Este año no ha tocado. Pero no importa. Te siento tan cercano que hasta parece que acabas de borrar mis huellas de una arena no pisada en un amanecer que llegará mañana.
lunes, 4 de septiembre de 2017
00524 Tan Cercano
TE ECHO DE MENOS
Este año no ha tocado. Pero no importa. Guardo tu silencio, tu horizonte y tus brisas de otros años. Te observo inmóvil en la adivinanza del ir y venir de unas olas que parecen querer jugar con mi encuentro. Y te recuerdo callado y feliz en los atardeceres que dibujaban despedidas. Te echo de menos. Es cierto. Pero no importa.

Te imagino lamiendo la arena deseosa de tu abrazo, entregada a tu llegada sin sorpresa. Y sonrío con la espuma, que tejiendo filigranas, se desvanece en un suspiro sin ver su obra acabada. Respiro hondo y concentrado por si llega tu olor, ese olor que en la distancia se torna perfume incontrolado con esencia a sal y tintes verdes y azulados. Hasta puedo oír el acompasado romper del agua que se convierte en sinfonía cuando el mirar se hace vagabundo. Es la historia de siempre, ¿te acuerdas?, tan conocida y placentera.
Este año no ha tocado. Pero no importa. Te siento tan cercano que hasta parece que acabas de borrar mis huellas de una arena no pisada en un amanecer que llegará mañana.
Este año no ha tocado. Pero no importa. Te siento tan cercano que hasta parece que acabas de borrar mis huellas de una arena no pisada en un amanecer que llegará mañana.
domingo, 3 de septiembre de 2017
00523 Los Rollitos Primavera
CHUN KUN 春卷
Hubo un tiempo en el que la comida china me volvía loco. Me gustaba frecuentar "murallas chinas" y similares. Resultaba accesible a mi deteriorado bolsillo y disfrutaba con sus singulares sabores. De primero o entrantes, dos rollitos primavera. Luego, dependía de la apetencia de mi o mis acompañantes. No tenía predilección alguna. Todo me parecía bien. Eso sí, de primero o como entrante, dos rollitos primavera y su correspondiente salsa de color piruleta.
Con el tiempo comenzaron a circular "leyendas urbanas" en torno a este tipo de establecimientos, que no reproduciré ahora para no echar más leña al fuego, lo que hizo que mi asidua acompañante rechazara la comida asiática. En las últimas décadas, se pueden contar con los dedos de una mano las veces que he comido en un restaurante chino. La última ocasión, en Barcelona, donde mi hermana María Engracia, conocedora de mi debilidad por esta comida, me invitó a comer a un restaurante asiático. ¡Cómo disfruté!
Volviendo a lo que me ocupa, el rollito primavera, la primera vez que supe de su existencia fue, precisamente, en la Ciudad Condal, hace igual cuarenta años. Fue en un bar filipino que abría sus puertas en la calle Padua. Los servían como aperitivo y allí que me iba cuando tenía oportunidad a tomarme un par de rollitos con una cerveza. Me parecían exquisitos. Ahora bien, si tengo que ubicar mi top del rollito, inexcusablemente tengo que poner la chincheta en un restaurante chino, no sé si todavía existirá, al que solía ir en mi estancia en Bilbao y que se encontraba en la calle Elcano. A pesar del tiempo transcurrido, todavía puedo reconocer su sabor y su crujir. Los bordaban.

Ahora me tengo que conformar de tiempo en tiempo con los rollitos primavera que ofrecen los supermercados. Nada que ver con los que traigo del recuerdo, pero que sirven para un apaño.
Tengo curiosidad por conocer el origen de tal elaboración y leo que son "inspiración de la cocina china. Sus orígenes comienzan en el periodo de la dinastía Song que abarcó del 960 a 1279. Estos rollitos se consumían en China durante la celebración del año nuevo lunar o fiesta de la primavera y de allí su nombre, pues esa fecha es la del inicio de la primavera. Se dice que en los principios de la receta los rollitos contenían brotes de bambú fresco, pero con el tiempo se modificó su relleno. Su forma o presentación está inspirada en los gusanos de seda de tanto valor en esta cultura milenaria y con el llegar de la primavera y su celebración nacional, estos delicados animalitos inician su periodo de engorde para dar inicio a la creación de los capullos famosos por la obtención de la seda".
Los rollitos de primavera se suelen elaborar de dos maneras: con una pasta de harina de trigo, en China, o con una pasta a base de harina de arroz, tal y como los hacen en Vietnam o Tailandia. Se extiende la pasta y se pone sobre ella los ingredientes que dependerá fundamentalmente de la región y de la época del año en que se hagan.
Con el tiempo comenzaron a circular "leyendas urbanas" en torno a este tipo de establecimientos, que no reproduciré ahora para no echar más leña al fuego, lo que hizo que mi asidua acompañante rechazara la comida asiática. En las últimas décadas, se pueden contar con los dedos de una mano las veces que he comido en un restaurante chino. La última ocasión, en Barcelona, donde mi hermana María Engracia, conocedora de mi debilidad por esta comida, me invitó a comer a un restaurante asiático. ¡Cómo disfruté!
Ahora me tengo que conformar de tiempo en tiempo con los rollitos primavera que ofrecen los supermercados. Nada que ver con los que traigo del recuerdo, pero que sirven para un apaño.
Los rollitos de primavera se suelen elaborar de dos maneras: con una pasta de harina de trigo, en China, o con una pasta a base de harina de arroz, tal y como los hacen en Vietnam o Tailandia. Se extiende la pasta y se pone sobre ella los ingredientes que dependerá fundamentalmente de la región y de la época del año en que se hagan.
martes, 29 de agosto de 2017
00522 Las Margaritas Verdes
COMO UNA FIESTA
En cuanto aparecieron por el pequeño pero aprovechado salón, me pareció que la estancia se agrandaba. No las había visto antes. Llegaron para quedarse para siempre en mi recuerdo. En blanco y verde como una fiesta y flotando sobre el agua en señal de bienvenida. Pregunté por su nombre. "Margaritas ibicencas", me dijeron que las llamaban. He querido saber más sobre ellas, pero nada he averiguado. Así que las he "rebautizado" como margaritas verdes. Al fin y al cabo, qué importa su nombre. Ya aportaron su belleza en un momento de esperanzado encuentro. Para eso están las flores, para significar una fecha o acompañar a un abrazo, una caricia o a un beso. Para eso están las flores, para dejar en la memoria días imborrables de cálido y sentido reconocimiento.

No sé si volveré a verlas alegrando estancias. Las observo ahora en una quieta imagen y me siguen pareciendo bellas, como ese día de esperado encuentro en el que fueron testigos de medio siglo de querencia manifiesta. Qué importa su nombre si con solo mirarlas reconozco una fecha. Para esto están las flores, para recordar instantes de dicha plena.
viernes, 21 de julio de 2017
00521 Hasta el Año que Viene
CON LA ESPERANZA DE UN NUEVO ENCUENTRO
No me gustan las despedidas. Ni siquiera las de las películas. Prefiero los encuentros con abrazos de aire nuevo y renovado.
No sabía cómo comenzar esta entrada antes de archivar otra colección de imágenes de cerezas. No sé cuántas tengo ya y si serán estas las últimas que guarde. Nunca se sabe qué puede pasar de aquí a un año. De aquí a que vuelvan a florecer los cerezos, como nieve florida, y traigan el diminuto fruto de sabor a campo y crujiente miniatura. Me pasa igual que con el "cambio de armario". Siempre me pregunto si será el último y me despido de las prendas que guardo como si nunca más las volviera a sentir en mi piel.
Observo las imágenes, tan parecidas año tras año, pero tan distintas en sensaciones y emociones. Estas de las que ahora me despido, guardan todavía el sabor de una mañana fraterna entre risas y calores al pie de la sierra. Cogidas entre asombros y deseos, y entre cargados cerezos que pedían alivio para tanto peso. Rojo intenso, morena piel de cereza, racimos de néctar que dejaron gratitud en el abrazado encuentro de un nuevo instante esperado.


Me despido de vosotras, pequeñas encarnadas, hasta el año que viene, con la esperanza de un nuevo encuentro, de un nuevo asombro, siempre querido y deseado.
Observo las imágenes, tan parecidas año tras año, pero tan distintas en sensaciones y emociones. Estas de las que ahora me despido, guardan todavía el sabor de una mañana fraterna entre risas y calores al pie de la sierra. Cogidas entre asombros y deseos, y entre cargados cerezos que pedían alivio para tanto peso. Rojo intenso, morena piel de cereza, racimos de néctar que dejaron gratitud en el abrazado encuentro de un nuevo instante esperado.
Me despido de vosotras, pequeñas encarnadas, hasta el año que viene, con la esperanza de un nuevo encuentro, de un nuevo asombro, siempre querido y deseado.
miércoles, 19 de julio de 2017
00520 El Arroz con Leche
POR LO QUE REPRESENTA
Como diría mi suegra: "A ver si nos entendemos". Decir y elevar a la categoría de "me gusta" este tradicional postre, sería faltar a la verdad. Ni me gusta ni me disgusta, si bien es cierto que hubo una época en mi juventud que lo llegué a detestar. Al que le encanta es a mi hermano Manolo. Ya he comentado en alguna ocasión que mi madre, como todas las madres con hijos en la diáspora, cuando alguno de mis hermanos venía a pasar un fin de semana a casa o periodo vacacional, elaboraba los platos que a cada cual más le gustaba, con la intención de satisfacer sus respectivas apetencias gastronómicas.
En el caso de mi hermano Manolo era el arroz con leche. El simple anuncio de su visita significaba una gran fuente de este postre que mi madre elaboraba pacientemente. Si mi hermano acababa durante su estancia la "gran fuente", fenomenal. Pero como esto no sucediera, ¿quién sería el prenda que la finiquitaría, a sabiendas que no acostumbraba a tomar postre y que el arroz con leche ni fú ni fá? Pues eso, el que suscribe. Huelga recordar que en casa no se tiraba absolutamente nada de comida y que había que comer lo que hubiere sí o también.
Pero la cosa no acaba aquí. Recuerdo que de recién casado, mi querida suegra, la bondad personificada, cuando comíamos en su casa me agasajaba con un buen plato de arroz con leche. No sé cómo llegó a la conclusión de que era uno de mis postres favoritos. Un buen día dejó de sacarlo a la mesa. Supongo que alguien, yo no, Dios me libre romper ilusiones, le diría que el arroz con leche y yo no hacíamos buenas migas.
Nunca he hecho arroz con leche. No tengo la menor idea de cómo se hace y si me lo llegan a servir me lo como y punto. De hecho, las dos fotografías que ilustran esta entrada son de mi hermano Antonio, que un día me las envió por was. Es una práctica habitual informarnos sobre los menús que vamos elaborando. Si sumo este postre a mi caleidoscopio vital, es por lo que representa y por los entrañables recuerdos que me trae su sola imagen.
martes, 18 de julio de 2017
00519 Las Patatas con Langostinos
Y BOTARGA

Seguimos en casa experimentando con la botarga. Abandonamos la pasta para buscar otros cimientos y comprobar cómo funcionan las huevas de mújol. Estos días hace calor y apetecen alimentos refrescantes en los que no haya que invertir excesivo tiempo en la cocina. Gloria propone hacer unas patatas con langostinos. La ensaladilla rusa la borda, al igual que este tipo de elaboraciones en las que las patatas tienen especial protagonismo. Veremos qué tal les va a las patatas la bendita botarga.


Tanto para este tipo de patatas como para la ensaladilla rusa, creo que ya lo comenté en su momento, nos gusta el tubérculo, una vez pelado y cortado a cuadraditos, cocerlo al vapor. La patata queda más sabrosa y consistente. Pelamos los langostinos, que compramos ya cocidos, y los añadimos a las patatas. Preparamos una mayonesa, mitad aceite de oliva y mitad de girasol, y mezclamos bien con las patatas y los langostinos. Hasta aquí, serían las patatas con langostinos tal y como las comemos en casa habitualmente. El "experimento" estriba en añadir a esta elaboración unos 100 gramos de botarga, mezclar de nuevo, tapar con film el recipiente e introducirlo en el frigorífico por espacio de tres horas.
Delicioso y espectacular. Doble sabor a mar y tan refrescante que no puedes sucumbir a la tentación de volver a repetir. Eso sí, plato único, que permanezca el sabor en boca. La botarga ha vuelto a funcionar. De reojo miro la fuente que todavía contiene el preparado y le dirijo un efusivo pensamiento nocturno.
Seguimos en casa experimentando con la botarga. Abandonamos la pasta para buscar otros cimientos y comprobar cómo funcionan las huevas de mújol. Estos días hace calor y apetecen alimentos refrescantes en los que no haya que invertir excesivo tiempo en la cocina. Gloria propone hacer unas patatas con langostinos. La ensaladilla rusa la borda, al igual que este tipo de elaboraciones en las que las patatas tienen especial protagonismo. Veremos qué tal les va a las patatas la bendita botarga.
Delicioso y espectacular. Doble sabor a mar y tan refrescante que no puedes sucumbir a la tentación de volver a repetir. Eso sí, plato único, que permanezca el sabor en boca. La botarga ha vuelto a funcionar. De reojo miro la fuente que todavía contiene el preparado y le dirijo un efusivo pensamiento nocturno.
lunes, 17 de julio de 2017
00518 El Niño Que Llevamos Dentro
LA VIDA DESDE OTRA PERSPECTIVA
No me avergüenza sacar al niño que todavía llevo dentro. Sería como si una parte de mí dejara de vivir. Me gusta que ese niño se siga haciendo preguntas y que continúe soñando sin prejuicios desde la confianza. Hay quien considera que sacar al niño que llevamos dentro es un síntoma de inmadurez. Yo, sin entrar en discusión alguna, ya queda dicho que no me gusta discutir, hago observar que simplemente se trata de dar la oportunidad de apreciar la vida desde una perspectiva más abierta.
Sí, me gusta sacar al niño que todavía llevo dentro y recordar las bondades de esa etapa tan llena de espontaneidad y felicidad que nunca deberíamos olvidar. Creo que en ocasiones hasta se hace de urgente necesidad su llamada y reencuentro para dar un respiro a tan áspera realidad.
Me reafirmo en lo dicho viendo estas imágenes que hace escasas semanas capturé para mi colección. Las tomé de un escaparate del que ni siquiera llegué a interesarme por su mercadería interior. Me llamaron la atención el colorido y la fantasía que en mí despertó un palacio hecho de caramelo. A mí, que no doy un paso por lo dulce y menos por el azúcar de sabores. Pero con todo, algo había que me dejó prendado por unos instantes. Lo que hubiese dado por ver mi cara ante tan simpática y dulce obra de arte. Quiero pensar que fue el niño que llevo dentro quien me dijo, "eh! para, quédate aquí, déjame que pasee por el palacio encantado de luces y azúcar". Y yo, simplemente le hice caso y le sonreí.
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