TORTILLA OTOÑAL
viernes, 5 de diciembre de 2025
01720 La Tortilla de Berenjenas
viernes, 15 de marzo de 2024
01296 Tostada de Vicio
"ESTÁ BRUTAL"
martes, 1 de agosto de 2023
01164 La Tortilla de Espárragos Trigueros
ORIGINAL SABOR PARA DESPEDIR EL DÍA
jueves, 22 de diciembre de 2022
01085 Las Tostadas de Pecado
UNA PEQUEÑA HISTORIA SENTIDA
viernes, 11 de noviembre de 2022
01064 El Sándwich a lo Bestia
COMO UNA FIESTA
jueves, 25 de agosto de 2022
01038 La Tortilla Vegetal
ACABÓ POR GUSTARME EL INVENTO
lunes, 22 de agosto de 2022
01035 La Tortilla de Champiñones
OTRA HUMILDE DELICIA
domingo, 21 de agosto de 2022
01034 Los Huevos Poché
VIEJOS CONOCIDOS
En esta ocasión, la cocina del recuerdo no viene de la mano
de mi madre, sino de mi padre. A él también le encantaba la cocina. A pesar de
que yo contaba con tan solo nueve años cuando falleció, guardo en mi memoria un
buen puñado de felices momentos, incluso gastronómicos. Todavía puedo imaginarle cuando, entre
paciente y paciente, -la consulta estaba en el mismo domicilio familiar-, se “adueñaba”
de la cocina para sorprender con alguna de sus especialidades o poner en práctica
algún que otro cocinado leído o sugerido. Más de una de sus exquisiteces
culinarias ya han aparecido por este caleidoscopio vital, como no podía ser de
otra manera.
Recuerdo así ahora unos huevos poché que mi padre sacaba a
la mesa como si se tratasen de obras de arte, o por lo menos así lo quería ver
yo. Sería mi admiración por todo lo que hacía “mi querido hombretón”. No
alcanzo a recordar el proceso de elaboración, sólo su resultado final y los
pequeños recipientes de cristal en forma oval donde los cocinaba y servía,
laureados por una anchoa. A mí me encantaban, como todo lo que él hacía.
No sé qué fue de esos útiles de cristal, de forma oval y
partidos por la mitad, y que se cerraban herméticamente con una pieza de metal.
Mi madre, tras la pronta y repentina muerte de mi padre, los utilizó en contadas
ocasiones.
Mi relación con los huevos poché pasó a la historia, hasta que,
en un programa de un popular concurso televisivo de cocina, vi como los
concursantes debían enfrentarse a su “divertida” elaboración por el método del “remolino”.
Al ver los huevos poché, se me hicieron presentes las imágenes que acabo de
comentar. Fue a partir de entonces cuando me reencontré con estos deliciosos y
versátiles “viejos conocidos”.
Hay varias formas de hacer huevos poché, también conocidos
como huevos escalfados o huevos flor. A mí, particularmente, por divertidas y
por su aparente resultado final, me gusta utilizar la técnica tradicional y la
del papel film.
La técnica del papel film es muy práctica pues nos permite
hacer varios huevos poché a la vez. Para ello, se recorta un trozo de papel
film y se pone sobre un vaso. Se pincela con un poco de aceite y se casca un
huevo sobre él. Se sala al gusto. Se cierra el papel film haciendo un nudo.
Se pone a hervir abundante agua en una olla y cuando
comience a hervir se van depositando los paquetes de huevo y se dejan cocinar
durante tres minutos. Transcurrido este tiempo, se sacan y se dejan en un recipiente
de agua fría para que se corte la cocción. Solo restará, antes de servir,
liberar los huevos poché del papel film.
Los huevos poché que ilustran este texto están acompañados
con unos tostones de pan frito, un chorrito de aceite trufado y sal. Una combinación deliciosa.
domingo, 22 de mayo de 2022
00987 El Queso con Mermelada de Pimientos Rojos
O VICEVERSA
El caso es que ya han comenzado las cenas de "cualquier cosa", "por no acostarme con el estómago vacío" o "para matar el gusanillo". La carta es amplia para estos menesteres, si bien hay una combinación de alimentos que se repite con cierta asiduidad. A la ya referida en alguna ocasión, queso con mermelada de tomate, otra debilidad, se suma el queso con mermelada de pimientos rojos y a ser posible que esta sea casera. Más adelante contaré cómo hacerla. No tiene secreto alguno.
En cuanto al queso, cualquiera de sus variedades combina bien con los edulcorados pimientos. No obstante, mis preferidos para estas ocasiones son: Manchego, Brie, Camembert, Chedar, Edam, Gouda, Gruyere o el queso de rulo de cabra, entre otros.
Ahora que lo pienso, igual me he quedado un poco corto llamando a esta combinación de sabores "cualquier cosa". Es mucho más. Es un deleite, uno de los muchos pequeños placeres a los que conviene acostumbrarse.
En el mercado hay mermeladas de pimientos rojos muy interesantes, pero yo animo a hacerlas en casa. Es muy sencilla su elaboración. Se necesita para cada kilo de pimiento rojo, 500 gramos de azúcar blanco o de azúcar moreno, un litro de agua y el zumo de dos limones.
En primer lugar hay que lavar y cortar en trozos los pimientos, intentando quitar todas las pepitas y las tiras blancas de su interior. Ponemos un cazo con el agua a fuego medio e incorporamos los pimientos ya limpios con el zumo de los dos limones, que sirve como conservante y evita la oxidación. Dejamos cocinar hasta que veamos que los pimientos están blandos. A continuación, pasamos los pimientos y el agua que haya quedado de la cocción al vaso de la batidora de mano y trituramos. Una vez triturados los pimientos, los introducimos en un cazo e incorporamos el azúcar. Dejamos cocer a fuego medio, removiendo, hasta que observemos que coge el espesor apropiado. Sacamos del fuego y dejamos que se temple. Cuando se haya enfriado, ponemos la mermelada en un tarro y cerramos. Por último, lo introducimos en el frigorífico hasta que coja la textura adecuada de la mermelada.
En esta ocasión la mermelada de pimientos rojos acompaña al queso, pero esta deliciosa mermelada hace buenas migas con otros alimentos. Es cuestión de ir probando.
miércoles, 30 de marzo de 2022
00958 Una Cuestión de Huevos
"HUEVOS FRITOS VEGETARIANOS"
miércoles, 2 de diciembre de 2020
00933 El Yogur Con Membrillo
PEQUEÑA GRAN DELICIA
domingo, 17 de noviembre de 2019
00878 La Tortilla Francesa de Cebolla
Sin querer, se ha convertido en todo un clásico de las cenas y de alguna que otra comida en familia. Todo empezó una noche cuando una de mis hijas llegó a casa hambrienta y agotada de estudios y gimnasio. Apenas traspasó el umbral de la puerta de entrada a casa, pronunció su tradicional "Hola, buenas noches, qué tal". Casi al unísono le acompañé en su acostumbrado guión: "Estoy cansadísima". Y a renglón seguido, su pregunta de costumbre, "¿qué puedo cenar?", con respuesta también de costumbre, "¿qué te apetece?"
Nunca había hecho una tortilla francesa de estas características, así que abordé su elaboración con la ilusión y el entusiasmo de la primera vez. La gracia de esta tortilla estriba en pochar una buena cebolla en un buen aceite de oliva virgen. Una vez pochada, es conveniente depositar la cebolla en un colador para que desprenda todo el aceite que haya cogido durante el cocinado. Solo restará batir un par de huevos, sazonar la cebolla e incorporar los ingredientes a la sartén para elaborar la susodicha tortilla.
Hoy he estado en el huerto y he traído a casa un par de cebollones. Intuyo qué cenaremos esta noche.
sábado, 25 de agosto de 2018
00781 Las Tostadas
..... lo que más apetezca en el momento. La rebanada de pan lo soporta todo y por extensión, una rebanada de pan ligeramente tostada, puede convertirse en una auténtico festival. Más si cabe, cuando comer una buena tostada se convierte en algo imprevisto y extraordinario.
Una buena tostada siempre y en cualquier momento es bien recibida. En mi caso, "nace" de forma improvisada y habitualmente motivado por alguna de esas buenas hogazas de pan que en ocasiones entran en casa. Lo que sustente la rebanada va en función de las existencias que haya en la cocina en ese momento. Pero lo dicho, sin complicaciones.
Hubo un tiempo en el que se pusieron de moda y un buen número de establecimientos de hostelería apostaron por esta propuesta. Para el consumidor, las tostadas resultaban económicas e incluso recuerdo que en algunos lugares eran tan enormes que "invitaban" a pedir una selección de ellas para luego compartir entre los comensales. Ahora, me da la impresión, es solo una impresión, que las tostadas han caído en desuso y que las nuevas generaciones de consumidores optan más por las pizzas, la comida rápida y otras orientales sugerencias. Con todo, y afortunadamente, todavía hay establecimientos que hacen de "sus tostadas" la especialidad de la casa. Alguno conozco y siempre es un deleite la visita. Además, siempre se aprende algo nuevo que a no mucho tardar se incorpora a esas tostadas domésticas nacidas en un improvisado momento y que es lo más parecido a un antojo.
miércoles, 25 de julio de 2018
00750 La Tortilla Vegetal
No diré que sea un bocado exquisito y para recordar a través de los tiempos. Es simplemente una forma más de alegrar la cena sin excesivos desastres y sin la pena, penita, pena de despedir el día con una frugal tortilla francesa. En esta ocasión, es cuestión de trasladar una ensalada que ya ha pasado por este blog en algún momento de su andadura e incorporarla al huevo. Es decir, una ensalada compuesta por tomate, cebolla y aguacate. La ensalada original lleva además anchoa pero en esta ocasión la descartamos.
Se hace la tortilla con la forma de la sartén y cuando esté el huevo cuajado se rellena con los vegetales mencionados. Se le añade un poco de sal y aceite, se dobla la tortilla como si fuese una crepe y buen provecho. Si gustan las especias y yerbas, se pueden incorporar de forma cauta. Por ejemplo, orégano, pimienta, eneldo... Cuestión de gustos.
El resultado, cuando menos es curioso.
miércoles, 13 de junio de 2018
00720 La Tortilla de Ajetes Tiernos
En la despedida, cuando ya iba a coger el coche de regreso a casa, mi primo Javier me preguntó si me gustaban los ajetes tiernos. No tuve casi tiempo de responderle, mi cara y mis ojos me habían delatado. ¡Ajetes tiernos y además, de la huerta de mis primos Javier y María Astón! A los pocos minutos, Javier se presentaba de nuevo ante mí con un hermoso y olororo "ramillete" de ajetes tiernos recién extraídos de la tierra y que tan buenas, ricas y placenteras cenas me han deparado. No se lo he dicho, pero estaban excepcionales y cada tortilla con ajetes que tomaba me acordaba de tan entrañable y bondadosa pareja.
En esta ocasión, el mencionado ramillete lo comí solo en tortilla, si bien puede acompañar a un buen número de alimentos con los que compartir su sabor. En cuanto a la tortilla de ajetes tiernos, poco se puede decir. Limpiar bien los ajetes y cortarlos finamente. Sofreírlos ligeramente en un buen y comedido aceite de oliva virgen y añadir los huevos. Como dice un amigo, "de pecado, oigan, de pecado".
sábado, 5 de mayo de 2018
00676 Variado de Croquetas
En algún momento de este caleidoscopio vital ya he dejado manifiesta mi debilidad por las croquetas y mis esfuerzos por conseguir, no siempre lo logro cuando las hago, una textura crujiente y cremosa que es como me encantan. No tengo para ellas un sabor dominante; me gustan todas: de pollo, cocido, jamón, pescado, morcilla, marisco, vegetarianas, de queso... con cualquier sustancia.Mi referente en croquetas, hasta la fecha, lo localizo en Cantabria. Raro es encontrar un lugar donde no las sepan hacer bien; crujientes, cremosas y plenas de sabor. La apoteosis llega cuando te dan la posibilidad de no elegir. Decidir nunca se me ha dado bien, así que cuando me ofrecen una selección de croquetas, no saben el favor que me están haciendo. Salvando las distancias, cuando esto ocurre, me viene a la cabeza Forrest Gump y su popular frase de "“Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar”. Igualito que el variado de croquetas, "nunca sabes qué sabor te va a tocar o con qué sabor te despedirás de ellas, de ella".
En España, los primeros indicios los cita Emilia Pardo Bazán quien aseguraba que las croquetas hechas con pollo o vaca ya eran populares en 1913.
viernes, 30 de marzo de 2018
00651 Las Galletas María
En algún momento de este reto personal ya he dejado constancia de mi gusto por la mezcla de lo dulce y salado. He aquí otra muestra. Una buena galleta María, no creo recordar conocer una mala, mantequilla y una dulce mermelada, a ser posible de las elaboradas en casa, y ya tenemos organizado otro pequeño y mundano placer.
Este manjar, sí manjar, acontece en muchas de mis cenas, sobre todo cuando en el frigorífico me espera alguna mermelada hecha en casa. Habitual en esas noches en las que la gusa está despistada y un ronroneo recorre mi estómago. Diez galletas María para que hagan un total de cinco exquisitos bocados, finas láminas de mantequilla con sal y una generosa cucharada de mermelada, no importa su sabor, y a disfrutar. A pequeños mordiscos, sin prisa, recreando el crujir de la galleta y extremando el cuidado para que su contenido no se desparrame. No siempre lo consigo. Y en punto y seguido, la tentación. Aferrado al sillón para no reiterar la operación.

