CON SALMÓN
martes, 24 de marzo de 2026
01731 Los Ñoquis
lunes, 21 de abril de 2025
01646 Los Espaguetis Negros con Langostinos
NUNCA SE DEBE DEJAR A UN VIAJERO SIN COMER
martes, 9 de julio de 2024
01394 Los Tagliatelle
CON PESTO
Salvo alguna rara excepción, y esta que traigo en esta
ocasión es una de ellas, todas las recetas o alimentos aquí recogidos en este
caleidoscopio vital, tienen alguna pequeña historia detrás. No tengo ni la más
remota idea de cuándo aparecieron en mi vida las tagliatelle, uno de los más 300
tipos de pasta italiana que se conocen. Solo sé que me gustan, que me resultan
muy agradables al comer y, sobre todo, si están preparados con pesto.
Esta pasta, por lo que he podido leer, tiene su origen en la
región de Emilia-Romaña. Pertenece a la familia de las pastas largas, es plana,
mide entre 8 milímetros y 1 centímetro de ancho, y en España son más conocidas
popularmente como tallarines o cintas. Dependiendo de su anchura y otros
aspectos, reciben distintos nombres como el fetuccine, más finos, por ejemplo, que el pappardalle, que
llama la atención por su tamaño.
Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de tagliatelle, 250
gramos de salchichas frescas sin piel, 5 cucharadas soperas de salsa de tomate
frito, orégano seco y pimienta negra molida. Para la elaboración del pesto: 6
pimientos del piquillo, 6 tomates deshidratados, 80 gramos de queso de queso ricotta,
2 dientes de ajo, 1 guindilla, aceite de oliva virgen extra, 50 gramos de queso
pecorino, sal y pimienta.
Elaboración: Preparar la salsa de pesto. Para ello,
trituramos todos los ingredientes que componen la salsa, ayudados de un brazo
de cocina, hasta conseguir una crema. Reservar. Freír en una sartén las
salchichas sin piel y desmenuzadas con un poco de aceite y cuando comiencen a dorarse
la carne, añadir el pesto junto con las 5 cucharadas soperas de salsa de tomate
frito. Poner la pasta a cocer y cuando esté al punto, siguiendo las instrucciones
del fabricante, incorporarla a la salsa. Remover, intentando que la pasta no se
trocee. Espolvorear por encima orégano seco y pimienta molida.
Aunque la receta original no lleva queso rallado para
coronar el plato, se puede añadir, si es la costumbre del comensal. Aunque los
italianos dicen que es un “pecado”, en casa acostumbramos a incorporar el queso
rallado. Perdón.
viernes, 3 de mayo de 2024
01330 Los Espaguetis con Pesto Rosso
OTRA DELICIA ITALIANA
sábado, 23 de marzo de 2024
01302 La Frittata de Espaguetis
OTRA DELICIA ITALIANA
La gastronomía, más allá de cumplir con su principal
objetivo, que no es otro que el de alimentar, tiene otras muchas virtudes y
bondades. Por enumerar algunas; entretiene, sorprende, llegado el caso sirve
como terapia, es imaginativa hasta el punto de convertirse en arte, es
disfrute, asombra y no tiene límites.
Ingredientes: Espaguetis que sobren de la comida, huevos en
función de la cantidad de espaguetis y de los crujiente o esponjosa que se
desee y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración: Calentar en una sartén aceite de oliva, el
suficiente como para hacer un sofrito. Añadir la pasta y dejar que se sofría bien
por todos los lados. Batir los huevos. Añadir la pasta sofrita a los huevos
batidos y mezclar bien. Verter de nuevo a la sartén caliente y proceder a
cocinar como si de una tortilla de patatas se tratara. Cuando esté cuajada por
debajo, dar la vuelta. Intentar que la tortilla quede dorada, pero sin quemar.
sábado, 9 de marzo de 2024
01289 Los Pimientos a la Siciliana
LA VERSATILIDAD EN EL PLATO
| Pimientos a la siciliana con berenjenas rebozadas y morcilla |
jueves, 7 de marzo de 2024
01286 Los Embutidos y Quesos con Taralli
¡QUÉ GOZADA!
martes, 27 de febrero de 2024
01277 El Tomate Deshidratado
SIEMPRE EN LA DESPENSA
No hace muchos años que descubrí los tomates deshidratados.
Me encantaron, además de comprobar que son unos grandes aliados en la cocina. Desde
entonces, siempre he tenido algunos botes dispuestos en la despensa para un “nunca
se sabe”.
Habitualmente los consumimos en casa como condimento o
aderezo en los platos de pasta o ensaladas. También como aperitivo con un queso
fresco tipo mozzarella, feta o de rulo de cabra o en tostadas junto a unas
anchoas, bonito o sardinillas. Aunque no les sacamos todo el provecho, todo se
andará, poco a poco los vamos incorporando a otras propuestas gastronómicas,
sobre todo aquellas que vienen de Italia, donde son unos expertos en esta materia.
Allí se les conoce como “pomodori secchi” o “pomodori essiccati”.
Durante el proceso de secado, que dura algunos días, los
tomates pierden su volumen y se arrugan. Queda una textura reseca por la parte
no expuesta al sol y algo más carnosa por la cara oculta, manteniendo las
semillas. Después se envasan al vacío o en botes esterilizados, aunque resultan
más prácticos en conserva con aceite de oliva y algunas hierbas aromáticas.
Salvo en rara ocasiones, en casa acostumbramos a consumir
los tomates deshidratados en conserva con aceite de oliva. Resultan más
cómodos, pues no hay que desalarlos ni hidratarlos. Tal cual salen del frasco,
van directamente al plato ideado.
Para mí, la verdad que es un mundo este del tomate
deshidratado, al que poco a poco le voy cogiendo el tranquillo, que no el
gusto, pues me encantan de cualquier manera.
Las imágenes que ilustran esta entrada se corresponden con una
ensalada a base de diferentes tipos de lechuga, mozzarella, tomate deshidratado
y conservado en aceite de oliva, y un poco de aceite, vinagre y sal. El sabor
que el tomate le confiere a la ensalada es excepcional.
jueves, 15 de febrero de 2024
01267 Los Taralli
ENGANCHE TOTAL
Despejad la cocina que vamos a hacer unos taralli. Me
encantan los taralli italianos y sobre todo, me divierte elaborarlos en casa.
Los probé por primera vez no hace muchos años y desde entonces, siempre ha
habido en nuestra despensa. O los compramos o los preparamos en casa. Si se
trata de la segunda opción, hay que echarle ganas, tiempo, paciencia y que nada
entorpezca en la cocina. Y es que tienen su aquel.
Los taralli italianos son como nuestros picos de pan o
regañas andaluzas, pero más tiernos y, para mi gusto, más sabrosos, dadas las
posibilidades que admite a la hora de elaborarlos. Aunque la base para su
elaboración es similar (harina, aceite y vino), se personalizan de cientos de
formas, según su autor o de la región italiana de donde procedan. En Italia se
acostumbra a tomarlos para acompañar un vino, un queso o unos embutidos. A mí,
sin acompañamiento alguno, me parecen una delicia y, sobre todo, si tienen un
toque picante.
Me voy a atrever a dar un consejo, yo que no acostumbro a dar. Si llegas a leer estas líneas y finalmente te decides a elaborar unos
taralli, no escatimes en hacer una buena cantidad, para luego no tener que arrepentirte.
Lo digo por experiencia. Una vez que te pones…
Elaboración: Introducir en un bol todos los ingredientes por
este orden: harina, vino, aceite, sal, salsa de tomate, orégano y la guindillas
o cayenas desmenuzadas. Remover y amasar hasta obtener una masa homogénea y
elástica. Envolver la masa en papel film transparente y dejar reposar en el
frigorífico durante unos 30 minutos. Volver a amasar. Cortar pequeñas porciones
de masa y con las palmas de las manos, obtener churros alargados del grosor del
dedo meñique. Obtenido el churro, coger trocitos de entre diez y quince
centímetros y enrollar la masa sobre sí misma, dejando un agujero en el medio.
Acabada la masa, llenar una olla con abundante agua y echar un puñado de sal. Llevar
a ebullición y echar los taralli en tandas, no demasiados a la vez. Remover suavemente
con una espumadera de abajo hacia arriba y sacarlos del agua una vez que suban
a la superficie. Colocar los taralli sobre un paño de cocina, bien distanciados
entre ellos, y dejar secar un par de horas, dándoles la vuelta cuando lleven
sesenta minutos secándose. Colocar los taralli en una bandeja de horno, también
bien separados, e introducir en el horno precalentado a 170 grados centígrados
durante unos 40 minutos o hasta ver que queden dorados. Antes de sacarlos
definitivamente del horno, probar uno para comprobar que haya quedado
crujiente. Dejar enfriar y guardar en un bote o caja metálica.
lunes, 29 de enero de 2024
01254 Los Tortellinis con Queso
"PINCHADOS DE TRES EN TRES"
Siempre son un acierto si, como a
mí, se disfruta con la pasta y se es un aficionado al queso. Habitualmente, los
tortellini acostumbro a tomarlos con una picada de ajos, aceite y sal. Es mi
manera exprés de cocinarlos, además de ser un plato muy socorrido. Pero si quiero
disfrutar al máximo, es cuando me vengo arriba, y pongo en práctica una receta
que aprendí en un libro dedicado a la pasta que compré hace muchos, muchos años, y cuyo resultado es excepcional: tortellini a los cuatro quesos. Hay un montón
de variedades al respecto, pero esta es la que, desde que me gusta la cocina, siempre cuento con ella. Los tortellini pueden ser de carne o de queso; de
cualquier manera están buenísimos. En esta ocasión, propongo que sean de carne y “pinchados de tres en tres”. Lo dicho, una de mis muchas manías que todavía conservo.
domingo, 14 de enero de 2024
01249 Espaguetis a la Pescadora
SPAGHETTI ALLA PESCATORA
martes, 2 de enero de 2024
01242 Las Focaccias
PARIENTE ITALIANA DEL BOCADILLO
Aunque ya conocía la focaccia, a través de
alguna esporádica ocasión en Madrid, las que hace mi hermana Gemma o las
adquiridas en algún supermercado, no fue hasta llegar a Italia, y luego en
Cerdeña, cuando disfruté de ella en toda su extensión. Las he probado sencillas
y reconocibles, contundentes, e incluso algunas, super deliciosas, difíciles de
olvidar y también de adivinar su contenido. La he comido dulce, salada, rellena, a
pellizcos, y en cualquier momento del día. Siempre apetecible.
Sus combinaciones son innumerables y muy emparentada con la
creatividad. Este pan plano, primo hermano de la pizza y emparentado con
nuestro tradicional bocadillo, es todo un símbolo de la cocina italiana. No se
conoce con exactitud su origen, si bien, los datos que se barajan, hablan de
que su nacimiento fue anterior a la popular pizza.
Existen varias leyendas al respecto. Por ejemplo, se
atribuye su origen a las zonas costeras del país. El aire salobre impedía que
el pan leudara correctamente, dar fermento a la masa con la levadura, y para
solucionar este problema, nació la focaccia. Rápidamente, se extendería por
todo el país su popularidad. Además, por sus cualidades específicas, que
favorece su conservación y almacenamiento durante varias semanas, se
convertiría en una comida perfecta para quienes debían embarcarse en alta mar.
Hay otra teoría que señala su origen en la ciudad de Recco.
Esta región fue atacada por piratas y sus habitantes tuvieron que sobrevivir
sin apenas alimentos. Con los pocos productos que disponían, elaboraron este
tipo de pan con lo que lograron vencer al hambre.
Aunque es cierto que la mayoría de las teorías atribuyen que
su origen hay que buscarlo en Italia, otras consideran que este invento nació
en las civilizaciones de los antiguos etruscos o griegos.
Elaboración: Desmenuzar en un bol la levadura fresca y añadir
el agua tibia. Mezclar bien ambos elementos hasta que la levadura se diluya.
Añadir la sal y el aceite de oliva. Remover bien. Agregar la harina con un
tamizador. Mezclar bien hasta que quede homogénea. Dejar reposar durante unos
20 minutos. Doblar la masa en forma de sobre, desde afuera hacia adentro. Dejar
reposar 20 minutos y volver a doblar del mismo modo. Dejar reposar 20 minutos
más y volver a doblar. Traspasar la masa a un bol untado con aceite de oliva y
dejar en el frigorífico, tapada con un paño, durante 24 horas. Poner papel de
horno sobre una bandeja y cubrir con aceite. Poner la masa sobre el papel y
extenderla con los dedos; desde el centro hasta los bordes de la bandeja. Hasta
aquí sería suficiente para hornear. Si se desea, se puede poner por encima de
la masa, romero, aceite de oliva y sal en escamas. Precalentar el horno a 250
grados durante unos 20 minutos, e introducir la masa. Bajar la temperatura a
230 grados y cocinar la focaccia durante unos 20 o 25 minutos.
| Focaccia de atún, huevo, toma, lechuga, cebolla, jamón y salsa. Tomada en la Focacceria Milese de Alguero, en Cerdeña. |
viernes, 24 de noviembre de 2023
01215 El Pane Guttiau
PANE CARASAU
La primera vez que probé el pane guttiau fue, hace un par de
años, en el restaurante que el cocinero italiano Matteo de Filippo regenta en
el Mercado de la Paz de la capital de España. Me llamó la atención el nombre,
además de su delgado aspecto y crujir, a tenor de lo que podía observar en una
mesa de comensales contigua a la que yo me encontraba con mi familia.
Fue servido a modo de entrante y la verdad es que me dejó un
poco indiferente. Se dejaba comer, pero nada del otro mundo. Sin pena ni
gloria. Satisfecha la curiosidad, sin más. Luego vendría todo lo demás y sería
otro cantar. Comimos de vicio. Del todo recomendable. Pero bueno, a lo que iba.
En el mes de octubre volví en viaje familiar a la isla de
Cerdeña, que tan grato recuerdo me dejó en mi primer viaje hace cinco años.
Necesitaba disfrutar de esa estancia y ya lo creo que lo conseguí. Fueron unos
días inolvidables y de los que hice acopio de un buen número de cosas que me
gustan y que iré desgranando en este caleidoscopio vital.
El caso es que del pane guttiau ni me acordaba. Regresó a mi
memoria en la primera comida que hicimos en la isla. En esta ocasión, no lo
pedimos. Nos lo sirvieron con otros panes a la par que las bebidas. Teníamos
hambre y empezamos a pellizcar el crujiente pan. Aunque entraba solo, me siguió
pareciendo un pan sin fundamento. Sí, muy atractivo a la vista y crujiente,
pero sin gracia al paladar. No obstante, y a pesar de lo cual, no quedó ni una
miguita de muestra.
En días sucesivos, allí donde íbamos a comer, éramos
recibidos con el pane guttiau que nos hacía la espera más llevadera. Llegamos a
cogerle tanto “afecto”, que en una ocasión que no nos lo sirvieron, lo echamos
en falta. Entraba solo y se había convertido en todo un ritual en nuestras comidas.
De vez en cuando, entrábamos en algún supermercado para
aprovisionar nuestras cenas en el apartamento e ir echando un ojo a aquellos alimentos
susceptibles de llevarnos al regreso a casa cuando se acabara este fantástico viaje.
Todo era apetitoso, especialmente, lo concerniente al atractivo mundo de las
pastas, salsas y quesos.
En una ocasión, a la salida de un supermercado, nos sentamos
a tomar un café y descansar así de nuestro trajín. Aproveché ese momento de relax
para interesarme por el pane guttiau.
Es muy similar al pane carasau, típico de Cerdeña, pero
enriquecido con aceite de oliva virgen y sal. También es conocido como “carta
de música” en italiano, cuyo significado es el de “hoja de música”, en referencia
a su forma grande y de papel delgado. Se dice que es tan delgado que, antes de
cocinar, se puede leer una partitura a través de él.
“En su origen, llevaba tanto trabajo entre amasado, formado
y aplanado en discos -que después se apilaban, separados por tejidos de lino o
lana- que se acostumbraba a necesitar tres personas para elaborarla. Para prender el
horno se utilizaba madera de roble, y la cocción empezaba habitualmente al
amanecer”. Se trata de un pan que nació como alimento de larga duración para
los pastores trashumantes de Cerdeña. Antiguamente, de hecho, todas las
familias sardas lo preparaban en grandes cantidades y lo almacenaban en cofres.
Según pude leer, “por respeto a la tradición, los únicos cambios que se han
hecho en la elaboración de este pan desde el inicio de los tiempos son
mecánicos, sin añadidos o mejorantes panarios. La materia prima es harina y
sémola de trigo duro".
El proceso sigue siendo el mismo: cocido
originalmente durante unos segundos en un horno de leña y elaborado
con agua, sal, levadura y sémola de trigo duro refinado, o más comúnmente con
cebada o harinas integrales mixtas, ricas en salvado.
La receta actual del pan carasau prácticamente no
ha cambiado, aunque la gente tiende a preparar la masa a máquina y a hornearla
en hornos eléctricos o de gas. Su elaboración consta de cuatro etapas: primero
se deja elevar la masa, luego se cuece en el horno, donde se hincha como un
globo; a continuación, se divide en dos mitades, aún calientes y, finalmente,
se vuelve a meter en el horno para la etapa de tostado, en sardo
"carasadura", de la que toma su nombre el producto acabado. El
resultado es una masa crujiente que conserva su frescura durante mucho tiempo.
Leí también que se encontraron restos de este tipo de pan en
excavaciones arqueológicas de nuraghes, construcciones tradicionales
sardas de piedra y, por tanto, ya se comía en la isla con anterioridad al 1000 a.c.
Para degustar una de las mejores versiones del pan
carasau, hay que visitar Fonni, el pueblo más alto de Cerdeña.
Rodeado de bosques centenarios y restos prehistóricos, el municipio de Nuoro se
encuentra en la ladera norte del Gennargentu, en el centro de la isla. “Fonni
es la ciudad ideal, no solo para realizar excursiones por la naturaleza y la
arqueología, sino también para conocer las auténticas tradiciones artesanales y
gastronómicas, ya que es hogar de una de las panaderías icónicas en la
producción de pan de carasau: el Horno Sunalle”.
El viaje lo teníamos milimétricamente detallado y Fonni nos
quedaba muy lejos. Esto me hizo pensar que sería la excusa para visitar por
tercera vez la isla de Cerdeña.
jueves, 23 de noviembre de 2023
01214 La Pasta Fresca Rellena
¡FASCINANTE!
Otro de los mundos fascinantes que nos depara la
gastronomía; la pasta fresca rellena. Y digo que es un mundo, porque es tal la
variedad de formas y rellenos que, inclinarte por una u otra opción, para mí
siempre es un dilema. Aunque también es cierto que, como me gustan todas las
formas y sus posibles rellenos, al final es una cuestión de lo que, en el
momento de la elección, te pida el cuerpo.
Aunque siempre he sido muy inconformista, y así me ha ido en
la vida, en materia gastronómica, me considero un hombre de buen conformar. Si
tengo la posibilidad de elegir, me inclino más por una buena pasta fresca al
huevo que por una pasta seca, rellena y deshidratada. Y en cuanto a las salsas
de acompañamiento, todas me van bien también. No obstante, si puedo elegir, me
inclino por las que llevan algún queso.
Hasta la fecha, las pastas rellenas frescas que he podido
llegar a probar, con distintos rellenos, son las siguientes:
Como no, los super populares ravioli. Quizás se trate de la
pasta rellena más tradicional. Acostumbran a ir rellenos de carne. Primos hermanos
de estos están los raviolazzi. Son grandes y habitualmente van rellenos de
carne, setas o queso. Se acompañan con salsa de tomate o ragú.
Los tortellini que, junto a los raviolis, son los más
consumidos. Tienen forma de anillo y acostumbran a ir rellenos de carne picada
o queso. Se sirven con tomate, diversas salsas y hasta con cremas.
Todavía me falta por probar alguna que otra variedad, pero
todo se andará.
De momento, comparto aquí unos Medaglionis rellenos de setas
y acompañados con una salsa de queso. ¡Un escándalo!
Ingredientes para 4 personas: 600 gramos de medaglionis
frescos rellenos de setas, 200 gramos de queso azul, 100 gramos de nata para
cocinar, 2 cucharadas de mantequilla, 1 cebolla grande, sal, pimienta y orégano.
Elaboración: Pelar, trocear muy fina y rehogar la cebolla en
una sartén con mantequilla. Cuando la cebolla comience a dorarse, incorporar la
nata, salpimentar y cocinar durante un minuto. Desmenuzar el queso e
incorporarlo a la sartén con la cebolla y la nata, y dejar cocer a fuego medio
hasta que la salsa adquiera un aspecto cremoso. Reservar. Cocer los raviolis, siguiendo
las indicaciones del fabricante y escurrir. Repartir en los platos e incorporar
sobre ellos la salsa de queso y el orégano.
martes, 14 de noviembre de 2023
01208 El Panettone
EL DULCE DE LA NAVIDAD ITALIANA
Conocía de su existencia y de su tradición en Italia, pero
hasta hace un par de años, no tuve la oportunidad de saborear y de disfrutar de
esta delicia. Fue Gloria, quien un día, previo a las navidades, se presentó en
casa con un panettone. Lo trajo, por curiosidad, y llegó para quedarse y formar
parte también de nuestras tradiciones navideñas. Además, casualidades de la vida,
mi hija pequeña, Jara, estuvo con el programa educativo Erasmus en la localidad
de Remini, dependiente en materia universitaria de la Universidad de Bolonia.
Tan grato recuerdo nos dejó aquel primer dulce que, en su visita a casa por
Navidad, le pedimos que nos trajera un panettone. Recientemente, hicimos un
viaje familiar a la hermosa isla de Cerdeña y huelga decir, que vinimos con varios
ejemplares de este dulce italiano, procedente de Milán.
Dicho todo esto, en honor a la verdad, cuando lo vi en la
mesa por primera vez, no me hizo gracia alguna. Olía muy bien, sí, tenía muy buen
aspecto, sí, pero eso de que estuviese relleno de pasas y de frutas confitadas, no
me invitaba mucho. Me hubiese apetecido más con pepitas de chocolate. No
obstante, no sería yo quien le quitara la ilusión a Gloria por tal “hallazgo” en
un supermercado en Huesca. Pensé en probarlo, mínima porción, quitándole los “tropezones”
que me salieran al paso y misión cumplida. Pero lo cierto, es que me encantó, hasta
el punto de repetir y volver a repetir. Me pareció un dulce sensacional, además
de original. Tanto nos gustó a todos en casa que, a los pocos días, Gloria compró
otro panettone, que duró un abrir y cerrar de ojos.
El origen de este dulce navideño italiano es muy incierto y
no le faltan leyendas, si bien todo apunta a que nació en Milán. Se cuenta que surgió por accidente. En el siglo XV, durante una comida navideña
en la mansión de un duque milanés, al cocinero se le quemó el postre en el
horno. Un sirviente, llamado Toni, para arreglar el desaguisado, improvisó un
pan dulce con los ingredientes que en ese momento tenía a mano y que no fueron
otros que huevos, harina, manteca, cítricos y uvas. Tuvo tanto éxito y fue tan
rápida su difusión, que los habitantes de Milán comenzaron a pedirlo en las panaderías
como el “pan di Toni” y que más tarde derivaría en la abreviación “panettone”.
Existe otra leyenda más romántica que sitúa el origen del
panettone a finales del siglo XV. Un joven aristócrata llamado Ughetto Atellani
de Futi, se enamoró de la hija de un pastelero de Milán y para demostrarle su
amor decidió hacerse pasar por aprendiz de pastelero e inventó un pan azucarado
con forma de cúpula con muchas frutas confitadas y con aroma de limón y naranja.
Su invención tuvo tal éxito que los milaneses acudían a la pastelería a pedir
el "pan de Toni" (así se llamaba el ayudante), y de ahí algunos
aseguran que viene el nombre del actual panettone.
En cuanto a su receta y forma de elaboración, me parece todo un mundo. Nos podemos encontrar con recetas aparentemente fáciles (desconozco su resultado final) y otras algo más complejas y artesanales. Me he pasado la tarde bien entretenida mirando recetas y vídeos de cómo hacer un panettone. Y he llegado a una conclusión: rico es un rato largo, al igual que larga y delicada es su elaboración. Así, que ya anticipo que en la vida haré un panettone. ¡Qué follón! No obstante, dejo un enlace que me ha gustado y nos da una idea de su complejidad https://www.guiarepsol.com/es/comer/recetas/receta-de-panettone-con-frutas-por-jose-romero/
