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martes, 28 de julio de 2026

01761 El Sucedáneo de Caviar

 PARA LAS ESPERAS


Hubo un tiempo, no muy remoto, que cuando trabajaba me esperaban en casa para comer. Ahora, en mi época jubilar, soy yo quien tiene que esperar para sentarse a la mesa. Es una de esas leyes no escrita de la vida. Hay días que los llevo mejor que otros. Habitualmente, para hacer más leve la espera, me entretengo bajando a Humphrey a la calle, leyendo la prensa, alimentando este blog o recogiendo; siempre hay algo que recoger y ordenar. Pero no siempre sirven estos auxilios.

En ocasiones, más de las que a mí me gustaría, mi estómago, a él le echo la culpa, aunque creo que es una excusa, parece que se muestra inquieto y reclama reiteradamente mi atención. Es entonces, cuando se me invita empezar a comer, aun conociendo mi respuesta: “No hasta que venga Jara”, digo. Nos vemos poco durante el día, y este, el de la comida, se me antoja de esos momentos vitales. Hablar de lo que sea, pero hablar. Conocer cómo es y cómo se siente la vida desde otra perspectiva, con 40 años menos. Ser conocedor de lo que pasa en la calle, esa rue que antes tan bien conocía y que ahora me parece ajena. Esa vertiente asocial de la que me he vestido en los últimos años, me ha alejado peligrosamente de la realidad.

Llegado el caso extremo, en ese compás de espera, siempre hay algo que echarse a la boca. Habitualmente, siempre campan por el frigorífico algunos restos de comida de días precedentes. Y si no es así, recurro a una tapa que me parece fascinante: tostaditas de mantequilla con sucedáneo de caviar. Me parece un bocado, para esos momentos de espera, o para cualquier aperitivo o tentempié, francamente delicioso. La cremosidad de la mantequilla y su peculiar sabor en combinación con la sapidez del sucedáneo de caviar, me parece muy seductor. Cuando me aficioné a esta tostada, hace muchos, muchos años, lo “chic” era coronarlo con un chorrito de limón. Con el tiempo acabé por descartarlo, pues el limón se apoderaba de todo y además, reblandecía la tostada.

Mientras estoy escribiendo, me ha venido a la cabeza el día, único día, que llegué a probar el caviar. Fue gracias a mi hermano Antonio en uno de sus entrañables cumpleaños en Bilbao. Probé una cucharadita, sin pan, a palo seco. Me pareció algo increíble ese momento cuando las huevas explotaban en mi boca al ser masticadas, dejando en ella un fondo y un sabor inusuales. No sé, igual aquella cucharadita la tengo en mi memoria excesivamente valorada, pero me pareció algo único e inimitable, y hasta la fecha, irrepetible.

Obviamente, los sucedáneos de caviar son una buena alternativa económica a las inaccesibles, para el común de los mortales, huevas de esturión. Las más habituales son las elaboradas a partir de huevas de mújol, lumpo o arenque ahumado, siendo las más comunes las de lumpo. Se trata de pequeñas huevas, teñidas con colorante, negro o rojo.

Estoy pensando que un par o tres de estas tostadas bien valen una espera o las que hagan falta.

 


Pan de nueces con mantequilla y sucedáneo de caviar
 










lunes, 11 de mayo de 2026

01753 Los Torreznos

 UNA APROXIMACIÓN


Traigo hasta este caleidoscopio vital otro alimento de reciente y para mí, novedosa degustación. Se trata de los torreznos. Los conocía, pero nunca hasta hace muy pocas fechas los había probado. Cuando los he visto en algún bar no me han dado mucha confianza, y aunque alguna tentación he tenido, finalmente no he caído.

Me tenían que gustar sí o también. Ya he comentado en más de una ocasión, que en materia alimentaria pongo muy pocos reparos. Alguno tengo, pero se pueden contar con los dedos de una mano. En el caso del torrezno, sin haberlo probado, sabía que me iba a gustar. Huelga decir que el tocino frito me encanta y acostumbro a usarlo en la cocina con mucha frecuencia, pero el popular torrezno, aún no lo había probado. Fue en un restaurante en Lleida donde constaté lo que ya suponía, que me gustarían. Como no podía ser de otra manera, y tratándose de un restaurante ilerdense, fuimos a comer caracoles. Lo de los torreznos fue una especie de antojo al verlos anunciados en la carta. Y sí, me encantaron. No obstante, por lo que había podido ver en algún reportaje, estos torreznos se parecían en poco a los que yo podía imaginar. E insisto, los que pude probar me gustaron. Ya no podré decir que no los he comido.

Me he interesado por saber algo más de este alimento tan tradicional. Se trata de una “tira de tocino, siempre con su piel, frita, salteada en sartén o tostada en una parrilla”. Al parecer, el origen del torrezno, cuyo nombre proviene del verbo ‘torrar’, se remonta a la época de los romanos, que eran grandes consumidores de cerdo. Entre sus platos favoritos, se encontraba el tocino frito. Fueron ellos quienes introdujeron el tocino frito en España durante la conquista de la península ibérica, para adaptarse rápidamente a las costumbres y tradiciones españolas. “El torrezno se convirtió en un alimento popular en España durante la Edad Media. Era un alimento común entre los campesinos y los trabajadores, ya que era un alimento barato y nutritivo”.

Aunque en la actualidad se consumen y elaboran torreznos en prácticamente toda España, los más populares se encuentran en Ávila, Salamanca, Teruel y Soria. En esta última provincia, el torrezno es todo un símbolo. Tanto es así que en 2010 fabricantes y productores constituyeron una “Marca de Garantía”, gracias a la cual han protegido el torrezno como patrimonio gastronómico de la humanidad por la UNESCO.

En cuanto a su elaboración, he leído varias recetas y, aunque el verbo que las une es el de freír, cada una tiene su aquel y su truquillo. He hecho un compendio y este es el resultado.

Ingredientes: Tiras de panceta curada, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Secar bien la panceta para que se fría mejor y resulte más crujiente. En una sartén un poco grande, calentar aceite de oliva virgen extra, a fuego medio/bajo. Comenzar a freír las tiras de panceta con la corteza hacia abajo durante unos 15 minutos. Retirar y reservar hasta que hayan pasado por la sartén todas las tiras de panceta. Subir la potencia del fuego y freímos los laterales de la panceta hasta que se doren. Retirar, escurrir y sazonar con sal.

Bueno, pues me voy a poner manos a la obra y a ver qué sucede. Me apetece tomar unos torreznos como los que he visto en los reportajes. No sé si sabré sacarle partido a este remix de receta. Lo que tengo claro es que, en mi viaje pendiente a Soria, que todavía no conozco y he oído hablar maravillas, me tomaré unos buenos torreznos, y si puedo, aprovecharé para aprender a cocinarlos bien. Eso espero. De momento, para quitarme el gusanillo me adelantaré con este experimento.




jueves, 16 de abril de 2026

01743 El Ceviche de Berberechos

 GIPSY CHEF, ¡QUÉ DESCUBRIMIENTO!


Se trata de un “plato consistente en carne marinada, -pescado, marisco o ambos-, en aliños cítricos, reconocido por la Unesco como expresión de la cocina tradicional peruana y patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Diferentes versiones de este plato forman parte de la cultura culinaria de diversos países hispanoamericanos litorales del océano Pacífico como Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú. En este último país se lo considera además como plato bandera y patrimonio cultural de la nación”. Sirva lo entrecomillado como carta de presentación del ceviche, plato desconocido para mí hasta hace unos pocos meses.

Había oído hablar de este popular plato, pero no fue hasta un poco antes de las pasadas navidades, cuando tuve la oportunidad de estrenarme en él. No acostumbro a frecuentar bares y restaurantes como hacía cuando estaba en activo y tenía necesidad de socializar. Desde que me jubilé, son otros los objetivos y los destinos que marcan mis días. Esto no quita para que, cuando se presenta una propicia ocasión, retome el gusto por la hostelería y todo lo que lleva consigo. Fue el caso de unos amigos y vecinos de barrio que nos llamaron para “tomar algo” en un gastro bar cercano a casa. Y para allí que fuimos. Nos dijeron que ellos frecuentaban este establecimiento con relativa asiduidad y que “tenían tapas y platos muy ricos”. Accedí a la carta, la leí muy, muy por encima, y llegué a la conclusión de que todo me apetecía. Así, que me dejé aconsejar por nuestros amigos, conocedores del percal que ofrecía la casa. Además, yo estoy muy desentrenado. Nos preguntaron si nos gustaba el ceviche, para a continuación anunciar que allí preparaban uno muy bueno. Dijimos que sí, sin haberlo probado jamás; una mentirijilla de cortesía. A los pocos minutos aparecieron en la mesa varios platos, entre ellos, un ceviche de berberechos. Antes de probarlo, fuimos informados para nuestro desconocimiento, que se trataba de una adaptación del ceviche peruano, pero con berberechos naturales. Gloria y yo introducimos nuestros respectivos tenedores prácticamente a la par, lo degustamos a la par y loamos el plato también a la par. Nos pareció delicioso.

De camino de regreso a casa, volvimos a coincidir en la bondad del ceviche de berberechos con el que nos habíamos deleitado e incluso enumeramos sus posibles ingredientes: berberechos, cebolla morada, aguacate, zumo de lima o limón, algo ligeramente picante, pimienta y sal. No pasaron muchos días que pusimos en práctica nuestro parecer, no se nos fuera a olvidar. Y sí, se pareció mucho al que habíamos probado aquel día. Y sí, este ceviche de berberechos tampoco tardó mucho en incorporarse por la puerta grande a nuestros familiares aperitivos.

El primer día que los preparamos, para asegurarnos, nos dimos una vuelta por la red de redes con el fin de asegurarnos si estábamos en lo cierto en nuestras apreciaciones gustativas. Prácticamente habíamos dado en el clavo. Pudimos leer que este ceviche de berberechos lo popularizó el cocinero televisivo Pablo Albuerne, Gipsy Chef, quien dio a conocer esta original receta en un vídeo, sentado en un banco frente al mar mientras la elaboraba con los ingredientes sacados de una mochila. La diferencia entre su ceviche y el probado por nosotros estriba en que, en el suyo, en el original, se incluyen cilantro y kikos de maíz tostado. El resto de ingredientes, los que intuimos en un principio. Finalmente, en el ceviche de berberechos que elaboramos en casa descartamos deliberadamente el cilantro, pues hay a quien no le gusta esta planta, y los kikos también, por malas experiencias con ellos.

A continuación, comparto las recetas de los dos ceviches; el original de Gipsy Chef y el que cocinamos en casa y que tanto nos encanta.

Ceviche de berberechos de Gipsy Chef:

Ingredientes para una persona: ¼ de cebolla morada, aceite de oliva, sal, un toque de pimienta, el zumo de una lima, ¼ de aguacate cortado en taquitos, 1 lata de berberechos, unas gotas de Sriracha, unas hojas de cilantro y maíz tostado.

Elaboración: Introducir en un bote la cebolla cortada en juliana, unas gotas de aceite de oliva, una pizca de sal, un toque de pimienta, el zumo de una lima, un cuarto de aguacate cortado a taquitos, una lata de berberechos con un poco de su propio jugo, unas gotas de Sriracha y unas hojas de cilantro cortadas. Tapar el bote y agitar repetidas veces hasta mezclar todos los ingredientes. Servir y finalizar con un poco de maíz tostado troceado.

Nuestro ceviche de berberechos:

Ingredientes para 4 personas: 2 latas de berberechos, media cebolla morada, 1 aguacate cortado a taquitos, el zumo de 2 limas, unas gotas de aceite de oliva virgen extra, un poco de sal, un poco de pimienta y unas gotas de Sriracha o de Tabasco.

Elaboración: Picar la cebolla en juliana y el aguacate en taquitos, e introducir en un bote. Añadir el zumo de dos limas e incorporar un chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal, un poco de pimienta y unas gotas de Sriracha o de Tabasco. Finalmente, incorporar las latas de berberechos con un poco de su propio jugo. Tapar el bote y agitar varias veces hasta ver bien mezclados todos los ingredientes. Abrir el bote y servir en raciones individuales.

P.D. Siempre me sabe a poco.



jueves, 12 de marzo de 2026

01728 Las Chiretas Rebozadas

 CON O SIN ACOMPAÑAMIENTO


Retornan las chiretas hasta este caleidoscopio vital. Se trata de un embutido típico de la cocina altoaragonesa, más en conceto de las comarcas de Sobrarbe, Ribagorza y Somontano de Barbastro, y cuyo origen habría que localizarlo en aquellos tiempos en los que se aprovechaba absolutamente todo. En síntesis, este bocado de la cocina tradicional, consiste en la tripa limpia de cordero, rellena de arroz condimentado, pulmón y corazón del citado animal, cosida y hervida. No obstante, contempla otra variedades de preparación y elaboración. En sus inicios, las chiretas se servían calientes tras la cocción y sin más acompañamiento. En la actualidad, su presentación más habitual es, una vez enfriada la chireta, cortada en rodajas y cocinadas a la plancha, fritas o rebozadas.

Desde que me reencontré con este embutido no hace muchos meses, he podido comprobar cómo en bares y restaurantes, además de servirlo como tapa, lo han sabido colocar como almuerzo acompañado de huevos fritos y patatas fritas, huevos fritos y pimientos fritos o combinaciones similares. Me parecen propuestas muy acertadas y cuyos sabores combinan a la perfección.

A mí me gustan de cualquier manera, si bien, rebozadas, simplemente pasadas por harina y huevo, y fritas en aceite, me parecen una pasada. Además, este cocinado me trae gratos recuerdos que se remontan al día de mi boda, de esto hace ya casi cuarenta años. Me casé con Gloria en la Catedral de Roda de Isábena y antes de la comida ofrecimos un aperitivo a nuestros invitados en los claustros de la Seo, por aquel entonces perteneciente a la diócesis ilerdense. Al poco tiempo, pasaría a depender de la diócesis de Barbastro-Monzón. El caso es que el tal aperitivo consistió en una opípara degustación de productos de nuestra tierra: torteta, longaniza, morcilla... y la mencionada chireta rebozada. ¡Todo un espectáculo de la gastronomía tradicional! Por eso y solo por eso, ya que como he mencionado, las chiretas me gustan de cualquier forma, a las rebozadas les tengo un pelín más de aprecio. Pero nada, un pelín.






lunes, 17 de noviembre de 2025

01717 Las Patatas Rebozadas

 Y VAN VEINTIDÓS


A tenor de lo visto en este blog, queda claro que me encantan los empanados, rebozados y frituras, siempre con moderación, claro está. En esta ocasión, traigo hasta este caleidoscopio vital mi última adquisición: patatas rebozadas. ¡Sorprendentes! Nunca se me hubiese ocurrido y cuando las probé me parecieron de lujo.

Fue Gloria quien las trajo a la mesa. Allí me las encontré. No tenía ni la menor idea del menú. Mis días de huerto ocupan toda mi atención y prácticamente llego a mesa puesta. Después de pasear a Humphrey y de la obligada ducha para sacarme la tierra del cuerpo, me senté a la mesa y fue cuando aparecieron ante mis ojos unas pequeñas y doradas bolas aplastadas. No tenia la menor idea de qué se trataba. Pregunté y la respuesta fue: "pruébalo y averígualo tu mismo". Y así lo hice. El bocado no invitaba a confusión alguna. Estaba claro que se trataba de unas crujientes patatas rebozadas. ¡Qué cosa más rica y caprichosa! La primera porción la tomé tal cual, a pesar de estar acompañadas con una mayonesa rosa un poco picante. Las siguientes las unté en la salsa y ya fue una explosión de alegría y emoción. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de la mano de la sencillez.

Después de saborear hasta la última porción, le pregunté a Gloria sobre su elaboración y me dijo algo así como "se pelan las patatas, se cortan como si fueras a hacer patatas fritas, pero más pequeñitas, se secan bien con un paño de cocina, se cogen pequeños puñaditos, se sazonan, se pasan por harina y huevo y se fríen en aceite de oliva bien caliente. Una vez fritas, se colocan, antes de servir, en papel absorbente de cocina". Todavía sigo con la boca abierta.

A la hora de listar esta entrada, me acabo de enterar que las patatas suman ya veintidós entradas, y las que faltan por llegar. Todo un mundo este de la patata.






miércoles, 20 de agosto de 2025

01711 Una de las Tapas de Chus

 SUMA SENCILLEZ


La sencillez de las cosas nos deparan en muchas ocasiones gratos e incluso inolvidables descubrimientos. Este caso al que voy a referirme, tiene que ver con un bocado de aperitivo, pero se puede trasladar esta apreciación a otros muchos aspectos de la vida. Suma sencillez.

El asunto es que recientemente llamé a mi amiga Chus para cerciorarme de que se encontraba en casa y así poder llevarle productos de mi generosa huerta. Habitualmente, siempre se trata de un sube y baja a su casa. Saludar, entrar las bolsas con el contenido hortícola hasta la cocina y despedida. Mi vida no da para más. Contra todo pronóstico, ese día que nos ocupa. el sol, con sus cerca de 40 grados a la una de la tarde, me echó del huerto. Me puse de nuevo en contacto con Chus para decirle que llegaría a su casa antes de lo previsto. Cuando subí, me aguardaba un delicioso aperitivo y una fría cerveza. Algunas de las delicias ofrecidas ya las conocía, pero una de ellas reclamó poderosamente mi atención. En uno de los platos, sobre unos crackers aparecían depositadas unas anchoas, acompañadas, a simple vista, por unas medias nueces de mantequilla. Mi amiga me invitó a probarlas. Creo que mi atención sobre el sencillo bocado me delató. Chus me explicó que se trataba de una tapa que había probado no hacía muchos días en un bar zaragozano y que le gustó. Efectivamente, la tapa en cuestión no guardaba secreto alguno; crackers, una buena anchoa y media nuez de mantequilla sin sal. Tras probar la primera, asentí con la cabeza. Curiosa y atractiva combinación de textura y sabores. Una propuesta a tener muy en cuenta para improvisar un aperitivo y acompañarla con una cerveza o lo que se tercie. Nunca se me hubiese ocurrido. Pero quien la ideara, acertó. Ya lo creo que acertó.

Cuando bajaba en el ascensor para volver a casa pensé, -últimamente pienso poco y mejor así-, la sencillez me ha vuelto a dar una nueva lección imprevista y gratificante.








jueves, 20 de marzo de 2025

01626 Las Almendras Tostadas

 EN SARTÉN


Estas pasadas navidades, entre pitos y flautas, se nos pasó hacer turrón de guirlache, siguiendo la tradición de mi suegro. Eso sí, compramos las almendras, pero cuando nos quisimos dar cuenta, llegaron los Reyes Magos.

Hace escasos días, Gloria propuso elaborar el descuidado turrón, ya que teníamos las almendras. A lo que me negué. No me seduce para nada tomar turrón en marzo, igual que no me apetece ingerir un cocido navideño en el mes de agosto por muy delicioso que sea este plato de cuchara.

Intuyendo, por mi experiencia, lo que les sucedería a las almendras si no les dábamos una urgente salida, formulé que las podíamos hacer fritas. Me acordé que tengo un amigo que siempre que tomo una caña con él, la pide acompañada de unas almendras fritas. Es auténtica devoción lo que tiene por este popular, pequeño y nutritivo alimento. También recordé la sencilla forma de tostarlas, no en el horno, sino en la sartén, que en su día me ilustró mi cocinero de referencia local Antonio Arazo.

Las almendras iban con su piel. Así, que comencé por “desnudarlas”. Para ello, puse un cazo con agua a hervir. Mientras esperaba a que el agua rompiera a burbujear, me vinieron a la memoria algunos datos que mi amigo me trasladó en algún momento acerca de las almendras. Por ejemplo, que es el fruto seco más consumido a nivel mundial y que solo en España se llegan a consumir 12 millones de kilos al año. También que este fruto aporta numerosos beneficios para la salud por su alto contenido en vitamina E, que actúa como un antioxidante natural, además de ser una fuente de proteínas, fibra y grasas saludables.

Una vez que el agua comenzó a hervir, añadí las almendras y las dejé un minuto hirviendo, removiéndolas continuamente con una espátula. Transcurrido este tiempo, las saqué del cazo, escurrí, les quité la piel y dejé secar durante un par de horas.

En una sartén un poco grande, cubrí la base de aceite de oliva y calenté a fuego medio.  Incorporé las almendras en una única capa y dejé que se fueran tostando lentamente, removiéndolas de vez en cuando para evitar que se quemaran. Cuando comenzaron a adquirir un tono dorado, las retiré de la sartén y las coloqué sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Espolvoreé sal gorda sobre las almendras todavía calientes y mezclé para distribuir la sal de manera uniforme. Dejé enfriar y estuvieron listas para consumir.

La almendra era de calidad y resultaron estar excepcionales. Llamé a mi amigo para que viniera a casa a tomar una cerveza con mis adorables almendras, pero me comunicó que se encontraba en Málaga pasando unos días de asueto. Le dije que le guardaría un buen puñado para cuando regresara del viaje. Esa fue mi intención, pero lo cierto es que en dos días agotamos existencias. La caña en casa con mi amigo sigue en pie. Solo que las almendras no serán caseras sino de compra. Y ya que lo siento. 











miércoles, 17 de julio de 2024

01413 Las Patatas de la Eurocopa de Fútbol 2024

 ESPAÑA 2/ALEMANIA 1


Antes de meterme en materia, quiero felicitar a la Selección española de fútbol por la reciente consecución de su cuarta copa de Campeón de Europa. Felicitar a todos los implicados y agradecer a entrenador y jugadores los memorables encuentros que nos han brindado. Y lo voy a dejar aquí, para no extenderme demasiado. Pero son muchas las conclusiones a las que he llegado estos días y sobre todo, tras la consecución de la Copa. Pero aquí no toca. Lo dejo para las tertulias de bar.

Estos días de Eurocopa, sin ser un forofo del balompié, he visto fútbol hasta aborrecer. Es lo que tiene disponer de tiempo. Los partidos en los que no jugaba la Selección española los veía en soledad. Distinto era cuando jugaba España, que los disfrutaba en familia. Y el verbo disfrutar no es el primero que me ha venido a la cabeza, sino que literalmente ha sido así. 

Cuando jugaban los nuestros, y llegados los octavos de final, acostumbrábamos a picotear algo para que los nervios se calmaran. Un día fueron embutidos, otro día queso con unas regañas... El día que España se enfrentó a los alemanes en cuartos de final, anfitriones del torneo y con un potente equipo, los nervios estaban a flor de piel. Podía pasar cualquier cosa. 

A punto de comenzar el encuentro, Gloria apareció con una fuente repleta de patatas fritas de bolsa. Las cervezas las había sacado yo. Cuando me aproximé para coger una patata, observé que tenían un añadido. Me llamó poderosamente la atención. Eran mejillones en escabeche. Esta combinación ya la había probado con anterioridad en casa de mi sobrina Isabel. Me encantó su originalidad. Y a mi amigo perruno Humphry, que por aquella época tenía meses, también. Pero estas que había preparado Gloria, aun tenían algo más: una ligera mayonesa a la que le había incorporado el escabeche de las latas de los mejillones. Me pareció una propuesta amable y deliciosa. Me hubiese comido otra fuente, pero no había más latas de mejillones. ¡Una lástima!

Como soy muy amigo de poner nombres a los platos, no dudé que a partir de ese día, este plato de patatas se llamaría "Las patatas de la Eurocopa de Fútbol 2024", y como subtítulo, en el día que España venció a Alemania con dos golazos de Olmo y Merino. 

¡Qué Eurocopa la de España! y ¡Qué patatas!






domingo, 14 de julio de 2024

01403 Quitapenas

 CALAMARES REBOZADOS


Aunque este blog va de cosas que me gustan y de buen rollito, no significa que todo lo que me rodea me satisfaga y que yo siempre esté en tono alegre y optimista. Todo lo contrario. En algún momento de este largo itinerario vital, he comentado que me hubiese resultado más fácil desarrollar este proyecto personal observando y transcribiendo las cosas que me desagradan. 

Dicho lo dicho, cuando estoy de bajón, y cuando me da, me da de pleno, intento que no se prolongue demasiado en el tiempo. En ocasiones me dura en exceso y no me aguanto. Llegado el momento extremo, y cuando me recuerdo que por más vueltas que le de a la boina, el pirulo siempre queda en el centro, es cuando echo mano de mis estrategias para salir del agujero en el que ando metido. Unas veces me autoengaño, otras me busco algún quehacer sin importancia o simplemente recurro a determinados alimentos, que me quitan el desaliento en un santiamén. Son mis alimentos "quitapenas". Tengo un largo listado: croquetas, mejillones, tostadas con aceite y sal, patatas fritas, galletas con mantequilla y mermelada, cualquier fruto seco... y los calamares rebozados. Estos últimos, me quitan las penas y el desánimo en un visto y no visto. No sé que tienen, que producen en mí un efecto trampolín. Y es que solo verlos, ya me alegran el espíritu. 

Estos que ilustran la entrada, "sanaron" mi último bajonazo, antes de que el plato quedara expedito. Y eso que para mi gusto, apenas superaban el aprobado. Pero cumplieron con su cometido.



domingo, 30 de junio de 2024

01383 Las Flores Que Se Comen

 VIRGUERÍAS


Costó que alguien rompiera el encanto y vistosidad de la obra alimenticia. Sobre la larga mesa había otros platos con los que entretenerse. Eran muchas las miradas que recogía la vistosa bandeja capitaneada por una flor de salchichón, pero nadie se atrevía a inaugurarla. Tentativas hubo, pero todas se tornaron en arrepentimiento. Finalmente, alguien, sin ser muy consciente de la escena, le arrancó un pétalo a la flor de salchichón. A la vista, apenas fue perceptible la ausencia de un pétalo. No así a  los ojos del resto de comensales reunidos, que fueron deshojando la sugerente flor, a la par que iban haciendo desaparecer el resto del suculento y delicioso ornamento hasta que se agotaron las existencias.

Me pregunté, si el tiempo de ingerir la fuente de ricas propuestas, hubiese sido el mismo que si se hubiera servido de distinta forma. Me contesté que no. No hubiese habido tanto miramiento. Habría sido más de sírvase usted mismo. 

A mí, particularmente, me encanta cuando las cosas salen a la mesa bien presentadas y con dedicación. Soy muy amigo de ver vídeos de cocina y he podido observar a gente haciendo auténticas virguerías con el chocolate, las frutas, el hojaldre o con los embutidos, como en este caso. Siempre se aprende algo, aunque luego cueste llevar a la práctica. Con todo, me resulta entretenido, aun recordándome lo torpe que soy, que ni siquiera sé hacer mínimamente bien esta flor que se come de rico salchichón. 



viernes, 14 de junio de 2024

01372 Los Callos a la Madrileña

 Y EN CAZUELA DE BARRO


Ya he dejado constancia en este caleidoscopio vital mi gusto por los callos. Pero esta nueva entrada tiene un plus y el apellido de “a la madrileña”; un plato típico de la gastronomía de la capital de España, que goza de una gran fama por méritos propios. En mi caso, no hay ocasión que viaje hasta esta acogedora y gran urbe, que en algún momento lo dedique a recrearme con tan tradicional delicia. Los he degustado en diferentes bares, tascas y tabernas. Decir dónde he comido los mejores callos en Madrid me costaría. Así, que lo dejaremos en un “todos buenísimos y ningunos malos”, hasta la fecha.

Se trata de un plato que, aunque nació en las tabernas, ha acabado registrándose en afamados restaurantes de la capital. Si bien su origen es desconocido, a finales del siglo XVI y principios del XVII, en el libro de Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, ya se menciona el plato de callos como “revoltillos hechos de las tripas con algo de los callos del vientre”.

Por norma general, los callos se sirven en cazuela de barro, bendita cazuela de barro, y van acompañados de jamón, chorizo y morcilla. A mano, un buen pan y un mejor vino. Y a comerlos plácida y lentamente, en honor a su cocinado.

Como ya comenté en algún momento en este blog, nunca he elaborado callos en casa, -en mi unidad familiar solo me gustan a mí-, pero tengo controlada una receta por si las moscas.

Ingredientes: 1 kilo de callos de ternera, 2 chorizos, 2 morcillas, un trozo de jamón serrano, 2 trozos de panceta, 2 guindillas, ½ cucharada de pimentón dulce, ½ cucharada de pimentón picante, 2 cebollas, 4 dientes de ajo, 1 hoja de laurel, 250 ml de tomate frito, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Limpiar bien los callos y cortarlos en trozos no muy grandes. Se aconseja limpiarlos el día anterior y dejarlos en el frigorífico con agua hasta la hora de cocinarlos. Cocer los callos en una olla con abundante agua, sal y una hoja de laurel. Dejar cocer durante unas 4 horas a fuego medio. Una vez que observemos que los callos están ya tiernos, escurrir y reservar el agua de la cocción. Devolver de nuevo los callos a la olla y agregar el jamón, la panceta, un chorizo, una morcilla y cocinar a fuego bajo, mezclando de vez en cuando. Mientras tanto, en una sartén con aceite de oliva virgen extra, incorporar la cebolla picada, los ajos en láminas y la guindilla. Cuando comience a dorarse la cebolla, agregar un chorizo en rodajas, la otra morcilla también en rodajas, el tomate frito los dos tipos de pimentón y mezclar bien. Agregar el contenido de la sartén a la olla que contiene los callos, y verter poco a poco un par de cazos del caldo de la cocción de los callos que se había reservado. Cocinar todo el conjunto a fuego medio por espacio de unos 30 minutos o hasta adquirir la cremosidad y textura deseada.




sábado, 18 de mayo de 2024

01347 La Tapa de los "Lingotes de Oro"

¡QUÉ GRATA SORPRESA!


Gloria nos ha vuelto a sorprender con otra de sus delicias gastronómicas. Han venido unos amigos a cenar a casa, y para postre nos ha deleitado con algo que a mí me encanta, tal y como ya he dejado constancia en este caleidoscopio vital: queso con membrillo. Ver 00290 La Carne de Membrillo con Queso

Sabía el menú que Gloria había preparado para esta noche, incluido el postre. Pero desconocía, cómo iba a salir a la mesa. Cuando lo he visto, me he quedado sin palabras. Solo he pensado: "si parecen lingotes de oro". Nuestro amigos no sé qué han pensado, pero el ¡ohhh! ha sido unánime.

Y es que verdaderamente, la presentación ha sido de una elegancia impresionante. Muy atractiva. Todos hemos coincidido en que daba pena empezar a abrir flancos al postre. Como nadie se decidía, he sido yo el que ha dado el primer paso y cogido la primera cuña de queso con membrillo. Los demás, finalmente me han imitado.

La tapa de "los lingotes de oro" consiste en una cuña de queso manchego semi curado, que soporta un trozo de carne de membrillo, para acabar coronada por media nuez. Colocadas todas las tapas sobre una bandeja de pizarra, se espolvorean pistachos machacados y se adorna con una cucharadita de mermelada de frambuesa. Todo un espectáculo.

En definitiva, una vistosa tapa, en este caso de postre, para acabar una cálida cena entre amigos, como la calidez de estos "lingotes de oro", convertidos en una más que grata sorpresa. 






















martes, 14 de mayo de 2024

01343 Las Anchoas con Aguacate

 SIEMPRE HAY UN PLAN B


Hace días que estoy tentado en abrir un bote de anchoas en aceite de Santoña. Es el único superviviente que nos queda desde que estuvimos por última vez por tierras cántabras. Tras varias intentonas, con sus correspondientes arrepentimientos, hoy, mi fuerza de voluntad ha flaqueado y finalmente lo he abierto.

Mi idea inicial era, haberles hincado el diente en bocadillo, con pan con tomate. Ni sé el tiempo que no me como un bocadillo de esta guisa. La boca se me hace agua solo de pensarlo. Pero cuando tenía el mollete entre mis manos para abrirlo por la mitad, me he arrepentido. Otra vez el arrepentimiento. Próximamente, tengo un acontecimiento familiar importante y hay que presentarse lo más fino posible. Bueno, en realidad, hay que entrar cómodo en el traje.

El caso, es que como ya había abierto el bote, cerrarlo sin catar las anchoas, me ha parecido una soberana tontería. Así, que he ideado un plan b con lo que he encontrado por el frigorífico; unas hojas de lechuga, unos tomates cherrys y un aguacate. Más que suficiente para acompañar a las siempre deliciosas anchoas de Santoña. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra para culminar la faena y sin sal, salvo la que aportaba la anchoa.

El aguacate cortado a láminas, ha servido de buen colchón al enrejado de anchoas que he formado. Vale, el plato no se puede comparar al bocata con pan con tomate y anchoas previsto en un principio. Pero este no está nada mal. Y es que a los que nos gustan las anchoas, hasta a palo seco. No obstante, en cuanto pase el acontecimiento familiar que tengo a la vista, lo celebraré en plan tranquilo con ese bocata y las anchoas que he dejado en el frasco con ese propósito. 


lunes, 13 de mayo de 2024

01341 Las Flores de Alcachofa

 ELEGANCIA EN EL PLATO


Para los amantes de la alcachofa, como a un servidor, traigo hasta este caleidoscopio vital una versión que, no solo es deliciosa, sino que en su presentación final, es todo elegancia. Me refiero a las flores de alcachofa.

La primera vez que tuve la oportunidad de degustarlas y enamorarme de ellas, fue gracias a mi hermano Antonio. Como yo, era un fan de la alcachofa, y las preparaba de vicio. En una ocasión, en su casa, me sorprendió con esta, para mí, novedad. Además de entrar con delicadeza por los ojos, para qué contar cómo lo agradeció el paladar. La recuerdo con auténtica pasión. Igual me estoy viniendo algo arriba, pero es que me parecieron una delicatesen.

No tardé mucho en trasladar a un papel su elaboración. Antonio me las ofreció ese día, simplemente con aceite y escamas de sal, aunque me dijo, que él las había probado con virutas de jamón y también con gulas. Yo, de momento, las he comido, tal y como me las ofreció mi hermano aquella primera vez, y con virutas de jamón pasadas ligeramente por la sartén. De cualquier manera están deliciosas. Seguiremos probando. De momento, comparto la receta que copié de Antonio.

Ingredientes: 8 alcachofas, aceite de oliva virgen extra y sal en escamas.

Elaboración: Lavar las alcachofas e introducirlas en una olla, sin quitarles el tallo ni las hojas. Cubrirlas con agua. Tapar la olla, y con fuego fuerte, llevar hasta su ebullición. En cuanto rompa a hervir, bajar a fuego medio y dejar que se cocinen hasta que estén tiernas. A continuación, sacar del agua las alcachofas y quitarles las hojas más externas y duras, hasta llegar al corazón de la alcachofa que se mostrará tierno y más claro. Cortar la parte más dura de la punta de la alcachofa y despojarle también del tallo. Desplegar con cuidado las hojas, empezando por las más externas. Una vez obtenidas las flores de alcachofa, pasarlas por una sartén con un poco de aceite bien caliente. Cocinar un par de minutos por cada lado, hasta ver que quedan un poco doradas. Servir a continuación con unas escamas de sal y unas gotas de aceite de oliva virgen extra.

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jueves, 4 de abril de 2024

01313 El Queso de Oveja con Albahaca

 GRATÍSIMO DESCUBRIMIENTO


Mi hija Jara tiene por costumbre, cada vez que pasa un fin de semana fuera de casa, traernos un recuerdo del lugar visitado. Habitualmente son dulces típicos del destino elegido. Pero en su último viaje, cambió de registro, para obsequiarnos con un queso de oveja con albahaca. Nos dijo cuando nos lo entregaba, que lo había comprado en Biescas a un vendedor ambulante. Se lo dio a probar, le gustó y, sabiendo como ella sabe de nuestras debilidades gastronómicas, entendió que también nos encantaría, como así fue. No lo habíamos probado nunca, aunque sí sabíamos de esta amable y curiosa combinación. Cuando catamos el queso, Jara estaba en lo cierto, nos encantó.

Me entusiasma la albahaca, su olor y lo que significa esta planta para un oscense como yo. (ver entradas 00097https://diezmilcosasquemegustan.blogspot.com/2017/10/00549-la-albahaca-en-octubre.html. Y cómo no, me chifla el queso de oveja. Así, que unidos, podrían representar algo interesante. No obstante, en alguna ocasión he probado la albahaca en otros platos y me han dejado un poco descolocado. En el caso del queso y la albahaca, me parecen un buen maridaje. Este queso, de puro anonimato, me pareció una propuesta muy equilibrada al paladar.

A la hora de escribir estas líneas, todavía queda un poco de queso con albahaca. Con toda seguridad, en la próxima incursión lo finiquitaremos con toda mi pena, porque está delicioso. Pero bueno, siempre nos quedará ir a Biescas a por más.

 




domingo, 31 de marzo de 2024

01309 ¿Redondas o Alargadas?

 REDONDAS Y ALARGADAS


Recientemente, en una conversación de café, un amigo me preguntó: “¿Cómo te gustan más las croquetas, redondas o alargadas?”. Me cogió la pregunta de manera tan imprevista, que no supe qué contestar. Para salir del paso, contesté que, si la masa de la croqueta estaba bien cocinada y tenía un buen sabor, me daba lo mismo su forma de presentación. Mi compañero de café me trasladó que, a él, le gustaban redondas. Y así quedó la cosa. Sin más debate al respecto. No tenía yo un día muy parlanchín.

Cuando llegué a casa, y mientras me disponía a vestir mi indumentaria doméstica, retomé conmigo mismo el asunto. Recordé entonces las primeras croquetas redondas probadas en mi vida. Fue en mi primer viaje a Santander, en el verano de 1994. Ya he comentado en reiteradas ocasiones mi falta de memoria para las fechas y sus derivados, pero esta ocasión la recuerdo, ya que mi hija Loreto, por aquel entonces, tenía meses. A partir de aquí, Cantabria, y en particular, Somo, sería nuestro destino vacacional familiar.

Hasta ese momento, las croquetas que siempre había comido tenían forma alargada. Y más que croquetas, parecían croquetones. Nada que ver con lo que se estila ahora. El caso es que aquellas primeras croquetas redondas que comí, recuerdo que fueron de queso, cabracho y cocido, dejaron en mi paladar un gratísimo recuerdo. Además de llamarme la atención, se comían de un solo bocado, recibiendo una explosión de sabores, y esto también era una novedad para mí.

Muchas cosas han cambiado en las últimas décadas, y el maravilloso y atractivo mundo de las croquetas, no ha estado ajeno a los cambios. En cuanto a las formas, además de las redondas o alargadas, he llegado a ver cuadradas y hasta triangulares. Por lo que respecta a los sabores, a las consabidas y tradicionales de jamón, cocido, queso, huevo duro y bacalao, se han sumado una legión de gustos. Parece que, en la actualidad, todo es susceptible de ser presentado en forma de croqueta. Al fin y a la postre, una croqueta no deja de ser, según la Real Academia Española de la Lengua, “una porción de masa, generalmente redonda un ovalada, hecha con jamón, carne, pescado, huevos u otros ingredientes picados, que, ligada con bechamel, se reboza en huevo y pan rallado y se fríe en aceite abundante”.

En resumen, lo que le dije a mi compañero de café, por decir algo y que ahora ratifico con la bata y zapatillas de estar por casa, si la masa de la croqueta está bien cocinada y tiene un buen sabor, me daba lo mismo su forma de presentación.

 

 

 

 







sábado, 23 de marzo de 2024

01303 Los Mejillones con Ajoperejil

CAMBIO DE RUMBO


Lo cierto es que pensaba cocinarlos con una salsa de tomate picante, pero me acabo de cerciorar que en un bol que dejé en el frigorífico hace un par de días, todavía quedaba abundante ajoperejil. Debía estar pensando en las avutardas, algo muy habitual en mí en los últimos años, porque hice tan preciada salsa para toda la comunidad de vecinos.

Tras alguna duda, decidí que ese era el momento de utilizar el ajoperil, aunque no estuviera previsto, porque de otra manera, acabaría la salsa en el cubo de los desperdicios y esto en casa no se contempla, salvo en caso de descuido extremo.

Así que limpié los mejillones, los cocí al vapor y los saqué a la mesa junto al bol de ajoperejil, para que cada uno se pusiese la cantidad de salsa que se le antojase. Huelga decir que estaban deliciosos. El mejillón estaba al capricho y la salsa también. Fue un acertado cambio de rumbo.






domingo, 17 de marzo de 2024

01298 Las Cucharitas de Aperitivo

 ALGO BUENO ESTÁ POR LLEGAR


Cuando veo en casa que sacan las cucharitas de aperitivo de la alacena de la cocina, sé que algo bueno va a suceder en los próximos minutos. Puede que sea que alguien va a venir a casa o simplemente, que toca un aperitivo en toda regla. Cualquiera de las dos opciones me produce alegría.

Habitualmente es Gloria quien organiza los aperitivos. Tiene buena mano, buen gusto y acostumbra a sorprender en este tipo de refrigerios. Además, sabe cuidar los detalles. Yo soy más zafio, así que me dejo llevar con sumo gusto. 

Las cucharitas acostumbran a contener deliciosos bocados que se traducen en un "¡Hummm!" de plena satisfacción y deleite tras su degustación. Pequeñas delicatesen bien armadas y conjuntadas, para hacer de los encuentros algo más fascinante. Sí, cuando veo las cucharitas de aperitivo, sé que algo bueno está por llegar.



lunes, 11 de marzo de 2024

01291 Las Patatas de Antojo

UNA HUMILDE DELICIA


Lo cierto es que no tenía intención de cenar. No es que no tuviera hambre, no. Lo que sucede, es que el invierno se me hace muy largo y para mitigarlo, me da por comer. Creo que no es nada novedoso y somos legión los que así actuamos en esta época del año. Así, que para que la báscula no sume más dígitos de los deseados, me propongo perdonar alguna que otra cena.

Hoy era uno de esos días en los que me había propuesto no cenar, pero... Mientras andaba distraído con la lectura de la obra de teatro "La visita del inspector", de J.B. Priestley, me ha parecido escuchar como de fondo: "¿A quién le apetecen unas patatas de antojo?". No he respondido y he reaccionado como quien oye llover. No se ha hecho esperar una nueva llamada de pregunta/atención, que antes de oír finalizar la frase, ya estaba plantado en la cocina. ¡Cómo renunciar a un antojo y además, tan rico! Ya ayunaré mañana y si no, pasado mañana. Pero a estas patatas, hoy no renuncio.

Son una tontería, pero están deliciosas y entran de cualquier manera. Como diría mi madre, "hasta sin hambre". Es tan sencillo como hacer unas pequeñas patatas al microondas. Cuando están cocidas, y casi en caliente, darles un puñetazo, sin pasarse, y aplastarlas. Hecha esta operación, se les añade a cada patata unos granos de sal gorda, una generosa cucharada de mayonesa casera y como colofón, una anchoa en aceite. Ya está. Servir y acompañar con un vasito de vino tinto. 

Después de comerlas y saborearlas me ha entrado el arrepentimiento. Pero he pensado a continuación, "que me quiten lo bailao". 

Las llamo de esta guisa, porque en una ocasión tenía antojo de comer algo y no sabía qué. Y sin comerlo ni beberlo, apareció en la mesa esta humilde delicia.