

Dicho esto, también haré observar que ha sido el verano en el que he conocido plantas y frutos nuevos para mí, y que han llegado a mi vida para quedarse. Es el caso de la acelga roja, de la que recientemente pasó a formar parte de este listado de cosas que me gustan, o de la albahaca morada, también conocida como albahaca negra, totalmente desconocida para mí. El caso es que cuando comencé a plantar allá por el mes de mayo, y siguiendo la tradición de mi suegro, fui a adquirir en mi vivero de referencia, Huerta Barbereta, plantas de albahaca para cultivarlas junto a las pimenteras. Nunca tuve muy claro el motivo, pero si él lo hacía, yo también. Esta planta de albahaca, aunque se trata de la misma variedad, la Ocimum basilicum, no es la que se cultiva para que hermoseen las oscenses fiestas de San Lorenzo, que se realiza para finales de junio, unos cuarenta días antes de que se inicien los festivos días laurentinos.

El caso es que fui a adquirir la albahaca para plantarla en el huerto y quien me atendió, me dio a elegir entre tres variedades: la tradicional, la comestible y la albahaca negra o morada. Las dos primeras ya las conocía, no así la tercera. Dado que este año estaba por conocer novedades, pedí de las tres.

Conforme las iba plantando entre pimenteras y tomateras, el aroma que desprendía la negra no me era desconocido. Me recordaba a algo, pero no acababa de identificarlo. La maquinaria de los recuerdos se puso en marcha hasta que se encendió la luz; me recordaba al guiso perdiz que hacía mi madre y al inconfundible olor que se apoderaba de la cocina cuando hacía este guiso. Pero volvieron los interrogantes: Si entre los ingredientes del guiso no se encontraba esta planta ¿a qué se debía su olor? No tardé mucho en despejar la duda, una vez conocidos los pormenores de la Ocimum sanctum, como científicamente se le denomina: “Tiene un aroma fuerte y dulce, similar al de la albahaca verde, pero con un toque picante y notas de clavo”. Eso era, las notas de clavo, la especia protagonista del guiso perdiz que cocinaba mi madre.

Con su presencia, olor y sus múltiples recuerdos he pasado en el huerto este verano de aúpa. ¡Qué descubrimiento! ¡Qué hermosos ejemplares han alegrado mi vista y facilitado mis días, a pesar de los 37, 38, 39 y hasta 40 grados, que he tenido que soportar durante estos meses! Acercarme hasta ella se ha convertido en casi una necesidad diaria. Aun en las fechas que nos encontramos, finales del mes de agosto, todavía, sus secas flores, son capaces de entusiasmarme. No me cabe la menor duda, de que al año que viene, esta curiosa albahaca volverá a acompañarme en mis días de huerto y espera.

 

La albahaca morada, sagrada o tulsi,  es una planta que se ha usado tradicionalmente tanto como ingrediente culinario, como a modo de planta medicinal. Actualmente se cultiva en prácticamente todo el mundo, aunque se trata de una especie originaria de la India. Es aquí donde esta considerada como una planta sagrada y se le otorga la protección de los hogares en los que se cultiva, además de ser utilizada en la medicina natural contra las afecciones cutáneas y para aliviar síntomas gripales.