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domingo, 30 de junio de 2024

01383 Las Flores Que Se Comen

 VIRGUERÍAS


Costó que alguien rompiera el encanto y vistosidad de la obra alimenticia. Sobre la larga mesa había otros platos con los que entretenerse. Eran muchas las miradas que recogía la vistosa bandeja capitaneada por una flor de salchichón, pero nadie se atrevía a inaugurarla. Tentativas hubo, pero todas se tornaron en arrepentimiento. Finalmente, alguien, sin ser muy consciente de la escena, le arrancó un pétalo a la flor de salchichón. A la vista, apenas fue perceptible la ausencia de un pétalo. No así a  los ojos del resto de comensales reunidos, que fueron deshojando la sugerente flor, a la par que iban haciendo desaparecer el resto del suculento y delicioso ornamento hasta que se agotaron las existencias.

Me pregunté, si el tiempo de ingerir la fuente de ricas propuestas, hubiese sido el mismo que si se hubiera servido de distinta forma. Me contesté que no. No hubiese habido tanto miramiento. Habría sido más de sírvase usted mismo. 

A mí, particularmente, me encanta cuando las cosas salen a la mesa bien presentadas y con dedicación. Soy muy amigo de ver vídeos de cocina y he podido observar a gente haciendo auténticas virguerías con el chocolate, las frutas, el hojaldre o con los embutidos, como en este caso. Siempre se aprende algo, aunque luego cueste llevar a la práctica. Con todo, me resulta entretenido, aun recordándome lo torpe que soy, que ni siquiera sé hacer mínimamente bien esta flor que se come de rico salchichón. 



jueves, 6 de julio de 2023

01153 Había Que Intentarlo

 MEJORABLE


Este pasado invierno, animados en casa por otras experiencias de elaboración propia y con resultados más que óptimos, intentamos hacer lomo curado casero. El título que le he dado a esta entrada vaticina cómo acabó el invento.

El lomo curado o embuchado me encanta, nos encanta, así que decidimos hacerlo en casa. De un libro que tenemos que versa sobre adobos, embutidos y preparación de carnes, por resumir, cogimos una de las recetas que hacía referencia al lomo curado. Tomamos la más sencilla de todas. Aparentemente, no presentaba excesiva dificultad.

Compramos una cinta de lomo fresco, de cerca de dos kilos y seguimos al pie de la letra las instrucciones de cómo curarlo de forma casera. Conforme seguíamos los pasos de la receta, la cosa parecía que pintaba bien. La boca se me hacía agua. Llegó el momento de colgarlo a la espera de que se curara definitivamente. No había día que no tocara la pieza con objeto de conocer su estado de curación. No acostumbro a ser impaciente, pero en este caso, algo de impaciencia había. Por fin, llegó el día. Parecía que la rojiza y atractiva carne había cogido la justa consistencia y se podía comer ya.

Preparé la tabla de cocina, cogí un buen y afilado cuchillo, y comencé a cortar finas lochas de lomo. No quise probarlo en soledad ni adelantarme al resto de la familia. Dispuse las lonchas recién cortadas en una fuente, acompañadas de pan con tomate. Ya los cuatro en la mesa, cogí el primer trozo de lomo, me lo llevé a la boca, lo saboreé, miré al resto de la familia, nos miramos y comenzamos a dar nuestros respectivos pareceres. "No está mal", "Salado como una morra", "Habría hecho falta más pimentón", "Estuvo muchos días en sal", "Se puede comer".... fueron algunas de las breves frases que recuerdo. Todas tenían razón. No estaba mal, algo salado, más que algo salado conforme fueron pasando los días, le faltaba pimentón y puede que dejáramos el lomo en sal, algo más de lo indicado en la receta. En ese momento pensé que "había que intentarlo" y corregir en un futuro los errores. O lo que es lo mismo, malmetiendo se aprende.

De cualquier manera, tampoco debía estar tan mal, cuando apenas duró entre nosotros 15 días, desde que cortara la primera loncha. El próximo invierno, más y mejor. 

Ingredientes: Por cada kilo de lomo de cerdo; 1 kilo de sal gruesa, 100 gramos de azúcar y 4 cucharadas de pimentón de la Vera dulce. 

Elaboración: Mezclar la sal y el azúcar. Colocar la pieza de lomo dentro de un recipiente y cubrir por completo la pieza con la mezcla de sal y azúcar. Dejar en el frigorífico 24 horas. Pasado este tiempo, lavar bien el lomo debajo del grifo con agua fría y secarlo con papel de cocina. Untar la pieza de lomo con el pimentón y colgar en un lugar oscuro y seco. En dos o tres semanas se podrá comer. 





domingo, 25 de junio de 2023

01145 Los Embutidos Catalanes

UN RECUERDO MUY ESPECIAL


Sabía que me encantaban. Por eso, cuando íbamos con mi madre a su casa a pasar unos días, primero a San Feliu de Saserra, pequeña localidad próxima a Manresa, y después a la Seo de Urgell, o años más tarde con Gloria y las niñas, siempre tenía dispuestos “para mí” una buena selección de embutidos catalanes. O si venía a casa, rara era la vez que no se acordara de mí y trajera unas secallonas, fuet, butifarra… con la reiterada frase de “esto para Fernando”.

Eran años en los que mi apetito no tenía límites y una pieza de algunos de los mencionados embutidos podía finiquitarla en un abrir y cerrar de ojos. “Te pondrás malo”, me decían. A lo que yo respondía: “Es imposible que estas delicias puedan sentar mal”.

Si había una cena con la que disfrutaba lo que no está escrito, era cuando mi cuñada Montse, esposa de mi hermano Manolo, sacaba a la mesa un surtido de estos embutidos. Además de los ya mencionados, no podían faltar la llonganissa, el bull negre y también el blanc, y alguno más que no alcanzo a recordar. Y todo, acompañado con pa de pagès amb tumaca. Vamos, un auténtico festival y loa al colesterol.

Tanto a mi hermano, a Montse, como a mí, nos gustaba jugar a las cartas. Nos podíamos pasar horas y horas jugando a la canasta o al rabino. Tanto nos gustaba, que podíamos empalmar la sobremesa de comer con la hora de cenar, jugando sin parar. Llegada la hora de cenar, nadie tenía hambre. Pero Montse, que se las sabía todas, en un visto y no visto, aparecía de la cocina al salón, con una buena bandeja de embutidos y el consabido pan con tomate. Huelga decir que, aun “sin apetito”, la bandeja se quedaba temblando. ¡Qué días tan hermosos para recordar!

Mi cuñada, mi hermana Montse, a la que tanto quise, por ser como era, por tan gratos momentos que compartimos y por todo el bien que me hizo, falleció hace algo más de dos décadas. La tengo muy presente en diversos escenarios y situaciones de mi vida. Era una gran mujer.

Ha pasado ya mucho tiempo desde que nos dejara y sigo lamentando su ausencia. Fue una mujer que dejó huella en mí, y es por ello que “te traigo, Montse, hasta mi caleidoscopio vital. Como en otros aspectos, cuando veo una bandeja de embutidos de tu tierra, Cataluña, te me representas con tus grandes y hermosos ojos negros, tu sonrisa de niña traviesa, tu forma tan especial de vivir y sentir la vida, y con tu corazón que no te cabía en el pecho. Tu sabes que te quería. Y lo dejo escrito por si algún día mis recuerdos caen en el olvido.

Ahora, tu hijo Jordi, cuando nos juntamos la familia para Nochevieja, se presenta con un par de fuets de un metro cada uno, que dejamos colgados en la puerta de la cocina. Creo que ningún año, los embutidos en cuestión, han llegado a tomar las uvas con nosotros. Pero esto es otra historia”.

 




lunes, 8 de mayo de 2017

00476 De Vez en Cuando

MUNDANOS PLACERES


De vez en cuando aprieto las articulaciones de los nudillos de las manos para averiguar si todavía emiten sonidos y si el dolor se hace todavía soportable. De vez en cuando me imagino en otra piel y sentir su olor más cercano. Por imaginar, imagino que soy feliz y apuesto por saber a cuantos contagio.

De vez en cuando, muy de vez en cuando, hago como que no siento, que soy ajeno, que no sufro ni padezco. Hablo solo aunque esto suponga, por un desacuerdo, meses sin hablarme. De vez en cuando me hago el tonto para no quitar la razón al listo.

De vez en cuando digiero un suspiro para que no lo enfríe el aire. Entorno los ojos y los defiendo de una realidad que ciega. De vez en cuando mezo los sueños entre sábanas floridas, que descansen, que se hagan fuertes ante lo que se avecina.

De vez en cuando, muy, muy de vez en cuando, me regalo una dicha; un plato de embutidos, con  pan con tomate. Sin abusar, despacio, con deleite, saboreando, poco a poco, pacientemente, disfrutando de un venial pecado que purgaré con su ausencia en sucesivos meses.

¡Qué bien sientan los "de vez en cuando", si estos vienen de la mano de mundanos placeres!