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martes, 10 de marzo de 2026

01725 Los Huevos Cocidos con Pimientos Morrones Fritos

 CÁLIDO Y COLORISTA


La propuesta gastronómica que traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital es de las que solo con verla, hace que el gusanillo de la felicidad recorra todo mi cuerpo. Insisto que el listón de las cosas cotidianas cada vez está menos alto y por lo tanto, más asequible. Será por su cálido colorido, por su sencillez o porque es una pasada lo rico que está, pero pocas veces dos sencillos alimentos bien aderezados pueden llegar a aportar tanto.

Este año el huerto me ha obsequiado con un buen número de pimientos morrones y además de buen tamaño. Se conoce que debía tocar así. El caso es que los pimientos, una vez asados, que no han sido embotados, los hemos ido disfrutando en casa de todas las maneras que por tradición hemos recordado.

En esta ocasión, los pimientos no están asados, sino fritos. Mi madre, que también era una forofa de los pimientos morrones asados, aquellos que no ofrecían un aspecto más que saludable, los descartaba, que no tiraba, y en lugar de asarlos, los cortaba a trocitos para a continuación freírlos. Habitualmente, los pimientos los cocinaba como acompañamiento. Pero si quería que fuesen protagonistas de alguna comida, como primer plato, los acompañaba con unos huevos cocidos. Creo que de su afición por los pimientos, viene también la mía.

El plato no puede ser más sencillo. Se trata de freír los pimientos en trocitos pequeños y acompañarlos con unos huevos cocidos. Sazonar simplemente con sal y verter por encima un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

Hacía muchos, muchos años que no comía este plato, pero delante de él, ha sido como si no hubiese pasado el tiempo. Y es que hay sabores difíciles de olvidar, al igual que los buenos momentos. Este es uno de ellos.







lunes, 24 de noviembre de 2025

01718 Un Plato Disfrutón

 UNO DE TANTOS DELICIOSOS PLATOS COMBINADOS


Nunca como hasta ahora me había declarado tan fan de los platos combinados. Pero no de los platos combinados para cubrir el expediente, sino de los elaborados a conciencia, con sabor y que gusten a la vista.

Este verano la huerta ha tenido a bien regalarme una buena cosecha de pimientos morrones. Y cuando digo buena, es que ha sido excepcional. Sobre todo, si la comparo con años precedentes, cuando el número de ejemplares se podían contar con los dedos de las manos. Tan aburrido me tenían, que este año estuve a punto de pasar de ellos, pero a última hora me arrepentí, y visto el resultado, ahora no me arrepiento de haberme arrepentido. ¡Qué lío!

El caso es que, como digo, este año ha sido magnifico, ya no solo en cantidad, sino en calidad y tamaño. A casa los traía del huerto entreverados y los depositaba en un mueble de la cocina. No tardaban ni cuatro días en adquirir su característico color rojo, prestos para ser horneados. A partir de aquí, después de pelados y cortados a tiras, les esperaba una buena conserva o un gran táper que dejaba en el frigorífico para consumir a demanda, según las apetencias del momento.

El plato combinado que traigo hasta este caleidoscopio vital es un ejemplo de lo mencionado, compuesto por cuatro alimentos que se complementan a la perfección. Los loados pimientos rojos asados, solo con aceite y sal, huevo duro, tomate, también del huerto, y lomo adobado a la plancha. Suficiente para, como dice mi hija Jara, sacar a la mesa un plato "disfrutón". Y así lo acometí, disfrutándolo de principio a fin.




domingo, 26 de enero de 2025

01581 Los Callos con Huevo Frito

 CULO VEO, CULO QUIERO


Ya he dejado constancia en este caleidoscopio vital, a través de las entradas números 00604 y 01372, mi gusto por los callos. Regresan de manera sorprendente y por casualidad. Me explicaré.

Con mis amigos del grupo de teatro, hemos institucionalizado almorzar cada dos miércoles. Para mí, lo de almorzar es una novedad, pues desde que trabajara en Correos, hace casi cincuenta años, había perdido tal costumbre. Ya he comentado en alguna ocasión, que por las mañanas me alimento de cafés americanos. 

El caso es que alguien propuso recientemente que deberíamos juntarnos para almorzar una vez a la semana en un bar próximo a nuestro lugar de ensayo. Se trata de un establecimiento muy concurrido, con una carta de almuerzos muy amplia y tradicional y, para los tiempos que corren, muy bien de precio: 9 euros con bebida y café. Además, la amabilidad de los propietarios es su santo y seña, cosa que también, para los tiempos en los que vivimos, es un dato a tener en cuenta. De momento, quedamos cada 15 días. Tampoco conviene venirse muy arriba.

El primer día, los cinco que acudimos a la cita coincidimos en la propuesta: unas manitas de cerdo deshuesadas a la plancha, con huevo frito y patatas panaderas. Un auténtico escándalo de plato. Estaban deliciosas. En la segunda convocatoria, y de momento última, tres de mis compañeros repitieron manitas, mientras que el cuarto y yo, decidimos probar otros horizontes, inclinándonos por unos callos, de los que habíamos oído hablar francamente bien. Justo en el instante que solicitábamos al camarero nuestras respectivas apetencias alimenticias, vi pasar a mi lado unos callos con un huevo frito encima. Miré a mi compañero de gustos y sin mediar palabra, nos lo dijimos todo con la mirada. Pedimos que nos sirvieran también un huevo frito, por aquello de "culo veo, culo quiero", y porque tenían los callos con el huevo una pinta fenomenal. Es más, en la espera a que nos sirvieran, vimos pasar varias cazuelas de callos y todas iban provistas de huevo.

El resultado no pudo ser más óptimo. Los callos estaban deliciosos y la suma del huevo frito, todo un acierto. Para mí fue una novedad que no cayó en saco roto, máxime cuando últimamente acompaño a muchos platos con un huevo frito. Hasta ahora nunca ha molestado. Y sí, esos callos estaban para nota y recuerdo.

Por cierto, creo que le voy a coger gusto a esto de los almuerzos.

 








jueves, 6 de junio de 2024

01364 Los Platos Combinados de "Autor"

 EL FRIGORÍFICO ES EL QUE MANDA


Mientras me deleitaba con un plato combinado de "autor", que no es otra cosa, que juntar en un plato lo que pillas por la nevera, sin más, acabo de recordar que este blog está a punto de alcanzar las 200.000 lecturas en los 9 años de existencia. No sé si son muchas o pocas, pero para mí, más que suficientes. Impensable cuando nació.

Sí que es cierto, que en los últimos años, el contador de visitas ha estado algo menos activo y le ha costado sumar dígitos. Desconozco los motivos. Será la falta de interés, si es que alguno tiene, la ausencia de amigos que seguían este caleidoscopio vital y que tristemente ya no están entre nosotros, que el "buen rollito" no le gusta al personal o vaya usted a saber. 

No voy a ocultar, que ha habido momentos en los que he estado tentado de abandonar la causa. Pero en mi interior, cuando esto ha sucedido, siempre ha habido algo que me decía: "sigue, sigue, por ti y por tu docena de incondicionales seguidores". Por mí, porque me ayuda a estar activo, despierto ante la vida e ilusionado. Por mis incondicionales seguidores, porque no se merecen lo contrario, además de ser una forma de mostrarles mi agradecimiento. ¡Y qué puñetas! Me gusta muy poco el mundo que nos está tocando vivir y este blog me ayuda a sobrevivir en él.

Pues ya está dicho. A seguir.

Por cierto, este plato combinado de "autor" a base de costillas a la plancha, lechuga y tortilla de patata,  está delicioso. Con mis pensamientos, dale que te dale, ni me he enterado.





domingo, 3 de diciembre de 2023

01222 La Historia se Repite

 Y QUE SEA POR MUCHOS AÑOS


Hace unos días estuvieron mis hermanos cenando en casa. Fue una visita en tránsito, de camino al Pirineo. Casi un visto y no visto. Anunciaron que llegarían a media tarde, anticipando que pararían escasos minutos, porque no querían que se les hiciese demasiado tarde.

Últimamente, tenemos muy pocas oportunidades para vernos. Nos hemos hecho mayores y nuestros encuentros cada vez se prolongan más en el tiempo. 

Aunque la visita fuese corta, había que aprovecharla, y qué mejor manera, que hacerlo sentados a la mesa, aunque el tiempo apremiase. La experiencia me dice que plato, cubiertos, vaso y alguna vianda, por muy simple y sencilla que sea, son la mejor manera de retener a quien quieres.

Llegaron a casa con la tarde ya avanzada. Habían salido más tarde de lo previsto. Improvisamos una merienda/cena. Algo en lo que no invertir mucho tiempo y que a mis hermanos les gustara. Tiré del recuerdo. De esas cenas que mi madre preparaba cuando venían a casa mis hermanos. Era una apuesta segura y para ellos inhabitual, con nuestra tradicional torteta y morcilla. Nunca fallan y siempre son bien recibidas. Lo del huevo frito y el jamón pasado por la sartén es otro clásico y tampoco creo que coman muchos en sus respectivos hogares. También así lo pensaba mi madre que, cuando anunciaban su visita, tiempo le faltaba para coger el teléfono y llamar a la Tabla Nueva, recientemente cerrada, para lástima de su fiel clientela, y encargar unas tortetas y unas morcillas, "porque vienen mis hijos". Antes se contaba todo.

Mientras ponía la mesa para que estuviese todo preparado para cuando llegaran, pasaron por mi cabeza escenas de mi juventud, en casa de mi madre, en torno a estos dos alimentos nacidos de la matacía del cerdo, y cómo la historia se repite. Y que sea por muchos años.

Cuando llegaron a casa estaba todo dispuesto para sentarnos a la mesa. Había prisa, pero no pudieron renunciar a tan suculentos y tradicionales manjares. Conseguí retenerles algo más de una hora. Lo suficiente para disfrutar de su presencia.



miércoles, 8 de noviembre de 2023

01204 No Hay Ocasiones

 NI DÍAS, NI A VECES


En ocasiones, la vida se derrumba, los días parecen noches y la angustia oprime el pecho, justo lo necesario para no asustar. Las palabras se esconden, se ausentan con el fin de no dañar. La mirada busca un respiradero donde descansar y los dedos hacen como que juegan con una miga de pan.

Hay días, que sin avisar, al cinturón le sobran agujeros para poder respirar y la simpatía en la calle parece esfumarse por las alcantarillas. La distancia es un tormento y la cercanía un alimento. El último cartucho para ir tirando está mojado, las zapatillas de andar por casa parecen cansadas de tanto arrastrar y el desánimo baja para hacerles compañía.

A veces, llegas a la conclusión de que apenas tienes inteligencia para pasar el día y que más vale lágrima en mano, que cien sonrisas volando. El desencanto y la desilusión piden la vez, mientras que la decepción se cuela de manera descarada.

Llega la hora de la cena. Y entre el cuchillo y el tenedor, un plato de humilde postín: morcilla, pimientos rojos asados y una tortilla de patata de fina factura. Lo miro y sonrío. Y me digo que no hay ocasiones, ni días, ni a veces... Solo hay gratitud a la hora de dar carpetazo al día.




sábado, 7 de octubre de 2023

01189 Las Hamburguesas

SIEMPRE AGRADECIDAS


Haciendo memoria, no recuerdo que en mi época de infancia y juventud comiera muchas hamburguesas. En casa, mi madre era más de albóndigas. No obstante, alguna comería, supongo. E incluso, en época inmediatamente posterior, cuando salíamos a cenar de barato con la cuadrilla de aquel entonces, me inclinaba más por el bocadillo de beicon con queso. Supongo que en mi olvido, alguna que otra hamburguesa caería.

Serían mis hijas, Loreto y Jara, quienes me aficionarían a comer este pedazo de carne picada y aplastada. Aunque no éramos, ni somos, asiduos visitantes a los establecimientos de comida rápida, cuando eran pequeñas, en alguna ocasión tocaba acudir. A mí, tengo que reconocer, que no me hacía mucha gracia. Solo pedir el menú, ya me parecía una tortura. Que si con patatas y de qué tamaño. Que si el tipo de salsa. Que si el número de ingredientes a incluir... ¡Me parecía todo un horror! Al principio resultaba sencillo. Para las niñas un menú infantil y para mí, la hamburguesa más sencilla que podían ofrecer. La cosa se fue complicando cuando abandonaron la categoría infantil y comenzaron a imponer sus gustos. Afortunadamente, duró poco tiempo y fueron contadas las ocasiones que frecuentamos este tipo de establecimientos.

En casa, era y sigue siendo otra cosa. Reconozco que la hamburguesa es muy socorrida en los días de trajín o de olvido. En el congelador siempre acostumbra haber hamburguesas para sacarnos de algún apuro o simplemente, porque apetece. Son muy agradecidas de comer y entran de cualquier manera. No obstante, si puedo elegir, como más me chiflan, es como plato único y combinada la hamburguesa con huevo frito y pimientos asados. Me parece una combinación perfecta y deliciosa. A pesar de lo aparente que pueda parecer el plato, es muy ligero y la unión de sabores, increíble.

Las hamburguesas me gustan de cualquier manera, pero quizás sea así como más las disfruto, ahora que ya voy teniendo una edad. 



lunes, 18 de septiembre de 2023

01187 Los Huevos Fritos con Pimientos

 DE HUMILDAD HABLAMOS


Ya va siendo hora de echar la persiana a la jornada. Y me apetece hacerlo con la misma humildad con la que ha pasado este día. Una humildad no exenta de olores entrañables, que no por aprendidos, dejan de abstraerme; de colores de una naturaleza que todavía no quiere ceder su protagonismo a la estación vecina; de un silencio amigo que me trae la dicha de seguir vivo.

Quiero despedir el día con sabores de toda la vida, sin trampa ni cartón. Sin aderezos ni artificios innecesarios que desvirtúen la esencia de lo que son. Con un sabor que me lleve a cocina vieja y olor a cocina a la hora de la cena sobre un hule de plástico floreado. No quiero más. Es más que suficiente para acabar una jornada de forma redonda y feliz.

Y todo esto para decir que me encantan los huevos fritos con pimientos verdes italianos, también fritos. Me parece todo un lujo. Pues nada, dicho y escrito está.




martes, 12 de septiembre de 2023

01183 Las Guarniciones

 DE SECUNDARIAS, NADA DE NADA


Arroz, verduras, hortalizas, ensaladas, patatas o salsas son algunos de los alimentos más representativos de las populares guarniciones o acompañamientos de los platos en una preparación culinaria que acompaña a la preparación principal en una comida.

Me encantan las guarniciones y mi experiencia me dice que, son capaces de convertir un plato aburrido en algo delicioso. Hay cocinados que no estarían completos sin su correspondiente guarnición, lo que hace que sea indispensable, no solo para reforzar el sabor del plato, sino para acometerlo con más entusiasmo. En ocasiones digo, que me como más a gusto la guarnición en su papel de secundario, que el alimento principal al que acompaña. Tanto es así, que se puede dar el caso de preparar una buena y contundente guarnición para acompañar una carne o un pescado, y servir de plato único. Es el concepto de la guarnición llevado al extremo, pero para mí, muy efectivo.

Sirva de ejemplo el que en esta ocasión viene a visitar este caleidoscopio vital. Es un plato ganador. Se trata de unas deliciosas costillas de cordero, acompañadas de unas patatas fritas, berenjenas fritas y unos pimientos de Padrón. Por separado, todos los alimentos que componen el plato me fascinan. Y si coinciden en una misma entrega, es ya para nota. Combinan a la perfección, aportando cada uno su particular y característico sabor. Un plato de diez, sin ruidos ni artificios, que me dice, que las guarniciones, de secundarias, nada de nada. 






lunes, 5 de junio de 2023

01129 Las Patatas Salvajes

 UNAS DE TANTAS


Ya he comentado en alguna ocasión que, animado por hijas, de vez en cuando me veo sentado en la mesa de algún restaurante que de motu propio jamás se me habría ocurrido hacerlo. No me importa. Si a ellas les gusta, a mí también. Manías de padre. Y de paso, pruebo cosas distintas para variar y abrir así nuevas, para mí, propuestas gustativas.

Es el caso de estas "patatas salvajes", según rezaba en la carta, y que recientemente tuve el placer de degustar, además de catar por primera vez algunos de sus ingredientes. 

Vaya por delante que con esta denominación hay patatas a porrillo. Lo de "salvaje", en la mayoría de las ocasiones y por mi experiencia, acostumbra a relacionarse con algún tipo de picante. Estas picaban ligeramente, o por lo menos, así me pareció. Las he llegado a comer mucho más salvajes. Me resultó más salvaje la generosidad del plato o la combinación imposible de sabores que contenía, algunos de ellos totalmente nuevos para mí, como el pulled pork o el pico de gallo.

Se trata de unas patatas muy concurridas en ingredientes. A saber: patatas caseras, pulle pork, pico de gallo, guacamole, lima, cilantro, nata, queso y salsa barbacoa. El resultado es un plato fresco, sorpresivo al paladar, ligero y entretenido de comer, según hacía donde se dirija el tenedor. 

Tomé buena nota para hacerlas algún día en casa, pero me temo que me quedaré con el grato recuerdo. Más que nada porque es un follón de plato. Lo de menos son las patatas, la lima, el cilantro, la nata, el queso, la salsa barbacoa y hasta el guacamole. Todo fácil de hacer y de conseguir. Pero donde me entran las dudas es en la elaboración del pulled pork y la salsa pico de gallo. El pulled pork es cerdo deshebrado que se prepara en una cocción a baja temperatura y que hace que la carne se ablande lo suficiente y permitir que se desagarre fácilmente en hebras. En cuanto a la salsa pico de gallo, típica de la gastronomía mexicana y una de las preparaciones más clásicas de aquel país, consiste en un preparado de jitomate, cebolla y chile picados en brunoise. 

A pesar de que me pareció un buen plato y muy sabroso, para hacerlo en casa, de momento lo dejaremos en prevenga. 





domingo, 11 de diciembre de 2022

01077 Los Huevos Fritos con Gulas y Langostinos

UN PLATO DE CAPRICHO


Traigo hasta este caleidoscopio vital un plato que lo probé recientemente en un restaurante santanderino y que me pareció todo un acierto. De fácil elaboración y pleno de sabor, se acomoda a cualquier horario y posición en el menú. Apetece tanto en un almuerzo, como plato único, de principal o de segundo.

Hay platos que entran por la vista, y este, por lo menos para mí, es un ejemplo. En aquella ocasión que lo probé por primera vez, tenía pensado otro plato que aparecía en la carta, pero antes de que fuera atendido, vi pasar camino a una mesa vecina los susodichos huevos fritos con gulas y langostinos. No me lo pensé dos veces y cambié de opinión sobre lo que tenía pensado comer. ¡Y qué bueno que estuvo el requiebro!

Esta delicia de sabores y combinación de texturas no tiene mucha complicación. A saber.

Ingredientes para una persona: 2 huevos, 6 langostinos, 150 gramos de gulas, 2 patatas medianas, 2 dientes de ajo, 2 cayenas, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Pelar y cortar las patatas para a continuación, freírlas en abundante aceite de oliva a fuego medio, con el fin de que se doren y queden blandas por dentro. Reservar. En una sartén con un poco de aceite, dorar dos dientes de ajo cortados a láminas e incorporar los langostinos pelados y dos cayenas. Cocinar un par de minutos. Añadir las gulas y cocinar cinco minutos más. Reservar. Freír dos huevos sin que se haga en exceso la yema. Solo restará montar el plato. Cama de patatas fritas y sobre estas, las gulas y los langostinos. Coronar el plato con el par de huevos fritos.

Resultado, un plato bien caprichoso.





lunes, 14 de noviembre de 2022

01065 Ante la Duda

DE TODO UN POCO


Decantarme por una opción, sea cual sea su naturaleza, nunca en mi vida ha sido mi fuerte. Es más, elegir y decidir siempre me ha costado en exceso. Mucha reflexión, meditación, comidas de cabeza, línea vertical con los pros y contras a su izquierda y derecha... Y al final, el corazón, no siempre acertado, es el que habitualmente ha decidido. No es una lamentación. A estas alturas, de nada sirven las lamentaciones. Digamos que es tan solo un apunte, un pasar de puntillas por la finísima línea de las sensaciones que el retrovisor de la vida acostumbra a mostrarnos y recordarnos.

He aquí un ejemplo; intrascendental, pero sirva como efectivo ejemplo, hasta dónde pueden llegar mis dudas. De la misma manera que me agotan y siembran de dudas las cartas de los restaurantes con muchas referencias y sugerencias, es para mí una gran tesitura cuando se me ofrece un par de huevos fritos y tengo que elegir uno de sus acompañamientos: jamón, chorizo, longaniza o panceta. ¡Qué horror! ¡Si me gusta todo! ¡Si todo me apetece! Cómo dejar a un lado el tradicional jamón pasado por la sartén o la grasosa untuosidad del chorizo. Cómo descartar el especial sabor de la longaniza o el crujir de la deliciosa panceta. No, no es posible. Seguro que alguien me comprende.

Llegado el caso, tal debe de ser mi cara de desconcierto, que sin yo decir nada, se me brinda la posibilidad de probar de todo un poco. ¡Y cómo lo agradezco! En primer lugar,  por lo monumental y deliciosa propuesta. Y por supuesto, por no obligarme a decidir. Ya me gustaría que todas las dudas se disiparan de forma tan amable y sin margen de error.






viernes, 12 de agosto de 2022

01026 ¡Como un Señor!

PURO PLACER DE APROVECHAMIENTO


Ya he comentado en alguna que otra ocasión que no acostumbro a almorzar, que soy de los que se arregla la mañana con dos o tres cafés americanos. Esto no quita para que de vez en cuando, solo de vez en cuando, o en fechas muy señaladas, cambie el guión de mi rutina y me de una alegría al estómago.

Cuando esto sucede acudo a los consabidos y siempre loados par de huevos fritos, con patatas fritas, longaniza, chorizo, bacon o jamón pasado por la sartén. Pero en esta ocasión, también he alterado un tanto la tradición, movido por los excedentes que se iban amontonando en el frigorífico. 

Son fiestas, las de San Lorenzo en Huesca. Recibes en casa a amigos y familiares. Comidas multitudinarias y cenas de supervivencia. Casi nunca se acierta con las cantidades a comprar ni a cocinar. Uno que no tiene apetito, otra que se ha medio roto ya en el aperitivo, otro que no sé que me pasa, y todos nos miramos con una ligera sonrisa. ¿Quién quiere más? Silencio en la mesa. ¡Qué voy a contar que no se sepa!

El caso es que por unas cosas u otras, el frigorífico ha empezado a decir también, "no me cabe más". Y como quiera que mi estómago se ha despertado un tanto juguetón, he decidido acompañarle. La cuestión no estaba muy clara. Un huevo frito fijo, pero ¿con qué? Así que he empezado a abrir envases con  restos de comida que se apilan en el frigorífico y tras hacerme una idea de la situación, me he decantado por un par de salchichas de carne y pisto. Han pasado ya algunas horas y todavía me estoy relamiendo.

Cuando he acabado de almorzar, sólo he podido decir ¡Como un señor! 


jueves, 19 de octubre de 2017

00561 Al Mal Tiempo...

...UNOS BUENOS HUEVOS


No conozco plato alguno que alivie cualquier pesar como un buen par de huevos fritos y su correspondiente acompañamiento. Su sola presencia en el plato ya alegran la vista; el jolgorio continuará con su posterior ingesta y satisfacción final. Siempre hay un antes y un después delante de un par de unos buenos huevos fritos con patatas y acompañados con cualquiera de sus predicamentos. Solo con mirarlos, algo nos dice que nuestro estado de ánimo está a punto de mejorar. Mi estudio de campo, nada científico por otro lado, así me lo indica. No hay nada adverso en la cotidianidad de los días que no se pueda superar con un par de flamantes huevos. Esto último no va con segundas lecturas. Es así de simple y directo.

Esta observación personal, y en ocasiones compartida, tiene una explicación más lega, según he podido comprobar. El meollo de la cuestión estriba en la vitamina B12. Acabo de leer que el nivel de vitamina B12 está relacionado con la evolución de la depresión o estados de ánimos bajos. Según el estudio leído y que voy a intentar resumir, las personas con depresión responden mejor al tratamiento antidepresivo si su concentración en sangre de esta vitamina es elevada. Vitamina que, por otro lado, forma parte de complejo B y como todas las de su gama presenta una función muy importante en el metabolismo y en el mantenimiento del sistema nervioso central. La vitamina B12 se encuentra en numerosos alimentos, entre otros, en los lácteos, en las aves, en el marisco o en los huevos.

Así que ya sabes,  si como dice una conocida tarotista televisiva, "si hay algo que te inquieta, te atormenta o te perturba", llámale. Y si no, métete en el cuerpo, un buen par de huevos fritos con patatas fritas y acompañados de predicamento.