domingo, 11 de febrero de 2024

01260 Una Necesidad

 PARAJES LIMPIOS Y SINCEROS


De pronto,
todo me pareció gris.
El cielo, la calle, el horizonte,
el pasado, el presente, el futuro...
Todo se dibujó del color de la ceniza.

La necesidad de agarrarme a algo
durante un momento,
trajo a mi memoria un paisaje,
uno de tantos,
en el que mi imaginación
pudiera encontrar destellos de luz.

Y así fue como recordé
un paraje limpio y sincero,
de colores otoñales que esperan al invierno,
con un profundo silencio,
como si guardara algún secreto.

Respiré su aire,
hice de la hierba mi lecho
y de la pradera, mi espacio de recreo.
Estrellé preocupaciones y desánimos
contra una pétrea mole,
noble guardiana,
del cautivador paisaje.

Nada allí parece irrelevante.
Todo tiene su oficio,
sin artificios,
para regresar a la luz,
desnudo,
de puntillas,
sin ruido.












viernes, 9 de febrero de 2024

01259 La Ensalada de Arenques y Remolacha

 FELIZ REENCUENTRO


He estado toda la mañana intentando poner orden a los miles de recetas que he ido recopilando a lo largo de los años. Es una misión imposible, como la de alcanzar a escribir sobre diez mil cosas que me gustan. Pero bueno, sendas actividades cumplen a la perfección su objetivo: entretenerme.

De cualquier manera, ordenar, en un nuevo intento, las recetas, me ha servido para recuperar algunas sensaciones y rescatar del olvido algunas excelencias culinarias. Como, por ejemplo, la que traigo a continuación. Se trata de una ensalada de arenques y remolacha, y que igual hacía treinta años que no había vuelto a degustar. En su día, me encantó. De hecho, me hice con una receta, que es la que comparto más adelante.

Volver a probarla ha sido reencontrarme con un sabor muy particular, como es el de la remolacha. Si bien, un tanto desvirtuado por el resto de ingredientes que conforman esta ensalada de origen alemán e incluso escandinavo, y muy popular en Rusia.

La Roter Heringssalat, como así se denomina en su origen a esta ensalada, me parece muy atractiva, ya no solo por su color, sino por su intenso y fresco sabor. Además de resultar ligera, a pesar de su apariencia, es equilibrada y económica. Recetas al respecto hay una amplia variedad. La que comparto a continuación es la que me he encontrado mientras ordenaba mi extenso recetario y que después de muchos, muchos años vuelvo a recuperar.

Ingredientes para 6 personas: 4 remolachas medianas frescas, 2 manzanas Granny Smith o Golden, 3 patatas, 2 latas pequeñas de arenques ahumados, 12 pepinillos agridulces pequeños, ½ cebolla dulce, mayonesa con aceite de girasol y sal.

Elaboración: Pelar las remolachas y cocerlas. Dejar enfriar y cortarlas en pequeños dados. Pelar las patatas y cocerlas. Dejar enfriar y cotarla en pequeños dados.  Reservar. Escurrir el líquido de los arenques, quitarles la piel y cortarlos en trocitos. Reservar. Pelar la manzana y cortarla en dados. Reservar. Cortar los pepinillos en trocitos muy menudos. Reservar. Cortar la cebolla en trocitos también muy pequeños. Hacer una mayonesa que quede más bien espesa. Reservar. Poner todos los ingredientes en una fuente, sazonar y mezclar bien. Introducir en el frigorífico durante unas cuatro o cinco horas. Servir.

 




miércoles, 7 de febrero de 2024

01258 Los Tomates Cherry con Burrata

TENTADOR


La cosa está clara. Si me gustan por separado el queso burrata y los tomates cherry, unidos para una buena causa, como es, formar parte de una buena ensalada, hablamos ya de palabras mayores.

Me parece una combinación perfecta. No se quitan protagonismo alguno, se complementan a la perfección y dejan un grato recuerdo en el paladar. Sí, me encantan los tomates cherry con burrata.

En esta ocasión, a la suavidad y cremosidad de la burrata, le acompañan dos tipos de tomate cherry: la dulzura del tomate cherry de pera y el intenso sabor, también dulce, del tomate cherry kumato. Todo aderezado con un buen aceite de oliva virgen extra, orégano, en su justa medida, y sal. El resultado no puede ser más amable y tentador.

Lo cierto es que, en los últimos años, las campañas de verano de los tomates cherry en mi huerto están siendo espectaculares y salvan mis desalientos ante la escasez de sus parientes los tomates rosas y corazón de buey. A partir de mediados de agosto, empiezo a coger estos pequeños tomates, que me acompañarán, si todo va bien, hasta mediados de octubre. El recetario de cómo sacarlos a la mesa es amplísimo, siempre apetitoso, sencillo y muy visual. Pero con burrata, para mí, siempre es un plus.






martes, 6 de febrero de 2024

01257 Los Cogollos con Bonito y Anchoas

¡BIENVENIDOS!


Como va quedando patente en este caleidoscopio vital, son muchas pequeñas cosas, sin importancia, las que me gustan. En esta ocasión, se trata de los cogollos, a los que ya dediqué mi atención en la entrada 00665.

Todos los años planto en el huerto unas cuantas decenas de ellos. No requieren mucha atención, salvo quitarles las hierbas que puedan crecer en su entorno y atar sus hojas cuando el cogollo comienza a tener forma. No hay más. O por lo menos, yo no hago nada más. 

Acostumbro a disfrutarlos en la mesa de muy diversas maneras. Todas muy sencillas, deliciosas y resultonas. Si bien, los primeros que recolecto en el huerto, siempre tienen la misma bienvenida; con unos buenos tacos de bonito en conserva y unas anchoas de Santoña. Se ha convertido en una de mis pequeñas tradiciones. Me parece un bocado muy interesante, por los sabroso y refrescante que resulta. A lo largo del verano, y hasta que den de sí los pequeños vegetales, volverán a la mesa de esta guisa, solo que el bonito no será en taco, posiblemente sean migas, y las anchoas no serán de Santoña, sino de ¡vaya usted a saber!. Pero ese primer día, tienen que entrar en casa por la puerta grande y sin escatimar la compañía.

Evidentemente, encontrándonos en el mes de febrero como estamos, en el huerto no hay cogollos. Tendrán que pasar algunos meses hasta que pueda disfrutar de ellos. De momento, ya tengo el bote de bonito en aceite y el de anchoas de Santoña, preparados para su llegada.  




lunes, 5 de febrero de 2024

01256 Las Bacaladerías

 LOS OJOS COMO CHIRIBITAS


El hecho de que esta sea la novena ocasión que aparece por este caleidoscopio vital el bacalao, deja bien patente mi gusto y querencia por este pez. Y las que quedan por escribir. ¡Qué gratos y buenos momentos los que me ha deparado!

No soy muy dado a ir de tiendas, ni de compras, ni tan siquiera de fijarme en los escaparates. Estos últimos tienen que ser muy atractivos para que acaparen mi atención. Pero dicho esto, como a mi paso me encuentre con una bacaladería, ya es otro cantar. No solo me quedo embobado delante del escaparate, sino que entro en el establecimiento para nutrirme de su inconfundible aroma. Olor, por otra parte, que a mucha gente cercana a mí, le desagrada. Por este motivo, en la mayoría de las veces, me deleito y disfruto de las bacaladerías en soledad. Y lo prefiero así, pues si voy acompañado, todo son prisas y caras de pocos amigos. Y no es plan.

Mi atención a las bacaladerías datan de cuando estudié en Bilbao y sobre todo, gracias a mi hermano Antonio. Como yo, o yo como él, era un fan, fan de estos peculiares y para mí, atractivos establecimientos. Amante como era del buen comer y sus grandes dotes como cocinero, en los últimos años, cuando iba a Bilbao a pasar algún fin de semana, el sábado lo dedicábamos a comprar los ingredientes necesarios para el menú que había pensado. Tampoco mucha cosa, pues amante de los guisos como era, muchas de sus propuestas gastronómicas previstas para el fin de semana, estaban cocinadas con anterioridad. Con todo, visitas obligadas eran, su cocedero de mariscos de referencia, en Deusto, próximo a su casa, y una bacaladería, también de referencia, en el Casco Viejo bilbaíno. Un recorrido de auténtico deleite. El itinerario lo finalizábamos, conocedor Antonio de mis gustos por los mercados, en el Mercado de la Ribera. Algún día, a no mucho tardar, pasearé su belleza e historia por estas diez mil cosas que me gustan.

Volviendo a las bacaladerías, tanto a Antonio como a mí, se nos hacían los ojos chiribitas. Primero, por la hermosura de las piezas expuestas a la venta, y luego, pensando en los cientos de posibilidades que este pez ofrece en la cocina. Yo, más bien hablaba poco. Escuchaba al maestro y aprendía de sus enseñanzas. Se nos pasaba la mañana en un visto y no visto, disfrutando de la compañía y dejando que nuestros sentidos escamparan a sus anchas.

Me gustan las bacaladerías, sí, pero hace tiempo que no las frecuento. Las fotografías que ilustran esta entrada se corresponden con la última visita que hice a una de ellas en compañía de Antonio. Y no es por falta de ganas. Simplemente, todavía no estoy preparado para disfrutarlas sin su fraterna compañía.













martes, 30 de enero de 2024

01255 La Paella de Alcachofas y Pollo

 FANTÁSTICA COMBINACIÓN


Ya he comentado en alguna ocasión, que las paellas no son mi fuerte. Alguna he cocinado, pero pocas y en casos extremos. De hecho, ni me acuerdo cuál fue la última. No es que no me guste meterme entre arroces, sino que siempre he tenido a alguien a mi lado que las borda. Otra cosa es sentarme delante de ella. Nunca diré que no. Siempre me resulta apetitosa y no importa cuál sea su contenido. Me da lo mismo aquello que acompañe al arroz. Todo me está bien y las disfruto de igual manera. Eso sí, si me dan a elegir, prefiero que en mi plato no haya muchos “tropezones” y que domine el arroz con un buen sabor.

La última paella inolvidable la disfruté en casa de mi hermana Gemma. Fue una paella de alcachofas con pollo. Huelga decir que estaba más que deliciosa y plena de sabor. Los “tropezones” en su justa medida, al igual que el arroz en su punto de cocción. Hacía años que no probaba esta combinación. Tanto me gustó que no dudé en fotografiar el manjar para traerlo hasta aquí. Recetas al respecto hay un buen abanico. Comparto aquí la ejecutada por Gemma.

Ingredientes: 4 muslos y contramuslos de pollo troceados, 6 alcachofas, 1 pimiento verde, 2 tomates, ½ cebolla, 2 dientes de ajo, una cucharada de azafrán, un tazón y medio de arroz, 3 vasos de agua, colorante alimentario, sal y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: En una paella con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, freír, una vez sazonados, los trozos de pollo hasta que se doren. Reservar. Freír en el mismo aceite los corazones de alcachofa. Reservar. Hacer un sofrito con el pimiento, la media cebolla, los dientes de ajo y los tomates, todo cortado en brunoise. Sazonar y una vez obtenido el sofrito, incorporar el pollo troceado, las alcachofas, el azafrán y el colorante alimentario. Mezclar e incorporar el agua o caldo de pollo. Añadir el arroz y cocinar durante unos veinte minutos. Servir. 






lunes, 29 de enero de 2024

01254 Los Tortellinis con Queso

 "PINCHADOS DE TRES EN TRES"


Siempre son un acierto si, como a mí, se disfruta con la pasta y se es un aficionado al queso. Habitualmente, los tortellini acostumbro a tomarlos con una picada de ajos, aceite y sal. Es mi manera exprés de cocinarlos, además de ser un plato muy socorrido. Pero si quiero disfrutar al máximo, es cuando me vengo arriba, y pongo en práctica una receta que aprendí en un libro dedicado a la pasta que compré hace muchos, muchos años, y cuyo resultado es excepcional: tortellini a los cuatro quesos. Hay un montón de variedades al respecto, pero esta es la que, desde que me gusta la cocina, siempre cuento con ella. Los tortellini pueden ser de carne o de queso; de cualquier manera están buenísimos. En esta ocasión, propongo que sean de carne y “pinchados de tres en tres”. Lo dicho, una de mis muchas manías que todavía conservo.

Hace unos días, los locutores de un popular programa de radio musical, pedían a los oyentes que compartieran con ellos sus manías. No llamé, pero, según los oyentes iban informándoles, empecé a repasar la cantidad de manías, todas intrascendentes, que yo tengo, y que tampoco expondré para no extenderme. En algún lugar de este blog, ya he comentado mi afición al número tres y a los impares. Por ejemplo, no puedo comer dos, cuatro, o seis galletas. Tampoco una sola. Mínimo tres y a partir de aquí, el número tiene que ser impar. Por eso, y siendo fiel a mis manías, cuando como tortellinis, los pincho de tres en tres para llevármelos luego a la boca y disfrutar de ellos. Pues nada, ya está contada la anécdota y vamos con la receta.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de tortellinis de carne, 75 gramos de queso Gorgonzola, 125 gramos de queso Mozzarella, 75 gramos de queso Parmesano, 75 gramos de queso Cheddar, 125 gramos de nata para cocinar, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, nuez moscada, una cucharada de mantequilla, sal y pimienta.

Elaboración: Cortar y trocear la cebolla y los ajos. Poner en una sartén una cucharada de mantequilla, derretir y añadir la cebolla y los ajos bien picados. Cuando la cebolla esté pochada, añadir la nata, unas ralladuras de nuez moscada, sal, pimienta al gusto y los quesos. Cocinar hasta que se integren bien todos los ingredientes. Mientras tanto, en una olla con agua hirviendo, cocemos los tortellinis. Una vez cocidos, los escurrimos y los mezclamos con la salsa de quesos. Servir caliente.