DEL VESUBIO
Nunca ha habido tanto color en mi huerto. Todo ha sido
gracias a las incorporaciones de las nuevas variedades tanto de tomates como de
acelgas. Da gusto y alegría verlo. Y eso que el calor, excesivo calor de este
verano, me ha ocasionado alguna que otra baja entre las plantas y no se han mostrado
como acostumbran. De cualquier manera, estoy contento.
En este caleidoscopio vital he comentado recientemente las
incorporaciones al huerto de las acelgas rojas y de las acelgas amarillas de Lyon.
En esta ocasión, traigo una nueva variedad de tomate que se ha estrenado en el
huerto con intención de continuidad, pues me ha parecido una joyita. Me estoy
refiriendo al italiano tomate piennolo giallo.
El pasado otoño, mi cuñado estuvo en Nápoles, tal y como
acostumbra en los últimos años. De sus viajes siempre nos trae algún presente.
En esa ocasión, nos preguntó si queríamos algo en concreto, a lo que le
sugerimos que nos trajera semillas de tomate del entorno del Vesubio. A su
regreso, nos inundó de semillas de curiosas variedades de tomate. Entre ellas
se encontraban semillas del denominado tomate piennolo giallo. Esta primavera
sembré en semilleros parte de las semillas de las distintas variedades. Mi expectación
fue total. A ver qué sucedía.
Este tomate es también conocido como Pomodorino del Piennolo
del Vesuvio Giallo y se cultiva principalmente en los suelos volcánicos del
Vesubio, en la italiana región de Campania. Son frutos pequeños, tipo Cherry,
de forma ovalada, con una punta en la parte inferior llamada umbone o pizzeto y
pesan entre 20 y 30 gramos. Su coloración amarilla denota una altísima
concentración de beta-caroteno, vitamina A, además de ser tres veces más rico
en otras vitaminas que las variedades rojas comunes.
El término “piennolo”, péndulo en dialecto napolitano,
proviene del método tradicional de conservación. Los frutos se forman en la planta
en racimos y los agricultores italianos cortan estos enteros para trenzarlos
con un hilo de cáñamo hasta formar un gran racimo circular. Posteriormente, se
cuelgan en techos, balcones o en lugares secos y ventilados. Gracias a su piel
gruesa y pulpa firme y compacta, el tomate se conserva de forma natural durante
meses a lo largo del invierno, concentrando sus azúcares y volviéndose aún más
sabroso con el tiempo. A este respecto, tengo que decir que de momento me ha
sido imposible recolectarlos en racimos, pues debido al sofocante calor, muchos
ejemplares se han ido cayendo de las ramas. Algunos he conseguido coger en
racimo, pero no me dan para realizar un gran racimo circular. Me he quedado con
las ganas. Así que tendré que esperar al próximo año y ver si hay más suerte,
ya que está claro, que han venido para quedarse en mi huerto.
De momento, los vamos consumiendo simplemente en ensalada
con aceite y sal. Tengo que explorar otras formas, como en salsas o con otros
acompañamientos. Me da que por su textura y sabor tienen mucho recorrido.



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