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lunes, 18 de marzo de 2024

01299 La Ensalada de los Seis Ingredientes

 PARA LOS DÍAS DE DESGANA Y POCO PENSAR


Tan solo seis ingredientes para una refrescante ensalada y plena de sabor: lechuga, migas de atún en aceite, tomate, sal, aceite de oliva virgen extra y vinagre de Módena. Es más que suficiente.

En el apasionante, atractivo y hasta divertido mundo de las ensaladas, -en este caleidoscopio vital ya llevo recogidas 28-, esta que se cuela en esta ocasión, es una de mis favoritas para los días de desgana y de poco pensar. O por lo menos, así me lo ha parecido hoy. Aunque también la tengo muy relacionada a mis días de dieta. Cuando me tocaba comer esta ensalada, aplaudía con las orejas. La única diferencia que estriba entre esta y aquella, es que el vinagre era de vino y no de Módena.

En fin, que lo mire por donde lo mire, me parece una ensalada muy sugerente, a pesar de sus escasos ingredientes. En numerosas ocasiones, en la sencillez es fácil encontrar la grandeza.






domingo, 6 de agosto de 2023

01168 El Tataki de Atún Rojo

CON SALSA TERIYAKI


No es que lo haya comido en multitud de ocasiones. No creo que se cuenten en más de una decena. Por eso, cuando tengo la oportunidad, lo disfruto el triple. De hecho, hasta puedo recordar el atún rojo más espectacular que he probado hasta la fecha. Fue en la almeriense localidad de Carboneras. Lo comí, se trataba de un taco ejemplar, sobre una tostada de pan con tomate. Me pareció, y así lo sigo recordando, una deliciosa maravilla.

El tataki que en esta ocasión traigo hasta este caleidoscopio vital, va acompañado de salsa teriyaki; una salsa que he incorporado recientemente a mis particulares sabores. No diré que la consumo cada día, pero casi. Ya se me pasará. Me imagino que es la novedad. El tataki de atún rojo liga a la perfección con ella y el resultado me parece muy sugerente e interesante.

Como este blog tiene mucho de aprendizaje, y no me refiero a quien lo pueda seguir o leer, sino para mi ilustración, tengo que indicar que el tataki es una técnica de cocina japonesa. Consiste en pasar una pieza entera de pescado o carne por la sartén durante muy poco tiempo y a fuego muy vivo, con el fin de conseguir que quede bien marcada por fuera y cruda en su interior. Una vez cocinada la pieza se deja reposar para que los jugos se reabsorban. Solo restará filetear y servir.

Ingredientes: 400 gramos de lomo de atún rojo fresco, un par de cucharadas de semillas de sésamo, un par de cucharadas de aceite de oliva o de girasol (según autores), 50 ml de salsa de soja, 20 gramos de jengibre, 20 gramos de azúcar (blanca o moreno, también según autores), 10 ml de sake y 10 mil de vinagre de arroz. Hay un plan b a la elaboración casera de la salsa teriyaki, que es comprarla ya envasada. La que yo acostumbro a tomar es la de Vitasia y, para mi gusto, no está nada mal.

Elaboración: Limpiar el lomo de atún. Cocinar la pieza en la plancha muy caliente con unas gotas de aceite, procurando dejarlo marcado por fuera y poco hecho por dentro. Reservar. Para la salsa teriyaki: poner a cocer la soja con el jengibre en un cazo. Hervir a fuego suave durante unos cinco minutos. Retirar el jengibre y agregar el azúcar, un par de cucharadas de sake y dos cucharadas de vinagre de arroz. Dejar que se reduzca y adquiera una textura melosa. Filetear el atún, espolvorear las semillas sobre el atún y acompañar con la salsa teriyaki.

 




viernes, 23 de junio de 2023

01143 El Tartar de Atún

SI ME LO LLEGAN A DECIR HACE UNOS AÑOS


Revisando mis archivos fotográficos en busca de imágenes para mantener viva esta aventura de las diez mil cosas que me gustan, me he topado con un tartar de atún rojo que nos ofrecieron a Gloria y a mí, nuestros entrañables amigos José Luis y Julia, en la última cena que mantuvimos en su casa. Estoy pensando que su amistad y las largas veladas en torno a una mesa en su domicilio, algún día formarán parte de este caleidoscopio vital, por lo tanto que me gustan.

Cuando he visto las imágenes del delicioso tartar, elaborado por José Luis, lo primero que he pensado ha sido: “Si hace unos años me dicen que acabaría por gustarme el pescado crudo, no hubiese dado crédito”. Yo que soy de los de “un poco más que al punto”.

La primera vez que lo probé, no hará muchos años, fue en Huelva. A mis sobrinos, casi hermanos por edad y por relación personal, les encanta. En una ocasión, lo pidieron para picar, como aperitivo. Me invitaron a probar y rechacé la invitación, aduciendo que no me gustaba el pescado crudo. Recuerdo que hicieron una buena defensa de esta exquisitez y tal fue la insistencia, que finalmente lo probé. Tengo que confesar que me lo llevé a la boca con muchos reparos. E igual que digo una cosa, digo la otra; me encantó. Tanto es así, que, desde aquel día, siempre que tengo oportunidad, pido tartar de atún o lo hacemos en casa.

Lo cierto es que el tartar de atún rojo es un plato muy vistoso y muy potente de sabor, gracias al cítrico, especias y salsas con las que se condimenta, como cualquier otro tartar, ya sea de carne o pescado crudo, picados muy finos. A pesar de su apariencia, se trata de un plato muy sencillo de elaborar. Se puede presentar sobre tostadas de pan, en cucharitas o en forma de timbal.

La mayoría de los platos presentan numerosas versiones y el tartar de atún rojo no es una excepción. La receta que a continuación detallo la saqué de un libro de cocina asiática, de cuando adquiría libros de cocina, y me parece lo más cercano a cuantos he llegado a probar. Es la que ponemos en casa en práctica cuando se tercia.  El que nos brindaron mis queridos José Luis y Julia lleva tomate en la base y ya no sé que más. Inmersos en el fragor de la dialéctica, como es habitual cuando nos reunimos, se me olvidó aquel día preguntarle cómo lo había elaborado. Solo sé que estaba realmente fresco y delicioso. Me gustó.

Ingredientes para 4 personas: 300 gramos de atún rojo fresco (para prevenir problemas con el anisakis, es aconsejable congelar el atún durante 24-48 horas. Una vez congelado, tendremos que descongelar dentro del frigorífico para luego poder elaborar el tartar), 2 aguacates ni muy verdes ni muy maduros, ½ cebolla, ½ lima o en su defecto limón, 3 cucharadas soperas de salsa de soja, 1 cucharada sopera de aceite de sésamo, aceite de oliva virgen extra y sal. (Si te gusta el picante, se puede incluir una cucharilla de postre de wasabi y otra de jengibre rallado)

Elaboración: Picar la cebolla muy fina. Reservar. Cortar en pequeños dados el atún. Reservar. Mezclar en un bol la salsa de soja, el aceite de sésamo y un poco de sal. Es el momento también, si se desea, de incorporar el wasabi y el jengibre. Incorporar a la mezcla el atún y la cebolla. Remover bien y dejar reposar durante una media hora. Cortar el aguacate en dados también muy pequeños, ponerlos en otro bol y rociar por encima el zumo de lima, un poco de sal y una cucharada de aceite de oliva. Remover bien.

Para emplatar: En un molde de emplatado, colocar en primer lugar una capa de aguacate y aplasta con una cuchara ligeramente. A continuación, disponer el atún y aplastar también ligeramente. Repetir la operación hasta cubrir todo el molde, o poner la mitad de aguacate y la otra mitad de atún. 

Dejar en el frigorífico por lo menos durante un par de horas. Desmoldar y servir. Acompañar de pan tostado. El tartar de atún rojo se puede elaborar de un día para otro.

 




sábado, 17 de junio de 2023

01140 El Atún a la Plancha

 CON AJO Y PEREJIL


El atún me gusta de cualquier manera. Me satisface en crudo, guisado, en tapa, como plato, en conserva… Todo me está bien. Pero hay una forma de cocinarlo cuyo resultado me entusiasma y que no es otra que a la plancha con ajo y perejil. Suma sencillez para un pleno e intenso sabor.

Para cocinarlo de esta guisa es necesario que sea una buena pieza de atún fresco. Con esta premisa, sólo restará que la sartén esté bien caliente, un chorrito de un buen aceite de oliva virgen extra y tener mucho cuidado en no pasarnos de cocción, pues podría quedar seco y fastidiar el invento.

Me estoy acordando ahora, que uno de mis muchos pequeños placeres en mis otrora días de vacaciones en Huelva, era, precisamente, ir al mercado onubense del Carmen y comprar atún. Según la parte del pez seleccionada, unos trozos iban para guisos, otros para albóndigas y las piezas más “nobles”, directamente a la plancha. ¡Qué manera de disfrutar!

El atún a la plancha no tiene ningún misterio, pero sí alguna que otra consideración para sacarle el máximo sabor. Consideraciones que he ido aprendiendo, bien del boca-oído, o de profesionales de la restauración.

Así, por ejemplo, es conveniente secar las piezas de atún con un papel de cocina para que a la hora de cocinarlo no suelte excesiva agua. Como he comentado con anterioridad, la plancha o sartén donde se vaya a cocinar, tiene que estar bien caliente. Una vez que hayamos puesto las piezas de atún en la sartén, se deben presionar ligeramente con una espátula o tenedor para que se marquen mejor. Fundamental, controlar el punto de cocción; no más de tres minutos por cada cara. Incluso, según sea el grosor del lomo, será más que suficiente un par de minutos.

Para completar esta obra del sabor, realizaremos una buena y abundante picada de ajo y perejil, que rociaremos con aceite hasta cubrir la picada, salpimentaremos al gusto y dejaremos que repose durante unos quince minutos. Si se desea, se puede añadir el jugo de medio limón. A la hora de servir, dispondremos sobre el atún este aliño. 






viernes, 20 de mayo de 2022

00986 Un Poco de Aquí

 ... Y UN POCO DE ALLÁ


El calor nos ha cogido por sorpresa en la floreciente primavera y seguro que seremos muchos los que hemos adelantado también a la mesa nuestros gustos alimenticios.

En estos extraños días de canícula apetece poco, por no decir nada, meterte en la cocina y encender fuegos y vitrocerámicas. Y qué mejor solución que acudir a las socorridas ensaladas de lo que sea. Siempre son un acierto.

Me gustan todo tipo de ensaladas y prueba de ello es, la cantidad de ellas que ilustran este caleidoscopio vital. Hay ensaladas más o menos estructuradas ya a los gustos de los comensales de casa y que se repiten con frecuencia. Pero particularmente, con las que más disfruto son con aquellas cuyos ingredientes se van incorporando sin desentonar. Vamos, las ensaladas hechas con un poco de aquí y un poco de allá. O lo que es lo mismo, abrir el frigorífico y a ver qué nos encontramos.

En realidad, la ensalada que traigo en esta ocasión, y no me negaréis que tiene un aspecto fenomenal, tiene un principio inesperado: unos huevos rellenos almacenados en el frigorífico. A partir de aquí, era cuestión de ir complementándolos con lo que en ese momento de la elaboración de la ensalada tenía a mano. Había unos tomates cherry de pera y otros cuyo nombre todavía no he sido capaz de memorizarlo, pepino y cebolla dulce. Y mira por dónde que los solitarios huevos rellenos han resultado estar bien acompañados y con el recuerdo de los sabores de esa huerta que se aproxima.









sábado, 9 de abril de 2022

00964 La Ensalada Campera

EN DÍAS DE LUZ, AIRE Y RECREO


Ya tengo ganas. O mejor dicho, tengo imperiosa necesidad. Necesito con urgencia recuperar pequeños placeres que en los últimos dos años nos han sido robados por culpa del bicho. No lo citaré. En este caleidoscopio vital solo tienen cabida cosas que me gustan. Y el bicho no es el caso.

Esas ganas de recuperar los pequeños placeres me lo recuerda esta ensalada campera disfrutada en mi última salida al campo en medio de un hermoso paraje; uno de tantos que nos regala la provincia oscense.

Recuperar el aire, la naturaleza, las largas conversaciones sin importancia tumbados al sol. Recrearnos y disfrutar de los platos típicos que conforman las necesitadas escapadas y que solo en estas circunstancias saben mejor, se aprecian más, adquieren otro gusto. Volver a jugar a con las piedras del frío río, mirar el ir y venir de las afanosas hormigas, rendirte plácidamente al prestado jardín de todos los jardines. Admirar acomodados paisajes de cerrado y apretado abrazo que salen al encuentro.

Todo así de sencillo, como esta sencilla ensalada campera que ahora miro y remiro hasta recordar cómo supo aquel día de aire, luz y recreo. No hay mucho más que explicar. Las cosas sencillas se desvisten de explicaciones.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

00856 Los Tomates Cherry con Atún

FRUGAL DELEITE


Todavía queda algo de sabor del verano reciente. Son ellos, los pequeños tomates cherry quienes me devuelven a los apacibles y relajados días de sol y huerta.

Siguen crujientes, tersos y sabrosos como el día que los arranqué de las olorosas y decorativas tomateras. En la mesa continúan siendo bien recibidos con la incógnita de cómo o en compañía de qué aparecerán.

No necesitan reinventarse ni sofisticación alguna; simplemente, imitar a sus primos los tomates mayores. Así que hoy serán servidos con migas de atún, ajo, sal y aceite. Es más que suficiente compañía para un frugal deleite. Es más que idóneo para no olvidar un pellizco de sabor del verano más reciente.


sábado, 8 de septiembre de 2018

00793 Ensalada Tricolor

DELICIOSO MUNDO EL DE LAS ENSALADAS


Sigo disfrutando de los frutos que me regala la amable huerta y de la variedad de combinaciones a la hora de presentarlos a la mesa. Esta que hoy traigo hasta aquí la denomino "ensalada tricolor"; es lo primero que me ha venido a la cabeza al ver las fotografías. Podría haberla denominado "ensalada de tomate, cebolla y atún", que es de lo que consta; "ensalada mar y huerta", es obvio; o "ensalada deliciosa", que es como está cuando la pruebas. Pero bueno, me he inclinado finalmente por el primer impacto visual.

Se trata de una ensalada refrescante y sabrosa al paladar, además de resultar una combinación perfecta y bien avenida. Su elaboración no necesita mucha explicación; buen producto y un poco de dedicación a la ventresca de atún. Para cocinar esta última, solo es necesario colocar  la ventresca abierta en una bandeja de horno con aceite, sal y unas gotas de vinagre. Introducir en el horno pre calentado a 180 grados centígrados y hornear por espacio de veinte a treinta minutos. Dependerá del tamaño de la ventresca. No obstante, hay que tener cuidado y no pasarnos de cocción para evitar que la ventresca se quede "acartonada" y conseguir así que las lajas del pescado las podamos sacar con facilidad, además de conseguir su máximo sabor. Una vez cocinada la ventresca, la dejamos enfriar y la partimos en lajas. Si está bien cocinado salen solas. Solo queda trocear un buen tomate de temporada, una buena cebolla dulce y mezclar con el atún. Aliñar con un buen aceite virgen de oliva y sal, y a disfrutar. A mí, particularmente, este tipo de ensaladas me gusta sazonarlas con sal Maldon, algo que no está muy bien visto por algunos entendidos gastrónomos, pero qué le vamos a hacer. Todo queda en casa.

La ventresca de atún podemos cocinarla el día anterior y conservarla en el frigorífico, aguanta bien unos días.















martes, 31 de julio de 2018

00759 Los Huevos Rellenos de Atún

LOS DE TODA LA VIDA

Hoy me apetecía echar la mañana en la cocina, sobre todo llamado por el interés en  hacer unos huevos duros rellenos de atún; los huevos rellenos de toda la vida. Hay quien es de la opinión de que la cocina es "muy ingrata", por la desproporción existente entre las horas empleadas en la elaboración de algunos platos y el breve tiempo que se tarda en consumirlos. Es un punto de vista. Mirado fríamente, puede que sea así, pero en el hecho de cocinar hay otro muchos factores y sensaciones de suficiente peso que rebaten esa percepción. Pero esto lo dejaremos para otra ocasión.

Los huevos duros rellenos como los canelones o las albóndigas, entre otros muchos ejemplos, son elaboraciones culinarias que perfectamente pueden coincidir con aquel sentir. No son excesivamente laboriosas pero requieren su tiempo. Por eso, cuando nos disponemos a cocinar este tipo platos, hacemos cantidades como si no hubiese un mañana.

Estos huevos duros rellenos de atún, como no podría ser de otra manera, los hago tal y como aprendí hacer de mi madre. Curiosamente no están recogidos en el cuaderno "Sabores de mi madre". Supongo que por su sencillez y nula complejidad, no llegué a escribir la receta en él. Era un plato típico de la época de Cuaresma y de los domingos veraniegos con "huéspedes" en casa. Me encantaban junto a otros que hacía y que algún día también traeré por aquí y que mi madre denominaba, "huevos señoritos". Muy simpáticos ellos.

He elaborado una docena de huevos rellenos, o lo que es lo mismo, dos docenas de medios huevos rellenos de atún. Supongo que la receta no sorprenderá porque son los mismos que se hacen en casa de todas las madres y en las casas de los hijos e hijas que, como yo, aprendieron de ellas. Posiblemente, como en la mayoría de los casos, habrá pequeñas variaciones pero sin excesiva alteración en el resultado final.

Para una docena de huevos, tres latas pequeñas de atún en escabeche, tres cucharadas de tomate frito y mayonesa. Una vez cocidos los huevos se dejan enfriar. Los pelamos y los partimos por la mitad separando la clara de la yema. Añadimos a las yemas las latas de atún en escabeche y mezclamos de forma concienzuda. Incorporamos las tres cucharadas de tomate frito y otras tres cucharadas de mayonesa que previamente habremos elaborado, con el propósito de que el relleno sea más manejable y la masa resultante sea más suave. Volvemos a mezclar bien y con la pasta resultante vamos rellenando los orificios de los medios huevos que han dejado las yemas. Para finalizar, coronamos los huevos con mayonesa. De aquí al frigorífico y servir bien fresquitos. Otro "humilde pecado". Me he venido arriba y hasta les he preparado un lecho de lechuga para que se sintieran  más cómodos y sobre todo, para que no bailaran de un lado a otro de la fuente.










jueves, 10 de mayo de 2018

00682 Ya Apetece

COLOR Y SABOR EN ESENCIA

Nos adentramos poco a poco en la primavera y con ella se impone, de forma casi obligada, y en el fondo consentida y esperada, el color en nuestra mesa de diario. Atrás se van quedando pucheros, cocidos, caldos y cucharas, siempre bien recibidos en su justo y necesario momento, para dejar paso a la imaginación y a los contrastes de sabores sin demasiados añadidos ni florituras.

Color y sabor en su más delicada esencia. La naturaleza apremia a las tierras de huerta. Habrá que esperar para sus frutos unos cuantos amanaceres y algún que otro frío imprevisto. Merece la pena la espera antes de que llegue el frescor y verdor de la huerta entera. Ya imagino el festival de hortalizas invitando a carnes, legumbres, arroces y pescados a que se aposten a su vera, a compartir en un plato momentos de excelsa grandeza, humilde y ligera.

Ya apetece que la huerta de veras, la de agua, sol y paciente laboreo,  se pasee por la mesa.


martes, 19 de diciembre de 2017

00603 Hay Soles

GRANDES EN SU HACER DIARIO

Hay un sol que calienta y soles que alimentan, que juegan con la vista mientras el sabor se anticipa. Hay un sol que adormece, tranquiliza, y soles que despiertan el ánimo hospedado. Hay un sol que revitaliza y soles de fantasía que se posan sobre la mesa.

Hay un sol que ciega si lo miras y soles que no hacen daño a las sorprendidas pupilas. Hay un sol que desprende rayos de luz y soles que juguetean a parecer rayos sin luz. Hay un sol que da vida y soles que son vidas compartidas. Hay un sol que asoma y desaparece, y soles que asoman y que tras una docena de palabras y otras tantas miradas, desaparecen.

Hay un sol grande, luminoso y lejano, y soles pequeños, claros y cercanos, pero grandes en su hacer y compartir diario.



lunes, 30 de octubre de 2017

00572 El Atún con Cebolla

AMIGOS DE ANTAÑO


De tan informal y humilde, es de los platos que no necesita mantel. Como tantos otros, se enumera en la lista de socorrida elaboración, de los de  aquí te pilló y aquí te emplato. Ideal para las versiones "no tengo mucha hambre pero algo comería" o "con la hora que es no me voy a poner ahora a cocinar".

Amigos de antaño, de viejo, de fiambrera y de campo. Por separado, una bendición y amigados, un sabor de tradición. Antesala al natural, sin trampa ni cartón, de su prima hermana, al horno, con más sabor, fruto de la templada cocción.

Atún, cebolla y sal, y al lado, un poco de pan, y si es tostado y con ajo, el no va más.



jueves, 27 de abril de 2017

00470 Sabores Viajados

DE GRATA REMEMORANZA

Resulta curioso comprobar cómo determinados sabores invitan a recordar no solo situaciones y aparcadas sensaciones, sino también paisajes y enclaves de grata rememoranza. Son sabores viajados, ligeros de equipaje,  cuyo contacto con el paladar o su simple visión desencadenan un listado de imágenes dispuestas en forma de acordeón a semejanza de  aquellas pequeñas colecciones de postales, que en su momento fueron adquiridas en alguna tienda de recuerdos para pasar sus postreros años en algún lugar de no se sabe donde.

Me dispongo a presenciar uno de los muchos derbys y encuentros de fútbol del año. No es que me interese mucho el asunto del balompié. Digamos que me entretiene y distrae. Me gusta ver este tipo de enfrentamientos deportivos con algo que distraiga también a mi estómago. Algo también sencillo y distraído. Un pica pica compartido, rebanadas de pan con algún sustento o cualquier combinación de alimentos de esos de toda la vida, de esos que el paladar, al mínimo contacto, se predispone para escanear  fotogramas de tu vida. Hoy, la sencillez y distracción vienen de la mano de una cebolla, unas piparras y unos trozos de bonito con el simple aderezo de aceite y sal.

No me entero muy bien de lo que sucede en el terreno de juego. Los vecinos, a los que ya les tengo pillados los colores de sus camisetas, me informarán con sus gritos y alegrías sobre el desarrollo del encuentro. Mi mente se muda de estancia para visitar otros lares atraída y provocada por un sabor viajado. Un día de campo de verde explanada, un aperitivo imprevisto bajo una monumental y señera montaña, una inolvidable tarde de pintxos, un día de calor y alforja, un horizonte de mar con su brisa de paso, noches de hogar con balcón abierto... La algarabía de los vecinos de abajo interrumpen mi viaje. Los de blanco han debido de marcar un gol. Sí, han marcado un tanto. Sobre el plato apenas queda el recuerdo de un sabor viajado.






lunes, 31 de agosto de 2015

00099 Las Albóndigas de Atún

DELICADO BOCADO

Las albóndigas, tradicional factura y guiso de madre, son otra de mis debilidades. Algún día de estos le dedicaré una entrada a tan humilde y socorrido manjar. Hoy quiero traer hasta este blog unas albóndigas de reciente catadura: las albóndigas de atún. Al probar el primer bocado pensé, sin ninguna duda, que tenían que formar parte de este reto en el que ando metido.

Las hizo Gloria. Le gusta la cocina y cuando tiene tiempo nos sorprende con alguna elaboración no acostumbrada en nuestro menú. Al inicio de nuestras recientes vacaciones en Huelva, en el Nuevo Portil, cerca de Punta Umbría, acudimos, como solemos hacer siempre al día siguiente de nuestra llegada,  al mercado central onubense para hacer provisión de alimentos. En la cesta de la compra gana por goleada el pescado y dentro de las especies marinas, el atún, una de sus debilidades. En la pescadería le llamó la atención unos envases de plástico transparente que se disponían en primera fila del gélido mostrador y que contenían una carne picada roja. Preguntó por su contenido y el simpático pescatero le respondió: "atún picado para hacer albóndigas. Las puede hacer en salsa, con tomate..., salen buenísimas. Llévese una y ya me contará". Y así lo hicimos, aunque no cumplimos con todo el  mandato. Nos llevamos un envase pero nos volvimos a casa sin contarle cual fue el resultado. Lo dejaremos como excusa para volver el próximo año.
Un día Gloria se levantó con ganas de hacer las albóndigas. Siempre he pensado que hay elaboraciones culinarias que para su ejecución hay que tener cierta predisposición. Sirvan como ejemplo las albóndigas o las croquetas. El caso es que me fui a dar mi habitual paseo matinal mientras ella se dedicó a la albóndiga. Sólo vi el inicio de la elaboración. El momento de desmigar el pan para añadírselo a la carne picada de atún.

Tras mi paseo y sus albóndigas nos vimos en la playa. Le pregunté por su creación gastronómica y me contestó con un escueto "en la cocina he estado toda la mañana con ellas". 

De vuelta a casa y ya en la mesa, aparecieron los redondos manjares acompañados por unas tiras de pimiento rojo asado. Silencio. El olor que se desprendía del perol no podía ser más atractivo. Miradas. Ya en el plato las albóndigas en cantidad de cinco. Un suspiro. Pinché una con un tenedor mientras el cuchillo la partía en dos mitades. Como la mantequilla. Monté una tira de pimiento sobre una de las partes cortadas y me llevé a la boca el combinado. Inenarrable. Suave, sabrosa, en su punto. El mar había entrado a mi boca. ¡Qué placer! ¡Qué exquisitez! Y así se lo hice saber. Su dedicación a la albóndiga en una mañana vacacional había merecido la pena. Ya lo creo. Igual que ocurriera con otras que hizo de choco hace unos años. Pero eso será otra historia.