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martes, 14 de mayo de 2024

01343 Las Anchoas con Aguacate

 SIEMPRE HAY UN PLAN B


Hace días que estoy tentado en abrir un bote de anchoas en aceite de Santoña. Es el único superviviente que nos queda desde que estuvimos por última vez por tierras cántabras. Tras varias intentonas, con sus correspondientes arrepentimientos, hoy, mi fuerza de voluntad ha flaqueado y finalmente lo he abierto.

Mi idea inicial era, haberles hincado el diente en bocadillo, con pan con tomate. Ni sé el tiempo que no me como un bocadillo de esta guisa. La boca se me hace agua solo de pensarlo. Pero cuando tenía el mollete entre mis manos para abrirlo por la mitad, me he arrepentido. Otra vez el arrepentimiento. Próximamente, tengo un acontecimiento familiar importante y hay que presentarse lo más fino posible. Bueno, en realidad, hay que entrar cómodo en el traje.

El caso, es que como ya había abierto el bote, cerrarlo sin catar las anchoas, me ha parecido una soberana tontería. Así, que he ideado un plan b con lo que he encontrado por el frigorífico; unas hojas de lechuga, unos tomates cherrys y un aguacate. Más que suficiente para acompañar a las siempre deliciosas anchoas de Santoña. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra para culminar la faena y sin sal, salvo la que aportaba la anchoa.

El aguacate cortado a láminas, ha servido de buen colchón al enrejado de anchoas que he formado. Vale, el plato no se puede comparar al bocata con pan con tomate y anchoas previsto en un principio. Pero este no está nada mal. Y es que a los que nos gustan las anchoas, hasta a palo seco. No obstante, en cuanto pase el acontecimiento familiar que tengo a la vista, lo celebraré en plan tranquilo con ese bocata y las anchoas que he dejado en el frasco con ese propósito. 


martes, 7 de mayo de 2024

01333 La Tostada de Navidad

ROJO Y VERDE


Esta sencilla tostada se ha convertido en todo un clásico de nuestras Navidades familiares. Nació sin querer. Sin más. Solo por el gusto combinado del tomate, la anchoa y el aguacate. Cuando la vi sobre la mesa, pensé en voz alta. ¡Anda, si parece una tostada de Navidad! Y desde entonces, en algún momento o momentos de nuestras comidas en familia, aparece como aperitivo esta tostada tan rica.

Huelga decir, que cuando la vi en la mesa aquella primera a improvisada vez, me llamó la atención su alegre y esperanzador colorido y el predominio del rojo y el verde, colores característicos de la Navidad. De aquí, yo que soy muy dado a bautizar platos, la denominara como la tostada de la Navidad.

Por cierto, que asociemos estos dos colores con el periodo navideño tiene su miga. Independientemente del Papá Noel nacido del marketing, existen varias teorías al respecto. La que más me acerca a su origen es la que hace referencia al acebo. Entre otras cosas, porque es la naturaleza la que habla. Esta planta de color verde y frutos rojos, ya albergó rituales durante la Edad Media en época invernal. Era concebida, junto al muérdago, como una planta de vida. Cuando todas las demás plantas parecían haber muerto, estas, no solo permanecían verdes, sino que incluso daban frutos en pleno invierno.

Volviendo a nuestra tostada navideña en rojo y verde, es tan sencilla como colocar sobre una rebanada de pan tostado, unas ruedas de tomate, una anchoa de Santoña  y unas rodajas de aguacate, para finalizar con un poco de sal sobre ella y un generoso chorro de aceite de oliva virgen extra. Está de rechupete, además de ser muy agradecida durante estos días en los que todo es comer y comer. 



sábado, 22 de julio de 2023

01159 La Sopa Fría de Pepino y Aguacate

REFRESCANTE COMBINACIÓN


Los pepinos y pepinillos de mi huerto se están comportando este verano francamente bien; de diez. Tanto es así, que todas las noches ceno un ejemplar, ya sea de una u otra variedad, en su versión más sencilla; es decir, simplemente con vinagre, aceite y sal. Entiéndase que, cuando hablo de pepinillos, antes de cogerlos de la mata, dejo que se hagan del tamaño del pepino. Otro día dejaré aquí plasmada mi anécdota con los pepinillos que, por cierto, me parecen todavía más deliciosos que los pepinos, que ya es decir.

Es uno de los frutos que me proporciona un breve estado de felicidad y bienestar. Sí, lo tengo más que comprobado. Ese estado se manifiesta con el primer corte de cuchillo cuando empiezo a quitarle la piel. Esa incisión airea el aroma del pepino. Un olor fresco y limpio, que me hace sentir bien.

Como digo, habitualmente, cada noche, lo consumo con aceite, vinagre y sal. Y si estoy de capricho, le añado una lata pequeña de atún en aceite. La combinación me resulta deliciosa. Cuando se me amontonan los pepinos, como es este año, además de obsequiárselos a los más allegados, junto con otros productos del huerto, busco otras formas de consumirlos. Como por ejemplo, esta que comparto a continuación. Se trata de una sopa fría de pepino y aguacate. Sabrosa, refrescante, cuya máxima complicación a la hora de elaborarla, es darle al botón del brazo de cocina o de la batidora. Se conserva bien durante unos días en el frigorífico y siempre es apetecible su ingesta.

Ingredientes: 1 kilo de pepinos, 500 gramos de aguacate, 2 dientes de ajo, 100 ml de aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas de vinagre de Jerez, pimienta negra, sal, unas hojas de menta y agua muy fría, en la cantidad necesaria, según queramos la sopa clara o densa.

Elaboración: Pelar pepinos y aguacates. Cortarlos en trozos. Triturar todos los ingredientes indicados, ayudados de un brazo de cocina o de una batidora. Probar el punto de sal. Añadir el agua fría y volver a triturar. La cantidad de agua a añadir, dependerá si queremos una sopa cremosa o líquida. Guardar en el frigorífico hasta el momento de servir. Adornar el plato con una hoja de menta y un chorro de aceite de oliva virgen extra o con lo que apetezca en ese momento.



viernes, 23 de junio de 2023

01143 El Tartar de Atún

SI ME LO LLEGAN A DECIR HACE UNOS AÑOS


Revisando mis archivos fotográficos en busca de imágenes para mantener viva esta aventura de las diez mil cosas que me gustan, me he topado con un tartar de atún rojo que nos ofrecieron a Gloria y a mí, nuestros entrañables amigos José Luis y Julia, en la última cena que mantuvimos en su casa. Estoy pensando que su amistad y las largas veladas en torno a una mesa en su domicilio, algún día formarán parte de este caleidoscopio vital, por lo tanto que me gustan.

Cuando he visto las imágenes del delicioso tartar, elaborado por José Luis, lo primero que he pensado ha sido: “Si hace unos años me dicen que acabaría por gustarme el pescado crudo, no hubiese dado crédito”. Yo que soy de los de “un poco más que al punto”.

La primera vez que lo probé, no hará muchos años, fue en Huelva. A mis sobrinos, casi hermanos por edad y por relación personal, les encanta. En una ocasión, lo pidieron para picar, como aperitivo. Me invitaron a probar y rechacé la invitación, aduciendo que no me gustaba el pescado crudo. Recuerdo que hicieron una buena defensa de esta exquisitez y tal fue la insistencia, que finalmente lo probé. Tengo que confesar que me lo llevé a la boca con muchos reparos. E igual que digo una cosa, digo la otra; me encantó. Tanto es así, que, desde aquel día, siempre que tengo oportunidad, pido tartar de atún o lo hacemos en casa.

Lo cierto es que el tartar de atún rojo es un plato muy vistoso y muy potente de sabor, gracias al cítrico, especias y salsas con las que se condimenta, como cualquier otro tartar, ya sea de carne o pescado crudo, picados muy finos. A pesar de su apariencia, se trata de un plato muy sencillo de elaborar. Se puede presentar sobre tostadas de pan, en cucharitas o en forma de timbal.

La mayoría de los platos presentan numerosas versiones y el tartar de atún rojo no es una excepción. La receta que a continuación detallo la saqué de un libro de cocina asiática, de cuando adquiría libros de cocina, y me parece lo más cercano a cuantos he llegado a probar. Es la que ponemos en casa en práctica cuando se tercia.  El que nos brindaron mis queridos José Luis y Julia lleva tomate en la base y ya no sé que más. Inmersos en el fragor de la dialéctica, como es habitual cuando nos reunimos, se me olvidó aquel día preguntarle cómo lo había elaborado. Solo sé que estaba realmente fresco y delicioso. Me gustó.

Ingredientes para 4 personas: 300 gramos de atún rojo fresco (para prevenir problemas con el anisakis, es aconsejable congelar el atún durante 24-48 horas. Una vez congelado, tendremos que descongelar dentro del frigorífico para luego poder elaborar el tartar), 2 aguacates ni muy verdes ni muy maduros, ½ cebolla, ½ lima o en su defecto limón, 3 cucharadas soperas de salsa de soja, 1 cucharada sopera de aceite de sésamo, aceite de oliva virgen extra y sal. (Si te gusta el picante, se puede incluir una cucharilla de postre de wasabi y otra de jengibre rallado)

Elaboración: Picar la cebolla muy fina. Reservar. Cortar en pequeños dados el atún. Reservar. Mezclar en un bol la salsa de soja, el aceite de sésamo y un poco de sal. Es el momento también, si se desea, de incorporar el wasabi y el jengibre. Incorporar a la mezcla el atún y la cebolla. Remover bien y dejar reposar durante una media hora. Cortar el aguacate en dados también muy pequeños, ponerlos en otro bol y rociar por encima el zumo de lima, un poco de sal y una cucharada de aceite de oliva. Remover bien.

Para emplatar: En un molde de emplatado, colocar en primer lugar una capa de aguacate y aplasta con una cuchara ligeramente. A continuación, disponer el atún y aplastar también ligeramente. Repetir la operación hasta cubrir todo el molde, o poner la mitad de aguacate y la otra mitad de atún. 

Dejar en el frigorífico por lo menos durante un par de horas. Desmoldar y servir. Acompañar de pan tostado. El tartar de atún rojo se puede elaborar de un día para otro.

 




lunes, 6 de junio de 2022

00995 Las Tostadas de Aguacate

 Y ALGO MÁS


Tengo que reconocer que la primera vez que entré en contacto con el aguacate no me hizo mucha gracia. Lo probé con una tostada de pan a modo de mantequilla. Me resultó soso y sin gracia alguna. Comí la tostada y punto. Sin más.

Pasaron varios años sin que volviera a probarlo, por lo menos de forma consciente, hasta que conocí el guacamole, típica salsa mejicana en la que este exótico fruto tiene mucho que decir. A partir de aquí, no sé por qué, aunque imagino que atraído por sus extraordinarias propiedades alimenticias, comenzó a incorporarse a mi dieta diaria de forma espectacular. ¡Quién me lo iba a decir!

Tostadas y ensaladas acogen espléndidamente a tan singular fruta, aportando untuosidad y consistencia a muchas recetas. Un ejemplo es la que traigo en esta ocasión y que en casa acostumbramos a incluir en los aperitivos o "frugales" cenas. Basta con una rebanada de pan tostado, untada en tomate, y sobre él, unas rodajas de tomate, una buena anchoa del cantábrico, para finalizar con unas rodajas de aguacate. Chorrito de aceite, pizca de sal y a disfrutar del momento tostada.

Las propiedades del aguacate son múltiples. Nutricionalmente, lo más curioso es que siendo una fruta fresca, su principal componente no son los hidratos de carbono, sino las grasas, las grasas del tipo más sano: las monoinsaturadas, como las del aceite de oliva. Además, el aguacate destaca sobre todo por su contenido en vitamina E, que protege la membrana de las células y su núcleo. También aporta vitamina C, provitamina A y minerales como el potasio, calcio, magnesio, fósforo, cobre, hierro y cinc. 

Es recomendable para nuestra salud cardiovascular, relaja el sistema nervioso, ejerce un efecto protector de la visión y nutre y suaviza la piel.

El aguacate, toda una auténtica joyita.




martes, 12 de abril de 2022

00966 La Ensalada con Botarga

 ALGO ESPECIAL



Hace tiempo quedó ya constatado en este caleidoscopio vital mi gusto por la botarga, o lo que es lo mismo, por las huevas de algunos pescados saladas y secas. La conocí en un inolvidable viaje a Cerdeña, un destino que me dejó prendado e impregnó en mis retinas un buen número de imágenes repletas de cálidas sensaciones. Tanto es así que,  antes de abandonar la isla,  dejé escondido un objeto de especial interés para mí, con la promesa de que algún día volvería a recuperarlo. Todavía está pendiente.

En aquella primera vez, la botarga formó parte de unos deliciosos espaguetis con almejas. Difícil expresar con palabras la sensación y el gusto tan especial que me dejó en la boca. Huelga decir que regresamos a casa con una variedad de huevas más que interesante y que llegaron para quedarse, para dar a nuestros platos su peculiar e inconfundible sabor. Como por ejemplo, a las ensaladas.

A una buena ensalada, y sobre todo cuando está hecha con productos de calidad, entiendo, que poco más hay que añadir. Pero también digo, que unas láminas de botarga enaltece el conjunto del plato y le da un plus. En esta ocasión, la ensalada está compuesta por huevos duros de corral, tomate y lechuga del huerto, aguacate y huevas de atún.

En Italia, por lo que pude informarme en su día, se utilizan principalmente las huevas de mújol, seguidas de las de atún. Para los puristas solo la bottarga di muggine es la única que debe ser denominada botarga. 







viernes, 25 de febrero de 2022

00937 Aguatoque

 COMO LA VIDA MISMA


"La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar". Esta es la mítica y tan traída frase que pronuncia Tom Hanks,  encarnando a Forest Gump, en una película llena de entusiasmo y reto personal y en la que se nos muestra cómo un ideal puede superar cualquier adversidad en la vida. He perdido la cuenta de cuántas veces he visto la película. No me canso de visionarla y siempre encuentro alguna nueva enseñanza y nuevos matices.

No me preguntéis el por qué, pero cuando preparo una ensalada, y salvando las distancias,  rara vez dejo de acordarme de la caja de bombones de Gump, Forres Gump. En mi caso, me da por pensar que la vida es como una ensalada, "todo depende de lo que quieras complicarla". Muchas veces, una simple y sencilla ensalada, puede resultar más sabrosa y agraciada que otras recargadas de sabores, salsas y excentricidades varias. Una vida, una ensalada,  humilde y sencilla, sin trampa ni cartón, acostumbra a ser más digna de mi atención. Y más, si cabe, conforme van pasando los años.

Un ejemplo es esta sencilla ensalada que en su día bauticé familiarmente como "aguatoque". Es decir, compuesta de aguacate, tomate y queso fresco, más su correspondiente aliño con sal y un buen aceite de oliva virgen. El único requisito para su auténtico disfrute es que los tres ingredientes sean de buena calidad y ser sabedor de lo que tienes sobre el plato. Vamos, como la vida misma.


jueves, 30 de noviembre de 2017

00592 El Guacamole

AGUAMOLE

Ya dejé en su momento escrito que me gusta el aguacate y que de un tiempo a esta parte ha pasado a formar parte de mi dieta. Habitualmente lo tomo en ensalada con tomate, cebolla y anchoas. Es una grata combinación que desde aquí me atrevo a sugerir. Pero ya, cuando quiero darme el gustazo, gustazo, preparo un guacamole. Habitualmente, en esas cenas "prohibidas" de pica pica de los sábados.

Por lo que he venido observando, el guacamole es como la tortilla de patata, "como el que hago yo no hay otro igual". Es lo que me dicen, que no lo digo yo. En mi caso, he probado tortillas de patata mucho mejor que las mías y mejores guacamoles que los que yo preparo. Pero bueno, los míos tampoco son mancos. Sigo las directrices que en su día, cuando lo probé por primera vez, me dieron. Es decir, mezclar unos aguacates machacados con tomate, cebolla y chile, y añadir zumo de limón, cilantro y sal. Servido fresquito y acompañado con unos nachos o tostadas y una cervecita. Una delicia.


Y dicho lo cual, ya solo me queda esgrimir algunas curiosidades. En la cocina mexicana se emplean dos tipos de guacamole, el totalmente molido y el que tiene trozos de aguacate. Al primero se le denomina de forma popular como "aguamole", que es que se sirve habitualmente en las taquerías populares o puestos de comida ambulantes. El que presenta trozos se usa en el hogar y sirve para acompañar platos de carne frita o a la plancha. Según acabo de leer en un artículo de opinión de Arturo Ríos, "el aguacate tenía una significación erótica para los aztecas, por ello, las mujeres no podían realizar la recolección de este fruto, pues simbolizaban los testículos. En la mitología prehispánica, Quetzalcóatl, el dios Tolteca, ofreció la receta del guacamole a su pueblo, quienes lo extendieron por el territorio de Mesoamérica".

México es el mayor productor del mundo de aguacates y es la región de Uruapán,  Michocán, la de mayor producción. Se exporta a Oriente Medio, Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón, donde es muy apreciado y caro. 








jueves, 23 de marzo de 2017

00456 El Aguacate

PERSEA AMERICANA


Confieso que a pesar de conocer su existencia, tardé muchos años en darle mi primer mordisco. Y no fue tal, ya que mi primera catadura fue a través del guacamole. Me encantó. Al principio, su aspecto, el del aguacate, no me inspiraba mucha confianza y cuando lo veía untado en pan se me removían las tripas. No le encontraba el aire.

En una ocasión, en una de esas conversaciones sin importancia que nos asaltan en algún tiempo muerto, alguien, casi sin venir a cuento, me empezó a hablar de las bondades de este peculiar fruto y de sus muchas propiedades beneficiosas para nuestro organismo. Que si era uno de los mejores alimentos que un deportista podía consumir. Que si era una buena fuente de ácidos grasos Omega 3. Que si era más rico en zinc y potasio que el plátano, y que mejoraba el sistema inmunológico gracias a su alto contenido de carotenoides, además de ser un buen aliado en la lucha contra la artrosis y el colesterol... Vamos, una auténtica panacéa de alimento. Me contó incluso que raro era el día que no consumía un aguacate, ya fuera en ensalada, untado en biscotes o a palo seco,  si el fruto estaba en su punto.

Tanto me caló la disertación, que un día que me cogió de buen tono,  decidí romper la barrera con el ignorado fruto. A sabiendas de su neutro sabor, me interesé por el modo de hacer guacamole. El hecho de que llevara cebolla, tomate, limón, cilantro, chile y sal, me hacía albergar alguna que otra garantía. Y sí, como he comentado al inicio, me encantó. Después probé con ensaladas: tomate, anchoas, cebolla y aguacate; cebolla, huevo duro y aguacate; canónigos y aguacate. Con el tiempo llegarían el sushi y otros preparativos culinarios que se han ido incorporando a mi dieta diaria hasta convertir al aguacate en un elemento habitual de mi colorista frutero. Eso sí, todavía no he conseguido comerlo simplemente untado en pan.




lunes, 20 de febrero de 2017

00439 El Timbal de Aguacate

IGUAL PERO DISTINTO


Últimamente me da por los timbales. De momento, sin demasiadas complicaciones. Sencillos y coloristas. Sin excesivo artificio. Ensaladas que me gustan y que habitualmente son servidas en fuente o plato individual. Depende del número de comensales. Mismos ingredientes pero con una presentación más entretenida y de aspecto jovial. Cuando la alegría se va por la ventana,  que encuentre el camino de regreso a casa por la cocina.

La propuesta original y acostumbrada para cuatro personas consta de dos tomates más bien maduros y hermosos, dos aguacates medianos,  media cebolla de Fuentes y un par de latas de anchoas en aceite. Se trocean todos los ingredientes, se mezclan y terminamos con el añadido del aceite, vinagre y sal al gusto. Servir más bien fresquita.

La versión timbal se elabora con los mismos ingredientes más el añadido de unas hojas de lechuga. En esta ocasión, las anchoas son en salmuera, enteras y sin participar dentro del timbal. Pero vamos, porque ha dado la casualidad de que las he visto en el frigorífico. Otras veces son de lata y sí entonces, participan en la mezcla. Solo quedará rellenar el molde y rodearlo de unas hojas de lechuga.

El caso es entretener a los sentidos e intentar que un día en nada se parezca a otro aunque solo sea en la cocina.