martes, 1 de septiembre de 2026

01774 Los Huevos Fritos con Piparras y Pimientos de Padrón

 UN VICIO


Dicen que las reglas y las normas están para romperlas. Yo añadiría, siempre y cuando sirvan para mejorarlas. Esto viene a cuento porque he de confesar que este año he roto una de mis normas, reglas o costumbres. En algún momento de este caleidoscopio vital escribí que, aun gustándome con locura los huevos fritos, rara vez los cocino en casa, dejando este manjar para cuando salgo de excursión a cualquier lugar de la geografía altoaragonesa, si quedo a almorzar con mis amigos del grupo de teatro o si se tercia la ocasión. Pero siempre, fuera de casa.

Digo que este año he roto esta curiosidad, porque son varias docenas de huevos las que he frito en casa. No voy a reincidir sobre las grandezas de este alimento, pero sí diré que se lleva bien con cualquier otro comestible. Nunca molesta y siempre es bien recibido. O al menos, así lo percibo. Son varias las entradas de este blog en las que el huevo es el gran protagonista junto a platos que hasta la fecha había consumido sin él. Se me ocurren, por ejemplo; con chirlas, con gulas y langostinos, con madeja, con papada de cerdo, con calamares, con guisantes o con morcilla, entre otros. En esta ocasión, el huevo comparte protagonismo junto a piparras y pimientos de Padrón.

Todos los días "ordeño" en el huerto las plantas de piparras y de pimientos de Padrón. De las primeras traigo para casa entre 30 y 50 ejemplares, no muy grandes, y llegando al centenar de pimientos. Es curioso, pero en mi entorno no son muy proclives a estas delicias. Tan solo tengo una amiga a quien, como a mí, le chiflan. Con ella comparto prácticamente mi producción. Como me descuide, se me amontonan en el frigorífico. Una noche me dio por cenar en "condiciones", y pensé que piparras, pimientos de Padrón y un par de huevos fritos, podría ser una buena combinación. No lo dudé dos veces. Me puse manos a la sartén, freí piparras y pimientos en un poco de aceite de oliva virgen extra y a continuación, en ese mismo aceite, freí un par de huevos de gallina. El aspecto del plato era muy prometedor. El resultado, memorable. Untadita de pan en el huevo y acompañadita de piparra o pimiento bien sazonados. Le di cuenta al plato en un visto y no visto. Y eso que ahora intento comer despacio y masticando reiteradamente. Me dio pena que se acabara. Pero no importa, ahora que he roto de sobras mi norma, que las plantas siguen cada día dándome estos pequeños frutos y que seguro se seguirán amontonando en el frigorífico... ya sé el camino que hay que seguir. ¡Un vicio!




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