UN ANALGÉSICO NATURAL
viernes, 14 de agosto de 2026
01770 De Manera Imprevista
lunes, 10 de agosto de 2026
01769 Entre Paisajes y Pinceles
MI RECREO
![]() |
Hoya de Huesca/Plana de Uesca. Óleo sobre lienzo |
domingo, 9 de agosto de 2026
01768 Un Visitante Inesperado
NUNCA TAN CERCA
![]() |
| El día que una cigüeña visitó mi huerto |
viernes, 7 de agosto de 2026
01767 La Borraja con Sepia
PLATO FINO Y SABROSO
Traigo hasta este caleidoscopio vital, y van ocho, a una de
las verduras más apreciadas por mí; la borraja. Se trata de una plata herbácea,
de aspecto humilde y cubierta por una fina pelusilla en sus tiernos y verdes tallos.
Aunque en muchas regiones europeas crece de forma silvestre, en España se cultiva
de manera específica para su consumo, sobre todo en Aragón, donde forma parte de
su gastronomía, así como en Navarra y La Rioja. Estamos ante una verdura no muy
conocida, si bien es cierto, que en los últimos años su popularidad ha crecido
considerablemente y ya no es tan ajena al consumidor.
Históricamente, la borraja ya era conocida por los romanos y
griegos, quienes la utilizaban tanto como alimento como por sus propiedades
medicinales. En la actualidad, su cultivo se ha extendido a otros países
mediterráneos y zonas templadas, valorándose por su sabor delicado y su alto
contenido en agua, vitaminas y minerales.
El huerto este año ha querido regalarme numerosos ejemplares
y, además, bien vistosos. Esto se traduce a que estamos comiendo borraja en
casa un par de días por semana. Y si no comemos una tercera, se debe a la
pejiguera de limpiarlas. Es lo que menos me gusta de ella, aunque cuando se le
coge el tranquillo, que te echen kilos para limpiar.
En esta ocasión, y para variar, propongo subir un escalón más,
para acompañarlas con sepia. Me resulta un plato muy sugerente, a la par que
fino y sabroso. De sencilla elaboración, puedo garantizar que deja un grato recuerdo.
Con el último bocado dado, ya pensaba en cuándo sería la próxima vez.
Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de borraja limpia, una
sepia mediana, 4 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, agua y sal.
Elaboración: Limpiar los tallos de la borraja, si no se tiene la posibilidad de adquirirlos ya limpios. En una olla, llevar a ebullición agua con sal. Cuando comience a hervir el agua, incorporar las borrajas unos diez minutos o hasta que comprobemos que están tiernos los tallos. Mientras se cuecen las borrajas, cortar la sepia en trozos, sazonar y saltearla en una sartén con aceite de oliva y unas laminas o picada de ajos. Una vez se haya cocinado la sepia, incorporar las borrajas cocidas y bien escurridas, y rehogar durante unos tres minutos para que se integren los sabores. Servir caliente.
![]() |
Borraja con sepia, un plato fino y delicado |
martes, 4 de agosto de 2026
01766 La Morcilla con Pimientos de Padrón y Piparras
NI TAN MAL
Esta costumbre de cenar frugalmente, se rompe reiteradamente llegado el verano. El culpable no es otro que el huerto. Y es que son tantas las tentaciones que me regala diariamente. Eso que este año está siendo un poco chusco por el excesivo calor, lo sufro en mis carnes y así también me lo transmiten mis vecinos hortelanos. Por ejemplo, las judías verdes o vainas, ni olerlas; los calabacines que otros años salen por castigo, este verano se van cogiendo, pero con cuenta gotas; las tomateras que otros años presentan un atractivo espectáculo con sus amarillas florecillas, en esta ocasión acaban por secarse y los escasos frutos que empiezan a formarse, caen al suelo. Dicho lo cual, hay frutos a los que parece no importarles las altas y extremas temperaturas. Es el caso de los pimientos de Padrón y de las piparras. Desde que comenzaran a salir, todos los días recolecto 50 ejemplares de cada especie, que reparto entre casa y amigos. Están saliendo unos y otras, francamente de vicio.
Como todas las noches, tenía intención de tomarme un pepino, simplemente aliñado con aceite, vinagre y sal. Esta era mi intención hasta que he ido al frigorífico para coger el susodicho pepino y he visto unos pimientos de Padrón, unas piparras y una morcilla de Burgos. Ha sido como un flash. ¿Y si los pongo a los tres fritos en un plato? No me lo he pensado dos veces. Sartén, un poco de aceite de oliva virgen extra, primero los pimientos de Padrón, luego las piparras, por supuesto, bien de sal, y por último, la apreciada morcilla de Burgos. ¡Qué combinación más potente y deliciosa! Nunca había probado esta terna de sabores tan personales e inconfundibles. He disfrutado lo que no está escrito. Mañana volveré al pepino. Lo único que espero es que esta noche no me pase factura.
![]() |
Morcilla de Burgos con pimientos de Padrón y piparras |
lunes, 3 de agosto de 2026
01765 Constancia
ILUSIÓN
![]() |
Óleo sobre lienzo |
sábado, 1 de agosto de 2026
01764 Un Balance Cualquiera
HOY HA SIDO FÁCIL
| Paseo marítimo de Castelsardo, Cerdeña |
01763 Las Acelgas Rojas
ATRACTIVA Y ENIGMÁTICA PLANTA
Este año he dado la bienvenida al huerto a una nueva planta;
la acelga roja. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza incorporarla a mi
trocito de bendita tierra, pero no encontraba suministrador. Por fin, este año
he dado con ella. Para probar, en el mes de mayo, para San Isidro, por más
señas, planté seis diminutas plantas. Tenía curiosidad por probar su sabor y
también, por comprobar cómo se aclimataba al terreno.
En algo más de un mes, la media docena de plantas comenzaron
a llamar poderosamente mi atención. Sus tallos de color rojo, intenso color
rojo, era imposible que pasaran desapercibidas en contraste con el verdor del
resto de especies hortícolas. Lo primero que hacía al llegar al huerto era
detenerme ante ellas para entusiasmarme con su crecimiento. Me resultaba una
planta curiosa y enigmática en medio de las tradicionales acelgas verdes y
otras, también novedad este año, de hoja amarilla. El huerto ofrece muchos
entretenimientos; observar crecer las plantas es uno de ellos, y más si cabe,
cuando se trata de una planta nueva para mí. Al principio, sus brotes son
rojizos, pero conforme pasa el tiempo se vuelven verdes, exceptuando el tallo.
Cuando la planta está madura, la penca fija en su tallo un llamativo color
rojizo, mientras la hoja combina el verdor de la planta con rojizos nervios. Un
pequeño espectáculo.
Leí que acostumbra a cultivarse en climas templados y cera
del mar, lo que le aporta un sabor característico, con cierto sabor a tierra.
Mal comenzamos, pensé, ya que mi huerto dista muchos kilómetros del mar y para
nada se ubica en un clima templado. También es cierto, que visto los ejemplares
de acelga que obtengo, tampoco le importa mucho a la planta. También
pude saber que se trata de una variedad de acelga, similar al Ruibarbo, con un
leve sabor amargo, pero a diferencia de este, sus hojas no son tóxicas.
En lo leído aprendí que la versatilidad de esta variedad de
acelga es más amplia que cualquier otra y que se emplea tanto en revueltos,
guisos o cocida. Además, resulta muy agradable como acompañamiento en platos
con base de carne o pescado, arroces, pasta, wok, salsas y cremas.
Para hacerme con su sabor en mi bautizo, opté por una simple
cocción con patata y rehogadas posteriormente a fuego lento con ajo y unos pequeños tacos de jamón. Para su cocción fueron
suficientes 15 minutos a partir de la ebullición del agua con sal.
A la hora de probarlas, no me decepcionaron. Gustándome como
me gusta la acelga, esta roja, me pareció un plus y respondió a cuanto había
leído sobre ella; de fuerte sabor y ligera terrosidad. Solo le puse un reparo.
A pesar de que la olla donde las cocí estaba casi a rebozar de acelga roja,
tras su cocción quedó en nada. Me supieron a poco. Ya sé que, para la próxima
vez, tendré que disponer del doble. E incluso, conociendo ya su sabor, ampliaré
horizontes con otras alternativas que no sea su simple cocción.
Acelgas rojas con patatas, rehogadas en aceite de oliva con ajo y jamón |
martes, 28 de julio de 2026
01762 Ya No Pido
01761 El Sucedáneo de Caviar
PARA LAS ESPERAS
Hubo un tiempo, no muy remoto, que cuando trabajaba me
esperaban en casa para comer. Ahora, en mi época jubilar, soy yo quien tiene
que esperar para sentarse a la mesa. Es una de esas leyes no escrita de la
vida. Hay días que los llevo mejor que otros. Habitualmente, para hacer más
leve la espera, me entretengo bajando a Humphrey a la calle, leyendo la prensa,
alimentando este blog o recogiendo; siempre hay algo que recoger y ordenar.
Pero no siempre sirven estos auxilios.
En ocasiones, más de las que a mí me gustaría, mi estómago,
a él le echo la culpa, aunque creo que es una excusa, parece que se muestra
inquieto y reclama reiteradamente mi atención. Es entonces, cuando se me invita
empezar a comer, aun conociendo mi respuesta: “No hasta que venga Jara”, digo.
Nos vemos poco durante el día, y este, el de la comida, se me antoja de esos
momentos vitales. Hablar de lo que sea, pero hablar. Conocer cómo es y cómo se
siente la vida desde otra perspectiva, con 40 años menos. Ser conocedor de lo
que pasa en la calle, esa rue que antes tan bien conocía y que ahora me parece
ajena. Esa vertiente asocial de la que me he vestido en los últimos años, me ha
alejado peligrosamente de la realidad.
Mientras estoy escribiendo, me ha venido a la cabeza el día,
único día, que llegué a probar el caviar. Fue gracias a mi hermano Antonio en
uno de sus entrañables cumpleaños en Bilbao. Probé una cucharadita, sin pan, a
palo seco. Me pareció algo increíble ese momento cuando las huevas explotaban en
mi boca al ser masticadas, dejando en ella un fondo y un sabor inusuales. No
sé, igual aquella cucharadita la tengo en mi memoria excesivamente valorada,
pero me pareció algo único e inimitable, y hasta la fecha, irrepetible.
Obviamente, los sucedáneos de caviar son una buena
alternativa económica a las inaccesibles, para el común de los mortales, huevas
de esturión. Las más habituales son las elaboradas a partir de huevas de mújol,
lumpo o arenque ahumado, siendo las más comunes las de lumpo. Se trata de pequeñas
huevas, teñidas con colorante, negro o rojo.
Estoy pensando que un par o tres de estas tostadas bien
valen una espera o las que hagan falta.
![]() |
Pan de nueces con mantequilla y sucedáneo de caviar |
miércoles, 8 de julio de 2026
01760 Las Cañaíllas
CAÑADILLAS
Estoy de suerte. Ya lo creo. El sabor intenso a marisco, y
por ende a mar, ha retornado a mi paladar desde el recuerdo a mi presente. Todo
gracias a las cañadillas o cañaíllas, como más plazca decir. Hacía tiempo que
no me deleitaba con este molusco. Si mal no recuerdo, desde nuestras últimas
vacaciones familiares por tierras onubenses. Y de aquello, han sonado ya
bastantes tronadas. No obstante, fue en Bilbao, gracias a mi hermano Antonio,
donde las conocí y las gocé en todos los sentidos, mezclando gastronomía y
amable tertulia.
Por estas tierras en las que habito no es habitual ver a la
venta esta especie de molusco gasterópodo marino, o por lo menos en los
establecimientos de alimentación que frecuento. Ha sido toda una alegría verlas
y reencontrarme con ellas, a la par que revivir los grandes momentos que me han
deparado. Curiosamente, estaban a buen precio, tanto que no han faltado en
nuestros últimos aperitivos en la terraza de casa. Si en las fotografías
muestran un color anaranjado, lejos de su aspecto natural, se debe al toldo de
la terraza, que prácticamente está bajado todo el día en estos días de
auténtica chicharrina. También las fotografías que tomé en aquellos años
onubenses a las cañaíllas, presentan el mismo aspecto anaranjado. Se da la
casualidad de que igualmente las tomábamos en espléndidos aperitivos y bajo un
toldo anaranjado de la terraza.
Si no llevo mal la cuenta, creo que es la tercera vez que
las hemos catado en los últimos días. A saber, cuándo nos podremos sentar de
nuevo frente a una buena ración de cañaíllas. Me da que se trata de una feliz
coincidencia. De hecho, desde las últimas que compramos, ya no las hemos vuelto
a ver. Preguntamos si traerían más, pero la respuesta obtenida fue más que
incierta.
Como buen molusco, no necesita de gran elaboración; agua y
sal gruesa. Así recuerdo que nos lo transmitió la amable y simpática responsable
de un puesto de mariscos del Mercado del Carmen, en Huelva. Tan sencillo como
lavar bien los ejemplares para eliminarles la posible arena que contengan. Para
ello es necesario dejar los moluscos en agua con sal durante unas tres horas y
cambiar el agua cada hora hasta que se observe que ya no despiden arena. Una
vez limpias, solo restará cocerlas a fuego lento en abundante agua durante unos
diez minutos. Mientras se cuecen, habrá que colocar en un recipiente agua con
hielo y sal. Una vez que las cañaíllas estén cocidas, retirar del fuego y
trasladarlas al recipiente con agua, hielo y sal. Esto cortará la cocción y
facilitará el proceso de retirar la carne del interior de la caracola cuando
las consumamos.
Alguna vez ya he comentado que este blog no aporta nada y que
carece de interés. Es un reto personal, que además de ayudarme a sentirme vivo,
hace que siga teniendo interés por las cosas, a mantener entrenada mi memoria y
a seguir aprendiendo. En este sentido, he conocido un dato curioso mediante la
lectura de algún que otro artículo al respecto de las cañaíllas. Y es que, de
las glándulas branquiales de este molusco, “los antiguos fenicios extraían el
tinte púrpura que sirvió para teñir vestiduras de emperadores, reyes y
sacerdotes, siendo muy apreciado en la antigüedad y valiendo más que el oro”. Para
obtener, 1,4 gramos del producto se necesitaban 12.000 cañaíllas. Aprendido está.
Cañaíllas, cañadillas, búsanos, gúsaros, caracoles de mar, cargols de punxa |
martes, 23 de junio de 2026
01759 Mar de Nubes
DELICIOSO ESPECTÁCULO
miércoles, 17 de junio de 2026
01758 El Escalope
¡CÓMO OLVIDARLO!
jueves, 21 de mayo de 2026
01757 Las Cebollas Tiernas
DULCES Y SABROSAS
sábado, 16 de mayo de 2026
01756 Ocurrencias
YA NADA IMPORTA
01755 Los Lazos de Jaca
UN ICONO DE LA PASTELERÍA JAQUESA
Sigo recogiendo en este caleidoscopio vital dulces típicos de nuestra piel de toro. En esta ocasión, se localiza en la localidad altoaragonesa de Jaca, la Perla del Pirineo, y no puede tener un nombre más sugerente; Lazos de Jaca. En síntesis, un dulce elaborado a base de hojaldre de mantequilla y cubierto con yema confitada y en forma de lazo.
Me he reencontrado con esta popular delicia gracias a una
amiga que recientemente vino a cenar a casa y tuvo a bien obsequiarnos con
estos dulces lazos. Fue verlos y removerse el cajón de los recuerdos. Rememorar
aquellos días, lejanos ya, en los que visitar Jaca llevaba aparejada, al
regreso a casa, la adquisición de este icono de la repostería jacetana. Con el
café, mientras saboreaba uno de los tres lazos que me comí, compartí con el
resto de la mesa una anécdota en torno a este pequeño, pero gran pastel. En una
ocasión, en una breve escapada a esta bella localidad por motivos de un
esporádico e infausto trabajo, antes de regresar a casa compré, para obsequiar
a mi madre, una caja de Lazos en la Pastelería La Suiza, obrador donde fueron
creados en 1946. Con mis pasteles en la mano, todavía apuré mi estancia
degustando un café en una céntrica terraza de la localidad jaquesa. Me dirigí
al coche, por aquel entonces un Seat 127 amarillo de no sé qué mano, y cuando
estaba ya al volante, me di cuenta de que no llevaba la caja de pasteles. Me
bajé del coche y corrí todo lo que pude hasta la cafetería que había abandonado
apenas hacía diez minutos. Por aquella época todavía me respondían bien las
piernas y el corazón. Al llegar, me acerqué hasta la mesa en la que había
estado tomándome el café. Vacía, sin gente ni Lazos. Pregunté a los camareros.
No habían visto la caja. Decepcionado, me dirigí de nuevo a La Suiza a comprar
otra caja de Lazos. Al entrar en la pastelería, una amable y sonriente dependienta
salió del mostrador para acercarme una caja de Lazos. Me explicó que me había
dejado la caja al pagar y que cuando se dieron cuenta ya había desaparecido.
Al regresar a casa le conté a mi madre lo sucedido. Tampoco
le extrañó. De estas anécdotas ya sumaba unas cuantas.
Volviendo a los Lazos o Lacitos, como popularmente también
se conocen, además de exquisitos, se me antojan muy atractivos por el llamativo
color y su característica forma. Por lo que leí en una ocasión en un reportaje
con motivo del 75 aniversario de su creación, su elaboración es sencilla,
aunque laboriosa. En síntesis, “hay que preparar el hojaldre, dejarlo descansar
en el horno, cortarlo, darle forma y una vez cocidos los lazos en el horno,
sumergirlos en yema confitada caliente de uno en uno para terminarlos con un
glaseado”. Decirlo resulta fácil, ahora, ponerse a elaborarlos, es otro cantar.
Lo mejor es visitar Jaca y obsequiarte con este delicado manjar.
No obstante, he estado curioseando recetas por si encontraba
alguna que pudiese servir para mis entendederas. Aquí dejo un enlace, que no
digo yo que algún día me atreva a emularlo.
https://www.juliaysusrecetas.com/2015/04/lazos-de-jaca-con-glasa-de-yema.html
martes, 12 de mayo de 2026
01754 ¡A Soñar!
SERÁ POR SUEÑOS
lunes, 11 de mayo de 2026
01753 Los Torreznos
UNA APROXIMACIÓN
Traigo hasta este caleidoscopio vital otro alimento de reciente
y para mí, novedosa degustación. Se trata de los torreznos. Los conocía, pero
nunca hasta hace muy pocas fechas los había probado. Cuando los he visto en
algún bar no me han dado mucha confianza, y aunque alguna tentación he tenido,
finalmente no he caído.
Me tenían que gustar sí o también. Ya he comentado en más de
una ocasión, que en materia alimentaria pongo muy pocos reparos. Alguno tengo,
pero se pueden contar con los dedos de una mano. En el caso del torrezno, sin
haberlo probado, sabía que me iba a gustar. Huelga decir que el tocino frito me
encanta y acostumbro a usarlo en la cocina con mucha frecuencia, pero el
popular torrezno, aún no lo había probado. Fue en un restaurante en Lleida donde
constaté lo que ya suponía, que me gustarían. Como no podía ser de otra manera,
y tratándose de un restaurante ilerdense, fuimos a comer caracoles. Lo de los
torreznos fue una especie de antojo al verlos anunciados en la carta. Y sí, me
encantaron. No obstante, por lo que había podido ver en algún reportaje, estos
torreznos se parecían en poco a los que yo podía imaginar. E insisto, los que
pude probar me gustaron. Ya no podré decir que no los he comido.
Aunque en la actualidad se consumen y elaboran torreznos en
prácticamente toda España, los más populares se encuentran en Ávila, Salamanca,
Teruel y Soria. En esta última provincia, el torrezno es todo un símbolo. Tanto
es así que en 2010 fabricantes y productores constituyeron una “Marca de
Garantía”, gracias a la cual han protegido el torrezno como patrimonio
gastronómico de la humanidad por la UNESCO.
En cuanto a su elaboración, he leído varias recetas y,
aunque el verbo que las une es el de freír, cada una tiene su aquel y su
truquillo. He hecho un compendio y este es el resultado.
Ingredientes: Tiras de panceta curada, aceite de oliva
virgen extra y sal.
Elaboración: Secar bien la panceta para que se fría mejor y
resulte más crujiente. En una sartén un poco grande, calentar aceite de oliva virgen
extra, a fuego medio/bajo. Comenzar a freír las tiras de panceta con la corteza
hacia abajo durante unos 15 minutos. Retirar y reservar hasta que hayan pasado
por la sartén todas las tiras de panceta. Subir la potencia del fuego y freímos
los laterales de la panceta hasta que se doren. Retirar, escurrir y sazonar con
sal.
Bueno, pues me voy a poner manos a la obra y a ver qué
sucede. Me apetece tomar unos torreznos como los que he visto en los
reportajes. No sé si sabré sacarle partido a este remix de receta. Lo que tengo
claro es que, en mi viaje pendiente a Soria, que todavía no conozco y he oído
hablar maravillas, me tomaré unos buenos torreznos, y si puedo, aprovecharé
para aprender a cocinarlos bien. Eso espero. De momento, para quitarme el
gusanillo me adelantaré con este experimento.












.jpg)




