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jueves, 24 de abril de 2025

01658 Las Hortensias

 CARA Y CRUZ


Es curioso comprobar, cómo los temores adquiridos de pequeño y de no tan pequeño, consciente o inconscientemente, te acompañan el resto de tus días. He aquí, un ejemplo.

La hortensia, con sus coloristas pompones, es una flor que me encanta, además de traerme gratísimos recuerdos vacacionales cuando la contemplo. Me gustan las plantas y las flores en general. Siempre me han acompañado. Pero con todo lo que me gusta la hortensia, nunca la he tenido en casa. El motivo, una superstición heredada de mi madre. Precisamente, no hace muchas fechas, hablando con mi hermana Gemma, quien también es una amante de la jardinería, sobre ciertos cuidados de la plantas, salió a colación la hortensia. Como a mí, le encanta. Pero como yo, tampoco la ha tenido en casa. El motivo, la misma influencia que un servidor, a través de nuestra madre. Hecho que también recordamos. Y es que mi madre, quien también mostraba querencia por esta flor y que tampoco la tuvo en casa, decía que en el domicilio dónde había una hortensia "se padecía un cáncer". Y con esas que nos quedamos. 

No sé de dónde se sacó tamaña sentencia, pero el caso es que nos quedamos con la copla. Supongo que sería porque conocería alguna coincidencia de gente allegada y le colgó el San Benito a la hermosa planta. Recuerdo que para un cumpleaños de mi suegra, y enterado de que le encantaba esta planta, le regalé una preciosa maceta, no sin cierto heredado temor. Lo reconozco. Todavía recuerdo la cara que puso cuando me vio entrar en su casa con la maceta y los hermosos ejemplares de flor que portaba. La tuvo durante algunos años y bien orgullosa que la mostraba a todo aquel que iba a visitarle. Por cierto, de esto hace igual una treintena de año. Y mi suegra, a la que adoro, goza de una espléndida salud a sus 94 años de edad.

Tras la conversación con mi hermana y el recuerdo de mi madre en torno a las traídas hortensias, busqué en la red de redes por si encontraba luz al asunto. Lo cierto es que busqué con poca fe. Nunca llegué a creer en el maleficio de esta hermosa flor, aunque siempre practiqué el por si acaso. Reconozco que, muy a pesar mío, soy algo supersticioso. No mucho, pero algún brote tengo.

Efectivamente, no encontré aproximación alguna al respecto. Pero si referencias curiosas. Por ejemplo, la hortensia es símbolo de belleza y abundancia debido a la forma de sus flores. En Asía, regalar hortensias rosas están relacionadas con el amor, igual que un ramo de rosas rojas. También me encontré con una leyenda que sostiene que, si hay hortensias en la casa, las mujeres solteras no se casarán nunca. Y que quienes estén casadas y las planten en sus hogares, corren el riesgo de que la relación no vaya bien. Tampoco para el Feng Shui, antigua filosofía china que busca el equilibrio energético en un espacio para mejorar el bienestar de quienes lo habitan, esta planta sale bien parada, ya que simboliza soledad, fracaso y aislamiento. Para otras culturas, las hortensias son símbolo de gratitud, de gracia, belleza y abundancia, debido a la cantidad exuberante de flores. Hay también quien las consideran como una de las siete plantas que atraen a la mala suerte.

En resumen, que después de todo lo leído, y que tiene su gracia, llegué a la conclusión de que ya era hora de abrir las puertas de casa a las hortensias y de disfrutarlas no solo en los jardines o parterres de los apartamentos en los que hemos pasado nuestras vacaciones en familia durante tantos años. ¡Que ya tenemos una edad!





domingo, 23 de marzo de 2025

01629 Sean Bienvenidos

JACINTOS


Pase lo que pase, ajenos a las cuitas cotidianas, con las primeras templanzas y ánimos del año, aquí están sin desfallecer, regalando su olor a limpio penetrante, deseado y evocador. Y yo, como todos los años, les recibo agradecido y entusiasmado. Sean bienvenidos.


jueves, 20 de marzo de 2025

01624 Esto es lo Que Hay

 PUNTO Y FINAL


Tengo una amiga a la que aprecio muchísimo, pero que me saca de mis casillas cuando pronuncia la breve frase de "Esto es lo que hay".  Expresión, por otro lado, que escucho con relativa frecuencia en otras voces. 

Mi querida amiga, cuando en una conversación, da igual que sea seria o desenfadada, pronuncia la traída frase, se acaba el asunto tratado. Además, la pronuncia de forma tan tajante y categórica, que no hay manera, por más que uno quiera, de retomar el discurso. A mí, me pone de los nervios, ya que muchas de las conversaciones, me da la impresión de que se quedan incompletas con el esto es lo que hay de marras. Es como decir, "confórmate con lo que hay, porque no hay más remedio que aceptarlo". O lo que es lo mismo, "lo tomas o lo dejas, porque no hay otra cosa". Aún así, la sigo queriendo. A un amigo se le perdona todo, hasta la reiterada pronunciación de esta frase tan lapidaria.

No obstante, reconozco que me estoy empezando a preocupar. Yo, que soy un recalcitrante inconformista, últimamente la estoy pronunciando con relativa frecuencia. No sé si será la edad, la imposibilidad de cambiar muchas de las cosas y actitudes que me rodean, y que me desagradan, el caso es que me sorprendo recreándome con la manida frase. No diré que le estoy cogiendo gustillo a ella, pero sí que es cierto, que me relaja en según qué circunstancias. Observo que acostumbro a pronunciarla cuando no me apetece dar muchas explicaciones ni quiero discutir. Es también, como le sucede a mi amiga, mi punto y final.

Si será tan popular la frase, que hasta se ha colado en casa. Recientemente celebramos un acontecimiento familiar y la protagonista recibió un hermoso y perfumado ramo de liliums blancos. Me encanta esta flor y sobre todo, el olor que de ella se desprende. Cuando las vi aparecer por la puerta de casa, fueron por mí recibidas como un venerado huésped. ¡Qué bonitas eran! Y ¡qué bien olían! Es una planta que me transporta a momentos muy, muy felices.

El caso es que, feliz y contento, fui a buscar un jarrón para depositar el ramo de flores y colocarlo en un lugar que se viera bien e inundara toda la casa con su perfume. Con el recipiente en la mano, oí una voz que me espetó: "¿Dónde vas con ese jarrón?" A lo que contesté: "A poner el ramo de liliums". En punto y seguido, fui informado de que el ramo salía de casa de inmediato. Miré a los ojos de mi interlocutora y pude comprobar que las flores ya habían surtido efecto despertando a su alergia. Media docena de ininterrumpidos estornudos pusieron el broche final a la mini conversación. Regresé el jarrón a su lugar de origen, hice tres fotografías a las bellas flores y antes de que pudiera plantear una solución intermedia, que siempre existe para todo, escuché: "Esto es lo que hay".

Punto y final.








domingo, 26 de enero de 2025

01580 Dedicatoria

 VIDA COMPARTIDA


Detrás de estas flores se acomoda el mejor de mis regalos. Y aun cuando en breve tiempo se marchiten y tan solo quede un ligero recuerdo de su perfume y dejen un espacio vacío, se tornarán en compromiso con una vida compartida.


lunes, 24 de junio de 2024

01377 Observando

 EL PERFUME DE UNA FLOR


Podrán llevarse la flor y su color,
pero su perfume,
siempre me lo quedaré yo. 


jueves, 6 de junio de 2024

01365 Las Achiras

 CANNA INDICA


Cuando he soñado con un jardín, -ese jardín que a estas alturas de la vida nunca tendré, pero con el que sigo soñando e imaginando-, lo veo repleto de achiras. Desde que las viera por primera vez, me dejaron prendado. Altas e impresionantes, las Cannas, como así también se las denominan, presentan un atractivo aspecto cuando están agrupadas.

Sus hojas son grandes, en forma de lanza, de color verde o tintadas de púrpura, lo que les confiere una especial y distinta belleza. Sus grandes flores tubulares, en rojos o amarillos vivos, forman unos atractivos ramilletes en el extremo de los tallos durante el verano.

Las imágenes de achiras que ilustran esta entrada, fueron tomadas hace unos cinco años en el jardín de un pequeño hotel rural en la provincia de Granada. El jardín era grandioso y espectacular, bien cuidado y con un atractivo especial. Había distintos caminos flanqueados por plantas, árboles y arbustos de todas las clases, así como un jardín de verano y otro de invierno, con pérgolas incluidas. Me fascinó. Algún día, si me acuerdo del nombre del hotel, lo traeré hasta este caleidoscopio vital.

En mi paseo por el jardín, hice fotografías a decenas de especies, pero las que se llevaron la palma fueron las achiras. Estaban en todo su esplendor, con unas flores de llamativo y atractivo color rojo. Y seguí pensando que, el día que tuviera un jardín, sin duda, y mira que es difícil la elección, las achiras estarían en lugar privilegiado. Es o no es para tenerlas en cuenta. 




miércoles, 1 de mayo de 2024

01329 Las Adelfas

 BELLEZA Y TOXICIDAD


Traigo hasta este caleidoscopio vital otra de las plantas que para mí está asociada a los periodos vacacionales. Me complacen su presencia y sus llamativas y coloristas flores. Su disposición en jardines y parterres, y hasta en las meridianas de algunas autovías y autopistas, me resultan algo placentero. Tanto es así que, cuando acudo a algún destino vacacional y veo una adelfa, no puedo dejar de fotografiarla, como si se tratara de algo único y excepcional. Al final, después de tomar la instantánea acabo diciéndome lo mismo: "Qué necesidad, si tengo ya tropecientas". Pero da lo mismo, adelfa que veo, adelfa que fotografío. Una de mis muchas manías que no hacen daño. 

No hace mucho, hablando con una amiga sobre nuestro común gusto por las plantas, le comenté que una de mis muchas favoritas era, precisamente, la adelfa. Nada más escuchar el nombre de la planta, puso cara de tanto horror, que hasta yo mismo me asusté. Me dijo que tuviera cuidado por ella porque era una planta muy venenosa. 

Cuando llegué a casa, lo primero que hice, alertado por mi amiga, fue mirar los pormenores y característica de la adelfa. El primer titular que leyeron mis ojos fue el siguiente: "Adelfa, una de las plantas más bonitas y a la vez más venenosas del mundo". Continué informándome y todo eran excelencias de tan bella planta, hasta que llegué al apartado que explicaba acerca de la toxicidad de la planta. Venía a decir que una de las desventajas de las adelfas era su toxicidad, aunque para ello "tenía que ser ingerida". Me tranquilizó este extremo. Seguí leyendo. "La adelfa posee glucósidos cardíacos como oleandrina y nerioside, que pueden provocar un paro cardíaco". Lo que faltaba, pensé. "Pueden producirse envenenamientos en niños o mascotas por masticar sus hojas, sus tallos o sus flores, ya que toda la planta es tóxica. Además, tampoco se puede utilizar su madera para barbacoas o similares, puesto que el veneno no se destruye ni por el contacto con el aire ni por el calor". 

Llegué a la conclusión, una vez más, que nada es perfecto. La belleza de esta planta esconde su lado oscuro. Nada es azar. Será por algo. De cualquier manera, con cuidadín, me sigue pareciendo una planta hermosa que me trae momentos felices y memorables vacaciones. 



martes, 27 de febrero de 2024

01275 Flores sin Importancia

 DE ALEGRE COMPAÑÍA


Después de tantos años, sigo sin saber tu nombre. Sé que estás allí. Y si no apareces, espero tu llegada con impaciencia y deseo. Eso es lo que importa; saber que alguien siempre te espera.

Cada año renaces de la aparente nada, para convertirte en alegre compañía de mis soleados días de huerto veraniego. Con toda seguridad, de nacer en otro lugar, sin consideración alguna, desaparecerías junto con las malas hierbas. Pero allí, en ese lugar de cemento y mortero, mientras tu y la naturaleza lo considere, tendrás un lugar de cuidado privilegio. Al fin y a lo postre, como yo, eres una superviviente. Quizás sea esta tu grandeza.

 Ahora no hay nada de ti. Ni siquiera un atisbo de esperanza de que vuelvas a aparecer. Pero no me preocupa. Sé, que cuando el calor te busque, volverás a revivir y me regalarás tu compañía en los soleados días de huerto. Y te miraré una y cien veces, para ensalzar tu floreada humildad sin importancia.



viernes, 12 de enero de 2024

01248 Dulce Aroma

 EL MANÁ PARA LAS JORNADAS SIN CAUSA


Dulce aroma
para las amanecidas de los días
fallidos y sin alma. 

No hay prisa.
La belleza absorberá
cada hilo de desesperanza.

Lo prioritario no es la felicidad,
sino aquello placentero,
aunque sea pasajero.

Es la manera
de no fallecer en el intento;
el maná para las jornadas sin causa.

Ser flor perfumada
para los días de quebranto.
Es lo que yo quiero.



                                                                                    


miércoles, 1 de noviembre de 2023

01201 La Flor del Cardo

 UNA MUESTRA DE MI RECONOCIDA IGNORANCIA


Revisando fotografías, me he topado con estas flores del cardo. Nada más verlas, he esbozado una sonrisa, además de recordarme lo ignorante que soy. Reconocer hoy en día las debilidades no es nada aconsejable, pero a estas alturas de la vida, como dice una buena amiga, "poco importa ya y además, esto es lo que hay".

Hace unos años, mi suegro enfermó y tuvo que ser hospitalizado durante una larga temporada. Fue algo imprevisto. Al cabo de unos meses le dieron el alta y lo primero que pidió fue visitar su huerto; un trozo de tierra lleno de vida que con tanto cuidado, entrega, sacrificio y dedicación había trabajado desde su juventud, hasta que la edad le pasó factura.

La visita al huerto no iba a ser un momento de reencuentro feliz. Lo sabíamos. Él era conocedor de que nada, después de su intervención quirúrgica, iba a ser lo mismo. Y yo, inquieto por su reacción, cuando viera el huerto, "abandonado" en plena actividad, cuatro meses atrás. 

Abrir la puerta de acceso a la casa, ver el huerto y empezar a llorar, fue todo uno. Yo esperaba otras reacciones, pero no esta. Nunca vi a Pedro, mi suegro, a sus ochenta años y hombre de gran envergadura, a pesar del difícil momento que estaba pasando, llorar en los cuarenta años que hacía que lo conocía. Me desarmó. No supe gestionar la situación. Apenas pude pronunciar un "no se preocupe" y poner mi mano sobre su hombro. Le entendía perfectamente. Su vida física estaba un tanto deteriorada y a esto, había que sumar el "lamentable" aspecto que presentaba lo que había sido su espacio de feliz intimidad y plena satisfacción, y al que, además,  ya nunca podría regresar para cuidarlo.

Pedro se quedó con la mirada fija en lo que antes fuese un vergel, su vergel. Yo, compartía la mirada entre su cara y un huerto lleno de hierbas y pequeñas flores. Fueron unos minutos tristes y tensos. Sin más palabras, cerramos la puerta de acceso al huerto y regresamos a casa. Cuando le dejé en el portal de su domicilio, tras darle un par de besos, le dije que me preocuparía de limpiarlo. Yo, que mi relación con la tierra, por aquella época, era a través de las macetas que tenía en la terraza.

Al cabo de unos días de este episodio, me armé de valor y acudí al huerto para iniciar mi promesa contraída con Pedro. No sabía por dónde empezar. Así, que me encendí un cigarrillo y comencé a pasear entre las hierbas y las diminutas flores, hasta detenerme en una zona en la que florecían ejemplares de colores muy llamativos, que iban del lila al rosáceo e incluso al azul cobalto. No me resultaba desconocida, pero tampoco era habitual en mi imaginario. En un principio pensé que se trataba de una mala hierba; muy vistosa, aunque mala hierba, y además, pinchaba. Conforme avanzaba por ese escenario, me percaté que mi suegro acostumbraba a plantar en esta zona los cardos que consumíamos en Navidad. Deduje que se trataba de la flor del cardo, bien desconocida para mí. Miré a mi alrededor y seguí avanzando sin rumbo preciso. 

En otra zona del huerto se agrupaban diminutas flores amarillas, también desconocidas para mí. Un poco más allá, otro grupo, en perfecta formación, de pequeñas florecillas blancas y violáceas. Se trataba de las flores de las acelgas y de las borrajas, como pude comprobar al ver más de cerca sus respectivas e inconfundibles hojas. Había otros capullos que no supe diferenciar de entre las pequeñas flores de las malas hierbas.

Me senté en el bordillo que separa el huerto del camino de la casa, me encendí otro cigarrillo, miré el florido huerto y me dije: "¡Cuán ignorante eres, Fernandito!. Ahora descubres, que todas las plantas tienen flores". Y como para excusarme, me respondí: "Es que Pedro nunca dejaba que la verdura se subiera hasta florecer". Me puse el mono de faena y comencé a asear el huerto.

Pedro fallecería en 2019. Desde entonces, me he hecho cargo de su huerto y hago lo que buenamente puedo. Siempre aprendiendo. Nada que ver a como lo tenía mi suegro de productivo, pero sí que intento que sea un huerto vivo y escoscado. Es como le gustaría verlo, si estuviera todavía entre nosotros. En ocasiones, alguna planta de verdura se ha subido y ha sacado sus flores para la vida. Cuando esto sucede, me viene a la memoria aquel día en el que aprendí que todas las plantas tienen su flor.

De lo que significa en estos momentos el huerto para mí y de cómo entiendo ahora a Pedro y a las horas y los días que invirtió en él, lo dejaré para otra ocasión. Adelanto solo una palabra, felicidad.



miércoles, 13 de septiembre de 2023

01184 Las Caléndulas

BOTÓN DE ORO


Nunca me había fijado en las caléndulas hasta aquel día en el que Ángel y Conchita, en la pequeña y entrañable localidad de Pilzán, a la que fui amablemente invitado, me hicieron sabedor de sus magníficas propiedades.

Fue un día inolvidable. Disfruté con unos magníficos paisajes, comimos, bebimos, en su justa medida, reímos, conversamos y sobre todo, aprendí. Aprendí no solo de la naturaleza de las caléndulas, sino de lo que es querer al pueblo que te vio nacer y que se mantiene todavía en pie, gracias al tesón de media docena de familias. A enamorarme de las palabras, dulces y ajustadas, mientras se me hacía conocedor de lo que fue este lugar en el pasado, hasta llegar a su incierto presente y sin querer imaginar qué será de él en un futuro. Aprendí a escuchar de nuevo el silencio, a imaginar cómo fue esa escuela ahora cerrada, a impregnarme de nuevos aromas, limpios y profundos aromas. A no mirar el reloj en toda la jornada, a divisar el horizonte, mientras saboreaba el dulzor de unas brevas recién cogidas de una higuera aparentemente olvidada. Y entre otras muchas cosas más, me ratifiqué en que para conocer la dicha, no se necesitan muchos mimbres.

No sé qué me ha pasado. El corazón, y no mi cabeza, se ha adueñado del teclado. Quería hablar de las caléndulas, esa planta tan desapercibida para mí hasta aquel día. Pilzán lo guardaba para otra ocasión, pues dio mucho de sí. 

El caso es que almorzamos en una torreta, a la sazón, casa de campo, que Ángel y Conchita tienen próxima a Pilzán. A la vista de donde dimos buena cuenta de unas deliciosas viandas, se divisaba un buen número de pequeñas flores amarillas y anaranjadas. A mis ojos les parecieron un pequeño y atractivo espectáculo. Pregunté acerca de las flores y Conchita me ilustró que se trataba de caléndulas. A continuación, añadió que la flor de la caléndula y el aceite que se extrae de esta planta, se utiliza como remedio medicinal para la piel, tratar el acné y curar pequeños eczemas. Mientras esto me decía, acariciaba entre las palmas de sus manos unas cuantas flores de caléndula.

Cuando vuelva a ver esta flor, ya no tendré que preguntar de qué se trata. Aquel día quedó muy clavada en mis retinas, como se asentó en mi memoria mi estancia en Pilzán, con Ángel y Conchita, junto a Chema, Carmen y Gloria. Muchas gracias, amigos. 





miércoles, 10 de mayo de 2023

01114 Las Amaryllis

 LA SUEGRA Y LA NUERA


Cada vez que veo una amaryllis, no puedo dejar de sonreír. En casa de mi madre, en el balcón de su dormitorio, siempre había una de estas encantadoras plantas. Llegado el verano, la floración de la planta constituía todo un impresionante espectáculo de belleza y color. Todos los días, desde que comenzaba a aparecer el pedúnculo que culminaría con el regalo de las flores, acudíamos al balcón para constatar su progreso. Ya, con la planta en flor, las visitas se hacían más frecuentes con el fin de deleitarnos con la florida imagen. Toda admiración era poca.

Pero lo que más me llamaba la atención de esta planta era el popular nombre con la que mi madre la denomina: “la planta de la suegra y la nuera”. Lo de amaryllis lo aprendí muchos años más tarde. Era muy niño y no entendía muy bien cómo suegras y nueras tenían el privilegio de prestar su nombre a tan bella flor. Un día mi madre me lo explicó. Me vino a decir que suegras y nueras no acostumbraban a llevarse muy bien, como las flores de esta planta, que nunca llegan a “mirarse”. No acabé de entenderlo. Era un niño. No conocía ni a suegras ni a nueras y sólo veía bellas flores, aunque entre ellas se dieran la espalda. Con el paso de los años, todo comenzó a tener sentido.

Ahora, cuando veo una amaryllis, no puedo dejar de sonreír, de contemplar su belleza y de recordar a mi madre en el balcón de su dormitorio, inclinada feliz sobre la belladonna.

 




viernes, 25 de noviembre de 2022

01067 No Te Vayas Todavía

 COLOR


No te vayas todavía, no.
Que tu hermoso oficio, 
ideal necesario, 
reinvente los remedios
en las noches de luna
y días de espuma.

Emoción y admiración imprecisa,
súbita caricia
para los pensamientos sin sincronía.
Fuerza inusitada, 
audaz armonía,
derroche quimérico
a la atención debida.

No, no te vayas todavía.
Preciso tu presencia
como sutil melodía
en estación otoñal.

Permanece clavado
en mis pupilas de agua y arena,
hasta que mis pies de escarcha
se vistan de mar.

Color, 
no te vayas todavía, 
que queda mucho por soñar.


                                                                                    







miércoles, 24 de agosto de 2022

01036 Te Cambio una Rosa

POR UN PESAR


Te cambio una rosa
por un pesar.
Piénsatelo bien,
sólo tengo dos rosas
y ningún rosal.

Te doy una rosa
por un simple penar.
Elige bien, 
sólo tengo dos rosas, 
y a mi pesar, 
ningún rosal.

Te regalo una rosa
por algo que te haga llorar.
                                                                                    Piensa, piénsatelo bien.
                                                                                    Recuerda
                                                                                    que sólo tengo dos rosas
                                                                                    y ningún rosal.

                                                                                    Te envío una rosa
                                                                                    a cambio de una aflicción. 
                                                                                    Piensa, piensa con atención.
                                                                                    Sólo tengo dos rosas
                                                                                    sin rosal.

                                                                                    Te llevaré una rosa
                                                                                    por todo lo que te haga reír. 
                                                                                    No pienses, 
                                                                                    no, 
                                                                                    ahora no.

                                                                                    Sí,
                                                                                    tengo sólo dos rosas,
                                                                                    las primeras
                                                                                    de un inmenso y florido rosal.
                                                                                       
                                                                   
                                                                                    




lunes, 6 de junio de 2022

00996 Rosa Sola

LIBRE ROSA


Rosa sola, 
háblame de tu soledad
alejada de las multitudes.
Cuéntame cómo te sonríe la vida
desde el solitario rosal sin espinas.


Rosa sola, 
dime como son tus horas y tus días,
tus páginas en blanco, 
tu existencia sin milagros.


Rosa sola, 
te observo y te admiro
                                                                                    como el aire que te roza,
                                                                                    como el agua que, 
                                                                                    cuando se acuerda,
                                                                                    te moja.

                                                                                            
                                                                                    Rosa sola, 
                                                                                    antes de que me dé cuenta,
                                                                                    serás un fugaz recuerdo de quien aprendí
                                                                                    que no hay una flor más libre,
                                                                                    que la que sabe dónde quiere brotar.



viernes, 27 de mayo de 2022

00990 Las Calas

 BELLEZA Y PUREZA


Hacía tiempo que no traía hasta este caleidoscopio vital una planta, otro de los centros de atención de mis sentidos y también de mis recuerdos.

Recientemente, en uno de mis diarios paseos, tropecé con un hermoso y frondoso ejemplar de cala o lirio de agua. Sus llamativas y reconocibles flores blancas ya habían aparecido entre el verdor de las hojas. Flores que la simbología relaciona tanto con la vida como con la muerte. Como vida, acostumbra a ser utilizada en los actos de Primera Comunión y en los nacimientos. Como muerte, se utiliza en los funerales; no en vano, en algunos lugares se le conoce también como la flor de la muerte.

La belleza de esta flor la lleva en su mismo nombre que proviene del griego “kalós” y que significa bonito. Precisamente, los griegos relacionaban la cala con los bacanales o fiestas por la semejanza de la flor con una copa. Son flores de pureza y compasión, y representan la belleza y también la suerte.

Y si bella es la flor de la cala, sus hojas grandes, verdes, carnosas, gruesas y en forma de flecha, no lo son menos. Digamos que están creadas tal para cual.

Tras tomar varias instantáneas al florido vegetal comenzaron a volver del pasado recuerdos relacionados con esta preciosa y elegante planta. Así, me llegaron imágenes de los balcones de mi casa familiar donde cada primavera, mientras hubo vida en ese hogar, florecían hermosas calas para satisfacción y orgullo de mi madre, tan amante de las flores y de las plantas. Todos los días era obligada su visita a los balcones para cuidar, observar y disfrutar de su pequeño paraíso. Y qué alegría, siempre compartida, se llevaba cuando veía aparecer entre las hojas de la cala, una pequeña vara que con el paso de los días se convertiría en una hermosa y aromática flor blanca.

De ese mismo cajón de los gratos recuerdos me llegaron escenas de mis visitas a mi querida hermana María Luisa, mi monja benefactora de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana. A ella acudía en tiempos de tribulaciones en busca de sosiego y luz. En aquellos días siempre encontraba luz y sosiego tras su sonrisa y sabios y certeros consejos. Da igual cual fuera mi preocupación o desasosiego, siempre, siempre había palabras de consuelo y de ánimo para reiniciar el camino. Y en el saloncito, donde tantas horas pasé no solo de pesar, sino también de inmensa felicidad, la presencia, como testigos mudos, de unos hermosos, vivaces y espléndidos ejemplares de calas que ayudaban a digerir los malos tragos o alegrar los gratos encuentros. En invierno las calas exhibían un exuberante verdor que se vería hermosamente alterado con la llegada de la primavera y sus características flores. ¡Y qué mano tenía mi querida hermana María Luisa para las plantas! Como para todo.

Ahora contemplo embelesado estas floridas calas y veo, tal es su simbología, su pureza, belleza y compasión, hermana María Luisa. Gracias por tanto bien que me hizo.



martes, 11 de febrero de 2020

00904 El Anturio

LA PLANTA DEL AMOR

Mirando el índice de este caleidoscopio vital, observo que tengo algo abandonada otra de mis pasiones: las flores y plantas. Así, que sin más dilación, me he dirigido al extenso archivo de imágenes de esta categoría y después de echarle un rápido vistazo no he dudado ni un segundo en traer hasta aquí al anturio. Me gustan todas las plantas, pero por esta tengo especial predilección. Será por su caprichosa formación, belleza, soberbia vistosidad y recuerdos, el caso es que me tiene ganado el corazón.

Sus flores son en realidad espatas y espádices, una especie de hoja de brillante colorido que crece alrededor de una pequeña espiga de flor.

Elegante, esbelta y tropical, se la conoce también como lengua del diablo y en el mundo anglosajón como flamenco flower. Leo que "el anthurium es el nombre genérico de unas 700 especies extendidas por casi toda latinoamérica. No obstante, su catalogación es relativamente reciente". Fue el botánico Edouard André, célebre paisajista que participó en el ajardinamiento del París decimonónico, quien la descubrió en las selvas colombianas en 1876, durante una expedición financiada por el gobierno francés.

El anturio simboliza el amor, por la forma de sus flores y hojas; la hospitalidad, por la duración de sus flores; y la amabilidad. También está considerada como la planta de la felicidad y la abundancia.





lunes, 25 de noviembre de 2019

00883 La Plumeria

FRANGIPÁN, SÍMBOLO DE LA INMORTALIDAD



A través del ventanal de la terraza entraba un dulce y limpio olor que se incorporó desde el primer día a mi extenso listado de fragancias experimentadas y ocupar así uno de los lugares de preferencia. Un aroma suave y placentero en consonancia con un paisaje en la distancia de mar y brillos.

Aspirar con los ojos cerrados para no despistar la dicha se convirtió en el ritual del despertar de los breves días. Un olor de silencio y quietud, armonioso y duradero. No había prisa en esos luminosos días, solo instantes colmados de nuevas sensaciones.

Cuando la noche desdibujaba la línea del horizonte, el aroma se hacía más intenso, más penetrante, más sugerente y entrañable. Era la rúbrica sin trazos a una jornada de favor. Solo quedaba para despedir el día, aspirar con la cabeza inclinada sobre las cervicales y, con los ojos bien abiertos, contemplar un cielo desordenado de estrellas que parecían impregnarse de un limpio y dulce olor de hermosa plumeria acariciada.

La plumeria o frangipán es un pequeño árbol o arbusto con grandes hojas y cuyas flores, en forma de hélice y cinco pétalos,  son las más perfumadas de la naturaleza. Se integra en la familia de las apocináceas con siete especies de árboles y arbustos originarios de México y Centroamérica. El nombre del género plumeria es un homenaje al francés Charles Plumier, botánico francés del siglo XVII que viajó al Nuevo Mundo documentando muchas especies de plantas y animales.

En la India, esta planta es símbolo de la inmortalidad por su capacidad de producir flores y hojas incluso después de haberla sacado de la tierra. En Laos está considerado como un árbol sagrado. De aquí que cada templo budista tenga plantado en su patio este árbol.







jueves, 22 de noviembre de 2018

00869 La Sansevieria

ESPADA DE SAN JORGE

Si la memoria no me falla, que todo puede ser, creo recordar que esta fue la primera planta que cuidé de manera personalizada cuando me independicé. Fue con ella y con alguna que otra especie de fácil cuidado con las que me inicié en el gusto y afición por las plantas.

Si fue la sansevieria y no otra, me imagino que sería porque es una de las plantas de interior más resistentes que hay. Lo aguanta y soporta todo, es una gran superviviente. Le da lo mismo el ambiente seco y caliente de las habitaciones, la escasa luz, el olvido del riego y el olvido en general. Siempre está allí con mayor o menor fortuna.

Llegué a tener un buen ejemplar cuyos "hijos" fui transplantando a otras macetas o regalando a quien me lo pedía. Con el tiempo conseguí una gran familia de sansevierias de decorativas y sobresalientes hojas.

Hace unos días me topé en mi caminar con una jardinera de hermosos y saludables ejemplares. Su visión me trasladó al salón de aquellos años en los que nos hicimos compañía y en los que su sola presencia relajaba la estancia con su alentador color y la caprichosa forma de sus hojas.

Intento ahora recordar qué fue de ellas cuando dejé el piso para emprender una nueva vida. No sé si se quedaron allí o les busqué otro cobijo. No recuerdo. No sé qué me da que van a volver a casa.

Por cierto, debido a sus hojas duras y punzantes, la sansevieria es conocida popularmente como "espada de San Jorge", "planta de la serpiente", "cola de lagarto" y "lengua de suegra".



lunes, 17 de septiembre de 2018

00801 La Flor de la Calabaza

LA FLOR DE LA SORPRESA

Ya apunta maneras al asomar y cuando se abre a la vida, corta vida, sabe atraer mi mirar. Ha sido este verano una grata compañera en mis días de sol y huerta. Incluso hemos tenido una curiosa relación que ahora paso a describir.

En los primeros días de junio, cuando tenía repleta de esperanzadas plantas la pequeña parcela de huerto e inicié los primeros riegos, comenzaron a brotar, como no podía ser de otra manera, un buen número de hierbas que fui quitando pacientemente. Me he convertido en todo un experto. Un día observé que junto a las tomateras, borrajas, acelgas y calabacines, asomaban unas pequeñas hojas verdes bien distintas al resto de hierbajos. No sé qué me dio que se trataba de algo más que incómodas hierbas. Crecían con cierta soltura y celeridad. No las arranqué. Dejé que siguieran creciendo bajo la intuición de que pudiera tratarse de melones cuyas semillas hubiesen despertado del año anterior.

Estas desconocidas plantas comenzaron a adueñarse de todo el huerto invadiéndolo todo y "molestando" al resto de variedades. Seguía sin saber de qué planta se trataba. Al poco tiempo comenzaron a ornamentase con unas grandes flores amarillas; decenas y decenas de flores de un amarillo intenso. Era espectacular. Duraban poco, pero por cada una que se cerraba, nacían tres más.

Fueron pasando los días y esta para mí desconocida planta se había adueñado definitivamente de toda la parcela hasta el punto de convertirse en una especie de planta invasora. Observaba que mientras las plantas que no tenían cerca a este anónimo ejemplar iban creciendo, aquellas a las que les había tocado en "suerte" su compañía se mostraban acobardadas por su presencia. A todo esto, tras la flor amarilla ni un atisbo de fruto.

Un día de los que me tocaba limpiar a fondo de hierbas el huerto y ante la nula productividad de las flores amarillas, decidí arrancarlas para aliviar al resto de plantas que sí querían producir. No obstante, antes de deshacerme de ellas me aseguré de qué planta se trataba: eran calabazas.

Quité todas salvo cuatro plantas que se encontraban en una de las lindes de la parcela y que solo molestaban al perejil, media docena de esqueléticas lechugas y unas incipientes acelgas.

Los días se fueron sucediendo, el huerto empezó a dar sus primeros frutos y las plantas de calabaza continuaron adornándolo con sus espectaculares flores.

Una mañana, a punto de abandonar el huerto para regresar a casa, recordé que me hacía falta perejil. Así que me acerqué hasta el rincón donde en su día lo planté y cuando me disponía a arrancar unos tallos..... ¡oh, sorpresa! Sí,  una de las amarillas y ya anaranjadas flores iba acompañada de un pequeño y redondo fruto del tamaño de una pelota de ping pong. Animado por la ilusión del hallazgo pasé lista al resto de flores, contabilizando tres pelotas más. ¡Qué bueno!

Ahora, las pelotas de ping pong se han convertido en anaranjados balones de baloncesto. Ahora solo pienso en los empanadicos de calabaza que de aquí saldrán.