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martes, 24 de marzo de 2026

01731 Los Ñoquis

 CON SALMÓN


He tardado 68 años en probar los ñoquis, un tipo de pasta italiana que se elabora principalmente con patata. Fue recientemente en casa de mi hermana Gemma, como no podía ser de otra manera, y con salmón. Me encantaron.

Aunque sabía de la existencia de esta pasta, desconozco el motivo de mi falta de interés por degustarla. Recuerdo un programa televisivo protagonizado por Lucía Bosé en el que, además de repasar brevemente la vida de la artista, la italiana enseñaba cómo se preparaban unos ñoquis. Al parecer, era uno de sus platos favoritos. Tanto me llamó la atención, que apunté en un papel, vete tu a saber dónde está ahora, todas sus indicaciones. Me dije que no tardaría mucho en poner en práctica lo aprendido, pero como tantas otras cosas, quedó en un propósito de intenciones. Y ya que lo siento.

El caso es que recientemente fui a visitar a mi hermana y me esperaba con unos ñoquis con salmón. Cuando le dije que no los había probado nunca, se sorprendió sobremanera. Pero era la realidad. Me comentó que ella acostumbraba a prepararlos con bastante frecuencia, pues a sus nietos les encantan. Lo cierto es que me entraron con fortuna por los ojos en cuanto aparecieron en la mesa. El primer bocado fue de examen, y tengo que confesar, que aprobaron con sobresaliente; tiernos, cremosos y sabrosos. Tanto me deleité con ellos, que hasta repetí otro generoso plato. Cuando acabamos de comer, en la sobremesa, le pedí a Gemma que me diera la receta. La guardé como un tesoro en el bolsillo de mi chaqueta, y al llegar a mi domicilio, la archivé a buen recaudo para que no me volviese a ocurrir como con la de "la Bosé".

Me acabo de interesar por el origen de los ñoquis o gnocchi italianos y, como la mayoría de las recetas y elaborados de tradición, observo que tienen una curiosa historia tras de sí, amén de sus leyendas, que me han llamado la atención. Al parecer, según he podido leer, su origen se remonta a finales del siglo XIX. En aquellos años, los señores feudales eran los propietarios de los molinos donde los campesinos molían el trigo y que luego utilizaban para elaborar la pasta. Los "signori" decidieron por aquel entonces subir el precio por la utilización de los molinos, decisión esta que repercutió en el aumento considerable del precio de la harina. Y a grandes males, grandes remedios. A los campesinos no se les ocurrió otra cosa que sustituir la harina por el puré de patatas, dando nacimiento a los "gnocchis", que en italiano viene a significar "bollos" o "pelotillas". Comenzaron a popularizarse en el noroeste de Italia, extendiéndose rápidamente por el resto del país.

Este plato casero por excelencia italiano tiene una arraigada tradición. Por lo que he podido leer, es tradición su consumo los días 29 de cada mes. Una costumbre que no solo está presente en Italia, sino también en países de América Latina, como Argentina, Paraguay o Uruguay, donde las influencias italianas han sido evidentes. El origen de esta curiosidad tiene dos vertientes; una histórica y otra económica. La primera hace referencia a San Pantaleón, médico del siglo IV. "En una de sus peregrinaciones fue acogido por una familia humilde que le dio un plato de ñoquis. En agradecimiento, él les predijo un año de abundancia". De aquí, que comer ñoquis cada día 29 se asocie con suerte y prosperidad. La teoría económica es más terrenal. El día 29 está muy próximo al final del mes y los bolsillos se muestran casi agotados. Los ñoquis, al ser un plato económico, eran propicios para alimentar a toda la familia sin dispendios. Esta costumbre fue llevada por los inmigrantes italianos a América Latina donde se consolidó. En algunos países se sumó el colocar un billete bajo el plato de ñoquis como símbolo de buena suerte y prosperidad.

ELABORACIÓN BÁSICA DE ÑOQUIS

Ingredientes: 1 kilo de patatas, 200 gramos de harina de fuerza, 2 yemas de huevo, sal y nuez moscada rallada.

Elaboración: Cocer las patatas sin pelar en abundante agua hirviendo durante 20 o 25 minutos. Una vez cocidas, dejar enfriar. Pelar las patatas. Chafar con un tenedor los tubérculos hasta conseguir un puré homogéneo, sin grumos. Enharinar la tabla en la que se vaya a trabajar, así como nuestras manos. Hacer un volcán con el puré. Echar en el hueco la sal, la nuez moscada molida al gusto y las dos yemas de huevo batidas. Mezclar todo con los dedos e incorporar la harina poco a poco. Seguir mezclando hasta conseguir una masa homogénea. Hacer una bola con la masa y dejar reposar durante unos diez minutos. Separar un trozo de masa y hacer un cilindro o churro con las manos. Cortar el cilindro en porciones de unos 2 centímetros, que a la postre serán los ñoquis. Repetir el proceso hasta acabar con toda la masa. Con un tenedor, coger cada ñoqui y presionarlo suavemente contra sus dientes y hacerlo girar. Hervir en una cazuela abundante agua y un poco de sal, e ir introduciendo en el agua hirviendo pequeñas cantidades de ñoquis. Cuando los ñoquis floten en la superficie del agua, retirar y dejar enfriar. 

RECETA DE ÑOQUIS CON SALMÓN

Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de ñoquis, 400 gramos de salmón fresco, 400 ml de nata líquida, 1 cebolla, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta al gusto.

Elaboración: Rehogar el salmón, cortado a tiras, sin piel y sazonado, en una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra. Una vez rehogado, desmenuzar con la ayuda de un tenedor y reservar. A continuación, en una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra, agregar una cebolla cortada a dados pequeños, sazonar y cocinar a fuego medio hasta que se poche. Verter la nata líquida y cocinar a fuego suave durante unos cinco minutos. Retirar del fuego y reservar. Calentar en una olla abundante agua y sal, y cuando comience a hervir, introducir los ñoquis en pequeñas cantidades. Según vayan flotando en el agua, sacar e ir reservando. Cuando tengamos todos los ñoquis cocidos, mezclar en una tartera los ñoquis, el salmón y la nata líquida con la cebolla que habíamos reservado. Cocinar a fuego medio durante dos o tres minutos. Retirar del fuego, espolvorear un poco de pimienta al gusto y servir. 




lunes, 21 de abril de 2025

01646 Los Espaguetis Negros con Langostinos

NUNCA SE DEBE DEJAR A UN VIAJERO SIN COMER


Tengo un conocido que dice: "Nunca se debe dejar a un viajero sin comer". Argumenta que cuando viajas no debes pretender que las cocinas de los bares y restaurantes estén a tu entera disposición, pero que un trozo de pan y alguna vianda que echarte a la boca, es casi de "obligado cumplimiento" que se ofrezca. Anda que no me he quedado veces sin comer por estas u otras descortesías. También es cierto que, atendiendo a la observación de mi conocido, mi estómago ha sido satisfecho para poder seguir mi camino con eso, con un trozo de pan y algo con qué acompañarlo. Es una cuestión de atención y cortesía.

Esta observación de mi conocido, me ha venido a la memoria cuando se han presentado en casa, prácticamente a la hora de comer y sin avisar, unos sobrinos. Estaban de paso y les parecía mal no entrar a saludarnos. Siempre es de agradecer. Mientras dábamos buena cuenta de un improvisado aperitivo, nos hemos puesto al corriente de nuestras vidas. Todo controlado. Se levantaban ya para seguir viaje, cuando les he propuesto que se quedaran a comer. En primera instancia han rechazado la invitación por "no molestar". No es molestia alguna, he insistido. No os podéis ir sin comer. Preparo cualquier cosa y continuáis viaje.

Teníamos previsto comer unos langostinos con mayonesa y unas pechugas de pollo empanadas con lechuga. Mis sobrinos son de buen comer y unos forofos de la pasta en cualquiera de sus versiones. Así, que he mantenido el segundo plato y cambiado el principal por unos espaguetis negros con langostinos. Una receta sin complicaciones, rápida, muy sabrosa y gratificante. No he dado explicaciones sobre el improvisado menú. Solo han dicho, "ni que nos estuvieseis esperando". 

La comida, con su correspondiente sobremesa, ha estado genial. En la despedida, en el ascensor, he vuelto a recordar que "nunca se debe dejar a un viajero sin comer". Y menos a mis sobrinos que tanto quiero.

Ingredientes para 6 personas: 600 gramos de espaguetis, 500 gramos de langostinos crudos, 1 cebolla, 1 tomate, 3 dientes de ajo, 3 cayenas, 1 vaso de vino blanco, 2 sobres de tinta de calamar, sal y aceite de oliva virgen extra. 

Elaboración: Picar finamente los dientes de ajo, la cebolla y el tomate. En una sartén con un poco de aceite, incorporar el ajo y las cayenas. Cuando comience a dorarse el ajo, añadir la cebolla y el tomate. Sazonar y sofreír a fuego lento, removiendo de vez en cuando. Pelar los langostinos y reservar las cabezas. Dorar las cabezas de los langostinos. Sazonar y añadir 1/2 vaso de vino blanco y 1/2 vaso de agua. Dejar reducir. Presionar ligeramente para que las cabezas saquen sus jugos. Pasar por un colador y reservar el caldo obtenido. Mezclar el sofrito con el caldo de las cabezas de langostinos y añadir el otro 1/2 vaso de vino blanco y la tinta de calamar. Cocinar a fuego lento y dejar que se reduzca el alcohol. Remover. Dorar ligeramente los langostinos en una sartén con un poco de aceite y sazonar. Añadir los langostinos al sofrito y remover. Rectificar de sal y reservar. Cocer los espaguetis siguiendo las instrucciones del fabricante. Escurrir la pasta e incorporarla al sofrito con langostinos. Remover y servir caliente.

Nota: Tenía la cabeza en tantos sitios que los langostinos los cociné enteros. Lo ideal es partir cada langostino en tres trozos. Un lapsus sin demasiada importancia. 




 



martes, 9 de julio de 2024

01394 Los Tagliatelle

 CON PESTO


Salvo alguna rara excepción, y esta que traigo en esta ocasión es una de ellas, todas las recetas o alimentos aquí recogidos en este caleidoscopio vital, tienen alguna pequeña historia detrás. No tengo ni la más remota idea de cuándo aparecieron en mi vida las tagliatelle, uno de los más 300 tipos de pasta italiana que se conocen. Solo sé que me gustan, que me resultan muy agradables al comer y, sobre todo, si están preparados con pesto.

Esta pasta, por lo que he podido leer, tiene su origen en la región de Emilia-Romaña. Pertenece a la familia de las pastas largas, es plana, mide entre 8 milímetros y 1 centímetro de ancho, y en España son más conocidas popularmente como tallarines o cintas. Dependiendo de su anchura y otros aspectos, reciben distintos nombres como el fetuccine, más finos, por ejemplo, que el pappardalle, que llama la atención por su tamaño.

Como toda la pasta, los tagliatelle me encantan de cualquier manera. Si son frescos, bastará con un buen chorro de aceite y abundante queso, o con una buena picada de ajo y aceite. Para una prisa son muy socorridos. Pero en esta ocasión, voy a traer una receta que de cuantas he probado, me parece de sobresaliente. Se trata, como digo, de unos tagliatelle con pesto.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de tagliatelle, 250 gramos de salchichas frescas sin piel, 5 cucharadas soperas de salsa de tomate frito, orégano seco y pimienta negra molida. Para la elaboración del pesto: 6 pimientos del piquillo, 6 tomates deshidratados, 80 gramos de queso de queso ricotta, 2 dientes de ajo, 1 guindilla, aceite de oliva virgen extra, 50 gramos de queso pecorino, sal y pimienta.

Elaboración: Preparar la salsa de pesto. Para ello, trituramos todos los ingredientes que componen la salsa, ayudados de un brazo de cocina, hasta conseguir una crema. Reservar. Freír en una sartén las salchichas sin piel y desmenuzadas con un poco de aceite y cuando comiencen a dorarse la carne, añadir el pesto junto con las 5 cucharadas soperas de salsa de tomate frito. Poner la pasta a cocer y cuando esté al punto, siguiendo las instrucciones del fabricante, incorporarla a la salsa. Remover, intentando que la pasta no se trocee. Espolvorear por encima orégano seco y pimienta molida.

Aunque la receta original no lleva queso rallado para coronar el plato, se puede añadir, si es la costumbre del comensal. Aunque los italianos dicen que es un “pecado”, en casa acostumbramos a incorporar el queso rallado. Perdón. 




viernes, 3 de mayo de 2024

01330 Los Espaguetis con Pesto Rosso

 OTRA DELICIA ITALIANA


Esta es mi última modalidad en espaguetis. En su sencillez, me parece algo altamente satisfactorio. Los espaguetis con pesto rosso los conocí gracias a mi hija Jara, tras su año de estancia en la localidad italiana de Remini. En nuestra comunicación diaria, además de interesarnos de cómo le iban las cosas y sus estudios, y como padres pesados que somos, nos preocupábamos por su alimentación. Lo de preocuparnos era tontería, pues Jara sabe cuidarse bien y no se le da mal la cocina. Pero aún así, queríamos saber en qué consistía su alimentación. 

En una ocasión, nos informó de que se había preparado unos espaguetis con pesto rosso y que no había probado cosa igual. Nos habló de las excelencias de esta salsa y de lo que había supuesto su descubrimiento. Por lo menos, una vez a la semana tenía presente este plato en su menú. Tanto nos hablaba del pesto rosso, que casi se convirtió en uno más de la familia.

Llegadas las Navidades de aquel año, Jara vino a casa a pasar unos días. Y lo hizo con el tradicional panettone italiano bajo el brazo y un par de botes de pesto rosso. El día que probamos esta salsa, fue Jara quien preparó los espaguetis y francamente nos pareció algo delicioso.

Jara, acabado el periodo vacacional navideño, regresó a Remini para finalizar sus estudios universitarios. En verano fuimos a buscarla y aprovechamos para darnos un buen garbeo por tan atractivo e inacabable país; en 15 días nos hicimos 2.800 kilómetros en coche. De regreso a casa, nos provisionamos de todos aquellos alimentos que nos habían hecho tilín, incluidos, a petición de Jara, varios botes de pesto rosso, adquiridos en su supermercado de referencia. Salsa que fuimos consumiendo en los siguientes meses con cuentagotas hasta que se agotó.

El año pasado hicimos una escapada a la isla de Cerdeña. Y como no podía ser de otra manera, lo único que nos pidió  Jara fue que le trajéramos pesto rosso. No quería otra cosa. Así, que el último día de estancia, en ese supermercado referente italiano, adquirimos todos los botes de pesto rosso que se mostraban en ese momento en la estantería. Creo recordar que fueron 19. Todavía nos quedan algunos ejemplares en la despensa, que vamos consumiendo bajo la supervisión de Jara.

Para cuando se agoten, ya tengo echado un vistazo a una receta para hacer tan deliciosa salsa y que comparto a continuación. Está sacada de un libro de cocina italiana que compré en su día y no me parece muy complicada de elaborar. Merecerá la pena intentarlo.

Ingredientes: 12 tomates secos en aceite de oliva, 100 ml de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharadita de vinagre de Módena, zumo de limón, 2 dientes de ajo, 2 cucharadas grandes de queso Grana Padano, 12 hojas frescas de albahaca fresca para cocinar, 20 gramos de piñones, 1 cayena y un poco de sal.

Elaboración: Introducir en un mortero las hojas frescas de albahaca, los piñones ligeramente tostados en una sartén, los tomates y una cucharadita de vinagre de Módena. Machacar hasta formar una pasta suave y homogénea. Si quedara la pasta muy densa, añadir el zumo de un limón. Si se desea una salsa un poco picante, añadir una cayena y remover. Obtenida la pasta, añadir y remover muy lentamente aceite de oliva virgen extra hasta que queda una salsa espesa y uniforme. A continuación, añadir a la salsa el queso Grana Padano rallado y lo integramos bien con el resto de ingredientes. Rectificamos de sal y lista la salsa.

Para elaborar los espaguetis con pesto rosso: Cocer los espaguetis, escurrirlos e incorporarles la salsa. Remover bien y servir con queso rallado, preferiblemente Grana Padano. 









sábado, 23 de marzo de 2024

01302 La Frittata de Espaguetis

 OTRA DELICIA ITALIANA


La gastronomía, más allá de cumplir con su principal objetivo, que no es otro que el de alimentar, tiene otras muchas virtudes y bondades. Por enumerar algunas; entretiene, sorprende, llegado el caso sirve como terapia, es imaginativa hasta el punto de convertirse en arte, es disfrute, asombra y no tiene límites.

 Cuando tengo oportunidad de salir de mi cuatro por cuatro, me gusta probar cosas distintas, que, si son de mi extremo agrado, "investigo" su forma de hacer y si no resulta muy complejo, la incorporo a mi laboreo doméstico. Es exactamente lo que sucedió con la receta que traigo en esta ocasión a las diez mil cosas que me gustan.

 No hace mucho, tuve la oportunidad de degustar un plato que me fascinó. Además de estar delicioso, me sorprendió. Desconocía por completo su existencia, como la de tantas otras recetas, pero esta propuesta me pareció tan original, sorpresivo y rica, que me dio lástima que se acabara. Igual lo estoy poniendo en valor en exceso, pero así me resultó. Mira que tengo ocurrencias, pero jamás pensé que pudiera existir la tortilla de espaguetis.

 Cuando llegué a casa ese día, lo primero que hice fue interesarme por la forma de elaborar una frittata italiana, no sin antes interesarme por su origen. Por lo que pude leer, se trata de un plato originario de Nápoles y Campania, y que originariamente se preparaba con sobras. En Campania, por ejemplo, se acostumbra a almorzar tortilla de pasta e incluso es una común propuesta para las salidas campestres. Habitualmente se emplea pasta larga, es decir, espaguetis, aunque no faltan versiones con pasta corta, como los macarrones. En resumen, se puede decir que nos encontramos ante una receta anti desperdicio, con pasta sobrante y que se vuelve a cocinar con huevos y queso rallado. Se cuece por ambos lados hasta que se forma una costra. Su presentación no tiene por qué ser atractiva sino compacta y apta para el transporte. Dicho lo cual, los tiempos cambian y con ellos, también los gustos y formas de hacer. Hay quienes prefieren una tortilla de pasta, alta y hermosa, frente a los que se inclinan por un resultado bajo y crujiente.

También existe la tortilla sin huevos, llamada "tortilla de scammaro". Se trata de una versión inventada por Ippolito Cavalcanti, duque de Buonvicino y gastrónomo de la cocina napolitana, quien la ideó ante la necesidad de proponer una preparación adecuada a los conventos para el período anterior a la Pascua, dónde estaba prohibido servir proteínas de origen animal.

 Como se puede imaginar, hay cientos de recetas al respecto. A mí, particularmente, me gusta la tortilla más bien crujiente. Su esponjosidad dependerá de la cantidad de huevos que se incorporen a la tortilla.

Ingredientes: Espaguetis que sobren de la comida, huevos en función de la cantidad de espaguetis y de los crujiente o esponjosa que se desee y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: Calentar en una sartén aceite de oliva, el suficiente como para hacer un sofrito. Añadir la pasta y dejar que se sofría bien por todos los lados. Batir los huevos. Añadir la pasta sofrita a los huevos batidos y mezclar bien. Verter de nuevo a la sartén caliente y proceder a cocinar como si de una tortilla de patatas se tratara. Cuando esté cuajada por debajo, dar la vuelta. Intentar que la tortilla quede dorada, pero sin quemar.

 

                                                                                   

 





sábado, 9 de marzo de 2024

01289 Los Pimientos a la Siciliana

 LA VERSATILIDAD EN EL PLATO


Desde que conocí estos pimientos, de esto hará unos tres años, en una de mis incursiones a la siempre apetitosa cocina italiana, tengo que confesar que se han convertido en otra de mis muchas debilidades gastronómicas. Además de sabrosos y originales, su versatilidad en la cocina no tiene límites. Son muy sencillos de cocinar y muy agradables de comer. Como digo en ocasiones, tanto valen para un roto como para un descosido. Así, da lo mismo que formen parte de un aperitivo, en un homenaje a la huerta, como acompañantes... siempre se adaptan con suma facilidad. 

Siempre que los como, digo lo mismo: "Tenemos que visitar Sicilia". Y me quedo tan ancho.

Ingredientes: 1 kilo de pimientos rojos morrones, 2 dientes de ajo, 6 cucharadas de pan rallado, 30 gramos de piñones, aceite de oliva virgen extra, sal, orégano y pimienta al gusto. (Opcional, media cucharada de azúcar y 5 de vinagre)

Elaboración: Limpiar los pimientos y cortarlos en tiras de aproximadamente 2 centímetros. Calentar en una sartén 8 cucharadas de aceite de oliva y añadir los pimientos cortados a tiras. Cocinar los pimientos tapados durante unos 15 minutos a fuego medio. Salpimentar al gusto y remover cada cinco minutos. Mientras tanto, majar en un mortero los dos dientes de ajo con un poco de sal. A continuación, añadir al ajo ya majado, el pan rallado, el orégano, los piñones y un poco de sal. Mezclar. En una sartén sin aceite, tostar la mezcla del pan rallado. Remover continuamente con cuidado de que no se queme. Reservar. Opcional: Si se quieren conseguir unos pimientos agridulces, cuando los pimientos estén ya cocinados, añadir el azúcar y el vinagre y dejar evaporar. Si no es así, cuando los pimientos estén listos, retirar del fuego y reservar. Añadir el pan rallado tostado a los pimientos y remover hasta que quede bien mezclado. Servir.

Nota: En una ocasión, cuando lo teníamos todo ya dispuesto, nos dimos cuenta de que no teníamos piñones. Así, que nos aventuramos y los cambiamos por nueces machacadas. Tampoco está mal la cosa. Tanto es así, que ahora, vamos cambiando piñones y nueces, según nos da el aire.

Pimientos a la siciliana con berenjenas rebozadas y morcilla


jueves, 7 de marzo de 2024

01286 Los Embutidos y Quesos con Taralli

 ¡QUÉ GOZADA!


Hoy nos hemos remangado, dejado expedita la cocina y armado de paciencia para hacer unos deliciosos taralli italianos que tanto nos gustan. De ellos ya di buena cuenta en este caleidoscopio vital en la entrada 01267. En síntesis, los taralli italianos son como nuestros picos de pan o regañas andaluzas, pero más tiernos y, para mi gusto, más sabrosos, dadas las posibilidades que admite a la hora de elaborarlos. Aunque la base para su elaboración es similar (harina, aceite y vino), se personalizan de cientos de formas, según su autor o de la región italiana de donde procedan. En Italia se acostumbra a tomarlos para acompañar un vino, un queso o unos embutidos. A mí, sin acompañamiento alguno, me parecen una delicia y, sobre todo, si tienen un toque picante.

Los taralli de la última elaboración los comimos en compañía de unos amigos, a los que también les encantaron. Se comen como pipas y cuando te has querido dar cuenta, llevas metidos en el cuerpo un par de decenas de ellos. Los botes en los que los guardamos cuando los hacemos, no quise dejarlos muy lejos, pues estaba convencido que, sin que pasara mucho tiempo, los volveríamos a llenar, como así ha sido.

Para celebrar "nuestro emotivo" encuentro con los taralli, los hemos acompañado en esta ocasión con un surtido de quesos y embutidos, que es como acostumbran a tomarlos los italianos. ¡Qué gozada! Además, estaban, o por lo menos a mí, así me lo ha parecido, algo más picantes que en otras ocasiones, con lo que me han agradado sobremanera. 

Ha sido una muy deliciosa forma de despedir el día. No sé cuánto durarán en los botes, pero me temo que no serán muchos días.



martes, 27 de febrero de 2024

01277 El Tomate Deshidratado

 SIEMPRE EN LA DESPENSA


No hace muchos años que descubrí los tomates deshidratados. Me encantaron, además de comprobar que son unos grandes aliados en la cocina. Desde entonces, siempre he tenido algunos botes dispuestos en la despensa para un “nunca se sabe”.

Habitualmente los consumimos en casa como condimento o aderezo en los platos de pasta o ensaladas. También como aperitivo con un queso fresco tipo mozzarella, feta o de rulo de cabra o en tostadas junto a unas anchoas, bonito o sardinillas. Aunque no les sacamos todo el provecho, todo se andará, poco a poco los vamos incorporando a otras propuestas gastronómicas, sobre todo aquellas que vienen de Italia, donde son unos expertos en esta materia. Allí se les conoce como “pomodori secchi” o “pomodori essiccati”.

La humedad es uno de los grandes enemigos de los alimentos. Así, si se elimina el agua que contienen, se consigue alargar su vida útil durante meses e incluso años. De esta manera, el secado de los alimentos es una de las técnicas de conservación de alimentos más antigua que el hombre comenzó a practicar. He leído, y visto en algún programa de televisión, que en Italia todavía se siguen preparando los tomates deshidratados siguiendo el método tradicional. Es decir, secando los tomates directamente al sol. Los tomates frescos, una vez lavados y seleccionados, se cortan por la mitad de forma longitudinal, se colocan sobre unas tablas de madera o rejillas con el corte expuesto hacia arriba en un lugar donde reciban luz solar, y se espolvorean con abundante sal.

Durante el proceso de secado, que dura algunos días, los tomates pierden su volumen y se arrugan. Queda una textura reseca por la parte no expuesta al sol y algo más carnosa por la cara oculta, manteniendo las semillas. Después se envasan al vacío o en botes esterilizados, aunque resultan más prácticos en conserva con aceite de oliva y algunas hierbas aromáticas.

Salvo en rara ocasiones, en casa acostumbramos a consumir los tomates deshidratados en conserva con aceite de oliva. Resultan más cómodos, pues no hay que desalarlos ni hidratarlos. Tal cual salen del frasco, van directamente al plato ideado.

Para mí, la verdad que es un mundo este del tomate deshidratado, al que poco a poco le voy cogiendo el tranquillo, que no el gusto, pues me encantan de cualquier manera.

Las imágenes que ilustran esta entrada se corresponden con una ensalada a base de diferentes tipos de lechuga, mozzarella, tomate deshidratado y conservado en aceite de oliva, y un poco de aceite, vinagre y sal. El sabor que el tomate le confiere a la ensalada es excepcional.

 

 




jueves, 15 de febrero de 2024

01267 Los Taralli

 ENGANCHE TOTAL


Despejad la cocina que vamos a hacer unos taralli. Me encantan los taralli italianos y sobre todo, me divierte elaborarlos en casa. Los probé por primera vez no hace muchos años y desde entonces, siempre ha habido en nuestra despensa. O los compramos o los preparamos en casa. Si se trata de la segunda opción, hay que echarle ganas, tiempo, paciencia y que nada entorpezca en la cocina. Y es que tienen su aquel.

Los taralli italianos son como nuestros picos de pan o regañas andaluzas, pero más tiernos y, para mi gusto, más sabrosos, dadas las posibilidades que admite a la hora de elaborarlos. Aunque la base para su elaboración es similar (harina, aceite y vino), se personalizan de cientos de formas, según su autor o de la región italiana de donde procedan. En Italia se acostumbra a tomarlos para acompañar un vino, un queso o unos embutidos. A mí, sin acompañamiento alguno, me parecen una delicia y, sobre todo, si tienen un toque picante.

La receta que ponemos en práctica en casa se conoce como “taralli a la pizaaiola”, que además de los tres ingredientes mencionados con anterioridad, contienen tomate, guindillas o cayenas y orégano. Son una pasada de buenos y un auténtico vicio comerlos. Son de esos caprichos alimenticios que sabes cuándo empiezas, pero nunca encuentras el momento de acabar. Cuando me dispongo a comerlos y llevo un rato dándole al taralli, digo, el último. Pero no, no es posible. Así, que me curo en salud y ahora siempre digo, el penúltimo. Un horror lo enganchado que estoy al taralli.

Me voy a atrever a dar un consejo, yo que no acostumbro a dar. Si llegas a leer estas líneas y finalmente te decides a elaborar unos taralli, no escatimes en hacer una buena cantidad, para luego no tener que arrepentirte. Lo digo por experiencia. Una vez que te pones…

Ingredientes: Para 500 gramos de sémola de trigo, 160 gramos de vino blanco seco, 120 gramos de aceite de oliva virgen extra, 10 gramos de sal, 2 cucharadas de concentrado de tomate, guindilla o cayenas al gusto y una cucharada de orégano.

Elaboración: Introducir en un bol todos los ingredientes por este orden: harina, vino, aceite, sal, salsa de tomate, orégano y la guindillas o cayenas desmenuzadas. Remover y amasar hasta obtener una masa homogénea y elástica. Envolver la masa en papel film transparente y dejar reposar en el frigorífico durante unos 30 minutos. Volver a amasar. Cortar pequeñas porciones de masa y con las palmas de las manos, obtener churros alargados del grosor del dedo meñique. Obtenido el churro, coger trocitos de entre diez y quince centímetros y enrollar la masa sobre sí misma, dejando un agujero en el medio. Acabada la masa, llenar una olla con abundante agua y echar un puñado de sal. Llevar a ebullición y echar los taralli en tandas, no demasiados a la vez. Remover suavemente con una espumadera de abajo hacia arriba y sacarlos del agua una vez que suban a la superficie. Colocar los taralli sobre un paño de cocina, bien distanciados entre ellos, y dejar secar un par de horas, dándoles la vuelta cuando lleven sesenta minutos secándose. Colocar los taralli en una bandeja de horno, también bien separados, e introducir en el horno precalentado a 170 grados centígrados durante unos 40 minutos o hasta ver que queden dorados. Antes de sacarlos definitivamente del horno, probar uno para comprobar que haya quedado crujiente. Dejar enfriar y guardar en un bote o caja metálica.

 










lunes, 29 de enero de 2024

01254 Los Tortellinis con Queso

 "PINCHADOS DE TRES EN TRES"


Siempre son un acierto si, como a mí, se disfruta con la pasta y se es un aficionado al queso. Habitualmente, los tortellini acostumbro a tomarlos con una picada de ajos, aceite y sal. Es mi manera exprés de cocinarlos, además de ser un plato muy socorrido. Pero si quiero disfrutar al máximo, es cuando me vengo arriba, y pongo en práctica una receta que aprendí en un libro dedicado a la pasta que compré hace muchos, muchos años, y cuyo resultado es excepcional: tortellini a los cuatro quesos. Hay un montón de variedades al respecto, pero esta es la que, desde que me gusta la cocina, siempre cuento con ella. Los tortellini pueden ser de carne o de queso; de cualquier manera están buenísimos. En esta ocasión, propongo que sean de carne y “pinchados de tres en tres”. Lo dicho, una de mis muchas manías que todavía conservo.

Hace unos días, los locutores de un popular programa de radio musical, pedían a los oyentes que compartieran con ellos sus manías. No llamé, pero, según los oyentes iban informándoles, empecé a repasar la cantidad de manías, todas intrascendentes, que yo tengo, y que tampoco expondré para no extenderme. En algún lugar de este blog, ya he comentado mi afición al número tres y a los impares. Por ejemplo, no puedo comer dos, cuatro, o seis galletas. Tampoco una sola. Mínimo tres y a partir de aquí, el número tiene que ser impar. Por eso, y siendo fiel a mis manías, cuando como tortellinis, los pincho de tres en tres para llevármelos luego a la boca y disfrutar de ellos. Pues nada, ya está contada la anécdota y vamos con la receta.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de tortellinis de carne, 75 gramos de queso Gorgonzola, 125 gramos de queso Mozzarella, 75 gramos de queso Parmesano, 75 gramos de queso Cheddar, 125 gramos de nata para cocinar, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, nuez moscada, una cucharada de mantequilla, sal y pimienta.

Elaboración: Cortar y trocear la cebolla y los ajos. Poner en una sartén una cucharada de mantequilla, derretir y añadir la cebolla y los ajos bien picados. Cuando la cebolla esté pochada, añadir la nata, unas ralladuras de nuez moscada, sal, pimienta al gusto y los quesos. Cocinar hasta que se integren bien todos los ingredientes. Mientras tanto, en una olla con agua hirviendo, cocemos los tortellinis. Una vez cocidos, los escurrimos y los mezclamos con la salsa de quesos. Servir caliente.

 

 




domingo, 14 de enero de 2024

01249 Espaguetis a la Pescadora

 SPAGHETTI ALLA PESCATORA


En una ocasión, alguien que sabía de pasta, había vivido varios años en la ciudad italiana de Bolonia, me dijo que los espaguetis lo soportan todo. En realidad, pensé, es la pasta, en genérico, quien lo admite todo. De hecho, revisando este interminable caleidoscopio vital, esta es la décimo tercera entrada que le dedico a los espaguetis en bien distintas versiones. Y como dijo aquel: "Y lo que te rondaré morena".

Este es otro de los platos de los que en mis inicios en la cocina lo tenía como bandera. Lo sacaba a la mesa cuando quería pegarme el "pegote" y lo cierto es que siempre era aclamado. En aquellos años, me refería a esta delicia de plato como "espaguetis a la marinera". Comencé a denominarlo "espaguetis a la pescadora", a raíz de mi primer viaje a la isla de Cerdeña, donde probé unos excepcionales. De cualquier manera, todavía no consigo distinguir la diferencia entre uno u otro.

El sabor del mar de los ingredientes a utilizar, existen diversas propuestas al respecto, unido a la cocción de la pasta con el agua de cocinar, en esta caso, de mejillones y almejas, hacen que el sabor del plato sea inolvidable. Muy sencillo de elaborar para un total disfrute.

La receta que comparto a continuación, no es aquella que utilizaba en mis inicios, sino una aproximación al plato de spaghetti alla pescatora que probé en Cerdeña y que tan grato recuerdo me dejó. Aquellos estaban deliciosos, pero estos tampoco se quedan atrás.

Ingredientes para 4 personas: 300 gramos de espaguetis, 800 gramos de mejillones, 500 gramos de almejas, 2 tomates maduros, 100 gramos de tomate frito triturado, 3 dientes de ajo, 2 cayenas, opcional, sal, pimienta y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: Sofreír en una sartén, con un poco de aceite de oliva virgen extra, los ajos cortados a láminas y las cayenas. Dorar ligeramente y añadir los tomates cortados a cuadraditos y el tomate frito. Salpimentar y sofreír durante unos 5 minutos. Abrir al vapor, con un poco de agua,  los mejillones y las almejas. Una vez abiertos, incorporar al sofrito y remover para que se impregnen de la salsa. Colar el agua de la cocción del marisco y reservar. Cocer los espaguetis en abundante agua e incorporar el agua de la cocción del marisco que habíamos reservado. Escurrir los espaguetis y mezclarlos con la salsa. Servir.  









martes, 2 de enero de 2024

01242 Las Focaccias

 PARIENTE ITALIANA DEL BOCADILLO


Aunque ya conocía la focaccia, a través de alguna esporádica ocasión en Madrid, las que hace mi hermana Gemma o las adquiridas en algún supermercado, no fue hasta llegar a Italia, y luego en Cerdeña, cuando disfruté de ella en toda su extensión. Las he probado sencillas y reconocibles, contundentes, e incluso algunas, super deliciosas, difíciles de olvidar y también de adivinar su contenido. La he comido dulce, salada, rellena, a pellizcos, y en cualquier momento del día. Siempre apetecible.

Sus combinaciones son innumerables y muy emparentada con la creatividad. Este pan plano, primo hermano de la pizza y emparentado con nuestro tradicional bocadillo, es todo un símbolo de la cocina italiana. No se conoce con exactitud su origen, si bien, los datos que se barajan, hablan de que su nacimiento fue anterior a la popular pizza.

Existen varias leyendas al respecto. Por ejemplo, se atribuye su origen a las zonas costeras del país. El aire salobre impedía que el pan leudara correctamente, dar fermento a la masa con la levadura, y para solucionar este problema, nació la focaccia. Rápidamente, se extendería por todo el país su popularidad. Además, por sus cualidades específicas, que favorece su conservación y almacenamiento durante varias semanas, se convertiría en una comida perfecta para quienes debían embarcarse en alta mar.

Hay otra teoría que señala su origen en la ciudad de Recco. Esta región fue atacada por piratas y sus habitantes tuvieron que sobrevivir sin apenas alimentos. Con los pocos productos que disponían, elaboraron este tipo de pan con lo que lograron vencer al hambre.

Aunque es cierto que la mayoría de las teorías atribuyen que su origen hay que buscarlo en Italia, otras consideran que este invento nació en las civilizaciones de los antiguos etruscos o griegos.

Ingredientes para una focaccia casera básica: 500 gramos de harina de fuerza, 350 ml de agua tibia, 10 gramos de levadura fresca, 10 gramos de sal, 10 ml de aceite de oliva virgen extra y paciencia.

Elaboración: Desmenuzar en un bol la levadura fresca y añadir el agua tibia. Mezclar bien ambos elementos hasta que la levadura se diluya. Añadir la sal y el aceite de oliva. Remover bien. Agregar la harina con un tamizador. Mezclar bien hasta que quede homogénea. Dejar reposar durante unos 20 minutos. Doblar la masa en forma de sobre, desde afuera hacia adentro. Dejar reposar 20 minutos y volver a doblar del mismo modo. Dejar reposar 20 minutos más y volver a doblar. Traspasar la masa a un bol untado con aceite de oliva y dejar en el frigorífico, tapada con un paño, durante 24 horas. Poner papel de horno sobre una bandeja y cubrir con aceite. Poner la masa sobre el papel y extenderla con los dedos; desde el centro hasta los bordes de la bandeja. Hasta aquí sería suficiente para hornear. Si se desea, se puede poner por encima de la masa, romero, aceite de oliva y sal en escamas. Precalentar el horno a 250 grados durante unos 20 minutos, e introducir la masa. Bajar la temperatura a 230 grados y cocinar la focaccia durante unos 20 o 25 minutos.

Focaccia de atún, huevo, toma, lechuga, cebolla, jamón y salsa. Tomada en la Focacceria Milese de Alguero, en Cerdeña.
 




viernes, 24 de noviembre de 2023

01215 El Pane Guttiau

PANE CARASAU



La primera vez que probé el pane guttiau fue, hace un par de años, en el restaurante que el cocinero italiano Matteo de Filippo regenta en el Mercado de la Paz de la capital de España. Me llamó la atención el nombre, además de su delgado aspecto y crujir, a tenor de lo que podía observar en una mesa de comensales contigua a la que yo me encontraba con mi familia.

Fue servido a modo de entrante y la verdad es que me dejó un poco indiferente. Se dejaba comer, pero nada del otro mundo. Sin pena ni gloria. Satisfecha la curiosidad, sin más. Luego vendría todo lo demás y sería otro cantar. Comimos de vicio. Del todo recomendable. Pero bueno, a lo que iba.

En el mes de octubre volví en viaje familiar a la isla de Cerdeña, que tan grato recuerdo me dejó en mi primer viaje hace cinco años. Necesitaba disfrutar de esa estancia y ya lo creo que lo conseguí. Fueron unos días inolvidables y de los que hice acopio de un buen número de cosas que me gustan y que iré desgranando en este caleidoscopio vital.

El caso es que del pane guttiau ni me acordaba. Regresó a mi memoria en la primera comida que hicimos en la isla. En esta ocasión, no lo pedimos. Nos lo sirvieron con otros panes a la par que las bebidas. Teníamos hambre y empezamos a pellizcar el crujiente pan. Aunque entraba solo, me siguió pareciendo un pan sin fundamento. Sí, muy atractivo a la vista y crujiente, pero sin gracia al paladar. No obstante, y a pesar de lo cual, no quedó ni una miguita de muestra.

En días sucesivos, allí donde íbamos a comer, éramos recibidos con el pane guttiau que nos hacía la espera más llevadera. Llegamos a cogerle tanto “afecto”, que en una ocasión que no nos lo sirvieron, lo echamos en falta. Entraba solo y se había convertido en todo un ritual en nuestras comidas.

De vez en cuando, entrábamos en algún supermercado para aprovisionar nuestras cenas en el apartamento e ir echando un ojo a aquellos alimentos susceptibles de llevarnos al regreso a casa cuando se acabara este fantástico viaje. Todo era apetitoso, especialmente, lo concerniente al atractivo mundo de las pastas, salsas y quesos.

El panettone, dulce típico de la Navidad italiana, comenzaban ya a hacer acto de presencia en las zonas notables de los supermercados y en la sección de la panadería, cajas y bolsas, bolsas y cajas de pane guttiau. Ni en mi anterior visita a Cerdeña, ni en mi viaje a Italia del año pasado, me llamó la atención. Pero en esta ocasión, difícilmente me pasó inadvertido.

En una ocasión, a la salida de un supermercado, nos sentamos a tomar un café y descansar así de nuestro trajín. Aproveché ese momento de relax para interesarme por el pane guttiau.

Es muy similar al pane carasau, típico de Cerdeña, pero enriquecido con aceite de oliva virgen y sal. También es conocido como “carta de música” en italiano, cuyo significado es el de “hoja de música”, en referencia a su forma grande y de papel delgado. Se dice que es tan delgado que, antes de cocinar, se puede leer una partitura a través de él.

“En su origen, llevaba tanto trabajo entre amasado, formado y aplanado en discos -que después se apilaban, separados por tejidos de lino o lana- que se acostumbraba a necesitar tres personas para elaborarla. Para prender el horno se utilizaba madera de roble, y la cocción empezaba habitualmente al amanecer”. Se trata de un pan que nació como alimento de larga duración para los pastores trashumantes de Cerdeña. Antiguamente, de hecho, todas las familias sardas lo preparaban en grandes cantidades y lo almacenaban en cofres. Según pude leer, “por respeto a la tradición, los únicos cambios que se han hecho en la elaboración de este pan desde el inicio de los tiempos son mecánicos, sin añadidos o mejorantes panarios. La materia prima es harina y sémola de trigo duro".

El proceso sigue siendo el mismo: cocido originalmente durante unos segundos en un horno de leña y elaborado con agua, sal, levadura y sémola de trigo duro refinado, o más comúnmente con cebada o harinas integrales mixtas, ricas en salvado.

La receta actual del pan carasau prácticamente no ha cambiado, aunque la gente tiende a preparar la masa a máquina y a hornearla en hornos eléctricos o de gas. Su elaboración consta de cuatro etapas: primero se deja elevar la masa, luego se cuece en el horno, donde se hincha como un globo; a continuación, se divide en dos mitades, aún calientes y, finalmente, se vuelve a meter en el horno para la etapa de tostado, en sardo "carasadura", de la que toma su nombre el producto acabado. El resultado es una masa crujiente que conserva su frescura durante mucho tiempo.

Leí también que se encontraron restos de este tipo de pan en excavaciones arqueológicas de nuraghes, construcciones tradicionales sardas de piedra y, por tanto, ya se comía en la isla con anterioridad al 1000 a.c.

Para degustar una de las mejores versiones del pan carasau, hay que visitar Fonni, el pueblo más alto de Cerdeña. Rodeado de bosques centenarios y restos prehistóricos, el municipio de Nuoro se encuentra en la ladera norte del Gennargentu, en el centro de la isla. “Fonni es la ciudad ideal, no solo para realizar excursiones por la naturaleza y la arqueología, sino también para conocer las auténticas tradiciones artesanales y gastronómicas, ya que es hogar de una de las panaderías icónicas en la producción de pan de carasau: el Horno Sunalle”.

El viaje lo teníamos milimétricamente detallado y Fonni nos quedaba muy lejos. Esto me hizo pensar que sería la excusa para visitar por tercera vez la isla de Cerdeña.

 

 

 

 

 





jueves, 23 de noviembre de 2023

01214 La Pasta Fresca Rellena

¡FASCINANTE!


Otro de los mundos fascinantes que nos depara la gastronomía; la pasta fresca rellena. Y digo que es un mundo, porque es tal la variedad de formas y rellenos que, inclinarte por una u otra opción, para mí siempre es un dilema. Aunque también es cierto que, como me gustan todas las formas y sus posibles rellenos, al final es una cuestión de lo que, en el momento de la elección, te pida el cuerpo.

Aunque siempre he sido muy inconformista, y así me ha ido en la vida, en materia gastronómica, me considero un hombre de buen conformar. Si tengo la posibilidad de elegir, me inclino más por una buena pasta fresca al huevo que por una pasta seca, rellena y deshidratada. Y en cuanto a las salsas de acompañamiento, todas me van bien también. No obstante, si puedo elegir, me inclino por las que llevan algún queso.

Hasta la fecha, las pastas rellenas frescas que he podido llegar a probar, con distintos rellenos, son las siguientes:

Cappelletti o “sombreritos”; una pasta que en la región italiana de Emilia-Romaña se toma en sopa, además de ser un plato típico navideño de la zona de Bolonia. Muy parecidos a estos son los Medaglioni, aunque algo más grandes. Son como una especie de raviolis planos y enormes. Su traducción al castellano es “medallones”. A mí me encantan, simplemente a la plancha. Sin acompañamiento alguno. Sabrosos y crujientes.

Como no, los super populares ravioli. Quizás se trate de la pasta rellena más tradicional. Acostumbran a ir rellenos de carne. Primos hermanos de estos están los raviolazzi. Son grandes y habitualmente van rellenos de carne, setas o queso. Se acompañan con salsa de tomate o ragú.

Los tortellini que, junto a los raviolis, son los más consumidos. Tienen forma de anillo y acostumbran a ir rellenos de carne picada o queso. Se sirven con tomate, diversas salsas y hasta con cremas.

Todavía me falta por probar alguna que otra variedad, pero todo se andará.

De momento, comparto aquí unos Medaglionis rellenos de setas y acompañados con una salsa de queso. ¡Un escándalo!

Ingredientes para 4 personas: 600 gramos de medaglionis frescos rellenos de setas, 200 gramos de queso azul, 100 gramos de nata para cocinar, 2 cucharadas de mantequilla, 1 cebolla grande, sal, pimienta y orégano.

Elaboración: Pelar, trocear muy fina y rehogar la cebolla en una sartén con mantequilla. Cuando la cebolla comience a dorarse, incorporar la nata, salpimentar y cocinar durante un minuto. Desmenuzar el queso e incorporarlo a la sartén con la cebolla y la nata, y dejar cocer a fuego medio hasta que la salsa adquiera un aspecto cremoso. Reservar. Cocer los raviolis, siguiendo las indicaciones del fabricante y escurrir. Repartir en los platos e incorporar sobre ellos la salsa de queso y el orégano.

 




martes, 14 de noviembre de 2023

01208 El Panettone

 EL DULCE DE LA NAVIDAD ITALIANA


Conocía de su existencia y de su tradición en Italia, pero hasta hace un par de años, no tuve la oportunidad de saborear y de disfrutar de esta delicia. Fue Gloria, quien un día, previo a las navidades, se presentó en casa con un panettone. Lo trajo, por curiosidad, y llegó para quedarse y formar parte también de nuestras tradiciones navideñas. Además, casualidades de la vida, mi hija pequeña, Jara, estuvo con el programa educativo Erasmus en la localidad de Remini, dependiente en materia universitaria de la Universidad de Bolonia. Tan grato recuerdo nos dejó aquel primer dulce que, en su visita a casa por Navidad, le pedimos que nos trajera un panettone. Recientemente, hicimos un viaje familiar a la hermosa isla de Cerdeña y huelga decir, que vinimos con varios ejemplares de este dulce italiano, procedente de Milán.

Dicho todo esto, en honor a la verdad, cuando lo vi en la mesa por primera vez, no me hizo gracia alguna. Olía muy bien, sí, tenía muy buen aspecto, sí, pero eso de que estuviese relleno de pasas y de frutas confitadas, no me invitaba mucho. Me hubiese apetecido más con pepitas de chocolate. No obstante, no sería yo quien le quitara la ilusión a Gloria por tal “hallazgo” en un supermercado en Huesca. Pensé en probarlo, mínima porción, quitándole los “tropezones” que me salieran al paso y misión cumplida. Pero lo cierto, es que me encantó, hasta el punto de repetir y volver a repetir. Me pareció un dulce sensacional, además de original. Tanto nos gustó a todos en casa que, a los pocos días, Gloria compró otro panettone, que duró un abrir y cerrar de ojos.

El panettone es un pan dulce y su masa es muy similar a la del brioche. Aunque en la actualidad se puede encontrar este dulce con variados rellenos, el original lleva pasas y frutas confitadas. Con forma cilíndrica, acaba en su parte superior en una especie de cúpula y alcanza unos 15 centímetros de altura. Acostumbra a servirse acompañado de vinos dulces o de chocolate caliente.

El origen de este dulce navideño italiano es muy incierto y no le faltan leyendas, si bien todo apunta a que nació en Milán. Se cuenta que surgió por accidente. En el siglo XV, durante una comida navideña en la mansión de un duque milanés, al cocinero se le quemó el postre en el horno. Un sirviente, llamado Toni, para arreglar el desaguisado, improvisó un pan dulce con los ingredientes que en ese momento tenía a mano y que no fueron otros que huevos, harina, manteca, cítricos y uvas. Tuvo tanto éxito y fue tan rápida su difusión, que los habitantes de Milán comenzaron a pedirlo en las panaderías como el “pan di Toni” y que más tarde derivaría en la abreviación “panettone”.

Existe otra leyenda más romántica que sitúa el origen del panettone a finales del siglo XV. Un joven aristócrata llamado Ughetto Atellani de Futi, se enamoró de la hija de un pastelero de Milán y para demostrarle su amor decidió hacerse pasar por aprendiz de pastelero e inventó un pan azucarado con forma de cúpula con muchas frutas confitadas y con aroma de limón y naranja. Su invención tuvo tal éxito que los milaneses acudían a la pastelería a pedir el "pan de Toni" (así se llamaba el ayudante), y de ahí algunos aseguran que viene el nombre del actual panettone.

En cuanto a su receta y forma de elaboración, me parece todo un mundo. Nos podemos encontrar con recetas aparentemente fáciles (desconozco su resultado final) y otras algo más complejas y artesanales. Me he pasado la tarde bien entretenida mirando recetas y vídeos de cómo hacer un panettone. Y he llegado a una conclusión: rico es un rato largo, al igual que larga y delicada es su elaboración. Así, que ya anticipo que en la vida haré un panettone. ¡Qué follón! No obstante, dejo un enlace que me ha gustado y nos da una idea de su complejidad   https://www.guiarepsol.com/es/comer/recetas/receta-de-panettone-con-frutas-por-jose-romero/