martes, 7 de febrero de 2017
00432 Es Un Momento
UN INSTANTE
Hay urgencia. Espera. Es un momento, apenas una decena de latidos. Mañana ya no será lo mismo. La tarde en su despedida parece querer quemar el paraje. Tampoco a ella le habrá ido bien el día, como a ti, como a nosotros, como a esa joven que llora en la pared el desconsuelo de alguna infausta noticia. Espera. Es un instante. Todo puede esperar. Todo debe esperar. La tarde en su adiós no espera, ella sí que sabe de instantes. Aunque sea sobre la marcha, pero espera. Nunca se sabe cuando de nuevo regresará el asombro, cuando la calidez de un instante regalará al cielo su fantasía. Espera. No es un por favor, es la necesidad necesitada también de su instante. Voy. Espera, que recojo el recuerdo de un ardiente abrazo entre el cielo y la tierra en un precioso y preciso instante.

00431 Los Timbales
FANTASÍA E IMAGINACIÓN
Suenan timbales de paz, color y fiesta en la cocina. Todavía se escucha en la lejanía del tiempo el clan, clan de las viejas flaneras de metal y recipientes de cristal en el bullir del agua hacendosa en una mañana cualquiera de domingo. Tradición, imaginación y constatación, todo vale para entretener a los sentidos. Un poco de aquí y otro poco de allá, más de esto que de lo otro, que combinen los colores traídos de la tierra o del mar que el sabor ya vendrá. Visual, sensual y hasta casual, todo cuenta para un entretenimiento fugaz y distraído. Suenan timbales de seducción en la cocina.

Me resulta simpática y atractiva la presentación de platos en forma de timbal. Elaboraciones hay a cientos, tantas como dicta la imaginación. Desde la sencillez a la complejidad de su preparación existe un amplio abanico. Últimamente me da por hacer timbales con restos de comida o con alimentos errantes, sometidos a un ir y venir por el frigorífico. El resultado, además de ser muy visual, es curioso y satisfactorio. En próximas entradas iré compartiendo algunos de ellos. De momento, sirvan como anticipo las imágenes.

Un timbal no es otra cosa que un molde en forma de cono o cilindro corto usado para distintos tipos de preparación. Son muy populares en varias culturas al ser un plato que se adapta a muchas variaciones e ingredientes: carnes, aves, pescado, caza, verduras, frutas e incluso helados. Dependiendo de la clase de timbal que se prepare se puede servir horneado, al vapor o frío y una vez preparados los ingredientes básicos del timbal, se pueden agregar ingredientes adicionales como condimentos o especias, así como salsas.
Leo que en el siglo IV a.C. los antiguos griegos elaboraban una especie de timbal en algo parecido a un concurso. Se recoge que en Atenas el primer premio se le otorgó a un timbal al horno relleno de picadillo de pechugas de faisán y trufas laminadas, punteado de sal y aromatizado con diferentes especias.
Leo que en el siglo IV a.C. los antiguos griegos elaboraban una especie de timbal en algo parecido a un concurso. Se recoge que en Atenas el primer premio se le otorgó a un timbal al horno relleno de picadillo de pechugas de faisán y trufas laminadas, punteado de sal y aromatizado con diferentes especias.
I
lunes, 6 de febrero de 2017
00430 El Conejo Empanado
Y MAYONESA CON AJO
Tengo que volver de nuevo a la Ciudad Condal y a la cocina de mi hermana María Engracia. Allí fue donde por primera vez vi un conejo perfectamente despiezado en costillas y "chuletitas". Algo insólito para mí por aquel entonces. Mi hermana, entre otras muchas cualidades, es una gran anfitriona a la que le gusta agradar y complacer. Que la gente se encuentre dichosa y cómoda en su presencia. Gusta de cocinar y de sorprender al invitado. En mi caso, no hay vez que de regreso de su casa sume alguna exquisitez, elaboración o producto novedoso difícil de olvidar. Cuando parece que la capacidad de sorpresa toca a su fin, siempre aparece con alguna originalidad. Como digo, esta, en su momento, fue una de ellas.

María Engracia sabe de mi pasión por el conejo y debió pensar que, además de asado y con su buena mayonesa con ajo, empanado podría ser otra buena opción. Y ya lo que creo que lo fue. Resultó ser crujiente, sabroso y excepcional. Desde entonces, el conejo empanado lo he comido en contadas ocasiones. Por esta tierra en la que habito no es habitual encontrar a este animalillo de bosque animado presentado de esta guisa o por lo menos, no en nuestros acostumbrados establecimientos de consumo. Hace unos días, en la rutina de compra doméstica, en los frigoríficos de un hipermercado se ofrecían como novedad unas bandejas de "conejo fileteado". En apenas una exclamación pasó a formar parte de la cesta de la compra. ¡Qué delicia! En esta ocasión estuvo acompañado por una mayonesa con ajo. ¡Menudo festival!
De la receta poco hay que decir. Sazonar las piezas de conejo, pasarlas por huevo y pan rallado, y a la sartén con aceite de oliva virgen bien caliente. No fue este el caso pero se le puede dar el toque personal que se desee; sazonar con algunas finas hierbas o pimienta, e incluso, rebozar el conejo con algún pan rallado especial que encontremos en las estanterías de los supermercados.
La carne de conejo es baja en grasa, un 5%, la mayoría insaturada, rica en proteínas y un contenido bajo en colesterol, además de poseer los aminoácidos necesarios para metabolizar las proteínas por lo que es perfecta para consumir en cualquier dieta. Aporta un gran número de nutrientes esenciales como las vitaminas B3, B6 y B12. Por otro lado, contiene poco sodio y carece de ácido úrico.
Como curiosidad, en Egipto la carne de conejo era una de favoritas de los faraones y su corte, hasta tal punto que se incluía en los menús funerarios que les acompañaban en su último viaje.
La carne de conejo es baja en grasa, un 5%, la mayoría insaturada, rica en proteínas y un contenido bajo en colesterol, además de poseer los aminoácidos necesarios para metabolizar las proteínas por lo que es perfecta para consumir en cualquier dieta. Aporta un gran número de nutrientes esenciales como las vitaminas B3, B6 y B12. Por otro lado, contiene poco sodio y carece de ácido úrico.
Como curiosidad, en Egipto la carne de conejo era una de favoritas de los faraones y su corte, hasta tal punto que se incluía en los menús funerarios que les acompañaban en su último viaje.
domingo, 5 de febrero de 2017
00429 Extraordinario
AR, ER, IR
Saludar a un nuevo día sin pedirle nada a cambio, sin forzar su puesta a punto ni elegir su vestimenta. Recoger los aromas que trae el aire allí donde se cruzan los caminos. Mirar fijamente un dibujo alegórico pintado con tiza ilusionada. Sorber lentamente un café mientras los labios acarician la taza. Nadar por la habitación como un gordo señor sin encantos. Dedicar un recuerdo a un ayer que quiere ser hoy. Socorrer al interrogante segundos antes de ahogarse. Regresar al punto de partida tras la imprevista caída. Hacer de cada golpe una manga para un traje. Pensar que el amor se despereza cada día. Sentir que sientes sentir. Entrar con firme paso cuando la duda espera tras la puerta. Jugar como si la edad no tuviese dígitos de identidad. Aparecer por sorpresa como un cu cu y disfrutar hasta el tas tas. Simplificar el verso escrito entre las nubes. Dar forma a lo inexplicable.
Convertir una mirada en un paraíso aprendido e interpretar su destello y su brillo. Alcanzar la cima de la montaña de arena. Despertar sobre la húmeda piedra del cercano río. Reorientar al destino perdido en un jardín olvidado. Abrigar al abrazo que tirita de frío. Salir a la calle para pasear alivios. Admirar el silencioso crecer de un árbol como si fuese un regalo de cada día.
Para que las cosas sean extraordinarias, hay que ver las
cosas como si fueran extraordinarias
viernes, 3 de febrero de 2017
00428 El Flan de Leche Condensada
CON MODERACIÓN
Hace unos días salió en casa a colación lo deliciosa que es la leche condensada. Siempre he considerado que es de esos preparados alimenticios que nunca, por tentadores, se deben tener en la despensa ni siquiera para un por si acaso. Ademas, nunca llegan a cumplir el objetivo para el que fueron en un principio adquiridos. Pero esto lo dejaremos para otra ocasión.
El caso es que mientras hablábamos de los pros y contras de tan dulce leche, recordé un flan que hacía mi madre con leche condensada y coco rallado. A mí los flanes, ni fu ni fa, pero el que hacía mi madre, y que por cierto, nunca más he vuelto a probar, me volvía loco. Me chiflaba la elaboración y más todavía, rebañar con una cucharilla los restos de leche que se quedaban en la lata. De repente, me entraron unas ganas incontenibles de recuperar aquel sabor de infancia y adolescencia. Animado también por la mirada provocativa de una de mis hijas, me lancé a la calle en busca de los ingredientes. Sabedor de que en casa el coco solo me gusta a mí, pensé en hacer dos flanes; uno con coco y otro solo de leche condensada. Por fortuna no encontré coco rallado y elaboré en favor de mi salud solo un flan. Al final se entenderá esta última frase.

Cogí la libreta de los "Sabores de mi madre" y seguí al pie de la letra las instrucciones para hacer un "Flan de coco y leche condensada", sin coco.
Ingredientes: 500 gramos de leche condensada, medio litro de leche entera, 4 huevos y 4 cucharadas de azúcar para el caramelo.
Elaboración: Batimos a mano en un cuenco la leche entera, los huevos y la leche condensada. A continuación, hacemos un caramelo ligero con las cuatro cucharadas de azúcar y un par de cucharadas de agua y cubrimos con él la base de la flanera o recipiente. Incorporamos cuidadosamente a la flanera la masa cremosa que hemos batido con anterioridad. Por último, colocamos la flanera en una bandeja con agua, que llegue hacia la mitad del recipiente, y horneamos a 150ºC por espacio de aproximadamente una hora. Pasado este tiempo nos cercioramos de que el flan está bien cuajado antes de sacarlo del horno. Retiramos y dejamos enfriar. Una vez frío le damos la vuelta para desmoldar.
Salió como tenía que salir, bien. No tiene más misterio. Sin embargo, no tuvo mucha aceptación en el seno de mi unidad familiar. Así es que aquí estoy cada tarde, y desde hace cinco, tomándome para merendar dos porciones del dulce flan. Me queda solo ya una última entrega. Si lo llego a saber, directamente hago el flan de coco que es el que me apetecía tomar. Menos mal que no me vine arriba e hice los dos previstos. La recuperación del sabor de infancia y juventud, del "Flan de Coco y leche condensada", se pospone para nuevo arrebato, sine die, y toda vez que haya quemado todo el azúcar que me sale por las orejas y que tanto enfadado ha provocado a mis encías y piezas dentales. Pero aún así, me gusta.
Cogí la libreta de los "Sabores de mi madre" y seguí al pie de la letra las instrucciones para hacer un "Flan de coco y leche condensada", sin coco.
Ingredientes: 500 gramos de leche condensada, medio litro de leche entera, 4 huevos y 4 cucharadas de azúcar para el caramelo.
Salió como tenía que salir, bien. No tiene más misterio. Sin embargo, no tuvo mucha aceptación en el seno de mi unidad familiar. Así es que aquí estoy cada tarde, y desde hace cinco, tomándome para merendar dos porciones del dulce flan. Me queda solo ya una última entrega. Si lo llego a saber, directamente hago el flan de coco que es el que me apetecía tomar. Menos mal que no me vine arriba e hice los dos previstos. La recuperación del sabor de infancia y juventud, del "Flan de Coco y leche condensada", se pospone para nuevo arrebato, sine die, y toda vez que haya quemado todo el azúcar que me sale por las orejas y que tanto enfadado ha provocado a mis encías y piezas dentales. Pero aún así, me gusta.
jueves, 2 de febrero de 2017
00427 La Catedral de León
LA PULCHRA LEONINA
Llevo días, meses, intentando traer hasta aquí esta espectacular, delicada y atractiva joya que animó, según los estudiosos en la materia, el arte gótico del siglo XIII en Europa. Cada día que me ponía a ello encontraba una excusa para su aplazamiento. Lo cierto es que no sabía por dónde empezar, qué decir ante tamaña y magistral obra. Esta mañana me he levantado con el propósito de un "de hoy no pasa".



Me he vuelto a encontrar en la misma tesitura. Tras dos cafés, tres cigarrillos y media docena de visionados a las fotografías, seguía sin hallar el inicio de la madeja con la que tejer media docena de sensaciones en torno a la Pulchra Leonina. A punto de dar al traste con el propósito que me había marcado para este día, me he dado cuenta de que lo tenía delante de mis ojos y en el recuerdo imborrable de mi, lamentablemente, corta visita y que no son otra cosa que las sensaciones que después de casi un año mantengo de manera excepcional.

Tras cruzar la Puerta del Sarmental del edificio gótico de estilo francés construido en el siglo XIII sobre las ruinas de unos antiguos baños de origen romano, me sentí pequeño, muy pequeño, y extremadamente inquieto. Había tanto que ver, aprender, atender, entender, asombrar y disfrutar, que cada minuto era un apreciado tesoro. A pesar del buen número de visitantes que por allí pululábamos, el silencio se mostraba agradecido y era de agradecer. Ayudado de una audio guía inicié mi lento y medido caminar entre coloridas vidrieras, gloriosos rosetones e imágenes reconocidas de algún libro escolar. "El levantamiento de la actual catedral comenzó en el año 1205, aunque los problemas económicos que se atravesaban por aquel entonces obligaron a paralizar las obras. Finalmente, en 1255 se reanudaron bajo el patrocinio del obispo Martín Fernández, con el apoyo del rey Alfonso X el Sabio".


La voz de la audio guía me iba marcando un recorrido al que mi vista hacía caso omiso. Por más que intentaba prestar atención, mis ojos se sentían atraídos por la luz que se filtraba a través de las coloristas y mágicas vidrieras. Me sentía cuan campesino medieval al entrar por primera vez en tan magno edificio, maravillado de las tintineantes luces de intensos colores que inundaban toda la imponente estancia. "Los edificios del gótico clásico aspiran a la verticalidad, pero sobre todo a crear un ambiente de cromatismo y luz interior que sugieran el divino ambiente de la Jerusalén Celestial". Aunque muy restauradas, las vidrieras de la catedral de León forman uno de los conjuntos medievales más importe y mejor conservado del mundo. "Las de origen gótico se fechan entre los siglos XIII y XV y ocupan, sobre todo, la parte alta, realizadas en pequeños trozos de cristal compuestos y emplomados". "Otras son renacentistas, de la primera mitad del siglo XVI y finalmente están las vidrieras neogóticas de finales del XIX, realizadas por Juan Bautista Lázaro que son difíciles de distinguir a simple vista de las originales al seguir técnicas constructivas medievales"


Siempre que pongo la observación en manos de un edificio de estas características pienso en cómo fue su construcción y cuántos sus avatares. En una ocasión leí que la construcción de estos edificios de piedra suponía una empresa colectiva, entre trescientos a mil trabajadores, muy compleja, costosa y con un alto grado de especialización técnica y división del trabajo. Por su oficio llevaban una vida itineranteAl frente de las obras se hallaba un personaje clave: "el maestro de obras". Un oficio muy selecto al que se llegaba al término de un ascenso en la jerarquía de los gremios y tras superar un duro examen en el que otros maestros juzgaban a los que pretendían alcanzar ese nivel. En el caso de los maestros arquitectos que erigieron la catedral de León "los datos no son totalmente concluyentes, pero se habla principalmente de tres. El primer constructor del que se tiene constancia es el maestro Simón, nombrado en los registros de 1261, con orígenes en la Champaña francesa. Le sigue el maestro Enrique, que se dice que también tenía orígenes franceses y que dirigió las obras hasta el año de su muerte en 1277 y que también participó en la construcción de la catedral de Burgos. Tras su muerte fue reemplazado por el maestro Juan Pérez, de origen español. El origen de los dos primeros constructores le dieron ese aspecto gótico francés que tanto caracteriza a esta catedral, cuyos rasgos recuerdan a las catedrales de Notre Dame y Reims, y a la Basílica de Saint Denis, en Francia"


Entre pensamientos, imaginaciones y asombros continué el itinerario que me iba marcando la audio guía, disfrutando cada vez más de los colores armónicos que desprendían las 125 vidrieras que inundaban de luz las tres naves, el crucero, el coro y el deambulatorio y que le habían hecho ganarse el apodo de Casa de la Luz. "En el Altar Mayor se alza el retablo obra de Nicolás Francés, elaborado a mitad del siglo XV, una mezcla de estilo gótico internacional y gótico flamenco donde se representa la vida de San Froilán, el traslado del cuerpo de Santiago mediante un carro de bueyes y la presentación de la Virgen María en el Templo. A los pies del retablo se puede ver un relicario de plata con las reliquias de San Froilán. La catedral de León cuenta con el coro de sillería más antiguo de España. Está tallado en madera de nogal por artistas flamencos en el siglo XV. Posee un nutrido grupo de imágenes grabadas relacionadas con personajes del Antiguo Testamento"

La siempre breve visita llegaba al final pero aún me tenía que deparar una nueva emoción: una talla de la Virgen de la Esperanza, una Virgen apocalíptica, con el Niño Dios en su vientre, perseguido por el dragón. De piedra, esculpida a finales del siglo XIII y policromía posterior. Más tarde me informé de que esta talla "pasó en muchas ocasiones a cerrar el árbol de Jesé y que originó el tipo de imágenes llamadas 'abrideras', a modo de tríptico abierto que mostraba el fruto de sus entrañas. A esta Virgen, muy venerada por los leoneses, ya le dediqué en su día una entrada en este blog. Nunca había visto hasta entonces una talla de estas características. Cada vez que veo su imagen me sigue transmitiendo mucha ternura aunque no acabe por descifrar si su faz me traslada alegría o preocupación.
Cuando acabé la rápida visita por la Casa de la Luz, por la Pulchra Leonina, por la Catedral de León, dije a mis acompañantes que si viviera en esta hermosa ciudad, mucho de mi tiempo libre lo dedicaría a dejarme seducir, todavía más, por la majestuosidad de esta obra y recogerme en la fascinante luz de sus vidrieras.
Me he vuelto a encontrar en la misma tesitura. Tras dos cafés, tres cigarrillos y media docena de visionados a las fotografías, seguía sin hallar el inicio de la madeja con la que tejer media docena de sensaciones en torno a la Pulchra Leonina. A punto de dar al traste con el propósito que me había marcado para este día, me he dado cuenta de que lo tenía delante de mis ojos y en el recuerdo imborrable de mi, lamentablemente, corta visita y que no son otra cosa que las sensaciones que después de casi un año mantengo de manera excepcional.
Tras cruzar la Puerta del Sarmental del edificio gótico de estilo francés construido en el siglo XIII sobre las ruinas de unos antiguos baños de origen romano, me sentí pequeño, muy pequeño, y extremadamente inquieto. Había tanto que ver, aprender, atender, entender, asombrar y disfrutar, que cada minuto era un apreciado tesoro. A pesar del buen número de visitantes que por allí pululábamos, el silencio se mostraba agradecido y era de agradecer. Ayudado de una audio guía inicié mi lento y medido caminar entre coloridas vidrieras, gloriosos rosetones e imágenes reconocidas de algún libro escolar. "El levantamiento de la actual catedral comenzó en el año 1205, aunque los problemas económicos que se atravesaban por aquel entonces obligaron a paralizar las obras. Finalmente, en 1255 se reanudaron bajo el patrocinio del obispo Martín Fernández, con el apoyo del rey Alfonso X el Sabio".
La voz de la audio guía me iba marcando un recorrido al que mi vista hacía caso omiso. Por más que intentaba prestar atención, mis ojos se sentían atraídos por la luz que se filtraba a través de las coloristas y mágicas vidrieras. Me sentía cuan campesino medieval al entrar por primera vez en tan magno edificio, maravillado de las tintineantes luces de intensos colores que inundaban toda la imponente estancia. "Los edificios del gótico clásico aspiran a la verticalidad, pero sobre todo a crear un ambiente de cromatismo y luz interior que sugieran el divino ambiente de la Jerusalén Celestial". Aunque muy restauradas, las vidrieras de la catedral de León forman uno de los conjuntos medievales más importe y mejor conservado del mundo. "Las de origen gótico se fechan entre los siglos XIII y XV y ocupan, sobre todo, la parte alta, realizadas en pequeños trozos de cristal compuestos y emplomados". "Otras son renacentistas, de la primera mitad del siglo XVI y finalmente están las vidrieras neogóticas de finales del XIX, realizadas por Juan Bautista Lázaro que son difíciles de distinguir a simple vista de las originales al seguir técnicas constructivas medievales"
Entre pensamientos, imaginaciones y asombros continué el itinerario que me iba marcando la audio guía, disfrutando cada vez más de los colores armónicos que desprendían las 125 vidrieras que inundaban de luz las tres naves, el crucero, el coro y el deambulatorio y que le habían hecho ganarse el apodo de Casa de la Luz. "En el Altar Mayor se alza el retablo obra de Nicolás Francés, elaborado a mitad del siglo XV, una mezcla de estilo gótico internacional y gótico flamenco donde se representa la vida de San Froilán, el traslado del cuerpo de Santiago mediante un carro de bueyes y la presentación de la Virgen María en el Templo. A los pies del retablo se puede ver un relicario de plata con las reliquias de San Froilán. La catedral de León cuenta con el coro de sillería más antiguo de España. Está tallado en madera de nogal por artistas flamencos en el siglo XV. Posee un nutrido grupo de imágenes grabadas relacionadas con personajes del Antiguo Testamento"
Cuando acabé la rápida visita por la Casa de la Luz, por la Pulchra Leonina, por la Catedral de León, dije a mis acompañantes que si viviera en esta hermosa ciudad, mucho de mi tiempo libre lo dedicaría a dejarme seducir, todavía más, por la majestuosidad de esta obra y recogerme en la fascinante luz de sus vidrieras.
miércoles, 1 de febrero de 2017
00426 Los Bisaltos
TIRABEQUES, ESTIRABEQUES, MIRACIELOS
Esta leguminosa, variedad del guisante, siempre me ha parecido una gran olvidada. Tendrá que ser la primera vez que la vea en el menú o propuesta de algún restaurante. Por no faltar a la verdad, en contadas ocasiones la he encontrado en alguna elaboración presuntuosa, de forma aislada y a modo de elemento decorativo. Mis conocidos detractores de los bisaltos se sitúan entre el desprecio más absoluto, sin dar muchas más explicaciones, hasta a los que no les gustan por su peculiar sabor, pasando por aquellos que solo pensar en su consumo les produce una tremenda pereza.

A mí, más que gustarme, me encantan. Sobre todo, los de la primera floración. Pequeños, tiernos, al vapor o en una mínima cocción. Tanto me agradan que incluso, herencia de mi madre, aprovecho el caldo de su cocción para hacer una sopa de pasta con el añadido de una pastilla de caldo de carne. Mi madre siempre lo reservaba para hacer una sopa de pan y huevo. Por gustarme, me gustan hasta sus populares y deliciosos nombres populares: tirabeques,estirabeques, miracielos, come todo...
Hace unos días, un conocido me habló de la última exquisitez que había probado; unos bisaltos a la plancha con salsa de ostras. Todavía se relamía mientras me lo contaba. Más que con la salsa de ostras, no tengo la menor idea de como se elabora, me quedé con la copla del "modus operandi": a la plancha. Precisamente, en esos días, en la frutería en la que compramos habitualmente se exhibían a buen precio unos pequeños y atractivos bisaltos. Compramos medio kilo con la intención de hacerlos a la plancha con el socorrido sofrito de cebolla y jamón. ¡Qué cosa más deliciosa! El único incordio, pero aún así merece la pena la dedicación, estriba en despojarles de las hebras que les rodean.
La elaboración no puede ser más simple. Hacemos un sofrito de cebolla al que añadiremos unos taquitos de jamón. En una sartén con muy poco aceite, escasamente enseñárselo, pasamos los bisaltos, vuelta y vuelta, que pierdan su color natural. Mezclamos con el sofrito, espolvoreamos unas escamas de sal Maldon y a disfrutar de unos estirabeques al dente con los que en esta ocasión, no hay que mirar al cielo.
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A mí, más que gustarme, me encantan. Sobre todo, los de la primera floración. Pequeños, tiernos, al vapor o en una mínima cocción. Tanto me agradan que incluso, herencia de mi madre, aprovecho el caldo de su cocción para hacer una sopa de pasta con el añadido de una pastilla de caldo de carne. Mi madre siempre lo reservaba para hacer una sopa de pan y huevo. Por gustarme, me gustan hasta sus populares y deliciosos nombres populares: tirabeques,estirabeques, miracielos, come todo...
La elaboración no puede ser más simple. Hacemos un sofrito de cebolla al que añadiremos unos taquitos de jamón. En una sartén con muy poco aceite, escasamente enseñárselo, pasamos los bisaltos, vuelta y vuelta, que pierdan su color natural. Mezclamos con el sofrito, espolvoreamos unas escamas de sal Maldon y a disfrutar de unos estirabeques al dente con los que en esta ocasión, no hay que mirar al cielo.
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