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lunes, 29 de abril de 2024

01326 La Escalivada

 ASAR A LA BRASA


Traigo hasta este caleidoscopio vital un plato de gratísimo recuerdo para mí y que está estrechamente ligado a mi queridísima y siempre recordada cuñada Montse, que en paz descanse. Fue ella quien me dio a probar por primera vez, hace de esto más de cuarenta años, esta delicia típica de la gastronomía catalana. Tanto me entusiasmó, y así se lo hice saber en su día, que en nuestros encuentros familiares, desde entonces, acostumbró a obsequiarme con este manjar.

La palabra "escalivada" proviene del verbo catalán "escalivar", que significa asar o asar a la brasa. En su origen, la escalivada se elaboraba con pimientos rojos, berenjenas y cebollas, todo asado a la brasa. Luego se pelaban y se cortaban en tiras o en trozos y se aliñaban con aceite de oliva, sal y ajo. Desde entonces, y con el paso del tiempo, se han ido incorporando nuevas versiones, según la zona geográfica donde se acostumbra a elaborar este plato.

A Montse, por ejemplo, le gustaba acompañar al pimiento, cebolla y berenjena con unas aceitunas negras y unas anchoas de La Escala para redondear el plato.

Las fotografías que ilustran esta entrada no se corresponden con una escalivada elaborada en casa, sino a la última que probé en un restaurante. Vi en la carta "escalivada" y no lo dudé dos veces. En esta ocasión, la comí, no como a mí me chifla y como Montse me la ofrecía, sobre una rebanada de pan de pagés tostada y untada con tomate, sino tal cual. Igualmente disfruté del plato, acompañado del entrañable recuerdo de una persona que se ganó mi corazón y que tanto bien me hizo en los años que estuvo entre nosotros. 



lunes, 4 de diciembre de 2023

01223 Las Manitas de Cerdo a la Brasa

 CRUNCH, CRUNCH, CRUNCH


Las manitas de cerdo repiten entrada en este caleidoscopio vital. Lo hacen de la forma más sencilla posible, pero no por ello, exentas de sabor y personalidad. En esta ocasión, se trata de unas manitas a la brasa, bien cocinadas, crujientes y en su punto justo de sal.

Como ya quedó demostrado en entradas precedentes, las manitas de cerdo, en contra de lo que pueda pensar y decir mucha gente, me parece un bocado exquisito, si están bien cocinadas. Me gustan de cualquier manera; guisadas, con callos, deshuesadas y rellenas, a modo de hamburguesa... El juego que dan es muy variado y para mí, gratificante, gastronómicamente hablando.

Tanto es así, que las manitas que ilustran esta entrada las comí recientemente en Casa Rufino de Bolea. Figuraban en el menú del día junto a un bacalao con tomate, cordero asado, conejo a la brasa y lubina al horno. No dediqué ni un segundo a la duda. En cuanto vi "manitas de cerdo", se borraron a mis ojos el resto de letras del menú. 

Estaban deliciosas. Limpias, bien cocinadas y memorablemente crujientes. Me supieron a poco, a muy poco. Me hubiese comido media docena de ellas. 

La primera vez que manifesté mi exagerada inclinación por las manitas de cerdo fue en la entrada número 00361, en la que incluía la siguiente anécdota: "A mí me chiflan hasta el punto de que en una ocasión, después de realizar un programa radiofónico en una pequeña localidad, su alcalde quiso agasajar nuestra presencia con una comida. El menú lo tenía ya pactado. De primero, unos generosos entrantes para continuar con un contundente asado de cordero de la zona con sus correspondientes patatas panadera. En un momento de la comida,  mientras daba buena cuenta de los embutidos caseros, croquetas y otros fritos, vi pasar por el comedor a uno de los camareros con un plato de manitas a la brasa que posteriormente depositaría en una mesa vecina. Se
me iban los ojos tras ellas. Su olor a brasa y a majada de ajo, aceite, sal y perejil , y el placer con el que se estaba comiendo el anónimo comensal las manitas de puerco, hicieron que mi falta de consideración llamara a mi puerta. Me lo pensé un par de veces, pero a la tercera no pude dejar de reprimirme y de interrogarle al anfitrión: Alcalde, ¿me permites que cambie el cordero por unas manitas? El primer edil me miró sin ocultar su cara de sorpresa, encogió los hombros y me respondió con un simple y sencillo "tú mismo", no exento de posibles interpretaciones. Recuerdo que mientras me deleitaba con las sabrosísimas manitas, el resto de compañeros comensales me miraban de soslayo intentando averiguar qué siroco me había entrado. A ninguno con los que compartía mesa y mantel les gustaban las manitas, según fueron confesando.

Pues nada, dicho queda de nuevo.





miércoles, 26 de septiembre de 2018

00813 Cherry con Anchoas

Y A DISFRUTAR

El huerto anuncia recogida. Mi reencuentro con él no ha sido todo lo fructífero que hubiese deseado. A pesar de mi dedicación, imagino que algo no habré hecho bien. Con todo, mi gratitud a los buenos momentos que me ha permitido pasar este verano entre sus plantas y frutos.

En esta ocasión, los tomates Cherry han sido los que se han mostrado más sensibles con mis desvelos y esfuerzos. Si la primera floración fue aceptable, la segunda está siendo magnífica. De ellos he ido dando buena cuenta en aperitivos y cenas sin esforzarme demasiado en su elaboración; alguna brocheta, solos con aceite y sal, macerados en aceite y ajo, con queso fresco, o estos que presento acompañados de anchoas. Para disfrutarlos no necesitan mucho más. Cuando llegue su pronta y definitiva despedida por este año, ya pensaré en algo más ceremonioso, como en una buena tostada e incluso protagonistas de alguna pasta.

El tomate está en su justo punto de maduración y sabor, así que lo abrigaré con una anchoa, en esta ocasión, lástima, no es de Santoña, y lo aderezaré con un buen, eso sí que tengo, aceite de oliva virgen, unas escamas de sal Maldon, pocas, y algo de orégano. Y a disfrutar.


lunes, 2 de octubre de 2017

00542 La Ensalada de Dieta

HUMILDE Y DELICIOSA


En realidad, el nombre de la ensalada me lo acaba de inventar en estos instantes. Supongo que su nombre será el de lechuga con queso y bacon. Si la he denominado de este modo es porque la aprendí, por decir algo, de una dieta que de vez en cuando hago y uno de los platos que aquí se indican es esta ensalada. Cuando estaba en plena operación dieta y me tocaba para cenar esta ensalada, las voces de mi unidad familiar eran unánimes: "nosotras también queremoooooos".

Ahora que no toca mirar báscula, de vez en cuando me gusta ponerla a la mesa. De complicación cero, rápida y muy grata de comer. Tiene los ingredientes ya mencionados: lechuga, unos taquitos de queso semi curado y bacon ahumado ligeramente pasado por la sartén, con muy poco aceite, o en el microondas. Sal, aceite y un poco de vinagre. Lista la ensalada.

En temporada de dieta sabe a manjar de dioses; ahora, su sabor es sencillamente humilde y delicioso.






martes, 19 de septiembre de 2017

00529 La Ensaimada de Mallorca

Y LA OTRA, TAMBIÉN


Por la puerta de casa ha entrado una gran ensaimada, en su blanca caja de cartón, recuerdo de Mallorca. Ni sé los lustros que hace que no sabía de su sabor. Igual cuarenta años, de cuando estuve con mi madre en esa preciosa isla visitando a un hermano que cumplía allí su servicio militar obligatorio. Puede que en alguna ocasión más cercana en el tiempo degustara bocado. Rebusco en mi memoria y algo me quiere decir, aunque no acabo de visualizar el momento. Sí en cambio,  recuerdo esas tres ensaimadas rellenas de cabello de ángel, unidas por un cordel para mejor viaje, que nos trajimos a la península para obsequiar a la familia.

Esta que ha entrado por la puerta de casa no estaba rellena. He echado en falta el almibarado cabello de ángel, pero estaba rica y sobre todo, después de escuchar los avatares hasta comprarla de quien la ha traído. Si estaría buena que ha durado un visto y no visto en la caja. Suave, dulce en su justa medida, tierna y deliciosa.

Mientras la ingería me ha venido a la memoria esa otra ensaimada rellena de nata que en mis tiempos de infancia, como premio a alguna bondad, me obsequiaba mi madre o las adolescentes amigas de mis hermanos en la Granja Anita de Huesca. Recuerdo que eran unas ensaimadas de las de relamer. Nada de comer a bocados. Primero había que relamer la generosa blanca nata que sobresalía de entre las tripas de la dorada y horneada masa. Y su olor, un penetrante olor a leche azucarada que en ocasiones, al paso de alguna heladería o pastelería, reconozco como si el recuerdo que narro hubiera pasado  hace un rato. Esas sí que ya no las he vuelto a probar más. Benditos recuerdos.

Siento curiosidad por conocer el origen de tan afamada ensaimada de Mallorca y esto es lo que leo: "Las primeras referencias escritas de este popular postre se encuentran en documentos del siglo XVII. Fue toda una revolución encontrar indicios de ensaimadas en ese periodo histórico, ya que el destino común de la harina de trigo era el pan y no los postres".

La primera vez que se encuentra escrita la palabra ensaimada es en un "receptari" compuesto por 139 recetas del fraile Jaume Martí Oliver. También aparece en el libro del Archiduque Luis Salvador sobre las tradiciones mallorquinas "Las Baleares por la palabra y el grabado". En esta obra se describe la ensaimada como "una pasta típicamente mallorquina, que acostumbran a tomar las clases media y alta en el desayuno o merienda o como postre en el almuerzo".

La auténtica ensaimada mallorquina cuenta desde el año 1996 con la Denominación específica y desde 2003, con la Indicación Geográfica Protegida.