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domingo, 3 de diciembre de 2023

01221 Los Hórreos

 JOYAS DE LA CULTURA GALLEGA


Cuando ahora veo un hórreo, no puedo dejar de dibujar, en mi cara y en mi mente, una sonrisa. ¡Qué manía les llegué a coger cuando era pequeño! Que se escribían con “H”, no tardé en pillarlo, tras llevarme algún que otro “reglazo” en la palma de mi mano. Eran los tiempos de “la letra, a sangre entra”. Para qué servían, también lo cogí rápidamente. Ahora, ubicarlos en la geografía española, era otro cantar. ¡Que follón me traía entre pazos, cortijos, barracas, caseríos y masías! No había forma de encasillarlos correctamente. Al final, lo conseguí a base de algún que otro escarmiento.

No obstante, no les debí de coger tanta manía, cuando siempre que voy a Galicia, me dedico, entre otras muchísimas cosas, a fotografiar hórreos. Tanto es así, que tengo una carpeta de imágenes con un buen número de estas peculiares e “inconfundibles” construcciones. Y es que, además de ser, en mi opinión, muy atractivos y singulares, son un elemento fundamental del paisaje rural gallego, que tanto me atrae.

Estas tradicionales construcciones de piedra o madera, elevadas sobre pilares, y cuya primera representación gráfica se remonta al siglo XIII y a las Cántigas de Santa María, son auténticas joyas de la cultura, el patrimonio y la arquitectura tradicional gallega. La mayoría de los hórreos gallegos eran utilizados antiguamente para almacenar cereales. Los tiempos han cambiado y en la actualidad, muchos de ellos han sido restaurados para usos turísticos o espacios museísticos.

Los hórreos, además de cumplir con su cometido de almacenaje, tienen, según los estudiosos en la materia, un contenido simbólico, que se localiza en los remates que adornan los techos. Cruces, remates cónicos, pirámides o pináculos, son los remates más comunes, situados uno en cada extremo de la techumbre del hórreo, además de círculos, campanarios, ánforas, cálices o representaciones de animales.

“Es probable que tanto la cruz como el cono cumplan una misión más que estética en el hórreo. Dado que los hórreos son anteriores a la instauración del cristianismo, se cree que el cono o pináculo, posiblemente cumpla una función de protección y advocación del granero hacia viejas creencias y así, sin saberlo, se ubica sobre la techumbre un símbolo fálico; reminiscencia del culto a la fecundidad de la tierra entre los primeros pobladores”.

Como ha pasado siempre con la Iglesia, cuando llegó, intentó cristianizar todos los símbolos paganos existentes, así pues, en los hórreos se situó en contraposición al pináculo, la cruz, para conseguir con ella una protección divina de la cosecha. Si se pregunta a la gente sobre este pináculo, cuentan que cumple función protectora contra el rayo, las meigas y el demonio.

 





martes, 10 de enero de 2023

01088 Los Cachelos

 MÁS QUE UNA HUMILDE PATATA


Revisando y clasificando fotografías, hacía tiempo que no abordada tan inacabable labor, le ha tocado el turno a un archivo de un viaje a Galicia, concretamente a Lugo. Sin prisas, he vuelto a recrearme plácidamente con los singulares y atractivos parajes y paisajes que regala esta hermosa provincia, además de rememorar su gustosa gastronomía. ¡Qué gratos momentos disfrutados y vividos!

Ordenado y archivado el viaje, he acabado por hacer un listado de cosas que me gustaron para poco a poco ir trasladándolas hasta este caleidoscopio vital. La duda estribaba en por dónde empezar. Finalmente, me he decantado por los cachelos. No sé cuántos de estos pequeños tubérculos llegué a comer en aquellos días, pero a tenor de las imágenes que guardo, fueron numerosos. Con pulpo, con lacón, en exquisitos caldos, con sardinas asadas, con raxo, e incluso en solitario con aceite y sal. Me parecieron deliciosos de cualquier manera. Ya los había probado con anterioridad, pero nada que ver como los saboreados en origen.

Mi ignorancia me llevó a pensar hasta aquel entonces que el cachelo era una variedad de la humilde patata, pero no, aprendí que se trata de una preparación que tiene que ver con el tipo de corte y su forma de cocinar. No obstante, y por lo que pude leer, cachelo no significa lo mismo en toda Galicia. Mientras que para las personas que viven en el interior, para que una patata pueda denominarse cachelo, ha de ser cocida en agua con sal, para los habitantes que viven en la costa, la patata tiene que ser cocida con piel.

Por lo que pude observar, no hay una única forma de cocinar los cachelos. Las que traigo hasta aquí son las más extendidas. La primera opción pasa por lavar las patatas y sin quitarles la piel, ponerlas en una cazuela con agua y sal. Dejar cocer durante unos veinte o veinticinco minutos y si al introducir un palillo entra y sale con facilidad, ya están cocidos. Una vez cocidos, apagar el fuego y retirar los cachelos. Escurrir el agua de la olla y volver a colocar los cachelos en su interior con la olla tapada con un paño durante un par de minutos para que acaben de secarse.

Otra opción es coger los cachelos y una vez lavados, introducir un cuchillo un par de centímetros en la carne y terminar el corte con un giro del cuchillo. El corte del tubérculo debe hacerse escachado, es decir, sin cortar totalmente con el cuchillo, sino dejando que la patata se parta parcialmente. A continuación, echar los cachelos en una cazuela con abundante agua con sal y llevar a ebullición por espacio de unos veinte minutos.

Dicho lo cual, tengo que confesar que desde aquel viaje no he vuelto a comer cachelos. Ha habido intentos, pero nada que ver con los saboreados en tierras lucenses. Han quedado en unas simples patatas cocidas. Y es que hay determinados alimentos, y este es uno de ellos, que hay que disfrutarlos en su origen.

 




lunes, 19 de diciembre de 2022

01082 La Queimada

 BÚHOS, LECHUZAS, SAPOS Y BRUJAS


Independientemente de que me guste el sabor de esta bebida, de su tradición en Galicia, de lo que representa y su conjuro a la hora de elaborarla, si hay algo que me encanta de ella, es su capacidad para congregar familia, amigos y vecinos, y por supuesto, su carácter festivo. Es de las bebidas que une, como el tradicional poncho navideño aragonés.

La queimada es una bebida alcohólica elaborada con aguardiente de orujo, granos de café, azúcar y cáscaras de limón y naranja. Aunque se bebe en cualquier periodo del año, es en San Juan, la noche mágica por excelencia, cuando esta bebida cobra real protagonismo.

Hasta 1972 se creía que la queimada era de origen celta, pero el catedrático de prehistoria de la Universidad de Santiago, Carlos Alonso del Real, en ese año hizo observar que se estaba en un error, ya que la destilación del aguardiente mediante un alambique fue bastante posterior. Alonso del Real fijó su origen en la Edad Media.

Todo el ritual de preparación “está dirigido a alejar a los malos espíritus y a las meigas que, según la tradición, acechan a los hombres y mujeres para intentar maldecirles ya sea por diversión, por venganza, por algo que han realizado anteriormente, o por cualquier otro motivo”

Habitualmente, la queimada, que aúna varios de los elementos más característicos de Galicia: agua, tierra, fuego y aire, se realiza por la noche, en una olla de metal o barro para evitar que se queme. Uno de los conjuros más populares fue escrito por el artista Mariano Marcos Abalo en 1967. Se recita en el momento que comienza a arder el orujo. Mientras tanto, se debe remover hasta que el azúcar se consuma y las llamas se apaguen, lo cual indica que el alcohol se ha evaporado prácticamente.

Ingredientes: 1 litro de aguardiente blanco, 150 gramos de azúcar blanco, granos de café y peladuras de limón y naranja.

Elaboración: En una cazuela de barro o cerámica se vierte el aguardiente y el azúcar. Tras lavar limones y naranjas, se añaden las peladuras y unos granos de café enteros. Coger un poco de orujo con un cucharón y un poco de azúcar, y prenderle fuego. Acercar el cucharón al líquido del recipiente hasta que prenda el alcohol. Remover hasta que las llamas adquieran un color azulado. Lo ideal es que arda durante unos 15 minutos, pero todo dependerá de la presencia de alcohol que se desee.

Conxuro de Mariano Marcos Abalo que se acostumbra a recitar mientras se remueve la queimada:

 


GALLEGO

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas;

demos, trasnos e diaños;

espíritos das neboadas veigas,

corvos, pintegas, e meigas;

rabo ergueito de gato negro

e todos os feitizos das menciñeiras.

 

Podres cañotas furadas,

fogar dos vermes e alimañas,

lume da Santa Compaña,

mal de ollo, negros meigallos;

cheiro dos mortos, tronos e raios;

fuciño do sátiro e pe do coello,

ladrar de raposo, rabiño de martuxa,

oubeo do can, pregón da morte...

 

Pecadora lingua da mala muller

casada cun home vello.

Averno de Satán e Belcebú,

lume de cadáveres ardentes,

lumes fatuos da noite de San Silvestre,

corpos mutilados dos indecentes,

e peidos dos infernales cus...

 

Bruar da mar embravecida,

agoiro de naufraxios.

Barriga machorra da muller ceibe,

miañar dos gatos que andan á xaneira,

guedella porca da cabra mal parida

e cornos retortos de castrón...

 

Con este cazo

levantarei as chamas deste lume

que asemella ao do inferno,

e as meigas ficarán purificadas

de tódalas maldades.

Algunhas fuxirán a cabalo das súas escobas,

para iren se asulagar

no mar de Fisterra.

 

Ouvide! Escoitade estos ruxidos...!

Son as bruxas que están a purificarse

nestas chamas espiritosas...

E cando este gorentoso brebaxe

baixe polas nosas gorxas,

tamén todos nós quedaremos

libres dos males da nosa alma

e de todo embruxamiento.

 

Forzas do ar, terra, mar e lume!

a vós fago esta chamada:

si é verdade que tendes máis poder

que a humana xente,

limpade de maldades a nosa terra

e facede que aquí e agora,

os espiritos dos amigos ausentes

compartan con nós esta queimada.

 

CASTELLANO

Búhos, lechuzas, sapos y brujas;

demonios, duendes y diablos,

Espíritus de las nublosas vegas,

cuervos, salamandras y hechiceras;

rabo erguido de gato negro

y rodos los hechizos de las curanderas.

 

Podridos troncos agujereados,

hogar de los gusanos y alimañas,

fuego de la Santa Compaña,

mal de ojo, negros maleficios;

hedor de los muertos, truenos y rayos;

hocico del sátiro y pata de conejo,

ladrar de zorro, rabito de garduña

aullido del perro, pregón de la muerte…

 

Pecadora lengua de mala mujer

casada con un hombre viejo.

Averno de Satán y Belcebú,

fuego de los cadáveres ardientes,

incendios fatuos en la noche de San Silvestre

cuerpos mutilados de los indecentes,

y pedos de los infernales culos…

 

Rugir del mar embravecido,

presagio de naufragios.

Barriga estéril de la mujer soltera,

maullar de los gatos en celo,

melena sucia de la cabra mal parida

y cuernos retorcidos de castrón…

 

Con este cazo

levantaré las llamas de este fuego

que se parece al del infierno,

y las brujas quedarán purificadas

de todas sus maldades.

Algunas huirán a caballo de sus escobas,

para irse a sumergir

en el mar de Finisterre.

 

¡Oíd! ¡Escuchad estos rugidos…!

Son las brujas que se están purificando

en estas llamas espiritosas…

Y cuando este delicioso brebaje,

baje por nuestras gargantas,

también todos nosotros quedaremos

libres de los males de nuestra alma

y de todo embrujamiento.

 

¡Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego!

a vosotros hago esta llamada:

si es verdad que tenéis más poder

que la humana gente,

limpiad de maldades a nuestra tierra

y haced que aquí y ahora,

los espíritus de los amigos ausentes,

compartan con nosotros esta queimada.



lunes, 30 de mayo de 2022

00991 El Cerdo Adobado

RAXO GALLEGO


La conservación de los alimentos, desde antiguo, ha sido una de las preocupaciones del hombre, sobre todo en época de carestía. Así, ahumados, salazones, escabechados y adobos han contribuido a lo largo de la historia de la humanidad a prolongar la vida de carnes, pescados y verduras.

Por lo que se refiere a los adobos, método de conservación que en esta ocasión me ocupa, y que tanto me encanta,  las especias utilizadas estaban ideadas, más que  para prolongar la vida de los alimentos, para disimular el estado del producto. De esta manera se conseguía alterar, no solo el sabor de los alimentos, sino que además ayudaban a modificar y mejorar tanto su aspecto como su olor.

En síntesis, el adobo consiste en la mezcla de diferentes ingredientes en la que se introducen alimentos crudos con el fin de darles aroma. Existen muchos tipos de adobos, según culturas y tradiciones, si bien los elementos básicos para su elaboración son el aceite, el vinagre o zumo de limón, el vino, las especias, las hierbas aromáticas u otros condimentos.

De vez en cuando, y sobre todo cuando mis hijas vivían en casa, me gusta adobar la carne, en especial la de cerdo y la de pollo. Se trata de adobos muy sencillos y atractivos para el paladar. Además,  es aconsejable salir de la rutina diaria. Hay que evitar caer cada día en el aplastante sota, caballo y rey.

Hay un sencillo adobo, del que ya he dado cuenta en este caleidoscopio vital, con la sola participación de aceite y Ras el hanut, una mezcla de especias y yerbas de origen marroquí, y cuya tradición viene a significar, creo recordar, "lo mejor de la tienda". Se dice que no hay dos iguales. A la carne que queramos adobar le añadimos un generoso chorro de aceite y a continuación le incorporamos el Ras el hanut. Removemos bien para impregnar la carne y la dejamos en el frigorífico tres o cuatro horas. Solo queda freír y listo. El día que conocí esta mezcla me pareció espectacular.

El cerdo adobado que en esta ocasión traigo hasta aquí, lo aprendí en un viaje a Galicia. Lo probé en un humilde restaurante al que acompañaban unas patatas fritas caseras. El conjunto me pareció una auténtica delicia, como todas las comidas y cenas que hice por aquellos días. Aquel lomo o raxo, lomo de cerdo en trozos, tenía un sabor especial y los trozos de carne desaparecían en la boca como pipas. Tanto me gustó, que me atreví a preguntar a la camarera cómo se preparaba el adobo que tan felizmente había comida. Mi interlocutora, lejos de darme la callada por respuesta, al cabo de un tiempo vino acompañada por el cocinero, artífice del sencillo y humilde plato. Saqué de la mochila mi libreta de viaje y comencé a apuntar. Transcribo tal y como anoté en la libreta.

- Cortar el lomo de cerdo en tacos. 
- Echar los tacos de lomo en un bol y aderezar.
- Para el adobo: ajo fileteado muy fino, orégano picado, perejil, una cucharadita de pimentón, dulce o picante, a gustos, aceite de oliva virgen extra, un vaso de vino blanco y sal.
- Incorporar el adobo a la carne y remover bien para que los tacos de lomo se impregnen de todos los ingredientes del adobo.
- Tapar y dejar en el frigorífico durante veinticuatro horas.
- Para freír: Calentar una sartén con un poco de aceite de oliva y echar la carne una vez escurrida del líquido sobrante que reservaremos.
- Freír a fuego alto hasta que comience a tostarse la carne y añadimos el líquido del adobo reservado. Dejar reducir a fuego lento.
- Reposar y servir.

Resulta un adobo muy interesante, aunque he de confesar que nunca ha sabido mejor como en aquella ocasión en la entrañable Galicia.









viernes, 29 de abril de 2022

00977 La Playa de las Catedrales

 PLAYA DE AS CATEDRAIS


Tenía ganas de conocer esta maravilla de la naturaleza de la costa gallega. En numerosas ocasiones había oído hablar e incluso leído y visto reportajes sobre la Playa de las Catedrales y siempre me decía lo mismo: "Habrá que visitarla y disfrutarla".

No fue hasta hace tres años que tuve la oportunidad de cumplir con mi propósito. Fue al regreso a casa de un familiar viaje a la siempre entrañable y admirada Galicia. Retornábamos con prisa, nos esperaban no buenas noticias, pero pasar por delante de este mágico lugar y no visitarlo me daba pena. Aunque solo fuese una escasa hora para despistar pesares. Improvisamos sobre la marcha, tanto es así que solicitamos, tentando a la suerte, la autorización gratuita para su visita a escasos kilómetros de tan encantado y atractivo destino.

Era el mes de abril, el último día de las vacaciones de Semana Santa. El día soleado y la temperatura magnífica. Todo a favor para que nos quedáramos con las ganas de visitar la playa por falta de autorización. Pero no, en esta ocasión "la suerte nos sonrió".

La visita fue rápida y tan solo pudimos disfrutar de la mitad de la playa. No habíamos tenido en cuenta el horario de mareas y en ese momento la marea subía. Así que los curiosos y fotografiados arcos de la Playa de las Catedrales no los pudimos observar de cerca. Con todo, lo que tuve la oportunidad de ver me encantó por todo lo que para mí era de novedoso y distinto. No sé si es que ese día iba con los ojos de niño pero todo me pareció curioso, fascinante y asombroso. Verdaderamente disfruté de mi corta estancia en este singular y cincelado paraje gallego, fruto de la potencia del mar y la paciencia del tiempo.

Reviso ahora los apuntes que anoté en la libreta de aquel viaje. "La Playa de las Catedrales, Playa de as Catedrais, está enclavada en la costa de la provincia de Lugo, también conocida como La Mariña lucense. Pertenece al municipio de Ribadeo, limítrofe al este con el Principado de Asturias y al oeste con el municipio de Barreiros". "Las rocas que la componen son principalmente pizarras y cuarcitas, que tuvieron su origen hace unos 500 millones de años en el hemisferio sur. Durante todo este tiempo han sufrido grandes transformaciones, soportando la acción de los movimientos tectónicos y las sucesivas fases de inundación y retirada del mar, así como la influencia de todos los agentes erosivos". "Este batir constante ha esculpido formas sorprendentes en los acantilados, creando largos pasadizos alfombrados de fina arena, cuevas profundas con bellos colores, que van cambiando en función de la orientación del sol, y grandes arcos con más de 30 metros de altura". "Con la marea baja la Playa de las Catedrales tiene una longitud de 1400 metros". "VOLVER A VISITAR EN MEJORES CIRCUNSTANCIAS".






















lunes, 14 de marzo de 2022

00949 Los Grelos

 LA GRAN VERDURA GALLEGA


No está en el top ten de las verduras que más me gustan. De hecho, tardé en acostumbrarme a su acidez y amargor, e incluso llegué a "marginarla" en el plato.

Mi querencia por los grelos, ingrediente imprescindible en los potes y caldos gallegos, llegado el invierno, se la debo a mi añorado hermano Antonio, q.e.p.d. Fue él quien, a través de sus caldos y de su afamado lacón con grelos, me hizo ver la bondad y excelencia de estos tallos verdes del nabo. Le costó, pero lo consiguió, como todo lo que se proponía.

En un no muy lejano viaje a la siempre admirada Galicia, entre asombro y asombro paisajístico, patrimonial, cultural y gastronómico, me topé con un pequeño huerto repleto de grelos. Nunca hasta entonces había visto la planta. Podrá parecer una tontería, este caleidoscopio vital está repleto de ellas, pero mi hizo ilusión. Me ilusionó porque me trajo a mi presente a mi hermano Toño y a sus enseñanzas. Fue entonces, y no antes, cuando me apresuré a saber algo sobre esta verdura tan sumamente desconocida para mí. Conocí que los grelos son los tallos verdes del nabo y que surgen antes de la floración primaveral. Conforme se aproxima la floración, el tallo comienza a "grelar", haciéndose más duro y fibroso, de consistencia leñosa, y más áspero y menos agradable al paladar.

Supe también que no hay que confundir con las nabizas, unas hojas tiernas que le salen a la planta durante la floración, que se consumen en el otoño y que, con apenas tallo, tienen un sabor más suave que el de los grelos. 

En cuanto a sus propiedades, fui sabedor que son ricos en agua y fibra, y que sin apenas contenido calórico, sacian, además de prevenir el estreñimiento y la hipercolesterolemia. También son ricos en vitamina A, así como en minerales tales como el cobre, manganeso, potasio, hierro y magnesio.

También fui informado de que el grelo está muy asociado en Galicia a la necesidad de abastecimiento ganadero ya que se trata de un producto de subsistencia y total aprovechamiento al permitir, con una misma planta, alimentar tanto al propietario como a sus animales.

Después de todo lo dicho, cómo no gustarme los grelos.





viernes, 20 de marzo de 2020

00908 La Iglesia de las Conchas

LA TOJA

Por más que mi memoria quiso traerme su recuerdo, no hubo manera. Aunque bien mirado, ese día todo fue nuevo para mí. La iglesia, el entorno, el paseo marítimo, los edificios, la isla entera. Calculo que habrían pasado unos cincuenta y cinco años cuando estuve con mis padres por última vez. Puede que incluso fuera el último viaje que hiciera con mi padre a Galicia antes de que falleciera. Siempre en agosto, en la semana de las fiestas de San Lorenzo, para visitar a mi hermana Gemma que por aquellos años vivía en Pontevedra.

Ahora volvía, después de largo tiempo, con mi familia y con el deseo de compartir con mis hijas los recuerdos de un niño que correteó por esas brisas y sus arenas. Pero por más que lo intenté, nada pude traer al presente de aquellos días de mi diminuta infancia. Ni recordaba la iglesia revestida de conchas que ahora tanto llamaba mi atención, ni las instalaciones, ni tan siquiera su olor a mar. En nuestra breve estancia apenas pude acceder a breves flashes de idas y venidas por la arena con los pies descalzos, a una alegría desmedida y a la felicidad de mis padres por verme feliz. Aún sigo empeñado en el intento de recuperar algún recuerdo, pero no hay forma. Cierro con fuerza los ojos y me parece adivinar a mi madre comprando un oloroso y oscuro jabón de manos y a mi padre aplacando el nerviosismo de un niño enfundado en un pantalón blanco y un niki de color beige que cuando se lo quitaba "daba garrampas". Poca cosa para unos años de tanta felicidad solapada por el tiempo.

La iglesia en cuestión, salvada mi perplejidad por el olvido, resultó curiosa a mis ojos. Toda ella se encuentra recubierta con conchas de vieiras y según la posición en la que se encuentre el sol, le confiere al edificio distintas tonalidades. La capilla se construyó en el siglo XIX con planta de cruz latina y nave única.  Estuvo dedicada a San Sebastián, pero tras una reforma, se colocó como imagen principal a la Virgen del Carmen. Aquí se da culto a San Caralampio, mártir del siglo III.

Existe una costumbre, que no una tradición, en la que los visitantes escriben en las conchas su nombre y la fecha para dejar constancia de su visita. Huelga decir que apenas quedan conchas a una altura razonable donde dejar firma y fecha. Huelga decir también, que aún encontrando vieira en blanco, ni se me pasó por la cabeza dejar grafía alguna. Me parece todo un atentado.

Estuve durante mucho tiempo mirando la iglesia, ermita, capilla desde diversos ángulos,  a cada cual más curioso y relajante. En la despedida de la isla de A Toxa mi última mirada fue para su fisonomía. Mi pensamiento le dijo, "a no ser que me lo impida la enfermedad del olvido, difícil será que no recuerde ya tu imagen nacarada entre brisas y aromas de dulce atardecer".














martes, 7 de enero de 2020

00898 La Tarta de Santiago

TORTA REAL

Clasificando las fotografías de mi último viaje a Galicia me he encontrado con un buen número de imágenes con la Tarta de Santiago como protagonista; la tarta más famosa de la Ruta Jacobea y de la cocina gallega. No es nada de extrañar que fuera tan fotografiada. Me encanta, me chifla, me parece un delicioso y dulce manjar, y aunque todas muy similares, cada una tenía algo especial que la hacía diferente al resto. Era una forma placentera de finalizar una comida o una cena, e incluso a la hora de iniciar la jornada con un buen desayuno. Al final, no sabría decir cuál de ellas me pareció más apetitosa. Todas, absolutamente todas, me parecieron sublimes.

Interesado por su origen, leí que la primera referencia al respecto data del año 1577. Por aquel entonces se le conocía como Torta Real y se servía fragmentada en dos porciones individuales. La primera receta que recibe el nombre de Tarta de Santiago se encuentra en el cuaderno de confitería de 1838 de Luis Bartolomé de Leybar, desde donde se comienza a extender en todos los libros de repostería gallega. Sería en el año 1924 cuando José Mora Soto, fundador de la compostelana Casa Mora, aplicó la silueta de la Cruz de Santiago sobre el bizcocho almendrado. Desde el 3 de marzo de 2006 es un producto de Denominación de Origen Protegida.

Animo desde este caleidoscopio vital a elaborar una Tarta de Santiago con esta sencilla receta.

Ingredientes: 250 gramos de almendra molida, variedad Marcona, 250 gramos de azúcar blanca, 5 huevos, la ralladura de medio limón, azúcar glas y una nuez de mantequilla.

Elaboración: Ponemos en un bol, la almendra, el azúcar y la ralladura de limón. Mezclamos bien. A continuación vamos incorporando los huevos uno a uno y seguimos mezclando hasta que esté toda la masa bien integrada. Untamos con mantequilla un molde de 26 centímetros de base y vertemos sobre él la masa que posteriormente introduciremos en el horno a 180 grados durante unos 50 minutos. Cuando la tarta esté tostada, la sacamos del horno y solo nos quedará colocar sobre ella una cruz de Santiago de papel y espolvorear azúcar glass por encima.




lunes, 2 de diciembre de 2019

00888 Los Castaños

HONESTIDAD

Me complace observar árboles. Todos, sin predilección alguna. Sus figuras y formas. Su silencio. A contraluz. Ver cómo juguetean con el sol. Su plasticidad. Y llegado el caso, si se dejan, hasta pintarlos en soledad en un óleo.

Me gustan lo que representan, su aguerrida supervivencia, su belleza, sus frutos, colores y presencia. Jóvenes y viejos, altos y bajos, sanos y fuertes, y los heridos, me estremecen. Me gusta verlos crecer, mudar y rebrotar de nuevo a la vida esperanzada.

Mi atención e interés se fija hoy en el castaño, una especie arbórea que en el druidismo está considerada como uno de los veintiún árboles mágicos y representa la honestidad, el aprendizaje y el conocimiento oculto. Para los celtas la naturaleza era un ser sagrado, mágico, y los árboles representaban la unión del mundo terrenal con el espacio sagrado, como una unión con sus divinidades y dioses.

El castaño llegó a ser la despensa de las hambrunas de las clases más desfavorecidas. Así, su fruto, las castañas, constituyeron la base de la alimentación en Europa. Se consumían asadas, secas o en forma de harina hasta que la patata y el maíz, a partir del siglo XVI,  pasaron a ser dos de los alimentos básicos.

En España, si bien el castaño ya existía antes de la llegada de los romanos, fueron estos, muy aficionados a su fruto, los que hicieron una masiva plantación de este árbol.

El castaño es un árbol de gran longevidad, crecimiento rápido y puede alcanzar hasta los 30 metros de altura. Su tronco es grueso y corpulento, y su corteza, con los años, adquiere un característico estriado oblicuo que nos da la sensación como si el tronco estuviera retorcido.

La madera del castaño es de gran calidad, dura y resistente. En las comarcas del norte peninsular era la preferida para la construcción de viviendas, cabañas, hórreos y muebles. Sin embargo es muy pobre como combustible.









sábado, 30 de noviembre de 2019

00887 Los Garbanzos con Callos

EL REGRESO DE LA CUCHARA


El cajón de los cubiertos andan desde ayer un tanto revolucionados. Notan algo que huele a cambio. Y están en lo cierto. He decidido inaugurar la temporada de platos de cuchara que tanto me gustan. Los echaba en falta.

No sabía muy bien cómo dar el pistoletazo de salida. ¿Un cocido? ¿Una sopa? ¿Con legumbres? Al abrir uno de los armarios de la cocina, rápidamente se disipó mi duda al topar mis ojos con un pequeño saco de garbanzos de Lierta. Pero, ¿cómo cocinarlos? ¿Comienzo de forma suave o apuesto por algo más contundente?

Mientras sostenía el saquete de legumbres entre mis manos, recordé que de un reciente viaje a la deliciosa Galicia me traje una receta de "Garbanzos con callos". Los que acostumbro a cocinar son más de andar por casa, buenos, pero sin más. Estos son de otra liga. Así pues, busqué la receta y seguí sus indicaciones.

Ingredientes: 500 gramos de garbanzos, 500 gramos de callos de ternera, 500 gramos de pata de ternera, 2 chorizos picantes tiernos, 150 gramos de panceta,  1 cebolla, 4 dientes de ajo, una guindilla,  aceite de oliva virgen, pimentón dulce y sal.

Elaboración: El día anterior ponemos en un recipiente los garbanzos a remojo con sal. En otro recipiente, los callos con unas gotas de limón, y en otro, la pata de ternera troceada. Los dos últimos los reservaremos en el frigorífico.

Al día siguiente, introducimos los callos y los trozos de pata en una olla. Cubrimos de agua y cocemos por espacio de cuarenta minutos. A continuación, añadimos la panceta cortada a dados, los chorizos enteros, el aceite, el pimentón, la cebolla, los ajos, la guindilla y sal. Por último, y cuando el agua esté hirviendo, añadiremos los garbanzos una vez escurridos. Cocemos todo durante dos horas y media o hasta que comprobemos que legumbres y carnes estén bien cocidas. Se recomienda preparar el guiso un día antes de ser consumido para que se asiente la salsa y se mezclen bien los sabores.

Con estos deliciosos "Garbanzos con callos" queda inaugurada una nueva temporada de cuchara. ¡Bienvenida sea!