jueves, 29 de junio de 2023

01149 El Salteado de Ternera y Verduras

AL ESTILO CHINO


Recientemente llegaba a casa un wok, un tipo de sartén empleada en Extremo Oriente y el Sudeste Asiático. Todavía no tiene sitio asignado en la cocina, pero ya se lo encontraremos. Será cuestión de encajar de nuevo el “tetris” del menaje de cocina. Alguna idea, aunque no definitiva, ya hay.

Y para su estreno, qué mejor que intentarlo con uno de los clásicos platos de la cocina china; el salteado de ternera con verduras. Se trata de uno de los platos que habitualmente forma parte de los menús de los restaurantes chinos y que, junto al arroz tres delicias, los rollitos de primavera y el cerdo agridulce, por poner un ejemplo, permanecen en el recuerdo de aquella primera vez que, con gran curiosidad, conocías sabores hasta entonces inhabituales.

Para elaborar este salteado, lo primordial es contar con una ternera muy tierna y tener mucha cautela con las salsas a emplear. Con estas premisas, se obtiene un plato sabroso y ligero.

Ingredientes para 4 personas: 500 gramos de carne de ternera, 1 cucharada sopera de aceite de girasol, 1 diente de ajo, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 2 brotes de bambú, 12 champiñones, 1 cucharada de postre de jengibre en polvo, 1 cucharada de postre de salsa de ostras, 1 cucharada de postre de salsa de soja, 2 cucharadas de postre de aceite de sésamo y sal. Y para el marinado, 1 cucharada sopera de salsa de soja, 1 cucharada sopera de sake y 1 cucharada de postre de azúcar.

Elaboración: Marinar en un bol la carne de ternera, cortada a tiras de unos 4 centímetros de largo o a trozos no muy grandes, con los ingredientes ya indicados para el marinado. Cortar, una vez lavados, los pimientos, los tallos de bambú y los champiñones en tiras de unos 3 centímetros tanto de largo como de ancho. Calentar el wok con el aceite de girasol y añadir el ajo muy picado. Añadir la carne marinada exenta de líquidos y saltear durante unos tres minutos a fuego alto. Incorporar los pimientos y los champiñones. Saltear durante un par de minutos. Añadir el jengibre, la salsa de ostras, la salsa de soja y el aceite de sésamo. Mezclar bien y probar de sal. Comprobar que las verduras están hechas, aunque un poco al dente. Retirar el wok del fuego y servir.

 

 






miércoles, 28 de junio de 2023

01148 Los Judiones de la Granja

 CON LANGOSTINOS


Mi gusto y afición por los platos de cuchara no tienen límites, tal y como ha quedado recogido en reiteradas ocasiones en este caleidoscopio vital. Dentro de este apartado gastronómico, las judías, en cualquiera que sea su versión, forma y color, me tienen el estómago y el corazón ganados. Y si hablamos ya de judiones y, además, son de La Granja, para qué contar cómo se me queda el cuerpo de animado.

Ahora es más fácil acceder a cualquier tipo de producto a través del comercio on line. No como hace algunos años, que tenías que comer, según qué alimentos, en origen y vivir de su recuerdo hasta que se presentara de nuevo la oportunidad. Siempre quedaba la posibilidad, y en lo concerniente a las alubias con nombre propio, casi una obligación, de comprarlas envasadas al vacío, o en su defecto, a granel, y llevarlas a casa para cocinarlas en un día especial o para alguien, también muy especial.

La alubia a la que en esta ocasión hago referencia, es una de las joyas de la gastronomía segoviana, y toma su nombre del municipio de la Granja de San Ildefonso. Se trata de una judía, también conocida como “blanco de España” o “judía de España”, que por su gran tamaño es popularmente conocida como judión. A pesar de su gran calibre, esta legumbre sorprende por ser muy tierna, suave y sabrosa.

Leo que su origen “está asociado a la construcción del palacio de La Granja. La compra por parte de Felipe V de las edificaciones que en estos parajes tenían los Jerónimos, así como las nuevas construcciones realizadas por el monarca a partir de 1721 para acondicionar lo que sería su ‘sitio» de retiro veraniego, trajeron a este lugar a gentes que provenían de distintos lugares de Europa para participar en los trabajos. Parece que fueron los jardineros franceses los que introdujeron en este Real Sitio unas judías procedentes de Sudamérica, cuya principal característica era su tamaño, con el objeto de aclimatarlas y que sirvieran de base para la alimentación del ganado”. “Las huertas del palacio y posteriormente el espacio dedicado a vivero para los jardines, sirvieron de base para la siembra de un judión que se segaba en verde y era consumido como forraje por caballos y faisanes. Esos espacios posteriormente fueron parcelados, convertidos en huertas y entregados a los sirvientes de palacio con el objeto de compensar sus rentas y facilitar la producción de hortalizas de estación. En sus manos, la progresiva selección del judión, dio lugar a ese famoso proceso de «aclareamiento», pues estas legumbres primero fueron de un color morado negruzco, más tarde morado claro con pintas negras, para pasar después a morado suave, hasta que, finalmente, adquirieron la característica albura que presentan en la actualidad”.

El judión de la Granja lo he comido en distintos guisos, pero hay uno que me hace especial tilín y que no es otro, que acompañado de langostinos. Sencillo cocinado y delicioso sabor. La receta que a continuación comparto, está sacada de un libro de cocina, cuyo recetario está íntegramente dedicado a la cuchara.

Ingredientes para 4 personas: 350 gramos de judiones de La Granja, 400 gramos de langostinos, 1 cebolla pequeña, 2 tomates. Para elaborar el fumet, cabezas y pieles de los langostinos, 3 dientes de ajos, 1 hoja de laurel, aceite de oliva virgen extra, agua y sal.

Elaboración: Comenzar por el fumet. Para ello, poner en una olla un poco de aceite de oliva y cuando esté caliente, sofreír los ajos enteros con la hoja de laurel. Cuando los dientes de ajo comiencen a dorarse, añadir las cabezas y pieles de los langostinos. Conviene aplastar bien las cabezas para que suelten todo su jugo. Sofreír durante unos diez minutos a fuego medio y añadir agua hasta cubrir y sal al gusto. Dejar cocer durante 15 minutos. Sacar la olla del fuego y triturar el caldo con la batidora. Colar el caldo y reservar.

Dejar los judiones en remojo durante toda la noche. Poner en una olla un poco de aceite y sofreír la cebolla bien picada. Cuando comience a pocharse, añadir los tomates rallados. Cocinar durante unos cinco minutos. Añadir los judiones y cubrir con el caldo del marisco. Dejar cocer, desde que comience a hervir, durante una hora. Durante la cocción, añadir un vaso de agua fría para cortar el hervor. Repetir esta operación en dos ocasiones. Pasada la hora, comprobar que los judiones están tiernos. Si no es así, dejar cocer unos minutos más. Incorporar los langostinos, añadir sal al gusto, tapar la olla y retirar del fuego. Dejar reposar durante unos 15 minutos. Servir.

 

 




01147 El Pandoro Italiano

 PAN DE ORO


Aunque sabía de su existencia, no fue hasta estas pasadas navidades cuando conocí su dulce sabor. Hasta entonces, era tradición en casa obsequiarnos por estas fechas con deliciosos panettones, grandes competidores del pandoro en la Navidad italiana. Salvando las diferencias, se podría decir que preguntar a un italiano si prefiere uno u otro, es como demandarle a un español si prefiere la tortilla de patata con cebolla o sin ella. El debate siempre está abierto.

Lo probamos el 6 de enero para desayunar. Tranquilos, que fiel a nuestras tradiciones y que tanto me gustan, sí, que tanto me complacen, el Roscón de Reyes lo comimos de postre para comer. Ese día fue completo en dulce. El caso es que tenía curiosidad por conocer a qué sabía este sugerente, llamativo, laborioso y “nevado” dulce originario de la localidad italiana de Verona. Y no me decepcionó. Me gustó su dulce, esponjosa y densa masa, como lo demuestra el hecho de que me puse las botas de pandoro. Y eso que, como ya he comentado en alguna que otra ocasión, soy de los que se desayuna con un café americano y a correr. No sé qué me da, que el pandoro tiene todos los números para acompañarnos, junto a nuestro ya tradicional panettone, en nuestras familiares navidades.

El dulce en cuestión es como una estrella, habitualmente de 8 puntas, con forma troncocónica y elaborado con harina, mantequilla, manteca de cacao, levadura, huevos, azúcar, miel y vainilla, y rematado, una vez finalizado, con azúcar glas.

Por lo que he podido leer, el pandoro, “pan de oro”, surge en Verona, en la Edad Media, algo más tarde que el panettone y cuando solo los nobles podían permitirse el pan blanco y el pan dulce. No obstante, hay una fecha concreta para ubicar el nacimiento del pandoro: el 14 de octubre de 1894, cuando Doménico Melegatti, pastelero de la ciudad, entregó en el Ministerio de Industria italiano la patente de esta receta. Receta, por cierto, muy compleja y que requiere un gran trabajo. De hecho, los italianos prefieren comprarlos ya hechos, con la única aportación personal de espolvorear el azúcar glas sobre el dulce antes de servir.

Como ya he comentado, y según he podido ver en algún reportaje televisivo, la elaboración del pandoro es algo laboriosa y compleja. Yo, como los italianos, lo seguiré comprando antes de meterme en harinas. Por si hay algún valiente, que no es mi caso, traslado la receta sacada de la web mantequijazz.com, para que os hagáis una idea de su arduo proceso de su manufactura.

Ingredientes: 285 gramos de harina de trigo de fuerza, 40 gramos de agua fría, 13 gramos de levadura comercial, 5 gramos de sal, 100 gramos de huevos, 60 gramos de azúcar, 100 gramos de mantequilla y 140 gramos de mantequilla en bloque.

Elaboración:

1.                  El primer paso, es trabajar los 140 gramos de mantequilla bien fría, la cubrimos con papel de horno y empezamos a golpearla poco a poco hasta conseguir un cuadrado aproximadamente de 10 x 10 centímetros, una vez conseguido esto guardamos en la nevera.

2.                  Ahora pesamos todos los ingredientes por separado, Mezclamos en un recipiente los 13 gramos de levadura, los 40 gramos de agua fría y los 100 de huevo batido.

3.                  En otro bol unimos la harina de trigo y la sal para luego agregar los líquidos y mezclarlos hasta conseguir una textura de masa.

4.                  Agregamos la mantequilla y el azúcar. Este proceso es muy largo y tedioso. Hay que ser muy pacientes ya que la masa va a perder fuerza y prácticamente estamos empezando desde cero, no es necesario agregar más harina, solo hay que amasar con muchas ganas.

5.                  Cuando obtenemos ya una bola de masa homogénea, debemos dejarla tapada para que realice su fermentación inicial que durara 120 minutos.

6.                  A la mitad de la fermentación, y como es ya costumbre en los panes, vamos a desgasificar. Ya terminada la fermentación inicial, introducimos la masa en un recipiente con su tapa y lo introducimos en la nevera por un tiempo de 720 minutos.

7.                  Sacamos de la cámara luego de la fermentación retardada y trabajamos un poco para recuperar la elasticidad.

8.                  Colocamos la masa en la mesa y espolvoreamos un poco de harina, solo un poco. Vamos a estirar los extremos de la esfera de la masa, de tal manera que vamos a conseguir un "cuadrado" con una barriga pronunciada en el centro, este proceso es el mismo que se usa cuando se hace un hojaldre desde cero.

9.                  Cuando conseguimos que la masa este como queremos, vamos a colocar encima de la barriga el cuadrado de mantequilla que teníamos en la cámara refrigeradora. Los bordes van a servir para cubrir y cerrar muy bien la mantequilla. En este paso y los siguientes vamos a necesitar que la masa este bien fría, para así, evitar que la mantequilla se funda.

10.              Ya con la mantequilla cerrada, vamos a estirar con la ayuda de un rodillo dando pequeños golpes. Si estiramos como solemos hacerlo, la masa se va a estresar y romperá dejando salir el bloque de mantequilla.

11.              Con paciencia y muchos golpecitos vamos a obtener el tamaño que necesitamos para realizar la primera doblada sencilla, cubrimos con papel film y dejamos enfriar en la nevera, este proceso hay que repetirlo como mínimo tres veces más.

12.              Una vez terminado el proceso de "hojaldrado" boleamos nuestra masa y metemos en el molde previamente engrasado, cubrimos y dejamos fermentar por un tiempo mínimo de 120 minutos.

13.              Calentamos el horno a 185 grados centígrados y horneamos por 45 minutos.

 





martes, 27 de junio de 2023

01146 La Carta

 TODO SIGUE IGUAL


Al recibo de esta,
espero que estés bien
y después, también.

Por aquí,
todo sigue igual.

Lo más significativo,
es tu ausencia.
Con frecuencia acudo
para asomarme a nuestra ventana
con las manos en los bolsillos,
como a ti te gustaba.

Intento comprender qué nos pasó
en aquel entonces,
cuando todo nos parecía hermoso y deseado.
No alcanzo la respuesta,
si acaso la hubiese,
porque el silencio todo lo enmudece.
Te pediría perdón, 
si mis recuerdos me trajesen el motivo.
Pero sólo llegan en volandas
momentos de placer y ningún castigo.
Te pediría audiencia,
si tu ignoto paradero
lo visitara con frecuencia.

Instalado en nuestro hermoso paisaje,
fijo en la sierra mi mirada,
hoy nevada, 
y a sus pies,
el jardín de frescos y evocadores olores,
                                                                                    que de tanto viajarlos, 
se hicieron cómplices de nuestros alivios de amores.

Ha pasado mucho tiempo.
Sí, lo sé,
aunque no tanto,
como para que desaparezcas de mis sueños.

Sin otro particular, 
se despide este que los es,
un pobre diablo que sigue enamorado.

domingo, 25 de junio de 2023

01145 Los Embutidos Catalanes

UN RECUERDO MUY ESPECIAL


Sabía que me encantaban. Por eso, cuando íbamos con mi madre a su casa a pasar unos días, primero a San Feliu de Saserra, pequeña localidad próxima a Manresa, y después a la Seo de Urgell, o años más tarde con Gloria y las niñas, siempre tenía dispuestos “para mí” una buena selección de embutidos catalanes. O si venía a casa, rara era la vez que no se acordara de mí y trajera unas secallonas, fuet, butifarra… con la reiterada frase de “esto para Fernando”.

Eran años en los que mi apetito no tenía límites y una pieza de algunos de los mencionados embutidos podía finiquitarla en un abrir y cerrar de ojos. “Te pondrás malo”, me decían. A lo que yo respondía: “Es imposible que estas delicias puedan sentar mal”.

Si había una cena con la que disfrutaba lo que no está escrito, era cuando mi cuñada Montse, esposa de mi hermano Manolo, sacaba a la mesa un surtido de estos embutidos. Además de los ya mencionados, no podían faltar la llonganissa, el bull negre y también el blanc, y alguno más que no alcanzo a recordar. Y todo, acompañado con pa de pagès amb tumaca. Vamos, un auténtico festival y loa al colesterol.

Tanto a mi hermano, a Montse, como a mí, nos gustaba jugar a las cartas. Nos podíamos pasar horas y horas jugando a la canasta o al rabino. Tanto nos gustaba, que podíamos empalmar la sobremesa de comer con la hora de cenar, jugando sin parar. Llegada la hora de cenar, nadie tenía hambre. Pero Montse, que se las sabía todas, en un visto y no visto, aparecía de la cocina al salón, con una buena bandeja de embutidos y el consabido pan con tomate. Huelga decir que, aun “sin apetito”, la bandeja se quedaba temblando. ¡Qué días tan hermosos para recordar!

Mi cuñada, mi hermana Montse, a la que tanto quise, por ser como era, por tan gratos momentos que compartimos y por todo el bien que me hizo, falleció hace algo más de dos décadas. La tengo muy presente en diversos escenarios y situaciones de mi vida. Era una gran mujer.

Ha pasado ya mucho tiempo desde que nos dejara y sigo lamentando su ausencia. Fue una mujer que dejó huella en mí, y es por ello que “te traigo, Montse, hasta mi caleidoscopio vital. Como en otros aspectos, cuando veo una bandeja de embutidos de tu tierra, Cataluña, te me representas con tus grandes y hermosos ojos negros, tu sonrisa de niña traviesa, tu forma tan especial de vivir y sentir la vida, y con tu corazón que no te cabía en el pecho. Tu sabes que te quería. Y lo dejo escrito por si algún día mis recuerdos caen en el olvido.

Ahora, tu hijo Jordi, cuando nos juntamos la familia para Nochevieja, se presenta con un par de fuets de un metro cada uno, que dejamos colgados en la puerta de la cocina. Creo que ningún año, los embutidos en cuestión, han llegado a tomar las uvas con nosotros. Pero esto es otra historia”.

 




sábado, 24 de junio de 2023

01144 Las Berenjenas a la Parmesana

MELANZANE ALLA PARMIGIANA


A tenor del número de entradas que hasta la fecha le he dedicado a la berenjena, y lo que te rondaré, queda claro que no es que me gusten, sino que me encantan. Me fascina de cualquier manera. A la plancha, frita, en tempura, rellena, como pastel salado o en lasaña… Me da exactamente igual. Soy un auténtico fan de esta baya. Tanto es así que este año, en mi humilde huerto, me he venido arriba y he plantado dos docenas de matas. Será por berenjenas.

Traigo en esta ocasión hasta este caleidoscopio vital un plato, para mi gusto, excepcional: Berenjenas a la parmesana. No tiene mucha complicación su elaboración, aunque hay que dedicarle algo de tiempo, y el resultado es francamente sabroso.

Se trata de un plato típico de Nápoles, al sur de Italia. En su origen, la parmigiana di melanzane o melanzane alla parmigiana, lleva como ingredientes básicos, berenjenas (melanzane), queso parmesano, mozzarella, salsa de tomate y albahaca. No obstante, a partir de aquí, han surgido numerosas variantes.

Las imágenes que ilustran esta entrada corresponden a un plato de berenjenas a la parmesana, que tuve la oportunidad de disfrutar en el restaurante que Matteo di Filippo regenta en el madrileño Mercado de la Paz. Me pareció algo excepcional, como todo lo que he llegado a probar de su cocina. Conocí a este chef italiano en el televisivo Canal Cocina, el del huevo frito, y me quedé prendado tanto de sus propuestas como de su saber hacer en los fogones. Estas berenjenas en cuestión, las recuerdo, suaves, cremosas y con un intenso sabor a Italia. Todo un deleite y, por supuesto, con ganas de repetir.

He intentado sin éxito dar con su receta. Así que, he tenido que recurrir a uno de mis libros sobre cocina italiana para dejar constancia de esta delicia napolitana.

Ingredientes para 4 personas: 2 berenjenas grandes, una lata de ½ kilo de tomate frito triturado, 2 bolas de mozzarella de búfala, 175 gramos de queso parmesano, albahaca fresca, sal y aceite de oliva virgen extra.

Elaboración: Lavar las berenjenas y cortarlas en rodajas transversales de medio centímetro de grosor aproximadamente. Salar y dejar reposar unos 15 minutos. Disponer las rodajas en una fuente de horno con unas gotas de aceite de oliva y hornear a 180 grados centígrados hasta que estén tiernas. En lugar de hornearlas, se pueden rebozar y freír, pero resultarán algo más pesadas a la hora de comer. Rehogar en una sartén a fuego fuerte y no más de cinco minutos, el tomate frito triturado con unas gotas de aceite de oliva, media docena de hojas de albahaca fresca, una pizca de azúcar y sal al gusto. Rallar el queso parmesano y cortar en finas lonchas la mozzarella. Reservar. En una fuente de horno, untar su base con tomate, y disponer una cama de berenjenas ya horneadas. Espolvorear queso parmesano, añadir unas lonchas de mozzarella y acabar con una capa de tomate. Repetir la operación hasta acabar con las láminas de berenjenas. Finalizar el plato con rodajas de berenjenas, cubiertas de tomate, parmesano y mozzarella. Introducir la fuente en el horno precalentado a 180 grados centígrados y en modo grill durante una media hora. Pasado este tiempo, y siempre y cuando la superficie esté dorada, sacar la fuente del horno. A la hora de servir, espolvorear queso parmesano sobre cada ración.

 

 




viernes, 23 de junio de 2023

01143 El Tartar de Atún

SI ME LO LLEGAN A DECIR HACE UNOS AÑOS


Revisando mis archivos fotográficos en busca de imágenes para mantener viva esta aventura de las diez mil cosas que me gustan, me he topado con un tartar de atún rojo que nos ofrecieron a Gloria y a mí, nuestros entrañables amigos José Luis y Julia, en la última cena que mantuvimos en su casa. Estoy pensando que su amistad y las largas veladas en torno a una mesa en su domicilio, algún día formarán parte de este caleidoscopio vital, por lo tanto que me gustan.

Cuando he visto las imágenes del delicioso tartar, elaborado por José Luis, lo primero que he pensado ha sido: “Si hace unos años me dicen que acabaría por gustarme el pescado crudo, no hubiese dado crédito”. Yo que soy de los de “un poco más que al punto”.

La primera vez que lo probé, no hará muchos años, fue en Huelva. A mis sobrinos, casi hermanos por edad y por relación personal, les encanta. En una ocasión, lo pidieron para picar, como aperitivo. Me invitaron a probar y rechacé la invitación, aduciendo que no me gustaba el pescado crudo. Recuerdo que hicieron una buena defensa de esta exquisitez y tal fue la insistencia, que finalmente lo probé. Tengo que confesar que me lo llevé a la boca con muchos reparos. E igual que digo una cosa, digo la otra; me encantó. Tanto es así, que, desde aquel día, siempre que tengo oportunidad, pido tartar de atún o lo hacemos en casa.

Lo cierto es que el tartar de atún rojo es un plato muy vistoso y muy potente de sabor, gracias al cítrico, especias y salsas con las que se condimenta, como cualquier otro tartar, ya sea de carne o pescado crudo, picados muy finos. A pesar de su apariencia, se trata de un plato muy sencillo de elaborar. Se puede presentar sobre tostadas de pan, en cucharitas o en forma de timbal.

La mayoría de los platos presentan numerosas versiones y el tartar de atún rojo no es una excepción. La receta que a continuación detallo la saqué de un libro de cocina asiática, de cuando adquiría libros de cocina, y me parece lo más cercano a cuantos he llegado a probar. Es la que ponemos en casa en práctica cuando se tercia.  El que nos brindaron mis queridos José Luis y Julia lleva tomate en la base y ya no sé que más. Inmersos en el fragor de la dialéctica, como es habitual cuando nos reunimos, se me olvidó aquel día preguntarle cómo lo había elaborado. Solo sé que estaba realmente fresco y delicioso. Me gustó.

Ingredientes para 4 personas: 300 gramos de atún rojo fresco (para prevenir problemas con el anisakis, es aconsejable congelar el atún durante 24-48 horas. Una vez congelado, tendremos que descongelar dentro del frigorífico para luego poder elaborar el tartar), 2 aguacates ni muy verdes ni muy maduros, ½ cebolla, ½ lima o en su defecto limón, 3 cucharadas soperas de salsa de soja, 1 cucharada sopera de aceite de sésamo, aceite de oliva virgen extra y sal. (Si te gusta el picante, se puede incluir una cucharilla de postre de wasabi y otra de jengibre rallado)

Elaboración: Picar la cebolla muy fina. Reservar. Cortar en pequeños dados el atún. Reservar. Mezclar en un bol la salsa de soja, el aceite de sésamo y un poco de sal. Es el momento también, si se desea, de incorporar el wasabi y el jengibre. Incorporar a la mezcla el atún y la cebolla. Remover bien y dejar reposar durante una media hora. Cortar el aguacate en dados también muy pequeños, ponerlos en otro bol y rociar por encima el zumo de lima, un poco de sal y una cucharada de aceite de oliva. Remover bien.

Para emplatar: En un molde de emplatado, colocar en primer lugar una capa de aguacate y aplasta con una cuchara ligeramente. A continuación, disponer el atún y aplastar también ligeramente. Repetir la operación hasta cubrir todo el molde, o poner la mitad de aguacate y la otra mitad de atún. 

Dejar en el frigorífico por lo menos durante un par de horas. Desmoldar y servir. Acompañar de pan tostado. El tartar de atún rojo se puede elaborar de un día para otro.