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viernes, 15 de septiembre de 2023

01185 El Bacalao Dourado

"O BACALAHAU À BRÁS"


Este plato típico de la cocina portuguesa, en contra de lo que pudiera parecer, no lo probé por primera vez en tierras lusitanas, sino en la localidad onubense de Trigueros. Fue en el Mesón "El Bosque, restaurante recomendado por mi apreciado Antonio Arazo, sabedor de nuestra estancia familiar por esas tierras. De esto hace ya una una docena de años.

Recuerdo que comimos muy bien, pero sobre todos los platos, hubo uno, el bacalao dourado, que me fascinó. Tanto fue así, que unos días más tarde viajamos a Portugal. A la hora de comer, sólo tenía una prioridad, que donde nos sentáramos, pusieran delante de mí un plato de bacalao dourado. No fue cosa complicada, pues este cocinado de bacalao es de los más populares de la cocina lusa. Gustándome como me gusta el bacalao, me volvió a parecer un espectáculo de plato. No encontré notables diferencias con aquel de Trigueros, salvo la cantidad. En el restaurante lusitano, la ración servida podía pasar como plato único.

De vuelta a casa tras las vacaciones, busqué la receta entre mis libros y revistas de cocina. Encontré varias y todas ellas venían a decir lo mismo. La única diferencia encontrada es que en algún recetario incorporaban aceitunas negras. Desde entonces, el bacalao dourado se incorporó a nuestro menú de fiesta.

En síntesis, se trata de un bacalao desalado, acompañado de unos huevos revueltos y unas patatas paja. El nombre de Bacalao dourado viene por el color amarillo intenso que proporcionan el huevo y las patatas fritas. 

A este plato se le conoce por varios nombres, aunque en Portugal el más conocido es "O bacalhau à brás" o "à Braz", por el inventor de la receta, el senhor Braz, quien tenía una taberna en el Barrio Alto de Lisboa. El tabernero aprovechaba las sobras del bacalao, añadiendo un revuelto de cebolla, huevos y perejil. Con posterioridad serían añadidas las patatas a la receta original.

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de migas de bacalao desalado,  3 patatas, 4 huevos, 1 cebolla, aceite de oliva virgen extra y sal. Opcional, unas aceitunas negras y perejil.

Elaboración: Pochar la cebolla, cortada en juliana, en una sartén con aceite de oliva virgen extra a fuego lento. Añadir el bacalao desmigado cuando la cebolla comience a dorarse. Rehogar unos tres o cuatro minutos y añadir las patatas paja que habremos frito con anterioridad. Añadir los huevos batidos y cocinar hasta que cuajen. Rectificar el punto de sal y servir. 




martes, 28 de marzo de 2023

01099 El Bacalao con Pimientos Asados

Y SIN PRISAS


En algún momento de este caleidoscopio vital ya he comentado mi afición al bacalao y a los pimientos rojos asados. Así que, en esta ocasión, los uniré para darme un homenaje. Conviene, y hasta se hace necesario, darse un homenaje, merecido o no, de vez en cuando.

Su unión en el plato me parece perfecta. El bacalao es un pescado que admite como guarnición todo tipo de vegetales. Y por su parte, los pimientos rojos asados se llevan bien con los peces.

La receta es muy sencilla. Eso sí, no hay que tener prisa, ni marcase tiempos. Sólo, disfrutar de los aromas que se desprende de su cocinado, como antesala a la pequeña felicidad que está por llegar.

Como he comentado, la premura no tiene que estar presente en este cocinado. Así que, el apremio lo he sacado a la terraza para que se airee, el reloj de muñeca me lo he quitado y el teléfono móvil lo he dejado en el dormitorio.

En resumen, se trata de asar pimientos rojos morrones y cebollas, y el bacalao cocinarlo en versión confitado. Vamos a ello.

Ingredientes para 4 personas: 8 lomos de bacalao desalado, 8 pimientos rojos morrones asados, 3 cebollas asadas, 2 dientes de ajo, una cucharada de pimentón dulce, aceite de oliva virgen y sal.

Elaboración: Comenzamos por asar los pimientos y las cebollas. Una vez asados los dos ingredientes, dejamos enfriar y pelamos los pimientos. Cortamos los pimientos en tiras y la cebolla en juliana. En una sartén con un poco de aceite, y con el fuego a media temperatura, freímos los ajos cortados en láminas. Cuando comiencen a dorarse, incorporamos los pimientos y las cebollas. Sazonamos y rehogamos durante unos cinco minutos. Incorporamos el pimentón y seguimos rehogando un minuto más para que quede todo bien ligado. Retiramos del fuego y reservamos.

En una olla plana, vertemos aceite de oliva virgen y calentamos a media potencia hasta conseguir 80 grados centígrados. Alcanzada esta temperatura, incorporamos los lomos de bacalao desalados y con la piel hacia abajo, de manera que queden las piezas sumergidas por completo en el aceite. Cocinamos lentamente durante unos 20 minutos hasta conseguir la textura óptima. Escurrimos las piezas y emplatamos, acompañando al bacalao con el guiso de pimientos y cebollas asadas que habíamos reservado. 


 

viernes, 23 de diciembre de 2022

01086 El Bacalao al Ajillo

 DE LOCURA


Traigo de nuevo hasta este caleidoscopio vital una de mis debilidades: el bacalao. En esta ocasión, se trata de un cocinado, rápido, sencillo y obviamente, sabroso. Me refiero al bacalao al ajillo.

Da la coincidencia de que se unen dos alimentos que me apasionan. Del bacalao poco puedo decir más, que no haya dicho ya en entradas precedentes. Y en cuanto al ajillo, me parece un aliño muy interesante, amén de las múltiples cualidades beneficiosas que contiene el ajo, que aúna un aporte de nutrientes que le otorgan muchas propiedades medicinales. Tanto es así, que se aconseja incluir en la dieta de 1 a 4 dientes al día para prevenir y aliviar determinados problemas de salud.

El éxito de este sencillo plato radica en la calidad del bacalao y en el confitado de los ajos. Es preferible que el bacalao sea fresco y en lomos. Servir caliente y a disfrutar de cada uno de sus sabrosos bocados.

Ingredientes: 4 generosos lomos de bacalao frescos o desalados, media docena de dientes de ajo, un par de cayenas (opcional, si te gusta un punto de picante en los platos), unas gotas de vinagre suave, aceite de oliva virgen extra y sal.

Elaboración: En una cazuela con un generoso fondo de aceite de oliva, incorporar el ajo, limpio y laminado, y los lomos de bacalao con la piel hacia abajo. A fuego medio bajo, dejar que se cocine el bacalao por espacio de dos o tres minutos para que se vaya confitando lentamente. Transcurrido este tiempo, dar la vuelta a los lomos y dejar cocinar un minuto más, siempre a fuego medio bajo. Cuando los ajos presenten un aspecto dorado, añadir unas gotas de vinagre suave. Con el fuego apagado, mover la cazuela en vaivén durante un minuto. Si se quiere dar un toque picante al plato, añadir un par de cayenas junto a las láminas de ajo.



domingo, 25 de septiembre de 2022

01061 Los Garbanzos con Bacalao

    UN PLATO DE ANÉCDOTA


Ya tenía ganas de que la cuchara volviera a la mesa. Algo huele ya a otoño, no mucho, pero algo huele, y qué mejor manera de abrirle las puertas, que con un plato de cuchara de esos que tanto gustan a todos. Había varias posibilidades, todas igual de apetecibles, pero finalmente me he decantado por unos garbanzos con bacalao. Legumbre, pescado y hortaliza se llevan bien en la cocina y en este caso el resultado es un plato equilibrado, nutritivo y para nada pesado.

Mientras me hacía con los ingredientes, he recordado una simpática escena acaecida hace veintiún años y que en casa traemos al presente con frecuencia. Habíamos acudido a la pintoresca localidad altoaragonesa de Hecho para visitar a mi hermano Antonio y familia, donde estaban pasando unos días de asueto. La idea era regresar a casa después de comer con ellos, pero la tarde se fue complicando hasta que se hizo la hora de cenar. Mi hija Jara todavía no había aprendido a caminar y apenas contaba con su veintena de dientes. Como teníamos previsto estar en casa para cenar, sólo nos llevamos la papilla de la peque para la hora de la comida. Antonio y Ana insistieron en que nos quedáramos. Cenaríamos pronto para que no se nos hiciese muy tarde y en cuanto a Jara, le pediríamos una tortilla floja.

Y así fue como, contra todo pronóstico, nos vimos sentados en torno a una mesa en el emblemático, pequeño y acogedor comedor del Hostal Blasquico, regentado por aquel entonces por nuestra querida Gaby Coarasa, pionera de la restauración altoaragonesa. No recuerdo con exactitud qué llegamos a cenar; sólo se quedó en mi memoria, por lo anecdótico del caso, una sopera de deliciosos garbanzos con bacalao.

A Jara le pedimos una tortilla floja sin saber cómo reaccionaría ante ella, pues se trataba del primer alimento que ingería más allá de sus papillas, potitos y alguna que otra galleta blandita con las que pasaba el rato. La tortilla apareció en la mesa a la par que los garbanzos con bacalao. Nos servimos unas generosas raciones de legumbres y cuando pusimos el primer trocito de tortilla en la boca de Jara, la pequeña giró la cara en señal de desaprobación. Insistimos una y otra vez, pero no había manera de que la probara. Cada intentona se convertía en una negativa. Fue Ana quien se dio cuenta, mientras Gloria y yo intentábamos con las acostumbradas estrategias que Jara probara la tortilla, que la niña no quitaba los ojos de los platos de garbanzos con bacalao que nos habíamos servido. Sin mucha fe, Gloria cogió un garbanzo de su plato, lo partió y se lo dio a probar a Jara. Fue poner el trocito de garbanzo en su boca y empezar nuestra peque a agitar manos y pies en señal de aprobación. No sé cuántos garbanzos y miguitas de bacalao llegaría a comer, pero la señorita se quedó más que satisfecha. A todos los presentes nos pareció increíble, además de amenizarnos la cena con sus caritas y aspavientos. En cuanto a la tortilla floja, os podéis imaginar quién se la acabó comiendo.

Hay muchas recetas de garbanzos con bacalao, todas interesantes. Yo practico la que me enseñó mi maestro, no solo en la cocina, hermano Antonio.

Ingredientes para 4 personas: ½ kilo de garbanzos, 400 gramos de bacalao desalado sin piel ni espinas, una cebolla, 3 dientes de ajo, 1 pimiento verde, una hoja de laurel, 2 tomates maduros, aceite de oliva, pimentón dulce y sal.

Elaboración: Poner los garbanzos en remojo la noche anterior con el fin de ablandarlos. Al día siguiente, en una olla con un poco de aceite de oliva, hacer un sofrito de tomate, cebolla, pimiento y ajo. Una vez hecho el sofrito, triturar y añadir el pimentón. Rehogar un minuto e incorporar los garbanzos, el bacalao, la hoja de laurel, sal y cubrir de agua. Dejar cocer a fuego lento hasta observar que los garbanzos están tiernos.





lunes, 5 de septiembre de 2022

01047 El Empedrat de Bacalao

 TODO UN ACIERTO


De mi estancia y vivencia en tierras catalanas guardo muy gratos recuerdos de su gastronomía. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza platos degustados en Barcelona, en casa de mi hermana María Engracia, o los que elaboraba mi añorada cuñada Montse, primero en San Feliu de Saserra y posteriormente en La Seo de Urgell. De aquellos tiempos recuerdo con especial devoción el bacalao con "samfaina", el trinxat de la Cerdanya, los calçots (qué grandes momentos me han deparado), la esqueixada, la crema catalana, la escudella, la escalibada... o el empedrat de bacalao, protagonista en esta ocasión de este caleidoscopio vital.

Los platos que en su momento aprendí a cocinar, me gusta sacarlos a la mesa de vez en cuando. Primero para que no se queden en mi olvido y en segundo lugar, por mantener sabores más que gratos a mi paladar. En síntesis, el empedrat es una ensalada de legumbres y cuyos ingredientes principales son las alubias y el bacalao desalado, aliñados con vinagre y aceite de oliva. Además, el empedrat más tradicional lleva tomate, pimiento, cebolla, aceitunas y huevo duro. Como sucede con muchos platos tradicionales, y este no es una excepción, según zonas geográficas o costumbres, aunque la base es común, legumbre y bacalao, puede variar la composición del resto de ingredientes.

Resulta una propuesta gastronómica rápida, sencilla y muy apetecible, sobre todo para la época estival. A mí, que me gustan las legumbres, el bacalao y los productos de la huerta, me parece todo un acierto. Aunque hay varias recetas al respecto, yo sigo los dictámenes tal y como la aprendí en su día. 

Ingredientes para 4 personas: 400 gramos de alubias cocidas, 150 gramos de bacalao desalado y desmigado, 1 pimiento verde, medio pimiento rojo, media cebolla, 2 tomates de pera, vinagre, aceite y sal.

Elaboración: Cortar en trozos muy pequeños el pimiento verde, el medio pimiento rojo, la media cebolla y los dos tomates de pera, procurando quitarles las pepitas. Poner en un bol las alubias ya cocidas y todos los ingredientes cortados con anterioridad. Mezclar bien. Desmigar el bacalao desalado e incorporar a la mezcla. Mezclar de nuevo bien y añadir el aceite, el vinagre y la sal al gusto. Mezclar y dejar reposar en el frigorífico al menos una hora antes de servir.

En una ocasión comí un empedrat, que además de las alubias como legumbre principal, llevaba también unos pocos garbanzos.Tanto me gustó, que en ocasiones acostumbro también a incorporarlos. 









jueves, 11 de agosto de 2022

01025 Bacalao con Alioli Gratinado

CON SABOR A FIESTA


Regreso de nuevo a los sabores de infancia y juventud, o lo que es lo mismo, retorno a complacerme con los "Sabores de mi madre". En esta ocasión se trata de un sencillo bacalao con alioli gratinado y salsa de tomate. Un plato que desde la humildad, y cuando se terciaba, se vestía de fiesta. Me explicaré.

En realidad, mi madre cocinaba este plato con unas colas de merluza congeladas. Hechas de esta guisa, su ingesta, era más llevadera. ¡Qué digo! Era deliciosamente llevadera. Cuando la economía doméstica lo permitía y se avecinaba algún encuentro familiar en casa, mi madre cambiaba la insípida merluza por unos buenos lomos de bacalao. Se trataba de un plato muy ovacionado que gustaba a todos, hasta el punto, que ahora, después de muchas décadas transcurridas, sus hijos seguimos imitando en nuestros respectivos hogares, con el recuerdo y la admiración puestos en ella. A mí, particularmente, me parece un plato de "tronío", sabroso y bien armonizado, al margen de los gratos recuerdos que me traslada su presencia.

Ingredientes para 4 personas: 4 lomos de bacalao desalado, alioli y una buena salsa de tomate.

Elaboración: Comenzaremos por cocinar una buena salsa de tomate con cebolla y ajos. Así, en una cazuela a fuego medio y con un chorrito de aceite de oliva, rehogamos una cebolla y dos dientes de ajo bien picados. Cuando ajos y cebollas estén rehogados, añadimos un kilo de tomates de pera o similar y cocinamos a fuego medio durante unos veinte minutos. Sazonamos y añadimos un poco de azúcar con el fin de suavizar la acidez del tomate. Trituramos la salsa, colamos y reservamos. 

Por otro lado, preparamos una mayonesa alioli más bien espesa. Yo acostumbro a elaborarla con la mitad de aceite de oliva y la otra mitad con aceite de girasol, un huevo y dos o tres dientes de ajo. Me gusta el alioli fuerte. Reservamos.

Cubrimos una fuente de horno con la salsa de tomate y colocamos sobre él los lomos de bacalao con la piel hacia abajo. Sazonamos al gusto. Introducimos la fuente en el horno precalentado a 200 grados centígrados por espacio de 15 minutos. Sacamos la fuente del horno y cubrimos cada lomo de bacalao con un par de generosas cucharadas de alioli. Volvemos a introducir la bandeja en el horno por espacio de 10 minutos y a ser posible con la función grill. Servir caliente.

Rápido, sencillo y espectacularmente bueno.









martes, 12 de noviembre de 2019

00876 La Ensalada Bicolor

TOMATE CON BACALAO CONFITADO


Aunque se han hecho de rogar, finalmente los preciados tomates se han comportado con generosidad y su presencia en mi también preciado huerto ha sido muy profusa. Esto ha provocado, además de una inmensa felicidad, que durante el verano y el otoño haya experimentado un buen número de combinaciones a la hora de sacarlos a la mesa, más allá del consabido y tradicional tomate con ajo, aceite y sal, humilde y delicioso, por otro lado, arreglo.

En esta ocasión, la combinación de sabores viene facilitada por las sobras de un espléndido lomo de  bacalao confitado. Mi primera intención pasaba por recalentar el pescado en el micro y acompañarlo con unos pimientos verdes fritos, pero allí estaba un no menos espléndido tomate rosa que no dejaba de mirarme y suplicarme que le diera la oportunidad de respirar otros aires.

Tras agradecer al vegetal la súplica, tomé el tomate entre mis manos, lo pelé, lo corté en rodajas transversales y acabé por disponerlo en el plato. Solo restaba coger el bacalao en frío, trocearlo y dejarlo caer sobre él. El aceite puro virgen de oliva, la sal y la pimienta negra acabarían por completar la faena.

El resultado, como no podía ser de otra manera, excepcional. Cuando iba a llevarme la combinación a la boca me pareció observar un guiño de complicidad en el tomate y una leve sonrisa en el bacalao. O sería una alucinación.







lunes, 26 de noviembre de 2018

00870 Los Buñuelos de Bacalao

BUÑUELOS DE RECUERDOS


Dicen que eran deliciosos, que los hacía como nadie. No recuerdo haberlos probado. Mi memoria solo alcanza para verle trajinar con su bata blanca en la cocina, entre paciente y paciente,  en torno a una freidora también blanca. Pero me es imposible visualizar qué introducía en el caliente aceite. La vida nos separó muy pronto y escasamente me dejó almacenar unas pocas vivencias y algunos recuerdos. Sí, nos separó cruel e inexplicablemente pronto.

Pasaron muchos años y el destino quiso llevarme a la ciudad de Monzón; a mi querido Monzón y a  mi no menos querida radio. ¡Qué curioso! Fue aquí, en esta ciudad, donde se conocieron mis padres. Él había llegado de Lérida para ejercer como odontólogo y ella, desde Seira, como maestra. Un flechazo, según mi madre, que luego les llevaría a Huesca.

Los viernes, en Radio Monzón, tenía por buena costumbre hablar de gastronomía y ofrecer recetas a los oyentes con la inestimable colaboración de Mariano Sánchez, del Restaurante Jairo. En uno de los programas, próximo a la Semana Santa, Mariano nos deleitó con su receta de buñuelos de bacalao. Siempre prestaba mucha atención a sus recetas y consejos, pero en esa ocasión puse en su decir todos mis sentidos. Yo nunca había hecho buñuelos de bacalao y tampoco era algo que se ofreciera con asiduidad, así que su lección la tomé como un descubrimiento. Al día siguiente, tiempo me faltó para poner en práctica sus enseñanzas. Me parecieron deliciosos y se los brindé a la memoria de mi padre.

Todavía guardo la hoja de cuaderno cuadriculado donde apunté la receta que desgranó Mariano en aquella ocasión y que hasta a mí me cuesta interpretar la letra.

Ingredientes: 200 gramos de bacalao desmigado, 50 gramos de mantequilla, 1/4 de litro de leche, 100 gramos de puré de patata (natural o de sobre), 3 huevos y una cucharada de levadura en polvo.

Elaboración: Poner a hervir en un cazo la leche y la mantequilla. Cuando empiece a hervir se añaden los copos de patata o las patatas peladas y partidas para hacer un puré bastante espeso. A continuación se le añade al puré de patata el bacalao desmigado y cuando esté templado se retira del fuego y se le incorporan los huevos. IMPORTARTE, los huevos hay que añadirlos uno a uno, removiendo sin parar. No incorporar el siguiente hasta que el anterior se haya mezclado bien a la masa. Finalmente se añade la levadura, se remueve bien la masa y se deja reposar unos treinta minutos. Se forman bolas y se fríen en una sartén honda o freidora con el aceite no muy caliente.








martes, 15 de mayo de 2018

00689 Las Cocochas

DE BACALAO O DE MERLUZA

Bueno, bueno, bueno, quienes vienen por aquí; las cocochas. Han tardado porque no es algo habitual en mi dieta de costumbre. Hay que encontrar el lugar y el momento para saborearlas y en la tierra adentro en la que habito no se encuentran con facilidad. Y si en alguna ocasión las he visto, el precio me ha hecho desistir.

Hay muy variadas formas de cocinarlas, pero yo aquí soy de sota, caballo y rey. Si son de merluza, rebozadas; si de bacalao, al pil pil. Soy así de simple. Estoy haciendo memoria y no recuerdo que las haya probado de otra manera.

Las que ilustran la imagen están rebozadas. Son buenos ejemplares para ello. Tan sencillo como sazonarlas y pasarlas por harina y huevo. A la hora de freírlas, me gusta echar al aceite unos ajos chafados y sin pelar. A la hora de freírlas, no más de dos minutos por cada cara. Listo.

Me parecen un auténtico bocado sutil y delicioso. Acompañadas de un buen vino blanco fresquito, para qué pedir más.


jueves, 9 de noviembre de 2017

00578 El Bacalao Confitado

CON PIMIENTOS


Regresa el bacalao a acompañarme en esta personal y compartida ventana. No diré más de él que no haya dicho en anteriores entradas, salvo ratificar lo que me gusta este pescado. Redundaré mi afición a través de una elaboración que me resulta excepcional: confitado.


Confitar pescado, en este caso bacalao, no es otra cosa que sumergirlo en aceite de oliva a baja temperatura y dejar que se cocine lentamente. Resulta muy jugoso, además de ofrecer al paladar una textura y un sabor extraordinarios. Con el confitado se consigue que el bacalao se cocine sin perder un alto porcentaje de agua que contiene su carne. Por otro lado, el aceite empleado queda en perfectas condiciones al no superar durante el proceso de cocinado una temperatura superior a los 65 grados centígrados.

Dicho lo cual, nos ponemos manos a la obra. Una vez desalado el bacalao o en su defecto, fresco, sumergimos los lomos en un buen aceite de oliva, junto a unas láminas de ajo, evitando que el aceite supere los mencionados 65 grados. Lo más aconsejable para esta operación de vigilancia es disponer de un termómetro de cocina. Si vemos que los ajos empiezan a dorarse antes de que esté hecho el bacalao, procedemos a sacarlos. La operación del confitado dependerá del tamaño de las piezas, pero oscila entre 20 y 30 minutos. Conviene a mitad de cocción dar la vuelta al bacalao. Así de sencillo. En esta ocasión, el bacalao lo he acompañado con unos pimientos rojos y verdes y cebolla cortados muy finos y fritos, también a fuego muy lento.

Una delicia que al ver ahora las imágenes que ilustran esta entrada no puedo impedir que se me salten las lágrimas.




viernes, 10 de marzo de 2017

00454 El Baccalà Mantecato

BOCATTO DI CARDINALE


De nuevo vuelve el bacalao a este caleidoscopio. Regresa con sumo agrado y lo hace desde Venecia. No es que haya estado en esta mágica ciudad italiana, ya me gustaría, simplemente lo menciono para dejar constancia de su origen. En Venecia, por lo que he podido leer, son grandes consumidores de pescado y mariscos y junto con las sardinas "in saor", el baccalà mantecato es uno de los más tradicionales.

Se suele tomar acompañado de polenta, gachas de harina de maíz típicas de todo el norte de Italia que, en su versión más evolucionada, quedan como una masa sólida que en muchas ocasiones sustituye al pan, y que se toma como aperitivo, junto con un proseco, vino espumoso, muy frío.

Resulta una elaboración muy sencilla y exquisita, de textura agradable y un sabor que llena por completo el paladar. Es muy similar a la brandada de bacalao. Lo descubrimos recientemente para acompañar al Aperol, del que ya di cuenta recientemente. A falta de polenta, lo servimos con pan tostado, regañas o pica tostes.

Ingredientes para 4 personas: 500 gramos de bacalao salado, medio litro de aceite y un diente de ajo.

Preparación: Desalar el bacalao según se tenga por costumbre. Lo habitual es dejarlo en remojo durante dos días cambiando el agua dos o tres veces al día. Cuando tenemos el punto de sal deseado, ponemos a hervir el bacalao en abundante agua durante treinta minutos. Transcurrido este tiempo, escurrimos y desmenuzamos. Una vez que esté bien desmenuzado, proseguimos la preparación añadiendo un chorrito de aceite de forma continua sin dejar de remover con una espátula o cuchara de madera hasta emulsionarlo. Se puede terminar con sal y pimienta al gusto, y añadir a la mezcla un poco de ajo muy picado.

Si se quiere ir más rápido en la elaboración, en lugar de hacerlo a mano, se puede ayudar de un brazo de cocina. La crema resultante quedará más uniforme. Hay quien también es partidario de incorporar una anchoa al bacalao e incluso quien hierve el pescado en leche y aprovecha después el lácteo para darle más o menos textura al mantecato.





jueves, 26 de enero de 2017

00421 El Bacalao a la Vizcaína

ENTUSIASTA


En alguna entrada de este blog ya he comentado mi atención y devoción por el bacalao. Tengo la sensación de que es uno de esos alimentos que me han acompañado toda la vida. Desde los tiempos de Cuaresma hasta en mis contadas comidas de mocedad fuera de casa, pasando por los Soldaditos de Pavia como toda propuesta para un buen aperitivo o unos esponjosos buñuelos de bacalao cuando el capricho ha llamado a mi desgana, el bacalao siempre ha estado presente. Me gusta de cualquier manera y admito sea cual sea su presentación. Me tiene cogido el gusto y la querencia. No obstante, si tengo que decantarme por una elaboración por la que tenga especial predilección, esta no es otra que el bacalao a la vizcaína. El apellido lo dice todo. Por cierto, el bacalao es un pescado estrechamente vinculado a Bizkaia. En una ocasión leí que en el siglo XIX, un tal José María Gurtubay se dedicaba a la importación de este pescado procedente de aguas noruegas, escocesas o islandesas. Lo hacía en pequeñas cantidades para así pasar inadvertidas en las aduanas. A finales de 1835, se cuenta que Gurtubay pidió con una nota manuscrita a sus proveedores que le mandasen "100 o 120 bacaladas" en el primer barco que llegase a Bilbao.  Quien recibió el pedido,  en lugar de leer las mencionadas cantidades, interpretó que el bilbaíno demandaba 1.000.120 bacaladas. Dicen que intentó suicidarse al recibir semejante mercancía. Al final, la suerte se alió con él: en 1836, Bilbao fue sitiado en la primera Guerra Carlista y aquel bacalao empezó a valer su peso en oro. Durante los días que duró el sitio, el bacalao sirvió para alimentar a toda la población.


Todo esto viene a colación porque me encuentro delante de unos hermosos lomos de bacalao, pasados ya por sus tres aguas, que nos trajo mi hermano Antonio, precisamente desde Bilbao. Sería una falta de consideración no hacerlo a la vizcaína y un despropósito no elaborarlo como aprendí de mi madre. Seguro que habrá recetas más sugerentes y trabajadas al respecto, pero no tan entusiasta como la que paso a compartir.

Pasamos por harina los lomos de bacalao y los freímos en una sartén hasta que se doren, con abundante aceite y unos ajos cortados a láminas gruesas. Retiramos y dejamos que escurren el aceite. En otra sartén, freímos una cebolla en rodajas finas y cuando se doren le unimos trozos de tomate sin piel y dejamos sofreír lentamente. En una cacerola freímos dos dientes de ajo y una cebolla picada. Cuando ya estén fritos, añadimos un kilo de tomate en trozos más bien grandes, media docena de pimientos choriceros o carne de pimiento choricero y cuatro rebanadas de pan también frito. Dejamos cocer, pasamos por un colador y el resultante lo unimos al sofrito. En una cazuela, a ser posible de barro, sobre la mitad de la salsa conseguida, ponemos los lomos de bacalao con la piel hacia arriba y cubrimos con la salsa restante. Finalmente, extendemos por encima del guiso tiras delgadas de pimientos morrones ya asados. Dejamos cocer a fuego muy lento por espacio de unos veinte minutos o hasta que veamos que la salsa está bien ligada.























miércoles, 2 de diciembre de 2015

00188 El Bacalao

INCLINACIÓN CULINARIA

Hoy la cocina de casa está de fiesta y festín. No hay invitados verdes ni rojos. Hay trasiego de fuegos y cacharros y olores sugerentes. Es domingo, día festivo también para la comida frugal. Hay bacalao al horno con puré de patatas y cebolla.

Me gusta el bacalao. Tengo cierta debilidad por este pescado. De hecho, suele ser una de mis inclinaciones culinarias cuando tengo opción de elegir. No importa cómo esté elaborado. Me complace de cualquier manera.

Mientras Gloria está preparando el condumio me he acordado de un libro que me regaló para mi cumpleaños en nuestro primer año de matrimonio. Hace tiempo que no visito la librería donde descansan los ejemplares de nuestro amplio recetario gastronómico. Hace años que la báscula orienta y corrige nuestra dieta. Aquí está, "264 recetas de bacalao". Siempre me hizo gracia el título. Ni 250, ni 260, ni 300; 264 recetas. Miro el índice: Bacalao en sanfaina, al sandwich, albardado, al círculo, sueños de bacalao, a la lechera, al vals, a la saboya, a la piamontesa, bacalao urgente, a la perigoir, en salsa verde, a la señora, condecorado, a la mochila, al rocío, con palos, a la vizcaína con tres recetas a falta de una, al escorial, a la naranjera, con espuma, a la pirámide, al azúcar, agridulce, con alcaparras.... y así hasta 264 recetas. Un papel se ha desprendido del libro. Contiene la letra de Gloria, "Quiero que este recetario sea el primer eslabón de una nueva ilusión que quiero compartir contigo. Muchas felicidades! Un millón de besos. Gloria". No recordaba la nota. Fue en septiembre de 1993.

A partir de aquí ya no se me ocurre decir nada más sobre el bacalao. Se me acaba de romper el esquema.  Creo que es suficiente. Lo reservaré para peor ocasión. Nunca me ha sabido mejor este bacalao al horno con puré de patata y cebolla.

Ingredientes para 4 personas: 4 lomos de bacalao desalado, 1/2 litro de leche, 4 patatas grandes, 2 cebollas grandes, aceite de oliva virgen y mayonesa.

Preparación: Llevar al fuego una cacerola con la leche y cocer el bacalao en ella por espacio de cinco minutos. Colar la leche y reservar el bacalao. Hacer un puré de patata espeso con la leche, según se tenga costumbre. Pochar la cebolla con aceite de oliva hasta que se dore.

Colocar el puré en una fuente de horno y sobre él, la cebolla pochada y los lomos de bacalao sobre los que añadiremos una mayonesa casera hecha con aceite de oliva. Meter la fuente en el horno a gratinar a 220º C hasta que la superficie esté dorada, unos 15 minutos aproximadamente.