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miércoles, 17 de julio de 2024

01413 Las Patatas de la Eurocopa de Fútbol 2024

 ESPAÑA 2/ALEMANIA 1


Antes de meterme en materia, quiero felicitar a la Selección española de fútbol por la reciente consecución de su cuarta copa de Campeón de Europa. Felicitar a todos los implicados y agradecer a entrenador y jugadores los memorables encuentros que nos han brindado. Y lo voy a dejar aquí, para no extenderme demasiado. Pero son muchas las conclusiones a las que he llegado estos días y sobre todo, tras la consecución de la Copa. Pero aquí no toca. Lo dejo para las tertulias de bar.

Estos días de Eurocopa, sin ser un forofo del balompié, he visto fútbol hasta aborrecer. Es lo que tiene disponer de tiempo. Los partidos en los que no jugaba la Selección española los veía en soledad. Distinto era cuando jugaba España, que los disfrutaba en familia. Y el verbo disfrutar no es el primero que me ha venido a la cabeza, sino que literalmente ha sido así. 

Cuando jugaban los nuestros, y llegados los octavos de final, acostumbrábamos a picotear algo para que los nervios se calmaran. Un día fueron embutidos, otro día queso con unas regañas... El día que España se enfrentó a los alemanes en cuartos de final, anfitriones del torneo y con un potente equipo, los nervios estaban a flor de piel. Podía pasar cualquier cosa. 

A punto de comenzar el encuentro, Gloria apareció con una fuente repleta de patatas fritas de bolsa. Las cervezas las había sacado yo. Cuando me aproximé para coger una patata, observé que tenían un añadido. Me llamó poderosamente la atención. Eran mejillones en escabeche. Esta combinación ya la había probado con anterioridad en casa de mi sobrina Isabel. Me encantó su originalidad. Y a mi amigo perruno Humphry, que por aquella época tenía meses, también. Pero estas que había preparado Gloria, aun tenían algo más: una ligera mayonesa a la que le había incorporado el escabeche de las latas de los mejillones. Me pareció una propuesta amable y deliciosa. Me hubiese comido otra fuente, pero no había más latas de mejillones. ¡Una lástima!

Como soy muy amigo de poner nombres a los platos, no dudé que a partir de ese día, este plato de patatas se llamaría "Las patatas de la Eurocopa de Fútbol 2024", y como subtítulo, en el día que España venció a Alemania con dos golazos de Olmo y Merino. 

¡Qué Eurocopa la de España! y ¡Qué patatas!






martes, 12 de septiembre de 2023

01183 Las Guarniciones

 DE SECUNDARIAS, NADA DE NADA


Arroz, verduras, hortalizas, ensaladas, patatas o salsas son algunos de los alimentos más representativos de las populares guarniciones o acompañamientos de los platos en una preparación culinaria que acompaña a la preparación principal en una comida.

Me encantan las guarniciones y mi experiencia me dice que, son capaces de convertir un plato aburrido en algo delicioso. Hay cocinados que no estarían completos sin su correspondiente guarnición, lo que hace que sea indispensable, no solo para reforzar el sabor del plato, sino para acometerlo con más entusiasmo. En ocasiones digo, que me como más a gusto la guarnición en su papel de secundario, que el alimento principal al que acompaña. Tanto es así, que se puede dar el caso de preparar una buena y contundente guarnición para acompañar una carne o un pescado, y servir de plato único. Es el concepto de la guarnición llevado al extremo, pero para mí, muy efectivo.

Sirva de ejemplo el que en esta ocasión viene a visitar este caleidoscopio vital. Es un plato ganador. Se trata de unas deliciosas costillas de cordero, acompañadas de unas patatas fritas, berenjenas fritas y unos pimientos de Padrón. Por separado, todos los alimentos que componen el plato me fascinan. Y si coinciden en una misma entrega, es ya para nota. Combinan a la perfección, aportando cada uno su particular y característico sabor. Un plato de diez, sin ruidos ni artificios, que me dice, que las guarniciones, de secundarias, nada de nada. 






lunes, 14 de noviembre de 2022

01065 Ante la Duda

DE TODO UN POCO


Decantarme por una opción, sea cual sea su naturaleza, nunca en mi vida ha sido mi fuerte. Es más, elegir y decidir siempre me ha costado en exceso. Mucha reflexión, meditación, comidas de cabeza, línea vertical con los pros y contras a su izquierda y derecha... Y al final, el corazón, no siempre acertado, es el que habitualmente ha decidido. No es una lamentación. A estas alturas, de nada sirven las lamentaciones. Digamos que es tan solo un apunte, un pasar de puntillas por la finísima línea de las sensaciones que el retrovisor de la vida acostumbra a mostrarnos y recordarnos.

He aquí un ejemplo; intrascendental, pero sirva como efectivo ejemplo, hasta dónde pueden llegar mis dudas. De la misma manera que me agotan y siembran de dudas las cartas de los restaurantes con muchas referencias y sugerencias, es para mí una gran tesitura cuando se me ofrece un par de huevos fritos y tengo que elegir uno de sus acompañamientos: jamón, chorizo, longaniza o panceta. ¡Qué horror! ¡Si me gusta todo! ¡Si todo me apetece! Cómo dejar a un lado el tradicional jamón pasado por la sartén o la grasosa untuosidad del chorizo. Cómo descartar el especial sabor de la longaniza o el crujir de la deliciosa panceta. No, no es posible. Seguro que alguien me comprende.

Llegado el caso, tal debe de ser mi cara de desconcierto, que sin yo decir nada, se me brinda la posibilidad de probar de todo un poco. ¡Y cómo lo agradezco! En primer lugar,  por lo monumental y deliciosa propuesta. Y por supuesto, por no obligarme a decidir. Ya me gustaría que todas las dudas se disiparan de forma tan amable y sin margen de error.






jueves, 11 de octubre de 2018

00831 Las Patatas Fritas Enlatadas

BONILLA A LA VISTA


Me encanta el "laterío" en general hasta el punto de convertirse en una debilidad. Cuando voy a un supermercado, una de mis secciones favoritas es precisamente la relacionada con los alimentos enlatados. Rara es la vez que no me encuentro con alguna grata y suculenta sorpresa. Y cuando, ingenuo de mí, pensaba que lo había visto todo en materia de enlatados..... aparecen las patatas fritas. Mi sorpresa fue mayúscula. Jamás me pasó por la cabeza que se pudieran vender patatas fritas enlatadas.

Mi "descubrimiento" no fue en un supermercado sino en un chiringuito de playa en Huelva, "El Portugués",  donde acostumbro a finalizar, con un café, mi paseo matinal en periodo vacacional. Tras pedir el consabido café americano,  mis ojos curiosearon el lugar para detenerse en unos coloristas parterres de variopintas plantas. Justo al lado, algo rompía el encanto. Se trataba de unas blancas latas. Algunas de ellas hacían ya las veces de improvisados maceteros y otras se encontraban apiladas a la espera de uso. Fue entonces cuando mis ojos se clavaron en las letras de los envases: "Patatas Fritas. Fritas con 100% aceite de oliva. Bonilla a la vista". Como digo, nunca había visto ni imaginado que las patatas fritas se pudieran servir desde una lata.


Conocida mi afición por las patatas fritas, tiempo me faltó para pedirle al camarero un plato de ellas, aunque fueran acompañadas de café. El simpático camarero me dijo que imposible, que no tenían y que lo de guardar las latas había sido un capricho del dueño del chiringuito.

A falta de patatas, me dispuse a conocer algo de ellas. Leí que "Bonilla a la vista suelta amarras y se lanza a la conquista de los océanos en el año 1932, en Ferrol, a las órdenes de Salvador Bonilla, padre del actual capitán, César Bonilla".... "En 1950, los momentos Bonilla a la vista eran aclamados por los coruñeses. La bicicleta primero, y la moto Bonilla a la vista de la marca Guzzi después, se convirtieron en navíos de tierra, repartiendo patatas fritas Bonilla a la vista envasadas en latas de 1 Kilo, retornables a las cafeterías de la ciudad"..... "En 1958, a Bonilla a la vista le era imposible crear de forma artesanal sus productos, por lo que el capitán en aquel momento, padre del actual, da orden de detener la producción de patatas fritas. Sin embargo, la idea no desapareció del todo, y 30 años después las patatas Bonilla a la vista regresaron....... gracias a la creación de la fábrica Bonilla a la vista en Arteixo". A partir de aquí, la historia de esta empresa familiar está jalonada de éxitos y proyectos que os invito a leer en su web bonillaalavista.com. Me parece interesante.

A la vuelta a casa supe que una empresa distribuidora las comercializaba en Huesca. Tiempo me faltó para hacerme con una lata de medio kilo. El resultado, unas patatas exquisitas gracias a su fino corte, crujiente textura y especial sabor. La lata garantiza su perfecta conservación durante varios meses. No le dimos tiempo a comprobarlo. Cayeron en un par de días.

Ah! Por cierto, la lata, como las de "El Portugués", está amagada en la terraza de casa a la espera de algún cometido.

lunes, 23 de abril de 2018

00668 Imaginar Caras de Felicidad

INUSITADA ALEGRÍA

Mi Iphone me transmite que de memoria va justito y que espabile, que le libere de imágenes, videos, y si es posible, que elimine alguna que otra conversación de was. Vamos, que en cualquier momento me dirá directamente que pasa de mí. Así que voy a ser obediente y dedicaré unos minutos a ello.

Empiezo por el was, y sí, es verdad, tiendo a eliminar pocas conversaciones. Esta, esta, esta otra, y un par de grupos bien activos. En cuanto a los vídeos, muchos de ellos ni los he visionado. Algunos son muy largos, "vídeos pereza", así los llamo. No dudo de su calidad, ni de su contenido,  ni de su puesta en escena, ni de su mensaje, pero no encuentro nunca esos tres, cuatro e incluso cinco minutos para prestarles atención. Lo siento, pero "sí deseo eliminar este vídeo".

Ya por último, las imágenes. Hace poco hice limpia y no sé cómo, vuelvo a tener 2.093. Las descargo al ordenador y desde aquí haré la selección. Mientras van pasando reconozco encuentros familiares, el fin de semana en Escalante, Cantabria, unos huevos fritos, chistes y memes, paseos por la Sierra de Guara, otros huevos fritos, playas, acontecimientos profesionales en Sariñena, viajes recientes de amigos, elaboraciones gastronómicas, más huevos fritos, nevada en Huesca y Los Monegros, plantas y flores, y sí, más huevos fritos con patatas y jamón.

Media docena de imágenes de huevos fritos enviadas por otros tantos remitentes. De algunos sé el motivo del envío, de otros, simplemente, las han enviado junto a un "buenos días, iniciamos bien el día" o "si te apetecen, todavía estás a tiempo". Miro las imágenes atentamente y estoy en condiciones de afirmar, que pocas hay en un plato que alegren más la vista y el espíritu que unos huevos fritos en compañía de algún predicamento y sus correspondientes patatas fritas. Y hasta puedo imaginar la cara de felicidad de los autores de las fotografías. Porque unos huevos fritos no se comen con desgana, se hace con alborozo e inusitada alegría, como si de una fiesta se tratara. No es cualquier cosa. Se trata de unos huevos fritos, de la humildad gastronómica hecha deleite y satisfacción.

sábado, 30 de septiembre de 2017

00538 El Chorizo con Patatas Fritas

SOBRAN LAS PALABRAS


Llega el otoño y con él, además de una transición de colores y de ánimo, aparecen también viejos conocidos y añorados de la humilde mesa. Hay un largo listado de estos que supongo irán apareciendo por aquí conforme se antoje el gusto y la apetencia diaria.

Mis invitados hoy son unos viejos conocidos. No necesitan excesiva presentación ni largo mantel. Se combinan bien, se atraen, se quieren y conjugan a la par bien en boca. Son autónomos. Podrían admitir otras compañías dada su particular generosidad. Pero así están bien. Hay ocasiones en las que necesitan estar solos. Hoy no querían más compañía. El uno desprende y la otra empapa y deja que el color engrase su estampa.

Poco más hay que decir. Para la humildad sobran las palabras. Dentro el olor y sabor alegran la nueva temporada. Afuera, el gris del cielo anuncia que algo cambia.

sábado, 7 de enero de 2017

00409 Las Patatas Fritas

HISTORIA DE UNA TOZUDA CASUALIDAD


No recuerdo ciudad en la que no me visualice disfrutando de unas patatas fritas o chips. No contemplo un verano sin dejar de tomar patatas fritas de mi listado de fabricantes preferentes, según sea el lugar en el que me encuentre. Podría hacer un mapa geográfico sólo con los nombres comerciales de patatas fritas envasadas o servidas envueltas en un cucurucho de papel.

Las patatas fritas siempre van de la mano de micro momentos de felicidad sin historia ni particularidad alguna, salvo su aceitoso crujir en un indeterminado paraje. Solas o en compañía de una cerveza;  patatas y espumosa bebida hacen un buen equipo a la hora de matar cualquier gusanillo que se pueda presentar. En el paseo urbano de una ciudad, mirando al mar sin mirar, crujiendo en una terraza sin pensar, sentado en el río cuidando de no resbalar, haciendo hora en  cualquier espera, sentado en una escalera o en un banco del parque viendo como juegan. En el cine no, que allí molestan. Por gustar, hasta mi bar de referencia de rutina fue así elegido gracias a las patatas que acompañan a la consumición.

Mientras esto escribo, mi espalda está rozando con dos bolsas de patatas con sabor a olivada. Estoy tentado en dar buena cuenta de ellas, este también puede ser un buen momento para hacerlas crujir. Pero no, hoy es mi primer día de realidad tras el desenfreno navideño. Mejor seguir escribiendo e interesarme por el origen de tan siempre caprichoso alimento.

Por lo que he podido leer, el origen de las patatas chips fue fruto de la tozudez y del herido amor propio de un cocinero y no aragonés, precisamente. Su inventor fue un tal George Crum, cocinero del "Moon Lake Lodge", un restaurante ubicado en un elegante centro turístico de Saratoga Sprints, Nueva York. En el verano de 1853, en el menú del citado restaurante figuraban las patatas fritas al estilo francés y que "Crum elaboraba de acuerdo con las normas francesas que preconizaban cortadas con cierto grosor y que tanto alabó en el siglo XVIII Thomas Jefferson cuando era el embajador de los Estados Unidos en Francia. Él fue quien popularizó la receta en América al ofrecerla a sus invitados en Monticello, y quien hizo de ella un acompañamiento popular e importante en las cenas".
En cierta ocasión, un cliente consideró que las patatas fritas de Crum eran demasiado gruesas para su gusto y las rechazó. Así, el cocinero preparó otra remesa de patatas pero cortándolas más finas. Tampoco fueron del agrado del exigente comensal. Crum, me imagino que harto y exasperado, decidió freír unas patatas finas y crujientes, imposibles de pinchar con un tenedor. El resultado no pudo ser más espectacular. El cliente se quedó sorprendido ante aquellas patatas tostadas, delgadas como el papel y hasta saladas. Otros comensales pidieron a Crum las mismas patatas, que a partir de entonces empezaron a figurar en el menú con el nombre de "Saratoga Chips". George Crum llegó a montar su propio restaurante con las patatas chips como especialidad de la casa.

En el año 1895, una vez jubilado ya Crum, William Tappendon decidió empaquetar y comercializar las patatas chips. El tubérculo, en aquel entonces, exigía la tediosa labor de ser pelado y cortado a mano.En el año 1920 llegaría el invento de la mandolina mecánica, lo que permitió que las patatas chips pasaran de ser una modesta especialidad a convertirse en un alimento tipo snack que alcanzó ventas astronómicas.