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viernes, 5 de diciembre de 2025

01720 La Tortilla de Berenjenas

TORTILLA OTOÑAL


Está claro que la berenjena me encanta, a tenor de las entradas que le he dedicado en este caleidoscopio vital. En esta ocasión se presenta de forma sencilla y casi desnuda, sin florituras.

El caso es que este año el huerto me ha obsequiado con un buen número de ejemplares y además, de un aspecto de llamar la atención. Durante todo el verano la berenjena ha estado muy presente en mi dieta y yo encantado.

El ciclo del fruto ha llegado a su fin y es el momento de recoger los pocos que quedan en el huerto. En lo concerniente a las berenjenas, las que todavía se asoman en las ya deterioradas plantas, son de pequeño tamaño. Alguna grande también he recogido, aunque bastante maltrecha por la presencia de los caracoles. Este año, los animalitos con la casa a cuestas también han disfrutado, como yo, del huerto.

Siguiendo con mi lema de "aquí no se tira nada", he limpiado bien las moradas lágrimas para abrir la veda de las tortillas de berenjenas. ¡Y cómo las he disfrutado! ¡Qué cenas más gustosas y familiares nos han deparado! 

Se trata de una de mis preferidas tortillas otoñales. Más bien para cenar y acompañada de unas rodajitas de pan con tomate. Me resulta una tortilla cálida y de grato recuerdo. Creo que esta es la última del año. En el frigorífico todavía quedan algunas pequeñas berenjenas, pero me temo que poco o nada se podrá aprovechar ya. Me quedaré y guardaré su regusto hasta la nueva temporada. En cuatro fríos y unos cuantos soles volverán a alegrar el huerto.





viernes, 15 de marzo de 2024

01296 Tostada de Vicio

"ESTÁ BRUTAL"


Traeremos a colación el manido dicho de "una imagen vale más que mil palabras". La verdad es que esta tostada, a la que tildo de "vicio", es muy visual y atractiva. Ya no cuento lo deliciosa que está. 

Entre semana acostumbro a cenar poco, por no decir nada. Pero llegado el fin de semana, me apetece poner algo rico sobre el plato, saborearlo y disfrutarlo. Tampoco mucha cosa. Lo suficiente como para acostarme con una sonrisa.

En esta ocasión, he vuelto a recurrir a los tomates de pera cherry confitados, entrada 00930 de este blog. Ya quedan pocos botes en conserva con los tomatitos cogidos en la huerta el verano pasado. Me da lástima que se acaben y máxime cuando no sé si este año me podré dedicar al huerto. Bueno, cuestiones varias al margen, a los tomates les he sumado mozarela, y lo he montado todo sobre una hogaza de pan de pueblo, untada también en tomate, con aceite y sal.

El resultado es de esas tostadas redondas y que saben a poco. De hecho, en un principio había elaborado una por cabeza, pero hemos acabado saboreando un par de ellas. Como dicen mis hijas: "Está brutal". Y no seré yo quien les lleve la contraria. 







martes, 1 de agosto de 2023

01164 La Tortilla de Espárragos Trigueros

 ORIGINAL SABOR PARA DESPEDIR EL DÍA


Estoy intentando recordar, cuándo comí por primera vez espárragos trigueros. Llevo varias horas abriendo los cajones de mi memoria, pero no hay manera. Sé que fue hace muchos años. Sí, ya sé que me repito mucho con lo de "hace muchos años"; es lo que tiene haber nacido en el 57. 

Intuyo, sólo intuyo, que sería en alguno de los restaurantes o tascas, que allá por mis veintipocos años frecuentaba. Quiero recordar que se puso "de moda" el revuelto de tortilla y espárragos trigueros, acompañado de pan tostado. Me imagino que en alguna de aquellas comidas o cenas se presentaría la primera vez. La verdad es que, si están bien hechos, en su punto, y no amargan, es un alimento digno a tener en cuenta. No obstante, alguna mala experiencia con los trigueros, ya he tenido. Nada importante. Simplemente, que igual que me fueron servidos, fueron recogidos. No había por dónde hincarles el diente.

Después de los trigueros revueltos en tortilla, llegarían a la plancha espolvoreados con sal gorda, envueltos en beicon, con foie, con setas, en risotto, en flan de verduras... y cómo no, en deliciosa tortilla francesa, no muy cuajada.

Me parece un bocado delicioso para esas cenas de antojo. Rápido cocinado, no más allá de quince minutos, máxima sencillez y un original sabor con el que despedir al día. El sumun, si decidimos acompañar la tortilla con una rebanada de pan tostado de pueblo, con ajo, aceite y sal.

Ingredientes para una tortilla: 1/2 manojo de espárragos trigueros, 2 huevos, aceite de oliva y sal.

Elaboración: Lavar los espárragos, escurrir y secar. Trocearlos e introducirlos en una sartén con un poco de aceite de oliva. Cocinarlos a fuego medio hasta conseguir la textura deseada, evitando que se quemen. Batir los huevos con un poco de sal. Escurrir los espárragos y añadirlos a los huevos batidos. Cuajar la tortilla en una sartén con un poco aceite de oliva.



jueves, 22 de diciembre de 2022

01085 Las Tostadas de Pecado

 UNA PEQUEÑA HISTORIA SENTIDA


La báscula me aconseja últimamente que tenga cuidado con las cenas y que sea más bien parco. Intento hacerle caso, pero me cuesta. Hay días en los que la ansiedad viene a visitarme y no hay manera de controlarla. Hago algunos amagos, juego al despiste, me entretengo con un café y un cigarrillo, ingiero poca cosa y supero el momento cena. Pero hay otros que, por más que me haga el despistado, no consigo vencer la inquietud que, llegado este momento del día, se apodera de mí. Cuando esto sucede, voy directo al grano y me dejo de tonterías. Para qué sufrir más de lo debido. Es cuando recurro a mis "tostadas de pecado".

Tengo un buen muestrario de ellas, pero hay una con la que gozo sobremanera: tostada de tortilla francesa con jamón pasado por la sartén. Un combinado que me hacía mi abuela Genoveva en mi infancia y que me sabía a manjar de dioses. Aquella tostada que hoy llamo de "pecado" lo tenía todo a su favor. El pan de hogaza del horno del señor Antonio, en Alcalá de Gurrea, a escasos metros de la casa de mis abuelos, y que tan feliz me hacía visitar cuando tenía que ir a recoger algún encargo de la abuela. Cosas de niños. La tortilla floja hecha con los huevos de las gallinas de casa. Y el jamón de la matacía impregnado de olor a bodega. Una buena "chulla" pasada ligeramente por la sartén. 

Todo eso ya es historia; una historia sentida. Ahora, hay que conformarse con lo que toca, si bien la combinación de alimentos me sigue pareciendo deliciosa. Me gusta, llegado el caso, disfrutar de cada sencillo y humilde bocado de esta tostada de "pecado", porque nunca sé cuándo se volverá a presentar una nueva oportunidad. Cuándo la ansiedad y la inquietud se darán de nuevo cita a la hora de la cena.




viernes, 11 de noviembre de 2022

01064 El Sándwich a lo Bestia

COMO UNA FIESTA


En algún momento de esta larga lista de cosas que me gustan, he comentado ya mi afición a los sándwiches. Una inclinación alimenticia que me viene desde lejos, desde la infancia, y aunque parezca una tontería, su sola presencia delante de mi vista, me hacía y me hace feliz. Tengo la costumbre de encontrar la felicidad en las cosas más insospechadas. A veces, hasta yo mismo me sorprendo.

Si por mí fuera, saldría a sándwich diario. Hubo un tiempo, bendito tiempo aquel, que esa era mi costumbre; todos los días para cenar me metía entre pecho y espalda un delicioso y crujiente sándwich. Las noches que me venía arriba, dado que la sandwichera doméstica ofrecía la posibilidad de elaborar dos sándwiches a la vez, me preparaba un par de sencillos emparedados con lo que encontraba por el frigorífico; desde los populares bikinis de jamón y queso, hasta los de sobrasada y queso, foie gras y queso... y alguna que otra excentricidad. Los saboreaba en cuatro triángulos, pues así quedaban marcados por la sandwichera. ¡Y qué buenos estaban! En algún momento que no alcanzo a recordar, dejé aparcada tal afición diaria, para espaciarla en el tiempo. No podía ser de otra manera.

Cuando mis hijas eran pequeñas, festejaban, al igual que yo, la presencia del sándwich a la hora de cenar. No era algo habitual, pero en ocasiones nos gustaba darnos un homenaje. Además, era la forma de cenar juntos. Entre mi acaparador y egoísta trabajo, y sus tardías clases de ballet, era difícil que coincidiéramos a la hora de la cenar.

Los tiempos han cambiado, y no poco. Ahora, la ingesta de un sándwich es más festiva que nunca. Acostumbra a coincidir con algún momento en el que mi lid con la báscula está a mi favor, o cuando me digo, "ya está bien de tanto penar". Es entonces cuando me desmeleno, -es una forma de hablar, dada mi calvicie-, y me preparo un sándwich a lo "bestia", como así un día lo bauticé. Se trata de un sándwich de dos pisos, con el pan de molde tostado con mantequilla, y en cuyo primer piso se dan cita la lechuga, el tomate y un pelín de mayonesa. En la segunda planta se dan cita el beicon ahumado y un huevo a la plancha. Como complemento, el sándwich en cuestión va acompañado de una cerveza de tercio y unas patatas fritas. El día que esto sucede, no más de tres al año, no estoy para nada ni para nadie. Mi concentración a este placer es máxima, y mi dedicación a él,  absoluta. Despacio, saboreándolo, recreándome en él. Nunca se sabe cuando será el próximo.

 







jueves, 25 de agosto de 2022

01038 La Tortilla Vegetal

 ACABÓ POR GUSTARME EL INVENTO


La historia se vuelve a repetir. Y pensar ahora que la primera vez que la vi delante de mi, me entraron, en silencio y sin aspavientos, unas tremendas náuseas. No recuerdo muy bien el contenido de la tortilla. Tomate, queso y cebolla llevaba seguro, además de otros verdores que no alcanzo a reconocer. Era mi época de gran comedor. Mi hermano Manolo siempre decía la gracia de "con este crío sale más a cuenta comprarle un traje que invitarle a comer".

Fue en casa ajena, en una merienda/cena improvisada. La anfitriona del hogar en el que nos encontrábamos se empeñó en que comiéramos algo antes de ponernos en carretera para regresar a nuestro domicilio. Preparo cualquier cosa, dijo, y así os vais cenados y cuando lleguéis a casa, solo tenéis que poneros el pijama para ir a dormir. (Más o menos vino a decir algo así. De esto hace ya mucho tiempo y mi cabeza retiene ya lo que retiene)

La invitación comenzó francamente bien. Un generoso picoteo de embutidos y quesos, acompañados de pan con tomate, salió en un visto y no visto a la mesa rodeada por un nutrido grupo de comensales. Nuestra anfitriona no hacía más que entrar y salir del comedor a la cocina y cuando moderadamente saciados, creíamos, creí, que la merienda/cena había llegado a su fin, aparecieron ellas; unas hermosas y rubias tortillas que parecían engullir vegetales como si fuesen comecocos. Antes de que pudiera encontrar una excusa para alejar de mí ese "bicho", ya tenía delante de mis narices un buen ejemplar. La visión fue susto, como de susto también serían los apuros que iba a pasar enfrentándome a esa "cosa". Como quiera que había sido educado con las máximas de "prohibido decir en esta casa no me gusta" y "en esta casa se come todo lo que te ponen en el plato", me armé de valor y de buenas rebanadas de pan con tomate con las que ayudarme a pasar la pena. Al final, acabé comiéndomela sin rechistar, con menos pan con tomate del que había hecho provisión, y hasta acabó por gustarme el invento.

Ahora, de vez en cuando, -hay mucha variedad y apetencias de rellenos para tortilla-, alguna que otra vegetal cae para cenar. Sobre todo cuando empieza a haber acumulación de restos de vegetales en el frigorífico. La que hoy paseo por aquí está rellena de aguacate, tomate y cebolla dulce, -es lo que había en la nevera-, con un pelín de pimienta blanca y una pizca de orégano. ¡Y bien buena que está!










lunes, 22 de agosto de 2022

01035 La Tortilla de Champiñones

 OTRA HUMILDE DELICIA


La tortilla de huevo lo envuelve casi todo. Bien es cierto, que algunos alimentos se acoplan mejor que otros. Mi listado de tortillas es amplísimo, pero si hay una por la que tengo especial debilidad, esta es la de champiñones. No sé, en su humildad, me parece algo delicioso.

El champiñón me resulta muy atractivo tanto por su sabor como por su versatilidad a la hora de cocinarlo. Entra por los ojos y se adapta con facilidad al bolsillo de la economía doméstica.

Nunca hasta hoy me había interesado por las bondades de esta seta. Creo que ya he comentado en alguna ocasión, que una de las cosas "interesantes" que tiene este blog, si es que tiene alguna, es que, desde que se inició, despertó en mí una curiosidad dormida. Así que, después de hacer un buen "tortillón" de setas para cenar, para cuándo mejor, y para completar lo que no tiene más argumento, me he puesto en modo aprendizaje y conocer algo sobre la seta más conocida y comercializada en España. El primer dato: "En nuestro país se producen unos 200 millones de kilos de champiñones al año, siendo La Rioja la principal zona productora".

El champiñón contiene pocos hidratos de carbono, poca fibra, mínimas grasas y escasas proteínas. Sin embargo es rico en las vitaminas del grupo B: B1, B2, B3 y ácido fólico. Además, abunda en potasio, así como en hierro, cobre y selenio. Dicen de él que "la ventaja más interesante del consumo regular de champiñones es su poder anticancerígeno". Por su riqueza en selenio, le sitúan como alimento adecuado para la salud prostática, así como para combatir el envejecimiento prematuro, la arterioesclerosis, la artritis reumatoide o la osteoporosis.

Con estos mimbres, si la tortilla de champiñones me resultaba algo delicioso, ahora me parece hasta obligada su ingesta.

Cada cual hace esta tortilla a su gusto. Yo acostumbro a partir los champiñones en cuartos, una vez aseados. En una sartén con un poco de aceite de oliva sofrío unos ajos cortados a láminas, y cuando comienzan a dorarse, añado los champiñones. Me gustan que estén un poco al dente y sazono al final del cocinado.  En cuanto a la tortilla, me gusta ser generoso con los huevos y que no cuajen por completo, tal y como se observa en la primera imagen. También incorporo a la hora de batir los huevos un poco de perejil cortado.

En fin, otra humilde delicia que llevarse a la boca.

                                                                        


domingo, 21 de agosto de 2022

01034 Los Huevos Poché

 VIEJOS CONOCIDOS


En esta ocasión, la cocina del recuerdo no viene de la mano de mi madre, sino de mi padre. A él también le encantaba la cocina. A pesar de que yo contaba con tan solo nueve años cuando falleció, guardo en mi memoria un buen puñado de felices momentos, incluso gastronómicos.  Todavía puedo imaginarle cuando, entre paciente y paciente, -la consulta estaba en el mismo domicilio familiar-, se “adueñaba” de la cocina para sorprender con alguna de sus especialidades o poner en práctica algún que otro cocinado leído o sugerido. Más de una de sus exquisiteces culinarias ya han aparecido por este caleidoscopio vital, como no podía ser de otra manera.

Recuerdo así ahora unos huevos poché que mi padre sacaba a la mesa como si se tratasen de obras de arte, o por lo menos así lo quería ver yo. Sería mi admiración por todo lo que hacía “mi querido hombretón”. No alcanzo a recordar el proceso de elaboración, sólo su resultado final y los pequeños recipientes de cristal en forma oval donde los cocinaba y servía, laureados por una anchoa. A mí me encantaban, como todo lo que él hacía.

No sé qué fue de esos útiles de cristal, de forma oval y partidos por la mitad, y que se cerraban herméticamente con una pieza de metal. Mi madre, tras la pronta y repentina muerte de mi padre, los utilizó en contadas ocasiones.

Mi relación con los huevos poché pasó a la historia, hasta que, en un programa de un popular concurso televisivo de cocina, vi como los concursantes debían enfrentarse a su “divertida” elaboración por el método del “remolino”. Al ver los huevos poché, se me hicieron presentes las imágenes que acabo de comentar. Fue a partir de entonces cuando me reencontré con estos deliciosos y versátiles “viejos conocidos”.

Hay varias formas de hacer huevos poché, también conocidos como huevos escalfados o huevos flor. A mí, particularmente, por divertidas y por su aparente resultado final, me gusta utilizar la técnica tradicional y la del papel film.

El método tradicional consiste en poner a calentar abundante agua en una olla. Mientras se calienta el agua, se casca un huevo en un vaso con cuidado de no romper la yema. Cuando el agua este a punto de hervir, se remueve el agua con una cuchara hasta formar un pequeño remolino sobre el que dejaremos caer el huevo. El mismo remolino impedirá que la clara se disperse por el agua. Se deja cocer el huevo durante tres minutos y se retira del agua ayudados de una espumadera. Se sala al gusto y se sirve a continuación.

La técnica del papel film es muy práctica pues nos permite hacer varios huevos poché a la vez. Para ello, se recorta un trozo de papel film y se pone sobre un vaso. Se pincela con un poco de aceite y se casca un huevo sobre él. Se sala al gusto. Se cierra el papel film haciendo un nudo.

Se pone a hervir abundante agua en una olla y cuando comience a hervir se van depositando los paquetes de huevo y se dejan cocinar durante tres minutos. Transcurrido este tiempo, se sacan y se dejan en un recipiente de agua fría para que se corte la cocción. Solo restará, antes de servir, liberar los huevos poché del papel film.

Los huevos poché que ilustran este texto están acompañados con unos tostones de pan frito, un chorrito de aceite trufado y sal.  Una combinación deliciosa.

 



domingo, 22 de mayo de 2022

00987 El Queso con Mermelada de Pimientos Rojos

 O VICEVERSA 


No sé si me gusta más el queso con mermelada de pimientos rojos o la mermelada de pimientos rojos con queso. Y si además, me encantan cada uno por separado, empezamos bien.

El caso es que ya han comenzado las cenas de "cualquier cosa", "por no acostarme con el estómago vacío" o "para matar el gusanillo". La carta es amplia para estos menesteres, si bien hay una combinación de alimentos que se repite con cierta asiduidad. A la ya referida en alguna ocasión, queso con mermelada de tomate, otra debilidad, se suma el queso con mermelada de pimientos rojos y a ser posible que esta sea casera. Más adelante contaré cómo hacerla. No tiene secreto alguno.

En cuanto al queso, cualquiera de sus variedades combina bien con los edulcorados pimientos. No obstante, mis preferidos para estas ocasiones son: Manchego, Brie, Camembert, Chedar, Edam, Gouda, Gruyere o el queso de rulo de cabra, entre otros.

Ahora que lo pienso, igual me he quedado un poco corto llamando a esta combinación de sabores "cualquier cosa". Es mucho más. Es un deleite, uno de los muchos pequeños placeres a los que conviene acostumbrarse.

En el mercado hay mermeladas de pimientos rojos muy interesantes, pero yo animo a hacerlas en casa. Es muy sencilla su elaboración. Se necesita para cada kilo de pimiento rojo, 500 gramos de azúcar blanco o de azúcar moreno, un litro de agua y el zumo de dos limones.

En primer lugar hay que lavar y cortar en trozos los pimientos, intentando quitar todas las pepitas y las tiras blancas de su interior. Ponemos un cazo con el agua a fuego medio e incorporamos los pimientos ya limpios con el zumo de los dos limones, que sirve como conservante y evita la oxidación. Dejamos cocinar hasta que veamos que los pimientos están blandos. A continuación, pasamos los pimientos y el agua que haya quedado de la cocción al vaso de la batidora de mano y trituramos. Una vez triturados los pimientos, los introducimos en un cazo e incorporamos el azúcar. Dejamos cocer a fuego medio, removiendo, hasta que observemos que coge el espesor apropiado. Sacamos del fuego y dejamos que se temple. Cuando se haya enfriado, ponemos la mermelada en un tarro y cerramos. Por último, lo introducimos en el frigorífico hasta que coja la textura adecuada de la mermelada.

En esta ocasión la mermelada de pimientos rojos acompaña al queso, pero esta deliciosa mermelada hace buenas migas con otros alimentos. Es cuestión de ir probando.







miércoles, 30 de marzo de 2022

00958 Una Cuestión de Huevos

"HUEVOS FRITOS VEGETARIANOS"


Las animadas, y siempre tan necesitadas, tertulias de café,  lo soportan todo; hasta poner a debate cuántos huevos se pueden consumir al mes. Y no parece estar muy clara semejante cuestión. Lo que sí parece unánime es que comer unos buenos huevos, ya sean fritos, pasados por agua, revueltos, cocidos o en tortilla, resulta siempre una delicia.

La cuestión a debatir es controvertida. Hay quien confiesa comer por lo menos un huevo diario frente a los que consideran que consumirlos diariamente no es bueno para la salud. Lo cierto es que no existe un consenso internacional al respecto y que mucho depende del estado de salud del consumidor. Así, hay organizaciones que recomiendan una ingesta de entre 3 y 5 huevos semanales y otras que elevan esta cantidad a un huevo diario siempre y cuando se tienda a consumir más verduras y menos alimentos procesados. Estas últimas defienden que los alimentos preocupantes no son los huevos sino los alimentos que los acompañan, como las carnes procesadas, la sal o el pan blanco. 

Lo que parece estar claro es que los huevos son un alimento muy completo que conllevan variadas propiedades. Por ejemplo, tienen un alto contenido en proteínas de alto valor biológico, bajos en calorías y aportan una buena fuente de vitaminas como la D y la B12, y minerales como el potasio o el hierro.

Toda esta perorata me sirve para dejar constancia en este caleidoscopio vital del juego que dan unos sencillos huevos fritos. Ya comenté en su día, en una entrada sobre este manjar, que en casa no acostumbro a consumirlos. No hay un por qué en concreto. Y que es cuando vamos de excursión o a pasar un fin de semana en algún rincón de nuestro hermoso Pirineo, cuando "caen", con gran alborozo. un par de ellos con sus patatas fritas y algún que otro alimento "prohibido". ¡Qué gran placer!

Dicho lo cual, de un tiempo a esta parte, y tampoco hay un por qué en concreto, no hay semana en casa que en algunas de las comidas estén presentes los susodichos en sus distintos cocinados. El que ahora comparto, le llamamos en casa, de forma eufemística, "huevos fritos vegetarianos". Y anda que no están buenos. Los huevos van acompañados de unas patatas fritas cortadas a cuadraditos pequeños, unos pimientos de Padrón y una deliciosa berenjena frita, también cortada a cuadrados. El resultado, además de atractivo, que todo cuenta, está de rechupete y muy recomendable.







miércoles, 2 de diciembre de 2020

00933 El Yogur Con Membrillo

 PEQUEÑA GRAN DELICIA


En algún otro momento de este caleidoscopio vital ya he comentado que una de mis cenas favoritas es el membrillo con queso. Sin más complicaciones y a disfrutar del sabroso momento. Para esta combinación apuesto por el queso fresco o un manchego semi curado. Manías. En cuanto a la carne de membrillo, la que para el otoño elaboramos en casa y que nunca sale igual,  pero que siempre me parece deliciosa. De momento y después de bastantes años preparándola, todavía no hemos tirado una a la basura.

Cuando digo que la carne de membrillo que elaboramos en casa nunca nos sale igual, me refiero sobre todo a su textura. Desconozco el motivo, pero tan pronto conseguimos una carne dura de cortar, como a mí me gusta, como blanda para untar, que a decir verdad, tampoco me disgusta y que aprendí a valorar en su justa medida hace algunos años ya, tras probar en tierras cántabras un exquisito e inolvidable yogur con membrillo. Así que cuando esto sucede, que después de vueltas y vueltas al membrillo en el fuego, casi hasta la desesperación, sin conseguir la textura apetecible y deseada, lejos de despreciar su resultado, envasamos el dulce membrillo como si tal cosa a la espera de que llegue a casa un buen y cremoso yogur natural artesano.

La pequeña gran delicia está servida.






domingo, 17 de noviembre de 2019

00878 La Tortilla Francesa de Cebolla

BIEN POCHADITA


Sin querer, se ha convertido en todo un clásico de las cenas y de alguna que otra comida en familia. Todo empezó una noche cuando una de mis hijas llegó a casa hambrienta y agotada de estudios y gimnasio. Apenas traspasó el umbral de la puerta de entrada a casa, pronunció su  tradicional "Hola, buenas noches, qué tal".  Casi al unísono le acompañé en su acostumbrado guión: "Estoy cansadísima". Y a renglón seguido, su pregunta de costumbre, "¿qué puedo cenar?", con respuesta también de costumbre, "¿qué te apetece?"

Pensé que por su boca saldría el tradicional bocata de...., pero no. Error. Contra todo pronóstico me pidió que si le podía hacer "una tortilla francesa de cebolla, con mucha cebolla, y bien pochadita".

Creía conocer sus gustos gastronómicos y ciertamente su petición me descolocó. Sabía que le gustaba la cebolla pero no hasta este punto. Su sorprendente petición, intuyo, imagino, vino provocada por la visión de un par de preciosos y deliciosos "cebollones", tipo Fuentes, que había traído hacía unos días del huerto y que dejé en la mesa de la cocina. Imagino e intuyo, conociéndola, que se haría su composición de lugar y que desde que los viera, les habría escrito su destino.

Nunca había hecho una tortilla francesa de estas características, así que abordé su elaboración con la ilusión y el entusiasmo de la primera vez. La gracia de esta tortilla estriba en pochar una buena cebolla en un buen aceite de oliva virgen. Una vez pochada, es conveniente depositar la cebolla en un colador para que desprenda todo el aceite que haya cogido durante el cocinado. Solo restará batir un par de huevos, sazonar la cebolla e incorporar los ingredientes a la sartén para elaborar la susodicha tortilla.

Esa noche no me dio tiempo de preguntarle a mi hija cómo estaba la tortilla. Bastó un plis plas para dejar el plato limpio. No hice pregunta alguna, su mirada, una mirada que bien conozco, lo decía todo.

Hoy he estado en el huerto y he traído a casa un par de cebollones. Intuyo qué cenaremos esta noche.










sábado, 25 de agosto de 2018

00781 Las Tostadas

CON.....



..... lo que más apetezca en el momento. La rebanada de pan lo soporta todo y por extensión, una rebanada de pan ligeramente tostada, puede convertirse en una auténtico festival. Más si cabe, cuando comer una buena tostada se convierte en algo imprevisto y extraordinario.

Variedades de tostadas hay tantas como la imaginación es capaz de idear y combinar. Desde las más sencillas como la que ilustra esta entrada, una tortilla francesa con unas lonchas de jamón pasadas ligeramente por la sartén, hasta las más sofisticadas y creativas. Yo soy más partidario de las elaboraciones simples y sencillas de comer, aquellas para las que no hay que estudiar mucho, no tienes que pelearte con ella y distingues los alimentos que la integran.

Una buena tostada siempre y en cualquier momento es bien recibida. En mi caso, "nace" de forma improvisada y habitualmente motivado por alguna de esas buenas hogazas de pan que en ocasiones entran en casa. Lo que sustente la rebanada va en función de las existencias que haya en la cocina en ese momento. Pero lo dicho, sin complicaciones.

Hubo un tiempo en el que se pusieron de moda y  un buen número de establecimientos de hostelería apostaron por esta propuesta. Para el consumidor, las tostadas resultaban económicas e incluso recuerdo que en algunos lugares eran tan enormes que "invitaban" a pedir una selección de ellas para luego compartir entre los comensales. Ahora, me da la impresión, es solo una impresión, que las tostadas han caído en desuso y que las nuevas generaciones de consumidores optan más por las pizzas, la comida rápida y otras orientales sugerencias. Con todo, y afortunadamente, todavía hay establecimientos que hacen de "sus tostadas" la especialidad de la casa. Alguno conozco y siempre es un deleite la visita. Además, siempre se aprende algo nuevo que a no mucho tardar se incorpora a esas tostadas domésticas nacidas en un improvisado momento y que es lo más parecido a un antojo.














miércoles, 25 de julio de 2018

00750 La Tortilla Vegetal

UN PLUS AÑADIDO

Nuestra aliada, simpática, socorrida, benefactora y humilde tortilla francesa puede con todo. Creo que no hay nada que se le resista y más cuando en la cocina todo es posible. Y si no, he aquí un ejemplo: la tortilla francesa vegetal.

No diré que sea un bocado exquisito y para recordar a través de los tiempos. Es simplemente una forma más de alegrar la cena sin excesivos desastres y sin la pena, penita, pena de despedir el día con una frugal tortilla francesa. En esta ocasión, es cuestión de trasladar una ensalada que ya ha pasado por este blog en algún momento de su andadura e incorporarla al huevo. Es decir, una ensalada compuesta por tomate, cebolla y aguacate. La ensalada original lleva además anchoa pero en esta ocasión la descartamos.

Se hace la tortilla con la forma de la sartén y cuando esté el huevo cuajado se rellena con los vegetales mencionados. Se le añade un poco de sal y aceite, se dobla la tortilla como si fuese una crepe y buen provecho. Si gustan las especias y yerbas, se pueden incorporar de forma cauta. Por ejemplo, orégano, pimienta, eneldo... Cuestión de gustos.

El resultado, cuando menos es curioso.

miércoles, 13 de junio de 2018

00720 La Tortilla de Ajetes Tiernos

DE PECADO

Recientemente visité la localidad de Montesusín, un pueblo de colonización de Los Monegros oscenses de entrañable recuerdo para mí por quienes allí habitan: mi querida familiar de Montesusín, primos y tíos. Fui, junto con mis compañeros del grupo de "Amigos del Teatro y de la Poesía de Huesca" para representar unos sainetes de los Hermanos Álvarez Quintero. Velada fantástica, risas y como colofón, charla animada delante de una generosa merienda con los vecinos y mis tíos, Blanca y Antonio, y primos.

En la despedida, cuando ya iba a coger el coche de regreso a casa, mi primo Javier me preguntó si me gustaban los ajetes tiernos. No tuve casi tiempo de responderle, mi cara y mis ojos me habían delatado. ¡Ajetes tiernos y además,  de la huerta de mis primos Javier y María Astón! A los pocos minutos, Javier se presentaba de nuevo ante mí con un hermoso y olororo "ramillete" de ajetes tiernos recién extraídos de la tierra y que tan buenas, ricas y placenteras cenas me han deparado. No se lo he dicho, pero estaban excepcionales y cada tortilla con ajetes que tomaba me acordaba de tan entrañable y bondadosa pareja.

Por cierto, que los ajetes son un superalimento que cuenta con un buen número de propiedades nutricionales y con beneficios para nuestra salud muy a tener en cuenta. Se dice que era un alimento muy apreciado por egipcios, griegos y romanos, además de ser para esas culturas una excelente medicina. Ya en la Edad Medio estaba considerado como un remedio y protector de las pestes y epidemias. No obstante, en el siglo XVII comenzó a tener detractores y solo era consumido por las clases bajas, ya que la alta sociedad y su "refinamiento" rechazaba su olor. De sus múltiples cualidades, destacar las diuréticas, depurativas, antisépticas y antibacterianas.

El ajete es la planta joven del ajo cuya máxima expresión se concentra entre los meses de abril y junio.

En esta ocasión, el mencionado ramillete lo comí solo en tortilla, si bien puede acompañar a un buen número de alimentos con los que compartir su sabor. En cuanto a la tortilla de ajetes tiernos, poco se puede decir. Limpiar bien los ajetes y cortarlos finamente. Sofreírlos ligeramente en un buen y comedido aceite de oliva virgen y añadir los huevos. Como dice un amigo, "de pecado, oigan, de pecado".




sábado, 5 de mayo de 2018

00676 Variado de Croquetas

PARA NO TENER QUE ELEGIR

En algún momento de este caleidoscopio vital ya he dejado manifiesta mi debilidad por las croquetas y mis esfuerzos por conseguir, no siempre lo logro cuando las hago, una textura crujiente y cremosa que es como me encantan. No tengo para ellas un sabor dominante; me gustan todas: de pollo, cocido, jamón, pescado, morcilla, marisco, vegetarianas, de queso... con cualquier sustancia.

Mi referente en croquetas, hasta la fecha, lo localizo en Cantabria. Raro es encontrar un lugar donde no las sepan hacer bien; crujientes, cremosas y plenas de sabor. La apoteosis llega cuando te dan la posibilidad de no elegir. Decidir nunca se me ha dado bien, así que cuando me ofrecen una selección de croquetas, no saben el favor que me están haciendo. Salvando las distancias, cuando esto ocurre, me viene a la cabeza Forrest Gump y su popular frase de "“Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar”. Igualito que el variado de croquetas, "nunca sabes qué sabor te va a tocar o con qué sabor te despedirás de ellas, de ella".

Anotado otro pequeño momento de felicidad, solo me queda por averiguar a quien se debe tal descubrimiento. Parece ser que los romanos ya comían algo parecido, pero fue en Francia, gracias al cocinero Antoine Carême, rey de los chefs y chef de los reyes, quien las introdujo en las cocinas nobles a mediados del siglo XVIII, tras haberlas servido en uno de sus banquetes bajo el nombre de croquettes à la royale. Se popularizaron en una época en la que la necesidad imperaba y la harina era abundante. Así que se aprovechaban los sobrantes de cocidos y estofados para hacer croquetas.

En España, los primeros indicios los cita Emilia Pardo Bazán quien aseguraba que las croquetas hechas con pollo o vaca ya eran populares en 1913.


viernes, 30 de marzo de 2018

00651 Las Galletas María

CON MANTEQUILLA Y MERMELADA


En algún momento de este reto personal ya he dejado constancia de mi gusto por la mezcla de lo dulce y salado. He aquí otra muestra. Una buena galleta María, no creo recordar conocer una mala, mantequilla y una dulce mermelada, a ser posible de las elaboradas en casa, y ya tenemos organizado otro pequeño y mundano placer.

Este manjar, sí manjar, acontece en muchas de mis cenas, sobre todo cuando en el frigorífico me espera alguna mermelada hecha en casa. Habitual en esas noches en las que la gusa está despistada y un ronroneo recorre mi estómago. Diez galletas María para que hagan un total de cinco exquisitos bocados, finas láminas de mantequilla con sal y una generosa cucharada de mermelada, no importa su sabor, y a disfrutar. A pequeños mordiscos, sin prisa, recreando el crujir de la galleta y extremando el cuidado para que su contenido no se desparrame. No siempre lo consigo. Y en punto y seguido, la tentación. Aferrado al sillón para no reiterar la operación.

Siento curiosidad por conocer el origen de las galletas María. Según Alfred López, un afamado bloguero movido por las curiosidades, "corre una explicación que ha acabado convirtiéndose en leyenda urbana y que erróneamente asegura que estas peculiares y famosas galletas deben su nombre a que en la década de 1920 el galletero español Eugenio Fontaneda decidió llamarlas así en honor de su pequeña nieta". Pero López asegura que las humildes galletas fueron inventadas y bautizadas con este nombre medio siglo antes en el Reino Unido. Sería en Londres donde los maestros reposteros James Peek y George Hender Frean, propietarios de la prestigiosa "Peek, Frean & Co", decidieron crear una nueva y original galleta, diferente a los biscuits que hasta entonces producían y servían junto al tradicional té de las cinco. El motivo era conmemorar la boda Real que se celebraría el 23 de enero de 1874 entre el príncipe Alfrred, duque de Edimburgo y María Alexandrovna. Fue por este motivo por el que Peek y Frean quisieron homenajear a la nueva integrante de la familia real británica con ese presente al que bautizaron con el nombre de "Marie biscuit" en su honor.