Mostrando entradas con la etiqueta Tapas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tapas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de agosto de 2025

01711 Una de las Tapas de Chus

 SUMA SENCILLEZ


La sencillez de las cosas nos deparan en muchas ocasiones gratos e incluso inolvidables descubrimientos. Este caso al que voy a referirme, tiene que ver con un bocado de aperitivo, pero se puede trasladar esta apreciación a otros muchos aspectos de la vida. Suma sencillez.

El asunto es que recientemente llamé a mi amiga Chus para cerciorarme de que se encontraba en casa y así poder llevarle productos de mi generosa huerta. Habitualmente, siempre se trata de un sube y baja a su casa. Saludar, entrar las bolsas con el contenido hortícola hasta la cocina y despedida. Mi vida no da para más. Contra todo pronóstico, ese día que nos ocupa. el sol, con sus cerca de 40 grados a la una de la tarde, me echó del huerto. Me puse de nuevo en contacto con Chus para decirle que llegaría a su casa antes de lo previsto. Cuando subí, me aguardaba un delicioso aperitivo y una fría cerveza. Algunas de las delicias ofrecidas ya las conocía, pero una de ellas reclamó poderosamente mi atención. En uno de los platos, sobre unos crackers aparecían depositadas unas anchoas, acompañadas, a simple vista, por unas medias nueces de mantequilla. Mi amiga me invitó a probarlas. Creo que mi atención sobre el sencillo bocado me delató. Chus me explicó que se trataba de una tapa que había probado no hacía muchos días en un bar zaragozano y que le gustó. Efectivamente, la tapa en cuestión no guardaba secreto alguno; crackers, una buena anchoa y media nuez de mantequilla sin sal. Tras probar la primera, asentí con la cabeza. Curiosa y atractiva combinación de textura y sabores. Una propuesta a tener muy en cuenta para improvisar un aperitivo y acompañarla con una cerveza o lo que se tercie. Nunca se me hubiese ocurrido. Pero quien la ideara, acertó. Ya lo creo que acertó.

Cuando bajaba en el ascensor para volver a casa pensé, -últimamente pienso poco y mejor así-, la sencillez me ha vuelto a dar una nueva lección imprevista y gratificante.








viernes, 19 de julio de 2024

01418 El Bar de Tapas Jurucha

 LUGAR HONESTO Y SIN FALSAS PRETENSIONES


No acostumbro en este caleidoscopio vital a traer marcas comerciales ni empresas, salvo que, por un motivo u otro, dejen en mí, un más que grato recuerdo y considere que tienen que formar parte de este interminable listado sobre las cosas que me gustan.

Es el caso del Bar de Tapas Jurucha, ubicado en el céntrico barrio de Salamanca de Madrid. Desconozco, si como dicen algunos, en este establecimiento hostelero se ofrecen las mejores tapas de la capital de España. Pero una cosa tengo clara: sus tapas son deliciosas y cuesta elegir entre las más de las 60 variedades que ofrecen. De hecho, desde el primer día que visité este templo de la tapa, no ha habido viaje a Madrid que no me haya acercado hasta este lugar.

Me resulta una taberna familiar y afable, incluso los días en los que la he visitado y no cabía un parroquiano más. Habitualmente, aquí terminan mis andanzas de la jornada, y cuando hablo de andanzas, me estoy refiriendo a caminar y patear la acogedora ciudad. Si mal no recuerdo, la última vez que estuve en Jurucha estaba molido. Me dolía hasta el blanco del ojo, tras realizar, según la app Salud del iPhone, algo más de 28.000 pasos.

A lo que voy. El Jurucha está ubicado en la calle Ayala, 19, frente al emblemático mercado de La Paz. Aunque sus orígenes se remontan al año 1940, realmente empezó “a ser Jurucha en 1962, cuando el negocio fue adquirido por la familia Viesca Gómez-Marthinho, quienes iniciaron esta larga tradición gastronómica desde sus orígenes de Madrid, País Vasco y Cantabria”.  Aunque el negocio comenzó como un lugar de aperitivos de marisco y frituras, no sería hasta algunos años más tarde, cuando se especializaría como bar de tapas y pichos. Según reza en su página web, “En los primeros años, el aperitivo consistía fundamentalmente en marisco y fritos. Posteriormente empezaron a elaborarse los «Clásicos» de Jurucha: Huevo con langostinos, taco de bonito, croquetas y tacos de quesos variados”.

En la actualidad, los canapés más solicitados son el del “Pajarito”, o lo que es lo mismo, un emparedado de atún con mayonesa, la ensalada alemana, merluza con mayonesa, alioli con langostinos, tres quesos, morcilla y las pencas de acelga o bacalao. Mención especial de la casa son la tortilla de patata, las croquetas de jamón y huevo, y las empanadillas.

De los 60 registros de tapas y canapés que ofrece el Jurucha, habré podido llegar a probar una veintena. Así, que todavía me quedan algunas visitas a este local “honesto y sin falsas pretensiones”.

 








sábado, 18 de mayo de 2024

01347 La Tapa de los "Lingotes de Oro"

¡QUÉ GRATA SORPRESA!


Gloria nos ha vuelto a sorprender con otra de sus delicias gastronómicas. Han venido unos amigos a cenar a casa, y para postre nos ha deleitado con algo que a mí me encanta, tal y como ya he dejado constancia en este caleidoscopio vital: queso con membrillo. Ver 00290 La Carne de Membrillo con Queso

Sabía el menú que Gloria había preparado para esta noche, incluido el postre. Pero desconocía, cómo iba a salir a la mesa. Cuando lo he visto, me he quedado sin palabras. Solo he pensado: "si parecen lingotes de oro". Nuestro amigos no sé qué han pensado, pero el ¡ohhh! ha sido unánime.

Y es que verdaderamente, la presentación ha sido de una elegancia impresionante. Muy atractiva. Todos hemos coincidido en que daba pena empezar a abrir flancos al postre. Como nadie se decidía, he sido yo el que ha dado el primer paso y cogido la primera cuña de queso con membrillo. Los demás, finalmente me han imitado.

La tapa de "los lingotes de oro" consiste en una cuña de queso manchego semi curado, que soporta un trozo de carne de membrillo, para acabar coronada por media nuez. Colocadas todas las tapas sobre una bandeja de pizarra, se espolvorean pistachos machacados y se adorna con una cucharadita de mermelada de frambuesa. Todo un espectáculo.

En definitiva, una vistosa tapa, en este caso de postre, para acabar una cálida cena entre amigos, como la calidez de estos "lingotes de oro", convertidos en una más que grata sorpresa. 






















jueves, 11 de abril de 2024

01319 Matar el Gusanillo

 EN MODO ESPERA


¡Cómo han cambiado las cosas! Hasta no hace mucho tiempo, era llegar a casa a comer, echar una cabezadita en el sillón para cargar las pilas y de vuelta al trabajo hasta las tantas de la noche. El tiempo era el dueño de mi vida. Ahora, soy yo el amo del tiempo y sin prisa alguna. Es lo que tiene entrar en la edad de júbilo. Ahora, ya no son los demás los que me tienen que esperar para comer, sino que soy yo quien espera. 

Mi hija Jara, afortunadamente trabaja. Llega a casa a comer pasadas las tres de la tarde. Comemos con ella, nos gusta esperarle para comer. Aunque también es cierto, que hay días que la espera se me hace un poco tortura. A partir de las dos de la tarde, mi estómago comienza a romancear y me pide la ingesta de algún alimento. Intento engañarle como puedo. Saco a la calle a Humphry, mi compañero perruno. Volvemos a casa, le doy de comer y beber... y todavía no son las tres. Me pongo a ver la tele, que no me interesa nada, miro el reloj y veo que hasta que llegue Jara, deberán pasar al menos unos quince minutos. Miro a Gloria con la cara que pone Humphry cuando tiene hambre. No musito ni palabra, pero Gloria, son ya muchos años juntos, entiende a la perfección el lenguaje de mi mirada. Y en un visto y no visto, pone delante de mí una bandeja de suculentos montaditos. En esta ocasión, se trata de unas rebanadas de pan tostado con queso, una anchoa y unas láminas de beicon ibérico semicurado. Tiene una pinta fenomenal. Cojo un montadito y para qué contar lo bueno y sabroso que está. Le iría bien un vino o una cervecita. Pero no, vamos a portarnos bien. A lo tonto, a lo tonto, me he comido tres. Suficiente para matar el gusanillo. Oigo que ya llega Jara.

Por cierto, siempre me hizo mucha gracia el dicho de "matar el gusanillo". Nunca hasta hoy, me había interesado por conocer su origen y es curioso. Obedece a la antigua creencia popular de que en nuestro estómago existe "el gusanillo del hambre", que cuando tiene apetito provoca una especie de cosquilleo estomacal. Hay quien atribuye el origen de esta expresión a Pasteur, quien decía que en la saliva de las personas en ayunas existe un parásito que desaparece cuando es arrastrado por la comida al estómago.
El dicho quiere decir "desayunar con aguardiente u otra bebida alcohólica. El gusanillo del hambre cuando tiene apetito provoca una especie de cosquilleo estomacal. El alcohol sirve, si no para matarlo, sí para adormecerlo.
 



domingo, 19 de noviembre de 2023

01211 El Relevo Generacional Navideño

TODO POR LA FAMILIA


Organizando las fotografías de las navidades pasadas, con la intención de intentar poner orden, una vez más, a mi descontrolado archivo fotográfico, me he detenido un buen rato en la última Nochevieja. Muchas cosas se me han pasado por la cabeza mientras visionaba las imágenes. Nada nuevo bajo el sol: el paso del tiempo, las ausencias de los seres queridos y siempre recordados, cómo han crecido nuestros hijos, y nosotros, los mayores, casi sin enterarnos, el apego a la familia, caras nuevas que se van incorporando... Pero lo que más me ha llamado la atención, es como, afortunadamente, la gente joven está cogiendo el relevo de nuestros esperados reencuentros familiares.

Desde hace tres décadas, aún vivía mi madre, parte de nuestra larga familia decidimos pasar juntos la Nochevieja y el Año Nuevo en una casa de turismo rural. Si mal no recuerdo, la primera de ellas fue en la preciosa y atractiva localidad altoaragonesa de Alquézar. Todos éramos jóvenes. Algunos recién casados o con niños casi bebés. 

En ese primer encuentro navideño seríamos algo más de una docena de personas. Nos gustó tanto la experiencia, que en años sucesivos, hasta llegar a nuestros días, salvo los dos años de pandemia, hemos organizado un encuentro familiar para despedir el año y dar la bienvenida al nuevo.

De los pocos más de doce miembros de la larga familia que empezamos en Alquézar, hemos pasado a treinta y cuatro. Nuestras andanzas familiares han sido itinerantes, -difícil encontrar cobijo para tanta gente-, hasta que hace unos seis años, encontramos un lugar en el podíamos caber todos. Lo localizamos en Enciso, localidad próxima a las poblaciones riojanas de Herce y Arnedo. Pero hasta llegar ese momento, muchos otros lugares conocieron nuestras alegrías y fuegos artificiales de fin de año:  Isín, Las Margas, tres años, Larrés, Santa Cruz de la Serós, un par de años; Sidamon, en Lleida, así como en los aledaños a La Seu d´Urgell, cuatro años, y dos ocasiones en Cantabria, amén de algunos en  Zaragoza y Lupiñén. 

En un principio, cuando la situación se podía controlar, hacíamos un menú al uso festivo navideño. La cosa comenzó a complicarse cuando el grupo, afortunadamente, comenzó a ser más numeroso. Fue entonces cuando decidimos que la cena de Nochevieja la haríamos a base de tapas. Cada asistente adulto debía hacer una tapa en número suficiente para que el resto pudiera probarla. De esta manera, la gran mesa de la cena de Nochevieja se veía repleta de un buen y numeroso surtido de tapas. Evidentemente, aunque somos familia de buen apetito, nunca hemos podido acabar con el festín, así que las consumimos en la comida de Año Nuevo, acompañadas de una sopa de cocido con pasta y albondiguillas de carne picada. Llegamos hasta instaurar un concurso de tapas.

A lo largo de estos treinta años de encuentros han surgido un sin fin de anécdotas y momentos memorables. En un principio, todo lo que hacíamos estaba pensado en los más pequeños: juegos infantiles, breves excursiones, disfraces, fuegos artificiales, así como otro tipo de actividades que les pudiese divertir y entretener, y que todavía recuerdan con cariño.

Aquellos niños han crecido y se han convertido en hombres y mujeres con sus compromisos laborales y afectivos. Ahora son ellos los que tiran del carro de las emociones y de nuestros multitudinarios encuentros anuales. Son ellos los que preparan las actividades para el entretenimiento de todos, la comida de Año Nuevo y quienes se han incorporado también a la elaboración de tapas. Salvo fuerza mayor, nunca han faltado a la cita. Cuando alguna vez cuento, que tanto mis hijas como mis sobrinos nietos, todos en edad de vivir con autonomía su propia fiesta, siguen apostando por la familia, noto miradas de extrañeza. Lo que me hace pensar que nunca les he agradecido que sigan queriendo pasar estos días con nosotros y que hayan tomado nuestro relevo como algo natural y sin condiciones. Esta próxima Nochevieja buscaré un momento para testimoniar mi/nuestro agradecimiento. Se lo merecen.

Las imágenes que acompañan el texto, se corresponden, precisamente, con una de las tapas preparadas por los jovenzuelos. No recuerdo con exactitud su autoría. Sí recuerdo, en cambio, que se trata de una tapa sencilla, grata de comer y sabrosa; rebanadas de pan de pueblo, ligeramente tostadas, y sobre ellas, unas finas lonchas de queso camembert, anchoas y media nuez. Por algo hay que empezar. Y además, qué importa, es suficiente para mantener la tradición. 






jueves, 23 de agosto de 2018

00779 Las Barras de Bar

PEQUEÑO Y PLACENTERO PARAÍSO


Me gustan las tapas, tapear, comer de tapas, las raciones, las cazuelitas... En definitiva, me gusta todo lo que se expone en la barra de un bar y cuanto desde aquí me puede llegar a transmitir.

Las barras de bar, además de su carácter social como punto de encuentro, de cita, espera y visita acostumbrada, son el escaparate del establecimiento, su carta de presentación, el anuncio y anticipo del hacer de la cocina del establecimiento hostelero. Lo que en ellas se muestra nos puede llegar a decir muchas de las cualidades del establecimiento y también de sus puntos débiles. Las barras son como el Ras al Hanout en las especias, lo mejor de la tienda.

Costumbres y especialidades gastronómicas no solo del local sino del lugar geográfico en el que se ubica,  se muestran en mostradores y vitrinas de las barras de los bares. Cuántas veces, sin tener intención de probar bocado, nos hemos apostado delante de un mostrador y nuestros ojos nos han invitado a cambiar de intención. Y también a la inversa, convirtiéndose el instante en una desilusión.

Cuando veo un mostrador de la barra de un bar repleto de interesantes sugerencias, me resulta un pequeño y placentero paraíso de emociones y sorpresas.






martes, 24 de abril de 2018

00669 Las Tapas Como Bodegones

IRRESISTIBLES


Habíamos comido como auténticos lechones. Sobremesa larga y una vuelta para "bajar" todo lo que se pudiera,  hasta que el habitual agujero del cinturón recuperara su protagonismo, cedido  a un orificio vecino.

El paseo resultó agradable, pasear por Bilbao siempre es agradable, hasta que el agua de lluvia, como no podía ser de otra manera, nos invitó a recogernos. Era pronto en la tarde noche, así es que decidimos tomar una caña en un establecimiento que querían mis hermanos que conociéramos por su originalidad decoración. Y alli que nos fuimos. Pedí para variar un café americano que tuve que cambiar por una caña tras la invitación de mi hermano a que me asomara a la barra. Sobre una tabla de teja negra se exponían dos tapas que me parecieron dos bodegones.

Mis ojos se quedaron prendados de su colorido, contenido y presentación. De mi estómago quería salir una voz para decirme, "no te atreverás, no hagas lo que estoy pensando". Me fijé atentamente en ese pan de cristal ligeramente bañado en tomate y sobre el que descansaban unos pimientos asados cortados en finas tiras y acompañados de dos buenos lomos de boquerón en suave vinagres y unas anaranjadas, aperladas y refrescantes huevas de trucha. Examinada la pieza,  me pareció oír de nuevo esa voz interior, "no, no lo hagas; basta por hoy". No me pude resistir. El arte nunca puede caer en la indiferencia. Gustará más o menos, pero nunca caer en manos de la indiferencia. Y este, me atrapó.

El establecimiento en cuestión lleva por nombre "El Origen" y se encuentra junto al parque Doña Casilda y el Museo de Bellas Artes de Bilbao. El lugar resulta muy acogedor. Una cascada de agua te da la bienvenida. Bien de precio para una grata y acogedora estancia.



martes, 28 de noviembre de 2017

00590 Las Tapas con Alma

LA VIDA ES BELLA


En algún momento del transcurrir de este caleidoscopio vital ya he mencionado que me gustan las tapas y tapear. Hoy quiero dar un paso más y compartir mi gusto por las tapas con alma. Sí, existen. Son aquellas elaboraciones de la micro cocina que guardan en su quehacer una pequeña historia y que más allá de su presencia, sabor y originalidad, dejan entrever su alma.

La que hoy traigo hasta aquí la degusté recientemente en el bar "La Vida es Bella", en la localidad monegrina de Sodeto. Posiblemente, muchos de los que esto leáis no alcancéis a localizar este pequeño pueblo de colonización oscense donde la fortuna llamó a sus vecinos el 22 de diciembre de 2011  para agraciarles con 16 millones de euros. Sería la Asociación de Amas de Casa de esta localidad quienes repartirían entre los vecinos participaciones de lotería del número 58.268, número del Gordo del Sorteo Extraordinario de Navidad de tan recordado año.

Pues bien, en esta pequeña población y en ese bar con nombre de película y creencia personal, probé mi última tapa con alma. El día de pistoletazo de salida del Concurso de Tapas 10 de Los Monegros me presentaron a Alicia, alma mater de "La Vida es Bella". Sabía que se había presentado al concurso y le pregunté por las dos elaboraciones con las que había concurrido. Me habló de una tostada de "firigolla" y albóndiga,  y de una tapa que había bautizado con el nombre de "Pascu & Berni". Me preguntó si sabía qué era la firigolla. A lo que le respondí que ni idea. No sé disimular y asumo mis limitados conocimientos. Con su especial sonrisa, de esas que atrapan, puso luz a mi ignorancia y me dijo que era un pisto aragonés. Ya no se me olvidará nunca. En cuanto a la segunda propuesta, me comentó que se trataba de unas patatas a láminas con chistorra frita en cerveza y jamón. Una tapa que tuvo una idea en origen pero que poco a poco fue evolucionando con las aportaciones de dos asiduos clientes, de los de presencia diaria, de los de si hoy no voy, algo sucede. Sus nombres, Pascual y Bernardino. Conforme me lo iba contando, me contagiaba de su ilusión y pensé, "si señora, no sé como estará la tapa, pero de lo que estoy seguro es de que tiene alma".

Al cabo de unos días acudí, con mi amigo Manolo,  a la localidad afortunada para degustar las tapas de "La Vida es Bella". Tenía curiosidad por saborear la tapa con alma de "Pascu & Berni". Y cual fue mi fortuna, en lugar afortunado, que allí también estaba "Berni", uno de los artífices e ideólogo de la tapa. Mientras Alicia daba los últimos toques a las tapas tuve el privilegio de escuchar a "Berni". Hubiera estado toda la tarde escuchándole. Me habló de cuando llegó a Sodeto como colono hace medio siglo. De sus ilusiones de por aquel entonces, de cómo le había tratado y se había ganado la vida, de sus hijos, de cómo es  la vida en un pueblo, de cómo han cambiado los tiempos, del día que tocó la lotería en Sodeto, de cómo fue esa mañana y de cómo se enteró de que él también había sido agraciado con el Gordo. "Berni" es un hombre, que  con la paz que dan los años,  también está provisto de buen verbo y yo tengo buena escucha. En cuanto salieron las tapas,"Berni" se despidió con un buenas tardes y ya sabes donde encontrarme. No pude llegar a decirle que la tapa estaba tan deliciosa como la conversación que acabábamos de mantener. Y que me quedé con el regusto de la conversación, el mismo que me dejó la tapa. Y me imaginé a Alicia, con su amplia sonrisa, recibiendo cada día a dos de sus habituales parroquianos, Pacual y Bernardino, para hablar de lo bella que es la vida en "La Vida es Bella", y transferir a la tapa "Pascu & Berni", el alma de la amistad y del cariño nacido en el diario roce. ¿Qué cómo es la tapa? Lo mejor es ir a probarla a Sodeto.


sábado, 22 de octubre de 2016

00382 Cuando la Humildad se Hace Tapa

TAPA CON ALMA


Ahora que la llamada micro cocina se ha puesto tan de moda y con un resolutivo todo vale.  Ahora que parece  que se ha perdido el norte a la hora de definir el concepto de lo que es una tapa. Ahora que casi todo en los fogones pasa por la tradición actualizada,  de repente, un día, casi sin esperarlo, alguien te sorprende desde la extrema sencillez con propuestas curiosas y sin artificios ni pretensiones. Es lo que denomino una "tapa con alma". Y de estas tengo varias que iré compartiendo en días venideros.

Ocurrió recientemente en un concurso gastronómico celebrado en el Bajo Cinca de la provincia oscense, en concreto en Fraga, en el Bar Cafetería La Tribuna. Dos propuestas: Variat (un pincho insertado de los tradicionales aperitivos) y Habas/patatas de Fraga. Para empezar, nombres concisos, directos y sin disfraz alguno para su presentación. Propuestas sencillas, cuyo único objetivo, según la regente del establecimiento, no era otro que recuperar la tradición cuasi perdida de la hora del vermú.

De la primera propuesta no hay mucho que hablar. El aperitivo de toda la vida con ingredientes de calidad y bien administrados. Fue en la segunda presentación con la que mi interlocutora me enganchó. Me habló de sus tiempos de infancia, juventud y adolescencia. De cuando iban a la huerta y comían de lo que ésta les proporcionaba. De esos años guardaba un grato recuerdo de un plato que lo sigue haciendo aún ahora e incluso para agasajar a huéspedes y amigos. Un plato de toda la vida elaborado con humilde producto de la huerta fragatina y que en ocasiones también se acompañaba con caracoles simplemente hervidos. Ella quería que en su establecimiento se recordara ese sabor de siempre porque entendía que hay sensaciones que no se podían perder y máxime cuando se trata de un sabor que pertenece al imaginario colectivo de un pueblo. Por eso hizo de ese recordado plato una tapa. Patatas y habas hervidas, acompañadas de un ali oli hecho a mano. No hay más secreto ni más virtud. La tapa sabe a lo que sabe; a verdad, tradición y también a algo de alma.

jueves, 4 de agosto de 2016

00341 Los Grillos

LA SENCILLEZ HECHA BOCADO


Tantos años viviendo en Bilbao, tantos potes compartidos en sus calles y tantas visitas a sus emblemáticos lugares para enterarme hace escasos días, precisamente en mi última estancia, de la existencia de los grillos. Fue mi hermano Antonio el que me informó de su existencia en un bar de Deusto. Allí estaban sobre la acristalada barra luciendo su humildad entre sofisticadas elaboraciones.

Aunque en mis años de bocho los grillos me pasaran desapercibidos, se trata de una tapa bilbaína sencilla y minimalista de toda la vida. Por algún lugar he leído que es la tapa de la difícil sencillez hecha bocado. Patata cocida, lechuga, cebolla, sal, vinagre y un buen chorro de aceite de oliva. Un pincho que no exige paciencia, de los que se comen de una vez, en un bocado.

Los grillos que fotografié, además de lo anteriormente descrito,  llevaban también una aceituna rellena. En el siguiente bar que visitamos, la sencilla tapa en lugar de aceituna portaba una rodaja de tomate. Me dijo la simpática camarera que era para que el grillo tuviera más color.

Este verano más de un grillo hará cri, cri, cri, cri para acompañar a la rubia cerveza.