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jueves, 2 de noviembre de 2023

01202 La Quiche de Calabacín

 HASTA EL AÑO QUE VIENE


Toca recoger el huerto de verano. Me da pena. Todos los años me sucede lo mismo. Lo voy estirando y estirando, hasta que llegan los primeros fríos y las plantas dicen adiós. 

He empezado por las tomateras. Este año no ha sido bueno para el tomate, por lo menos en mi huerto. Pepinos y pepinillos también han desaparecido ya. En esta jornada me despediré de los calabacines. Estos, casi nunca fallan. Las hojas de la planta están secas. Entre ellas, cuan superviviente, todavía asoma un calabacín. No es muy grande. Me he alegrado al verle.

Ya en casa, he decidido despedir la temporada de esta cucurbitácea con todos los honores. Ni frito, ni rebozado, ni en tortilla, ni en nada que se le parezca a como lo he disfrutado este verano. Me he acordado que por algún sitio tenía guardada una receta de Karlos Arguiñano, de cuando escribía su nombre de pila con C, de cómo hacer una quiche de calabacín. Me ha costado encontrarla, pero al fin he dado con ella. Mientras la buscaba, he apuntado en mi folio de cosas pendientes, ordenar el follón de recetas que tengo. Además de necesario, será entretenido. También mi paciencia lo agradecerá.

Habitualmente, cuando hacemos quiche en casa, la cocinamos de salmón (ver pormenores en la entrada 00826). La quiche acostumbra a gustar a todos, es sencilla de elaborar y siempre apetece. Qué mejor despedida a la temporada del calabacín que siendo coprotagonista de una quiche.

Ingredientes: 1 lámina de pasta brisa, 8 lonchas de beicon, 1 calabacín, 2 puerros, 2 huevos, 400 ml de leche evaporada, aceite de oliva, nuez moscada y sal. 

Elaboración: Cubrir un molde de fondo desmontable con la lámina de pasta brisa. Retirar la sobrante. Cubrir la pasta con papel de hornear y colocar encima unos garbanzos para que la pasta no suba y hornear a 180 grados centígrados, con el horno precalentado, durante 25-30 minutos. Retirar los garbanzos y el papel de hornear y reservar la pasta en el molde. Batir los huevos en un cuenco y añadir la leche evaporada. Sazonar y mezclar bien con la ayuda de una varilla. Añadir un poco de nuez moscada rallada. Mezclar y reservar. Lavar y picar los puerros y el calabacín, y pochar en una sartén con un poco de aceite de oliva y una pizca de sal. Trocear el beicon y añadirlo. Incorporar las verduras y el beicon al cuenco del huevo y la leche evaporada y mezclar bien. Verter todo sobre la pasta brisa que teníamos reservada en el molde y hornear a 180 grados centígrados, con el horno precalentado, durante unos 12 minutos. Sacar del horno, desmontar y servir caliente.

lunes, 31 de julio de 2023

01163 Los Calabacines a la Parmesana

TIRANDO DE RECETARIO


Nos encontramos en plena temporada del calabacín; planta herbácea, rica en vitaminas antioxidantes como la vitamina C, y cuya producción en el huerto, si todo va bien, es de lo más generosa. Tanto que, para no llegar a "aborrecerlo", hay que tirar de recetario, amplio y también generoso.

Bastaría en el día a día, y como acompañamiento,  con cortar el calabacín en finas ruedas, pasarlo por huevo y harina, y freírlo. O en tempura, tampoco es mala cosa. Pero de vez en cuando, conviene sacarle más provecho a este fruto. En esta ocasión, propongo unos calabacines a la parmesana. Aunque su versión, de origen italiano, lleva berenjena, "Melanzane alla Parmigiana", (ver la entrada número 01144 de este blog), con calabacín tampoco está nada mal. Se trata de otro estilo, ideal para quienes no les gusta la berenjena, como es el caso de mi hija Jara, quien propuso este cocinado.

Antes de abordar la receta, indicar que el calabacín, como en el caso de la berenjena, se puede hacer frito, al horno o a la plancha. Dependerá de lo ligero que se desee hacer este plato. Lo he probado de las tres formas, será por calabacines, y para mi gusto personal, es suficiente con un poco de aceite y a la plancha.

Ingredientes: 1 kilo de calabacines, 1 kilo de tomates, 300 gramos de mozzarella, 200 gramos de queso parmesano rallado, albahaca fresca, orégano, aceite de oliva virgen  azúcar, pimienta y sal.

Elaboración: Lavar y cortar en rodajas los calabacines. Sazonar y reservar. Lavar y cortar los tomates en trozos pequeños. Reservar. Echar un poco de aceite de oliva en una sartén e incorporar el tomate troceado, con un poco de sal, pimienta, orégano y una cucharadita de azúcar. Cocinar a fuego lento y remover durante unos diez minutos. Reservar. En una sartén o plancha, con un poco de aceite, dorar los calabacines. Reservar. Echar un poco de aceite en una bandeja de horno y colocar una capa de calabacines. A continuación, una capa de salsa de tomate, queso parmesano y mozzarella. Repetir esta operación un par de veces más, para acabar con la mozzarella, el queso parmesano y las hojas de albahaca. Introducir la bandeja en el horno precalentado a 180 grados centígrados, por espacio de unos 15 minutos o hasta que se vea que se ha gratinado ligeramente. Servir caliente. 





miércoles, 13 de abril de 2022

00967 Berenjenas y Calabacines

 NO HAY NADA COMO LLEVARSE BIEN


Berenjenas y calabacines son, posiblemente, uno de los productos más versátiles de la huerta y muchas de las recetas tradicionales de nuestra deliciosa gastronomía se basan o contienen uno o los dos alimentos.

Los primeros en aparecer en la generosa huerta son los calabacines. A partir de aquí, raro es el día que no se asomen a la mesa en sus formas más sencillas: cremas, tempuras, tortillas, en forma de espagueti, rellenos, habitualmente de carne, salteados, a la plancha... Me gustan de cualquier manera y siempre son bien recibidos.

La fiesta de sendos productos se inicia cuando llegan las berenjenas y que, por otro lado, forman parte de uno de los alimentos más apetecibles de cuantos hasta ahora conozco. Menos crudas, es obvio, me fascinan en cualquiera de sus posibles cocinados: fritas, rellenas de carne o pescado, en tempura, en pastel, en quiche... La lista es larga, variada y sugerente. Así, no resulta extraño que las dos hortalizas se unan para el deleite de nuestras comidas e incluso en algún que otro aperitivo si las cocinamos en tempura.

Berenjenas y calabacines por separado son una delicia y compartiendo cocinado, una doble delicia. Entre las muchas combinaciones posibles, aquí traigo una que me parece un pequeño manjar: montaditos de berenjena y calabacín con gulas. Su elaboración es tan sencilla como sorprendente.

Se trata de cocinar unas gulas al estilo tradicional. Es decir, freír unos ajos cortados a láminas con un par de cayenas y cuando se empiezan a dorar, incorporamos las gulas, que freímos durante un minuto aproximadamente. Reservamos. Cortamos en láminas berenjenas y calabacines y freímos en una sencilla tempura a base de cerveza bien fría, harina y una pizca de sal hasta conseguir la textura deseada. Con todos los elementos ya dispuestos vamos formando los montaditos. Una base de berenjena o calabacín, gulas, otra de rueda de berenjena o calabacín, gulas y cerramos con una rueda de berenjena o calabacín. Finalmente, sobre la última rueda de calabacín o berenjena de los montaditos vamos depositando las láminas de ajo que hemos empleado para cocinar las gulas. Antes de servir a la mesa es conveniente introducir los montaditos en el horno precalentado a 180 grados durante unos diez o quince minutos para poderlos degustar calientes.

Sorprendente el resultado a la par que delicioso. Y después de comer los montaditos comienza el debate, ¿mejor los de calabacín o los de berenjena?






martes, 19 de noviembre de 2019

00880 Calabacines en Salsa de Tomate

ARRABIATA, ENFADADA


Rellenos con distintas variedades, a la plancha, en crema, salteados, en tortilla, en puré, en tempura... La generosidad del huerto obsequiándonos con decenas de calabacines ha sido este año excepcional. De aquí que haya tenido que echar mano de una amplia batería de recetas con el calabacín tanto como protagonista como de actor secundario e incluso en la cocina de aprovechamiento que tanto me fascina.

El caso es que en una ocasión saqué a pasear a la popular plancha "Princess", que hacía tiempo tenía olvidada, y me puse a hacer verduras como si no hubiese un mañana. Berenjenas, cebollas, pimientos verdes y un magnífico ejemplar de calabacín fueron pasando de forma ordenada por la ardiente plancha. Ya en la mesa, el disfrute de sabores y texturas fue algo excepcional. Dimos buena cuenta de todo salvo de las monumentales ruedas de calabacín que parecían multiplicarse en la bandeja.

Al día siguiente, cuando me disponía hacer la comida, observé que en el frigorífico se habían ido acumulando varios restos, entre los que se encontraba una salsa elaborada con tomate también de la huerta. La cosa estaba clara: Ese día comeríamos calabacines con salsa de tomate en mi afán, costumbre y enseñanza heredada de que "en esta casa no se tira la comida".

Me surgió entonces un pensamiento, ¿y por qué no enfadar a la salsa de tomate? Unas piparras,que levantaban boinas y que no sabía qué hacer con ellas, podrían enojarla de forma sobresaliente. Así que me puse manos a la obra. A la salsa de tomate le añadí una cebolla bien picada, dos dientes de ajo también muy picados, una piparra troceada, un poco de aceite de oliva y sal;  lo que viene a ser una versión de la famosa salsa "arrabiata" italiana.

Una vez cocinada la salsa y catado su nivel comestible de enfado, calenté las ruedas de calabacín en el microondas y vertí sobre ellas el preciado líquido rojo.

De esto han pasado ya varias semanas y todavía me relamo.







domingo, 2 de julio de 2017

00504 Los Calabacines

REMEMORANZA


Cuando veo un calabacín no puedo dejar de acordarme de mis tiempos de "hortelano", breves tiempos de "hortelano",  y de lo feliz que fui rodeado de plantas y frutos. De todos los días, con sus horas, que disfruté de sus colores y aromas. De las alegrías que me proporcionó un pequeño trozo de tierra y del remanso de paz y tranquilidad que absorbía en cada mirar.

El calabacín fue, contra todo pronóstico, el primer fruto que cogí. Todavía recuerdo ese día y de lo orgulloso que me presenté en casa con mis tres calabacines que enseñé como quien muestra tres trofeos de caza. Y lo buenos que estaban, "los mejores", cuando los convertí en puré de calabacín y tortilla de calabacín. En días venideros, como suele ocurrir con los huertos en plena temporada de producción, no adubía a darles salida. Una chanfaina con patatas, cebolla y pimiento verde, más purés, más tortillas, a la plancha, en forma de espaguetis con ajo y cayena, a la plancha, rellenos de carne, que si para un amigo...

Mi amigo Juan me ha sorprendido con unos calabacines esta mañana. Me ha dicho que son de su huerto, los primeros. Le he confesado mi sana envidia, además de trasladarle mi agradecimiento. Y me he visto en ese huerto en el que no pasaba el tiempo y donde me sentía arropado y ajeno a las cuitas del día a día.

Leo que el calabacín está compuesto por un 95% de agua y que contiene una importante cantidad de minerales y de oligoelementos. Entre los principales beneficios del calabacín es que es un alimento que contiene todo lo necesario para defender el sistema cardiovascular.