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miércoles, 20 de marzo de 2024

01300 Los Pimientos Verdes con Morcilla

 PERFECTO HERMANAMIENTO


Para registrar la entrada número 1300 de este largo y entretenido caleidoscopio vital, ha venido a visitarme una tapa, a modo de aperitivo, recia y de contundente sabor. Se trata de morcilla, laureada por el siempre bien recibido pimiento verde.

Aparentemente, a la vista le puede parecer una propuesta ruda, contundente e incluso poco atractiva. Pero al sabor, le parece una tapa, a pesar de su sencillez, plena de sabor, en la que morcilla y pimiento se hermanan a la perfección. 

Una tapa de tasca con tradición, barra de bar de madera, semi oscura estancia y media docena de mesas, con sus respectivas sillas, para el recreo de sus parroquianos. Y frente a ella, a la tapa, un buen vaso de vino tinto para redondear el bocado. Lo que venga detrás, poco importa. Como llegar o no a escribir sobre diez mil cosas que me gustan. Misión imposible al ritmo que voy. En definitiva, no es llegar a la meta mi objetivo, sino disfrutar de cada momento vivido. Y aunque sea sorpresivo, también la morcilla y el pimiento forman parte de este proyecto tan atrevido.





sábado, 30 de diciembre de 2023

01241 Más Huevos Rotos

 EN ESTA OCASIÓN, CON MORCILLA


Vuelvo a romper huevos. Otra cosa no, pero romper huevos, no se me da nada mal. Me encanta romper y estrellar huevos. Siempre en la mesa, claro. 

En las entradas de este caleidoscopio vital números 00914 y 00975, rompí huevos con boletus y con calamares, respectivamente. Solo escribirlo se me hace la boca agua. En esta ocasión, rompo y estrello los huevos con otra de mis debilidades, la morcilla.

Conocí este plato en una cena en casa de mi estimada amiga Chus. Siempre sorprende con sus degustaciones y es una gozada comer o cenar en su casa. Tanto me gustó, que tomé buena nota y pensé que esta sería la tapa que llevaría a nuestro multitudinario encuentro familiar para despedir el año. Se trata de un plato muy sencillo de cocinar, no hay que emplear mucho tiempo y el resultado es espectacular. Me pareció un plato curioso, original y a pesar de su apariencia, nada pesado, a no ser que te pongas las botas. Todo un acierto.

Volví a llamar a Chus para que me repitiera la receta y así no meter la pata. Me ha insistido en que la morcilla tiene que estar bien frita, una vez desembuchada, y el huevo frito no muy hecho. Así pues, tras estas recomendaciones, a por ello.

Ingredientes para 4 personas: 6 morcillas dulces de arroz, 8 huevos y aceite de oliva virgen extra. (En los huevos rotos con morcilla que hice como tapa para Nochevieja, incorporé un par de cucharadas de postre de pimentón dulce que espolvoreé por encima del plato una vez terminado. Y como se trataba de una tapa, acompañé al plato unas rebanadas de pan tostado).

Elaboración: Desembuchar las morcillas y freírlas en un poco de aceite de oliva. La morcilla tiene que quedar bien frita y suelta, nada apelmazada. Una vez frita, reservar. Freír los huevos, que no queden muy hechos, y colocar sobre la morcilla. Romper los huevos, remover un poco y servir caliente o templado.



miércoles, 8 de noviembre de 2023

01204 No Hay Ocasiones

 NI DÍAS, NI A VECES


En ocasiones, la vida se derrumba, los días parecen noches y la angustia oprime el pecho, justo lo necesario para no asustar. Las palabras se esconden, se ausentan con el fin de no dañar. La mirada busca un respiradero donde descansar y los dedos hacen como que juegan con una miga de pan.

Hay días, que sin avisar, al cinturón le sobran agujeros para poder respirar y la simpatía en la calle parece esfumarse por las alcantarillas. La distancia es un tormento y la cercanía un alimento. El último cartucho para ir tirando está mojado, las zapatillas de andar por casa parecen cansadas de tanto arrastrar y el desánimo baja para hacerles compañía.

A veces, llegas a la conclusión de que apenas tienes inteligencia para pasar el día y que más vale lágrima en mano, que cien sonrisas volando. El desencanto y la desilusión piden la vez, mientras que la decepción se cuela de manera descarada.

Llega la hora de la cena. Y entre el cuchillo y el tenedor, un plato de humilde postín: morcilla, pimientos rojos asados y una tortilla de patata de fina factura. Lo miro y sonrío. Y me digo que no hay ocasiones, ni días, ni a veces... Solo hay gratitud a la hora de dar carpetazo al día.




sábado, 12 de marzo de 2022

00948 La Morcilla

 DA IGUAL SU PROCEDENCIA


Cuando me enfrento, gastronómicamente hablando, a una morcilla, no puedo dejar de acordarme que,  junto a las torteta y longaniza, formaba parte imprescindible de la lista de la compra de mi madre cuando mis hermanos anunciaban su visita a casa, y a los días de matacía, felices días, en casa de mis abuelos maternos. Tengo que reconocer que en aquellos tiempos la morcilla no me hacía mucha gracia. La comía, sin más. Probarla, porque había que comer de todo lo que salía a la mesa, y punto.

Fue con el paso de los años cuando empecé a cogerle el aquel,  hasta el punto en que en la actualidad se ha convertido en otro de mis manjares, aunque a estas alturas de la vida, sea para mí un pecado y un cargo de conciencia.

Morcillas y tortetas son productos que se obtienen a partir de la sangre del cerdo. Creo recordar que en aquellas matacías de cerdo familiares, la sangre era lo primero que se aprovechaba. Todavía alcanzo a ver a mis tías Olga y Blanca, con mi abuela Genoveva, tras el sacrificio del animal, remover la sangre constantemente para evitar su coagulación y posteriormente trabajarla hasta convertirla en una masa para la elaboración de morcillas y tortetas. De los ingredientes que llevaban las morcillas "de la abuela", al margen de la sangre y el arroz, no tengo ni la menor idea. Solo sé que eran una fiesta para los asistentes. Ya digo que yo me incorporé a su alabanza algunos años más tarde.


En una ocasión, en una de las siempre interesantes conversaciones gastronómicas con mi gran maestro de los fogones, Antonio Arazo, salió a relucir la cuestión de las morcillas. A modo de conclusión de esa conversación y por no extenderme demasiado, me quedé con los siguientes conceptos: La receta más antigua y sencilla de morcilla aragonesa consta de sangre, tocino y cebolla picada. La incorporación del arroz llegaría más tarde; y su universo de elaboración es tan grande que sería casi imposible hacer un catálogo. Antonio me vino a decir que hay tantas variedades y elaboraciones de morcillas como pueblos tiene la provincia de Huesca y que incluso, dentro de un mismo pueblo, cada casa tiene su forma de hacer.

Cuando viajo hasta algún lugar de nuestra  rica y bella geografía española y veo morcilla, no dudo en probarla. Resulta un aperitivo o entrante muy reconfortante. De cuantas he llegado a probar, todas me han gustado. Cada una tiene su propia personalidad. Desde las popularísimas y afamadas morcillas de Burgos, elaboradas con sangre, grasa de cerdo, cebolla autóctona horcal, arroz y especias; las asturianas y leonesas con su característico toque ahumado; la gallega, con su dulzor al incorporar a la masa manzana y azúcar, entre otros ingredientes; hasta la andaluza, hecha con papada, panceta, tocino de cerdo, sangre, ajo y especias. Ah! y las de Beasain, en el País Vasco, a las que se les incorpora puerro. Hay más, pero todavía no las he catado. Todo se andará.