lunes, 2 de noviembre de 2026

01810 Un Preciso Instante

 LA OLA


Antes de que alcances la orilla.
Antes de que tu efímera existencia
se desvanezca sobre la arena.
Y antes de que los matices
pierdan su fuerza,
guardaré esa imagen
de espumas entre luces y sombras.
Todo es pasajero,
aunque gratamente memorable.
Todo empezó de la nada
sobre un lienzo en blanco, 
hasta alcanzar el objetivo deseado:
un preciso instante.


domingo, 1 de noviembre de 2026

01809 Sensaciones Inamovibles

 VACAS


En los inicios de este caleidoscopio vital, en el año 2015, le dediqué una entrada a las vacas. En concreto, la entrada 00021. He vuelto a esos primeros pasos de esta larga, larguísima aventura, y he vuelto a leer lo que en su día escribí:  "Me gustaría ser como las vacas", me dijo en una ocasión una conocida de mi juventud. Me hizo gracia la expresión, así como el desarrollo de su profusa teoría. Lo solía exclamar cuando las cosas no le iban bien o se encontraba en plena lid con el mundo y sus circunstancias. Algo muy habitual en ella. Su argumentación se basaba, si mal no recuerdo y, en síntesis, en la placidez de tan noble animal, su sosegada vida y en "lo divertido" que era ver cómo espantaba a las moscas con el movimiento de su rabo. Reconozco que yo siempre me he identificado más con el caballo, pero desde que escuché por primera vez la frase en boca de mi confusa camarada, he de admitir que la res en cuestión ha ganado muchos puntos e incluso, en ocasiones, confieso que no me importaría nada ser vaca. De momento, vaca que veo, vaca que inmortalizo. Sobre todo, por su cabeza. Su cara me transmite mucha ternura” ...

Ha pasado una década desde entonces y sigo acumulando fotografías de vacas. ¿Más vacas?, me dicen. Vaca que veo, vaca que inmortalizo. Me acerco hasta ellas con sumo cuidado, sin querer perturbar su tranquilidad. A veces nos miramos muy fijamente. Largos minutos de intensa mirada, casi sin parpadear. Ellas no sé qué pensarán, si es que llegan a pensar, pero a mí me transmiten la misma sensación de paz y ternura de siempre. Confieso que en ocasiones así se lo traslado a ellas. Y como mi amiga me dijo en su día, “no me importaría nada ser vaca”.

Tengo vacas cántabras, del Pirineo aragonés, catalanas, asturianas, vascas y gallegas. Las que ilustran esta entrada son, precisamente, gallegas. Las imágenes las capturé en mi último viaje a esta hermosa e inolvidable tierra. No voy en su busca, salen al paso. Es entonces cuando cojo la cámara fotográfica o el móvil y recojo sus imágenes. A veces me siento frente a ellas, siempre a buen recaudo y sin intención de molestar. Otras, simplemente detengo brevemente mi camino, busco sus miradas y continúo con mis pasos. Forma parte de mis momentos de bienestar no siempre entendibles. Tampoco hay mucho que explicar. No es necesario estar todo el día dando explicaciones. Cansa. Hay sensaciones inamovibles que, aunque pasen los años, permanecen intactas. Mi querencia hacia este plácido, noble y benefactor animal es una de ellas.

 




01808 El Codillo de Cerdo Asado

 EL PRÓXIMO EN CASA


He ido de compras con Gloria. Bueno, mejor dicho, Gloria ha comprado y yo la he acompañado poniéndome la gorra de chófer. Siempre es así. El caso es que hemos hecho un alto en las compras para comer en el restaurante de la multinacional sueca de muebles listos para montar. A la hora de elegir nuestra comanda, no nos lo hemos pensado dos veces: un par de codillos.

Ni sé el tiempo que no me había comido un codillo. Miento, codillo y medio, pues Gloria no ha podido con el suyo. He intentado refrescar mi memoria, pero no he situado ni visualizado cuándo ni dónde lo degusté por última vez. Me parece, aunque no estoy muy seguro, que fue en Santander, en unas ya lejanas vacaciones, en un restaurante alemán. Solo sé que me encanta, siempre y cuando, como el codillo y medio que me he metido entre pecho y espalda, esté bien cocinado. Es decir, tierno y sabroso.

Esta parte del despiece del cerdo, ubicado entre la unión de los dos huesos de la pata donde se forma el codo, nunca la he cocinado en casa. Siempre he tenido la impresión de que es un plato de celebración, festivo. Y cuando se presenta el caso, nunca me acuerdo de él.

Al acabar de comer me he encontrado con un conocido al que hacía tiempo no veía. Nos hemos puesto al día y hemos acabado alabando el codillo que él también había degustado. Me ha comentado que le encanta y que siempre que tiene oportunidad lo consume. Incluso me ha confesado que él, que también es un cocinitas, de vez en cuando lo prepara en casa. No me he podido resistir a preguntarle cómo lo hacía. Confieso que, en alguna ocasión, he estado tentado de probar a ver qué pasa, pero al final he desistido. Las recetas que encontraba, cada una de su padre y de su madre, se me antojaban complicadas y acababa por abandonar el empeño.

La facilitada por mi interlocutor aparentemente me resulta muy sencilla. Así me lo ha querido hacer ver también él. He tomado buena nota y no descarto en absoluto ponerla en práctica. Las próximas Navidades puede ser un gran momento. ¡Claro que sí!

Ingredientes para 4 personas: 2 codillos de cerdo, 4 dientes de ajo, 1 cebolla, ½ litro de caldo de carne, 2 hojas de laurel, 1 rama de romero fresco, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.

Elaboración: Precalentar el horno a 180 grados centígrados.  Enjuagar los codillos bajo agua fría y secar. Hacer unos cortes superficiales en la piel. Machaca los dientes de ajo junto con la sal y la pimienta. Frotar esta mezcla sobre los codillos. Sellar los codillos en una sartén a fuego medio/alto. Colocar en una bandeja de horno la cebolla cortada en rodajas, las hojas de laurel y el romero. Disponer los codillos sobre esta base e incorporar el caldo de carne. Tapar con papel de aluminio. Hornear durante dos horas, quitando el papel de aluminio en la última media de hora. Retirar del horno y dejar reposar unos minutos antes de servir. 




martes, 27 de octubre de 2026

01807 Deprisa

 VIVIR DESPACIO


El tiempo pasa muy deprisa. Las horas parecen tener prisa. El amor deja paso al cariño, en el mejor de los casos, excesivamente deprisa. Todo alrededor cambia deprisa. Los hijos crecen muy deprisa. Adiós, que tengo prisa. Prisa, prisa, prisa. El repartidor tiene prisa. La ambulancia va deprisa. El cartero también tiene prisa. Es urgente, deprisa. El olvido, no me acuerdo, se fue deprisa. Los años se amontonan con prisa. Prisa, prisa, prisa. Siempre prisa... Stop.

La vida, me dice, no tiene prisa. Quiere que se viva despacio. 


domingo, 25 de octubre de 2026

01806 Una Mañana de Brisa y Sol

 HABLAR CON EL MAR


No es nada nuevo.
Ni tan siquiera original.
¿Un olvido?
¿Una querencia?
¿Un despiste provocado?

Una mañana de brisa y sol.
Ellas se quedaron para decidir
que rumbo tomar.

Yo lo tenía claro, me fui a hablar con el mar.


sábado, 24 de octubre de 2026

01805 El Tomate con Surimi

 FESTIVAL DE COLOR


Esta es la vigésima entrada que le dedico al tomate. Es fácilmente deducible que no es que me guste, sino que me encanta. Y sobre todo en los últimos años que voy descubriendo y catando otras variedades para mí desconocidas. Como reseña, decir que este año en el huerto he contado con quince variedades distintas.

Desde finales del mes de agosto comienza la recolección con los primeros escasos ejemplares que van madurando.. Es a mediados de septiembre cuando llega la gran avalancha tanto para mi regocijo como para el de mis amigos, familiares y vecinos. 

En lo que a mí concierne, desde que maduran los primeros tomates, los consumo a diario. Bien sea en la comida o en la cena, incluso hay días que en la comida y en la cena, pongo en la mesa un plato de este delicioso y sabroso fruto. Además, me creo un afortunado, preparo un plato de tomates variados para mayor disfrute de matices y sabores.

Habitualmente los condimento con aceite y sal. Es más que suficiente. Y por supuesto, el pan para untar que no falte. Alguna vez bromeo cuando digo que me encanta el tomate, como excusa para mojar pan. También es cierto que, sobre todo para cenar, evito untar y soy más cauto con el aceite y la sal. Dicho esto, para variar de vez en cuando, me gusta acompañar al surtido de tomates con algún que otro invitado. Unos días es el orégano, otros el ajo, el atún, un par de huevos cocidos, una lata de sardinillas... o unos tacos de surimi o palitos de cangrejo. Y es que el tomate tiene "amigos" en todas partes.

Cuando acompaño los tomates variados con surimi, algo que acostumbra a ser excepcional, ya que no conviene abusar de este alimento procesado, me encanta su aspecto visual, tan colorista y atractivo. Es el primer reclamo, un gancho infalible que te anticipa que lo mejor está por llegar. Ya lo creo que es así. A mi entender, el surimi le aporta al tomate un sabor suave, casi neutro y ligeramente dulce, que para nada le quita protagonismo al tomate.

En fin, que cuando tengo delante de mí este plato, parece quererme decir, ¡Bienvenido al festival del color! Y entro con mucho gusto.




01804 Necesitado Reposo

 DÍAS DE HUERTO


En los días de huerto no todo es laboreo. Hay también momentos para el descanso, para el necesitado reposo. Una silla bajo una sombrilla que sobreviven al paso del tiempo, ajenas a si será su última misión. Desde ese rincón de respiro, la mirada viaja de un lado al otro del huerto, enumerando todo lo que queda por hacer. A veces, los pensamientos huyen de la tierra. Vuelven prestos. Se reconfortan más entre hierbas y placenteros aromas. Apurado el cigarrillo, las faenas pendientes reclaman mi asistencia. Voy para allá, les musito. No estoy cansado. Solo quería ser partícipe de una imagen paradisíaca que nunca pensó en serlo.