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lunes, 28 de octubre de 2024

01538 Una Noche de Agosto

 IRRELEVANTE


Esa calurosa noche de agosto,

como tantos agostos y tantas noches,

me dispuse a ordenar mis adentros.

No sé en qué punto me quedé.

Lo único que recuerdo de aquella noche,

fue una blanca luna

custodiada por verde albahaca.

No recuerdo nada más.

                                                                                    El resto sería irrelevante. 






jueves, 4 de abril de 2024

01313 El Queso de Oveja con Albahaca

 GRATÍSIMO DESCUBRIMIENTO


Mi hija Jara tiene por costumbre, cada vez que pasa un fin de semana fuera de casa, traernos un recuerdo del lugar visitado. Habitualmente son dulces típicos del destino elegido. Pero en su último viaje, cambió de registro, para obsequiarnos con un queso de oveja con albahaca. Nos dijo cuando nos lo entregaba, que lo había comprado en Biescas a un vendedor ambulante. Se lo dio a probar, le gustó y, sabiendo como ella sabe de nuestras debilidades gastronómicas, entendió que también nos encantaría, como así fue. No lo habíamos probado nunca, aunque sí sabíamos de esta amable y curiosa combinación. Cuando catamos el queso, Jara estaba en lo cierto, nos encantó.

Me entusiasma la albahaca, su olor y lo que significa esta planta para un oscense como yo. (ver entradas 00097https://diezmilcosasquemegustan.blogspot.com/2017/10/00549-la-albahaca-en-octubre.html. Y cómo no, me chifla el queso de oveja. Así, que unidos, podrían representar algo interesante. No obstante, en alguna ocasión he probado la albahaca en otros platos y me han dejado un poco descolocado. En el caso del queso y la albahaca, me parecen un buen maridaje. Este queso, de puro anonimato, me pareció una propuesta muy equilibrada al paladar.

A la hora de escribir estas líneas, todavía queda un poco de queso con albahaca. Con toda seguridad, en la próxima incursión lo finiquitaremos con toda mi pena, porque está delicioso. Pero bueno, siempre nos quedará ir a Biescas a por más.

 




domingo, 8 de octubre de 2017

00549 La Albahaca en Octubre

NOCHE OTOÑAL


El otoño anuncia su llegada de forma tímida y pausada. Como es él, sin sobresaltos, en pequeñas dosis de color cambiante hasta que se acostumbre la mirada. Labor constante para un cambio agradecido. Y mientras esto sucede, en la terraza, un olor todavía festivo de tradición y dance,  paciente espera su entrada.

Aún la planta, ayer soñada de perfume y encuentro, mantiene erguida su estampa. No se sabe por cuanto tiempo; el suficiente para mantener vivo el recuerdo. A su verdor nacen motitas blancas que mañana serán semillas de nuevo olor agradecido, de reconocidas sonrisas, de fiesta en la calle.

Una noche más en la cercana despedida su presencia no pasa desapercibida. Un ligero roce, una leve sacudida y el olor que penetra de dulce nostalgia aprendida. No hay fiesta ni dance ni jolgorio en la calle. Hay imágenes que huelen a fresca devoción por un santo. Levanto la vista para ver su morada, allí en la Basílica, querencia de infancia.

El otoño anuncia su llegada de forma tímida y pausada. La albahaca soñada todavía desprende su aroma en la noche otoñal y callada.


viernes, 14 de agosto de 2015

00097 La Albahaca

TRADICIÓN OSCENSE

Dicen que fue su secreto mejor guardado. Nadie recuerda bien desde cuando, en su pequeño huerto de las proximidades de la ciudad, hacía crecer para el mes de agosto doce hermosas plantas de albahaca. Nueve de ellas, cuan formación militar, se alineaban al lado del patatar. Las otras tres restantes  desprendían su olor ganando centímetros a la vida en un rincón cualquiera de ese espacio de tierra que era todo su ser.

Año tras año se fue repitiendo la misma operación. Siempre doce; nueve y tres. Siempre la misma disposición convertida casi en un ritual. Era algo aprendido por todos aunque nadie jamás preguntó sobre el por qué de ese extraño y curioso reparto. Ni por su número. Una docena siempre es una buena cifra.

Sus hijos crecieron mientras él amontonó años. El huerto, ese trozo de tierra que tanto había cuidado y mimado hasta convertirse en un hijo más, también creció con él. Con el paso de los años, el vergel del que tanto presumía se fue tornando en erial. Su mente, su mirada y su caminar se fueron agostando. Nada había ya en el huerto para servir en la mesa. En esa mesa de ayer multitudinaria y festiva, y en la que al final apenas alcanzaron a sentarse los recuerdos. En el huerto sólo doce plantas de albahaca; nueve, en perfecta formación, y otras tres, en un rincón cualquiera de ese espacio de tierra que había sido todo su ser. Era su único quehacer y aunque las fuerzas le limitaban, todavía sacaba el ánimo para seguir dando vida a esa docena de verdes y aromáticas plantas.

Llegado el día de su descanso eterno, sus hijos nada quisieron saber de tierras ni de  huerto. Y allí donde antes hubo de todo lo que la tierra puede obsequiar con trabajo, dedicación y entrega, se construyó una piscina y un jardín para disfrute de hijos y nietos. Nada quedó para el recuerdo salvo la extraña práctica del abuelo. Sus hijos, sin pactos, sin previas negociaciones y de forma improvisada, continuaron con lo que entendieron tenía que ser una tradición. El cemento y los miles de metros cúbicos de agua que ahora ocupaban el otrora huerto, no fueron obstáculo para que cada año crecieran en ese trozo de tierra nueve plantas de albahaca, en perfecta formación, y otras tres más, en un rincón del jardín.

Nunca supieron el por qué de las doce plantas de albahaca y su disposición. Fue el secreto mejor guardado del abuelo convertido hoy en una tradición familiar y desde el convencimiento de que las tradiciones no se explican;se sienten y respetan.