PÉTREO TESTIGO
Me he propuesto pintar paisajes y rincones que tienen para mí,
independientemente de su belleza, un significado muy especial. Escenarios en
los que he sido feliz y que quiero ahora recrearme en ellos plasmándolos en un
lienzo. He comenzado con el Faro de la Isla de Mouro, a quien ya dediqué una
entrada en este reto personal. Fue en los inicios de este caleidoscopio vital,
exactamente en la entrada número 00030. En ese momento, el escrito atendió a los
juegos con mis hijas a pie de playa, en la cántabra playa de Somo, y con el
Faro de la Isla de Mouro como pétreo testigo. Una imagen que nos acompañó
durante casi dos décadas, verano tras verano, y en más de una escapada fuera
del estío. En aquellos días, poco, por no decir nada, conocía del familiar
faro, salvo que medía 18 metros de altura y que el acceso a la isla estaba
restringido.
Para nosotros tenía su encanto, incluso cuando terminaban
nuestras vacaciones, iba a la playa con las niñas expresamente para despedirnos de él hasta
el próximo encuentro. No sé si lo recordarán. Como tampoco yo recuerdo el número
de fotografías que he llegado a capturar de la isla y el faro a lo largo de todos
esos años. Incluso ahora, cuando realizo a Somo alguna esporádica escapada,
continúo sumando más imágenes a la “colección”. Las tengo de todos los palos;
con el mar en calma, bravío, con las aguas verdes, celestes, de un azul
intenso, con un cielo limpio de nubes, con el cielo cubierto, con sol, con bruma…
Tanta es mi querencia por Somo, su playa y el faro, que tenía que trasladar a
un lienzo tantos días de dicha y alegría.
Además, y ya era hora, me he interesado por conocer su
historia, gracias a la web buceopedrena.es,
de donde he sacado los siguientes apuntes:
“La isla de Mouro, ubicada en la bahía de Santander, en la
costa norte de España, es un pequeño islote de gran significado histórico y
geográfico. Aunque no es una de las islas más grandes ni más conocidas de la
región, su historia está marcada por varios factores cruciales que han influido
en la navegación, la defensa y el desarrollo de Santander a lo largo de los
siglos”.
“El origen del nombre «Mouro» ha sido objeto de diversas
interpretaciones a lo largo de los años. Una de las teorías más comunes es que
proviene del término «Mouro», utilizado en la Edad Media para referirse a los
moros o musulmanes. Esto se puede deber a la influencia de la cultura musulmana
en la península ibérica durante la Reconquista. Otra posibilidad es que el
nombre derive de la palabra «muro», dada la geografía escarpada y rocoso de la
isla, que podría haber sido considerada un “muro natural” para los navegantes
que se aproximaban a la bahía”.
“La isla de Mouro aparece en varias fuentes antiguas, aunque
no hay registros precisos sobre su población o sobre las primeras
civilizaciones que pudieron haber habitado o explotado sus recursos. En la
época romana, la zona de Santander ya estaba habitada, pero la isla de Mouro
parece no haber tenido una ocupación humana significativa en esos primeros
tiempos, ya que su entorno natural no era favorable para el establecimiento de
una población”.
“No existen registros específicos de fortificaciones o
estructuras defensivas en la isla durante la Edad Media, aunque no se puede
descartar que pudiera haber sido utilizada para la vigilancia de posibles
invasores o para controlar el tráfico marítimo. El puerto de Santander, aunque
no tenía la misma importancia que en épocas posteriores, ya estaba siendo
utilizado como puerto de comercio y como punto de paso para las embarcaciones
que se dirigían al norte de la península”.
Con el auge del comercio y la mejora de las rutas marítimas
en el siglo XVIII, la bahía de Santander comenzó a ganar importancia como
puerto comercial, lo que aumentó la necesidad de mejorar la seguridad en la
navegación. Así, “a finales del siglo XVIII, la isla de Mouro comenzó a ser
considerada un lugar estratégico para la construcción de un faro. La idea de
erigir un faro en la isla fue impulsada por la creciente importancia de
Santander como puerto de comercio, así como por los numerosos naufragios que
ocurrían en la bahía y en las aguas circundantes. La necesidad de una señal
luminosa que orientara a los navegantes, especialmente durante la noche y en
condiciones meteorológicas adversas, era cada vez más urgente”.
“El faro de la isla de Mouro fue inaugurado oficialmente en
1839, aunque la idea de su construcción comenzó a gestarse varios años antes”. El
faro fue diseñado para ser visible desde largas distancias. “Con una torre de
18 metros de altura, el faro se convirtió en uno de los puntos de referencia
más importantes en la costa cantábrica. Su luz tenía un alcance de hasta 22
millas náuticas (alrededor de 40 kilómetros), lo que lo convertía en una de las
principales ayudas a la navegación en la zona”.
“A lo largo del siglo XIX, la isla de Mouro también
desempeñó un papel estratégico en términos de defensa. Durante las Guerras
Carlistas (1833-1876), la isla y sus alrededores fueron escenario de
importantes movimientos militares, ya que la bahía de Santander era un punto de
interés para los bandos enfrentados”. En esos años, “la isla de Mouro sirvió
como un punto de vigilancia, y aunque no se construyeron grandes
fortificaciones en la isla, su ubicación estratégica permitió que fuera
utilizada como parte del sistema de defensa de la ciudad de Santander. El
control de la bahía de Santander y sus accesos era esencial para las
operaciones militares en la región, y la isla de Mouro ofrecía un lugar ideal
para vigilar las entradas y salidas del puerto. “En este contexto, el faro de
la isla también adquirió una función simbólica, ya que representaba un faro de
esperanza y resistencia para los defensores del puerto y la ciudad de
Santander. Aunque la isla no estuvo directamente involucrada en grandes batallas,
su presencia en la bahía proporcionó una sensación de seguridad a los
habitantes de la ciudad y a los barcos que se encontraban en el puerto”.
“A lo largo del siglo XX, la isla de Mouro se fue
consolidando como un espacio protegido y de interés natural. Su biodiversidad y
su paisaje único comenzaron a ser valorados, y en 1989 la isla fue declarada un
espacio natural protegido por su valor ecológico. La isla alberga una gran
variedad de especies de flora y fauna, incluyendo aves marinas que la utilizan
como lugar de anidación. Su aislamiento la convierte en un refugio para
diversas especies, lo que ha llevado a su preservación y a la restricción del
acceso humano”.
“El faro de la isla de Mouro sigue siendo uno de los
elementos más importantes de la isla y de la bahía de Santander. Aunque la
navegación moderna y los avances en la tecnología de los radares han reducido
la dependencia de los faros tradicionales, el faro de Mouro sigue siendo un
símbolo de la historia marítima de la región y de la seguridad en la navegación”.
“Hoy en día, el faro continúa emitiendo señales luminosas,
aunque su función principal es más simbólica que operativa. La isla de Mouro se
ha convertido en un lugar de interés turístico, y el faro es un atractivo tanto
para los navegantes como para los visitantes que aprecian la belleza natural de
la bahía de Santander”.
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