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jueves, 2 de febrero de 2017

00427 La Catedral de León

LA PULCHRA LEONINA


Llevo días, meses, intentando traer hasta aquí esta espectacular, delicada y atractiva joya que animó, según los estudiosos en la materia, el arte gótico del siglo XIII en Europa. Cada día que me ponía a ello encontraba una excusa para su aplazamiento. Lo cierto es que no sabía por dónde empezar, qué decir ante tamaña y magistral obra. Esta mañana me he levantado con el propósito de un "de hoy no pasa".

Me he vuelto a encontrar en la misma tesitura. Tras dos cafés, tres cigarrillos y media docena de visionados a las fotografías, seguía sin hallar el inicio de la madeja con la que tejer media docena de sensaciones en torno a la Pulchra Leonina. A punto de dar al traste con el propósito que me había marcado para este día, me he dado cuenta de que lo tenía delante de mis ojos y en el recuerdo imborrable de mi, lamentablemente, corta visita y que no son otra cosa que las sensaciones que después de casi un año mantengo de manera excepcional.

Tras cruzar la Puerta del Sarmental del edificio gótico de estilo francés construido en el siglo XIII sobre las ruinas de unos antiguos baños de origen romano, me sentí pequeño, muy pequeño, y extremadamente inquieto. Había tanto que ver, aprender, atender, entender, asombrar y disfrutar, que cada minuto era un apreciado tesoro. A pesar del buen número de visitantes que por allí pululábamos, el silencio se mostraba agradecido y era de agradecer. Ayudado de una audio guía inicié mi lento y medido caminar entre coloridas vidrieras, gloriosos rosetones e imágenes reconocidas de algún libro escolar. "El levantamiento de la actual catedral comenzó en el año 1205, aunque los problemas económicos que se atravesaban por aquel entonces obligaron a paralizar las obras. Finalmente, en 1255 se reanudaron bajo el patrocinio del obispo Martín Fernández, con el apoyo del rey Alfonso X el Sabio". 

La voz de la audio guía me iba marcando un recorrido al que mi vista hacía caso omiso. Por más que intentaba prestar atención, mis ojos se sentían atraídos por la luz que se filtraba a través de las coloristas y mágicas vidrieras. Me sentía cuan campesino medieval al entrar por primera vez en tan magno edificio, maravillado de las tintineantes luces de intensos colores que inundaban toda la imponente estancia.  "Los edificios del gótico clásico aspiran a la verticalidad, pero sobre todo a crear un ambiente de cromatismo y luz interior que sugieran el divino ambiente de la Jerusalén Celestial". Aunque muy restauradas, las vidrieras de la catedral de León forman uno de los conjuntos medievales más importe y mejor conservado del mundo. "Las de origen gótico se fechan entre los siglos XIII y XV y ocupan, sobre todo, la parte alta, realizadas en pequeños trozos de cristal compuestos y emplomados". "Otras son renacentistas, de la primera mitad del siglo XVI y finalmente están las vidrieras neogóticas de finales del XIX, realizadas por Juan Bautista Lázaro que son difíciles de distinguir a simple vista de las originales al seguir técnicas constructivas medievales"

Siempre que pongo la observación en manos de un edificio de estas características pienso en cómo fue su construcción y cuántos sus avatares. En una ocasión leí que la construcción de estos edificios de piedra suponía una empresa colectiva, entre trescientos a mil trabajadores, muy compleja, costosa y con un alto grado de especialización técnica y división del trabajo. Por su oficio llevaban una vida itineranteAl frente de las obras se hallaba un personaje clave: "el maestro de obras". Un oficio muy selecto al que se llegaba al término de un ascenso en la jerarquía de los gremios y tras superar un duro examen en el que otros maestros juzgaban a los que pretendían alcanzar ese nivel. En el caso de los maestros arquitectos que erigieron la catedral de León "los datos no son totalmente concluyentes, pero se habla principalmente de tres. El primer constructor del que se tiene constancia es el maestro Simón, nombrado en los registros de 1261, con orígenes en la Champaña francesa. Le sigue el maestro Enrique, que se dice que también tenía orígenes franceses y que dirigió las obras hasta el año de su muerte en 1277 y que también participó en la construcción de la catedral de Burgos. Tras su muerte fue reemplazado por el maestro Juan Pérez, de origen español. El origen de los dos primeros constructores le dieron ese aspecto gótico francés que tanto caracteriza a esta catedral, cuyos rasgos recuerdan a las catedrales de Notre Dame y Reims, y a la Basílica de Saint Denis, en Francia"

Entre pensamientos, imaginaciones y asombros continué el itinerario que me iba marcando la audio guía, disfrutando cada vez más de los colores armónicos que desprendían las 125 vidrieras que inundaban de luz las tres naves, el crucero, el coro y el deambulatorio y que le habían hecho ganarse el apodo de Casa de la Luz. "En el Altar Mayor se alza el retablo obra de Nicolás Francés, elaborado a mitad del siglo XV, una mezcla de estilo gótico internacional y gótico flamenco donde se representa la vida de San Froilán, el traslado del cuerpo de Santiago mediante un carro de bueyes y la presentación de la Virgen María en el Templo. A los pies del retablo se puede ver un relicario de plata con las reliquias de San Froilán. La catedral de León cuenta con el coro de sillería más antiguo de España. Está tallado en madera de nogal por artistas flamencos en el siglo XV. Posee un nutrido grupo de imágenes grabadas relacionadas con personajes del Antiguo Testamento"

La siempre breve visita llegaba al final pero aún me tenía que deparar una nueva emoción: una talla de la Virgen de la Esperanza, una Virgen apocalíptica, con el Niño Dios en su vientre, perseguido por el dragón. De piedra, esculpida a finales del siglo XIII y policromía posterior. Más tarde me informé de que esta talla "pasó en muchas ocasiones a cerrar el árbol de Jesé y que originó el tipo de imágenes llamadas 'abrideras', a modo de tríptico abierto que mostraba el fruto de sus entrañas. A esta Virgen,  muy venerada por los leoneses,  ya le dediqué en su día una entrada en este blog. Nunca había visto hasta entonces una talla de estas características. Cada vez que veo su imagen me sigue transmitiendo mucha ternura aunque no acabe por descifrar si su faz me traslada alegría o preocupación.

Cuando acabé la rápida visita por la Casa de la Luz, por la Pulchra Leonina, por la Catedral de León, dije a mis acompañantes que si viviera en esta hermosa ciudad,  mucho de mi tiempo libre lo dedicaría a dejarme seducir, todavía más, por la majestuosidad de esta obra y recogerme en la fascinante luz de sus vidrieras.













miércoles, 4 de enero de 2017

00407 La Casa de Botines en León

GAUDÍ


Acabo de ordenar y clasificar las imágenes que recogí en el pasado mes de mayo en nuestro viaje familiar a la hermosa y acogedora ciudad de León, invitado por nuestra amiga y leonesa Ana Aller, y quien sumó en su persona las veces de anfitriona y cicerone.  ¡Qué cantidad de cosas que me gustan he podido enumerar! Algunas ya las he mostrado en este caleidoscopio vital. Otras irán apareciendo, según me lo vayan reclamando los sentidos.

Me apetecía traer aquí y ahora una de esas muchas cosas. No acababa por decirme hasta que he recordado el simpático y breve monólogo que mantuve con el gran Antonio Gaudí, sentados en un banco ubicado en frente a una de las tres obras que imaginó y construyó fuera de Cataluña: la Casa Fernández y Andrés, conocida popularmente como Casa de Botines. 

La primera visión de este edificio neogótico con influencias propias de Gaudí, me deslumbró tanto por lo inesperado en mi urbano caminar como por su espectacularidad y belleza. La cámara fotográfica me pedía una y otra vez que la acercara a mi ojo. Una fachada, una ventana, un torreón, un pináculo, buhardillas, un contra picado de su faz principal, un detalle, otro y otro más, la recia piedra... Me enganchó el fantástico edificio que por un momento me recordó a una construcción de Exin Castillos.

El edificio, declarado Monumento Histórico en el año 1969, fue construido entre los años 1892 y 1893, y es en la actualidad propiedad de Caja España que lo habilitó para su sede central. Según información que en ese momento recogí, mientras Antonio Gaudí se encontraba terminando la Casa Episcopal de Astorga, Eusebio Güell, amigo y mecenas, le recomendó para que construyera la sede de una empresa textil en el centro de León. Simón Fernández y Mariano Andrés, propietarios de la empresa que antes fuera de Joan Homs y Botinas, de ahí el apodo del edificio, encargaron al arquitecto catalán la construcción de un edificio de viviendas con almacén. Gaudí diseñó un palacio con aire medieval y numerosas características del neogótico que reforzó con cuatro torres cilíndricas rematadas con pínáculos que instaló en cada una de las esquinas.

La construcción se realizó en tan solo diez meses, lo que dio pie a que la población local extendiera rumores sobre la fragilidad del edificio y su posible derrumbamiento. Indignado Gaudí, solicitó un informe técnico para frenar la falta de confianza de los ciudadanos. Los ingenieros no encontraron indicios sobre problemas de estructura, quedando así desmentidos los rumores.

El edificio consta de cuatro pisos, un sótano y un ático: los sótanos para almacenamiento de mercancías de la empresa textil, la planta baja para oficinas, viviendas de los propietarios en el primer piso y el resto de plantas para alquiler.

La entrada principal está coronada por una escultura de piedra de San Jorge, que muestra cómo éste mata un dragón con una lanza. Durante unos trabajos de restauración en el año 1050, los trabajadores descubrieron un tubo de plomo dentro de la escultura en cuyo interior se encontraban planos originales firmados por Gaudí y recortes de prensa de la época.

Sobre el contenido de la perorata que le lancé al afamado arquitecto mientras pensativo tomaba unas notas en un banco, mejor lo dejaré para otra ocasión.