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domingo, 9 de agosto de 2026

01768 Un Visitante Inesperado

 NUNCA TAN CERCA


El día que una cigüeña visitó mi huerto
Cuando estoy en el huerto, las visitas son contadas.. Echo la vista a los tres últimos meses y que recuerde, he hablado con un par de individuos interesados por si se vendía la casa, es un clásico, el vecino con quien comparto riego una vez a la semana y un amigo que tenía interés por conocer el huerto del que tanto hablo. Esto es todo. Bueno, las "visitas de médico" casi a diario de mi amigo y compañero de teatro, Pepe, no las cuento. Pepe pasa los veranos en un chalet de una población vecina. Todos los días se da un largo paseo caminando, en cuyo itinerario se encuentra mi huerto. Si coincide que estoy, entra, echamos una "charradeta", como se dice por aquí, y antes de que apriete el calor, se vuelve para casa. No está conmigo más de quince minutos. Quince agradecidos minutos. Otros hortelanos me roban su presencia. Sus visitas me reconfortan y reaniman, pues me obligan a sentarme, tomar un café, fumarme un cigarrillo y despistar a mis pensamientos, que últimamente me tienen sobrepasado. Lo achaco al calor.

Hace unas semanas también recibí una visita totalmente inesperada. Estaba en cuclillas poniendo orden en las tomateras, cuando oí un sonoro ruido sobre mi cabeza que no alcancé a identificar. Me levanté como si me hubiesen puerto un petardo en salva sea la parte. Tan rápido me puse en pie, que todavía alcancé a ver tomar tierra a la causante de semejante susto; una cigüeña. La contemplé a distancia. Al principio la contemplé a distancia. Se paseaba como si conociese el lugar. Las plantas del huerto estaban todavía en sus inicios. Por un momento nos cruzamos la mirada. Seguí inmóvil para no asustarla como ella a mí en su reciente aterrizaje. El ave prosiguió recorriendo el recinto, altiva, como si caminara por una pasarela. Parecía encontrarse a gusto. Decidí acercarme a ella lentamente. Solo quería hacerle algunas fotografías con el móvil. Conforme me acercaba, la cigüeña se alejaba. No había manera de encuadrar una imagen en condiciones. Tomé algunas instantáneas a bote pronto para que me sirvieran de acta notarial de su presencia en el huerto. Y menos mal, porque a los pocos minutos, igual que llegó, se fue.

Acostumbrado como estoy a insectos, gatos, gorriones y a alguna que otra urraca, su presencia me distrajo de mis tareas diarias, lo que le agradecí enormemente. Además, nunca había estado tan cerca de una cigüeña, algo que también pasó a mi haber. Más que nada, porque los animales con pico no me gusta tenerlos cerca. Tengo la impresión de que esta cigüeña no fue la primera vez que visitaba mi huerto. 

 



martes, 12 de mayo de 2026

01754 ¡A Soñar!

 SERÁ POR SUEÑOS


Acabo de encontrarme en la calle con un conocido. Hacía tiempo que no nos veíamos. Nos hemos alegrado, creo, con nuestro reencuentro. Él estaba sentado en una terraza tomándose una cerveza. Me ha invitado a sentarme, pero Humphry, mi perro, no lo ha permitido. No le gusta que me entretenga con la gente. Lo manifiesta con sus penetrantes ladridos. Bien a gusto me hubiese sentado para tomarme una cerveza y charlar un rato con mi viejo conocido. Echo en falta esta sana costumbre, cuasi olvidada.

No obstante, él sentado y yo de pie, hemos entablado una rápida y curiosa conversación. 

- ¿Qué tal estás?, le he preguntado.
- Bien, jubilado. Aquí tomándome una cerveza. Siéntate. Te invito a una caña.
 (Humphry no para de ladrar)
- A gusto me la tomaría, pero ya ves cómo se pone el amigo. ¿Qué es de tu vida?
- No me puedo quejar.
- ¿En qué inviertes tu tiempo libre de jubilado?
- Pues ya ves, a pasear, a tomarme alguna cerveza con los amigos y sobre todo, a soñar.
- ¿A soñar?
- Sí, a soñar. 
 (Humphry sigue ladrando)
- Bueno, voy a tener que dejarte. Ya ves que aquí, el amigo, no para de ladrar. Un día que vaya sin perro nos tomaremos esa cerveza.

De regreso a casa, he estado reflexionando sobre lo dicho por mi conocido. Soñar. En su tiempo libre, que no es poco, no va al huerto, ni al gimnasio, ni forma parte de coro alguno, ni se dedica a viajar, ni a leer, ni va a un club de lectura, ni... Sueña. Desconozco cuáles son sus sueños. Solo sé, por lo que me ha dicho, que se dedica a soñar. Tampoco sé si se cumplen sus sueños. A lo mejor no tienen porqué hacerse realidad y es más que suficiente el hecho de soñar. Solo sé que le he visto feliz. Su cara le delata. Puede que sus sueños tengan gran culpa de ello. Será por sueños. ¡A soñar!





sábado, 9 de mayo de 2026

01752 El Grito Que Nunca Se Oyó

 NUBES ENCENDIDAS


Fue algo más que una mancha de color en el cielo. Fue la abstracción al final de una jornada jalonada de enojos y crispaciones. Todo el mundo parecía estar malhumorado, insatisfecho, descreído, iracundo. Algo estaba pasando, pero no alcanzaba a encontrar una explicación.

Salí al campo a gritar, a desahogarme, a respirar otro aire menos contaminado de antipatía. Acostumbra a funcionar. Me senté sobre una piedra y miré a mi alrededor para cerciorarme de que estaba solo. Estoy algo loco, pero tampoco es cuestión de ir pregonándolo a los cuatro vientos. Me preparé para dar el grito deseado. Cogí aire para llenar mis pulmones y al levantar la vista para proferir mi aullido, me encontré en el cielo con un inesperado panorama. Pasajeras nubes habían encendido sus luces, regalando su presente de sosiego y serenidad. Me quedé embobado mirando su belleza, atrapado en su color de fuego, hasta que el grito se ahogó en mi garganta.


viernes, 8 de mayo de 2026

01750 Esclarecedora Señal

 SIN MIEDOS


Tengo fobia a las tormentas; una herencia de mi madre difícil de superar. Lo intento, pero no lo consigo. 

Una tarde de verano en la terraza de casa, ensimismado con una lectura, no me percaté de la llegada de una gran tormenta bien cargada de rayos y truenos. Con los primeros sonidos me guarecí en casa. Tras el ventanal del salón me dispuse, no sin temor, a contemplar lo que pudiera ser un espectáculo natural. Los rayos asomaban por decenas en el horizonte, arropados por un cielo cuasi oscuro. Mi temor me aconsejaba que me retirara a las habitaciones interiores de la casa, pero mi curiosidad y asombro a cuanto veía, me anclaron al suelo. 

En un acto atrevido e inconsciente para mi forma de ser, fui a por mi cámara de fotos y salí de nuevo a la terraza. Comencé a lanzar disparos a un luminoso horizonte, humedecido por un intenso y escalofriante sudor. Sin mirar el resultado de cada instantánea capturada, disparaba una y otra vez a cada rayo que aparecía en lontananza. Mentiría si dijera que me encontraba cómodo y seguro, pero también lo haría si manifestara lo contrario. Fue una sensación extraña. Finalmente, un ensordecedor trueno me devolvió a mi vida real para recordarme mis temores a las tormentas.

Cuando todo acabó, cogí otra vez la cámara y comencé a revisar las imágenes tomadas unos minutos antes. Había de todo: fotografías desenfocadas, otras desafortunadas, algunas pasables y media docena que me parecieron fantásticas. Estas últimas me hicieron pensar sobre todo lo que los miedos y temores me pueden llegar a privar. El miedo es libre, pero atenaza. Se es más libre sin temores. Igual aquel día fue una esclarecedora señal.


martes, 28 de abril de 2026

01744 Carta a un Paisaje Amigo

 EN UN TIEMPO SENTIDO Y CON SENTIDO


Vista desde Pilzán (Ribagorza, Huesca)
Querido paisaje amigo:

Hacía tiempo que quería escribirte, pero no encontraba el momento. No, no es una excusa. A los amigos hay que dedicarles tiempo y más cuando están en la distancia; un tiempo sentido y con sentido. Y este es el momento.

Desde la última vez que me acerqué hasta ti, de esto hace unos tres años, la perspectiva de la vida me ha cambiado considerablemente. Mi hija mayor contrajo matrimonio hace dos años,  y ya soy abuelo de una preciosa niña, Blanca, que en junio cumplirá un añito. Me cuesta expresar con palabras lo que para mí significa esta bendita criatura. Dicen que ser abuelo es alcanzar un grado. Será. En mi caso, me ha quitado años de encima, que falta me hacía. Ha sido retroceder treinta años y recuperar sensaciones como cuando tenía en mis brazos a mis hijas, jugaba con ellas, me pasaba horas prendado de sus inocentes ojos, les mordía los pies, me asía a sus diminutas manos en un intento de transmitirles que nunca permitiría que les ocurriera algo pernicioso y que velaría por su felicidad. Y lo más importante para mí, como ser inseguro que soy, la presencia de Blanca, igual que ocurriera con mis hijas, me da seguridad y mucha paz. Será porque cuando estoy con ella, al igual que con Loreto y Jara, me olvido del mundo y de sus cuitas, para disfrutar de grandes momentos entre canciones, muecas, carantoñas, arrumacos, risas y su despertar a la vida. Con Loreto y Jara aprendí a ser padre a base de aciertos y errores. Con Blanca desaprenderé lo aprendido para convertirme simplemente en un grato recuerdo repleto de amables vivencias.

Por lo demás, querido paisaje amigo, la vida transcurre entre pinturas, lecturas, el huerto, el teatro y mis acostumbrados dolores de huesos, como el que padecía el día que nos conocimos. Por cierto, todavía recuerdo el gratificante dulzor de la breva que me ofreciste y que degusté mientras me deleitaba con un paraje limpio, de bucólico horizonte y evocadora belleza.

Cualquier día de estos te doy una sorpresa y vuelvo a visitarte.

Hasta entonces, cuídate mucho. Me haces falta.

Un enorme abrazo.


sábado, 28 de marzo de 2026

01736 El Que Algo Quiere

 ALGO LE CUESTA



Dice el refranero español, aplaudido y denostado a partes  iguales, que "el que algo quiere, algo le cuesta" Y es que con frecuencia, para conseguir un objetivo, se hace necesario emplear todos los esfuerzos y dedicación disponibles. 

El mes de mayo está a la vuelta de la esquina. En mi caso, ese es el momento de tener la tierra del huerto bien preparada e iniciar así una nueva ilusión. Resta un mes y medio para empezar a plantar y preparar semilleros. Soy de los que planta para San Isidro, aunque este año me gustaría iniciar este proceso unos días antes. Pero para que esto suceda, todavía tengo que asear la tierra, eliminar hierbas y después labrar. Mi forma de llevar el huerto es muy artesanal. Apenas cuento con maquinaria, los aperos básicos, y eso sí, muchas ganas e ilusión desmedida.

Lo mío me cuesta cada año sacar adelante el huerto. Sobre todo en estos iniciales momentos de limpieza y preparativos. Los años pasan, y también pesan. ¡Ya lo creo! Este año me está costando sobremanera e incluso he pensado en abandonar. Me siento incapaz. No es nada nuevo. Todos los años me sucede lo mismo. Cuando entro en caída libre, me acuerdo de los gratísimos momentos que paso en el huerto, la paz que me transmite, sus aromas con sus instantes y en cada momento, en el refugio que me acoge, en la fortuna que tengo de disponer de él... Entonces, pienso en todo lo que me voy a perder si no soy capaz de asear este espacio vital. Y continúo. Y saco fuerzas dónde apenas quedan. Y me acuerdo de mi hermano Antonio, que en su eterno recuerdo, puse su nombre al huerto; el huerto de Toño. 

Sí, el que algo quiere, verdaderamente quiere, algo le cuesta.

miércoles, 25 de marzo de 2026

01733 De Arbustos y Malezas

ESPERANZA INTRASCENDENTE Y VITAL


Hay días en los que las páginas en blanco de cada amanecer están llenas de tachones. La serenidad, templanza y armonía se acurrucan de cuclillas en un rincón, avergonzadas y asustadas de tanta sinrazón y despropósitos innecesarios. Es entonces el momento de mirar alrededor para despistar al desánimo y buscar un atisbo de esperanza intrascendente y vital.

Hay días en los que hasta la maleza y los arbustos se reciben como un regalo; una bella dádiva con la que borrar los posibles tachones de cada amanecer.


jueves, 19 de marzo de 2026

01730 Mi Zona de Confort

 CONTRACORRIENTE


Tengo la ligera impresión de que siempre he vivido contracorriente. Y así me ha ido. Echo la vista atrás y me veo envuelto en decenas de batallas, la mayoría con resultado de derrota y fracaso. Aun así, el mal sabor que la lid en cuestión me dejaba, duraba poco. No transcurría mucho tiempo que ya estaba metido hasta las trancas en otro asunto.

Llegada la jubilación la cosa cambió. Continúo metiéndome en algún que otro fregado, pero nada que ver con los anteriores, y si veo que me va a acarrear incomodidad o sufrimiento, abandono la causa. Con todo, me da la impresión de que sigo viviendo contracorriente. Ahora, cuando todo el mundo parece querer salir de su zona de confort, yo cada día me apalanco más en ella. Bastante "desconfortado" he vivido.

Sí, me gusta mi zona de confort, a pesar de lo que digan psicólogos, pseudo progres, influencers, creadores de contenidos o modernos al uso. Cómo renunciar a un huerto que me lo todo, a una hermosa puesta de sol, a un anónimo paisaje, a un café sin tiempo, a ese primer sorbo de una cerveza, a un sueño recurrente, a la esencia de las cosas más insignificantes, a una mirada al mar, a la lectura de un libro bajo una higuera, a unos pinceles en las manos de un aprendiz, a una lágrima emocionada o a una buena sobremesa. Se acabaron los cantos de sirena. Es tiempo de elegir mis propios sonidos.



jueves, 12 de marzo de 2026

01727 El Silencio Aprendido

 COMO ANALGÉSICO


Los años me han enseñado
que el silencio
es el analgésico preciso
para el ruido atormentado.


martes, 10 de marzo de 2026

01724 Un Árbol Para Reflexionar

SERENIDAD



Una tarde en Cadaqués (Girona)

Cuando mi mente necesita pensar atenta, detenida y profundamente, acostumbra hacerlo junto a un árbol. No acabo de situar en el tiempo el origen de esta costumbre. Creo que fue un amigo quien me lo recomendó, pero tampoco lo tengo muy claro. El caso es que cuando mi mente ya no puede más, se alía con un árbol para reflexionar. Parece sentirse más segura, más centrada en su cometido.

En el día a día, son varios los árboles que tengo apalabrados y cuando estoy fuera de casa, enseguida me alío con alguno por si acude la necesidad. Acostumbran a ser árboles en soledad, como yo, como mi mente cuando requiere estar sola. No habla con los árboles, todavía no ha llegado a esa fase, con sentirlos cerca le es más que suficiente. Observo que está más tranquila y que sus mudas palabras parecen más ordenadas. No busco respuesta a su costumbre. Verla serena me complace y también me trae serenidad y complacencia. Por eso, siempre me gusta tener un árbol cerca para reflexionar.

domingo, 22 de febrero de 2026

01722 Fugaces e Inesperadas Visitas

 DÍAS DE HUERTO


En el huerto no hay espacio para el aburrimiento. Siempre hay algo que hacer o alguno de sus muchos asuntos pendientes reclama mi atención. Hasta los breves descansos se tornan activos. En estos últimos casos es la vista quien toma el mando, bien para pasar revista al trabajo realizado, bien para enumerar el orden de las faenas a ejecutar sin mucho tardar. El caso es estar siempre en movimiento para que la dicha en el huerto sea completa.

A todo lo mencionado hay que añadir algo más; los bellos e inesperados instantes que de vez en cuando me sorprenden y acaparan toda mi atención. Me refiero a los eventuales visitantes que transitan por el huerto, en su mayoría aves e insectos. Parecen encontrarse a gusto entre las plantas y no seré yo quien turbe su placidez. Todo lo contrario. Recibo con agrado su visita. Me siento acompañado en mis largas y deseadas horas de soledad. Observo sus estudiados y repetidos movimientos, que se transfieren hacia mí como un entretenimiento. Sus visitas acostumbran a ser muy cortas, excesivamente cortas para mi gusto. Es lo que tiene ser un alma libre y viajera. No siempre consigo fotografiar su presencia. En cuanto me perciben, desaparecen como estrella fugaz. Me gustaría decirles que no tienen nada que temer, pero me temo que no me creerían. Y lo entiendo, cómo creer en la palabra de un ser humano. A mí me sucede lo mismo. Sea como fuere, seguiré disfrutando de esos inesperados instantes de fugaces visitas y que tanto agradezco.





lunes, 16 de febrero de 2026

01721 Me lo Enseñó la Luna

 EN UNA NOCHE DE CAMINAR ERRANTE


No todos los días son un regalo ni todas las noches te obsequian siempre con su descanso. Hay días que masticarlos se hace bola. Cuesta afrontarlos y la mochila de los recursos parece estar fuera de servicio. Darte por vencido y abandonarte no es la solución. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo lidiar el abatimiento que parece sentirse cómodo en tu piel? 

Me lo enseñó la luna en una noche de caminar errante. Las calles vacías de la pequeña ciudad apenas invitaban a una incipiente fantasía. En otros momentos me hubiese funcionado como recurso. Pero esa noche no era el caso. El silencio tentaba con entrar en conversación, pero mis palabras se habían quedado en casa. No recuerdo si en la almohada o amontonadas sin orden en la mesa de mi despacho.

Seguí caminando calado de pesadumbre. Un joven ebrio se interpuso en mi camino. Por sus gestos intuí que quería un cigarrillo. A saber, dónde, el muchacho, también habría olvidado sus palabras. Tuvo suerte. En la cajetilla todavía quedaban seis pitillos. Le ofrecí dos que fueron recibidos con nuevos gestos y que intuí podrían significar agradecimiento por el tabaco regalado. Conforme nos alejábamos, escuché salir de su boca un farfullo de vocablos. ¡Qué guerra se llevaría! Solo alcancé a desearle, también sin palabras, que la noche se le hiciese corta. Creo que los dos, por diversos motivos, lo necesitábamos.

Cada vez arrastraba más los pies. Mala cosa. Acostumbra a sucederme cuando estoy en un bucle existencial. No sé muy bien qué significa, pero suena bien. Cansado de deambular totalmente desnortado, me senté en un banco. Saqué de nuevo del bolsillo la cajetilla de tabaco, extraje de ella un cigarrillo, lo lleve a mi boca, lo encendí, aspiré su humo todo lo que dieron de sí mis pulmones y con la mirada perdida en el cielo exhalé la fumarada.

Allí estaba ella, grande, hermosa, luminosa, dominando el oscuro escenario con su blanca, atractiva, enigmática y prestada luz. La miré fijamente en todo su esplendor. Tiré al suelo lo que quedaba del pitillo, lo aplasté con la suela del zapato y sin dejar de observarla me levanté del asiento para comenzar de nuevo a caminar. Me dejé llevar por ella entre calles y callejas, desconociendo el destino que me habría reservado. Por poco atractivo y placentero que fuese, algo me decía que iba a merecer la pena haber picado su llamativo señuelo. Sin distraer mi mirada de ella, me abandoné a su capricho.

Perdí la noción del tiempo y con ella, también mi abatimiento. Sin yo saberlo, había llegado a mi destino. La oscura y plácida noche se engalanaba, en uno de los parterres del solitario parque, con unos erguidos tulipanes rojos, en franca competencia con unos violáceos pensamientos, acompañado todo de  un agradable y penetrante olor a tierra mojada. El escenario, del que apenas llegar me hizo sentir protagonista, me pareció sencillamente fascinante por lo hermoso e inesperado. Poco había que decir, solo sentir. Sentir un breve instante de necesitada paz y requerido sosiego. Me senté en un banco próximo y dirigí mi agradecida mirada hacia la luna, a ella que sabe de todos nosotros y cómo auxiliarnos en nuestras urgencias. 

Lo aprendí de la luna en una noche de caminar errante.




Parterre de tulipanes en el Parque Miguel Servet de Huesca




miércoles, 3 de diciembre de 2025

01719 De Chiripa

 POR CASUALIDAD


Fue en un viernes de una mañana otoñal, en un paseo sin norte, de los de ver, caminar, vislumbrar y admirar. Y a cada paso, en el silencioso bosque, un crujir de hojas de secas bajo encinas que despedían sus frutos imposible ya de retener.

Detuve mi caminar, me puse en cuclillas y cogí al azar dos bellotas todavía verdes. Me gusta la apariencia de este fruto. Las deposité en la palma de mi mano izquierda y las inmortalicé en una instantánea para mis cosas de andar por casa. Un divertimento como otro cualquiera. Después, las dejé caer de mi mano para confundirse en la tierra con el resto de ejemplares y seguí mi paseo sin norte disfrutando de un paraje que parecía querer abrazarme en cada paso, en cada mirada, en cada aliento.

Al llegar a casa, retomé mi deleite revisando las fotografías realizadas a lo largo de mi paseo matinal. Hay que intentar que las bellas imágenes encuentren su acomodo en la memoria, algo cada día más complejo. Al llegar a las bellotas, algo me llamó poderosamente la atención, y que en su momento me pasó totalmente desapercibido. Una de los frutos sostenía dos minúsculas gotas de agua, dos pequeñas lágrimas de rocío. Observé la imagen detenidamente mientras a mi cabeza acudían algunas reflexiones; lo inadvertidas que nos pasan las cosas insignificantes, hasta el punto de ser incapaces de ver toda su grandeza... o que muchas de las cosas que nos pasan suceden por casualidad o porque la suerte nos ha sido favorable. Vamos, lo que viene siendo de chiripa. Y comencé a pensar, ya puestos a seguir entreteniéndome, en la cantidad de cosas y situaciones que me han sucedido y en las que la suerte oportuna o una casualidad feliz han tenido su protagonismo. Ha sido curioso el resultado, al igual que las dos bellotas con sus dos gotas de rocío.






miércoles, 25 de junio de 2025

domingo, 22 de junio de 2025

01683 Contra Todo Pronóstico

TODA UNA EXPERIENCIA


Contra todo pronóstico, acabo de descubrir en un día de desafectos con la vida, que sé estar sin hacer nada. Hasta mi cabeza con sus pensamientos se ha desactivado. Ha sido toda una experiencia.


lunes, 16 de junio de 2025

01682 La LLuvia Hoy No Moja

 ACARICIA


La lluvia hoy no moja, acaricia. Tal es la quietud, que el paraje parece una fotografía hecha a la medida. A lo lejos canta un gallo. La tierra mojada me trae recuerdos indeterminados. Inclino mi cabeza hacia atrás, cierro los ojos, los abro y la confusión se me presenta como algo natural.


miércoles, 4 de junio de 2025

01681 A Cara Descubierta

 SIN TRAMPA NI CARTÓN


Puede que me repita. Seguro que me repito. No me cansa la belleza ni los momentos vividos a costa de ella. Sin trampa ni cartón. Una puesta de sol siempre es un regalo sorprendente, cuando ya pocas cosas pueden llegar a sorprenderte. Hoy no hay metáforas ni imaginación para la causa. Solo existe el final de un día. Da igual cómo haya sido este. Todo se olvida ante la belleza a cara descubierta.


martes, 3 de junio de 2025

01680 Comprometida con la Vida

 PRIMAVERA


... y de las yemas de los dedos, todavía abrigados, brotaron finas ramas hacia una nueva vida, deseosas de alcanzar un cielo imposible, a pesar de estar aupadas por la luz cálida de una primavera comprometida.


miércoles, 30 de abril de 2025

01663 Un Cielo Llamado Fantasía

IMAGEN EFÍMERA


Hoy miro al cielo, pero no para interpretar ni imaginar como acostumbro. Alzo la vista atrapado por una imagen efímera, llena de fuerza, misteriosa. En apenas cinco segundos, la apariencia ha cambiado por completo. El aspecto es similar, no así sus colores. La imagen inicial, flamígera y calórica, ha dado paso a otra más apagada y lúgubre, pero no por ello menos bella y fascinante. Es una lección de vida. Todo puede cambiar en un chasquido de dedos. Pero no, hoy no quiero mirar al cielo para interpretar, ni imaginar, como acostumbro. Hoy solo quiero disfrutar con un cielo llamado fantasía.



viernes, 25 de abril de 2025

01659 "Empeño por Conducir"

 COSAS DE HUMPHRY


De Humphry tengo un buen número de fotografías con momentos entrañables. De todas ellas, esta que traigo hasta este caleidoscopio vital, es mi favorita. No es la mejor fotografía, pero es la que cada vez que la observo, además de sacarme una sonrisa, me recuerda que a Humphry solo le falta hablar. Ya lo intenta. En ocasiones, cuando intuyo que está contrariado o molesto por algo, emite unos sonidos, una especie de balbuceo, que me gustaría saber interpretar. Con frecuencia, se queda mirándome fijamente a los ojos, sin pestañear. Lo que daría por saber qué pasa en ese instante por su cabeza. En casa es un bendito. No así en la calle, que saca el "macarra" que lleva dentro. Sus treinta kilos de peso, de momento, me han originado una lesión en el hombro derecho y el izquierdo comienza ya a dolerme. Mi relación con él es buena, aunque reconozco que hay días que me resulta insoportable. Aunque pienso que no es una cuestión suya, sino de mi capacidad de aguante. No sé. No entiendo de canes. Solo sé que es un buen perro y que me ha regalado momentos fantásticos como el de la imagen y su "empeño por conducir".

P.D. Para los que buscan tres pies al gato, en este caso al perro, el coche estaba perfectamente estacionado, con el motor apagado, sin las llaves de arranque puestas, con el freno de mano puesto y Humphry, sobre las rodillas de una sobrina con carnet de conducir.