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sábado, 2 de mayo de 2026

01746 Las Lechugas

 DEL HUERTO DE PRIMAVERA Y ESTÍO


Las lechugas siempre me han gustado, pero no es menos cierto que, hasta no hace muchos años, me pasaban muy desapercibidas. Si había lechuga para comer en ensalada, me la comía y punto. Si no estaba, tampoco la echaba en falta.

Mi auténtica querencia hacia este vegetal coincide con mi afición a la huerta. Recuerdo que el primer año solo planté la denominada lechuga romana, también conocida como oreja de burro. Era por aquel entonces la más reconocida por nosotros, y la que utilizábamos, con sus hojas alargadas y crujientes, para la elaboración de una de nuestras ensaladas favoritas, que no es otra que la ensalada César.

Con el paso de los años fui incorporando a la tierra otras variedades de lechuga, a cual más vistosa espectacular. Así, pasaron a formar parte del huerto veraniego los cogollos tipo Tudela; la lechuga iceberg, ideal para acompañar los bocadillos de hamburguesa de carne; la lechuga Batavia, de crujientes hojas; la escarola, con su ligero amargor; o la lechuga hoja de roble, muy reconocible por sus onduladas hojas y llamativas tonalidades. De sabor ligeramente dulzón y textura suave y crujiente, no solo aporta colorido en el plato y en la mesa, sino que llama la atención en el huerto por su color verde y morado. También tengo que decir, que no todos los años consigo obtener buenos ejemplares. Este año voy a estrenarme con los canónigos, a ver qué pasa. De momento gozan de buena salud en el semillero a la espera de ser trasladados a la tierra.

Siempre me ha dado la impresión de que las lechugas son las grandes desatendidas del huerto. Piden pocos cuidados y a cambio, sin embargo, ofrecen variados beneficios a nuestro organismo. Pronto serán comestibles las primeras lechugas plantadas en el huerto; pronto volveré a disfrutar de su presencia en las innumerables ensaladas que me esperan. 






lunes, 6 de abril de 2026

01740 Un Variado de Tomates

¡POR FAVOR!


Una de mis cenas favoritas cuando los tomates maduran en mi huerto, es sacar a la mesa una variada selección de estos frutos, aliñados simplemente con un buen aceite de oliva virgen y sal, e incluso en esporádicas ocasiones, aderezados con ajo cortado muy fino. Siempre que me enfrento a este platazo, me acuerdo de mi querido Antonio Arazo, reconocido cocinero oscense, que, cuando yo apenas conocía media docena de variedades de tomate, nos deleitó en una cena con amigos, con una degustación de hasta 25 tipos de tomates. Me pareció algo fascinante y difícil de olvidar.

Cuando me inicié en las labores hortícolas, en mi desconocimiento del mundo del tomate, no es que ahora sepa mucho más, solo plantaba cuatro variedades bien conocidas: tomate de Huesca, tomate Rosa de Barbastro, tomates Cherrys y tomate de Pera o Roma para embotar o elaborar ricos gazpachos y salmorejos. Con esto ya me ilusionaba. Con el paso de los años fui incorporando otras variedades, en función de los consejos que recogía de diferentes fuentes. Así, apareció en mi huerto el tomate Corazón de Buey, para mi gusto el mejor, y lástima que no se me den bien del todo, el tomate de Colgar, el tomate Cherry de Pera, y mis últimas adquisiciones que datan del verano pasado: el Tomate San Marzano, de plantero propio con semillas traídas de Roma, el Tomate Cherry Negro, el Tomate Cherry Verde y el tomate Cherry Lucky Tiger. Todos ricos, todos buenos, los ácidos y los dulces, todos son suculentos.

Con estos mimbres nacen suculentas comidas y cenas, no como las de mi amigo Antonio Arazo y sus 25 variedades, pero creo que a este paso en un par de años podré emularlas. Tiempo al tiempo.

No obstante, me he quedado perplejo con un dato que acabo de leer y que no la tengo todas conmigo de que sea cierto. “Existen más de 10.000 variedades de tomates en el mundo, clasificadas por forma, color (rojo, amarillo, negro, verde) y uso culinario, desde los diminutos cherry hasta los grandes tomates de ensalada”. Si es así, anda que no me quedan tomates por probar. Imposible, al igual que escribir sobre diez mil cosas que me gustan; objetivo de este blog.






miércoles, 25 de marzo de 2026

01732 El Pimiento Morrón

 POR LA PUERTA GRANDE


No es la primera vez, ni será la última, que llega hasta este caleidoscopio vital una de mis hortalizas más apreciadas, como es el pimiento morrón. Me acompaña en mis comidas y cenas todo el año. En temporada, al natural. Del huerto a la mesa, previo paso por el horno. Y el resto de meses, en la ya tradicional conserva que elaboramos en casa entre septiembre y octubre. Este verano la recolección, contra todo pronóstico, resultó ser fantástica y, además, con unos ejemplares de exhibición. No me lo podía creer. Bien es cierto, que mi dedicación hacia ellos fue diaria y plena.

En la cocina, los pimientos morrones hacen buenas migas con un buen número de alimentos que deparan en unos sugerentes, vistosos y apetitosos platos. Algunos de ellos ya están recogidos en esta carrera sin fin de las diez mil cosas que me gustan. Pero en esta ocasión no propongo condumio alguno, sino conocer algunos de los pormenores de esta magnífica y sorprendente hortaliza. Se merece toda mi atención.

Vaya por delante que es un fruto que pertenece a la familia de las solanáceas, a la cual pertenecen unas 2.700 plantas. El pimiento morrón es originario del pimiento picante de América. Los primeros europeos que los comieron fueron Cristóbal Colón y su tripulación en el año 1493. El descubridor del Nuevo Mundo trajo semillas de distintas variedades a España, desde donde se extendió por todo el continente europeo. Con posterioridad se diseminaría por el Medio Oriente, Ásia, África y norte de América, donde hasta aquel entonces no se conocía.

No entró con buen pie el pimiento morrón en España y tampoco en Europa, al ser demasiado picante para los paladares de la época. No sería hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se obtuvieron, mediante la selección natural, variedades más grandes, poco picantes y más dulces.

Este pimiento tiene forma de hocico o morro, por ello su popular nombre, aunque también es conocido como hocico de buey o pimiento de bonete. Se trata del único miembro del género Capsicum que no produce capsaicina; sustancia que provoca una fuerte sensación de ardor cuando entra en contacto con las mucosas, lo que denominamos picante. Esta ausencia de capsaicina se debe a un gen que elimina este compuesto.

Estamos ante un alimento con un elevado contenido en agua, un 94%, pocos carbohidratos, un 5%, apenas proteínas, un 1%, y una cantidad insignificante de grasas. Su aporte calórico es de 24 kilocalorías por cada 100 gramos. Además de ser una fuente importante de vitaminas y minerales, contiene fibra.

No lo tenía previsto, pero después de leer y escribir sobre el pimiento morrón, mis papilas gustativas me han pedido que me acerque hasta la despensa y coja un bote de conserva de pimientos. Hay que obedecer. ¿Cómo los haré? No tengo ni idea, es lo de menos. Camino a la despensa lo decidiré.



martes, 17 de septiembre de 2024

01492 Las Borrajas en Tempura

 EXCEPCIONALES Y APETITOSAS


Si me encanta la tempura y me fascinan las borrajas, una y otras, unidas, para qué contar. Esta es la sexta entrada que dedico a este verde manjar (00162, 00216, 00317, 00709 y 01226) y las que me quedan por compartir.

Cuando cocino borrajas en tempura, lo hago pensando en dos destinos. Bien para tomarlas como aperitivo o como acompañamiento a alguna carne. De cualquier modo me parecen excepcionales y apetitosas.

No tiene misterio alguno. Se trata de un coser y cantar, como diría aquel, y el resultado no puede ser más atractivo. 

Ingredientes: Una buena mata de borrajas, harina para rebozar, una cerveza muy, muy fría, aceite de girasol y sal.

Elaboración: Limpiar los tallos tiernos de las borrajas. Lavar y cortar en bastoncillos. Poner en un cuenco un poco de harina y añadir cerveza muy fría. Mezclar bien hasta conseguir una masa que no quede ni muy espesa ni muy líquida. Para ello, añadir cerveza o harina, en función de la textura que deseemos conseguir. Calentar en una sartén abundante aceite de girasol. Pasar los bastoncillos de borraja por la masa y freír. Según se vayan friendo, colocar los bastoncillos sobre un papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. Añadir la sal y servir. 


viernes, 26 de julio de 2024

01440 No Debo Pedir Más

 NO SE PUEDE PEDIR MÁS


Entre soles, tierra, agua, hierbas, aromas, frutos, verdores e ilusiones los días van pasando. No se puede pedir más. No debo pedir más.


lunes, 8 de julio de 2024

01390 Las Berenjenas de Almagro

 DISTINTAS Y ESPECIALES


No hace muchos meses, hablando con mi querido y buen amigo Ángel sobre gustos culinarios, salió a colación la siempre agradecida berenjena. Tras mi loa sobre este, para mí, preciado fruto, Ángel, además de compartir esta apetencia, me habló de unas berenjenas muy típicas de su tierra natal, Ciudad Real. Me indicó que se trataba de una berenjena especial que se cultivaba en la comarca Campo de Calatrava y que, a él, siempre que la comía le transportaba a su infancia y juventud en casa de sus padres. Le escuché, como no podía ser de otra manera, atentamente e intentando imaginar cómo sería esa berenjena de tradición y que yo desconocía. Mi amigo prosiguió diciendo que esta hortaliza se consumía habitualmente en conserva y que tenía un sabor muy particular. Con las explicaciones y pormenores que me trasladó Ángel, me hice un poco a la idea, pero me faltaba probarla. No pasaron muchos días, que, en la primera oportunidad que tuvimos de comer juntos, se presentó con unas latas en conserva de tan preciado fruto.

Llegó el momento de verlas y de probarlas, y francamente, no me decepcionaron. Me serví un ejemplar y cuando lo iba a cortar con cuchillo y tenedor, Ángel me miró con cara de “espanto” y corrigió mi compostura. “Fernando, me dijo, se comen con los dedos. Haz como yo”. Vi como mi amigo cogía por el rabillo la pequeña berenjena y se la comía de un bocado. En un punto y seguido le imité. Me pareció un sabor curioso y lleno de contrastes. No alcancé a identificar el sabor de la berenjena ni tampoco las especias que llevaba. Tan solo pude reconocer el vinagre. Ángel buscaba mi mirada para encontrar mi aprobación, pero no la encontró. Con la segunda pequeña berenjena comencé a identificar sabores, más allá del vinagre. Intuí la presencia del ajo al que sumé el comino y el pimentón. No sé si llevaban algo más. No pude acceder a la lata que los contenía y ver los ingredientes. Ya, con la tercera y última, me familiaricé con su sabor, que acabó gustándome.

Y como suele acontecer cuando algo nuevo entra mi vida, busqué información al respecto. Leí que la “Berenjena de Almagro es el fruto de una variedad autóctona con características únicas”. Se cultiva en la zona del Campo de Calatrava desde “tiempo inmemorial”, dando lugar a un producto genéticamente único y distinto al resto de berenjenas del mundo. Llama la atención su pequeño tamaño y rara vez “superan el tamaño de un dedo pulgar”. Cuentan con la Denominación de Origen Protegida para garantizar que estas berenjenas siguen rigurosos estándares de calidad y tradición. Es muy típico también rellenarlas con pimiento asado.

Tomé buena nota de todo ello, para argumentar su inclusión en este caleidoscopio vital y aquí está.

 

 

 




lunes, 13 de mayo de 2024

01341 Las Flores de Alcachofa

 ELEGANCIA EN EL PLATO


Para los amantes de la alcachofa, como a un servidor, traigo hasta este caleidoscopio vital una versión que, no solo es deliciosa, sino que en su presentación final, es todo elegancia. Me refiero a las flores de alcachofa.

La primera vez que tuve la oportunidad de degustarlas y enamorarme de ellas, fue gracias a mi hermano Antonio. Como yo, era un fan de la alcachofa, y las preparaba de vicio. En una ocasión, en su casa, me sorprendió con esta, para mí, novedad. Además de entrar con delicadeza por los ojos, para qué contar cómo lo agradeció el paladar. La recuerdo con auténtica pasión. Igual me estoy viniendo algo arriba, pero es que me parecieron una delicatesen.

No tardé mucho en trasladar a un papel su elaboración. Antonio me las ofreció ese día, simplemente con aceite y escamas de sal, aunque me dijo, que él las había probado con virutas de jamón y también con gulas. Yo, de momento, las he comido, tal y como me las ofreció mi hermano aquella primera vez, y con virutas de jamón pasadas ligeramente por la sartén. De cualquier manera están deliciosas. Seguiremos probando. De momento, comparto la receta que copié de Antonio.

Ingredientes: 8 alcachofas, aceite de oliva virgen extra y sal en escamas.

Elaboración: Lavar las alcachofas e introducirlas en una olla, sin quitarles el tallo ni las hojas. Cubrirlas con agua. Tapar la olla, y con fuego fuerte, llevar hasta su ebullición. En cuanto rompa a hervir, bajar a fuego medio y dejar que se cocinen hasta que estén tiernas. A continuación, sacar del agua las alcachofas y quitarles las hojas más externas y duras, hasta llegar al corazón de la alcachofa que se mostrará tierno y más claro. Cortar la parte más dura de la punta de la alcachofa y despojarle también del tallo. Desplegar con cuidado las hojas, empezando por las más externas. Una vez obtenidas las flores de alcachofa, pasarlas por una sartén con un poco de aceite bien caliente. Cocinar un par de minutos por cada lado, hasta ver que quedan un poco doradas. Servir a continuación con unas escamas de sal y unas gotas de aceite de oliva virgen extra.

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lunes, 26 de febrero de 2024

01273 Las Berenjenas Fritas con Miel

INOLVIDABLE CONTRASTE DE SABORES


Las berenjenas fritas con miel es uno de los sabores gastronómicos que me traje de mi viaje a la deliciosa, monumental, atractiva y no sé cuántos adjetivos más, ciudad de Granada. ¡Qué pasada de localidad!

El caso es que en uno de los muchos aperitivos que nos ofrecieron durante nuestra estancia, nos dieron a degustar unas berenjenas fritas con miel de caña. Ya iba sobre aviso y era conocedor de lo típico que era en esta ciudad este plato. Dada mi afición a la berenjena, tenía que gustarme sí o también. La incógnita era averiguar hasta qué punto. Y puedo decir que fue de sobresaliente. Había probado la berenjena de un buen número de facturas, pero nunca así, y me pareció todo un acierto. El contraste de sabores es digno de mención y comerlas un auténtico placer. Tanto me gustaron, que no tardé en hacerme con una receta para prepararlas en casa a nuestro regreso.

Según pude leer, esta receta es de origen árabe y muy típica en Granada, Córdoba, Málaga, Jaén y prácticamente en toda Andalucía. El secreto de este cocinado, a tenor de los entendidos, es conseguir una textura crujiente por fuera, como sabrosa por dentro. La forma de presentación habitual es en bastones o en ruedas. Las probé de sendas maneras, las dos excepcionales, si bien, me hicieron más tilín en bastones. Más fácil y entretenido de comer.

En síntesis, un plato para compartir, disfrutar y de grato recuerdo.

Cuando me interesé por la receta, me hice con varias. Cada una tenía su peculiaridad. Finalmente, me decanté por la que a continuación comparto y cuya autoría es de Damián Serrano y su blog Bon Viveur, al que sigo con asiduidad.

Ingredientes para 2 personas: 1 berenjena grande, miel de flores o miel de caña, cerveza, leche o agua con gas, harina de trigo fina para enharinar, aceite para freír y sal.

Elaboración: Lo primero de todo es lavar muy bien o pelar la berenjena, dependiendo si la prefieres preparar con o sin piel. Luego, hay que cortarla en rodajas gruesas y, después, cada rodaja en bastones. Una vez cortada, poner las rodajas en un recipiente y cubrirlas con la cerveza, la leche o el agua con gas. Este remojo es el primero de los consejos para que la berenjena coja menos aceite. Dejarla en remojo una media hora. Si fuera necesario, colocar un poco de peso encima para que quede completamente sumergida en el líquido. Escurrir la berenjena. Sazonar con sal. Enharinar los bastones y eliminar el exceso de harina. Una manera fácil de realizar este enharinado es colocando un puñado de bastones en un recipiente con tapa junto con una cucharada de harina. Cerrar muy bien y agitar para que queden enharinados. Calentar el aceite para freír. La temperatura ideal para esta fritura está entre los 170 ºC-180 ºC, sin que el aceite llegue a humear. Si tienes una freidora eléctrica o un termómetro de cocina este paso es bastante fácil ya que podemos medir esa temperatura. Para comprobarlo en la sartén, puedes ayudarte friendo un trocito de pan. Si se queda abajo, el aceite está frío. Si se queda arriba y se dora muy rápido, el aceite estaba demasiado caliente. Lo ideal es que baje e inmediatamente suba. Cuando el aceite esté a temperatura, freír la berenjena por tandas unos 3 o 4 minutos, hasta que se doren los bastones. No hay que sobrecargar la fritura para que mantenga la temperatura. Si echamos mucho a la vez, el aceite se va a enfriar, la berenjena va a tardar más en freírse y, durante ese tiempo, va a ir absorbiendo cada vez más y más aceite. Conforme se van sacando los bastones de berenjena de la sartén, se van dejando reposar sobre papel de cocina para retirarles el exceso de aceite. Por último, salar ligeramente, colocar en el plato de servir y repartir una o dos cucharadas de miel por encima. Se puede acompañar con un poco más de miel por si cada comensal desea completar con un poco más.

 

 

 

 

 




martes, 26 de diciembre de 2023

01237 Los Empanadicos de Calabaza

 POSTRE DE TRADICIÓN


No siempre me ha gustado el empanadico. Es más, no me hacía ninguna gracia cuando lo veía. Las pasas y la calabaza de su relleno no me transmitían confianza alguna. Y sí, en contadísimas ocasiones, llegué a probarlo. Pero el trocito que me comía, por cortesía a quien me lo ofrecía, pasaba por mi particular disección antes de llevármelo a la boca, para quitarle todas las pasas, que tantas náuseas me producían. Sí, en cambio, me encantaban los empanadicos rellenos de manzana, menos habituales en este tradicional postre aragonés.

La culpa de que acabara por gustarme, la tiene la Asociación de Mujeres de la Hoya de Huesca. En una ocasión, estando todavía en activo, acudí hasta la sede de esta asociación para hacer un reportaje radiofónico. Fue próximo a las Navidades. Coincidió mi visita con la inauguración de una exposición con los trabajos artesanales que las asociadas habían elaborado en los últimos meses. Para una mejor y dulce inauguración, decidieron preparar postres caseros, incluidos el empanadico. Tenía una pinta fenomenal, pero como era mi costumbre por aquel entonces, ni me acerqué a él, hasta que la señora que lo había elaborado, vino a buscarme para ofrecerme una tira, más bien generosa, del dichoso dulce. Me lo ofreció con tanto entusiasmo, que no pude negarme a aceptarlo. En ese momento, no era cuestión de meterme en las entrañas del empanadico para “limpiarlo” de pasas, así que en un alarde de “valentía” y entrega a la causa, introduje el dulce en mi boca, cerré los ojos, le di un pequeño mordisco… y me gustó, a pesar de encontrarme con la denostada pasa. Tanto me agradó, que repetí, y hasta pedí la receta.

Después de mi personal estreno y definitiva aceptación, todas las Navidades, desde aquel entonces, hemos elaborado empanadicos en casa, con las calabazas nacidas en mi huerto y con el resto de ingredientes adquiridos en Ultramarinos La Confianza. Se ha convertido en una entretenida y expectante tradición.

Han sido varias las recetas puestas en práctica. Desde aquella primera que solicité y que nunca conseguí que me saliera igual, pasando por la que me dieron tras mi paso por un taller de elaboración de empanadicos, hasta la facilitada por la madre de una amiga, que es con la que año tras año intentamos mejorarlo. Reconozco que después de unos cuantos años, no acabamos de cogerle aquel. Buenos están, pero no como aquel que probé con tanto entusiasmo de las Amas de Casa de la Hoya de Huesca.

Este dulce de subsistencia y aprovechamiento, por lo que he podido comprobar, tiene tantas variantes, como manos lo elaboran. Así lo pude constatar siendo jurado en un concurso de empanadicos, en el que llegué a probar hasta 37 diferentes. No encontré dos iguales y todos tenían su alma.

La receta que a continuación comparto es la que venimos repitiendo en los últimos años. El empanadico está bueno, porque los ingredientes no engañan. Pero dicho esto, no acabamos de igualarlo al que probamos de la mano de quien nos facilitó la receta. Copio, tal cual, como así nos la pasaron, sin corregir una coma.

Empanadico de calabaza de la madre de Julia. Para medio litro de agua se echan dos cucharadas soperas de azúcar, una cucharada de anís en grano, una piel de naranja y una pizca de sal. Se pone al fuego hasta que hierva. En un cuenco grande se echa la harina formando un volcán, y en el centro se echa una medida (tazón) de aceite de oliva suave y dos medidas de agua escaldada, hirviendo y colada. Amasar suave hasta que se trabaje bien. Acto seguido y sin reposar, se hace una bola como un puño y se estira. Se coloca sobre papel de horno. En un bol se mezcla azúcar con canela. Aproximadamente, para medio kilo de azúcar, dos cucharadas de canela. Mezclar bien. Poner esta mezcla sobre la mitad de la lámina de masa, que quede bien extendida. La calabaza se corta como para tortilla y se coloca sobre el azúcar de forma generosa y sin que queden huecos. Encima se ponen las pasas y los piñones. Se espolvorea con el azúcar de la mezcla y se echa un chorrito de aceite por todo. Se tapa con la otra mitad de la masa extendida y se espolvorea azúcar blanco y un chorrito de aceite. Se pincha con una tijera y se coloca en el horno, precalentado, a una temperatura entre 175 y 200 grados centígrados. Aproximadamente, debe estar entre 20 o 30 minutos con aire arriba y abajo.

 

 













viernes, 8 de diciembre de 2023

01226 Las Borrajas con Salsa de Setas y Micuit de Foie

 PARA UN DE VEZ EN CUANDO


Es tiempo de borrajas. Aquellas pequeñas plantas que introduje en la tierra del huerto el pasado mes de mayo, se han hecho grandes y hermosas como festivos ramos. Hasta hoy, las hemos venido comiendo como más nos gustan, con toda su sencillez y humildad; hervidas con patatas, y a punto de servir, rociadas con un sofrito de aceite y dorado ajo. Algo delicado y excepcional. 

Pero en esta ocasión, hemos hecho una "probatina", a raíz de una receta de borrajas con setas, a las que le ha sido añadida una ralladura de micuit de foie, de un bloc al que hacía tiempo le tenía echado el ojo en el congelador. Y la verdad es que no está nada mal este asunto. Los amantes de la borraja podrán decir que es "matarla" y obviar en exceso su sabor. Pueden que quienes así lo consideren, tengan toda la razón. Pero bueno, para un de vez en cuando, y para cambiar, no está nada mal y no hace daño a nadie, ni tan siquiera al paladar. A mí, me parece un plato resultón.

Ingredientes para 4 personas: 600 gramos de borrajas, 3 patatas medianas y 50 gramos de micuit de foie rallado. Para la salsa de setas: 1 cebolla mediana, 200 gramos de setas (lo ideal serían boletus, pero en esta ocasión se emplearon champiñones), 1 cucharada sopera rasa de harina, 1 vaso de agua del caldo de cocer la borraja, 1 vaso pequeño de vino blanco, aceite y sal.

Elaboración: Cocer la borraja limpia y las patatas cortadas en cuatro partes, en abundante agua y sal. Cuando la borraja y las patatas estén cocidas, retirar del fuego y escurrir, guardando un vaso de agua del caldo para elaborar la salsa de setas. En una sartén con un poco de aceite, pochar la cebolla bien picada, con un poco de sal. Cuando esté a medio hacer, añadir las setas y seguir cocinando hasta que se evapore el agua que desprendan las setas. Añadir el vaso de vino y cocinar hasta que se evapore el alcohol. Incorporar una cucharada de harina y echar poco a poco agua de cocer las borrajas hasta formar una salsa que no sea muy líquida. Probar el gusto de sal. Una vez conseguida la salsa, triturar con la ayuda de un brazo de cocina. A la hora de emplatar, primero servir las borrajas con las patatas y echar por encima la salsa de setas. Finalmente, rallar por encima el micuit de foie. Para rallarlo en óptimas condiciones, lo mejor es sacarlo del congelador. La ralladura se descongela rápidamente, máxime con el calor de las verdura y la salsa de setas. 




jueves, 30 de noviembre de 2023

01219 El Olor de la Borraja Recién Cortada

RECONFORTA, EVADE Y FASCINA


El huerto, además de ser un saludable lugar de esparcimiento, vida, laboreo, disfrute y un largo etcétera de buenas palabras e intenciones, es una fábrica de atractivos olores y cautivadores aromas, que lo hacen más reconfortante, si cabe. 

En su día, dije, por ejemplo, que me fascina el olor de las tomateras y que alguien debería inventar un perfume con ellas. El aroma que desprende la tierra mojada, tras el riego, o después de una tormenta. El penetrante olor de la parra cuando las uvas están maduras... y sobre todo, el aroma que se desprende de una planta de borrajas recién cortada. Me parece un bálsamo para los sentidos. Es una fragancia penetrante, con olor a limpio y a promesa venidera. Me cautiva y embelesa. Un olor familiar que, al respirarlo, me hace sentir bien, cómodo y hasta seguro, en la intermitente inseguridad. 

Cortar y aspirar es un punto y seguido. Las yemas de los dedos se pasean por sus tallos recién cortados para que no quede duda del hechizo que desprende su olor. Es un aroma que lleva consigo la magia desprovista de trucos. Aspirar su olor me reconforta, evade y fascina. Cierro los ojos y agradezco su existencia, tan saludable y cautivadora.




jueves, 2 de noviembre de 2023

01202 La Quiche de Calabacín

 HASTA EL AÑO QUE VIENE


Toca recoger el huerto de verano. Me da pena. Todos los años me sucede lo mismo. Lo voy estirando y estirando, hasta que llegan los primeros fríos y las plantas dicen adiós. 

He empezado por las tomateras. Este año no ha sido bueno para el tomate, por lo menos en mi huerto. Pepinos y pepinillos también han desaparecido ya. En esta jornada me despediré de los calabacines. Estos, casi nunca fallan. Las hojas de la planta están secas. Entre ellas, cuan superviviente, todavía asoma un calabacín. No es muy grande. Me he alegrado al verle.

Ya en casa, he decidido despedir la temporada de esta cucurbitácea con todos los honores. Ni frito, ni rebozado, ni en tortilla, ni en nada que se le parezca a como lo he disfrutado este verano. Me he acordado que por algún sitio tenía guardada una receta de Karlos Arguiñano, de cuando escribía su nombre de pila con C, de cómo hacer una quiche de calabacín. Me ha costado encontrarla, pero al fin he dado con ella. Mientras la buscaba, he apuntado en mi folio de cosas pendientes, ordenar el follón de recetas que tengo. Además de necesario, será entretenido. También mi paciencia lo agradecerá.

Habitualmente, cuando hacemos quiche en casa, la cocinamos de salmón (ver pormenores en la entrada 00826). La quiche acostumbra a gustar a todos, es sencilla de elaborar y siempre apetece. Qué mejor despedida a la temporada del calabacín que siendo coprotagonista de una quiche.

Ingredientes: 1 lámina de pasta brisa, 8 lonchas de beicon, 1 calabacín, 2 puerros, 2 huevos, 400 ml de leche evaporada, aceite de oliva, nuez moscada y sal. 

Elaboración: Cubrir un molde de fondo desmontable con la lámina de pasta brisa. Retirar la sobrante. Cubrir la pasta con papel de hornear y colocar encima unos garbanzos para que la pasta no suba y hornear a 180 grados centígrados, con el horno precalentado, durante 25-30 minutos. Retirar los garbanzos y el papel de hornear y reservar la pasta en el molde. Batir los huevos en un cuenco y añadir la leche evaporada. Sazonar y mezclar bien con la ayuda de una varilla. Añadir un poco de nuez moscada rallada. Mezclar y reservar. Lavar y picar los puerros y el calabacín, y pochar en una sartén con un poco de aceite de oliva y una pizca de sal. Trocear el beicon y añadirlo. Incorporar las verduras y el beicon al cuenco del huevo y la leche evaporada y mezclar bien. Verter todo sobre la pasta brisa que teníamos reservada en el molde y hornear a 180 grados centígrados, con el horno precalentado, durante unos 12 minutos. Sacar del horno, desmontar y servir caliente.

viernes, 20 de octubre de 2023

01199 Las Anchoas con Pimientos Asados

YA HUELE A OTOÑO


Cuando como este plato, no sé quien acompaña a quien, si las anchoas a los pimientos asados o son los pimientos quienes acompañan a los deliciosos peces. Sea como fuere, la combinación me resulta riquísima.

Es tiempo de, muy a mi pesar, ir desmontando el huerto de verano. Comencé hace unos días por las tomateras. No ha habido buena cosecha. Alguno se ha cogido, pero nada que ver con otros años. Además, y para variar, la araña roja se hizo dueña del pequeño vergel, y ya fue el acabose. Le siguieron los calabacines y ahora les toca a las pimenteras. Espectacular este año. Ha habido pimientos para consumir hasta la saciedad y también para compartir. Algunos quedan en las matas, pero con los primeros fríos dirán también adiós. 

En este sentido, llevamos más de una semana comiendo pimientos morrones asados. Lejos de lo que pueda parecer, a mí no me cansa. Me encantan. Los hemos tomado solos con ajo y aceite, en ensaladas, con huevos fritos, en tostadas, acompañando a carnes y como no podía ser de otra manera, también con pescado; en concreto, con anchoas enharinadas y fritas. Me parece un bocado ligero, sugerente y delicioso. Es de los que vas comiendo y comiendo sin enterarte, y cuando te has querido dar cuenta, llevas metidos, entre pecho y espalda, a tenor de las raspas contadas, una docena de ejemplares. De vicio.

Después de todo, todavía quedan pimientos asados. Veremos en lo sucesivo con quien comparten plato. Seguro que se llevarán fenomenal.




viernes, 18 de agosto de 2023

01175 Las Berenjenas con Croquetas

 CROQUETAS CON BERENJENAS


Menudo par de buenos elementos y alimentos que se han juntado en esta ocasión. Me da lo mismo titular esta entrada como berenjenas con croquetas, que croquetas con berenjenas. Mi inclinación por cualquiera de las dos es similar.

Últimamente la berenjena está muy presente en nuestras comidas. El huerto nos está regalando buenos y sabrosos ejemplares, y hay que aprovechar. Enharinadas y pasadas por huevo, es más que suficiente para acompañar a lo que se le ponga por delante. Esta vez han sido croquetas, otras que tal para hacerme feliz. Sí, me hacen feliz, que le voy hacer. Tal como están las cosas, hay que buscar momentos de felicidad en cualquier escenario por humilde que sea. Y este es uno de ellos. ¡Qué cosas! 













domingo, 6 de agosto de 2023

01167 Las Berenjenas Empanadas

 UN "DESCUBRIMIENTO" TARDÍO


¡Qué gratísima sorpresa! Quien sigue este humilde proyecto, sabe de mi gusto por las berenjenas. Las he comido de muy variadas formas; desde la suma sencillez tras pasar por la plancha, hasta en pastel, pasando por distintos rellenos, bien interesantes. 

Jamás se me hubiese ocurrido tomarlas empanadas. Y así fue como me las encontré ayer en la mesa a mi regreso del huerto. Tenían un aspecto estupendo. Doradas, crujientes, apetitosas. Me dieron ganas de asaltar el plato. Pero no, me contuve. Cada cosa a su tiempo y lo primero, educación. Aunque tengo que reconocer que me tuve que contener mucho, mucho, pues no hacían mas que tentarme.

Y llegó el momento de la cata. Igual exagero un poco, pero me parecieron de vicio. Posiblemente no sea objetivo, pero me pareció un bocado extraordinario. No sé cuantas láminas de berenjena pude llegar a comer, pero fue un no parar. Quedaron algunas, yo creo que por vergüenza, que sucumbieron a la hora de cenar. Lo tenían todo. El sabor de la berenjena, el justo aceite y una textura tersa y crujiente.

Le pregunté a Gloria, su artífice, si tenían algo especial. Me contestó que no, que simplemente  estaban empanadas con harina, huevo, pan rallado y fritas en la freidora. Por este orden. Tomé buena nota, además de pensar, que algo tendría el hecho de que las berenjenas fueran de mi huerto. (Y dibujo una sonrisa de niño travieso). 

No sólo a mí me encantaron, sino también al resto de comensales. Fueron todo elogios y a cada uno se nos ocurrió, a partir de este empanado, otras propuestas, que sin mucho tardar, pondremos en práctica.

Con la última loncha de berenjena y la mirada perdida, me pregunté cómo era posible que gustándome tanto como me gusta este producto culinario, hayan pasado sesenta y cinco años para comerlas empanadas. Cada día que pasa, me doy más cuenta de lo poco que sé de nada. Esta sencilla cuestión, es una prueba más de ello. 

Seguiremos aprendiendo, que de este palo va la vida. 



lunes, 31 de julio de 2023

01163 Los Calabacines a la Parmesana

TIRANDO DE RECETARIO


Nos encontramos en plena temporada del calabacín; planta herbácea, rica en vitaminas antioxidantes como la vitamina C, y cuya producción en el huerto, si todo va bien, es de lo más generosa. Tanto que, para no llegar a "aborrecerlo", hay que tirar de recetario, amplio y también generoso.

Bastaría en el día a día, y como acompañamiento,  con cortar el calabacín en finas ruedas, pasarlo por huevo y harina, y freírlo. O en tempura, tampoco es mala cosa. Pero de vez en cuando, conviene sacarle más provecho a este fruto. En esta ocasión, propongo unos calabacines a la parmesana. Aunque su versión, de origen italiano, lleva berenjena, "Melanzane alla Parmigiana", (ver la entrada número 01144 de este blog), con calabacín tampoco está nada mal. Se trata de otro estilo, ideal para quienes no les gusta la berenjena, como es el caso de mi hija Jara, quien propuso este cocinado.

Antes de abordar la receta, indicar que el calabacín, como en el caso de la berenjena, se puede hacer frito, al horno o a la plancha. Dependerá de lo ligero que se desee hacer este plato. Lo he probado de las tres formas, será por calabacines, y para mi gusto personal, es suficiente con un poco de aceite y a la plancha.

Ingredientes: 1 kilo de calabacines, 1 kilo de tomates, 300 gramos de mozzarella, 200 gramos de queso parmesano rallado, albahaca fresca, orégano, aceite de oliva virgen  azúcar, pimienta y sal.

Elaboración: Lavar y cortar en rodajas los calabacines. Sazonar y reservar. Lavar y cortar los tomates en trozos pequeños. Reservar. Echar un poco de aceite de oliva en una sartén e incorporar el tomate troceado, con un poco de sal, pimienta, orégano y una cucharadita de azúcar. Cocinar a fuego lento y remover durante unos diez minutos. Reservar. En una sartén o plancha, con un poco de aceite, dorar los calabacines. Reservar. Echar un poco de aceite en una bandeja de horno y colocar una capa de calabacines. A continuación, una capa de salsa de tomate, queso parmesano y mozzarella. Repetir esta operación un par de veces más, para acabar con la mozzarella, el queso parmesano y las hojas de albahaca. Introducir la bandeja en el horno precalentado a 180 grados centígrados, por espacio de unos 15 minutos o hasta que se vea que se ha gratinado ligeramente. Servir caliente. 





lunes, 24 de julio de 2023

01160 Las Patatas de Verano

 SENCILLAS Y MUY GRATIFICANTES


Acabo de observar que la patata, en alguna de sus manifestaciones, lleva registradas en este caleidoscopio vital quince entradas. Está claro que me gusta, que se incorpora a la cocina a la perfección, sea cual sea la época del año, y que dan mucho juego en la cocina.

La receta que traigo en esta ocasión es supersencilla y muy gratificante. En casa, mis hijas, un buen día, decidieron llamar a este plato como "las patatas de verano". Y así se le quedó.

A pesar de la aparente contundencia del plato,  tomado con discreción, muy frío y bien aliñado, resulta muy agradable al paladar y nada pesado. La opción "b", es tomar una buena cantidad, a modo de plato único. Yo soy más de la segunda alternativa.

En casa acostumbramos a elaborarlo para aprovechar los restos de alguna ventresca de atún o de bonito al horno, que hemos cocinado con anterioridad. La combinación de patata, atún o bonito y cebolla dulce, me parece un espectáculo para el paladar. No tiene mas que lo mencionado y un generoso aliño de aceite de oliva, vinagre, sal y pimienta. Esta última, incluso en ocasiones cae en el olvido.

Ingredientes para 4 personas: 6 patatas grandes, 1 buen trozo de ventresca de atún o de bonito, 1 cebolla dulce grande, sal, aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez y pimienta negra.

Elaboración: Cocer las patatas enteras y con piel en abundante agua hirviendo con sal. Dejarlas enfriar ligeramente, quitarles la piel y partir en trozos no muy pequeños. Reservar. Cortar una cebolla dulce en finas tiras longitudinales. Reservar. Trocear la ventresca. Preparar en un bol un aliño al gusto, a base de aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez, sal y pimienta negra. Mezclar en una fuente la patata, con cuidado de que no se deshaga demasiado, la cebolla cortada y la ventresca troceada. Incorporar a la mezcla el aliño. Remover bien e introducir en el frigorífico hasta la hora de servir.