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martes, 22 de agosto de 2023

01179 Los Boquerones en Vinagre

 CASEROS


Ya tardaban en aparecer por aquí. Con lo que me gustan y lo que se han hecho de rogar. La de kilos que habremos elaborado en casa e igual llevábamos más de dos años sin cocinarlos, en contraposición a un tiempo, largo tiempo, que no faltaba en el frigorífico una buena bandeja de boquerones en vinagre. En casa nos gustan a los cuatro y siempre ha sido aplaudida su presencia.

Mi gusto y afición por el boquerón en vinagre de elaboración casera, curiosamente no se localiza en casa de mi madre. No recuerdo que ella los preparara de esta guisa, y si lo hizo, me pasó por completo desapercibido. Y ya se me hace raro. Como digo, mi apego al boquerón avinagrado me lleva a casa de mis suegros. Los había probado con anterioridad, pero siempre de comercial manufactura o en algún bar que tenían a bien ofrecerlos. 

En casa de mis suegros eran un clásico. Cuando íbamos a su casa a comer o de fin de semana, raro era que mi suegra no hubiese preparado una bandeja de los siempre apetecibles boquerones en vinagre. Los comía sobre una rebanada de pan y acompañados con una cerveza bien fría. Me parecía una cosa excepcional. 

Debimos contagiarnos de esos boquerones, porque luego en casa, como ya he mencionado, durante muchos años y sobre todo, de cara a los fines de semana, formaron parte de nuestros menús. No sé cuando perdimos esta costumbre. El caso es que hemos estado bastantes años sin prepararlos así, hasta que han vuelto, con la esperanza y la confianza de que sea para quedarse.

Ingredientes: 1 kilo de boquerones, 100 ml de vinagre, 6 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, sal y perejil.

Elaboración: Limpiar los boquerones, quitando cabeza, espina y tripas. Si se desea, se puede quitar hasta la cola y dejar así libres los lomos del pescado. Lavar uno a uno los boquerones en agua bajo el grifo y secar con un paño. Colocar los boquerones limpios en una fuente un poco honda y cubrirlos con vinagre. Si se quiere suavizar la maceración, se pueden cubrir con una mezcla consistente en un tercio de agua y dos tercios de vinagre. Dejar macerar en el frigorífico durante una hora, si optamos solo por el vinagre, o durante tres horas, si utilizamos agua y vinagre para la maceración. 

Si se quieren evitar riesgos de anisakis, es aconsejable, una vez marinados, escurrir los boquerones, colocarlos en un recipiente, cubrirlos con una capa de aceite de oliva y congelarlos durante unas 48 horas. Una vez descongelados, estarán ya listos para aliñar y servir. Para ello, retirar el aceite y colocar los boquerones en una fuente. Cortar a láminas los ajos y picar el perejil. Mezclar con cuatro o cinco cucharadas de aceite de oliva virgen extra, dos o tres cucharadas de vinagre y sal al gusto. Remover y disponer la vinagreta sobre los boquerones. Servir. 







sábado, 28 de julio de 2018

00755 El Ajo Frito

SALUD E INMUNIDAD


Soy de los convencidos de que una cocina sin ajos es como un jardín sin flores. El ajo es el gran aliado de la cocina y hasta necesario. Y no diré que se genere un drama, pero casi,  cuando empiezas a cocinar, abres el frigorífico para coger unos dientes de ajo y observas que no hay. Se encienden todas las alarmas. Es como, y ya que he comenzado con un parangón, cuando los que somos fumadores, en la recta final del día coges la cajetilla de cigarrillos y está vacía. Y además, no hay un pitillo en toda la casa. Bueno, esto sí que es un drama. Creo que me he ido un poco del asunto.

A lo que iba. En algún momento de este blog ya ha sido laureado el ajo, así que no redundaré más en él. Hoy quiero traer hasta aquí a este bulbo de blanca piel, en su condición de frito. Me encanta el ajo frito. En cualquier sofrito, para rematar unas verduras, con unos cogollos de lechuga, para aliviar un simple arroz blanco cocido, con unos champiñones, en los asados de carne o de pescado... y en tantas y tantas "juergas" gastronómicas que nos podamos imaginar. Tanto me gusta, por sí solo, que si hay confianza con los comensales y hay alguien que lo aparta en el plato, pido permiso para hacerme con él. Me gusta su exclusivo sabor y la potencia que da a los alimentos.

He mirado si el ajo frito aporta algún beneficio a nuestro organismo y esto es lo que me he encontrado: baja el nivel de colesterol, limpia las arterias, normaliza la presión arterial, activa el sistema inmune, fortalece los huesos, disminuye la fatiga y mejora el rendimiento físico.

Pues nada, a seguir comiendo ajos fritos.

martes, 29 de mayo de 2018

00704 El Tomate con Ajo

ACEITE Y SAL

Esta entrada viene un tanto reivindicativa. Cuántas veces no habremos escuchado e incluso pronunciado, "nada, cualquier cosa. Un tomate abierto y poco más". No, no, no, nada de llamar a uno de los reyes de la huerta "cualquier cosa". A la pregunta de ¿qué te apetece para comer o cenar?, hay que responder, cuando se carece de apetito, "una gran cosa. Un tomate abierto y como un señor o señora".

Y es que el tomate es una gran cosa. Solo o con algún acompañamiento que no le haga mucha sombra, me parece algo celestial. Sí, ya sé lo que estarás pensando. Efectivamente, no vale cualquier tomate. Hay que tomarlo en temporada y criado en buena huerta. Que sepa y huela a tomate de aromática tomatera. Esos, esos son los que dejan huella. En su punto de color y maduración, que se sienta en la boca y la llene de sabor y frescura.

Un buen tomate salpicado de fino ajo, justo de sal y un buen chorro de oro líquido. No se puede pedir más. Bueno sí, ya puestos a pedir, con una buena hogaza de pan para acabar de disfrutar. Ahora sí que no se puede pedir más.

Y digo todo esto, cuando en mi época de infante, no lo podía ni ver. Un tomate en la mesa era la peor de mis pesadillas hasta que un día mi padre confundió la sal por el azúcar. ¡Qué cosa más buena! Estuve durante muchos años comiendo el tomate con azúcar hasta que en una ocasión mi cuñado Enrique, a quien, como ya he dejado escrito, debo mi paladar y eliminó la frase  "esto no me gusta" en materia culinaria, me dijo: "Fernando, vale ya de tonterías". En ese momento, pasó el tomate a ser una de mis muchas debilidades gastronómicas. Tanta es mi afición hacia este fruto que siempre que tengo oportunidad, escasas ahora oportunidades, me los como arrancados de la tomatera, tal cual, en su pura esencia. Me resulta suculento y fascinante.

lunes, 19 de febrero de 2018

00645 Los Pimientos Asados con Ajo

VERSATILIDAD

Recojo aquí la versión más humilde de los pimientos asados; simplemente con ajos. Humildad, sabor y versatilidad para una propuesta gastronómica, que en una ocasión leí cómo era clasificada en el apartado de "cocina para novatos". Y así es, este puede ser un buen principio para que cualquiera se pueda familiarizar con la cocina, cogerle el gusto y disfrutar de uno de sus muchos aromas.

Tan sencillo como asar unos pimientos al horno, quitarles la piel y las semillas de su interior y trocearlos en tiras longitudinales. Freír en una cazuela unos ajos en aceite de oliva virgen, si nos gusta el picante podemos incorporar un par de cayenas,  y cuando estos empiecen a coger color, añadir los pimientos y sazonar. Cocinar unos minutos a fuego medio, y como se dice ahora, y ya.

No queda más que disfrutar y saborear de tan sencillo preparado. Como aperitivo, entrante, a modo de montadito, como acompañamiento a carnes y pescados, en ensalada, para un pica pica, en verano,  en invierno o en las estaciones intermedias, en comidas, cenas o para matar el gusanillo entre horas. Siempre a mano y siempre dispuestos.


viernes, 3 de noviembre de 2017

00575 El Pan Tostado con Ajo

ACEITE Y SAL


Bueno, bueno, bueno, quién aparece por aquí. Otra de mis múltiples y humildes debilidades; el pan tostado con ajo, aceite y sal. Así, sin más predicamento ni acompañamiento alguno. Si lo hay, bienvenido sea, no le haré asco alguno. Pero realmente, como más me gusta, es en su sencilla desnudez: pan de hogaza tostado, buena friega de ajo, buen aceite de oliva y sal. Un desapercibido placer de los que resucita el ánimo y carga las baterías.

Cuántos buenos momentos me ha regalado tan tradicional combinación. Ahora no es tan habitual en mi dieta, pero de vez en cuando, algo en mi interior me pone a prueba a sabiendas de que llevo todas las de perder. No es que vea pan y ajo y me inciten de forma inesperada a unirlos, no. Esta cotidiana situación todavía la consiga dominar. Es un de repente, como un antojo, el que me incita a degustar semejante, para mí, manjar. Es entonces, como un deseo irrefrenable, cuando sí o sí, necesito sentir en mi boca el crujir del pan bien cargado de ajo y que el  cálido aceite y la sal hagan el resto.

Ahora no tengo oportunidad de ponerlo en práctica, pero en mis días de noches alegres y mañanas tristes, anda que no me socorrió en mis indecentes despertares. ¡Gloria bendita! O cuantos gusanillos de mi estómago ha sanado su ingesta. ¡También, Gloria bendita! Y qué decir de la compañía que me ha proporcionado en las domésticas tardes de bata y zapatillas. ¡Por supuesto, Gloria bendita! Y ya puestos, qué decir de tomar una de estas tostadas frente a una lumbre donde acabamos de dorar el pan.¡De escándalo!

Mira por donde, que sin tenerlo en mis planes, me acaba de entrar un de repente. No tenía pensado cenar. He comido tarde. Creo que no lo voy a poder evitar.





martes, 3 de octubre de 2017

00543 El Ajo

ALLIUM SATIVUM


Estoy pelando unos ajos y me pregunto qué sería de mi mundo gastronómico sin ellos. Conozco allegados a quienes les gusta su sabor, pero no su presencia, y también a quien no los puede ni ver. A mí me gustan de forma desmesurada. En mayor o menor cantidad siempre aparecen en mis platos. Fileteados, picados, enteros.... en verduras, pastas, patatas, carnes, pescados, guisos, asados, salsas, sofritos.. o simplemente frotado en una buena hogaza de pan tostado con aceite y sal. No solo me gusta su sabor sino también la fuerza y el carácter que imprimen a los alimentos.

Está considerado como un "superalimento", dados sus múltiples beneficios para nuestro organismo. Ya, Hipócrates, padre de la medicina, en la Antigua Grecia, acostumbraba recetar ajo para tratar diversas enfermedades. Según estudios coincidentes, el ajo es un alimento muy efectivo en la prevención de enfermedades cardiovasculares y un buen aliado para la digestión, además de un buen colaborador en la eliminación de desechos del organismo. Se trata igualmente de un excelente diurético que facilita la eliminación de líquidos y toxinas. De su listado de beneficios, destaca por ser un buen antibiótico selectivo: por ser natural, elimina las bacterias nocivas sin dañar aquellas que son buenas para nuestro organismo. Es asimismo un poderoso fungicida y un potente antiviral.

Solo tiene un pero, el olor que se desprende por la boca tras su ingesta, aunque deja de serlo con un buen cepillado de dientes, cosa por otra parte, lo aconsejable después de toda comida.