PIÑATAS
Resulta agradable comprobar lo sencillo que es retornar a la
infancia. Lo pude volver a observar recientemente, después de una fiesta y
reunión familiar en mi pueblo materno de Alcalá de Gurrea. Después de comer,
con sobremesa larga, tras despedirme de tías, hermanas y primos, y dirigiéndome
ya al coche para regresar a casa, pude ver cómo estaban preparándolo todo para
que los niños y niñas pudieran jugar a las cucañas. Me quedé clavado como una
estatua. Así lo quiso el niño de hace más de medio siglo. Me recordó que yo
también jugué en esta plaza a las cucañas y a las cintas, creo que así se
denominaba el juego que consistía en ir montado en una bicicleta y con un lápiz
o un pequeño y afilado palo de madera, intentar traspasar una arandela que
llevaba enrollada una cinta y escrito en ella un premio en metálico. Yo no
tenía bicicleta, pero siempre había alguien que me la dejaba para que pudiera
participar. Desde aquel entonces no he vuelto a ver este juego. Bueno, por no
mentir, hace unos diez años, vi algo parecido en la Aldea de El Rocío. En
aquella ocasión los participantes no iban en bicicleta sino sobre hermosos y
cuidados caballos.
Por fin, el niño rompió la vasija desparramando por el suelo
su dulce contenido. Un ruido, el de la vasija con su contacto al caer al suelo,
me devolvió al presente con una sonrisa. Pensé que muchas cosas habían
cambiado, pero la emoción y la ilusión que siguen despertando aquellos juegos,
siguen intactas.
Quien pueda llegar a leer esto, pensará que estoy en un error,
y que en realidad el juego referido no se corresponde con las cucañas sino con
las piñatas. Toda la razón, pero en Aragón a lo que se conoce como una piñata
se le denomina cucaña. Según he podido leer, “etimológicamente, la palabra
procede del italiano cuccagna, que hacía referencia a una tierra mítica
de abundancia y felicidad, similar al país de Jauja, donde no hacía falta
trabajar y los alimentos caían del cielo o de los árboles. Al trasladar este
concepto a los juegos populares de los pueblos, se empezó a denominar «cucaña»
a cualquier reto o juego infantil cuyo objetivo final fuera conseguir premios,
dulces o monedas de forma gratuita”.
Antiguamente, en las fiestas de los pueblos aragoneses, no
se organizaba una sola actividad aislada, sino que se preparaban las llamadas "Cucañas".
Este término funcionaba como un bloque o sección de juegos populares
infantiles. Dentro de esta misma categoría se agrupaban dinámicas muy diversas:
El tradicional palo untado de grasa, las carreras de sacos o la rotura de ollas
de barro colgadas de una cuerda rellenas de caramelos, agua o monedas. Al estar
englobada la piñata dentro del programa de "las cucañas" de las
fiestas, la metonimia hizo que el término pasara a dar nombre al objeto en sí.



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