YA NADA IMPORTA
sábado, 16 de mayo de 2026
01756 Ocurrencias
01755 Los Lazos de Jaca
UN ICONO DE LA PASTELERÍA JAQUESA
Sigo recogiendo en este caleidoscopio vital dulces típicos de nuestra piel de toro. En esta ocasión, se localiza en la localidad altoaragonesa de Jaca, la Perla del Pirineo, y no puede tener un nombre más sugerente; Lazos de Jaca. En síntesis, un dulce elaborado a base de hojaldre de mantequilla y cubierto con yema confitada y en forma de lazo.
Me he reencontrado con esta popular delicia gracias a una
amiga que recientemente vino a cenar a casa y tuvo a bien obsequiarnos con
estos dulces lazos. Fue verlos y removerse el cajón de los recuerdos. Rememorar
aquellos días, lejanos ya, en los que visitar Jaca llevaba aparejada, al
regreso a casa, la adquisición de este icono de la repostería jacetana. Con el
café, mientras saboreaba uno de los tres lazos que me comí, compartí con el
resto de la mesa una anécdota en torno a este pequeño, pero gran pastel. En una
ocasión, en una breve escapada a esta bella localidad por motivos de un
esporádico e infausto trabajo, antes de regresar a casa compré, para obsequiar
a mi madre, una caja de Lazos en la Pastelería La Suiza, obrador donde fueron
creados en 1946. Con mis pasteles en la mano, todavía apuré mi estancia
degustando un café en una céntrica terraza de la localidad jaquesa. Me dirigí
al coche, por aquel entonces un Seat 127 amarillo de no sé qué mano, y cuando
estaba ya al volante, me di cuenta de que no llevaba la caja de pasteles. Me
bajé del coche y corrí todo lo que pude hasta la cafetería que había abandonado
apenas hacía diez minutos. Por aquella época todavía me respondían bien las
piernas y el corazón. Al llegar, me acerqué hasta la mesa en la que había
estado tomándome el café. Vacía, sin gente ni Lazos. Pregunté a los camareros.
No habían visto la caja. Decepcionado, me dirigí de nuevo a La Suiza a comprar
otra caja de Lazos. Al entrar en la pastelería, una amable y sonriente dependienta
salió del mostrador para acercarme una caja de Lazos. Me explicó que me había
dejado la caja al pagar y que cuando se dieron cuenta ya había desaparecido.
Al regresar a casa le conté a mi madre lo sucedido. Tampoco
le extrañó. De estas anécdotas ya sumaba unas cuantas.
Volviendo a los Lazos o Lacitos, como popularmente también
se conocen, además de exquisitos, se me antojan muy atractivos por el llamativo
color y su característica forma. Por lo que leí en una ocasión en un reportaje
con motivo del 75 aniversario de su creación, su elaboración es sencilla,
aunque laboriosa. En síntesis, “hay que preparar el hojaldre, dejarlo descansar
en el horno, cortarlo, darle forma y una vez cocidos los lazos en el horno,
sumergirlos en yema confitada caliente de uno en uno para terminarlos con un
glaseado”. Decirlo resulta fácil, ahora, ponerse a elaborarlos, es otro cantar.
Lo mejor es visitar Jaca y obsequiarte con este delicado manjar.
No obstante, he estado curioseando recetas por si encontraba
alguna que pudiese servir para mis entendederas. Aquí dejo un enlace, que no
digo yo que algún día me atreva a emularlo.
https://www.juliaysusrecetas.com/2015/04/lazos-de-jaca-con-glasa-de-yema.html
martes, 12 de mayo de 2026
01754 ¡A Soñar!
SERÁ POR SUEÑOS
lunes, 11 de mayo de 2026
01753 Los Torreznos
UNA APROXIMACIÓN
Traigo hasta este caleidoscopio vital otro alimento de reciente
y para mí, novedosa degustación. Se trata de los torreznos. Los conocía, pero
nunca hasta hace muy pocas fechas los había probado. Cuando los he visto en
algún bar no me han dado mucha confianza, y aunque alguna tentación he tenido,
finalmente no he caído.
Me tenían que gustar sí o también. Ya he comentado en más de
una ocasión, que en materia alimentaria pongo muy pocos reparos. Alguno tengo,
pero se pueden contar con los dedos de una mano. En el caso del torrezno, sin
haberlo probado, sabía que me iba a gustar. Huelga decir que el tocino frito me
encanta y acostumbro a usarlo en la cocina con mucha frecuencia, pero el
popular torrezno, aún no lo había probado. Fue en un restaurante en Lleida donde
constaté lo que ya suponía, que me gustarían. Como no podía ser de otra manera,
y tratándose de un restaurante ilerdense, fuimos a comer caracoles. Lo de los
torreznos fue una especie de antojo al verlos anunciados en la carta. Y sí, me
encantaron. No obstante, por lo que había podido ver en algún reportaje, estos
torreznos se parecían en poco a los que yo podía imaginar. E insisto, los que
pude probar me gustaron. Ya no podré decir que no los he comido.
Aunque en la actualidad se consumen y elaboran torreznos en
prácticamente toda España, los más populares se encuentran en Ávila, Salamanca,
Teruel y Soria. En esta última provincia, el torrezno es todo un símbolo. Tanto
es así que en 2010 fabricantes y productores constituyeron una “Marca de
Garantía”, gracias a la cual han protegido el torrezno como patrimonio
gastronómico de la humanidad por la UNESCO.
En cuanto a su elaboración, he leído varias recetas y,
aunque el verbo que las une es el de freír, cada una tiene su aquel y su
truquillo. He hecho un compendio y este es el resultado.
Ingredientes: Tiras de panceta curada, aceite de oliva
virgen extra y sal.
Elaboración: Secar bien la panceta para que se fría mejor y
resulte más crujiente. En una sartén un poco grande, calentar aceite de oliva virgen
extra, a fuego medio/bajo. Comenzar a freír las tiras de panceta con la corteza
hacia abajo durante unos 15 minutos. Retirar y reservar hasta que hayan pasado
por la sartén todas las tiras de panceta. Subir la potencia del fuego y freímos
los laterales de la panceta hasta que se doren. Retirar, escurrir y sazonar con
sal.
Bueno, pues me voy a poner manos a la obra y a ver qué
sucede. Me apetece tomar unos torreznos como los que he visto en los
reportajes. No sé si sabré sacarle partido a este remix de receta. Lo que tengo
claro es que, en mi viaje pendiente a Soria, que todavía no conozco y he oído
hablar maravillas, me tomaré unos buenos torreznos, y si puedo, aprovecharé
para aprender a cocinarlos bien. Eso espero. De momento, para quitarme el
gusanillo me adelantaré con este experimento.
sábado, 9 de mayo de 2026
01752 El Grito Que Nunca Se Oyó
NUBES ENCENDIDAS
01751 Perder/Ganar
RELATIVIDAD
viernes, 8 de mayo de 2026
01750 Esclarecedora Señal
SIN MIEDOS
01749 El Granizado de Melocotón con Vino
"MANÍAS"
El día 10 de agosto es el día grande de la Ciudad de Huesca.
Es la siempre esperada fecha en la que los oscenses, vestidos de blanco y
verde, y con aroma de albahaca, honran a su copatrón San Lorenzo. Es una
jornada en la que se jalonan las tradiciones desde el punto de la mañana:
multitudinarios almuerzos en las calles, la aparición anual de los Danzantes de
Huesca y sus dances, la concurrida Procesión en honor a San Lorenzo, los
familiares aperitivos, los reencuentros… y en la mesa de ese día, el pollo al
chilindrón y el melocotón con vino. Este es el único día del año que, aún
gustándome el uno y el otro, los consumo con deleite. Es curioso, pero así es.
Puede que algún año, sin haberlo tenido previsto, haya comido pollo al
chilindrón y melocotón con vino fuera de esa fecha, pero siempre habrá sido
ajeno a mi voluntad. Manías que tiene uno.
El pasado año, el día 9, en el inicio de las fiestas
laurentinas, unos amigos, Félix y Pilar, nos invitaron a almorzar a su finca
junto a unos colegas suyos. Nos agasajaron con un opíparo y variado almuerzo
que se cerró con un granizado de melocotón con vino elaborado por Pilar. Nunca
lo había probado y lo cierto es que me encantó. Además, con el calor que hizo,
entró por el gaznate a las mil maravillas. Mientras lo consumía, poco a poco,
me acordé de mi “manía”, pero llegué a la conclusión de que no había
traicionado a mi tradición, pues se trataba de un granizado, y no del consabido
melocotón con vino. Cualquier excusa me podía servir en ese momento. Al día
siguiente, 10 de agosto, San Lorenzo, di buena cuenta de un exquisito pollo al
chilindrón y como no, de un par de vasos de melocotón con vino.
Por supuesto, no perdí la oportunidad de pedirle la receta a
Pilar de su granizado.
Ingredientes: 1 kilo de melocotón, ½ litro de vino añejo y 6
cucharadas soperas de azúcar.
Elaboración: Pelar y cortar los melocotones a trozos. Triturar
los melocotones con el vino y el azúcar hasta obtener una textura sin trozos de
melocotón. Verter la mezcla en un recipiente e introducir en el congelador.
Congelar al menos durante unas cuatro horas. Cada hora, raspar la mezcla con un
tenedor con el fin de romper los cristales de hielo. Antes de servir, volver a
raspar.
miércoles, 6 de mayo de 2026
01748 Las Migas
RECORDANDO A MI TÍO ANTONIO
Acabo de sentarme frente a un plato de migas, concretamente frente a un plato de migas con chorizo y huevo frito. Ha sido ver el plato, y evocar momentos de reunión y familia en torno a un caldero de migas, saboreadas a rancho y cuchara en mano. El maestro de ceremonias no era otro que mi tío Antonio. Las bordaba. Eran cocinadas al estilo tradicional, con toda la humildad que le otorga su origen al plato, y que hay que buscarlo en la trashumancia y el pastoreo. Todavía recuerdo sus vivos ojos, con su eterna y entrañable sonrisa, mientras cortaba minuciosamente el duro pan y disponía próximo a él, los escasos ingredientes necesarios para tan excelente plato: sebo de cerdo, ajo y aceite de oliva, además de la paciencia que él tenía. No hacía falta mucho más. Al fin y al cabo, las migas nacieron como una forma de aprovechar los restos de pan para convertirlos en una comida reconfortante y nutritiva.
Mi tío acostumbraba a acompañar este tradicional plato con
uvas. El dulzor del fruto suavizaba este plato bien consistente. Desde aquellos
años, he probado migas de bien variados gustos. Y es que, tratándose de un
plato tan tradicional, cada zona geográfica, cada casa, igual que el
maestrillo, tienen su librillo.
Las migas que traigo a colación no están cocinadas en casa,
sino que las tomé recientemente en la localidad altoaragonesa de Canfranc a
donde acudí con la familia para conocer la reforma realizada a su Estación
Internacional. Algún día la traeré hasta este caleidoscopio vital. Nos encantó.
El caso es que comimos en un restaurante de la localidad,
muy bien, por cierto, y entre las propuestas del menú aparecían las migas con
chorizo y huevo frito. No me lo pensé dos veces. Hacía tiempo que no las había
comido, igual desde el pasado verano y, además, aunque fuera con otra
perspectiva, me apetecía recordar a mi tío Antonio y a los gratos recuerdos que
me regaló con sus migas durante muchos años. No me decepcionaron. Estaban bien
cocinadas y sabrosas. Solo le faltaron las risas, la algarabía y las caras de
felicidad de quienes nos sentábamos a la mesa en torno a las migas de mi tío Antonio.
La receta que a continuación detallo es la que aprendí de mi
madre, solo que ella utilizaba longaniza en lugar de chorizo. Tampoco acostumbraba
a acompañar las migas con huevo frito. De cualquier manera, las unas y las otras
me parecen excepcionales.
Ingredientes para 4 personas: ½ kilo de migas de pan seco,
cuatro dientes de ajo, chorizo fresco, pimentón dulce, sebo de cerdo, aceite de
oliva, agua y sal.
Elaboración: Cortar las migas y humedecerlas con agua, pero
sin apelmazarlas. Taparlas con un trapo hasta que vayamos a cocinarlas. En una
paella o sartén grande con un poco de aceite dorar los ajos picados finamente.
Cuando estén dorados, añadir el sebo cortado en pequeños trozos y dejar
derretir. Añadir el chorizo cortado a rodajas y freír. Incorporar el pimentón,
mezclar, y a continuación añadir las migas. Sazonar. Cocinar a fuego medio dando
vueltas continuamente con una rasera hasta ver que las migas han absorbido el
aceite y el pimentón. Coronar el plato, si así se desea, con un huevo frito.
01747 Que Despierten los Sentidos
ANTE UN NUEVO DÍA
sábado, 2 de mayo de 2026
01746 Las Lechugas
DEL HUERTO DE PRIMAVERA Y ESTÍO
viernes, 1 de mayo de 2026
01745 La Ensalada de Pera y Gorgonzola
UNA ENSALADA PARA DISFRUTAR
martes, 28 de abril de 2026
01744 Carta a un Paisaje Amigo
EN UN TIEMPO SENTIDO Y CON SENTIDO
jueves, 16 de abril de 2026
01743 El Ceviche de Berberechos
GIPSY CHEF, ¡QUÉ DESCUBRIMIENTO!
Se trata de un “plato consistente en carne marinada,
-pescado, marisco o ambos-, en aliños cítricos, reconocido por la Unesco como
expresión de la cocina tradicional peruana y patrimonio cultural inmaterial de
la humanidad. Diferentes versiones de este plato forman parte de la cultura
culinaria de diversos países hispanoamericanos litorales del océano Pacífico
como Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras,
México, Nicaragua, Panamá y Perú. En este último país se lo considera además
como plato bandera y patrimonio cultural de la nación”. Sirva lo entrecomillado
como carta de presentación del ceviche, plato desconocido para mí hasta hace
unos pocos meses.
Había oído hablar de este popular plato, pero no fue hasta
un poco antes de las pasadas navidades, cuando tuve la oportunidad de
estrenarme en él. No acostumbro a frecuentar bares y restaurantes como hacía
cuando estaba en activo y tenía necesidad de socializar. Desde que me jubilé,
son otros los objetivos y los destinos que marcan mis días. Esto no quita para
que, cuando se presenta una propicia ocasión, retome el gusto por la hostelería
y todo lo que lleva consigo. Fue el caso de unos amigos y vecinos de barrio que
nos llamaron para “tomar algo” en un gastro bar cercano a casa. Y para allí que
fuimos. Nos dijeron que ellos frecuentaban este establecimiento con relativa
asiduidad y que “tenían tapas y platos muy ricos”. Accedí a la carta, la leí
muy, muy por encima, y llegué a la conclusión de que todo me apetecía. Así, que
me dejé aconsejar por nuestros amigos, conocedores del percal que ofrecía la
casa. Además, yo estoy muy desentrenado. Nos preguntaron si nos gustaba el
ceviche, para a continuación anunciar que allí preparaban uno muy bueno.
Dijimos que sí, sin haberlo probado jamás; una mentirijilla de cortesía. A los
pocos minutos aparecieron en la mesa varios platos, entre ellos, un ceviche de
berberechos. Antes de probarlo, fuimos informados para nuestro desconocimiento,
que se trataba de una adaptación del ceviche peruano, pero con berberechos
naturales. Gloria y yo introducimos nuestros respectivos tenedores
prácticamente a la par, lo degustamos a la par y loamos el plato también a la
par. Nos pareció delicioso.
De camino de regreso a casa, volvimos a coincidir en la
bondad del ceviche de berberechos con el que nos habíamos deleitado e incluso
enumeramos sus posibles ingredientes: berberechos, cebolla morada, aguacate,
zumo de lima o limón, algo ligeramente picante, pimienta y sal. No pasaron
muchos días que pusimos en práctica nuestro parecer, no se nos fuera a olvidar.
Y sí, se pareció mucho al que habíamos probado aquel día. Y sí, este ceviche de
berberechos tampoco tardó mucho en incorporarse por la puerta grande a nuestros
familiares aperitivos.
El primer día que los preparamos, para asegurarnos, nos
dimos una vuelta por la red de redes con el fin de asegurarnos si estábamos en
lo cierto en nuestras apreciaciones gustativas. Prácticamente habíamos dado en
el clavo. Pudimos leer que este ceviche de berberechos lo popularizó el
cocinero televisivo Pablo Albuerne, Gipsy Chef, quien dio a conocer esta
original receta en un vídeo, sentado en un banco frente al mar mientras la
elaboraba con los ingredientes sacados de una mochila. La diferencia entre su ceviche
y el probado por nosotros estriba en que, en el suyo, en el original, se incluyen
cilantro y kikos de maíz tostado. El resto de
ingredientes, los que intuimos en un principio. Finalmente, en el ceviche de
berberechos que elaboramos en casa descartamos deliberadamente el cilantro, pues
hay a quien no le gusta esta planta, y los kikos también, por malas
experiencias con ellos.
A continuación, comparto las recetas de los dos ceviches; el
original de Gipsy Chef y el que cocinamos en casa y que tanto nos encanta.
Ceviche de berberechos de Gipsy Chef:
Ingredientes para una persona: ¼ de cebolla morada, aceite
de oliva, sal, un toque de pimienta, el zumo de una lima, ¼ de aguacate cortado
en taquitos, 1 lata de berberechos, unas gotas de Sriracha, unas hojas de cilantro
y maíz tostado.
Elaboración: Introducir en un bote la cebolla cortada en
juliana, unas gotas de aceite de oliva, una pizca de sal, un toque de pimienta,
el zumo de una lima, un cuarto de aguacate cortado a taquitos, una lata de
berberechos con un poco de su propio jugo, unas gotas de Sriracha y unas hojas de
cilantro cortadas. Tapar el bote y agitar repetidas veces hasta mezclar todos
los ingredientes. Servir y finalizar con un poco de maíz tostado troceado.
Nuestro ceviche de berberechos:
Ingredientes para 4 personas: 2 latas de berberechos, media
cebolla morada, 1 aguacate cortado a taquitos, el zumo de 2 limas, unas gotas
de aceite de oliva virgen extra, un poco de sal, un poco de pimienta y unas gotas
de Sriracha o de Tabasco.
Elaboración: Picar la cebolla en juliana y el aguacate en
taquitos, e introducir en un bote. Añadir el zumo de dos limas e incorporar un
chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal, un poco de pimienta y unas gotas
de Sriracha o de Tabasco. Finalmente, incorporar las latas de berberechos con
un poco de su propio jugo. Tapar el bote y agitar varias veces hasta ver bien mezclados
todos los ingredientes. Abrir el bote y servir en raciones individuales.
P.D. Siempre me sabe a poco.
sábado, 11 de abril de 2026
01742 Las Alubias Blancas con Pimientos
SIEMPRE LAS LEGUMBRES
viernes, 10 de abril de 2026
01741 Un Desvarío
PAISAJE SOÑADO
lunes, 6 de abril de 2026
01740 Un Variado de Tomates
¡POR FAVOR!
Una de mis cenas favoritas cuando los tomates maduran en mi
huerto, es sacar a la mesa una variada selección de estos frutos, aliñados
simplemente con un buen aceite de oliva virgen y sal, e incluso en esporádicas
ocasiones, aderezados con ajo cortado muy fino. Siempre que me enfrento a este
platazo, me acuerdo de mi querido Antonio Arazo, reconocido cocinero oscense,
que, cuando yo apenas conocía media docena de variedades de tomate, nos deleitó
en una cena con amigos, con una degustación de hasta 25 tipos de tomates. Me
pareció algo fascinante y difícil de olvidar.
Con estos mimbres nacen suculentas comidas y cenas, no como
las de mi amigo Antonio Arazo y sus 25 variedades, pero creo que a este paso en
un par de años podré emularlas. Tiempo al tiempo.
No obstante, me he quedado perplejo con un dato que acabo de
leer y que no la tengo todas conmigo de que sea cierto. “Existen más de 10.000
variedades de tomates en el mundo, clasificadas por forma, color (rojo,
amarillo, negro, verde) y uso culinario, desde los diminutos cherry hasta los
grandes tomates de ensalada”. Si es así, anda que no me quedan tomates por
probar. Imposible, al igual que escribir sobre diez mil cosas que me gustan; objetivo de este blog.
viernes, 3 de abril de 2026
01739 Las Gulas Rebozadas
SORPRENDENTE E INESPERADO
En casa nos encantan las gulas. Siempre hay en el
frigorífico un par de paquetes para algún “por si acaso”. Son un buen recurso y
nos han sacado de no pocos apuros. Acostumbramos a tomarlas en ensaladas, con
huevos fritos, en revueltos o con los tradicionales ajos fritos y sus
correspondientes cayenas. En esta ocasión, las recojo en un cocinado
sorprendente, inesperado e inimaginable; rebozadas. Todo un rico
descubrimiento. Un aperitivo rápido de preparar, crujiente y delicioso.
Fue Gloria la que me sorprendió, de forma inesperada, con esta
inimaginable propuesta a la hora del aperitivo. Es una mujer inquieta, despierta
y muy interesada por el conocimiento, sea cual sea la materia, y la gastronomía
no es una excepción. Ya he comentado en alguna ocasión que se maneja de manera
sobresaliente entre fogones, lo que implica que probemos platos memorables.
De entrada, el plato me llamó la atención. Nunca pensé que
las gulas se pudieran rebozar. Y eso, que yo soy de los que rebozaría y
empanaría todo. Antes de probar el primer bocado, Gloria nos informó acerca del
proceder de la tapa. Aparentemente, tenían un aspecto magnífico. Solo quedaba
probarlas. Cogí el primer haz de gulas rebozadas, lo unté ligeramente en el
alioli, me lo llevé a la boca y… ¡Qué bueno! Un bocado crujiente, sabroso y
sutil. A partir de aquí, fueron cayendo como el que come pipas. No sé a quien
se le ocurrió esta idea, pero vaya desde aquí mi aplauso. Mis felicitaciones a
Gloria se las di en directo.
Ingredientes: 250 gramos de gulas, harina de trigo o de
garbanzo y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración: Enharinar un pequeño puñado de gulas y freír en
pequeñas tandas en aceite muy caliente durante unos 2 minutos, hasta obtener un
color dorado. Sacar del fuego y dejar escurrir sobre papel absorbente. Servir
caliente, acompañadas de alioli.
jueves, 2 de abril de 2026
01738 Los Caracoles a la Llauna
TAN IGUALES, TAN DISTINTOS
Regresan los caracoles hasta este caleidoscopio vital, y lo
hacen de la manera que quizás más me gusten; a la llauna. Se trata de una forma
tradicional de cocinar caracoles en una bandeja de hierro, muy típica en
Valencia y Cataluña. Llauna proviene de la bandeja metálica donde se hornean.
Básicamente se busca una cocción que conserve los jugos del caracol y una capa
externa ligeramente crujiente cuando se gratinan.
Recuerdo perfectamente la primera vez que los probé de esta
guisa. Me parecieron deliciosos. Fue en la ya desaparecida Casa Barrau,
en la localidad altoaragonesa de Binéfar, a escasos kilómetros de Lleida,
el reino del caracol, del cargol o caragol catalán. De aquello han pasado más
de una treintena de años, y lo recuerdo como todo un descubrimiento, de tal
manera que siempre que tengo oportunidad de deleitarme con este plato, no me lo
pienso dos veces. Hasta entonces, los había consumido en guisos o simplemente
cocidos en agua y acompañados de un buen alioli.
Ya he comentado en alguna ocasión, refiriéndome al caracol,
que aquí no hay término medio: o se ama, o se odia; la indiferencia no cabe. De
hecho, según he podido leer, mientras en las zonas mediterráneas el caracol es
muy apreciado, en el resto de Europa está considerado como algo “repugnante”.
Aunque pudiera parecer un plato humilde, -si así fue, fue otrora, no en la
actualidad-, los patricios romanos consideraban al caracol como una auténtica
delicia. Sería precisamente durante el Imperio romano, cuando los caracoles
alcanzarían la mayor de sus consideraciones. En la Edad Media perdió el caracol
buena parte de su prestigio, si alguno le quedaba. Ya en el siglo XVII, para
acabar de rematar, Alonso de Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua Castellana,
advierte sobre este gasterópodo, “su carne es dura de digestión, y de ruin y
grosero mantenimiento para gentes delicadas”. Será en el siglo XIX, cuando
Antonin Carâreme los introducirá en las nobles mesas, al ofrecérselos al zar
Alejandro I a la bourguignonne, un icono de la cocina francesa.
En la actualidad, Cataluña y Chipre abanderan el consumo de
caracoles en todo el mundo. Precisamente, en la localidad catalana de Lleida se
viene celebrando desde 1980 L’Aplec del Caragol, un encuentro festivo y
gastronómico en torno a la cocina de este pequeño animal. La cita anual se
organiza para finales del mes de mayo, en un intenso fin de semana, con la
participación de 124 peñas, 16.850 peñistas, 200.000 visitantes y una previsión
de consumo de 14 toneladas de caracoles. L’Aplec se inicia el viernes por la
tarde y se prolonga durante el sábado y domingo con verbenas, conciertos,
música, castellers, concursos y un sinfín de actividades. El caracol se cocina
de múltiples formas: a la gormanda, -plato tradicional de la cocina catalana,
especialmente popular en Lleida, que consiste en caracoles cocinados en cazuela
de barro con un sofrito de ajo, guindilla, harina, perejil, y a menudo beicon o
jamón, resultando en una salsa espesa y picante-, a la cazuela… pero la más
popular es a la llauna, a la “lata”, en una plancha metálica plana con asas. “Los
caracoles dejunats, en ayunas, se colocan sobre una lata de uno en uno y boca
arriba, y la lata sobre las brasas. Una vez cocinados, se extraen del caparazón
con un palillo largo, y se mojan con alioli, una salsa hecha a mano en el
mortero con aceite y ajo o a la vinagreta.
“Los caracoles ‘a la llauna’ son una tradición, una fiesta y
un símbolo de la gastronomía de las Terres de Lleida. Esta receta te guiará
para preparar este delicioso plato, al horno o a la brasa, que evoca el
espíritu de las fiestas populares. Simplicidad y cocción directa para disfrutar
con calma y buena compañía”.
Ingredientes para 4 personas (como entrante o picoteo): 1
kilo o 1,5 kilos de caracoles (preferiblemente de la variedad sapenco, ya
purgados), sal gorda (para la base de la ‘llauna’), sal fina, pimienta
negra molida, aceite de oliva virgen extra, opcional para aliñar (hacia
el final de la cocción), 1 cabeza de ajos, un buen manojo de perejil fresco,
un poco de guindilla o pimentón picante (si gustan picantes), un chorrito
de coñac o brandy (opcional).
Utensilios necesarios: una ‘llauna’ especial para
caracoles o una bandeja de horno metálica, pinzas largas (si se hacen a la
brasa), mortero.
Tiempo de preparación: Preparación previa (purga): los
caracoles deben estar purgados (en ayuno) al menos una semana antes. Limpieza
(opcional): 5-10 minutos. Cocción: 15-25 minutos. Dificultad: baja-media
(la principal dificultad radica en el manejo de los caracoles y el punto de
cocción).
Pasos a seguir: Primero, asegúrate de que los caracoles
estén bien purgados. La limpieza externa es opcional: algunos prefieren
cocinarlos directamente para conservar toda su ‘baba’, mientras que otros los
pasan por un poco de agua para quitar tierra o impurezas del caparazón, sin
sumergirlos del todo. Prepara la ‘llauna’. Si no es una ‘llauna’ especial con
concavidades, cubre el fondo de la bandeja metálica con una capa generosa de
sal gorda. Esto ayudará a estabilizar los caracoles y a distribuir el calor. Coloca
los caracoles sobre la sal gorda (o en las concavidades de la ‘llauna’), con la
abertura hacia arriba y bien juntos, para que no se vuelquen durante la
cocción. Aliña los caracoles. Espolvoréalos generosamente con sal fina y
pimienta negra molida. Riégalos con un buen chorro de aceite de oliva virgen
extra.
Cocción: Al horno: precalienta el horno a 200-220°C con
calor arriba y abajo (y si tiene grill, actívalo los últimos minutos).
Introduce la ‘llauna’ en el horno y cuece durante unos 10-15 minutos. A la brasa: coloca
la ‘llauna’ sobre las brasas de un fuego de leña o carbón, a una altura que
proporcione un calor intenso, pero no directo para evitar que se quemen
rápidamente. La cocción será más rápida, unos 8-12 minutos. A media cocción (a
los 7-10 minutos), puedes retirar momentáneamente la ‘llauna’ y, si lo deseas,
añadir un aliño adicional. Una opción clásica es una picada de ajo y perejil
mezclada con un poco más de aceite de oliva y distribuida por encima de los caracoles.
También puedes añadir un chorrito de coñac o guindilla en este momento. Vuelve
a introducir la ‘llauna’ en el horno o a la brasa y continúa la cocción unos
5-10 minutos más, o hasta que los caracoles empiecen a dorarse y su carne esté
cocida y tierna. Sirve los caracoles
inmediatamente, bien calientes, en la misma ‘llauna’ de cocción.
domingo, 29 de marzo de 2026
01737 Las Alcachofas con Jamón
LAS DE TODA LA VIDA
sábado, 28 de marzo de 2026
01736 El Que Algo Quiere
ALGO LE CUESTA
viernes, 27 de marzo de 2026
01735 La Pasta Fresca de Lasaña Frita
UNA GENIAL SORPRESA
Hace días que encuentro el frigorífico un tanto desordenado
y confuso, casi tanto como yo. Así, que he decidido poner un poco de orden y
ver qué "maravillas" me encuentro en tanto desajuste. Sigo
refiriéndome al frigorífico, ya que lo mío no tiene arreglo. Los recipientes de vidrio con restos de comida
están controlados. Los lácteos y sus derivados en perfecto estado de
presentación y amplia caducidad. Frutas y verduras no han ocasionado baja
alguna. Hasta aquí bien. Continúo con algo que ya empieza a preocupar. Me
refiero a esos pequeños paquetes envueltos en papel de aluminio y cuyo
contenido es una absoluta incógnita. Lo que me temía. Medias manzanas, medios
limones, medios plátanos... Respiro hondo y no miro a nadie. Los coloco en
primera línea del frío para que no se vayan sumando más medios de lo que sea y
el resto del personal de casa sepa que existen.
Ahora toca revisar las decenas de botes ya abiertos o sin
abrir que viven en el frigorífico. Digo que viven porque la última vez que puse
orden en este electrodoméstico, los coloqué todos en la misma balda y ya
pueblan todas las existentes. ¡Qué curioso!
Los botes empezados de mermeladas, pimientos en conserva y
encurtidos varios, entre otros, no presentan todavía mal aspecto. Aquellos que
están todavía sin abrir mantienen el margen de fecha para su consumo. También
sin baja alguna y todos los envases colocados de nuevo en una misma balda.
He recordado que, en una de esas incursiones que realizo de
vez en cuando al azar por el maravilloso, amplio y atractivo mundo de las
recetas gastronómicas, me topé con una especialmente curiosa y fácil de aprender;
tanto, que ni siquiera la guardé ni la anoté. Se trataba, precisamente, de una
receta de pasta de lasaña fresca frita. Nunca la había cocinado de esta guisa y
este ha sido el día, porque en esta casa no se tira nada de comida. El
resultado, reconozco que tenía ciertas dudas al respecto, no ha podido ser más
certero y plausible: de aperitivo con una fresca cerveza, crujiente, adictiva
como las pipas… y hasta agotar existencias. ¡Y más que hubiese habido! Una
genial sorpresa que no tardaré en repetir y sin necesidad de poner orden en el
frigorífico.
Ingredientes: láminas de pasta de lasaña fresca, aceite de
girasol, sal y pimentón dulce o picante.
Elaboración: Cortar las láminas de pasta en trozos iguales,
6x2,5 cms aproximadamente. Introducir los trozos en pequeñas cantidades en una
sartén con aceite de girasol bien caliente. Dorarlos ligeramente. Mucho cuidado
con la fritura, pues se doran rápidamente si el aceite está caliente. Sacar de
la sartén y depositar los trozos en un plato con papel absorbente de cocina.
Sazonar y espolvorear pimentón dulce o picante, según el gusto.
jueves, 26 de marzo de 2026
01734 Las Galletas de Mantequilla
DE BUENA VECINDAD














