PARA LAS ESPERAS
Hubo un tiempo, no muy remoto, que cuando trabajaba me
esperaban en casa para comer. Ahora, en mi época jubilar, soy yo quien tiene
que esperar para sentarse a la mesa. Es una de esas leyes no escrita de la
vida. Hay días que los llevo mejor que otros. Habitualmente, para hacer más
leve la espera, me entretengo bajando a Humphrey a la calle, leyendo la prensa,
alimentando este blog o recogiendo; siempre hay algo que recoger y ordenar.
Pero no siempre sirven estos auxilios.
En ocasiones, más de las que a mí me gustaría, mi estómago,
a él le echo la culpa, aunque creo que es una excusa, parece que se muestra
inquieto y reclama reiteradamente mi atención. Es entonces, cuando se me invita
empezar a comer, aun conociendo mi respuesta: “No hasta que venga Jara”, digo.
Nos vemos poco durante el día, y este, el de la comida, se me antoja de esos
momentos vitales. Hablar de lo que sea, pero hablar. Conocer cómo es y cómo se
siente la vida desde otra perspectiva, con 40 años menos. Ser conocedor de lo
que pasa en la calle, esa rue que antes tan bien conocía y que ahora me parece
ajena. Esa vertiente asocial de la que me he vestido en los últimos años, me ha
alejado peligrosamente de la realidad.
Mientras estoy escribiendo, me ha venido a la cabeza el día,
único día, que llegué a probar el caviar. Fue gracias a mi hermano Antonio en
uno de sus entrañables cumpleaños en Bilbao. Probé una cucharadita, sin pan, a
palo seco. Me pareció algo increíble ese momento cuando las huevas explotaban en
mi boca al ser masticadas, dejando en ella un fondo y un sabor inusuales. No
sé, igual aquella cucharadita la tengo en mi memoria excesivamente valorada,
pero me pareció algo único e inimitable, y hasta la fecha, irrepetible.
Obviamente, los sucedáneos de caviar son una buena
alternativa económica a las inaccesibles, para el común de los mortales, huevas
de esturión. Las más habituales son las elaboradas a partir de huevas de mújol,
lumpo o arenque ahumado, siendo las más comunes las de lumpo. Se trata de pequeñas
huevas, teñidas con colorante, negro o rojo.
Estoy pensando que un par o tres de estas tostadas bien
valen una espera o las que hagan falta.
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Pan de nueces con mantequilla y sucedáneo de caviar |

