DULCES Y SABROSAS
jueves, 21 de mayo de 2026
01757 Las Cebollas Tiernas
sábado, 16 de mayo de 2026
01756 Ocurrencias
YA NADA IMPORTA
01755 Los Lazos de Jaca
UN ICONO DE LA PASTELERÍA JAQUESA
Sigo recogiendo en este caleidoscopio vital dulces típicos de nuestra piel de toro. En esta ocasión, se localiza en la localidad altoaragonesa de Jaca, la Perla del Pirineo, y no puede tener un nombre más sugerente; Lazos de Jaca. En síntesis, un dulce elaborado a base de hojaldre de mantequilla y cubierto con yema confitada y en forma de lazo.
Me he reencontrado con esta popular delicia gracias a una
amiga que recientemente vino a cenar a casa y tuvo a bien obsequiarnos con
estos dulces lazos. Fue verlos y removerse el cajón de los recuerdos. Rememorar
aquellos días, lejanos ya, en los que visitar Jaca llevaba aparejada, al
regreso a casa, la adquisición de este icono de la repostería jacetana. Con el
café, mientras saboreaba uno de los tres lazos que me comí, compartí con el
resto de la mesa una anécdota en torno a este pequeño, pero gran pastel. En una
ocasión, en una breve escapada a esta bella localidad por motivos de un
esporádico e infausto trabajo, antes de regresar a casa compré, para obsequiar
a mi madre, una caja de Lazos en la Pastelería La Suiza, obrador donde fueron
creados en 1946. Con mis pasteles en la mano, todavía apuré mi estancia
degustando un café en una céntrica terraza de la localidad jaquesa. Me dirigí
al coche, por aquel entonces un Seat 127 amarillo de no sé qué mano, y cuando
estaba ya al volante, me di cuenta de que no llevaba la caja de pasteles. Me
bajé del coche y corrí todo lo que pude hasta la cafetería que había abandonado
apenas hacía diez minutos. Por aquella época todavía me respondían bien las
piernas y el corazón. Al llegar, me acerqué hasta la mesa en la que había
estado tomándome el café. Vacía, sin gente ni Lazos. Pregunté a los camareros.
No habían visto la caja. Decepcionado, me dirigí de nuevo a La Suiza a comprar
otra caja de Lazos. Al entrar en la pastelería, una amable y sonriente dependienta
salió del mostrador para acercarme una caja de Lazos. Me explicó que me había
dejado la caja al pagar y que cuando se dieron cuenta ya había desaparecido.
Al regresar a casa le conté a mi madre lo sucedido. Tampoco
le extrañó. De estas anécdotas ya sumaba unas cuantas.
Volviendo a los Lazos o Lacitos, como popularmente también
se conocen, además de exquisitos, se me antojan muy atractivos por el llamativo
color y su característica forma. Por lo que leí en una ocasión en un reportaje
con motivo del 75 aniversario de su creación, su elaboración es sencilla,
aunque laboriosa. En síntesis, “hay que preparar el hojaldre, dejarlo descansar
en el horno, cortarlo, darle forma y una vez cocidos los lazos en el horno,
sumergirlos en yema confitada caliente de uno en uno para terminarlos con un
glaseado”. Decirlo resulta fácil, ahora, ponerse a elaborarlos, es otro cantar.
Lo mejor es visitar Jaca y obsequiarte con este delicado manjar.
No obstante, he estado curioseando recetas por si encontraba
alguna que pudiese servir para mis entendederas. Aquí dejo un enlace, que no
digo yo que algún día me atreva a emularlo.
https://www.juliaysusrecetas.com/2015/04/lazos-de-jaca-con-glasa-de-yema.html
martes, 12 de mayo de 2026
01754 ¡A Soñar!
SERÁ POR SUEÑOS
lunes, 11 de mayo de 2026
01753 Los Torreznos
UNA APROXIMACIÓN
Traigo hasta este caleidoscopio vital otro alimento de reciente
y para mí, novedosa degustación. Se trata de los torreznos. Los conocía, pero
nunca hasta hace muy pocas fechas los había probado. Cuando los he visto en
algún bar no me han dado mucha confianza, y aunque alguna tentación he tenido,
finalmente no he caído.
Me tenían que gustar sí o también. Ya he comentado en más de
una ocasión, que en materia alimentaria pongo muy pocos reparos. Alguno tengo,
pero se pueden contar con los dedos de una mano. En el caso del torrezno, sin
haberlo probado, sabía que me iba a gustar. Huelga decir que el tocino frito me
encanta y acostumbro a usarlo en la cocina con mucha frecuencia, pero el
popular torrezno, aún no lo había probado. Fue en un restaurante en Lleida donde
constaté lo que ya suponía, que me gustarían. Como no podía ser de otra manera,
y tratándose de un restaurante ilerdense, fuimos a comer caracoles. Lo de los
torreznos fue una especie de antojo al verlos anunciados en la carta. Y sí, me
encantaron. No obstante, por lo que había podido ver en algún reportaje, estos
torreznos se parecían en poco a los que yo podía imaginar. E insisto, los que
pude probar me gustaron. Ya no podré decir que no los he comido.
Aunque en la actualidad se consumen y elaboran torreznos en
prácticamente toda España, los más populares se encuentran en Ávila, Salamanca,
Teruel y Soria. En esta última provincia, el torrezno es todo un símbolo. Tanto
es así que en 2010 fabricantes y productores constituyeron una “Marca de
Garantía”, gracias a la cual han protegido el torrezno como patrimonio
gastronómico de la humanidad por la UNESCO.
En cuanto a su elaboración, he leído varias recetas y,
aunque el verbo que las une es el de freír, cada una tiene su aquel y su
truquillo. He hecho un compendio y este es el resultado.
Ingredientes: Tiras de panceta curada, aceite de oliva
virgen extra y sal.
Elaboración: Secar bien la panceta para que se fría mejor y
resulte más crujiente. En una sartén un poco grande, calentar aceite de oliva virgen
extra, a fuego medio/bajo. Comenzar a freír las tiras de panceta con la corteza
hacia abajo durante unos 15 minutos. Retirar y reservar hasta que hayan pasado
por la sartén todas las tiras de panceta. Subir la potencia del fuego y freímos
los laterales de la panceta hasta que se doren. Retirar, escurrir y sazonar con
sal.
Bueno, pues me voy a poner manos a la obra y a ver qué
sucede. Me apetece tomar unos torreznos como los que he visto en los
reportajes. No sé si sabré sacarle partido a este remix de receta. Lo que tengo
claro es que, en mi viaje pendiente a Soria, que todavía no conozco y he oído
hablar maravillas, me tomaré unos buenos torreznos, y si puedo, aprovecharé
para aprender a cocinarlos bien. Eso espero. De momento, para quitarme el
gusanillo me adelantaré con este experimento.
sábado, 9 de mayo de 2026
01752 El Grito Que Nunca Se Oyó
NUBES ENCENDIDAS
01751 Perder/Ganar
RELATIVIDAD
viernes, 8 de mayo de 2026
01750 Esclarecedora Señal
SIN MIEDOS
01749 El Granizado de Melocotón con Vino
"MANÍAS"
El día 10 de agosto es el día grande de la Ciudad de Huesca.
Es la siempre esperada fecha en la que los oscenses, vestidos de blanco y
verde, y con aroma de albahaca, honran a su copatrón San Lorenzo. Es una
jornada en la que se jalonan las tradiciones desde el punto de la mañana:
multitudinarios almuerzos en las calles, la aparición anual de los Danzantes de
Huesca y sus dances, la concurrida Procesión en honor a San Lorenzo, los
familiares aperitivos, los reencuentros… y en la mesa de ese día, el pollo al
chilindrón y el melocotón con vino. Este es el único día del año que, aún
gustándome el uno y el otro, los consumo con deleite. Es curioso, pero así es.
Puede que algún año, sin haberlo tenido previsto, haya comido pollo al
chilindrón y melocotón con vino fuera de esa fecha, pero siempre habrá sido
ajeno a mi voluntad. Manías que tiene uno.
El pasado año, el día 9, en el inicio de las fiestas
laurentinas, unos amigos, Félix y Pilar, nos invitaron a almorzar a su finca
junto a unos colegas suyos. Nos agasajaron con un opíparo y variado almuerzo
que se cerró con un granizado de melocotón con vino elaborado por Pilar. Nunca
lo había probado y lo cierto es que me encantó. Además, con el calor que hizo,
entró por el gaznate a las mil maravillas. Mientras lo consumía, poco a poco,
me acordé de mi “manía”, pero llegué a la conclusión de que no había
traicionado a mi tradición, pues se trataba de un granizado, y no del consabido
melocotón con vino. Cualquier excusa me podía servir en ese momento. Al día
siguiente, 10 de agosto, San Lorenzo, di buena cuenta de un exquisito pollo al
chilindrón y como no, de un par de vasos de melocotón con vino.
Por supuesto, no perdí la oportunidad de pedirle la receta a
Pilar de su granizado.
Ingredientes: 1 kilo de melocotón, ½ litro de vino añejo y 6
cucharadas soperas de azúcar.
Elaboración: Pelar y cortar los melocotones a trozos. Triturar
los melocotones con el vino y el azúcar hasta obtener una textura sin trozos de
melocotón. Verter la mezcla en un recipiente e introducir en el congelador.
Congelar al menos durante unas cuatro horas. Cada hora, raspar la mezcla con un
tenedor con el fin de romper los cristales de hielo. Antes de servir, volver a
raspar.
miércoles, 6 de mayo de 2026
01748 Las Migas
RECORDANDO A MI TÍO ANTONIO
Acabo de sentarme frente a un plato de migas, concretamente frente a un plato de migas con chorizo y huevo frito. Ha sido ver el plato, y evocar momentos de reunión y familia en torno a un caldero de migas, saboreadas a rancho y cuchara en mano. El maestro de ceremonias no era otro que mi tío Antonio. Las bordaba. Eran cocinadas al estilo tradicional, con toda la humildad que le otorga su origen al plato, y que hay que buscarlo en la trashumancia y el pastoreo. Todavía recuerdo sus vivos ojos, con su eterna y entrañable sonrisa, mientras cortaba minuciosamente el duro pan y disponía próximo a él, los escasos ingredientes necesarios para tan excelente plato: sebo de cerdo, ajo y aceite de oliva, además de la paciencia que él tenía. No hacía falta mucho más. Al fin y al cabo, las migas nacieron como una forma de aprovechar los restos de pan para convertirlos en una comida reconfortante y nutritiva.
Mi tío acostumbraba a acompañar este tradicional plato con
uvas. El dulzor del fruto suavizaba este plato bien consistente. Desde aquellos
años, he probado migas de bien variados gustos. Y es que, tratándose de un
plato tan tradicional, cada zona geográfica, cada casa, igual que el
maestrillo, tienen su librillo.
Las migas que traigo a colación no están cocinadas en casa,
sino que las tomé recientemente en la localidad altoaragonesa de Canfranc a
donde acudí con la familia para conocer la reforma realizada a su Estación
Internacional. Algún día la traeré hasta este caleidoscopio vital. Nos encantó.
El caso es que comimos en un restaurante de la localidad,
muy bien, por cierto, y entre las propuestas del menú aparecían las migas con
chorizo y huevo frito. No me lo pensé dos veces. Hacía tiempo que no las había
comido, igual desde el pasado verano y, además, aunque fuera con otra
perspectiva, me apetecía recordar a mi tío Antonio y a los gratos recuerdos que
me regaló con sus migas durante muchos años. No me decepcionaron. Estaban bien
cocinadas y sabrosas. Solo le faltaron las risas, la algarabía y las caras de
felicidad de quienes nos sentábamos a la mesa en torno a las migas de mi tío Antonio.
La receta que a continuación detallo es la que aprendí de mi
madre, solo que ella utilizaba longaniza en lugar de chorizo. Tampoco acostumbraba
a acompañar las migas con huevo frito. De cualquier manera, las unas y las otras
me parecen excepcionales.
Ingredientes para 4 personas: ½ kilo de migas de pan seco,
cuatro dientes de ajo, chorizo fresco, pimentón dulce, sebo de cerdo, aceite de
oliva, agua y sal.
Elaboración: Cortar las migas y humedecerlas con agua, pero
sin apelmazarlas. Taparlas con un trapo hasta que vayamos a cocinarlas. En una
paella o sartén grande con un poco de aceite dorar los ajos picados finamente.
Cuando estén dorados, añadir el sebo cortado en pequeños trozos y dejar
derretir. Añadir el chorizo cortado a rodajas y freír. Incorporar el pimentón,
mezclar, y a continuación añadir las migas. Sazonar. Cocinar a fuego medio dando
vueltas continuamente con una rasera hasta ver que las migas han absorbido el
aceite y el pimentón. Coronar el plato, si así se desea, con un huevo frito.
01747 Que Despierten los Sentidos
ANTE UN NUEVO DÍA
sábado, 2 de mayo de 2026
01746 Las Lechugas
DEL HUERTO DE PRIMAVERA Y ESTÍO
viernes, 1 de mayo de 2026
01745 La Ensalada de Pera y Gorgonzola
UNA ENSALADA PARA DISFRUTAR







