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martes, 13 de agosto de 2024

01458 Enmarcar los Veranos

 HAY VERANOS


Hay veranos soñados,
de esos que todavía no han llegado.
Estíos que pasan de puntillas,
tan de puntillas,
que apenas se han notado.
Y otros, que mejor no hubiesen llegado.

Hay veranos
de vagos recuerdos.
Estíos reiterados
de soles y mares acoplados.

Hay veranos, que bien merecen ser enmarcados.


viernes, 24 de mayo de 2024

01352 Hamaca, Sombrilla y Mar

 TRIÁNGULO PERFECTO


Organizando, una vez más, mis miles de fotografías, me he encontrado con las tres que acompaña este texto. Las tenía apartadas de una carpeta de unas vacaciones en Huelva en 2011. Recuerdo que las instantáneas las tomé en un paseo por la orilla del mar. Me gustó la plácida e idílica imagen que representan.

Cuando ordené en su día el archivo fotográfico de esas vacaciones, las reservé con la idea de plasmar ese momento en un óleo. Lo tienen todo. Luz, color, reflejos... Imaginé que podría quedar un atractivo y paradisíaco cuadro. Y así quedó la cosa, salvo que las hamacas, las sombrillas y el mar, todavía están esperando a que me decida pintar tan veraniega estampa. Igual ahora, que he vuelto a retomar los pinceles. 

De momento, me contentaré con volverlas a ver. Y no es una forma de hablar. Trece años después, me sigue pareciendo un momento dulce, amable e inspirador. Un instante de esos que hay que tener a mano para cuando la realidad se empecina en mostrar su cara menos amable. 

Hamaca, sombrilla y mar, el triángulo perfecto donde cobijar el alivio. 





martes, 6 de febrero de 2024

01257 Los Cogollos con Bonito y Anchoas

¡BIENVENIDOS!


Como va quedando patente en este caleidoscopio vital, son muchas pequeñas cosas, sin importancia, las que me gustan. En esta ocasión, se trata de los cogollos, a los que ya dediqué mi atención en la entrada 00665.

Todos los años planto en el huerto unas cuantas decenas de ellos. No requieren mucha atención, salvo quitarles las hierbas que puedan crecer en su entorno y atar sus hojas cuando el cogollo comienza a tener forma. No hay más. O por lo menos, yo no hago nada más. 

Acostumbro a disfrutarlos en la mesa de muy diversas maneras. Todas muy sencillas, deliciosas y resultonas. Si bien, los primeros que recolecto en el huerto, siempre tienen la misma bienvenida; con unos buenos tacos de bonito en conserva y unas anchoas de Santoña. Se ha convertido en una de mis pequeñas tradiciones. Me parece un bocado muy interesante, por los sabroso y refrescante que resulta. A lo largo del verano, y hasta que den de sí los pequeños vegetales, volverán a la mesa de esta guisa, solo que el bonito no será en taco, posiblemente sean migas, y las anchoas no serán de Santoña, sino de ¡vaya usted a saber!. Pero ese primer día, tienen que entrar en casa por la puerta grande y sin escatimar la compañía.

Evidentemente, encontrándonos en el mes de febrero como estamos, en el huerto no hay cogollos. Tendrán que pasar algunos meses hasta que pueda disfrutar de ellos. De momento, ya tengo el bote de bonito en aceite y el de anchoas de Santoña, preparados para su llegada.  




sábado, 17 de junio de 2023

01139 ¡Marchando una de Color!

ENSALADA PARA LOS DÍAS GRISES


Como buen "climeopático" que soy, -palabra todavía no reconocida por la RAE, pero que viene a significar algo así como, "persona a la que le afecta anímicamente el estado del tiempo"-, con los días grises y lluviosos me vengo abajo, y con los días de sol y luminosos, estoy que me salgo.

No obstante, lo dicho con anterioridad no hay que tomarlo al pie de la letra. No todos los días grises me afectan. Si son muy seguidos sí, e incluso en ocasiones hasta me gustan. Lo mismo que los días de luz, tampoco todos son para echar cohetes. 

El caso es que estos días atrás de tanta lluvia, tormentas y grises nubes, empezaban a resquebrajar mi cuestionada fortaleza. Cuando esto sucede, intento buscar antídotos. Nada de química ni cosa que se le parezca. Acudo a la música, la lectura, la fotografía, los trabajos domésticos y sobre todo, a la cocina y sus múltiples beneficios terapéuticos. Todo consiste en estar con la mente ocupada. 

En esta ocasión, me incliné hacia la última propuesta. Cuando empecé a preparar la comida, no tenía ni la menor idea en qué iba a consistir el improvisado menú. Lo único que tenía claro es que tenía que ser algo con mucho color, que alegrara la vista y sin muchas complicaciones. El segundo plato lo tenía más claro; pechugas empanadas con patatas fritas, a sugerencia del respetable.  

Para el primer plato se me ocurrían varias alternativas, pero a todas les faltaba el toque de color que me pedía mi estado anímico. Además, tenía que hacerlo con los ingredientes que hubiera en casa, pues el tiempo apremiaba. Abrí el frigorífico, eché un vistazo y una bolsa de lechugas variadas me trajo la inspiración. ¡Ya está! Puede servir, me dije. 

En una fuente puse, tras lavarla y secarla, la lechuga a modo de lecho. Cogí a continuación un solitario aguacate que vi en el verdulero del frigorífico. Lo pelé y lo puse sobre la lechuga a gajos. La cosa iba bien y muy cercana a lo que buscaba. El color verde para estos casos es una apuesta segura. Pensé en un alimento que ofreciera un gran contraste. Así que cocí unos huevos durante 9 minutos, los dejé enfriar en agua fría, les quité la cáscara, los partí por mitades y los coloqué finalmente en el centro de la fuente. También había en el frigorífico un par de tomates de los llamados "azules". Los corté a gajos y los dispuse alrededor de la fuente. En vista de cómo estaba quedando, lo que viene siendo una vulgar ensalada, y en ausencia de más ingredientes en el frigorífico, me vine arriba y buceé en la despensa en busca de algo más. Tenía claro que una lata de sardinas había que poner, aunque sólo fuera para darle más sustancia y sabor. Cuando me disponía a coger una lata de sardinas en aceite, me topé con un bote de cristal de pimientos del piquillo asado y a tiras. No lo dudé y con él que me volví a la cocina. Dispuse las sardinas a modo de colofón y las tiras de pimiento entre los gajos de tomate. Salpimenté y saqué la ensalada a la mesa. 

La colorista ensalada no fue ni aplaudida ni vitoreada. Tampoco ese era el objetivo. Había hambre. Antes de servirla en los platos y destrozar su armoniosa presencia, me la quedé mirando y pronuncié en voz alta: "Marchando una de color". Afuera, en la calle, lucía en hermoso sol.



martes, 29 de noviembre de 2022

01070 Las Ensaladas con Queso

 UN BUEN COMBINADO


Una de las bondades de las ensaladas es que lo soportan casi todo, por no decir todo. Ya he comentado en alguna ocasión, que las ensaladas no tienen por qué ser aburridas. Un mero ingrediente con un sabor especial, es más que suficiente para revolucionar la sencillez del plato.

Uno de estos ingredientes es el queso con todas sus variedades. Mientras esto escribo, creo que estoy haciendo algo de trampa, pues tengo la sensación de que cuando incluyo el queso en la ensalada es más por mi extremada afición a él, que por ensalzarla. Sea como fuere, resultan un buen combinado.

 A la hora de elegir un queso para incorporar a una ensalada dependerá de los gustos personales, así que el abanico de posibilidades es muy amplio. Mi experiencia personal, siempre abierta a nuevas sugerencias, tiene grabadas ya una serie de variedades lácteas con propuestas seguras a las que acostumbro recurrir de forma frecuente. Desde los quesos tiernos y suaves, hasta los fuertes y salados, todos tienen cabida en mis “caprichosas” ensaladas.

Uno de mis quesos bandera para ensaladas, por ejemplo, es el de rulo de cabra. Me da lo mismo pasado por la sartén, que salido tal cual de su envoltorio. Resulta siempre un atractivo complemento. Otra de mis debilidades es el queso azul. Su fuerte sabor aporta personalidad a las ensaladas y máxime cuando estas llevan entre sus ingredientes manzana y nueces.

El queso parmesano cortado a lajas es otro buen compañero para las sencillas ensaladas a las que les falta su aquel, al igual que cualquiera de los mantecosos quesos suizos. Y qué decir del queso feta griego. Su salado sabor se complementa a la perfección con un buen número de variadas ensaladas.

Todo un mundo por descubrir y hasta para errar. Que alguna pifia, en mi afán por experimentar, ya he formado.

 




viernes, 12 de octubre de 2018

00833 La Sopa de Melón

FRESCA, DELICIOSA Y ORIGINAL


Regresa a esta blog mi fruta favorita, el melón, y lo hace en forma de sopa. Aprendí la receta, una más, de la mano de mi hermano Antonio. Me pareció deliciosa y muy sencilla de elaborar. Además, su presentación es sumamente atractiva.

Recuerdo una tarde de esas juguetonas que puse a prueba a mis amigos de facebook, retándoles a que dijeran de qué plato se trataba y cuáles eran sus ingredientes. Costó incluso dándoles pistas. No era fácil. Sobre todo en lo concerniente a las cuatro esferas centrales del plato; que si melocotones, que si yemas de huevo... Al final, el personal se estaba volviendo tarumba y acabé por enumerar los cinco ingredientes de los que consta el plato.

Aquí van los ingredientes y la elaboración de tan singular y sencilla sopa de melón: Un melón de piel de sapo, un melón francés, un puñado de pistachos, confitura de frambuesa y unas hojas de menta. Empezamos por pelar y cortar en pequeños trozos un melón de piel de  sapo que habremos enfriado en el frigorífico. A continuación, lo licuamos o trituramos y lo vamos sirviendo en platos hondos individuales. Ayudados de un sacabolas o cuchara parisina extraemos unas bolas al melón francés que colocaremos sobre la sopa de melón. Solo falta la decoración para el toque final que consiste en espolvorear unos pistachos desmenuzados, verter un poco de confitura líquida de frambuesa y una hoja de menta. Lista para servir esta fresca, deliciosa y original sopa.




martes, 31 de julio de 2018

00759 Los Huevos Rellenos de Atún

LOS DE TODA LA VIDA

Hoy me apetecía echar la mañana en la cocina, sobre todo llamado por el interés en  hacer unos huevos duros rellenos de atún; los huevos rellenos de toda la vida. Hay quien es de la opinión de que la cocina es "muy ingrata", por la desproporción existente entre las horas empleadas en la elaboración de algunos platos y el breve tiempo que se tarda en consumirlos. Es un punto de vista. Mirado fríamente, puede que sea así, pero en el hecho de cocinar hay otro muchos factores y sensaciones de suficiente peso que rebaten esa percepción. Pero esto lo dejaremos para otra ocasión.

Los huevos duros rellenos como los canelones o las albóndigas, entre otros muchos ejemplos, son elaboraciones culinarias que perfectamente pueden coincidir con aquel sentir. No son excesivamente laboriosas pero requieren su tiempo. Por eso, cuando nos disponemos a cocinar este tipo platos, hacemos cantidades como si no hubiese un mañana.

Estos huevos duros rellenos de atún, como no podría ser de otra manera, los hago tal y como aprendí hacer de mi madre. Curiosamente no están recogidos en el cuaderno "Sabores de mi madre". Supongo que por su sencillez y nula complejidad, no llegué a escribir la receta en él. Era un plato típico de la época de Cuaresma y de los domingos veraniegos con "huéspedes" en casa. Me encantaban junto a otros que hacía y que algún día también traeré por aquí y que mi madre denominaba, "huevos señoritos". Muy simpáticos ellos.

He elaborado una docena de huevos rellenos, o lo que es lo mismo, dos docenas de medios huevos rellenos de atún. Supongo que la receta no sorprenderá porque son los mismos que se hacen en casa de todas las madres y en las casas de los hijos e hijas que, como yo, aprendieron de ellas. Posiblemente, como en la mayoría de los casos, habrá pequeñas variaciones pero sin excesiva alteración en el resultado final.

Para una docena de huevos, tres latas pequeñas de atún en escabeche, tres cucharadas de tomate frito y mayonesa. Una vez cocidos los huevos se dejan enfriar. Los pelamos y los partimos por la mitad separando la clara de la yema. Añadimos a las yemas las latas de atún en escabeche y mezclamos de forma concienzuda. Incorporamos las tres cucharadas de tomate frito y otras tres cucharadas de mayonesa que previamente habremos elaborado, con el propósito de que el relleno sea más manejable y la masa resultante sea más suave. Volvemos a mezclar bien y con la pasta resultante vamos rellenando los orificios de los medios huevos que han dejado las yemas. Para finalizar, coronamos los huevos con mayonesa. De aquí al frigorífico y servir bien fresquitos. Otro "humilde pecado". Me he venido arriba y hasta les he preparado un lecho de lechuga para que se sintieran  más cómodos y sobre todo, para que no bailaran de un lado a otro de la fuente.










jueves, 19 de abril de 2018

00666 El Pastel de Tía María Engracia

COMO UN SANDWICH VEGETAL PERO A LO GRANDE


Quienes habitualmente siguen este blog, saben que me gusta tunear el nombre de las recetas y sobre todo, ponerles nombres propio; los nombres de quienes me enseñaron a hace la elaboración culinaria tras la consiguiente degustación.

En esta ocasión, y ahora que ya empieza a apetecer tomar platos refrescantes, traigo hasta aquí un delicioso y fresco pastel al que en casa se le conoce como el "Pastel de la Tía María Engracia". Fue ella quien nos lo ofreció en un viaje relámpago a Torredembarra donde mi hermana estaba pasando el verano. Hacía calor y lo recuerdo con auténtico agradecimiento. Entró en el paladar como un alivio.

Al parecer se trata de un pastel muy popular pues cuando lo he traído a colación, siempre hay alguien que me dice que lo hace y aporta una variación. Pero la base, la forma y la delicia en el paladar sigue siendo la misma que la de aquella primera vez. No obstante, la patente para mi unidad familiar sigue siendo para mi hermana.

El último que hice constaba de los siguientes ingredientes: pan de molde, atún en escabeche, aceitunas verdes sin hueso, pimiento rojo, anchoas, pepinillos, lechuga, mayonesa y tomate rallado.

Su preparación no puede ser más sencilla. En un bol vamos depositando el atún desmigado, las aceitunas cortadas en cuatro partes, tiras de pimiento rojo, anchoas troceadas y los pepinillos también troceados. A continuación, incorporamos una mayonesa, casera, o cualquiera de las excelentes mayonesas que encontramos en los supermercados, y mezclamos bien. Reservamos. En una fuente cuadrada o rectangular, cubrimos su base de tomate natural rallado y sobre él, vamos colocando piezas de pan de molde. Las untamos de mayonesa y a continuación, cubrimos los panes con la masa que hemos preparado previamente y terminamos la operación cubriendo todo con lechuga cortada muy fina. Repetimos la operación dos o tres veces en función de la altura de la fuente. La última capa de pan de molde la untamos con tomate natural rallado y tal cual, introducimos la fuente en el frigorífico por espacio de tres o cuatro horas como mínimo. Antes de servir a la mesa, desmoldamos el pastel de la fuente sobre una bandeja y en la parte superior, que recuerdo estará el tomate impregnado al pan, acabamos con mayonesa y lechuga bien menuda. Solo restará cortar unas porciones y servir. Mi hermana, a la que le encantan las buenas presentaciones, creo recordar que tapaba los bordes del pastel también con mayonesa y que la lechuga la colocaba en torno al mismo y no encima del pastel. Enfín, fuera como fuese una auténtica delicia.

Y ya lo siento hermana, pero un amigo al que agasajé con tu pastel en una cena, y que el resto de comensales si nos descuidamos, ni lo probamos, cuando hace referencia a él, lo denomina "El pastel de Fernando". Pero que conste que yo reivindico tu autoría.







jueves, 29 de junio de 2017

00503 La Sopa Fría de Cerezas con Foie

EN RECUERDO A UNA FUSIÓN DE SABORES


Vuelve a ser tiempo de cerezas y regreso a Bolea, al huerto de mi amigo Pedro, a por ellas. Los cerezos son generosos al igual que su propietario. Este año el fruto se ha adelantado en su maduración y hay que comerlo rápido. En casa no damos tregua y aún así, no podemos acabar con las cerezas recogidas en una cesta. Algunas empiezan ya a estropearse y es una lástima. Hay que recurrir al plan b, a la sopa fría de cerezas de la que ya escribí el año pasado en este mismo blog.

Mientras me disponía para la faena me he acordado de unas cerezas rellenas de foie, hay que tener paciencia, que comí hace muchos años en una degustación de este fruto en la bodega de Ultramarinos "La Confianza", de la mano de Bibí Sanvicente. No recuerdo a quien pertenece su autoría ni cómo fueron elaboradas. Sólo sé que estaban deliciosas, además de resultar muy originales.

Me ha venido también a la cabeza que Gloria preparó un foie fresco estas pasadas Navidadades con una receta que mi hermana María Engracia nos pasó hace años. Su elaboración es un tanto laboriosa, pero cuando llegas a su fin y a su posterior degustación, sobra toda la paciencia empleada. Como suele ser una pieza grande, y siguiendo también las recomendaciones de mi hermana, se corta el foie a trozos, se envuelven por separado en papel film y después en papel de aluminio, y se congelan. Cuando quieres darte un capricho, sólo hay que sacar una de las piezas un par de horas antes del congelador y a disfrutar. El caso es que al recordar las cerezas rellenas de foie, me he venido arriba y he pensado en unir los dos sabores que mi anónimo cocinero en su día fusionó.

La sopa fría de cerezas es muy sencilla. Deshuesamos un kilo de cerezas, con un deshuesador o bolígrafo bic, y las ponemos en un cazo. Hecha la operación deshuese, cubrimos de agua las cerezas y las llevamos a hervir. Cuando veamos que las cerezas se han ablandado las retiramos del fuego y dejamos enfriar. Cogemos un par de tomates jugosos, los troceamos y les añadimos las cerezas, reservando el agua de su cocción por si luego la necesitamos. Trituramos las cerezas y los tomates ayudados por un brazo de cocina y si el resultado nos queda muy cremoso, le vamos añadiendo el agua de la cocción de las cerezas hasta que sea de nuestro agrado. Añadimos un poco de sal, vinagre de Jerez y aceite de oliva virgen y enfriamos en el frigorífico. Media hora antes de servir a la mesa, rallamos el foie, todavía congelado, sobre la sopa de cerezas.

Y el delicado y sugerente sabor me volvió a traer el recuerdo de esas cerezas rellenas de foie que nunca más he vuelto a probar.