OBSERVAR ES UN ARTE
martes, 3 de noviembre de 2026
01812 De Grises
01811 Los Mejillones a la Vinagreta
AUTÉNTICO DELEITE
Desconozco cuántos kilos de mejillones podremos tomar en
casa a lo largo del año, pero me temo que son bastantes. Todas las semanas
aparecen en la mesa una vez por lo menos; cantidad que se duplica o triplica en
la época álgida de este apreciado molusco. Habitualmente los consumimos con
salsa de tomate un poco picante, con alguna mayonesa o simplemente al vapor.
Nos encantan de cualquier manera.
En esta ocasión, el mejillón regresa a este caleidoscopio
vital en una vertiente que tenía casi olvidada y que en mis días de juventud tuvieron
mucha notoriedad: en vinagreta. No había celebración, fiesta o invitación a
amigos para comer o a cenar en casa que no estuvieran, a modo de aperitivo, unos
deliciosos mejillones en vinagreta. Por aquellos años, mis conocimientos en
materia de cocina eran muy escasos y me defendía con una docena aproximada de
platos. Este era uno de ellos. Casi ni me acordaba ya de lo deliciosos que están.
Su elaboración es muy sencilla y rápida. Si bien, a la hora
de hacer la vinagreta hay muchas vertientes, sin menosprecio de la mayoría de
ellas, he optado por la de toda la vida: pimiento rojo, pimiento verde,
cebolla, vinagre, aceite y sal.
Mientras preparaba concienzudamente la vinagreta, he
recordado los buenos momentos que me ha deparado este plato. El tiempo se me ha
pasado volando. Al final, la vistosidad del plato ha sido espectacular y ya ni
cuento cómo estaban los mejillones. Un auténtico deleite.
Ingredientes para un kilo de mejillones: 1 kilo de
mejillones, peso con concha, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 1 cebolla
mediana, aceite de oliva virgen extra, vinagre de vino no excesivamente fuerte
y sal.
Elaboración: Limpiar los mejillones. Cubrir el fondo de una
cazuela con agua. Cuando rompa a hervir, introducir los mejillones y abrirlos
al vapor. Una vez abiertos todos, sacarlos de la cazuela, dejar enfriar y
quitarles la cáscara de la parte vacía. Reservar. Para la vinagreta: cortar los
pimientos y la cebolla en brunoise o picado fino. Mezclar en un cuenco y aliñar
al gusto con un poco de sal, vinagre de vino no excesivamente fuerte y aceite
de oliva virgen extra. Colocar los mejillones sobre una fuente y cubrirlos
generosamente con la vinagreta. Introducir la fuente con los mejillones en el
frigorífico durante una hora y servir.
lunes, 2 de noviembre de 2026
01810 Un Preciso Instante
LA OLA
domingo, 1 de noviembre de 2026
01809 Sensaciones Inamovibles
VACAS
En los inicios de este caleidoscopio vital, en el año 2015,
le dediqué una entrada a las vacas. En concreto, la entrada 00021. He vuelto a
esos primeros pasos de esta larga, larguísima aventura, y he vuelto a leer lo
que en su día escribí: "Me gustaría
ser como las vacas", me dijo en una ocasión una conocida de mi juventud.
Me hizo gracia la expresión, así como el desarrollo de su profusa teoría. Lo
solía exclamar cuando las cosas no le iban bien o se encontraba en plena lid
con el mundo y sus circunstancias. Algo muy habitual en ella. Su argumentación
se basaba, si mal no recuerdo y, en síntesis, en la placidez de tan noble
animal, su sosegada vida y en "lo divertido" que era ver cómo
espantaba a las moscas con el movimiento de su rabo. Reconozco que yo siempre
me he identificado más con el caballo, pero desde que escuché por primera vez
la frase en boca de mi confusa camarada, he de admitir que la res en cuestión
ha ganado muchos puntos e incluso, en ocasiones, confieso que no me importaría
nada ser vaca. De momento, vaca que veo, vaca que inmortalizo. Sobre todo, por
su cabeza. Su cara me transmite mucha ternura” ...
Tengo vacas cántabras, del Pirineo aragonés, catalanas,
asturianas, vascas y gallegas. Las que ilustran esta entrada son, precisamente,
gallegas. Las imágenes las capturé en mi último viaje a esta hermosa e
inolvidable tierra. No voy en su busca, salen al paso. Es entonces cuando cojo
la cámara fotográfica o el móvil y recojo sus imágenes. A veces me siento
frente a ellas, siempre a buen recaudo y sin intención de molestar. Otras,
simplemente detengo brevemente mi camino, busco sus miradas y continúo con mis
pasos. Forma parte de mis momentos de bienestar no siempre entendibles. Tampoco
hay mucho que explicar. No es necesario estar todo el día dando explicaciones.
Cansa. Hay sensaciones inamovibles que, aunque pasen los años, permanecen
intactas. Mi querencia hacia este plácido, noble y benefactor animal es una de
ellas.
01808 El Codillo de Cerdo Asado
EL PRÓXIMO EN CASA
He ido de compras con Gloria. Bueno, mejor dicho, Gloria ha
comprado y yo la he acompañado poniéndome la gorra de chófer. Siempre es así.
El caso es que hemos hecho un alto en las compras para comer en el restaurante
de la multinacional sueca de muebles listos para montar. A la hora de elegir
nuestra comanda, no nos lo hemos pensado dos veces: un par de codillos.
Ni sé el tiempo que no me había comido un codillo. Miento,
codillo y medio, pues Gloria no ha podido con el suyo. He intentado refrescar
mi memoria, pero no he situado ni visualizado cuándo ni dónde lo degusté por
última vez. Me parece, aunque no estoy muy seguro, que fue en Santander, en
unas ya lejanas vacaciones, en un restaurante alemán. Solo sé que me encanta, siempre
y cuando, como el codillo y medio que me he metido entre pecho y espalda, esté
bien cocinado. Es decir, tierno y sabroso.
Esta parte del despiece del cerdo, ubicado entre la unión de
los dos huesos de la pata donde se forma el codo, nunca la he cocinado en casa.
Siempre he tenido la impresión de que es un plato de celebración, festivo. Y
cuando se presenta el caso, nunca me acuerdo de él.
La facilitada por mi interlocutor aparentemente me resulta
muy sencilla. Así me lo ha querido hacer ver también él. He tomado buena nota y
no descarto en absoluto ponerla en práctica. Las próximas Navidades puede ser
un gran momento. ¡Claro que sí!
Ingredientes para 4 personas: 2 codillos de cerdo, 4 dientes
de ajo, 1 cebolla, ½ litro de caldo de carne, 2 hojas de laurel, 1 rama de
romero fresco, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.
Elaboración: Precalentar el horno a 180 grados centígrados. Enjuagar los codillos bajo agua fría y secar.
Hacer unos cortes superficiales en la piel. Machaca los dientes de ajo junto con
la sal y la pimienta. Frotar esta mezcla sobre los codillos. Sellar los
codillos en una sartén a fuego medio/alto. Colocar en una bandeja de horno la
cebolla cortada en rodajas, las hojas de laurel y el romero. Disponer los
codillos sobre esta base e incorporar el caldo de carne. Tapar con papel de
aluminio. Hornear durante dos horas, quitando el papel de aluminio en la última
media de hora. Retirar del horno y dejar reposar unos minutos antes de servir.
martes, 27 de octubre de 2026
01807 Deprisa
VIVIR DESPACIO
domingo, 25 de octubre de 2026
01806 Una Mañana de Brisa y Sol
HABLAR CON EL MAR







