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sábado, 18 de mayo de 2024

01347 La Tapa de los "Lingotes de Oro"

¡QUÉ GRATA SORPRESA!


Gloria nos ha vuelto a sorprender con otra de sus delicias gastronómicas. Han venido unos amigos a cenar a casa, y para postre nos ha deleitado con algo que a mí me encanta, tal y como ya he dejado constancia en este caleidoscopio vital: queso con membrillo. Ver 00290 La Carne de Membrillo con Queso

Sabía el menú que Gloria había preparado para esta noche, incluido el postre. Pero desconocía, cómo iba a salir a la mesa. Cuando lo he visto, me he quedado sin palabras. Solo he pensado: "si parecen lingotes de oro". Nuestro amigos no sé qué han pensado, pero el ¡ohhh! ha sido unánime.

Y es que verdaderamente, la presentación ha sido de una elegancia impresionante. Muy atractiva. Todos hemos coincidido en que daba pena empezar a abrir flancos al postre. Como nadie se decidía, he sido yo el que ha dado el primer paso y cogido la primera cuña de queso con membrillo. Los demás, finalmente me han imitado.

La tapa de "los lingotes de oro" consiste en una cuña de queso manchego semi curado, que soporta un trozo de carne de membrillo, para acabar coronada por media nuez. Colocadas todas las tapas sobre una bandeja de pizarra, se espolvorean pistachos machacados y se adorna con una cucharadita de mermelada de frambuesa. Todo un espectáculo.

En definitiva, una vistosa tapa, en este caso de postre, para acabar una cálida cena entre amigos, como la calidez de estos "lingotes de oro", convertidos en una más que grata sorpresa. 






















jueves, 4 de abril de 2024

01313 El Queso de Oveja con Albahaca

 GRATÍSIMO DESCUBRIMIENTO


Mi hija Jara tiene por costumbre, cada vez que pasa un fin de semana fuera de casa, traernos un recuerdo del lugar visitado. Habitualmente son dulces típicos del destino elegido. Pero en su último viaje, cambió de registro, para obsequiarnos con un queso de oveja con albahaca. Nos dijo cuando nos lo entregaba, que lo había comprado en Biescas a un vendedor ambulante. Se lo dio a probar, le gustó y, sabiendo como ella sabe de nuestras debilidades gastronómicas, entendió que también nos encantaría, como así fue. No lo habíamos probado nunca, aunque sí sabíamos de esta amable y curiosa combinación. Cuando catamos el queso, Jara estaba en lo cierto, nos encantó.

Me entusiasma la albahaca, su olor y lo que significa esta planta para un oscense como yo. (ver entradas 00097https://diezmilcosasquemegustan.blogspot.com/2017/10/00549-la-albahaca-en-octubre.html. Y cómo no, me chifla el queso de oveja. Así, que unidos, podrían representar algo interesante. No obstante, en alguna ocasión he probado la albahaca en otros platos y me han dejado un poco descolocado. En el caso del queso y la albahaca, me parecen un buen maridaje. Este queso, de puro anonimato, me pareció una propuesta muy equilibrada al paladar.

A la hora de escribir estas líneas, todavía queda un poco de queso con albahaca. Con toda seguridad, en la próxima incursión lo finiquitaremos con toda mi pena, porque está delicioso. Pero bueno, siempre nos quedará ir a Biescas a por más.

 




lunes, 29 de enero de 2024

01254 Los Tortellinis con Queso

 "PINCHADOS DE TRES EN TRES"


Siempre son un acierto si, como a mí, se disfruta con la pasta y se es un aficionado al queso. Habitualmente, los tortellini acostumbro a tomarlos con una picada de ajos, aceite y sal. Es mi manera exprés de cocinarlos, además de ser un plato muy socorrido. Pero si quiero disfrutar al máximo, es cuando me vengo arriba, y pongo en práctica una receta que aprendí en un libro dedicado a la pasta que compré hace muchos, muchos años, y cuyo resultado es excepcional: tortellini a los cuatro quesos. Hay un montón de variedades al respecto, pero esta es la que, desde que me gusta la cocina, siempre cuento con ella. Los tortellini pueden ser de carne o de queso; de cualquier manera están buenísimos. En esta ocasión, propongo que sean de carne y “pinchados de tres en tres”. Lo dicho, una de mis muchas manías que todavía conservo.

Hace unos días, los locutores de un popular programa de radio musical, pedían a los oyentes que compartieran con ellos sus manías. No llamé, pero, según los oyentes iban informándoles, empecé a repasar la cantidad de manías, todas intrascendentes, que yo tengo, y que tampoco expondré para no extenderme. En algún lugar de este blog, ya he comentado mi afición al número tres y a los impares. Por ejemplo, no puedo comer dos, cuatro, o seis galletas. Tampoco una sola. Mínimo tres y a partir de aquí, el número tiene que ser impar. Por eso, y siendo fiel a mis manías, cuando como tortellinis, los pincho de tres en tres para llevármelos luego a la boca y disfrutar de ellos. Pues nada, ya está contada la anécdota y vamos con la receta.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de tortellinis de carne, 75 gramos de queso Gorgonzola, 125 gramos de queso Mozzarella, 75 gramos de queso Parmesano, 75 gramos de queso Cheddar, 125 gramos de nata para cocinar, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, nuez moscada, una cucharada de mantequilla, sal y pimienta.

Elaboración: Cortar y trocear la cebolla y los ajos. Poner en una sartén una cucharada de mantequilla, derretir y añadir la cebolla y los ajos bien picados. Cuando la cebolla esté pochada, añadir la nata, unas ralladuras de nuez moscada, sal, pimienta al gusto y los quesos. Cocinar hasta que se integren bien todos los ingredientes. Mientras tanto, en una olla con agua hirviendo, cocemos los tortellinis. Una vez cocidos, los escurrimos y los mezclamos con la salsa de quesos. Servir caliente.

 

 




martes, 16 de enero de 2024

01250 El Queso Picón de Hoja

 FUENTE DÉ


Desde que visité Cantabria por primera vez, de esto hace más de tres décadas, para convertirse en nuestro paraíso vacacional familiar, le eché el ojo, bueno el gusto, al queso de hoja, dada mi afición a los quesos azules. Fue todo un descubrimiento. Desde entonces, el queso de hoja siempre ha estado en el frigorífico de nuestro apartamento vacacional, además de “amenizarnos” con su olor, el regreso a casa.

Los he probado de distintas marcas e incluso sin ella, comprados en el mercado a algún aldeano. Todos me han parecido excepcionales. Puede que sea este uno de los quesos más reconocibles de Cantabria. Está elaborado a partir de leche de vaca, cabra y oveja, que le confieren una textura y sabor muy peculiar. Resulta un queso cremoso, por el aporte de la leche de oveja, con un toque picante, gracias a la leche de cabra, y que se recubre de hojas, lo que hace que se conserve en buenas condiciones.

Mención aparte, para mis entendederas, merece el queso Picón Bejes, que se produce, elabora y madura, por un periodo de tres meses, y que está protegido por la denominación “Picón Bejes-Tresviso”, en la comarca de Liébana y Ayuntamiento de Peñarrubia.

En mi última visita a Cantabria, después de varias intentonas a lo largo de los años, por fin pude degustar las delicias que ofrece la santanderina Bodega Fuente Dé, ubicada en la calle Peña Herbosa, número 5. Ya cité este establecimiento hostelero en la entrada número 1220, cuando dejé constancia de mi gusto por el cocido Lebaniego, y en particular, por el que aquí se ofrece y cocina. Pues bien, si ya tenía encumbrado este queso, el que probé aquí superó todas las cimas. Sabía de su fama y popularidad, y tras degustarlo, entendí el motivo. Aparte de su exquisito sabor y lograda cremosidad, me fascinó la generosidad con la que lo sirven, y en los tiempos que corren, su precio; media ración, abundante media ración, 4 euros. No sé cuántos quesos pueden llegar a ofrecer a lo largo del año, lo pregunté, pero no encontré respuesta, tan solo una risueña sonrisa, pero a tenor de las raciones que vi salir de detrás del mostrador durante el tiempo que estuve “poniéndome las botas, debe ser más que importante.

Me temo que no encontraré ya queso Picón de hoja tan delicado. O sí, vaya usted a saber. Cuestión de seguir probando cuando tenga oportunidad. 

 






martes, 2 de enero de 2024

01243 El Pudin de Queso

 DULCE Y CREMOSO


Hacía tiempo que no probaba este dulce típico de la cocina inglesa. Mientras lo degustaba con placer, me recordaba lo poco amigo que fue en mis días de infancia y juventud. No lo podía ni ver. Al igual que el flan, me daba auténticas “nauseas”. Si en alguna ocasión, uno u otro, se ponían delante de mí, por educación, acababa comiéndolos, pero sin disfrute alguno. Es más, y mira que es difícil, hasta se me hacía bola. Es una exageración, pero sirva el símil para constatar lo cuesta arriba que se me hacía semejante postre. Con el tiempo, irían desapareciendo esta y otras manías.

Mi gusto por el pudin de queso me lleva a Bilbao, en mi época universitaria. Una pareja de amigos tenía por costumbre acoger en su casa a estudiantes ingleses. No les cobraban pensión ni alquiler alguno. El único compromiso adquirido era que les hablaran en inglés. La comida corría a cargo del estudiante británico de turno. En mi vida vi “fabricar” en esa casa tanto sándwich de un montón de pisos y de ingredientes con combinaciones casi imposibles. En alguna que otra ocasión, incluso llegaban a cocinar dulces: galletas, pasteles y púdines. Y fue aquí, en casa de mis amigos Ignacio y Macu, donde rompí mi maleficio con este dulce, a través de un pudin de queso que hizo una de las “inquilinas” que llegué a conocer. 

En una de mis acostumbradas visitas a cada de Macu e Ignacio, llegué justo en el momento en el que se disponían a tomar un café/té, acompañado de un pudin de queso. Como he mencionado con anterioridad, por cortesía, que no por apetencia, lo probé y me encantó. Creo recordar, que hasta incluso repetí. A partir de ese momento, me hice amigo del pudin e incluso hubo una temporada que hasta lo cocinaba, con la receta facilitada por esa inglesa y cuyo nombre ya no alcanzo a recordar.

En síntesis, el púdin, budin o pudding, es un preparado cremoso, cocinado en el horno o al baño María. De origen británico, data del siglo XVII, y se trata de un derivado de otro postre inglés, el “bread pudding”, donde se utilizaban restos para elaborarlo. Acostumbra a estar compuesto de diferentes ingredientes, dependiendo de la región: migas de pan, bizcocho, arroz, sémola…, aglutinado con huevo y aderezado, en ocasiones, con diversas frutas.

En un principio, la masa del pudin se envolvía en un paño y era escalfada al baño María. La bola se servía caliente. Con el paso del tiempo, los paños serían sustituidos por moldes desmontables. También en sus inicios, se consideraba un postre de gente sin recursos, ya que era una elaboración de aprovechamiento, habitualmente el pan. A medida que la clase media tuvo acceso a ingredientes como los huevos, la leche, las pasas o el azúcar, el pudin se hizo más sofisticado.

La historia de este postre es incierta. Pero se cree que el pudín tuvo sus orígenes en Europa durante la Edad Media. Las versiones anteriores de este dulce eran más densas y parecidas al flan, pero conforme pasó el tiempo la receta fue cambiando. En la actualidad tiene la consistencia de un postre suave, hecho a base de leche, crema, azúcar, vainilla o diferentes sabores.

Ingredientes: 100 gramos de caramelo líquido, 5 huevos, ¼ de litro de leche entera, 300 gramos de queso crema o queso mascarpone y 90 gramos de azúcar blanco.

Elaboración: Verter el caramelo líquido sobre un molde rectangular y extenderlo bien por toda la base. Mezclar en el vaso de la batidora, los huevos, la leche entera, el queso crema o el mascarpone y el azúcar. Batir bien hasta que se integre todo. Verter la mezcla en el molde, evitando que se mezcle con el caramelo líquido. Precalentar el horno a 180 grados centígrados. Cubrir el molde con papel de aluminio y ponerlo en una bandeja de horno. Calentar agua y verter sobre la bandeja que soporta el molde. Hornear durante 60 minutos y dejar enfriar dentro del horno. Una vez frío, retirar el molde del baño María y quitar el papel de aluminio. Introducir el molde en el frigorífico por espacio de unas 4 o 5 horas, hasta que cuaje por completo. Transcurrido este tiempo, desmoldar y servir.


 




martes, 31 de octubre de 2023

01200 El Cachopo

FILETE A LA ASTURIANA


Con lo que me gusta la cocina asturiana, no fue hasta el año pasado, cuando tuve la oportunidad de comer por primera vez un cachopo. Conocía su existencia, había oído hablar excelencias de él y escuchado multitud de anécdotas. Pero como digo, no fue hasta el año pasado, y por lo que veo en el archivo de las imágenes, el 30 de noviembre, que me estrené.

Un día, hablando con mi hermana Gemma, no sé por qué salió a colación el cachopo. Le dije que nunca lo había comido y se extrañó. Tiempo le faltó para, en la primera oportunidad que tuvo, obsequiarme en su casa con unos buenos cachopos con patatas fritas. Cuando los vi en la mesa, yo aplaudía con las orejas. Mis expectativas al respecto eran altas. No podía fallar, tratándose de una buena ternera, jamón serrano, queso y un buen rebozado. Y efectivamente, con el primer bocado, se cumplieron con sobresaliente todas mis albergadas ilusiones. Sabroso, delicioso, crujiente y hasta adictivo. Me comí dos ejemplares, aunque tengo que reconocer, que hubiese acabado con la bandeja. Cuando algo me gusta, acostumbro a ser un tanto exagerado.

Este cocinado básico de la gastronomía asturiana, en un principio era un plato preparado para que varios comensales comieran de él. Los filetes de ternera con jamón serrano y queso intercalados, se degustaban empanados y fritos, acompañados de patatas fritas, pimientos o champiñones.

Aunque el cachopo ha adquirido gran popularidad en las últimas décadas, más allá de la geografía asturiana, las primeras referencias de este plato se remontan al siglo XVIII, tal y como recoge la gastrónoma Adela Garrido en el "Libro de cocina", de 1938, y que no denomina "cachopo", sino filete a la asturiana. El cachopo comenzó a tomar popularidad cuando el restaurante Pelayo de Oviedo, lo incluyó en el año 1947, a su carta. A partir de ese momento, otros cocineros de la zona también lo incorporaron a sus respectivas cartas y empezaron a ofrecer a sus comensales otras variantes.

El nombre dado de cachopo nace del parecido de estos filetes con los troncos huecos de los árboles.

Ingredientes para 4 personas: 4 filetes de ternera cortados dobles, en forma de librillo, unos 150 gramos la unidad, 4 lonchas de jamón serrano o de cecina, 8 lonchas de queso (Oscos, cheddar, gruyere, Edam o cualquier queso suave junto a unas lascas de Cabrales), harina, pan rallado, huevo, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Extender el filete de ternera y sazonar al gusto. Colocar en una de las mitades del filete una loncha de jamón y sobre ella, una de queso. Si se desea, se pueden doblar las cantidades de jamón y queso. Cerrar el filete apretando los bordes y empanar con el clásico rebozado, pasándolo por harina, huevo y pan rallado. Freír en aceite no muy caliente. Acompañar el cachopo con unas patatas fritas. 
 





sábado, 14 de octubre de 2023

01193 Los Nachos con Quesos y Beicon

 ESTA NOCHE CENAMOS JUNTOS


Ya he comentado en alguna ocasión, que son mis hijas las culpables del descubrimiento de nuevos sabores, nuevas propuestas culinarias y nuevas elaboraciones. Son ellas las que me acercan las actuales tendencias en materia gastronómica, y quienes, de alguna manera, me amplían horizontes.

No son platos de "pedigrí" culinario, sus respectivas economías todavía no se lo permiten, pero sí muy apetecibles. En su mayoría, se trata de platos o preparados muy frecuentes en sus respectivos lugares de ocio gastronómico, algunos reconocibles y otros sorprendentes.

De vez en cuando, alguna de ellas, sobre todo el fin de semana para cenar, hace alguna propuesta. Particularmente, espero con ahínco que esto suceda. No se trata de un interés gastronómico, sino por sentarnos a cenar los cuatro. Entre semana, resulta complicado que esto suceda. Sus trabajos, vida social y otras obligaciones, dificultan que podamos coincidir. Y el fin de semana, para qué contar. Que si cenas con los amigos, que si he quedado en casa de fulanita, que si es el cumpleaños de menganito, que si... Por eso, cuando alguna de mis hijas propone una de sus cenas en casa, tardo en decir ¡vale!, lo que me cuesta coger aire para pronunciar la palabra.

En esta ocasión, traigo hasta este interminable blog, unos nachos con quesos y beicon, especialidad de mi hija Loreto. Cero complicaciones, para algo que nos encanta a todos. Es cuestión de poner en el microondas una fuente grande, repleta de nachos, cubrirlos con queso cheddar al gusto y un sobre de distintos quesos rallados. Se finaliza el preparado con unas pequeñas tiras, también al gusto, de beicon ahumado. Realizada esta operación, es cuestión de poner en marcha el microondas hasta que los quesos se funden sobre los nachos. Sacar a la mesa, y a disfrutar de este plato con una cerveza bien fría o con un buen vaso de vino, según se tercie.

Es un plato muy entretenido, a la par que divertido, de comer. Mientras le echas el ojo al nacho queseado que has elegido para llevarte a la boca, querámoslo o no, siempre ponemos el ojo en uno,  surgen conversaciones intrascendentes y divertidas que nos hacen, me hacen, sentir bien. Las miro y me siento feliz. Sí, los nachos con queso y beicon de Loreto me encantan. Y cuando llega el fin de semana, espero que diga, "¿a quién le apetecen unos nachos?" (o lo que sea y quien sea). Yo soy el primero en decir, "vale" o "me apunto". No por los nachos, que también, sino por cenar juntos.



sábado, 26 de agosto de 2023

01180 Los Aliados en la Cocina

 EL QUESO FETA


En la cocina, como en la vida, conviene siempre tener aliados. Para el día a día, en la cocina, que no en la vida, tengo unos cuantos de ellos que me echan una mano con su característico sabor. Su presencia, sin alterar en exceso el plato, le da un toque especial, original y muy personal. Me refiero en esta ocasión al queso feta.

Se trata de un queso de consistencia firme, cremoso y ligeramente desmenuzable. Su pasta es blanda, completamente blanco y con sabores dulces, agrios y picantes. Es el buque insignia de los productos lácteos griegos. Está producido principalmente con leche de oveja y un porcentaje de leche de cabra, que no debe superar el 30 por ciento. 

Con el queso feta se pueden elaborar excelentes aperitivos, postres y dulces. Pero para mí, donde es un buen aliado en la cocina, es a la hora de preparar una ensalada. Sobre todo, en aquellas ensaladas realizadas de "memoria", casi de forma mecánica, y que en algún momento pueden llegar a cansar. La presencia del queso feta en estas ensaladas es un auténtico regalo, por su sabor y buena relación con el mundo vegetal. Su colección de sabores lo hacen un queso muy especial. Desde que lo conocí,  hace ya unos cuantos años, raro es no encontrar en el frigorífico de casa un tarro de cristal, con los singulares cuadraditos de este queso, esperando su oportunidad para salir a la mesa. Como dice una de mis hijas, "las ensaladas con queso feta, son otro rollo". A lo que yo añado, y un buen aliado en la cocina. 









lunes, 31 de julio de 2023

01163 Los Calabacines a la Parmesana

TIRANDO DE RECETARIO


Nos encontramos en plena temporada del calabacín; planta herbácea, rica en vitaminas antioxidantes como la vitamina C, y cuya producción en el huerto, si todo va bien, es de lo más generosa. Tanto que, para no llegar a "aborrecerlo", hay que tirar de recetario, amplio y también generoso.

Bastaría en el día a día, y como acompañamiento,  con cortar el calabacín en finas ruedas, pasarlo por huevo y harina, y freírlo. O en tempura, tampoco es mala cosa. Pero de vez en cuando, conviene sacarle más provecho a este fruto. En esta ocasión, propongo unos calabacines a la parmesana. Aunque su versión, de origen italiano, lleva berenjena, "Melanzane alla Parmigiana", (ver la entrada número 01144 de este blog), con calabacín tampoco está nada mal. Se trata de otro estilo, ideal para quienes no les gusta la berenjena, como es el caso de mi hija Jara, quien propuso este cocinado.

Antes de abordar la receta, indicar que el calabacín, como en el caso de la berenjena, se puede hacer frito, al horno o a la plancha. Dependerá de lo ligero que se desee hacer este plato. Lo he probado de las tres formas, será por calabacines, y para mi gusto personal, es suficiente con un poco de aceite y a la plancha.

Ingredientes: 1 kilo de calabacines, 1 kilo de tomates, 300 gramos de mozzarella, 200 gramos de queso parmesano rallado, albahaca fresca, orégano, aceite de oliva virgen  azúcar, pimienta y sal.

Elaboración: Lavar y cortar en rodajas los calabacines. Sazonar y reservar. Lavar y cortar los tomates en trozos pequeños. Reservar. Echar un poco de aceite de oliva en una sartén e incorporar el tomate troceado, con un poco de sal, pimienta, orégano y una cucharadita de azúcar. Cocinar a fuego lento y remover durante unos diez minutos. Reservar. En una sartén o plancha, con un poco de aceite, dorar los calabacines. Reservar. Echar un poco de aceite en una bandeja de horno y colocar una capa de calabacines. A continuación, una capa de salsa de tomate, queso parmesano y mozzarella. Repetir esta operación un par de veces más, para acabar con la mozzarella, el queso parmesano y las hojas de albahaca. Introducir la bandeja en el horno precalentado a 180 grados centígrados, por espacio de unos 15 minutos o hasta que se vea que se ha gratinado ligeramente. Servir caliente. 





sábado, 24 de junio de 2023

01144 Las Berenjenas a la Parmesana

MELANZANE ALLA PARMIGIANA


A tenor del número de entradas que hasta la fecha le he dedicado a la berenjena, y lo que te rondaré, queda claro que no es que me gusten, sino que me encantan. Me fascina de cualquier manera. A la plancha, frita, en tempura, rellena, como pastel salado o en lasaña… Me da exactamente igual. Soy un auténtico fan de esta baya. Tanto es así que este año, en mi humilde huerto, me he venido arriba y he plantado dos docenas de matas. Será por berenjenas.

Traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital un plato, para mi gusto, excepcional: Berenjenas a la parmesana. No tiene mucha complicación su elaboración, aunque hay que dedicarle algo de tiempo, y el resultado es francamente sabroso.

Se trata de un plato típico de Nápoles, al sur de Italia. En su origen, la parmigiana di melanzane o melanzane alla parmigiana, lleva como ingredientes básicos, berenjenas (melanzane), queso parmesano, mozzarella, salsa de tomate y albahaca. No obstante, a partir de aquí, han surgido numerosas variantes.

Las imágenes que ilustran esta entrada corresponden a un plato de berenjenas a la parmesana, que tuve la oportunidad de disfrutar en el restaurante que Matteo di Filippo regenta en el madrileño Mercado de la Paz. Me pareció algo excepcional, como todo lo que he llegado a probar de su cocina. Conocí a este chef italiano en el televisivo Canal Cocina, el del huevo frito, y me quedé prendado tanto de sus propuestas como de su saber hacer en los fogones. Estas berenjenas en cuestión, las recuerdo, suaves, cremosas y con un intenso sabor a Italia. Todo un deleite y, por supuesto, con ganas de repetir.

He intentado sin éxito dar con su receta. Así que, he tenido que recurrir a uno de mis libros sobre cocina italiana para dejar constancia de esta delicia napolitana.

Ingredientes para 4 personas: 2 berenjenas grandes, una lata de ½ kilo de tomate frito triturado, 2 bolas de mozzarella de búfala, 175 gramos de queso parmesano, albahaca fresca, sal y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: Lavar las berenjenas y cortarlas en rodajas transversales de medio centímetro de grosor aproximadamente. Salar y dejar reposar unos 15 minutos. Disponer las rodajas en una fuente de horno con unas gotas de aceite de oliva y hornear a 180 grados centígrados hasta que estén tiernas. En lugar de hornearlas, se pueden rebozar y freír, pero resultarán algo más pesadas a la hora de comer. Rehogar en una sartén a fuego fuerte y no más de cinco minutos, el tomate frito triturado con unas gotas de aceite de oliva, media docena de hojas de albahaca fresca, una pizca de azúcar y sal al gusto. Rallar el queso parmesano y cortar en finas lonchas la mozzarella. Reservar. En una fuente de horno, untar su base con tomate, y disponer una cama de berenjenas ya horneadas. Espolvorear queso parmesano, añadir unas lonchas de mozzarella y acabar con una capa de tomate. Repetir la operación hasta acabar con las láminas de berenjenas. Finalizar el plato con rodajas de berenjenas, cubiertas de tomate, parmesano y mozzarella. Introducir la fuente en el horno precalentado a 180 grados centígrados y en modo grill durante una media hora. Pasado este tiempo, y siempre y cuando la superficie esté dorada, sacar la fuente del horno. A la hora de servir, espolvorear queso parmesano sobre cada ración.

 

 




miércoles, 7 de junio de 2023

01131 La Tarta de Queso de Sonia

PARA RECORDAR


A quienes os guste tanto como a mí la tarta de queso, tomad buena nota de esta receta. La he bautizado como "la tarta de queso de Sonia", pues así se llama de quien la aprendí. Quienes seguís este caleidoscopio vital, ya sabéis que tengo por costumbre poner nombre propio a las recetas que he ido aprendiendo de primera mano. Es como tener más presente a esa persona y recordar gratos momentos vividos.

Esta tarta la probé por primera vez el verano pasado en un encuentro familiar en la localidad riojana de San Vicente de la Sonsierra. Algún día hablaré de este entrañable y acogedor lugar. Es un fin de semana intenso donde los haya, repleto de emociones, buena gastronomía y excelentes vinos de la bodega Viña Ane "Monge-Garbati". El menú de la comida del sábado, para una veintena de comensales, se elabora con unas deliciosas judías, difíciles de olvidar, y de las que también un día contaré, que llevan el sello de Lorena, anfitriona de la citada bodega, junto con su marido Eduardo, y la aportación personal, en forma de viandas, de los comensales participantes. Lo que viene siendo un homenaje al buen yantar. 

A los postres, por lo menos yo, llego a duras penas. Pero el año pasado, cuando vi la tarta de queso de Sonia sobre la mesa, puse orden a mis entrañas y a por ella que me lancé. ¡Qué cosa más rica! Otra cosa, tira que te va, pero renunciar a una tarta de queso, ni hablar, y menos a esta, con la pinta que traía. He de confesar que casi me pongo malo. Empecé por un "trocito de nada para probarla", pero si no me llega alguien a llamar la atención.... Yo creo que un cuarto de tarta ya me metí entre pecho y espalda. Sin talento.

Es obvio, que le pedí la receta a Sonia. Me dijo que era muy sencilla de elaborar, pero que no recordaba con exactitud las cantidades. El lunes, Sonia, enviaba a mi wasap lo siguiente y copio literal: "7 huevos, 700 gramos de queso Philadelphia, 700 gramos de nata, 230 gramos de azúcar, 230 gramos de queso fresco y 50 gramos de queso parmesano rallado.

Mezclar todo ayudados de la batidora, precalentar el horno a 180 grados, hornear durante 45 minutos y dejar reposar en la nevera por espacio de 2 horas". 

Al cabo de unos días, seguí las instrucciones enviadas por Sonia, y me salió una tarta, tal cual la había probado en San Vicente de la Sonsierra. Mira que he comido tartas de queso, pero como esta, como la de Sonia, pocas.



martes, 29 de noviembre de 2022

01070 Las Ensaladas con Queso

 UN BUEN COMBINADO


Una de las bondades de las ensaladas es que lo soportan casi todo, por no decir todo. Ya he comentado en alguna ocasión, que las ensaladas no tienen por qué ser aburridas. Un mero ingrediente con un sabor especial, es más que suficiente para revolucionar la sencillez del plato.

Uno de estos ingredientes es el queso con todas sus variedades. Mientras esto escribo, creo que estoy haciendo algo de trampa, pues tengo la sensación de que cuando incluyo el queso en la ensalada es más por mi extremada afición a él, que por ensalzarla. Sea como fuere, resultan un buen combinado.

 A la hora de elegir un queso para incorporar a una ensalada dependerá de los gustos personales, así que el abanico de posibilidades es muy amplio. Mi experiencia personal, siempre abierta a nuevas sugerencias, tiene grabadas ya una serie de variedades lácteas con propuestas seguras a las que acostumbro recurrir de forma frecuente. Desde los quesos tiernos y suaves, hasta los fuertes y salados, todos tienen cabida en mis “caprichosas” ensaladas.

Uno de mis quesos bandera para ensaladas, por ejemplo, es el de rulo de cabra. Me da lo mismo pasado por la sartén, que salido tal cual de su envoltorio. Resulta siempre un atractivo complemento. Otra de mis debilidades es el queso azul. Su fuerte sabor aporta personalidad a las ensaladas y máxime cuando estas llevan entre sus ingredientes manzana y nueces.

El queso parmesano cortado a lajas es otro buen compañero para las sencillas ensaladas a las que les falta su aquel, al igual que cualquiera de los mantecosos quesos suizos. Y qué decir del queso feta griego. Su salado sabor se complementa a la perfección con un buen número de variadas ensaladas.

Todo un mundo por descubrir y hasta para errar. Que alguna pifia, en mi afán por experimentar, ya he formado.

 




miércoles, 21 de septiembre de 2022

01059 Placer Dorado

PARA UN ORO EUROPEO


Quienes tenéis por costumbre leer este caleidoscopio vital, ya sabéis de mi tendencia a poner nombres propios a los platos o asociar estos a momentos, situaciones y recuerdos de mi vida. Este sencillo y casi frugal condumio que traigo en esta ocasión, habitual de mis cenas, el 18 de septiembre de 2022 fue bautizado por y para mí, como "Placer dorado". Me explicaré.

Me gusta el baloncesto, y en mis días ahora de nada, se llenaron con el Eurobasket 2022. ¡Cómo  he disfrutado de este acontecimiento deportivo de principio a fin! Vaya por delante, en esta España siempre dividida y cabreada por todo, que yo era de los que se postulaba, sin ningún tipo de acritud, y visto lo visto, desde mi absoluto desconocimiento, en el bando de los que pensaban que la Selección española, si alcanzaba los cuartos de final, sería ya un éxito. Ahora, a toro pasado, en ese bando de los faltos de fe, nos hemos quedado la mitad de la mitad; el resto ha cambiado de parecer en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué gran lección nos han dado a los incrédulos como yo, los chicos de Sergio Scariolo! Mi más sincera enhorabuena y mi gratitud por los momentos de tan magnífico baloncesto y entrega sin límites que nos habéis brindado! Muchas gracias de todo corazón.

El caso es que ese domingo, 18 de septiembre, me senté frente al televisor dispuesto a disfrutar de otro encuentro, de otro espectáculo, ahora sí esperanzado, a pesar de que los Rudy y compañía tenían que vérselas en la final del torneo Europeo con la siempre temible selección francesa y los Fournier, Yabusele, Huertel, Gobert, Okobo... de turno. El enfrentamiento deportivo comenzaba a las 20,30 horas. En otro momento, tal y como es costumbre presenciar este tipo de acontecimientos, hubiese afrontado la final, acompañado de unas cervezas y unas buenas patatas fritas. Pero por razones que no vienen al caso, no fue así. Cambié esta delicia por otra: un buen queso curado, carne de membrillo y grisines. Un pica-pica que en ocasiones normales me hubiese durado en el plato no más de quince minutos, tarde en finiquitarlo lo que duró el encuentro.

Desde que se iniciara el primer salto para obtener la primera posesión de balón, hasta que los franceses dieran por perdido el encuentro en los últimos segundos del partido, mis ojos no se despegaron del televisor, salvo para coger de soslayo del plato alguno de los tres alimentos que contenía y así calmar mi ansiedad. Bueno, para no faltar a la verdad, cada vez que la Selección española metía un triple, y fueron 15, -siete de Juancho Hernangómez, uno de Darío Brizuela, dos de Alberto Díaz, tres de Jaime Hernández, y dos del incombustible y admirado Rudy Fernández-, lo celebraba untando indistintamente queso y grisines en la cremosa carne de membrillo. ¡Y qué bien sabían!, tanto los triples como el combinado alimenticio.

Terminado el feliz e histórico encuentro deportivo y mientras devolvía el plato a la cocina, sentí la imperiosa necesidad de traer hasta este caleidoscopio vital el momento vivido; este pequeño gran momento de felicidad. Justo en el instante de depositar el plato en el lavavajillas, me vinieron a la cabeza dos palabras: "placer dorado". Me gustaron los dos vocablos con los que relacionar la humildad y sencillez de este plato, queso curado, carne de membrillo y grisines, con la humildad y sencillez de esta familia baloncestística, como así se hacen llamar los chicos de Scariolo. A partir de ahora, siempre que aparezca ante mí este trío de alimentos, recordaré mis días de nada en los que Lorenzo Brown, Jaime Fernández, Darío Brizuela, Rudy Fernández, Usman Garuba, Juancho y Willy Hernangómez, Xabi López-Aróstegui, Joel Parra, Jaime Pradilla, Sebas Saiz, Alberto Díaz, Sergio Scariolo y todo el equipo técnico, llenaron de entrega, ilusión, magia, encanto, disfrute, fortaleza.... y felicidad.







lunes, 19 de septiembre de 2022

01058 La Tarta de Queso de La Viña

 SIN PARANGÓN


Se dice que hay tantas recetas de queso como gustos. Doy fe, a tenor del buen número de recetas que he ido recopilando a lo largo de los años. Me encantan las tartas de queso y este caleidoscopio vital sabe de ello.

Las hay en frío, al horno, con base de galleta, sin ella, con mermelada, a palo seco, compactas, esponjosas… todas ellas deliciosas. Pero hay una que probé por primera vez hace cuatro años y que me pareció el no va más de las tartas de queso. De hecho, está considerada por los entendidos en la materia, como la mejor tarta de España. Se trata de la tarta de queso del Bar Restaurante La Viña, de San Sebastián.  Ubicado en una de las calles del carismático Casco Viejo donostiarra, La Viña, desde que abriera sus puertas en 1959, se ha ganado el aprecio del gran público por sus propuestas gastronómicas basadas en la tradición de la cocina vasca y desde hace un par de lustros por su tarta de queso.

Curiosamente, esta tarta se sirve en el establecimiento hostelero desde hace casi tres décadas, pero no fue hasta hace una decena de años cuando, de la mano de internet, se hizo popular.

La tarta de queso de La Viña se sirve de cinco ingredientes: queso crema, huevos, azúcar, harina y nata líquida. El resultado de esta combinación es una deliciosa tarta de cremosa textura y tostados bordes, que la hacen tan especial. Desde que probé esta tarta hay un antes y un después en mi relación con las tartas de queso. No descarto el resto, pero cuando me quiero dar un homenaje, tiene que ser con la receta que los responsables de La Viña quisieron compartir con el mundo, lo que es muy de agradecer. De sencilla elaboración, esta dulce propuesta no puede ser más espectacular. El único problema que para mí tiene, es que sabes cuando empiezas, pero nunca cuando acabar. Bueno sí, cuando no quedan ni restos en la fuente de servir.

Ingredientes para 10/12 personas: 1 Kgr de queso crema, 7 huevos, 400 gramos de azúcar, 1,5 cucharadas de harina y ½ litro de nata líquida.

Elaboración: Mezclar suavemente, evitando que se hagan grumos, el queso crema y los huevos. Añadir el azúcar y seguir mezclando. Añadir una cucharada y media de harina, y mezclar. Por último, incorporar la nata líquida y mezclar suavemente ayudados de una cuchara, sin agitar, hasta formar una masa homogénea.

Cubrir un molde desmoldable grande con papel sulfurizado o papel para horno, de forma que las paredes queden bien cubiertas, y verter la masa resultante de la mezcla. Introducir el molde en el horno precalentado a 210 grados centígrados, a altura media, durante 45 minutos. Vigilar a partir de los 30 minutos, hasta que la superficie de la tarta quede ligeramente tostada. Transcurrido este tiempo, sacar la tarta de queseo del horno y dejar reposar durante tres o cuatro horas. Una vez fría, desmoldar.

Nota: La receta original del restaurante La Viña usa queso crema, de sabor suave y gran untuosidad.

 




domingo, 22 de mayo de 2022

00987 El Queso con Mermelada de Pimientos Rojos

 O VICEVERSA 


No sé si me gusta más el queso con mermelada de pimientos rojos o la mermelada de pimientos rojos con queso. Y si además, me encantan cada uno por separado, empezamos bien.

El caso es que ya han comenzado las cenas de "cualquier cosa", "por no acostarme con el estómago vacío" o "para matar el gusanillo". La carta es amplia para estos menesteres, si bien hay una combinación de alimentos que se repite con cierta asiduidad. A la ya referida en alguna ocasión, queso con mermelada de tomate, otra debilidad, se suma el queso con mermelada de pimientos rojos y a ser posible que esta sea casera. Más adelante contaré cómo hacerla. No tiene secreto alguno.

En cuanto al queso, cualquiera de sus variedades combina bien con los edulcorados pimientos. No obstante, mis preferidos para estas ocasiones son: Manchego, Brie, Camembert, Chedar, Edam, Gouda, Gruyere o el queso de rulo de cabra, entre otros.

Ahora que lo pienso, igual me he quedado un poco corto llamando a esta combinación de sabores "cualquier cosa". Es mucho más. Es un deleite, uno de los muchos pequeños placeres a los que conviene acostumbrarse.

En el mercado hay mermeladas de pimientos rojos muy interesantes, pero yo animo a hacerlas en casa. Es muy sencilla su elaboración. Se necesita para cada kilo de pimiento rojo, 500 gramos de azúcar blanco o de azúcar moreno, un litro de agua y el zumo de dos limones.

En primer lugar hay que lavar y cortar en trozos los pimientos, intentando quitar todas las pepitas y las tiras blancas de su interior. Ponemos un cazo con el agua a fuego medio e incorporamos los pimientos ya limpios con el zumo de los dos limones, que sirve como conservante y evita la oxidación. Dejamos cocinar hasta que veamos que los pimientos están blandos. A continuación, pasamos los pimientos y el agua que haya quedado de la cocción al vaso de la batidora de mano y trituramos. Una vez triturados los pimientos, los introducimos en un cazo e incorporamos el azúcar. Dejamos cocer a fuego medio, removiendo, hasta que observemos que coge el espesor apropiado. Sacamos del fuego y dejamos que se temple. Cuando se haya enfriado, ponemos la mermelada en un tarro y cerramos. Por último, lo introducimos en el frigorífico hasta que coja la textura adecuada de la mermelada.

En esta ocasión la mermelada de pimientos rojos acompaña al queso, pero esta deliciosa mermelada hace buenas migas con otros alimentos. Es cuestión de ir probando.







lunes, 9 de mayo de 2022

00983 La Burrata

 EL QUESO MANTECOSO ITALIANO


La burrata, tildada por muchos como el rey de los quesos italianos, ha entrado en mi dieta en los últimos meses como disparo de cañón. Me encanta y me fascina, ya no solo por su textura y sabor, sino por lo amable, variada y acogedora que resulta en los platos.

Conocí de su existencia hace unos cinco años en Barcelona, gracias a mi hermana María Engracia y en una de sus excelentes comidas con las que acostumbra a deleitarnos. Siempre inquieta y gustosa por probar cosas nuevas, preparó una sencilla ensalada con pequeñas burratas y rúcula, aderezado todo con aceite de oliva, vinagre de Módena y sal. Me pareció exquisita. De regreso a mis lares quise comprar este queso para alguna comida especial, pero no di con él. Ahora ya resulta más fácil localizarlo y rara es la semana que no sale a la mesa.

La burrata es un queso fresco de pasta hilada, caracterizado por tener una suave consistencia. Su apariencia es redondeada, con un delicioso corazón de crema y cubierta esponjosa de color blanco. Se elabora a mano con solo tres ingredientes: leche de vaca, cuajo y crema, siempre sin aditivos, ni rellenos artificiales.

Su traducción del italiano significa literalmente "mantecoso" y se trata de una de las comidas más populares de la región de Apulia, en el sur de Italia. El origen de este queso se remonta al siglo XX en la región de Puglia. Se cuenta que fue el maestro quesero Lorenzo Bianchino quien buscó la forma de reutilizar los restos de pasta extraídos de la mozzarella, combinándolas con una especie de crema fresca.

La propuesta que traigo en esta ocasión es muy sencilla, exquisita y sin quitarle protagonismo a la burrata. Es tan fácil como formar un lecho de rúcula y sobre este, depositar unas cucharadas de pesto rosso (se puede adquirir en establecimientos especializados o grandes hipermercados). Colocamos la burrata sobre el lecho de rúcula y le espolvoreamos pimentón dulce para acabar con un chorrito de vinagre de Módena. El resultado me parece algo exquisito.





lunes, 4 de abril de 2022

00961 Cualquier Cosa

 VENCER A LA TENTACIÓN


Si hay una pregunta, con su consabida respuesta,  a la que temo a la hora de la cena es la de ¿Qué te apetece cenar? Y como un resorte se responde: "Cualquier cosa".

Y es que el significado de "cualquier cosa" es muy amplio y variopinto. Puede ser una sencilla ensalada, una frugal tortilla "floja", un vaso de leche por aquello de no irte de vacío a la cama o un par de piezas de fruta. También "cualquier cosa" admite un sandwich de lo que sea, restos de la comida, -sigo en mis trece de no tirar ni un gramo de comida a la basura-, un bocadillo o unas tostadas de mantequilla y mermelada. Hasta aquí, más o menos bien. Aceptable. Pero no, el noventa y nueve por ciento de las ocasiones en las que se formula la citada pregunta y se responde "cualquier cosa", desconozco el mecanismo que se pone en marcha en la cabeza, acaba por salir a la mesa todo tipo de "pecados gastronómicos". 

Y es que mi experiencia sobre "cualquier cosa" para cenar va muy ligada al antojo imprevisto o al esperado capricho. Con lo fácil que es decir voy a cenar tal o cual cosa. No, y lo ves siempre venir. Hay que hacer como que improvisas, como que son las manos que, de forma aleatoria, van buscando alimentos perfectamente combinados, apetecibles y gustosos. Y es curioso, siempre acaban, las manos digo, cortando embutidos y quesos, acompañados del siempre atractivo y recurrente pan con tomate. Esto sucede en el mejor de los casos. Ya es para nota cuando después se presenta sobre la mesa, sin previo aviso, alguna que otra vianda más ya que estamos metidos en materia. Y claro que entra bien en el cuerpo y que se disfruta del momento, aún a sabiendas de que al día siguiente se presentará el arrepentimiento. Por eso, conviene tener siempre una respuesta exacta a la pregunta sobre "qué te apetece para cenar" y vencer así la tentación de pronunciar "cualquier cosa", que dejará vía libre a la imaginación. También digo que a veces la voluntad se torna muy frágil y se deja llevar. No se puede, y creo que tampoco se debe, estar luchando permanentemente contra la tentación. Sobre todo cuando se presenta de manera tan deliciosamente ingenua.