lunes, 7 de septiembre de 2026

01778 La Citronela

 UN AROMA PARA UN MOMENTO PLACENTERO EN LAS NOCHES DE VERANO


El aroma de la citronela se ha convertido en mis últimos años en un clásico en las noches de verano. El motivo es que esta planta, con su aroma fresco y cítrico, tiene una poderosa acción como repelente natural de insectos, especialmente de los molestos y agotadores mosquitos. En las noches de estío, me gusta sentarme en la terraza de casa con un libro o algo de lectura. Y en ausencia de uno u otro, apoltronarme en el sofá con mis pensamientos y mirar las estrellas, en compañía del dulce aroma que desprende una enorme vela de citronela encendida. Me resulta un momento muy placentero.

Tendría que hablar en pasado, porque este año, a pesar de la citronela, los mosquitos me tienen aborrecido y hasta dolorido. Mi cuerpo es como una paella, lleno de granos, motivados por sus picadoras. Bien es cierto, que muchos de los abones me los traigo del huerto, a pesar de la albahaca, otro repelente de insectos.

En lo que llevamos de verano, no creo que haya pasado en la terraza más de una hora seguida por la noche. Es como el día de la marmota. Empiezo mi estancia bien, pero al cabo de un cuarto de hora comienzo a rascarme en distintas partes del cuerpo, hasta que llega un momento en el que no puedo más. Tengo la impresión de que este año los mosquitos no pican, muerden. Cuando mis manos ya no dan abasto y no saben a qué parte de mi cuerpo acudir para rascar, apago la vela de citronela y me guarezco en casa.

Hace unas semanas estuve cenando en la terraza de casa de una amiga. El olor a citronela era espectacular. Busqué con la mirada una vela o similar, pero no encontré nada. Así que le pregunté de dónde provenía tan identificable olor. Mi amiga me señaló con el dedo una planta bien nutrida de hojas, de entre el medio centenar que hermosean su terraza. Nunca había visto una planta de citronela, así que no la podía distinguir. Conforme me acerqué a la planta, su aroma se tornó más intenso y penetrante. Mi anfitriona zarandeó entonces sus verdes, largas, lineales y estrechas hojas con las manos, lo que potenció más el olor a citronela. Me hizo observar que era un gran repelente de mosquitos, y que, de hecho, desde que había incorporado la planta a la terraza, no le había picado insecto alguno.

Le dije a mi amiga que yo era un fan de este aroma y que era conocedor de sus propiedades, aunque este verano no estaban funcionando. Ni corta ni perezosa, de la generosa maceta de citronela, arrancó unos no menos generosos tallos y me recomendó que al llegar a casa los pusiera en un vaso de agua durante unos días y que luego los plantara en una maceta. Y así lo hice, pero no funcionó. Ni con la planta, ni con la vela de citronela, aguanto más de una hora en la terraza. ¡Es horroroso! Me arrancaría la piel a tiras.

En vista de que la planta no dio los resultados previstos en la terraza de casa, me la llevé al huerto, donde goza de una excelente salud. Ha crecido ya considerablemente. Cuando lleguen los primeros fríos la regresaré a casa y le buscaré un buen cobijo. A ver si para el próximo verano tengo más suerte, porque lo que es este… Pero que conste, que me encanta la citronela.

Nota: las fotografías no hacen justicia a la planta. Tomé las instantáneas con el toldo anaranjado de la terraza bajado. Por eso el extraño color.





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