SIEMPRE ADMIRADO
Necesitaba un abrazo. Siempre son necesarios los abrazos con independencia de que el espíritu que los mueve esté arriba o abajo. Nunca viene mal un apretón de esos que hasta el corazón parece pedir regazo.
Miré a mi alrededor y no tenía a quien envolver entre mis brazos y sentir en mi espalda el acompasado y sonoro plas, plas, plas, plas de vieja usanza.
Me acordé entonces del mar con su brisa, su agua, sus olas y su espuma blanca. A él le pedí el abrazo necesitado. Me lo trajo desde la línea del fondo en quietud desmesurada y al llegar a la orilla, entre revuelos y cálidos aromas, me lanzó el abrazo deseado; el abrazo de un mar que no se cansa de ser admirado.
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