miércoles, 9 de septiembre de 2026

01780 Buscar Paisajes

 ILUSIONADOS MOMENTOS



Ría de Cubas, Cantabria. Óleo sobre lienzo
Cada mañana busco un paisaje que me traiga un recuerdo feliz, que me facilite las herramientas necesarias para afrontar las interrogantes jornadas. No tiene por qué ser especialmente bello, espectacular o paradisíaco. Es suficiente con que me devuelva a aquel ilusionado momento sin cicatrices.


martes, 8 de septiembre de 2026

01779 Las Acelgas Amarillas de Lyon

TIERNA Y SUAVE


Este verano, estar en el huerto no ha sido tan paradisíaco como estíos precedentes. Con las altas temperaturas registradas, no diré que ha sido un infierno, pero casi. A ello se han sumado una gran variedad de insectos, amén de la ya tradicional araña roja en las tomateras. Es lo que tiene practicar el ecologismo más absoluto. Algunas plantas han fenecido antes de lo acostumbrado y otras no han dado el rendimiento deseado. De todas formas, en cuanto a producción en general se refiere, no me puedo quejar. Pero si me tengo que quedar con algo digno de destacar, es la variedad de plantas que he conocido este año, de la mano de su calidad, buen resultado y prestancia en el huerto. Varias de ellas ya han dejado su sello en este caleidoscopio vital, cediendo en esta ocasión el testigo a la acelga amarilla de Lyon.

Se trata de una variedad de acelga muy productiva y valorada por sus grandes hojas de color amarillo verdoso y sus pencas blancas, anchas y carnosas. Su textura es tierna y de suave sabor. En su máximo esplendor, sus hojas anchas y abullonadas se muestran muy voluminosas. No confundir esta variedad con la acelga de penca amarilla, que posee unos tallos de un llamativo color amarillo brillante.

Tenía ganas de probarla, aunque fui paciente y esperé a que sus tallos y hojas adquirieran un considerable tamaño. Hasta ese momento me conformé con cuidar la media docena de plantas que cultivé y alegrarme cada día con su hermoso color, en contraste con las acelgas rojas y verdes que las acompañan.

De momento, solo las he probado hervidas con patatas, y salteadas con un sofrito de cebolla y jamón. Es como habitualmente consumimos en casa la acelga. Me resultó muy agradable al paladar, casi dulce; nada que ver con las acelgas rojas o verdes. Ahora, además de seguir cuidándolas, tendré que ampliar horizontes en cuanto a su consumo se refiere. Y por supuesto, contaré con ella en venideras plantaciones.




lunes, 7 de septiembre de 2026

01778 La Citronela

 UN AROMA PARA UN MOMENTO PLACENTERO EN LAS NOCHES DE VERANO


El aroma de la citronela se ha convertido en mis últimos años en un clásico en las noches de verano. El motivo es que esta planta, con su aroma fresco y cítrico, tiene una poderosa acción como repelente natural de insectos, especialmente de los molestos y agotadores mosquitos. En las noches de estío, me gusta sentarme en la terraza de casa con un libro o algo de lectura. Y en ausencia de uno u otro, apoltronarme en el sofá con mis pensamientos y mirar las estrellas, en compañía del dulce aroma que desprende una enorme vela de citronela encendida. Me resulta un momento muy placentero.

Tendría que hablar en pasado, porque este año, a pesar de la citronela, los mosquitos me tienen aborrecido y hasta dolorido. Mi cuerpo es como una paella, lleno de granos, motivados por sus picadoras. Bien es cierto, que muchos de los abones me los traigo del huerto, a pesar de la albahaca, otro repelente de insectos.

En lo que llevamos de verano, no creo que haya pasado en la terraza más de una hora seguida por la noche. Es como el día de la marmota. Empiezo mi estancia bien, pero al cabo de un cuarto de hora comienzo a rascarme en distintas partes del cuerpo, hasta que llega un momento en el que no puedo más. Tengo la impresión de que este año los mosquitos no pican, muerden. Cuando mis manos ya no dan abasto y no saben a qué parte de mi cuerpo acudir para rascar, apago la vela de citronela y me guarezco en casa.

Hace unas semanas estuve cenando en la terraza de casa de una amiga. El olor a citronela era espectacular. Busqué con la mirada una vela o similar, pero no encontré nada. Así que le pregunté de dónde provenía tan identificable olor. Mi amiga me señaló con el dedo una planta bien nutrida de hojas, de entre el medio centenar que hermosean su terraza. Nunca había visto una planta de citronela, así que no la podía distinguir. Conforme me acerqué a la planta, su aroma se tornó más intenso y penetrante. Mi anfitriona zarandeó entonces sus verdes, largas, lineales y estrechas hojas con las manos, lo que potenció más el olor a citronela. Me hizo observar que era un gran repelente de mosquitos, y que, de hecho, desde que había incorporado la planta a la terraza, no le había picado insecto alguno.

Le dije a mi amiga que yo era un fan de este aroma y que era conocedor de sus propiedades, aunque este verano no estaban funcionando. Ni corta ni perezosa, de la generosa maceta de citronela, arrancó unos no menos generosos tallos y me recomendó que al llegar a casa los pusiera en un vaso de agua durante unos días y que luego los plantara en una maceta. Y así lo hice, pero no funcionó. Ni con la planta, ni con la vela de citronela, aguanto más de una hora en la terraza. ¡Es horroroso! Me arrancaría la piel a tiras.

En vista de que la planta no dio los resultados previstos en la terraza de casa, me la llevé al huerto, donde goza de una excelente salud. Ha crecido ya considerablemente. Cuando lleguen los primeros fríos la regresaré a casa y le buscaré un buen cobijo. A ver si para el próximo verano tengo más suerte, porque lo que es este… Pero que conste, que me encanta la citronela.

Nota: las fotografías no hacen justicia a la planta. Tomé las instantáneas con el toldo anaranjado de la terraza bajado. Por eso el extraño color.





domingo, 6 de septiembre de 2026

01777 El Tomate Lucky Tiger

 DULCE Y JUGOSO


Cuando me aficioné hace algo más de una década al mundo hortícola, en materia de tomateras solo cultivaba el tomate rosa de Barbastro y el de Huesca. Son los que en esos momentos me recomendaron. Con el tiempo he ido incorporando otras variedades hasta conseguir las quince que cultivo en la actualidad. En los últimos años, cada primavera pruebo con nuevas variedades. Si observo que funcionan, y que el tomate en cuestión me gusta, cuento con él para la próxima temporada.

El fruto que traigo a colación en esta ocasión lo conocí hace cuatro años. Me lo recomendaron en el vivero donde adquiero habitualmente las plantas. Me hablaron maravillas de él. Compré media docena de ellas y esperé el resultado. No me decepcionó ni su sabor, ni la producción. Me pareció un tomate espectacular, para convertirse desde ese año en uno de mis favoritos. Una apreciación compartida por todos aquellos a los que se los di a probar.

Se trata del tomate Lucky Tiger, una de las muchas variedades de las denominadas tomate tigre, nombre que se utiliza para describir a las variedades de tomates que tienen la piel con rayas o vetas de colores, que recuerdan a las marcas de un tigre. Su tamaño es más bien pequeño, aunque no tanto como un cherry. Sus flores desarrollan unos tomates oblongos, de poco peso y de un máximo de 5 centímetros de largo. Cuando nacen presentan un color verdoso y conforme va madurando, adquiere toques amarillentos y tintes rojizos con unas rayas de color verde intenso. Su sabor es dulce y muy jugoso, y su piel fina. 

Aunque habitualmente los consumo abiertos por sus mitades, simplemente con aceite y sal, me encanta comerlos enteros y explosionarlo en la boca. Toda una experiencia. 






01776 El Primer Sorbo de Café

 UN MOMENTO MUY ESPECIAL


Un amigo que, según me confesó, cuando se acuerda, acostumbra a echar un vistazo a este blog, me hizo saber que para él, algo que le encanta, es el primer sorbo dado a una cerveza. Me trasladó que se trataba de un momento muy especial, y que aunque reiterativo y aprendido, siempre le producía una inexplicable sensación.

No supo darme más detalles al respecto, pero yo le entendí a la perfección. A mi me sucede lo mismo, pero con el café. A lo largo del día me puedo llegar a tomar más de media docena de cafés americanos, pero ese sorbo dado al primer café de cada mañana, tiene un gusto un tanto particular y me produce una sensación, al igual que el primer sorbo de cerveza para mi amigo, muy especial. Tengo la impresión de que es el primer acto consciente de cada despertar, de lanzar la mirada al cielo en busca del itinerario a seguir durante el día, de soñar con los ojos abiertos y de preparar a mi cuerpo y a sus cinco sentidos de que cualquier cosa puede pasar. 

Sí, amigo, sé lo que me quisiste decir, aunque no acertaras a explicarlo.


viernes, 4 de septiembre de 2026

01775 Un Guiño a Mi Carretilla

 COMPAÑERA DE FATIGAS


Desconozco cuántos años tiene, pero muchos. La primera vez que la vi, la llevaba mi suegro entre sus manos. Y de esto hace ya muchos años. Si no es centenaria, poco le faltará. Es mi gran aliada en el huerto, mi compañera de fatigas. Tampoco sé cuántos cientos de kilómetros habremos hecho juntos en la última década; ella cargada y yo acarreándola. Como tampoco sé cuántos buenos días le habré dedicado al cogerla entre mis manos a mi llegada al huerto. La soledad es lo que tiene. Si ella hablara, cuánto podría decir de mi existencia. Después de tantos años, puedo asegurar que le he cogido cariño. También me encariño de los objetos inanimados.

Hace unos días descubrí que su cubeta presentaba unos agujeros, imagino que fruto del desgaste y de algún que otro descuido por mi parte. El desperfecto ha ido en aumento. He cubierto la cubeta con un enorme cartón para contener su deterioro. Quiero pensar que algo conseguiré para que podamos seguir "compatiendo" nuestros días de huerto y laboreo.

Ella lo sabe, porque así se lo he dicho: le tengo mucho apego por lo que representa, es, y espero que siga siendo por muchos años. 




martes, 1 de septiembre de 2026

01774 Los Huevos Fritos con Piparras y Pimientos de Padrón

 UN VICIO


Dicen que las reglas y las normas están para romperlas. Yo añadiría, siempre y cuando sirvan para mejorarlas. Esto viene a cuento porque he de confesar que este año he roto una de mis normas, reglas o costumbres. En algún momento de este caleidoscopio vital escribí que, aun gustándome con locura los huevos fritos, rara vez los cocino en casa, dejando este manjar para cuando salgo de excursión a cualquier lugar de la geografía altoaragonesa, si quedo a almorzar con mis amigos del grupo de teatro o si se tercia la ocasión. Pero siempre, fuera de casa.

Digo que este año he roto esta curiosidad, porque son varias docenas de huevos las que he frito en casa. No voy a reincidir sobre las grandezas de este alimento, pero sí diré que se lleva bien con cualquier otro comestible. Nunca molesta y siempre es bien recibido. O al menos, así lo percibo. Son varias las entradas de este blog en las que el huevo es el gran protagonista junto a platos que hasta la fecha había consumido sin él. Se me ocurren, por ejemplo; con chirlas, con gulas y langostinos, con madeja, con papada de cerdo, con calamares, con guisantes o con morcilla, entre otros. En esta ocasión, el huevo comparte protagonismo junto a piparras y pimientos de Padrón.

Todos los días "ordeño" en el huerto las plantas de piparras y de pimientos de Padrón. De las primeras traigo para casa entre 30 y 50 ejemplares, no muy grandes, y llegando al centenar de pimientos. Es curioso, pero en mi entorno no son muy proclives a estas delicias. Tan solo tengo una amiga a quien, como a mí, le chiflan. Con ella comparto prácticamente mi producción. Como me descuide, se me amontonan en el frigorífico. Una noche me dio por cenar en "condiciones", y pensé que piparras, pimientos de Padrón y un par de huevos fritos, podría ser una buena combinación. No lo dudé dos veces. Me puse manos a la sartén, freí piparras y pimientos en un poco de aceite de oliva virgen extra y a continuación, en ese mismo aceite, freí un par de huevos de gallina. El aspecto del plato era muy prometedor. El resultado, memorable. Untadita de pan en el huevo y acompañadita de piparra o pimiento bien sazonados. Le di cuenta al plato en un visto y no visto. Y eso que ahora intento comer despacio y masticando reiteradamente. Me dio pena que se acabara. Pero no importa, ahora que he roto de sobras mi norma, que las plantas siguen cada día dándome estos pequeños frutos y que seguro se seguirán amontonando en el frigorífico... ya sé el camino que hay que seguir. ¡Un vicio!


Pimientos de Padrón, piparras y un par de huevos fritos, deliciosa combinación