SAN BETURIÁN, EN EL SOBRARBE OSCENSE
Vuelve este caleidoscopio vital a recrear sus sentidos en el
Sobrarbe oscense. Y lo hace centrándose en todo un referente histórico de esta
comarca altoaragonesa como es el Real Monasterio de San Victorián o San
Beturián.
La primera vez que lo visité fue hace más de dos décadas.
Creo recordar que una parte de la propiedad del edificio se encontraba por
aquel entonces en manos privadas y sobre él prometían un interesante futuro. En
aquella ocasión solo pude “disfrutar” del exterior y del entorno donde se ubica
el cenobio. Por un buen puñado de razones, que no vienen al caso, guardo un
grato recuerdo de aquella visita.
En agosto de 2020, tras varias intervenciones de rehabilitación
practicadas en el histórico edificio, y que más adelante significaré, volví a
visitarlo participando en una visita guiada. Ubicado en el término municipal de
El Pueyo de Araguás, según los expertos, está considerado como el más antiguo
de España, fijando su origen en la época visigoda, en el siglo VI.
Según cuenta la leyenda, “San Victorián llegó a los
Pirineos huyendo de las tentaciones terrenales. Tras una vida de eremita en la
Cueva de la Espelunga y realizando grandes prodigios, fue nombrado abad del
monasterio, que en un principio se llamó San Martín de Asán. Tiempo después, en
el siglo XI, el monasterio tomó su nombre pasándose a llamar de San Victorián o
San Beturián”.
Reconstruido por Ramiro I de Aragón, aquí fue donde se
reunieron Ramiro el Monje y Ramón de Berenguer IV para decidir los esponsales
entre este último y doña Petronila, unión que posteriormente daría como fruto
la formación de la Corona de Aragón. Protegido por reyes y papas, durante
siglos se configuró como centro político, económico y espiritual de Sobrarbe.
Es Panteón Real y aquí se conservan los sepulcros de Gonzalo I y de Íñigo
Arista.
Sería a finales del siglo XVI cuando comenzaría la
decadencia del cenobio tras la pérdida de propiedades por las políticas reales
y eclesiásticas, creándose el Obispado de Barbastro, pasando de controlar más
de 50 localidades a solo 20.
“En el siglo XVII, gracias a una ayuda real, se realizan
obras de restauración en el conjunto monástico y en la hospedería. Durante el
siglo posterior, el abad consigue el apoyo de Felipe V para reedificar la
iglesia y se ornamentó con la sillería del coro. Un rayo y fuertes vientos
provocan grandes daños en el edificio que son reparados con la ayuda del
marqués de Avilés y Esquilache, que lograron que Carlos III les concediese
60.000 reales”.
La economía del cenobio sobrarbense sufriría un nefasto golpe con la desamortización
eclesial de Mendizábal, al perder gran parte de sus tierras. En 1844 estuvo
previsto vender el monasterio pero se suspendió la venta por su valor
histórico, según un Real Decreto, y San
Victorián quedó encomendado al Ayuntamiento de Los Molinos.
La puntilla final para el histórico cenobio llegaría con la
Guerra Civil que traería expolios, incendios y bombardeos. Finalmente, una
resolución del Obispado de Barbastro de 1950, le arrebataría sus retablos y
otras piezas artísticas.
La iglesia fue construida en el siglo XVII sobre una
anterior medieval. Presenta planta de cruz latina, de tres naves y cabecera
recta orientada al oeste, con capillas adosadas. En la del constado meridional
hay una cripta para enterramientos. En el costado sur se alza la torre con dos
cuerpos, rematados en un chapitel octogonal.
El claustro presenta tres galerías cubiertas con arcos de medio punto y
apuntados. En un dintel hay un pequeño relieve románico, enmarcado en una
mandorla, del siglo XII.
Desde aquella primera y ya lejana visita, muchas cosas han
cambiado en torno a esta histórica joya arquitectónica. Tras la compra por
parte del Gobierno de Aragón de la parte privada, hospedería y palacio abacial,
se consolidó todo el conjunto con el objetivo de detener el avance de la ruina.
La recuperación se inició en 1990, gracias a un acuerdo
entre el Ministerio de Cultura y el Gobierno de Aragón. En un principio se
restauró la iglesia y en 2003 se mejoraron los accesos a la iglesia y la
consolidación de la torre.
Recientemente leí en un medio de comunicación que el Gobierno de Aragón
invertirá un total de 670.000 euros hasta finales de 2023 en las obras de restauración
y conservación del palacio abacial del monasterio. Cabe recordar que el
Monasterio de San Victorián forma parte de la red de panteones reales impulsado
por el Gobierno de Aragón, junto con los de San Pedro el Viejo de Huesca, San
Juan de la Peña, Sijena y el Castillo de Montearagón.
Según se explicaba, el proyecto prevé la restauración y
consolidación del ala noroeste, con un avanzado estado de deterioro, el recalce
de la cimentación, la restauración de paramentos verticales, el arriostramiento
de los forjados y la sustitución de la cubierta.
Las actuaciones previstas consisten en el recalce
de la cimentación, la restauración de paramentos verticales, el arriostramiento
de los forjados y la sustitución de la cubierta. Además, se señala que es
necesario desescombrar algunas estancias de la zona sur del palacio abacial,
con el objetivo de profundizar en el conocimiento del monumento y mejorar el
sistema de recogida de aguas y evitar de esta manera filtraciones al terreno.
El Monasterio de San Victorián, Bien de Interés
Cultural en la categoría de monumento desde marzo de 2002, constituye
un conjunto arquitectónico monacal del siglo XVI formado por
diferentes construcciones, ubicado en un lugar montañoso y aislado y rodeado
por un recinto amurallado.
El recinto del monasterio se compone de una Casa
Abadía, una Hospedería y dos construcciones rectangulares entre sí y
dispuestas en torno a un espacio abierto con una fuente y una cruz.
En el centro se dispone el claustro de la
comunidad, cuya crujía oriental es el único vestigio de la construcción
medieval sobre la que se levantó el nuevo monasterio.
La iglesia, del siglo XVIII, tiene tres naves, en origen
cubiertas por una bóveda de cañón con lunetos encamonada, y cabecera recta, y
adosada a la iglesia destaca una gran torre de planta cuadrada y dos cuerpos en
altura, tras la cual se encontraba el cementerio.
Espero y deseo que este anuncio de inversiones en el Monasterio
de San Victorián sea una efectiva realidad a no mucho tardar y que no pase como
en tantas otras ocasiones, que solo sirva para regalar atractivos titulares a
los ojos del olvido.
Disfruté de la visita al cenobio sobrarbense, pero también tengo
que reconocer que me entristeció ver hasta qué punto se puede dejar al albur de
la desidia y de la falta de interés tan preciado patrimonio histórico y
cultural.