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sábado, 11 de abril de 2026

01742 Las Alubias Blancas con Pimientos

 SIEMPRE LAS LEGUMBRES


En casa, las legumbres salen a la mesa una vez a la semana por lo menos. Es una norma que adoptamos hace mucho tiempo, ya no por su alto valor nutricional, al aportar proteínas vegetales, fibra, hierro, zinc y vitaminas del grupo B, sino porque nos encantan. 

Son muy versátiles a la hora de cocinarlas y nos han deparado grandes platos de cuchara. Y al decir grandes, no me estoy refiriendo a complejos o sofisticados guisos. En muchos casos se trata de platos sencillos y no exentos de potente sabor. Es el caso de las alubias blancas con pimientos que traigo hasta este caleidoscopio vital y que nos han salvado más de una comida. Es curioso, pero la edad de júbilo, lejos de alargarnos el día, cada jornada parece tener menos horas. Nos falta tiempo, cuando sobre el papel tendría que sobrarnos.

El caso es que hoy era el día que tocaban legumbres, y entre unas cosas y otras, que nos ha pillado el toro, como vulgarmente se dice. Su cocinado era otro, pero no daba tiempo. Así, que hemos recurrido a las citadas alubias con pimientos, que han resultado ser todo un espectáculo. Eso sí, ha habido que tirar de alubias ya cocidas, de Pedro Luis por más señas. No acostumbro a citar marcas comerciales, salvo en contadas ocasiones. Y esta es una de ellas. Descubrimos sus legumbres hace un año aproximadamente. Nos parecieron algo especial, tanto que desde entonces, siempre tenemos en casa provisión de ellas. Son algo más caras que las que acostumbramos a comprar, -las alubias, por ejemplo, unos 2,50 euros el tarro de medio kilo-, pero el resultado bien lo merece. Se trata de legumbres sin aditivos, de aquí el ligero oscurecimiento del producto. Solo llevan la legumbre, agua y sal marina.

El resultado de este sencillo plato es magnífico: rápido, ligero y económico. A por él.

Ingredientes para 4 personas: 2 botes de alubias blancas, una cebolla pequeña, 2 dientes de ajos, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 4 cucharadas de salsa de tomate natural, pimentón dulce o picante al gusto, sal, aceite de oliva virgen extra y un vaso de caldo de carne.

Elaboración: Picar la cebolla y el ajo, y rehogar en una olla con un poco de aceite de oliva. Salpimentar. Limpiar y quitar las semillas a los pimientos, cortar en trozos pequeños y añadir a la olla en la que se han rehogado cebolla y ajo. Salpimentar. Cocinar a fuego lento hasta que se ablanden los pimientos. Incorporar las alubias. Remover y añadir la salsa de tomate, el pimentón y el vaso de caldo de carne. Cocinar a fuego medio durante diez minutos, removiendo de vez en cuando. Servir caliente. 

 






martes, 10 de marzo de 2026

01725 Los Huevos Cocidos con Pimientos Morrones Fritos

 CÁLIDO Y COLORISTA


La propuesta gastronómica que traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital es de las que solo con verla, hace que el gusanillo de la felicidad recorra todo mi cuerpo. Insisto que el listón de las cosas cotidianas cada vez está menos alto y por lo tanto, más asequible. Será por su cálido colorido, por su sencillez o porque es una pasada lo rico que está, pero pocas veces dos sencillos alimentos bien aderezados pueden llegar a aportar tanto.

Este año el huerto me ha obsequiado con un buen número de pimientos morrones y además de buen tamaño. Se conoce que debía tocar así. El caso es que los pimientos, una vez asados, que no han sido embotados, los hemos ido disfrutando en casa de todas las maneras que por tradición hemos recordado.

En esta ocasión, los pimientos no están asados, sino fritos. Mi madre, que también era una forofa de los pimientos morrones asados, aquellos que no ofrecían un aspecto más que saludable, los descartaba, que no tiraba, y en lugar de asarlos, los cortaba a trocitos para a continuación freírlos. Habitualmente, los pimientos los cocinaba como acompañamiento. Pero si quería que fuesen protagonistas de alguna comida, como primer plato, los acompañaba con unos huevos cocidos. Creo que de su afición por los pimientos, viene también la mía.

El plato no puede ser más sencillo. Se trata de freír los pimientos en trocitos pequeños y acompañarlos con unos huevos cocidos. Sazonar simplemente con sal y verter por encima un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

Hacía muchos, muchos años que no comía este plato, pero delante de él, ha sido como si no hubiese pasado el tiempo. Y es que hay sabores difíciles de olvidar, al igual que los buenos momentos. Este es uno de ellos.







lunes, 29 de abril de 2024

01326 La Escalivada

 ASAR A LA BRASA


Traigo hasta este caleidoscopio vital un plato de gratísimo recuerdo para mí y que está estrechamente ligado a mi queridísima y siempre recordada cuñada Montse, que en paz descanse. Fue ella quien me dio a probar por primera vez, hace de esto más de cuarenta años, esta delicia típica de la gastronomía catalana. Tanto me entusiasmó, y así se lo hice saber en su día, que en nuestros encuentros familiares, desde entonces, acostumbró a obsequiarme con este manjar.

La palabra "escalivada" proviene del verbo catalán "escalivar", que significa asar o asar a la brasa. En su origen, la escalivada se elaboraba con pimientos rojos, berenjenas y cebollas, todo asado a la brasa. Luego se pelaban y se cortaban en tiras o en trozos y se aliñaban con aceite de oliva, sal y ajo. Desde entonces, y con el paso del tiempo, se han ido incorporando nuevas versiones, según la zona geográfica donde se acostumbra a elaborar este plato.

A Montse, por ejemplo, le gustaba acompañar al pimiento, cebolla y berenjena con unas aceitunas negras y unas anchoas de La Escala para redondear el plato.

Las fotografías que ilustran esta entrada no se corresponden con una escalivada elaborada en casa, sino a la última que probé en un restaurante. Vi en la carta "escalivada" y no lo dudé dos veces. En esta ocasión, la comí, no como a mí me chifla y como Montse me la ofrecía, sobre una rebanada de pan de pagés tostada y untada con tomate, sino tal cual. Igualmente disfruté del plato, acompañado del entrañable recuerdo de una persona que se ganó mi corazón y que tanto bien me hizo en los años que estuvo entre nosotros. 



lunes, 8 de abril de 2024

01317 Los Huevos Fritos con Salchichas y Pimientos

 UNA GOZADA


Acabo de comprobar que esta es la entrada número 21, que dedico a los huevos en este caleidoscopio vital. Todavía insuficientes para las alegrías que acostumbra a depararme.

En algún lugar escribí, que habitualmente no consumía huevos fritos en casa y que siempre dejaba tan delicioso manjar para cuando salía a almorzar fuera; para las oscenses fiestas de San Lorenzo o en mis añoradas visitas al hermoso Pirineo. El caso, es que me acabo también de dar cuenta, que en el último año, tomo huevos fritos con lo que sea, un par de veces a la semana. Desconozco el motivo, pero tampoco voy a indagar. Yo, encantado de la vida.

En esta ocasión, se dan cita en el plato, amén de los consabidos huevos fritos, unas salchichas de cerdo, de carnicería reconocida, también fritas, y de unos pimientos verdes, como no, fritos. El conjunto no puede ser más atractivo, colorista, sugerente y delicioso. Me resulta una combinación, además de deliciosa, muy gratificante, y capaz de convertir un aparente día de la Marmota, en algo especial. O por lo menos, así recibo yo este plato tan perfectamente combinado. No hay más historia, ni recuerdo alguno. Solo, la gozada de comerlo.




sábado, 9 de marzo de 2024

01289 Los Pimientos a la Siciliana

 LA VERSATILIDAD EN EL PLATO


Desde que conocí estos pimientos, de esto hará unos tres años, en una de mis incursiones a la siempre apetitosa cocina italiana, tengo que confesar que se han convertido en otra de mis muchas debilidades gastronómicas. Además de sabrosos y originales, su versatilidad en la cocina no tiene límites. Son muy sencillos de cocinar y muy agradables de comer. Como digo en ocasiones, tanto valen para un roto como para un descosido. Así, da lo mismo que formen parte de un aperitivo, en un homenaje a la huerta, como acompañantes... siempre se adaptan con suma facilidad. 

Siempre que los como, digo lo mismo: "Tenemos que visitar Sicilia". Y me quedo tan ancho.

Ingredientes: 1 kilo de pimientos rojos morrones, 2 dientes de ajo, 6 cucharadas de pan rallado, 30 gramos de piñones, aceite de oliva virgen extra, sal, orégano y pimienta al gusto. (Opcional, media cucharada de azúcar y 5 de vinagre)

Elaboración: Limpiar los pimientos y cortarlos en tiras de aproximadamente 2 centímetros. Calentar en una sartén 8 cucharadas de aceite de oliva y añadir los pimientos cortados a tiras. Cocinar los pimientos tapados durante unos 15 minutos a fuego medio. Salpimentar al gusto y remover cada cinco minutos. Mientras tanto, majar en un mortero los dos dientes de ajo con un poco de sal. A continuación, añadir al ajo ya majado, el pan rallado, el orégano, los piñones y un poco de sal. Mezclar. En una sartén sin aceite, tostar la mezcla del pan rallado. Remover continuamente con cuidado de que no se queme. Reservar. Opcional: Si se quieren conseguir unos pimientos agridulces, cuando los pimientos estén ya cocinados, añadir el azúcar y el vinagre y dejar evaporar. Si no es así, cuando los pimientos estén listos, retirar del fuego y reservar. Añadir el pan rallado tostado a los pimientos y remover hasta que quede bien mezclado. Servir.

Nota: En una ocasión, cuando lo teníamos todo ya dispuesto, nos dimos cuenta de que no teníamos piñones. Así, que nos aventuramos y los cambiamos por nueces machacadas. Tampoco está mal la cosa. Tanto es así, que ahora, vamos cambiando piñones y nueces, según nos da el aire.

Pimientos a la siciliana con berenjenas rebozadas y morcilla


lunes, 18 de septiembre de 2023

01187 Los Huevos Fritos con Pimientos

 DE HUMILDAD HABLAMOS


Ya va siendo hora de echar la persiana a la jornada. Y me apetece hacerlo con la misma humildad con la que ha pasado este día. Una humildad no exenta de olores entrañables, que no por aprendidos, dejan de abstraerme; de colores de una naturaleza que todavía no quiere ceder su protagonismo a la estación vecina; de un silencio amigo que me trae la dicha de seguir vivo.

Quiero despedir el día con sabores de toda la vida, sin trampa ni cartón. Sin aderezos ni artificios innecesarios que desvirtúen la esencia de lo que son. Con un sabor que me lleve a cocina vieja y olor a cocina a la hora de la cena sobre un hule de plástico floreado. No quiero más. Es más que suficiente para acabar una jornada de forma redonda y feliz.

Y todo esto para decir que me encantan los huevos fritos con pimientos verdes italianos, también fritos. Me parece todo un lujo. Pues nada, dicho y escrito está.




martes, 12 de septiembre de 2023

01183 Las Guarniciones

 DE SECUNDARIAS, NADA DE NADA


Arroz, verduras, hortalizas, ensaladas, patatas o salsas son algunos de los alimentos más representativos de las populares guarniciones o acompañamientos de los platos en una preparación culinaria que acompaña a la preparación principal en una comida.

Me encantan las guarniciones y mi experiencia me dice que, son capaces de convertir un plato aburrido en algo delicioso. Hay cocinados que no estarían completos sin su correspondiente guarnición, lo que hace que sea indispensable, no solo para reforzar el sabor del plato, sino para acometerlo con más entusiasmo. En ocasiones digo, que me como más a gusto la guarnición en su papel de secundario, que el alimento principal al que acompaña. Tanto es así, que se puede dar el caso de preparar una buena y contundente guarnición para acompañar una carne o un pescado, y servir de plato único. Es el concepto de la guarnición llevado al extremo, pero para mí, muy efectivo.

Sirva de ejemplo el que en esta ocasión viene a visitar este caleidoscopio vital. Es un plato ganador. Se trata de unas deliciosas costillas de cordero, acompañadas de unas patatas fritas, berenjenas fritas y unos pimientos de Padrón. Por separado, todos los alimentos que componen el plato me fascinan. Y si coinciden en una misma entrega, es ya para nota. Combinan a la perfección, aportando cada uno su particular y característico sabor. Un plato de diez, sin ruidos ni artificios, que me dice, que las guarniciones, de secundarias, nada de nada. 






martes, 25 de julio de 2023

01161 La Tortilla de Patatas con Pimientos Asados

 UNA OBRA MAESTRA


Solo con ver su imagen se me quitan todas mis penas. ¡Qué gran antídoto! Sencillez y humildad reunidas en un bocado con sabor a lujo a terrenal. Combinación perfecta para agasajar a un estómago inquieto de cualquier despertar. Parece que nacieron para estar juntos, la una y los otros. Se atraen. Lo saben. Son cómplices en la ventura de ese instante prodigioso en el que no hay palabras, apenas un cerrar de ojos de concentración en la dicha. No se les puede pedir más. 

Despacio. Poco a poco. No hay prisa. Se hace necesario prolongar el instante. Siempre es necesario alargar los buenos momentos. Y este, como tantos otros, es uno de ellos. Poco a poco. Despacio. Disfrutando de un sabor que viene de viejo. Al lado el pan. Para ayudar, para que no se pierda la más mínima brizna de este pequeño tesoro. Y en frente, un vaso de vino tinto con el que rematar la obra maestra.

Miro al cielo. Está limpio y azul. Miro al plato, limpio como una patena. 







miércoles, 4 de mayo de 2022

00978 Los Pimientos Rellenos

 DE TORTILLA DE PATATA


Los pimientos rellenos forman parte del amplio listado de la cocina tradicional. ¡Y qué buenos resultan siempre!

Da lo mismo que estén rellenos de pescado, carne, bechamel, arroz o cualquier otro alimento que se nos ocurra. Pimientos verdes, rojos, del piquillo... siempre resultan muy apetecibles.

En esta ocasión se funden en un solo bocado un alimento y un cocinado, como son los pimientos verdes y la tortilla de patata. Los pimientos me encantan y qué decir de la tortilla de patata. Cuando los pimientos comienzan a aparecer en el huerto, rara es la vez que no acompañan a la tradicional tortilla española. Me gusta la mezcla de sus sabores. Así que por qué no reunirlos en un solo bocado rellenando el pimiento de tortilla de patata, que incluso resultan muy atractivo a la vista. Vamos a ello.

Seleccionamos unos pimientos más bien grandes y estilizados. Los lavamos, cortamos la parte superior y los limpiamos de semillas. A continuación, pelamos las patatas y las cortamos a cudraditos más bien pequeños. Pelamos la cebolla y la picamos. 

En una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra freímos a fuego suave la cebolla y las patatas con un poco de sal. Cuando comiencen a dorarse, las sacamos de la sartén y escurrimos el aceite. Reservamos. Batimos los huevos, los agregamos a la cebolla y las patatas, y mezclamos.

Con la ayuda de una cucharilla vamos rellenando los pimientos con la mezcla. Hay que conseguir que el pimiento quede bien relleno. Para evitar que no se nos salga el relleno, bastará con pasar la parte superior del pimiento por un poco de harina. Una vez rellenos todos los pimientos los freímos en una sartén con aceite de oliva hasta que comprobemos que el huevo está cuajado.

Dejamos enfriar y listos. Los podemos servir o bien enteros o cortados a rodajas. En esta ocasión los he sacado a la mesa enteros y acompañados de unas rodajas de calabacín frito pasado por huevo y harina.

Me parece un plato simpático y con esa simpatía entra a formar parte de las diez mil cosas que me gustan.








martes, 11 de septiembre de 2018

00797 Los Pimientos de Padrón

UNOS PICAN Y OTROS NO


Me gusta el pimiento en general y el denominado de Padrón, en particular, a pesar de tener con él una mala experiencia en una ocasión.

Tengo que remontarme a los gloriosos años en los que el Club Baloncesto Peñas Recreativas de Huesca, el añorado Huesca la Magia, militaba en la ACB. Cuando jugaba en casa, teníamos por costumbre, tras el partido, cerrar la velada en el Mesón Doña Taberna y darnos un capricho: una ración de sepia con pimientos de Padrón, unas madejas con pimientos de Padrón, unos choquitos o pulpitos con pimientos de Padrón... lo que fuese, pero siempre acompañado de  pimientos con apellido de esa población gallega,  aunque dudo mucho que de allí fueran.


Ese día al que me refiero,  no jugaba el "Peñas", pero sí actuaba en la plaza de toros oscense el aclamado y tarareado grupo "Mecano". Todo un acontecimiento en Huesca. ¡Qué tiempos aquellos! El caso es que para no perder la costumbre de los "grandes acontecimientos",  nos citamos antes del concierto en el citado mesón. Me acuerdo perfectamente que en esa ocasión acompañamos a los pimientos de Padrón con una ración de sepia. En amable conversación y unas cañas comenzamos a dar buena cuenta de la apetitosa combinación gastronómica.

Se decía por aquel entonces, no sé si ahora se utiliza el dicho, que "el pimiento de Padrón, uno pica y cien no". Esa memorable velada comenzó de lujo hasta que dí con el pimiento que picaba. Y cuando digo que picaba,  no me refiero a ese ligero picante que te puede dejar este tipo de pimiento y que hasta parece un tanto atrevido, no. Me refiero que picaba a rabiar. Si hubiese podido me habría quitado lengua y boca. ¡Horroroso! Me tomé la caña de un solo trago y creo que aún fue peor. No sabía qué hacer ni cómo combatir el ardor que había dejado en todo mi ser tan pequeño vegetal. Mientras intentaba pasar como podía el soponcio, solo escuchaba "¿estás bien? ¿Otra caña? ¿Seguro que estás bien?" No, no estaba bien. Me encontraba fatal y por momentos hasta pensé que mis días habían llegado a su fin.

Ya, un tanto repuesto, salimos a la calle en dirección al concierto. No es que me encontrara mal, sino peor. Ni la apacible noche conseguía calmar mi malestar. El camino hacia la plaza de toros transcurrió entre náuseas, escalofríos y una debilidad infinita. De asustar. Para ir al coso taurino teníamos que pasar por mi casa. Esa era mi meta, si llegaba. Cuando llegamos al portal, saqué del bolsillo mi entrada, la deposité en la mano de mi acompañante y solo pude decir un sencillo "que disfrutéis del concierto". Subí los dos pisos de escaleras como pude, entré en casa, balbuceé un escueto buenas noches y me tiré literalmente en la cama sin estar muy convencido de amanecer al día siguiente. Ese pimiento valía por mil sin picar.

Estuve un tiempo sin probarlos. Su mera presencia y olor me horrorizaban. El paso del tiempo puso de nuevo las cosas en su sitio y todo volvió a la normalidad. Desde aquel entonces, cuando los como, nunca lo ingiero de un solo bocado. Primero muerdo la punta del pimiento, me cercioro de que no pica, y luego ya sí, de un solo bocado.

Desde aquel señalado día, algún que otro pimiento traidor me he llevado a la boca, pero como ese, no ha habido, afortunadamente, otro igual. Y dicho lo cual, solo me resta decir que los pimientos de Padrón, me encantan y que se me van los ojos tras ellos. Los que ilustran esta entrada son de mi huerto donde lucen una docena de hermosas matas. Como más me gustan son ligeramente fritos en aceite de oliva y sazonados con sal gorda.

El pimiento de Padrón es una variedad de pimiento originaria del cultivo agrícola del convento de San Francisco de Herbón, parroquia de Padrón, en la provincia de La Coruña, donde habrían adaptado su cultivo los monjes franciscanos regresados de América en el siglo XVI.



martes, 3 de abril de 2018

00656 Los Pimientos Verdes Fritos

Y A TIRAS

Regresa de nuevo la huerta a este puzzle de sensaciones. Y lo hace con uno de los sabores no siempre bien recibido. Mi experiencia me dice que es uno de los sabores que producen extremos; o gusta a rabiar o se detesta con la misma intensidad. Yo me sitúo en el primero de los bandos.

Ya he dejado escritas varias elaboraciones gastronómicas en las que el pimiento verde es el protagonista del cartel. Pero si hay una forma de cocinarlos que me chifla hasta hacerme entornar los ojos, esta es, simple y llanamente, bien limpios de semillas, cortados a tiras, fritos en un buen aceite de oliva virgen y generosos de sal. Me fascinan.

Un buen bocadillo de pepito de ternera con unas tiras de pimiento verde frito, como aquellos que tomaba en Canfranc; unos huevos duros recogidos sobre unas tiras de pimientos verdes fritos; una tortilla francesa como soporte de unas tiras de pimientos verdes fritos; unas rebanadas de pan con chistorra frita y unas tiras de pimientos verdes fritos; unas patatas asadas acompañadas de unas tiras de pimientos verdes fritos; un trozo de longaniza partido por la mitad, a la plancha, y sobre ella, unas tiras de pimientos verdes fritos.... o simplemente, unas tiras de pimientos verdes fritos sobre un plato para ir picando. Y ya, la traca de este "pecado venial", si a esas tiras de pimientos verdes fritos las acompañamos con unas patatas fritas al estilo de mi abuela Genoveva. Solo escribirlo se me saltan las lágrimas de satisfacción.

No hay que rebuscar mucho entre libros y recetarios de cocina para disfrutar de un buen y  humilde bocado. Lo cierto es que no hay que rebuscar mucho entre las cosas y sus derivados para encontrar momentos de inesperada satisfacción.


lunes, 19 de febrero de 2018

00645 Los Pimientos Asados con Ajo

VERSATILIDAD

Recojo aquí la versión más humilde de los pimientos asados; simplemente con ajos. Humildad, sabor y versatilidad para una propuesta gastronómica, que en una ocasión leí cómo era clasificada en el apartado de "cocina para novatos". Y así es, este puede ser un buen principio para que cualquiera se pueda familiarizar con la cocina, cogerle el gusto y disfrutar de uno de sus muchos aromas.

Tan sencillo como asar unos pimientos al horno, quitarles la piel y las semillas de su interior y trocearlos en tiras longitudinales. Freír en una cazuela unos ajos en aceite de oliva virgen, si nos gusta el picante podemos incorporar un par de cayenas,  y cuando estos empiecen a coger color, añadir los pimientos y sazonar. Cocinar unos minutos a fuego medio, y como se dice ahora, y ya.

No queda más que disfrutar y saborear de tan sencillo preparado. Como aperitivo, entrante, a modo de montadito, como acompañamiento a carnes y pescados, en ensalada, para un pica pica, en verano,  en invierno o en las estaciones intermedias, en comidas, cenas o para matar el gusanillo entre horas. Siempre a mano y siempre dispuestos.


lunes, 29 de enero de 2018

00626 La Empanada de Pimientos

CON ANCHOAS

En algún lugar del inicio de este blog dejé ya reflejada mi querencia hacia las empanadas gallegas, en general, y a la de berberechos, en particular. De hecho, las únicas empanadas que elaboro, gracias a la receta con la que me ilustró mi hermana Gemma, es la de este molusco. Raro es el festín en la que no esté presente esta rica empanada.

Pero es hora ya de ir renovando el repertorio y poner entre masa y masa otras alternativas. Así,  que aquí va otra excelente sugerencia: empanada de pimientos con anchoas. El relleno, en esta ocasión, viene de las enseñanzas de mi hermana María Engracia y mi sobrina Gloria. Exquisito. De hecho, en mi último encuentro en el que tenía algo que celebrar y agradecer, llevé una empanada de cada y hubo dudas a la hora de mostrar preferencias. Digamos que hubo un empate técnico. Y es que las dos son deliciosas y tienen su punto.


La masa se elabora con la misma cantidad de leche que de  aceite, con un pizca de sal y otra de pimentón dulce, e incorporar, poco a poco, harina hasta que ya no admita más. Para unos doscientos decilitros de aceite y otros tantos de leche, aproximadamente un kilo de harina. Una vez hecha la masa se deja reposar tapada durante una hora. Una vez reposada, se divide la masa en dos y ayudados de un rodillo, estiramos la masa lo más fina posible.

Para el relleno, pochamos cebolla, con una cebolla grande es suficiente, y a fuego lento freímos a tiras tres pimientos. Mi hermana y mi sobrina el relleno lo hicieron tri color; es decir, con un pimiento rojo, otro verde y otro amarillo. Cuando los pimientos están blandos los sacamos del fuego y salamos ligeramente. No excederse con la sal.

Con todo ya listo, sobre una de las láminas de masa distribuimos la cebolla pochada bien escurrida del aceite y sobre ella, los pimimientos, también bien escurridos. Para finalizar, colocamos sobre los pimientos un par de latas de anchoas en aceite. Tapamos con la otra lámina de masa, cerramos la empanada y al horno pre calentado a 200 grados durante unos 35 minutos. Lo dicho, deliciosa.








jueves, 11 de enero de 2018

00613 Los Pimientos Rellenos

DE CARNE

He vuelto a recuperar uno de esos sabores que tenía dormidos. Un sabor de la comida tradicional con tonalidades festivas y de elaboración entregada. Lo tenía relegado me imagino que por el acelerado trajín de los días y hoy me he dado cuenta de lo que lo he echado en falta. Me refiero a los pimientos del piquillo rellenos de carne picada y su correspondiente salsa. ¡Qué delicia y festín!. ¡Qué reencuentro más afortunado! No sé a quien se le ocurriría la genial idea de rellenar pimientos, pero quien fuese, menudo momento de inspiración. Hoy son de carne, pero no me olvido de los de pescado o  marisco, de los de bechamel, de los de arroz, de los de morcilla... Todos ellos auténticas genialidades. Me estoy saliendo del renglón pero lo enderezo rápidamente.


El caso es que recientemente, casi sin querer, tuve la oportunidad de recrearme con unos pimientos del piquillo rellenos de carne picada, con su consabida salsa de piquillo. Estaban deliciosos. Me acordé entonces de los que hacía mi madre. Así es que me he ido al cuaderno de "Sabores de mi madre",  para recuperar esa receta que tan gratos momentos me ofreció y salivar en segunda y virtual convocatoria. 


Ingredientes: Una docena de pimientos del piquillo más 4 para la salsa, 250 gramos de carne picada (50 por ciento cerdo y ternera), una cebolla grande, un vaso de caldo de carne, un par de cucharadas de harina, medio vaso de vino blanco,  aceite de oliva y sal.

Elaboración: Preparamos primero el relleno. Para ello, picamos una cebolla y la rehogamos en una sartén con aceite y sal. Añadimos la carne picada y salpimentada, y la cocinamos por espacio de unos tres minutos. Rellenamos los pimientos con esta farsa y los colocamos sobre una tartera. Para la salsa, introducimos en un vaso de cocina el vaso de caldo, las dos cucharadas de harina, el medio vaso de vino blanco y cuatro pimientos del piquillo. Se tritura todo ayudados del brazo de cocina y se vierte sobre los pimientos rellenos. Cocinamos por espacio de unos quince minutos hasta que ligue bien la salsa y servimos.

Pues nada, rescatado el sabor.










martes, 2 de agosto de 2016

00339 Otras Estrellas

CON SABOR A BIENVENIDA


Hay estrellas que te aconsejan pero no te obligan. Hay quien cambiaría el cielo y las estrellas por un beso de unos labios. Existen estrellas que calman el dolor mientras titilan azules a lo lejos. Hay quien se empeña, con demasiada frecuencia, en estirar la mano hasta llegar a las estrellas y se olvida de las flores que crecen a sus pies.

Hay estrellas que conceden deseos y deseos que se lanzan hacia las estrellas. Hay quien considera como un remedio infalible, meditar al atardecer mirando las estrellas y acariciando a tu perro. Las estrellas guían pero también desconciertan. Las flores en la mano mueren cuando intentan apagar una estrella. Hay estrellas de silencio, de fiesta y de sostenida mirada. Hay quien dice darte las estrellas cuando es incapaz de darte una mano.

De vez en cuando también hay estrellas sobre una mesa que avivan el reencuentro y los recuerdos con sabor a bienvenida.
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