GRAN OLVIDADA, GRAN RECORDADA
Recientemente compartí con mis compañeros del grupo de
teatro uno de esos almuerzos que tanto nos gustan organizar, y que se han
convertido en una necesidad. Pedí, para dar buena cuenta de este encuentro, un
salmorrejo aragonés, cuyo gusto por este plato está recogido en este
caleidoscopio vital en la entrada número 00464. Se trata en líneas generales de
un cocinado a base de cerdo, longaniza, huevos y espárragos, aunque, como no
puede ser de otra manera, también admite firma de autor, tradición o costumbre,
según fogón donde se ejecute este manjar. En este caso que me ocupa, el
salmorrejo lo componían longaniza, tortela, costilla de cerdo y tortilla de pan.
¡Oh, tortilla de pan!, exclamé cuando vi el plato delante de
mí. ¡Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la degusté! Tanto me
emocionó, que monopolicé el inicio del almuerzo con mis recuerdos, que me
llevaron a Alcalá de Gurrea, a casa de mi abuela Genoveva. Cómo olvidar
aquellos años de infancia junto a ella, su bondad, su cariño, sus atenciones… y
su cocina. Una cocina tradicional, auténtica, plena de sabor, y como todas las
abuelas y madres de esa generación, capaces de hacer de la nada una virtud. No
eran tiempos para florituras y menos para las cosas del comer. Tonterías las
justas.
Esta más que humilde tortilla le gustaba incorporarla a los
guisos. Es muy apropiada para ello, pues se empapa de todos los jugos, convirtiéndose
en un gran atractivo para el paladar. La tortilla en cuestión era al fin y a la
postre, un preparado nacido de la necesidad de aprovechar los restos de pan duro.
No veo a mi abuela pensando otra cosa. Nunca la he cocinado, pero la he visto
elaborar multitud de veces a mi abuela y a mi madre, que también tenía bien
aprendida la lección. Enseñanza, la del aprovechamiento, en la que también mi
madre me aleccionó.
Su sencillez, la de la tortilla, se corresponde con su humildad.
Tan sencillo como remojar el pan duro en leche, mezclar con unos huevos batidos,
ajo y perejil picados, y cuajar en la sartén, para a continuación incorporarla
al guiso. Al menos así la vi cocinar en casa.
Sí, la cocina es recuerdo, y también poderlo compartir con
unos buenos amigos.



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