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jueves, 15 de mayo de 2025

01665 El Arroz Negro con Sepia y Berberechos

 PARA VARIAR (IRONÍA)


No sé si pasará en muchos hogares, pero en casa, en materia gastronómica, cuando cogemos un carril es que no hay manera de apearnos. Un ejemplo, el arroz negro en cualquiera de sus modalidades. El motivo, se desconoce.

Hasta hace no mucho tiempo, no había sábado o domingo que no nos sentáramos a la mesa en torno a un arroz con mejillones. Resulta fácil de preparar, además de sabroso y rápido de cocinar. Así estuvimos varios meses, hasta que de repente, y sin saber el motivo, el amarillo condimento se tornó en negra tinta de calamar. Igual es que nos hemos contagiado del panorama social y político que nos ha tocado vivir. Yo qué sé. El caso es que raro es el fin de semana que no nos acompaña un arroz negro con algo. Es fin de semana, y para variar, se nos anuncia un arroz negro. En esta ocasión, había en el supermercado unos magníficos ejemplares de berberechos y además, estaban a buen precio. La ocasión la pintaban calva. No había mucho que pensar: para comer, arroz negro con sepia, que es lo que estaba previsto, con berberechos. A mí ya me estaba bien, aun siendo novedad. Los berberechos han sido un plus bien interesante, pues le han aportado al arroz un delicioso sabor a mar, como a mí me gusta. Lo he disfrutado y hasta he repetido, cosa inhabitual en mí en los últimos tiempos.

Ingredientes para 4 personas: 1 taza de arroz por persona y una más de propina, 1 kilo de berberechos, 500 gramos de sepia, 2 bolsitas de tinta de calamar, 1 pimiento verde, 2 dientes de ajo, pimentón, caldo de pescado y sal.

Elaboración: Hacer un sofrito con los ajos y el pimiento bien troceado. A continuación, añadir la sepia troceada y cocina durante unos cinco minutos. En una cazuela, abrir los berberechos al vapor y reservar. Incorporar el arroz al sofrito con la sepia y remover durante un par de minutos. Incorporar el caldo de pescado, así como el de los berberechos, los sobres de tinta, el pimentón y la sal. Dejar cocinar hasta que el arroz esté al punto. Dejar reposar durante de cinco a diez minutos. Servir en los platos y coronar con los berberechos. Acompañar con un alioli.












jueves, 15 de agosto de 2024

01459 La Ensalada de Garbanzos

 QUE NO FALTE EN VERANO


También las legumbres son para el verano. Desprovistas de sus acompañamientos tradicionales de la época invernal, durante el estío, y para quienes somos forofos de ellas, una magnífica opción es tomarlas en formato ensalada.

Esta mañana me he levantado con ganas de comer garbanzos. Así, que nada más acabar de desayunarme mi acostumbrado café americano, el primero de los seis o siete que me acompañan durante el día, me he puesto manos a la obra. Aunque se elabora en un santiamén, es conveniente, para que esté lo más fresca posible, que descanse en el frigorífico unas tres horas y poder así salir a la mesa en óptimas condiciones.

Como todas las ensaladas, y las de legumbres no son una excepción, admiten mucha variedad de ingredientes y sabores. Todo depende del gusto de cada cual. La ensalada de garbanzos que propongo contiene muy pocos ingredientes, pero no por ello está exenta de sabor. Además, una de sus ventajas con respecto a otras ensaladas, es que, si sobra, se puede guardar en el frigorífico y consumirla al día siguiente sin temor a que se estropee o a que algunos de sus ingredientes presente un feo aspecto.

Ingredientes para 4 personas: 2 botes de garbanzos cocidos, 1 cebolla dulce, 2 huevos cocidos, 6 pepinillos agridulces, 6 pimientos del piquillo asados, pimienta, aceite, vinagre y sal.

Elaboración: Comenzar por preparar la vinagreta para el aliño. En un bol con tape, incorporar una parte de vinagre, por tres de aceite, en la cantidad que se desee. Agitar y añadir la sal y la pimienta. Tapar el bol y volver a agitar. Cortar a dados pequeños los huevos cocidos e incorporar a la vinagreta. Remover. Picar la cebolla e incorporar también a la vinagreta. Remover. Cortar los pepinillos en porciones pequeñas y añadir a la vinagreta. Remover. Y, por último, cortar a tiras los pimientos del piquillo y sumar a la vinagreta. Remover y reservar. Lavar bien los garbanzos y depositarlos en una ensaladera. Añadir a los garbanzos la vinagreta y remover bien. Introducir en el frigorífico, al menos durante tres horas, y servir.

 




martes, 9 de julio de 2024

01394 Los Tagliatelle

 CON PESTO


Salvo alguna rara excepción, y esta que traigo en esta ocasión es una de ellas, todas las recetas o alimentos aquí recogidos en este caleidoscopio vital, tienen alguna pequeña historia detrás. No tengo ni la más remota idea de cuándo aparecieron en mi vida las tagliatelle, uno de los más 300 tipos de pasta italiana que se conocen. Solo sé que me gustan, que me resultan muy agradables al comer y, sobre todo, si están preparados con pesto.

Esta pasta, por lo que he podido leer, tiene su origen en la región de Emilia-Romaña. Pertenece a la familia de las pastas largas, es plana, mide entre 8 milímetros y 1 centímetro de ancho, y en España son más conocidas popularmente como tallarines o cintas. Dependiendo de su anchura y otros aspectos, reciben distintos nombres como el fetuccine, más finos, por ejemplo, que el pappardalle, que llama la atención por su tamaño.

Como toda la pasta, los tagliatelle me encantan de cualquier manera. Si son frescos, bastará con un buen chorro de aceite y abundante queso, o con una buena picada de ajo y aceite. Para una prisa son muy socorridos. Pero en esta ocasión, voy a traer una receta que de cuantas he probado, me parece de sobresaliente. Se trata, como digo, de unos tagliatelle con pesto.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de tagliatelle, 250 gramos de salchichas frescas sin piel, 5 cucharadas soperas de salsa de tomate frito, orégano seco y pimienta negra molida. Para la elaboración del pesto: 6 pimientos del piquillo, 6 tomates deshidratados, 80 gramos de queso de queso ricotta, 2 dientes de ajo, 1 guindilla, aceite de oliva virgen extra, 50 gramos de queso pecorino, sal y pimienta.

Elaboración: Preparar la salsa de pesto. Para ello, trituramos todos los ingredientes que componen la salsa, ayudados de un brazo de cocina, hasta conseguir una crema. Reservar. Freír en una sartén las salchichas sin piel y desmenuzadas con un poco de aceite y cuando comiencen a dorarse la carne, añadir el pesto junto con las 5 cucharadas soperas de salsa de tomate frito. Poner la pasta a cocer y cuando esté al punto, siguiendo las instrucciones del fabricante, incorporarla a la salsa. Remover, intentando que la pasta no se trocee. Espolvorear por encima orégano seco y pimienta molida.

Aunque la receta original no lleva queso rallado para coronar el plato, se puede añadir, si es la costumbre del comensal. Aunque los italianos dicen que es un “pecado”, en casa acostumbramos a incorporar el queso rallado. Perdón. 




lunes, 8 de abril de 2024

01317 Los Huevos Fritos con Salchichas y Pimientos

 UNA GOZADA


Acabo de comprobar que esta es la entrada número 21, que dedico a los huevos en este caleidoscopio vital. Todavía insuficientes para las alegrías que acostumbra a depararme.

En algún lugar escribí, que habitualmente no consumía huevos fritos en casa y que siempre dejaba tan delicioso manjar para cuando salía a almorzar fuera; para las oscenses fiestas de San Lorenzo o en mis añoradas visitas al hermoso Pirineo. El caso, es que me acabo también de dar cuenta, que en el último año, tomo huevos fritos con lo que sea, un par de veces a la semana. Desconozco el motivo, pero tampoco voy a indagar. Yo, encantado de la vida.

En esta ocasión, se dan cita en el plato, amén de los consabidos huevos fritos, unas salchichas de cerdo, de carnicería reconocida, también fritas, y de unos pimientos verdes, como no, fritos. El conjunto no puede ser más atractivo, colorista, sugerente y delicioso. Me resulta una combinación, además de deliciosa, muy gratificante, y capaz de convertir un aparente día de la Marmota, en algo especial. O por lo menos, así recibo yo este plato tan perfectamente combinado. No hay más historia, ni recuerdo alguno. Solo, la gozada de comerlo.




martes, 30 de enero de 2024

01255 La Paella de Alcachofas y Pollo

 FANTÁSTICA COMBINACIÓN


Ya he comentado en alguna ocasión, que las paellas no son mi fuerte. Alguna he cocinado, pero pocas y en casos extremos. De hecho, ni me acuerdo cuál fue la última. No es que no me guste meterme entre arroces, sino que siempre he tenido a alguien a mi lado que las borda. Otra cosa es sentarme delante de ella. Nunca diré que no. Siempre me resulta apetitosa y no importa cuál sea su contenido. Me da lo mismo aquello que acompañe al arroz. Todo me está bien y las disfruto de igual manera. Eso sí, si me dan a elegir, prefiero que en mi plato no haya muchos “tropezones” y que domine el arroz con un buen sabor.

La última paella inolvidable la disfruté en casa de mi hermana Gemma. Fue una paella de alcachofas con pollo. Huelga decir que estaba más que deliciosa y plena de sabor. Los “tropezones” en su justa medida, al igual que el arroz en su punto de cocción. Hacía años que no probaba esta combinación. Tanto me gustó que no dudé en fotografiar el manjar para traerlo hasta aquí. Recetas al respecto hay un buen abanico. Comparto aquí la ejecutada por Gemma.

Ingredientes: 4 muslos y contramuslos de pollo troceados, 6 alcachofas, 1 pimiento verde, 2 tomates, ½ cebolla, 2 dientes de ajo, una cucharada de azafrán, un tazón y medio de arroz, 3 vasos de agua, colorante alimentario, sal y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: En una paella con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, freír, una vez sazonados, los trozos de pollo hasta que se doren. Reservar. Freír en el mismo aceite los corazones de alcachofa. Reservar. Hacer un sofrito con el pimiento, la media cebolla, los dientes de ajo y los tomates, todo cortado en brunoise. Sazonar y una vez obtenido el sofrito, incorporar el pollo troceado, las alcachofas, el azafrán y el colorante alimentario. Mezclar e incorporar el agua o caldo de pollo. Añadir el arroz y cocinar durante unos veinte minutos. Servir. 






lunes, 18 de diciembre de 2023

01232 Los Huevos de Bienvenida

 ALEGRÍA, SONRISAS, ABRAZOS Y REENCUENTRO


No podría denominar este plato de mejor manera: "los huevos de bienvenida". En esta ocasión, no traigo receta alguna, porque entre otras cosas, este manjar no lo he visto cocinar nunca. Siempre que los he comido, saboreado, relamido y disfrutado, estaba ya en la mesa para recibirnos tras el viaje. Sí que recuerdo haber pedido la receta, pero luego pasa lo que pasa, que no sé dónde puñetas la he metido. Tenía la idea de que la había anotado en las notas del móvil, pero no está. Así, que la receta la compartiré cuando la vuelva a tener y siempre y cuando no la vuelva a perder.

Digo que son "los huevos de la bienvenida", porque así nos recibe Casilda, cuñada de mi cuñada Ana, siempre que hemos visitado la riojana localidad de San Vicente de la Sonsierra. Por cierto, que este precioso enclave, no tardaré mucho en traerlo hasta este caleidoscopio vital.

Estos "huevos de bienvenida", la primera vez que los caté me impresionaron. Y a partir de aquí, siempre los espero con ilusión, porque para mí se ha convertido en un plato de acogida, cariño, buena conversación y encuentro familiar de auténtico disfrute. En síntesis, y aunque, como digo, desconozco la auténtica receta, se trata de unos huevos escalfados sobre un sofrito de tomate y pimientos asados rojos. 

Son huevos de alegría, sonrisas y abrazos en el reencuentro, con olor a hogar y a cocina agradecida. Los veo ahora de nuevo, después de algún tiempo, y el ánimo se eleva en el recuerdo. Lo contrario sería injusto y desagradecido. Y es que la vida, llegado un momento, ya solo se escribe a través de los sentidos, y estos "huevos de bienvenida", narran mucho más de lo que aparentan. 













sábado, 13 de mayo de 2023

01115 Las Salchichas con Salsa de Tomate Casero y Noodles

PLATO ÚNICO


Últimamente me estoy aficionando a los platos únicos. Desconozco el motivo, aunque posiblemente no lo haya. Me imagino que será una racha, como cuando me da por una fijación cualquiera. Ya pasará.

Esta situación coincide con mi enésimo desencuentro con el pan de mis amores y también de mis temores. Así, que la cosa se complica. Pero que no cunda el pánico, que en la cocina hay solución para todo.

                                                                                    El caso es que me apetecía para comer unas deliciosas salchichas de cerdo especiadas, bañadas en una de mis salsas favoritas; la de tomate casera, y que quedó ya registrada en este caleidoscopio vital, en la entrada 00919. Pero tratándose de salsa y de buena salsa, sin pan, mala cosa es. Por un momento, he estado tentado de hacer una excepción, pero no, he preferido buscar una alternativa. La primera opción ha sido un simple arroz blanco hervido; absorbe bien y con las salchichas se lleva divinamente. Cuando he ido a buscar a la despensa el paquete de arroz, mis ojos se han topado con unos sobres de noodles, finos fideos chinos, también de arroz. Y he vuelto a pensar. ¿Y por qué no?

Así, que me he puesto manos a la obra. He frito las siempre riquísimas y tentadoras salchichas de carne de cerdo, para a continuación elaborar la salsa de tomate. Aquí copio y pego lo que en su día escribí: "Su elaboración es muy sencilla. En una sartén se pone a calentar aceite de oliva virgen. Cuando esté caliente, incorporamos el tomate cortado a trozos. Una vez veamos que el tomate comienza a desprenderse del agua y empieza a hervir, incorporamos la cebolla, el pimiento, el ajo, la sal y la pizca de azúcar. Dejamos cocer todo hasta que todos los ingredientes los veamos ya cocinados. Solo restará triturar la salsa ayudados de un brazo de cocina y pasarla por un chino para que nos quede limpia de "tropezones".

La salsa podemos envasarla y conservarla en el frigorífico. Aguanta bien varios días. Bueno, la verdad es que no sé muy bien cuántos, pues en cuanto dejo el bote en el frigorífico, apenas le da tiempo a acomodarse en él".

Una vez obtenida la salsa, la he incorporado a una sartén grande y añadido las salchichas para cocinarlas a fuego alto durante unos cinco minutos. Mientras tanto, he puesto en agua hirviendo los noodles durante otros cinco minutos, los he escurrido bien y los he ido depositando en los platos ya servidos de salchichas con tomate.

Tengo que confesar que tenía alguna duda al principio, pero finalmente los noodles me han convencido, cumpliendo su función de impregnarse con la salsa de tomate y dejar el plato limpio. No aportan sabor, pero me han ahorrado, por lo menos, media barra de pan. Lo cual es de agradecer. ¡Por Dios!













domingo, 11 de diciembre de 2022

01077 Los Huevos Fritos con Gulas y Langostinos

UN PLATO DE CAPRICHO


Traigo hasta este caleidoscopio vital un plato que lo probé recientemente en un restaurante santanderino y que me pareció todo un acierto. De fácil elaboración y pleno de sabor, se acomoda a cualquier horario y posición en el menú. Apetece tanto en un almuerzo, como plato único, de principal o de segundo.

Hay platos que entran por la vista, y este, por lo menos para mí, es un ejemplo. En aquella ocasión que lo probé por primera vez, tenía pensado otro plato que aparecía en la carta, pero antes de que fuera atendido, vi pasar camino a una mesa vecina los susodichos huevos fritos con gulas y langostinos. No me lo pensé dos veces y cambié de opinión sobre lo que tenía pensado comer. ¡Y qué bueno que estuvo el requiebro!

Esta delicia de sabores y combinación de texturas no tiene mucha complicación. A saber.

Ingredientes para una persona: 2 huevos, 6 langostinos, 150 gramos de gulas, 2 patatas medianas, 2 dientes de ajo, 2 cayenas, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: Pelar y cortar las patatas para a continuación, freírlas en abundante aceite de oliva a fuego medio, con el fin de que se doren y queden blandas por dentro. Reservar. En una sartén con un poco de aceite, dorar dos dientes de ajo cortados a láminas e incorporar los langostinos pelados y dos cayenas. Cocinar un par de minutos. Añadir las gulas y cocinar cinco minutos más. Reservar. Freír dos huevos sin que se haga en exceso la yema. Solo restará montar el plato. Cama de patatas fritas y sobre estas, las gulas y los langostinos. Coronar el plato con el par de huevos fritos.

Resultado, un plato bien caprichoso.





viernes, 12 de agosto de 2022

01026 ¡Como un Señor!

PURO PLACER DE APROVECHAMIENTO


Ya he comentado en alguna que otra ocasión que no acostumbro a almorzar, que soy de los que se arregla la mañana con dos o tres cafés americanos. Esto no quita para que de vez en cuando, solo de vez en cuando, o en fechas muy señaladas, cambie el guión de mi rutina y me de una alegría al estómago.

Cuando esto sucede acudo a los consabidos y siempre loados par de huevos fritos, con patatas fritas, longaniza, chorizo, bacon o jamón pasado por la sartén. Pero en esta ocasión, también he alterado un tanto la tradición, movido por los excedentes que se iban amontonando en el frigorífico. 

Son fiestas, las de San Lorenzo en Huesca. Recibes en casa a amigos y familiares. Comidas multitudinarias y cenas de supervivencia. Casi nunca se acierta con las cantidades a comprar ni a cocinar. Uno que no tiene apetito, otra que se ha medio roto ya en el aperitivo, otro que no sé que me pasa, y todos nos miramos con una ligera sonrisa. ¿Quién quiere más? Silencio en la mesa. ¡Qué voy a contar que no se sepa!

El caso es que por unas cosas u otras, el frigorífico ha empezado a decir también, "no me cabe más". Y como quiera que mi estómago se ha despertado un tanto juguetón, he decidido acompañarle. La cuestión no estaba muy clara. Un huevo frito fijo, pero ¿con qué? Así que he empezado a abrir envases con  restos de comida que se apilan en el frigorífico y tras hacerme una idea de la situación, me he decantado por un par de salchichas de carne y pisto. Han pasado ya algunas horas y todavía me estoy relamiendo.

Cuando he acabado de almorzar, sólo he podido decir ¡Como un señor! 


martes, 26 de abril de 2022

00975 Huevos Rotos con Boletus

 SUGERENTE DELICIA


Vuelve este caleidoscopio vital a romper o estrellar huevos fritos. En esta ocasión, en lugar de estrellarlos con unas patatas fritas, la más elemental y originaria forma de romper unos huevos, lo va a hacer con la ayuda de unos boletus edulis. No es mala cosa. Máxima sencillez en su elaboración para un resultado delicadamente especial.

Solo se necesitan unos boletus edulis, unos buenos huevos de corral, sal y un buen aceite de oliva. Para su elaboración comenzaremos por limpiar bien el hongo, siempre con una servilleta de papel, nada de agua. A continuación, cortamos los boletus a cuadraditos o en láminas un poco gruesas. El siguiente paso consiste en añadir los hongos a la sartén con un poco de sal y los salteamos durante unos cinco minutos. Retiramos y en la misma sartén freímos los huevos. Es importante que a la hora de freír los huevos, la yema no cuaje demasiado con el fin de que cuando los rompamos esta impregne bien los boletus. Solo restará colocar los boletus en un plato y los huevos fritos encima. Romper los huevos, servir o picar del mismo plato. Fundamental, acompañar esta elaboración con un buen vino y un buen pan. Se trata de una propuesta gastronómica sencilla, sabrosa, deliciosa y ligera.

Los huevos rotos con boletus que ilustran esta entrada pertenecen a los disfrutados recientemente en el Café del Sol La Botería de Huesca, ubicado en la Plaza de San Lorenzo, frente a la Real Basílica de San Lorenzo. Muy bien presentados con una ligera majada de perejil. Productos bien tratados, con la yema de los huevos en su punto. Muy buen servicio. El precio de este plato de huevos rotos, con boletus es de 13,00 euros. Muy recomendable.







sábado, 16 de mayo de 2020

00914 Los Huevos Rotos

CON CALAMARES REBOZADOS


La gastronomía no deja de sorprenderme. Y eso es del todo bien interesante porque hace que mis sentidos estén despiertos y entrenados. Siempre, siempre hay algo que aprender y cuando menos los esperas.

En esta ocasión fue en Madrid, en el Restaurante El Gran Barril, donde fui citado a una reunión familiar, el lugar en el que me deleité con una nueva sorpresa: "Rabas fritas de potera con huevos rotos y escamas de sal". Me pareció un plato sencillo y  sumamente delicioso. La comanda consistió en un picoteo al centro y un segundo a elegir. Hasta tal punto me llamaron la atención estas rabas que fueron servidas en el  picoteo, que llegaron a eclipsar el resto de especialidades. Tanto es así que me cuesta recordar que es lo que llegamos a comer. Sí que recuerdo, en cambio, unos  "Callos con mucho morro", que pedí de plato principal, especialidad de la casa,  y que estaban de auténtico vicio.


El caso es que tan grabado quedó en mí la unión de rabas y huevos, que no hace mucho nos aventuramos a elaborar este plato en casa. Utilizamos calamar fresco que, una vez limpio, lo troceamos en aros y los fuimos rebozando en harina de garbanzo para introducirlos para su fritura en aceite bien caliente. Una vez fritos todas las anillas de calamar, espolvoreamos sobre ellas unas escamas de sal Maldon y completamos el plato con unos huevos fritos que rompimos sobre el calamar.

Lejos de querer competir con El Gran Barril, líbreme Dios, el resultado fue de lujo. Ni las miguitas del rebozado quedaron sobre el plato. Mucho me gustan los huevos rotos con patatas y sus añadidos, pero esta combinación me parece sensacional y digna de tener en cuenta en cualquier momento.









domingo, 29 de marzo de 2020

00910 La Tortilla de Pisos

CON PIPARRAS

Hubo un tiempo en el que se convirtió en una de mis especialidades gastronómicas. No había reunión de amigos en la que no estuviera presente mi tortilla de pisos y que en alguna ocasión llegó alcanzar ocho plantas. La sacaba a la mesa atendiendo a dos modalidades: recubierta de mayonesa o de bechamel gratinada con queso, más conocida como "la bomba". Eran otros tiempos, otra edad y otra predisposición más primitiva a la hora de sentarnos a la mesa. Se podía con todo.

De esto han pasado ya muuuuuchos años, pero mi querencia hacia la tortilla de pisos sigue vigente como por aquel entonces, solo que ahora la altura de los pisos como mucho llega a los cuatro y he eliminado el acompañamiento de mayonesas y bechameles. Desnudas, tal cual.

Ya he trasladado hasta este caleidoscopio vital mi gusto por las tortillas y el deleite que me produce, ya no solo degustarlas, sino elaborarlas. A la hora de cocinar una tortilla de pisos no tengo un modelo de preferencia establecido para los sabores a compartir, más bien me guío por lo que hay en el frigorífico. La base dominante son tortillas de verduras y hortalizas a las que incorporo una de carne, -longaniza, jamón, chistorra-, o de pescado, -gambas, bacalao e incluso gulas-. Me encanta el contraste de sabores que se aprecian en la boca conforme vas comiendo las porciones de tortillas.

Lo de acompañar la tortilla con piparras se me ocurrió este verano. Ya no sabía que hacer con tanta guindilla como me dio el huerto. No sé cuántas pudimos llegar a comer, regalar y embotar. Así que un día, como tantos otros, cogí un buen puñado para tomarlas fritas como aperitivo y coincidió que había cocinado una tortilla de tres pisos, -cebolla, berenjena y calabacín-. Cuando estaba a punto de ponerlas en un plato para sacarlas a la mesa, vi la tortilla sobre la encimera y pensé que podrían servir como acompañamiento. Y no fue una mala elección. Todo lo contrario. Resultó un añadido muy grato. Al fin y al cabo era incorporar un sabor más a la mezcolanza de sabores.

Nada tienen que envidiar estas humildes tortillas de pisos a esas otras tortillas "bomba" de aquellos jóvenes años. Igual que cada día tiene su afán, cada edad debe saber disfrutar de su condición.






lunes, 3 de diciembre de 2018

00873 Los Huevos Estrellados

HUEVOS ROTOS


Regresan a este caleidoscopio vital los huevos, el jamón y las patatas. En esta ocasión se asoman a esta ventana, rotos y estrellados.

Un capricho más, como tantos otros, que de vez en cuando me  gusta sentar a la mesa como invitados de excepción.

Las patatas, quien sigue con asiduidad este blog ya lo sabe, como las que hacía mi abuela Genoveva y que yo, torpemente, quiero imitar. Más que fritas, cocidas y a poder ser, que sea patata nueva. El huevo frito poco hecho y boca abajo, para que cuando se estrelle, empape con su yema las patatas y las contagie de color. Y a partir de aquí, con lo que sea: Solo jamón; virutas de foie, jamón y trufa rayada;  boletus, gulas... lo que sea. Todo me parece bien. Todo les sienta bien.

Podría aquí y ahora darme el pegote y hablar de los "Huevos estrellados" de Casa Lucio, el mítico restaurante de la Cava Baja madrileña. Pero no, no he estado en ese establecimiento en mi vida. Hablan maravillas e incluso me han llegado a decir que si no he comido esos huevos rotos, es que no sé todavía qué es comer unos buenos huevos estrellados. Y como no me gusta discutir y menos sobre tales materias, pongo cara de poker y pienso, sin pronunciar palabra,  en los deliciosos huevos rotos que me como solo con cruzar la calle, en el Mesón Doña Taberna, o incluso en casa si estoy inspirado a la hora de su elaboración.






sábado, 21 de julio de 2018

00743 El Arroz Negro

CON SEPIA

Me gustan todos los arroces, pero este especialmente. De los arroces me inclino por aquellos que tengan un buen sabor y a ser posible que no vayan provistos de  muchos obstáculos para disfrutarlo. De aquí, que habitualmente me incline por los arroces monográficos: de mejillones, de almejas, encebollado, con sepia... 

El arroz negro es una de mis muchas debilidades desde el primer día que lo tuve en un plato frente a mí. Fue en esa época que día sí y día también aprendía una nueva especialidad,  conocía un nuevo alimento, una nueva forma de hacer las cosas habituales. Y en ese sentido, el arroz negro con sepia me enganchó. No sé si fue por lo distinto y novedoso, por su sencillez, por el ali oli que le acompañaba o por su sabor, el caso es que me hice un fan, fan de esta elaboración gastronómica. La apoteosis llegaría en un viaje a Valencia, allí donde el arroz se hace esencia. Fue en el restaurante "Marcelina", en el Paseo de Neptuno, frente al mar.Ya no se podía pedir más.

Hay varias formas de elaborarlo y como acostumbra a suceder en estos casos, cada maestrillo tiene su librillo. Por lo que he podido observar, yo aprendí en su día la más sencilla y es la que siempre hago. Ni siquiera me he preocupado en mejorarla. Está bien así.

Ingredientes: una taza de arroz por persona y otra más de propina, 150 gramos de sepia por persona, 2 bolsas de tinta de calamar, un par de pimientos verdes, dos dientes de ajo, pimentón, sal y caldo de pescado.

Elaboración: Hacer un sofrito con el ajo y los pimientos bien troceados. Añadir la sepia también troceada y saltear unos minutos. A continuación incorporar el arroz y remover durante un par de minutos. Incorporamos el caldo de pescado, los sobres de tinta, el pimentón y la sal, y dejamos cocer el arroz. Una vez cocido, dejamos reposar de cinco a diez minutos. A la hora de servir, acompañar con un ali oli.

martes, 5 de junio de 2018

00711 Los Platos Combinados

PERO ENTRETENIDOS

Los llamados platos combinados los he asociado siempre a "comemos cualquier cosa".

Una especie de salir del paso y cumplir con una de las obligadas comidas diarias. Sin muchas complicaciones. Un poco de esto, otro poco de lo de más allá y a otra cosa mariposa.

Un plato combinado no tiene por qué ser aburrido ni carente de interés. Es cuestión de echarle un poco de imaginación, como a todo en esta vida, y sacarle su entresijo. Una de las cosas divertidas y hasta gratificante, es no tener nada previsto para comer, abrir el frigorífico e improvisar un plato combinado o no, y a ser posible que el resultado sea original y apetitoso. Huir de lo convencional y hasta aburrido para renovar el repertorio.

Este que traigo hoy hasta aquí puede ser uno de los muchos ejemplos. Se trata de unos pimientos asados con ajo y aceite, unas pequeñas patatas asadas al horno, unas setas de cardo empanadas con ali oli y para rematar, un huevo frito.

No tiene más secreto. Colorista, divertido, con variedad de sabores, apetitoso y de los de fotografiar para que no se nos olvide. No deja de ser un plato combinado, que quiere huir del "comemos cualquier cosa".