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sábado, 1 de julio de 2023

01151 Sí, Por Favor

 Y QUE SEA DE GRAUS


Qué tendrá este embutido altoaragonés que apetece a cualquier hora del día. Además, es de los alimentos que te lo llevas a la boca, y lo digo por propia experiencia, aunque no tengas hambre. Y es que la longaniza de Graus es una gran provocadora, amén de que me parece un bocado delicioso.

Me da igual que este "tesoro" cárnico me lo sirvan sólo o acompañado. Me da exactamente igual. Me resulta siempre tan complaciente y apetecible. Si es para almorzar, un buen comienzo del día. Como aperitivo, un deleite. Para merendar, un disfrute. Y para cenar, un buen broche para cerrar el día. 

Como preferencia, cocinada a la brasa, Pero vamos, que no tengo ningún reparo en comerla frita. Y si está curada, pues tal cual. Tampoco pondré objeción alguna. En bocadillo, para qué contar. Sola ella entre pan y pan, es más que suficiente. Para nota, si además le acompañan unos pimientos italianos fritos cortados a tiras. 

Jamás he rechazado un trozo o plato de longaniza. ¡Jamás! Siempre que me la han ofrecido, he contestado, "Sí, por favor".




lunes, 4 de abril de 2022

00961 Cualquier Cosa

 VENCER A LA TENTACIÓN


Si hay una pregunta, con su consabida respuesta,  a la que temo a la hora de la cena es la de ¿Qué te apetece cenar? Y como un resorte se responde: "Cualquier cosa".

Y es que el significado de "cualquier cosa" es muy amplio y variopinto. Puede ser una sencilla ensalada, una frugal tortilla "floja", un vaso de leche por aquello de no irte de vacío a la cama o un par de piezas de fruta. También "cualquier cosa" admite un sandwich de lo que sea, restos de la comida, -sigo en mis trece de no tirar ni un gramo de comida a la basura-, un bocadillo o unas tostadas de mantequilla y mermelada. Hasta aquí, más o menos bien. Aceptable. Pero no, el noventa y nueve por ciento de las ocasiones en las que se formula la citada pregunta y se responde "cualquier cosa", desconozco el mecanismo que se pone en marcha en la cabeza, acaba por salir a la mesa todo tipo de "pecados gastronómicos". 

Y es que mi experiencia sobre "cualquier cosa" para cenar va muy ligada al antojo imprevisto o al esperado capricho. Con lo fácil que es decir voy a cenar tal o cual cosa. No, y lo ves siempre venir. Hay que hacer como que improvisas, como que son las manos que, de forma aleatoria, van buscando alimentos perfectamente combinados, apetecibles y gustosos. Y es curioso, siempre acaban, las manos digo, cortando embutidos y quesos, acompañados del siempre atractivo y recurrente pan con tomate. Esto sucede en el mejor de los casos. Ya es para nota cuando después se presenta sobre la mesa, sin previo aviso, alguna que otra vianda más ya que estamos metidos en materia. Y claro que entra bien en el cuerpo y que se disfruta del momento, aún a sabiendas de que al día siguiente se presentará el arrepentimiento. Por eso, conviene tener siempre una respuesta exacta a la pregunta sobre "qué te apetece para cenar" y vencer así la tentación de pronunciar "cualquier cosa", que dejará vía libre a la imaginación. También digo que a veces la voluntad se torna muy frágil y se deja llevar. No se puede, y creo que tampoco se debe, estar luchando permanentemente contra la tentación. Sobre todo cuando se presenta de manera tan deliciosamente ingenua.  

 




miércoles, 6 de junio de 2018

00713 El Pulpo a Feira

CON CACHELOS

Veo en el índice de este blog que el pulpo tiene ya su entrada y alguna que otra receta. Este cefalópodo me gusta de cualquier manera, y mira que hay formas de elaborarlo, pero así, al estilo feira con cachelos, es otra de mis debilidades. ¡Qué gran plato! Pero claro está, tiene que estar bien elaborado. Alguna que otra suela de zapato he llegado a comer.

Este plato de la gastronomía gallega, en su sencillez, aunque las cosas sencillas bien hechas también hay que saberlas hacer, me parece un auténtico espectáculo. La única dificultad estriba en saberlo cocer. Aunque parece sencillo, tiene su aquel. Para cocer el pulpo, tal y como en su día me enseñó una oriunda gallega, hay que introducirlo en agua hirviendo, una vez quitadas las vísceras, durante unos pocos segundos. Este proceso se realiza tres veces. Esta práctica recibe el nombre de "asustar" y permite que el pulpo conserve la piel una vez cocido. Tras los "tres sustos", se deja el pulpo hirviendo hasta su completa cocción. El tiempo necesario dependerá del peso del animal. Una vez cocido, se saca del agua y se deja reposar un cuarto de hora a temperatura ambiente antes de cortarlo con las tijeras, añadirle el pimentón dulce, un poco de pimentón picante, la sal gorda y el aceite.

En realidad, si hablamos de pulpo y cachelos, estamos haciendo referencia al pulpo a la gallega; a feira se sirve sin cachelos. Pero vamos, que con cachelos o sin ellos, el pulpo a feira me parece un auténtico manjar, un alimento de feria, fiesta y de comer sin parar. Sí, ya sé lo que alguno estará pensando... y acompañado de un Albariño o un Ribeiro. Pues claro que sí, también.

Por cierto, que en esa continua curiosidad que este blog me imprime por conocer el origen de las cosas, leo que el pulpo se incorporó a la cocina popular en el siglo XV, gracias a unos monjes cistercienses del monasterio de Oseira. En otro momento también puedo leer que los griegos lo consideraban como un manjar junto a salmonetes y lampreas.





martes, 29 de mayo de 2018

00703 Los Sobaos con Foie

UN DELICIOSO CAPRICHO

Me gusta el sobao pasiego y también el foie, así como la mezcla de lo dulce con lo salado. Con estas premisas, que me gusten los montaditos de sobao a la plancha con foie es una obviedad. También es cierto que dicho así, de sopetón, puede producir rechazo, como así sucede cuando lo comento en alguna ocasión. Las caras de mis interlocutores en ese momento no dejan duda alguna. Caras que llegan casi hasta el vómito cuando les menciono que en mis tiempos de internado, a falta de margarina en el desayuno, untaba las galletas María con foie gras y luego las introducía en la leche con el cacao de turno. Me parecía delicioso a pesar de la continua desaprobación de mis compañeros de mesa. Cierto es que desde aquel entonces no he vuelto probar semejante combinación. No descarto que algún día lo haga en recuerdo de aquellos días y por traer al presente un sabor por aquel entonces tan desprestigiado.

Lo que ahora propongo es más delicado, "fino" y sugerente, máxime cuando la mezcla de sabores y texturas es un juego diario y experimental en la cocina.

Su elaboración es muy sencilla. Cortamos un sobao grande a tiras longitudinales y lo pasamos por la plancha sin más añadidos. La mantequilla del propio sobao es más que suficiente para que el sobao se dore. Una vez retirado de la plancha lo cubrimos con foie y listo para comer. Si se quiere, se puede finalizar el montadito con una mermelada de frambuesas o de violetas. La combinación, para mi gusto, es muy sugerente y atractiva.