SIEMPRE LAS LEGUMBRES
sábado, 11 de abril de 2026
01742 Las Alubias Blancas con Pimientos
jueves, 4 de septiembre de 2025
01715 El Gazpacho con Mango
INTERESANTE Y SENCILLA PROPUESTA
domingo, 24 de agosto de 2025
01712 El Pepino con Yogur
POR VARIAR
sábado, 22 de junio de 2024
01375 El Salmorejo con Langostinos
Y ALMENDRA MOLIDA
miércoles, 15 de mayo de 2024
01345 Las Sopas de Pan
UN ANTES Y UN DESPUÉS
viernes, 12 de abril de 2024
01320 Los Garbanzos con Calamares
PARA DESPEDIR A LA CUCHARA
miércoles, 3 de abril de 2024
01311 Las Patatas a la Riojana
UN GUISO DE REFERENCIA
Hacía tiempo que no tenía entre mis manos el cuaderno en el
que a lo largo de los años he ido apuntando las recetas aprendidas de mi madre
y que guardo como oro en paño. En este caleidoscopio vital he compartido el grueso
de ellas, pero todavía quedan gratas sorpresas, como, por ejemplo, la que
traigo en esta ocasión.
Se trata de una receta de origen humilde, muy humilde, pero
con toda la fuerza, energía y sabor de un buen plato y, además, de cuchara. Un
plato de la gente del campo, de los vendimiadores de mi querida tierra riojana,
aunque muy extendido por el resto de España. A mi madre le encantaba guisarlo.
Ya no por su bajo coste, era una excelente economista doméstica, sino porque le
recordaba mucho a sus viajes a La Rioja, cuando iban a visitar a los familiares
de mi padre. Todo esto, unido a su sencillez y a su delicioso sabor.
Tan solo son necesarios siete ingredientes, además de agua,
aceite y sal. A saber, patatas, chorizo, pimiento choricero, pimentón, cebolla,
ajo y laurel. Suficiente para hacer unas exquisitas patatas a la riojana. Si
será delicioso, que en una ocasión leí que Paul Bocuse, estrella de la cocina
francesa y considerado como el mejor chef del siglo XX, llegó a decir: “Una
receta así debe representar a España en el mundo entero, porque es lo más
sabroso que he probado en mi vida”.
Hace algunos años que no las comía y me han sabido a
verdadero manjar, además de remover mi baúl de las emociones. Totalmente de
acuerdo con Bocuse.
Elaboración: Calentar en una olla un generoso chorro de
aceite de oliva. Añadir la cebolla picada y pochar. Una vez pochada la cebolla,
incorporar los ajos, también picados. Cocinar,
sin parar de remover, durante unos dos minutos. A continuación, incorporar el
chorizo cortado a rodajas y una cucharada de carne de pimiento choricero.
Rehogar durante un par de minutos. Pelar y chascar las patatas. Es decir, el
último tramo del corte a la patata, en lugar de un corte limpio, lo arrancamos.
De esta manera, durante la cocción, la patata soltará más almidón y dará más
cuerpo al guiso. Incorporar las patatas al guiso y remover. Cubrir las patatas
con agua, como un par de dedos por encima de ellas e incorporamos al guiso dos
hojas de laurel y una cucharadita de pimentón dulce. Tapar la olla con el fuego
a máxima potencia. En cuanto comience a hervir, bajar el fuego a la mitad de su
potencia y dejar cocinar durante unos treinta minutos o hasta que las patatas
estén tiernas. Probar el gusto de sal a media cocción. Terminado el guiso,
dejar reposar durante unos quince minutos y servir caliente.
miércoles, 20 de diciembre de 2023
01234 El Guiso de Patatas con Mejillones
OTRA MIRADA AL MAR
Los guisos de patatas siempre son bien recibidos. Resultan
sabrosos, aromáticos, reconfortantes y asequibles al bolsillo. El recetario de
nuestra gastronomía está repleto de ellos. Recetas de las que a mí me encantan;
elaboradas a fuego lento, sin prisas y con cocciones prolongadas para mantener
los jugos de los ingredientes.
En esta ocasión, acompaño a la humilde patata con unos
mejillones y con el comodín de los sofritos, que como diría mi madre, “tanto
valen para un roto como para un descosido”. Una receta plena de sabor, económica,
muy resultona y con esa mirada al mar que tanto me fascina.
Ingredientes para 4 personas: 1 kilo de mejillones, 6
patatas medianas, 1 brick pequeño de tomate frito, 1 cebolla, 1 pimiento verde,
½ vaso de vino blanco, 300 cl de agua, 1 pastilla de caldo de pescado, 2 dientes
de ajo, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.
Elaboración: Cubrir el fondo de un cazo con vino blanco e incorporar
los mejillones. Cocer hasta que se abran los moluscos. Reservar. Pochar en un
cazo, con un poco de aceite de oliva, el ajo, la cebolla y el pimiento verde,
todo cortado con anterioridad, y sazonar. Pelar las patatas, cortarlas en
cachelos y añadir al sofrito. Incorporar el tomate frito también al sofrito. Colar
el caldo de cocer los mejillones y añadir al guiso, junto con la pastilla de
pescado y agua hasta que cubra las patatas. Cocer a fuego medio por espacio de
unos 30 minutos. Añadir los mejillones al conjunto del guiso, cuando las
patatas estén a punto de cocción. Comprobar el punto de sal deseado, cocinar unos
5 minutos más y servir caliente.
martes, 5 de diciembre de 2023
01224 Los Garbanzos con Bogavante
CUANDO LA TIERRA MIRA AL MAR
sábado, 2 de diciembre de 2023
01220 El Cocido Lebaniego
¡UNA PASADA!
Mis loas a los cocidos ya han quedado de manifiesto. Así,
que poco más tengo que añadir al respecto, salvo poner apellidos a cada uno de
ellos. En esta ocasión, mis sentidos se van a fijar en el cocido lebaniego.
A mí, que tengo una inclinación especial por Cantabria, me
encantan tanto el cocido montañés (ver entrada número 00999), como el cocido lebaniego,
y aprovecho la más mínima oportunidad que tengo para deleitarme con uno de estos
“cantos a la vida”.
El cocido lebaniego es típico del valle de Liébana, de aquí
su nombre, y se diferencia fundamentalmente del montañés, en que el primero se
elabora con garbanzos en lugar de con alubias blancas. Se compone de una sopa
con fideos, en cuyo caldo se han cocido garbanzos con las carnes utilizadas
para tal fin y una albóndiga o “pelota” frita, en montañés, rellenu, y que está
elaborada a base de miga de pan con huevo batido, perejil, y el chorizo y
tocino de la cocción previa, muy picado y salpimentada, además de berza o
repollo, que irá cocido y salteado aparte con pimentón. En cuanto a las carnes,
habitualmente se utilizan morcillo, chorizo, morcilla, tocino, oreja o morro y hueso
de jamón. A la hora de servir, se toma primero la sopa con los fideos, sola o
acompañada de la pelota citada con anterioridad, y se termina con las carnes,
los garbanzos y la berza.
En varias ocasiones intentamos comer en este establecimiento,
pero siempre estaba lleno o cerrado. En nuestro último viaje a Cantabria
hicimos un nuevo intento. Pudimos comer por los pelos. Estaba, para variar,
lleno, y no solo esto, sino que al día siguiente cerraban por vacaciones. La
cosa pintaba mal. Resignados, una vez más, nos íbamos a ir, cuando una mesita
de la terraza con tres sillas quedó libre. Me lancé a por ella como un campeón
para conseguir mi trofeo. Serían como las doce y media del mediodía. La verdad
es que pensar en un cocido lebaniego en esos momentos no era la mejor
propuesta. Así, que nos inclinamos por pedir unas croquetas caseras y media
ración (descomunal) de un delicioso queso picón. El amable y simpático camarero
que nos atendió, nos informó de que al día siguiente el establecimiento cerraba
por vacaciones. Lo que venía a significar que, o tomábamos el cocido en ese
instante o habría que esperar a un próximo viaje a Santander y confiar en que
no estuviese cerrado.
No quedó absolutamente nada. Ni croquetas, ni queso, ni cocido,
“ni ná de ná”. Solo nos quedaron las ganas de volver. Y el cocido, espectacular.
¡Una pasada!
No he cocinado nunca un cocido lebaniego, ni creo que lo
haga nunca. Prefiero disfrutarlo en su lugar de origen. Aunque nunca se sabe.
La receta que acompaño está sacada de un recetario de cocina cántabra que
adquirí en los primeros años de veranear por esa hermosa, fascinante y
acogedora tierra.
Elaboración: Poner a remojar los garbanzos durante unas doce
horas. Introducir todas las carnes en la olla y cubrir con abundante agua.
Cocinar a fuego suave por espacio de unas cuatro horas. Cuando comience a
formarse espuma en la superficie, retirar la máxima posible. Tapar la olla
dejando un respiradero Comenzar la cocción y, cuando empiece a salir espuma,
retirar la espuma con delicadeza lo máximo posible. Entonces, tapar la olla
dejando una rendija de vapor que salga y continuar la cocción durante una hora
a fuego mínimo. Escurrir los garbanzos, introducirlos en una malla e
incorporarlos a la olla, previamente de haber sacado las carnes que observemos
que están ya tiernas. Continuar la cocción hasta que los garbanzos estén bien
tiernos. Trocear finamente el repollo y cocer durante unos quince minutos en abundante
agua con un poco de sal. Pelar los ajos y picarlos en láminas. Saltearlos en
aceite y añadir el pimentón cuando empiecen a dorarse. Agregar el repollo bien
escurrido y saltear hasta que se mezcle todo bien. Salpimentar y reservar.
Media hora antes de finalizar la cocción de los garbanzos, añadirles el chorizo
y en el último momento, la morcilla. Cuando esté todo en su punto, retirar el
caldo y reservar. Desengrasar el caldo y corregir de sal.
Para hacer la pelota, mezclar el pan con el perejil, un poco
de chorizo desmigado y unos taquitos de tocino. Añadir el huevo y un poco de
caldo, y hacer una pasta. Salpimentar y freír en abundante aceite de oliva
hasta que se dore.
Por último, calentar parte del caldo y cocinar los fideos.
Calentar otra parte y cocinar también los rellenos durante unos 10 minutos.
Servir el cocido lebaniego con un bol de sopa y fideos y la carne, los rellenos
y los garbanzos en una bandeja grande.
lunes, 13 de noviembre de 2023
01207 Los Guisos Marineros
ALGO SUCULENTO Y PLACENTERO
He llegado a casa y el olor con el que he sido recibido, me
ha transportado a Cantabria, Galicia, País Vasco, Huelva y sur de Portugal; mis
lugares de referencia marineros. No sabía con exactitud qué es lo que
desprendía tan grato aroma, pero estaba convencido de que se trataba de algo
suculento y placentero.
Habitualmente, cuando entro en casa, lo primero que hago es
lanzar desde la puerta un “¡ya estoy aquí!”. Voy a mi habitación, me quito los
zapatos y me pongo la ropa de estar por casa. Hecha esta “tradicional”
operación, busco a quien repartir besos. En esta ocasión, he roto el ritual.
Mis pasos me han llevado directamente a la cocina, atraído y lleno de
curiosidad por saber qué se estaba cocinando. Ha sido abrir la puerta y
congraciarme con la vida, con la que últimamente tengo algún que otro
desencuentro.
Me he acercado hasta una olla que había sobre la encimera,
le he quitado la tapa que la cubría y he asomado mi cara para ver su contenido.
Era tan potente y agradable el aroma que desprendía, que he dejado unos
segundos mi nariz sobre el guiso, como quien toma vahos de eucalipto para
descongestionar las fosas nasales.
En un visto y no he visto, me he cambiado de vestuario y
sentado a la mesa. El inconfundible aroma pesquero seguía presente en la estancia.
Un olor de mimado guiso, que llega y perdura como quien guarda una visita. Un
guiso marinero inspirado en la primitiva, humilde y sabia cocina que se
cocinaba a bordo de los viejos barcos pesqueros e incluso a pie de barca, en la
playa. Platos sencillos, nacidos de la necesidad y elaborados con lo que había o
con lo que no se vendía.
La primera cucharada del guiso marinero me ha sabido a manjar;
el segundo, a delicia; el tercero, a delicadeza; el cuarto…. Cada cucharada que
me llevaba a la boca era un acontecimiento. Así, hasta que lo he dejado limpio.
Hace tiempo que no acostumbro a servirme dos veces un mismo plato, pero en esta
ocasión, no he podido resistirme. ¡Estaba tan bueno, tan deliciosamente rico!
Guisos marineros hay una lista interminable. Cada zona geográfica
costera tiene su sello personal. Este que preparó Gloria, y que será difícil
que pueda llegar a olvidar, además de un buen caldo de pescado, contenía
mejillones, calamar, tomate, pimiento verde y patatas, y está reinterpretado, a
Gloria le encantan reinterpretar las recetas con un acierto casi pleno, de una
receta que copió en nuestra última estancia en Somo, Cantabria. Dejaré que pase
un tiempo y le pondré ojitos, así, como el que no quiere la cosa, para que lo
vuelva a cocinar y que la casa se vea envuelta de nuevo en ese cautivador aroma
de las cocinas costeras y que tanto me fascinan.
Aquí dejo la receta aproximada de cuanto me contó Gloria de
su guiso marinero.
Elaboración: Limpiar los mejillones y cocerlos al vapor. Una
vez cocidos, sacar los mejillones de sus cáscaras y reservar. Colar el agua de
cocer los mejillones y reservar. En una cazuela con aceite, freír la cebolla
cortada muy fina y el pimiento cortado también en pequeños trocitos, junto a
los ajos también picados. Cuando empiecen a coger color, incorporar el tomate
maduro e ir machacándolo con la ayuda de un tenedor. Mantener cocinando a fuego
medio durante unos veinte minutos e incorporar las anillas de calamar. Rehogar
e incorporar el caldo de los mejillones, así como un par de vasos de caldo de
pescado y dejar cocer durante otros veinte minutos. Verter las patatas peladas
y cortadas a trozos rasgados, el azafrán, la sal y el pimentón. Cocer durante
veinte minutos a fuego suave. A falta de cinco minutos para apagar, añadir los
mejillones. Dejar reposar unos minutos antes de servir.
domingo, 5 de noviembre de 2023
01203 El Cocido Madrileño
EN SUS TRES VUELCOS
Que me encantan los platos de cuchara, ya ha quedado
demostrado en reiteradas ocasiones en este caleidoscopio vital. Y si se trata
de disfrutar a lo grande, que pongan delante de mí un buen cocido. Me da igual
su origen. Ya puede ser extremeño, madrileño, andaluz, montañés, lebaniego,
maragato, gallego, la olla gitana, típica de Murcia y Almería, o los populares
Pote asturiano o escudella catalana. Todos me parecen, cada uno con su propia
personalidad, un canto a la exquisitez y al disfrute gastronómico.
En esta ocasión, voy a dedicarle mi atención al cocido
madrileño. Se trata de un plato sencillo, basado en el buen producto, y con
muchas variantes. Tradicionalmente, se sirve en tres vuelcos: el primero, la
sopa de fideo; el segundo, las verduras con las patatas; y el tercero, las
carnes. Digo que es un plato sencillo, pero al que hay que dedicarle bastante
tiempo, si como a mí, gusta de la cocina al chup, chup, descartando la olla a
presión, y que la cocina se impregne de su característico olor. Me da vidilla.
Aunque el cocido, junto a los callos, otra de mis
debilidades, es uno de los platos más representativos y de tradición más arraigada
de la gastronomía madrileña, sin embargo, se desconoce su origen. Al parecer, comparte
nacimiento, tradición y evolución con otros de su familia como el montañés o el
maragato, pero la denominación de “cocido madrileño” tal y como ha llegado a
nuestro tiempo apareció por primera vez a finales del siglo XVII.
Se trata de un plato humilde en sus inicios, ya que era
propio de las clases menos acomodadas, y se cocinaba, debido a su contundencia
y aporte energético, para hacer frente a los rigores del invierno. Con el paso
del tiempo se fue extendiendo y colándose en el menú de las clases pudientes, e
incluso en la mesa de la Corte Española. Tal fue su aceptación, que llegó a
convivir a la par, tanto en tabernas populares como en restaurantes de postín. Uno
de los más lujosos de la época, el Lardhy, comenzó a servirlo allá por 1890, y
aún no ha dejado de hacerlo.
Cuando voy de visita y ocio a la capital de España, me
encanta pasear por el Madrid histórico y perderme entre la multitud, para
acabar comiendo unos buenos callos en algunos lugares de referencia para mí; la
apoteosis final para una buena y feliz mañana. En mi último viaje, cambié las
tripas por un “brutal” cocido, que me supo a manjar de los buenos. Contundente,
pero quedaba toda la tarde por delante para bajarlo y mucho por caminar.
Nunca he cocinado en casa un cocido madrileño. Todo se
andará. De momento, me he hecho con una receta, de las decenas que he visto,
que me ha llamado especialmente la atención y es la que, a no mucho tardar,
pondré en práctica. Se trata de una receta de Sesé San Martín, publicada en el
Diario El Mundo, en su edición digital. Me parece una propuesta muy completa,
atractiva y a la que hay que echarle tiempo y disfrute.
Ingredientes para 6 personas: 300 gramos de garbanzos,
750 gramos de carne de morcillo, 150 gramos de tocino, 2
huesos de caña, 1 hueso de rodilla, 1 ó 2 huesos de jamón, 250
gramos de gallina, 1 nabo entero y pelado, 2 puerros enteros y pelados,
3 zanahorias enteras y peladas, 1 rama de apio entera, 1
cebolla entera y pelada, 300 g fideos finos. En otra cocción y por
separado: ½ kg de repollo, 4 patatas, Pimentón (opcional), 200
gramos de chorizo y 200 gramos de morcilla. Para la bola: 50 gramos
de miga de pan, 2 huevos, 1 cucharada de tocino del cocido picado,
1 diente de ajo y 1 cucharada de perejil picado.
Preparamos la bola con huevo batido, miga de pan, ajo,
perejil y tocino picado. Cuajar en una sartén y cocer en un poco de caldo.
Con el caldo donde hemos cocido las carnes con los garbanzos
hacemos la sopa añadiendo los fideos. Final del formularioServir la sopa y
las carnes con las verduras por separado.
Antes de empezar a cocinar, preparar todos los ingredientes
del cocido.
Vamos a ir por cazuelas: en la de las carnes, añadimos el
morcillo a una cazuela con abundante agua, la punta de jamón, los huesos de
caña y de rodilla, y la gallina. Arrancar el hervor y dejar cociendo entre 3 y
4 horas a fuego medio, hasta que las carnes estén bien tiernas.
A esa misma olla añadimos unas verduras: una rama de apio, el
nabo, pelado y bien limpio, zanahoria, pelada y entera, puerro, cebolla, entera
y pelada también y el tocino, en trozo, sin picar.
Los garbanzos es necesario que estén en remojo desde la
noche anterior. Se introducen en una malla, y se añaden al caldo anterior. Cocer
todo junto entre 3 y 4 horas. Mucho mejor sin prisa y a fuego medio bajo. En
una segunda olla, vamos a cocer el repollo que podemos partir en cuartos. Agregar
las patatas, peladas y bien lavadas, pero sin trocear. El chorizo, entero y la
morcilla, tradicionalmente es de cebolla, y cocer todo junto por otro lado.
Entre una y dos horas, o hasta que el repollo esté muy tierno.
Vamos a terminar con el repollo. Doramos en una sartén
amplia un diente de ajo picado en un poco de aceite. Añadir el repollo. Cuanto
más escurrido esté, mejor. Condimentar. Una cucharada de pimentón dulce la dará
la gracia que necesita este sofrito. Saltear unos minutos y añadir también la
patata en trozos.
Poner el caldo a punto de sal en una cazuela aparte para
hacer la sopa y añadir los fideos. Dejar cocer hasta que se hagan los fideos.
Se suelen utilizar fideos finos, así que un par de minutos al fuego será
suficiente para poder disfrutar la sopa con los fideos al dente.
A disfrutar del cocido en sus tres vuelcos. Primero la sopa
de fideos. Segundo, las verduras con las patatas y el tercero, las carnes y la
bola.
Acompañar con pan y vino, familia y amigos.
martes, 17 de octubre de 2023
01196 Los Garbanzos con Cardos
CARDOS CON GARBANZOS
martes, 18 de julio de 2023
01156 Las Judías Pintas
DE CHUS
miércoles, 28 de junio de 2023
01148 Los Judiones de la Granja
CON LANGOSTINOS
Mi gusto y afición por los platos de cuchara no tienen límites,
tal y como ha quedado recogido en reiteradas ocasiones en este caleidoscopio vital.
Dentro de este apartado gastronómico, las judías, en cualquiera que sea su
versión, forma y color, me tienen el estómago y el corazón ganados. Y si
hablamos ya de judiones y, además, son de La Granja, para qué contar cómo se me
queda el cuerpo de animado.
Ahora es más fácil acceder a cualquier tipo de producto a
través del comercio on line. No como hace algunos años, que tenías que comer, según qué
alimentos, en origen y vivir de su recuerdo hasta que se presentara de nuevo la
oportunidad. Siempre quedaba la posibilidad, y en lo concerniente a las alubias
con nombre propio, casi una obligación, de comprarlas envasadas al vacío, o en
su defecto, a granel, y llevarlas a casa para cocinarlas en un día especial o
para alguien, también muy especial.
Leo que su origen “está asociado a la construcción del
palacio de La Granja. La compra por parte de Felipe V de las edificaciones que
en estos parajes tenían los Jerónimos, así como las nuevas construcciones
realizadas por el monarca a partir de 1721 para acondicionar lo que sería su
‘sitio» de retiro veraniego, trajeron a este lugar a gentes que provenían de
distintos lugares de Europa para participar en los trabajos. Parece que fueron
los jardineros franceses los que introdujeron en este Real Sitio unas judías
procedentes de Sudamérica, cuya principal característica era su tamaño, con el
objeto de aclimatarlas y que sirvieran de base para la alimentación del ganado”.
“Las huertas del palacio y posteriormente el espacio dedicado a vivero para los
jardines, sirvieron de base para la siembra de un judión que se segaba en verde
y era consumido como forraje por caballos y faisanes. Esos espacios
posteriormente fueron parcelados, convertidos en huertas y entregados a los
sirvientes de palacio con el objeto de compensar sus rentas y facilitar la
producción de hortalizas de estación. En sus manos, la progresiva selección del
judión, dio lugar a ese famoso proceso de «aclareamiento», pues estas legumbres
primero fueron de un color morado negruzco, más tarde morado claro con pintas
negras, para pasar después a morado suave, hasta que, finalmente, adquirieron
la característica albura que presentan en la actualidad”.
El judión de la Granja lo he comido en distintos guisos,
pero hay uno que me hace especial tilín y que no es otro, que acompañado de
langostinos. Sencillo cocinado y delicioso sabor. La receta que a continuación
comparto, está sacada de un libro de cocina, cuyo recetario está íntegramente
dedicado a la cuchara.
Elaboración: Comenzar por el fumet. Para ello, poner en una
olla un poco de aceite de oliva y cuando esté caliente, sofreír los ajos enteros
con la hoja de laurel. Cuando los dientes de ajo comiencen a dorarse, añadir
las cabezas y pieles de los langostinos. Conviene aplastar bien las cabezas
para que suelten todo su jugo. Sofreír durante unos diez minutos a fuego medio
y añadir agua hasta cubrir y sal al gusto. Dejar cocer durante 15 minutos.
Sacar la olla del fuego y triturar el caldo con la batidora. Colar el caldo y
reservar.
Dejar los judiones en remojo durante toda la noche. Poner en
una olla un poco de aceite y sofreír la cebolla bien picada. Cuando comience a
pocharse, añadir los tomates rallados. Cocinar durante unos cinco minutos. Añadir
los judiones y cubrir con el caldo del marisco. Dejar cocer, desde que comience
a hervir, durante una hora. Durante la cocción, añadir un vaso de agua fría
para cortar el hervor. Repetir esta operación en dos ocasiones. Pasada la hora,
comprobar que los judiones están tiernos. Si no es así, dejar cocer unos minutos
más. Incorporar los langostinos, añadir sal al gusto, tapar la olla y retirar
del fuego. Dejar reposar durante unos 15 minutos. Servir.
domingo, 25 de septiembre de 2022
01061 Los Garbanzos con Bacalao
UN PLATO DE ANÉCDOTA
Ya tenía ganas de que la cuchara volviera a la mesa. Algo
huele ya a otoño, no mucho, pero algo huele, y qué mejor manera de abrirle las
puertas, que con un plato de cuchara de esos que tanto gustan a todos. Había
varias posibilidades, todas igual de apetecibles, pero finalmente me he
decantado por unos garbanzos con bacalao. Legumbre, pescado y hortaliza se
llevan bien en la cocina y en este caso el resultado es un plato equilibrado,
nutritivo y para nada pesado.
Mientras me hacía con los ingredientes, he recordado una
simpática escena acaecida hace veintiún años y que en casa traemos al presente
con frecuencia. Habíamos acudido a la pintoresca localidad altoaragonesa de Hecho
para visitar a mi hermano Antonio y familia, donde estaban pasando unos días de
asueto. La idea era regresar a casa después de comer con ellos, pero la tarde
se fue complicando hasta que se hizo la hora de cenar. Mi hija Jara todavía no
había aprendido a caminar y apenas contaba con su veintena de dientes. Como
teníamos previsto estar en casa para cenar, sólo nos llevamos la papilla de la
peque para la hora de la comida. Antonio y Ana insistieron en que nos quedáramos.
Cenaríamos pronto para que no se nos hiciese muy tarde y en cuanto a Jara, le
pediríamos una tortilla floja.
A Jara le pedimos una tortilla floja sin saber cómo
reaccionaría ante ella, pues se trataba del primer alimento que ingería más
allá de sus papillas, potitos y alguna que otra galleta blandita con las que
pasaba el rato. La tortilla apareció en la mesa a la par que los garbanzos con
bacalao. Nos servimos unas generosas raciones de legumbres y cuando pusimos el
primer trocito de tortilla en la boca de Jara, la pequeña giró la cara en señal
de desaprobación. Insistimos una y otra vez, pero no había manera de que la
probara. Cada intentona se convertía en una negativa. Fue Ana quien se dio
cuenta, mientras Gloria y yo intentábamos con las acostumbradas estrategias que
Jara probara la tortilla, que la niña no quitaba los ojos de los platos de
garbanzos con bacalao que nos habíamos servido. Sin mucha fe, Gloria cogió un
garbanzo de su plato, lo partió y se lo dio a probar a Jara. Fue poner el
trocito de garbanzo en su boca y empezar nuestra peque a agitar manos y pies en
señal de aprobación. No sé cuántos garbanzos y miguitas de bacalao llegaría a
comer, pero la señorita se quedó más que satisfecha. A todos los presentes nos
pareció increíble, además de amenizarnos la cena con sus caritas y aspavientos.
En cuanto a la tortilla floja, os podéis imaginar quién se la acabó comiendo.
Hay muchas recetas de garbanzos con bacalao, todas
interesantes. Yo practico la que me enseñó mi maestro, no solo en la cocina, hermano
Antonio.
Ingredientes para 4 personas: ½ kilo de garbanzos, 400
gramos de bacalao desalado sin piel ni espinas, una cebolla, 3 dientes de ajo,
1 pimiento verde, una hoja de laurel, 2 tomates maduros, aceite de oliva,
pimentón dulce y sal.
Elaboración: Poner los garbanzos en remojo la noche anterior
con el fin de ablandarlos. Al día siguiente, en una olla con un poco de aceite
de oliva, hacer un sofrito de tomate, cebolla, pimiento y ajo. Una vez hecho el
sofrito, triturar y añadir el pimentón. Rehogar un minuto e incorporar los
garbanzos, el bacalao, la hoja de laurel, sal y cubrir de agua. Dejar cocer a
fuego lento hasta observar que los garbanzos están tiernos.
miércoles, 17 de agosto de 2022
01031 La Sopa de Pescado con Arroz
SI MI MADRE ME VIERA AHORA
lunes, 15 de agosto de 2022
01028 Las Manitas de Cerdo con Garbanzos
DE AMABLE Y DURO RECUERDO

