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martes, 25 de agosto de 2026

01771 La Albahaca Negra

 PLANTA SAGRADA INDÚ


Este verano de 2026 pasará, a mi pequeña historia personal sin importancia, como el estío más nefasto de cuantos llevo entregados en cuerpo y alma a las labores hortícolas, y llevo ya unos cuantos a costa de mis riñones. Por lo que me han ido contando otros colegas de huertos próximos al mío, mi opinión es bastante generalizada. Incluso, hay quien ha levantado el huerto a estas todavía tempranas fechas, cansado de batallar en él sin éxito. Me parece una exageración. No está siendo un buen año para el huerto, es cierto, pero con todo, está dando sus buenos y esperados frutos.

Dicho esto, también haré observar que ha sido el verano en el que he conocido plantas y frutos nuevos para mí, y que han llegado a mi vida para quedarse. Es el caso de la acelga roja, de la que recientemente pasó a formar parte de este listado de cosas que me gustan, o de la albahaca morada, también conocida como albahaca negra, totalmente desconocida para mí. El caso es que cuando comencé a plantar allá por el mes de mayo, y siguiendo la tradición de mi suegro, fui a adquirir en mi vivero de referencia, Huerta Barbereta, plantas de albahaca para cultivarlas junto a las pimenteras. Nunca tuve muy claro el motivo, pero si él lo hacía, yo también. Esta planta de albahaca, aunque se trata de la misma variedad, la Ocimum basilicum, no es la que se cultiva para que hermoseen las oscenses fiestas de San Lorenzo, que se realiza para finales de junio, unos cuarenta días antes de que se inicien los festivos días laurentinos.

El caso es que fui a adquirir la albahaca para plantarla en el huerto y quien me atendió, me dio a elegir entre tres variedades: la tradicional, la comestible y la albahaca negra o morada. Las dos primeras ya las conocía, no así la tercera. Dado que este año estaba por conocer novedades, pedí de las tres.

Conforme las iba plantando entre pimenteras y tomateras, el aroma que desprendía la negra no me era desconocido. Me recordaba a algo, pero no acababa de identificarlo. La maquinaria de los recuerdos se puso en marcha hasta que se encendió la luz; me recordaba al guiso perdiz que hacía mi madre y al inconfundible olor que se apoderaba de la cocina cuando hacía este guiso. Pero volvieron los interrogantes: Si entre los ingredientes del guiso no se encontraba esta planta ¿a qué se debía su olor? No tardé mucho en despejar la duda, una vez conocidos los pormenores de la Ocimum sanctum, como científicamente se le denomina: “Tiene un aroma fuerte y dulce, similar al de la albahaca verde, pero con un toque picante y notas de clavo”. Eso era, las notas de clavo, la especia protagonista del guiso perdiz que cocinaba mi madre.

Con su presencia, olor y sus múltiples recuerdos he pasado en el huerto este verano de aúpa. ¡Qué descubrimiento! ¡Qué hermosos ejemplares han alegrado mi vista y facilitado mis días, a pesar de los 37, 38, 39 y hasta 40 grados, que he tenido que soportar durante estos meses! Acercarme hasta ella se ha convertido en casi una necesidad diaria. Aun en las fechas que nos encontramos, finales del mes de agosto, todavía, sus secas flores, son capaces de entusiasmarme. No me cabe la menor duda, de que al año que viene, esta curiosa albahaca volverá a acompañarme en mis días de huerto y espera.

 

La albahaca morada, sagrada o tulsi,  es una planta que se ha usado tradicionalmente tanto como ingrediente culinario, como a modo de planta medicinal. Actualmente se cultiva en prácticamente todo el mundo, aunque se trata de una especie originaria de la India. Es aquí donde esta considerada como una planta sagrada y se le otorga la protección de los hogares en los que se cultiva, además de ser utilizada en la medicina natural contra las afecciones cutáneas y para aliviar síntomas gripales.



lunes, 28 de octubre de 2024

01543 El Poto

 UN TODO TERRENO


Esta planta me ha acompañado, salvo en pequeños lapsus de tiempo, toda mi vida. Ya no solo en las distintas casas en las que he vivido, sino también en mis lugares de trabajo. Ha sobrevivido a traslados y a algún que otro descuido. He tenido potos hermosos y también raquíticos, pero su sola presencia siempre me ha alegrado los días.

Que recuerde, los he tenido en maceteros de macramé, en la cocina, buscando su vida trepadora en una alacena del comedor, en una estantería e incluso en el baño. Menos en el dormitorio, creo que ha ocupado todas las estancias de la casa. Y es que se trata de una planta de lo más resistente y de las más fáciles de cuidar y mantener. Anda que no le he hecho perrerías a la pobre. Es lo que tiene ser una planta nada complicada. Se conforma con poco: luz, temperaturas sin excesos y humedad. Si será agradecida, que durante muchos años se conformó con vivir en el despacho de casa en una taza con agua hasta que su raíz ya no tuvo más espacio. Fue entonces cuando la trasplanté a una maceta y aquí sigue conmigo como una campeona.

Sí, me gustan los potos. Me alegra su presencia y sobre todo, le agradezco que no de problemas.

 






lunes, 24 de junio de 2024

01377 Observando

 EL PERFUME DE UNA FLOR


Podrán llevarse la flor y su color,
pero su perfume,
siempre me lo quedaré yo. 


jueves, 6 de junio de 2024

01365 Las Achiras

 CANNA INDICA


Cuando he soñado con un jardín, -ese jardín que a estas alturas de la vida nunca tendré, pero con el que sigo soñando e imaginando-, lo veo repleto de achiras. Desde que las viera por primera vez, me dejaron prendado. Altas e impresionantes, las Cannas, como así también se las denominan, presentan un atractivo aspecto cuando están agrupadas.

Sus hojas son grandes, en forma de lanza, de color verde o tintadas de púrpura, lo que les confiere una especial y distinta belleza. Sus grandes flores tubulares, en rojos o amarillos vivos, forman unos atractivos ramilletes en el extremo de los tallos durante el verano.

Las imágenes de achiras que ilustran esta entrada, fueron tomadas hace unos cinco años en el jardín de un pequeño hotel rural en la provincia de Granada. El jardín era grandioso y espectacular, bien cuidado y con un atractivo especial. Había distintos caminos flanqueados por plantas, árboles y arbustos de todas las clases, así como un jardín de verano y otro de invierno, con pérgolas incluidas. Me fascinó. Algún día, si me acuerdo del nombre del hotel, lo traeré hasta este caleidoscopio vital.

En mi paseo por el jardín, hice fotografías a decenas de especies, pero las que se llevaron la palma fueron las achiras. Estaban en todo su esplendor, con unas flores de llamativo y atractivo color rojo. Y seguí pensando que, el día que tuviera un jardín, sin duda, y mira que es difícil la elección, las achiras estarían en lugar privilegiado. Es o no es para tenerlas en cuenta. 




miércoles, 1 de mayo de 2024

01329 Las Adelfas

 BELLEZA Y TOXICIDAD


Traigo hasta este caleidoscopio vital otra de las plantas que para mí está asociada a los periodos vacacionales. Me complacen su presencia y sus llamativas y coloristas flores. Su disposición en jardines y parterres, y hasta en las meridianas de algunas autovías y autopistas, me resultan algo placentero. Tanto es así que, cuando acudo a algún destino vacacional y veo una adelfa, no puedo dejar de fotografiarla, como si se tratara de algo único y excepcional. Al final, después de tomar la instantánea acabo diciéndome lo mismo: "Qué necesidad, si tengo ya tropecientas". Pero da lo mismo, adelfa que veo, adelfa que fotografío. Una de mis muchas manías que no hacen daño. 

No hace mucho, hablando con una amiga sobre nuestro común gusto por las plantas, le comenté que una de mis muchas favoritas era, precisamente, la adelfa. Nada más escuchar el nombre de la planta, puso cara de tanto horror, que hasta yo mismo me asusté. Me dijo que tuviera cuidado por ella porque era una planta muy venenosa. 

Cuando llegué a casa, lo primero que hice, alertado por mi amiga, fue mirar los pormenores y característica de la adelfa. El primer titular que leyeron mis ojos fue el siguiente: "Adelfa, una de las plantas más bonitas y a la vez más venenosas del mundo". Continué informándome y todo eran excelencias de tan bella planta, hasta que llegué al apartado que explicaba acerca de la toxicidad de la planta. Venía a decir que una de las desventajas de las adelfas era su toxicidad, aunque para ello "tenía que ser ingerida". Me tranquilizó este extremo. Seguí leyendo. "La adelfa posee glucósidos cardíacos como oleandrina y nerioside, que pueden provocar un paro cardíaco". Lo que faltaba, pensé. "Pueden producirse envenenamientos en niños o mascotas por masticar sus hojas, sus tallos o sus flores, ya que toda la planta es tóxica. Además, tampoco se puede utilizar su madera para barbacoas o similares, puesto que el veneno no se destruye ni por el contacto con el aire ni por el calor". 

Llegué a la conclusión, una vez más, que nada es perfecto. La belleza de esta planta esconde su lado oscuro. Nada es azar. Será por algo. De cualquier manera, con cuidadín, me sigue pareciendo una planta hermosa que me trae momentos felices y memorables vacaciones. 



jueves, 28 de marzo de 2024

01307 El Inconfundible Olor de la Lavanda

LIMPIO Y SERENO


Llegado el mes de junio, la aldea se perfumaba con unos aires limpios que bajaban desde los pies de la sierra. Puertas y ventanas de las casas se abrían, en señal de necesitaba bienvenida, para que el invisible huésped tomara posesión de estancias y alcobas.

La voz de la yaya Emilia, desde su silla de ruedas, durante estos días, se dejaba notar como nunca. Era la primera en despertar y en poner a funcionar la casa. Antes de sentarse todos a desayunar, Emilia ordenaba ventilar la casa. "Abrid todo de par en par, -decía-, que se ventile bien y que entre ese aroma limpio y sereno que viene de la sierra". A continuación, recordaba a los presentes, como una letanía, que desde que era niña, este olor siempre le había acompañado y proporcionado calma y bienestar. Tanto es así, que la lavanda se había convertido en algo imprescindible y vital para ella.

Cuando comenzaba el periodo de floración de la planta, se hacía necesario colectar los mazos y colgarlos boca abajo en el oscuro y fresco granero para dejarlos secar. Y a partir de aquí, Emilia se encargaba de dar a la planta un buen número de utilidades. Así, no había armario ni cajón que no alojara un ramillete de hojas de lavanda atado con un hilo e introducidas en una bolsa de tela, para evitar la presencia de ácaros y otros indeseables insectos. También, para aromatizar las estancias, gustaba poner ramilletes de lavanda en jarrones y floreros. Su aseo personal no era ajeno a la benefactora planta y se preparaba unos aceites con flores de lavanda secas y machacadas, agua destilada y aceite esencial de lavanda. E incluso a la limonada, le añadía un par de gotas de aceite esencial de esta planta.


Siempre pensé que la yaya Emilia había sido una mujer feliz, aún en los momentos difíciles, gracias a su querencia y afición por la lavanda. Gracias a ese aroma limpio, sereno, y que proporciona calma y bienestar.













lunes, 11 de marzo de 2024

01290 El Acebo

 PROTECCIÓN Y BUENA FORTUNA


Desde tiempos remotos, el acebo está considerado como un símbolo de fortaleza y eternidad. Cuenta la leyenda en la cultura celta, que el rey Roble reinaba durante los meses más cálidos y luminosos del año. Por el contrario, el rey Acebo lo hacía en la época más fría y con menos luz. Además, cuando el roble perdía sus hojas, el acebo mostraba todo su esplendor con un manto de hojas verdes cubierto de bayas rojas.

Los celtas, posiblemente debido a las hojas espinosas del acebo, le atribuían poderes para ahuyentar a los malos espíritus. De hecho, tenían por costumbre fabricar coronas con ramas de acebo como elemento de protección y buena fortuna. Más tarde, el cristianismo adoptaría al acebo como uno de los símbolos navideños más característicos. “Su uso como planta decorativa en estas fechas se atribuye a un intento del cristianismo por desplazar a su homólogo pagano, el muérdago, especie que era empleada por los druidas en las festividades del solsticio de invierno. Los frutos rojos evocaban la sangre de Cristo, mientras que las hojas con bordes espinosos se identificaban con la corona de espinas que portaba el Mesías. Cuando el cristianismo se expandió por Europa, el acebo conservó su simbolismo en muchas zonas y empezó a formar parte de las fiestas religiosas, en especial el Adviento y la Navidad”.

Leo que a este arbusto le gustan las alturas, es capaz de ascender hasta los 2.000 metros de altitud, que aporta alimento a numerosas especies en tiempos de escasez, especialmente a las aves y que puede llegar a vivir hasta un siglo. Además, de acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas, elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el acebo es una especie protegida con la categoría LC, “preocupación menor”.

En síntesis, así es este arbusto que, desde siempre, tanto ha llamado mi atención por su belleza, a pesar de su aspecto espinoso. Hacía tiempo que no veía un acebo al natural, -se nota que en los últimos años he dejado a un lado las visitas al atractivo y precioso Pirineo-, hasta que estas pasadas navidades, paseando por Madrid, me encontré unos hermosos ejemplares en unos maceteros. Verlos, me produjo una gran alegría, además de traerme hermosos recuerdos. Así, que no lo dudé, y capté unas imágenes para traerlo hasta este caleidoscopio vital.

En alguna ocasión, he comprado pequeños acebos en maceta, pero sin conseguir sacarlos adelante. No debe ser cosa fácil. Así, que si quiero disfrutar de su belleza, tendré que ir a su hábitat, que por otra parte, tanta falta me hace. 






miércoles, 6 de diciembre de 2023

01225 Los Nenúfares

 RESURRECCIÓN Y REGENERACIÓN


Cuando veo un nenúfar, me vienen a la memoria recuerdos de mi infancia en un estanque próximo a la icónica Casita de Blancanieves del parque Miguel Servet de la capital oscense. No sé el motivo, pero sin gustarme las plantas por aquel entonces, era un niño, como ahora, me quedaba enganchado a su belleza y a sus grandes hojas que servían de acomodo a ranas y otros seres vivos que moraban en el pequeño estanque. Me parecía, y me lo sigue pareciendo ahora, además de una bella planta, también enigmática.

Han pasado muchos años desde entonces, más de medio siglo, pero mi embobamiento cuando veo un nenúfar, sigue siendo el mismo. Es lo que me sucedió en mi última visita a la Alhambra de Granada con los hermosos ejemplares de nenúfares que allí crecen en los pequeños estanques. Después de varias horas de visita, y cuando ya no cabía en mi cabeza ni un dato más, aparecieron los nenúfares como una tabla de salvación. Los fotografié desde todos los ángulos. Me acordé de cuando era niño y los hermosos recuerdos que esta planta me traían. Por cierto, hace tiempo que no visito el pequeño estanque del parque y si habrá todavía nenúfares. Me lo apunto. Y si es así, dejaré que el niño que siempre me acompaña, se distraiga con el pequeño espectáculo. Puede ser divertido.

El nenúfar, también conocido como lirio de agua, ninfa de agua o flor de loto, es una planta acuática que habita en los cursos de agua tranquilos y estanques de las regiones templadas de Asia, norte de África y Europa. Sus grandes hojas flotantes, miden entre 10 y 30 centímetros de diámetro. Sus grandes flores de color blanco, crema o rosado, alcanzan su esplendor entre los meses de mayo y octubre. En Egipto, se consideraban plantas sagradas porque sus flores se abren en presencia del sol y se cierran cuando llega la oscuridad. En al-Ándalus, cuando se denominaba como nilufar abyad, se empleaba como ornamento vegetal en las albercas, además de servir para preparar aceites hidratantes. Las habitaciones se rociaban con agua destilada de nenúfar con el fin de evitar la sequedad.

En la cultura egipcia, la flor nenúfar simbolizaba la resurrección y la regeneración. Era vista como una especia de “renacimiento” después de la muerte. En otras culturas, también simboliza la pureza, la inocencia y la gracia.

En el budismo, el significado de la flor de loto es la pureza del cuerpo y del alma. Al tener la capacidad de sobrevivir en entornos difíciles, como las zonas pantanosas, se asocia con los complejos procesos vitales a los que se enfrenta el ser humano. Simbólicamente, la flor de loto se asocia con la figura de Buda y con sus enseñanzas, de aquí que sea una planta de carácter sagrado para los pueblos de Oriente. Según cuenta la leyenda, el niño Buda, cuando dio sus primeros pasos, en todos los lugares que pisó crecieron flores de loto.

En China y la India se le considera una planta sagrada y se le atribuyen múltiples significados y simbolismos. 





martes, 28 de noviembre de 2023

01217 El Árbol de Jade

UN AMULETO EN EL INTERIOR DEL HOGAR


Fue otra de las plantas que se vino conmigo cuando falleció mi madre. No recuerdo con exactitud cuanto tiempo la tuve. Sobrevivió a dos traslados. La cuidé como oro en paño, hasta que en un descuido mío, en pleno invierno, se me olvidó "abrigarla" y una helada acabó con su existir. Pensé que podría salvarla, pero todos los cuidados y consejos puestos en práctica fueron inútiles. El día que definitivamente la di por muerta, sentí que con ella se iba una de las alegrías y felices entretenimientos de mi madre. Soy así de sentimental. Estuve a punto de adquirir otro ejemplar, pero estaba tan rabioso, que finalmente desistí.

Siempre que veo un árbol de jade, me acuerdo de mi madre, del cariño que le tenía y de la ilusión que mantenía por verlo florecer. Algo que nunca consiguió que se materializara.

El pasado mes de agosto, mi amiga Chus nos invitó a cenar en su casa a la familia. En la terraza, entre su siempre maravilloso y elegido vergel, había un hermoso árbol de jade. Tenía un aspecto fenomenal, tal y como recordaba al que yo tuve y no supe cuidar. Le pedí a la anfitriona que me diera un esqueje para plantarlo en casa e intentar volver a tener conmigo este árbol, que aporta calma y energía positiva, según me comentó Chus. El caso es que cenamos, de vicio como es costumbre en esa casa, empezamos a hablar y a jugar al rummy... y en la despedida, no nos acordamos de cortar un esqueje del árbol.

Pasaron los días hasta llegar al 5 de septiembre; día de mi cumpleaños. Como tiene por costumbre, Chus me llamó para felicitarme. Por esos días estábamos fuera de casa. Al cabo de una semana, Chus me envió un wasap, preguntándome si ya habíamos regresado del viaje, adjuntando a la pregunta una fotografía con dos pequeños árboles de jade que me había comprado por mi cumpleaños, junto al siguiente texto: "Qué significa tener una planta jade en casa. De acuerdo con el Feng Shui, la planta de Jade simboliza la riqueza, la prosperidad, la armonía familiar y la salud. Por ello, se considera un amuleto en el interior del hogar y se la conoce también como la planta del dinero o la abundancia".

A los pocos días de regresar a casa, las dos pequeñas plantas entraron a formar parte de mi cotidiano mirar en la terraza. Han crecido bastante, las he cambiado a sendas macetas un poco más grandes y parecen estar bien. No sé si llegan con todo aquello que predice el Feng Shui, pero con tal que me quede como estoy, ya es más que suficiente. De momento, una cosa parece clara desde su llegada; me siento feliz al verlas y con ello, ya han cumplido con creces su estancia en casa. 



miércoles, 13 de septiembre de 2023

01184 Las Caléndulas

BOTÓN DE ORO


Nunca me había fijado en las caléndulas hasta aquel día en el que Ángel y Conchita, en la pequeña y entrañable localidad de Pilzán, a la que fui amablemente invitado, me hicieron sabedor de sus magníficas propiedades.

Fue un día inolvidable. Disfruté con unos magníficos paisajes, comimos, bebimos, en su justa medida, reímos, conversamos y sobre todo, aprendí. Aprendí no solo de la naturaleza de las caléndulas, sino de lo que es querer al pueblo que te vio nacer y que se mantiene todavía en pie, gracias al tesón de media docena de familias. A enamorarme de las palabras, dulces y ajustadas, mientras se me hacía conocedor de lo que fue este lugar en el pasado, hasta llegar a su incierto presente y sin querer imaginar qué será de él en un futuro. Aprendí a escuchar de nuevo el silencio, a imaginar cómo fue esa escuela ahora cerrada, a impregnarme de nuevos aromas, limpios y profundos aromas. A no mirar el reloj en toda la jornada, a divisar el horizonte, mientras saboreaba el dulzor de unas brevas recién cogidas de una higuera aparentemente olvidada. Y entre otras muchas cosas más, me ratifiqué en que para conocer la dicha, no se necesitan muchos mimbres.

No sé qué me ha pasado. El corazón, y no mi cabeza, se ha adueñado del teclado. Quería hablar de las caléndulas, esa planta tan desapercibida para mí hasta aquel día. Pilzán lo guardaba para otra ocasión, pues dio mucho de sí. 

El caso es que almorzamos en una torreta, a la sazón, casa de campo, que Ángel y Conchita tienen próxima a Pilzán. A la vista de donde dimos buena cuenta de unas deliciosas viandas, se divisaba un buen número de pequeñas flores amarillas y anaranjadas. A mis ojos les parecieron un pequeño y atractivo espectáculo. Pregunté acerca de las flores y Conchita me ilustró que se trataba de caléndulas. A continuación, añadió que la flor de la caléndula y el aceite que se extrae de esta planta, se utiliza como remedio medicinal para la piel, tratar el acné y curar pequeños eczemas. Mientras esto me decía, acariciaba entre las palmas de sus manos unas cuantas flores de caléndula.

Cuando vuelva a ver esta flor, ya no tendré que preguntar de qué se trata. Aquel día quedó muy clavada en mis retinas, como se asentó en mi memoria mi estancia en Pilzán, con Ángel y Conchita, junto a Chema, Carmen y Gloria. Muchas gracias, amigos. 





miércoles, 10 de mayo de 2023

01114 Las Amaryllis

 LA SUEGRA Y LA NUERA


Cada vez que veo una amaryllis, no puedo dejar de sonreír. En casa de mi madre, en el balcón de su dormitorio, siempre había una de estas encantadoras plantas. Llegado el verano, la floración de la planta constituía todo un impresionante espectáculo de belleza y color. Todos los días, desde que comenzaba a aparecer el pedúnculo que culminaría con el regalo de las flores, acudíamos al balcón para constatar su progreso. Ya, con la planta en flor, las visitas se hacían más frecuentes con el fin de deleitarnos con la florida imagen. Toda admiración era poca.

Pero lo que más me llamaba la atención de esta planta era el popular nombre con la que mi madre la denomina: “la planta de la suegra y la nuera”. Lo de amaryllis lo aprendí muchos años más tarde. Era muy niño y no entendía muy bien cómo suegras y nueras tenían el privilegio de prestar su nombre a tan bella flor. Un día mi madre me lo explicó. Me vino a decir que suegras y nueras no acostumbraban a llevarse muy bien, como las flores de esta planta, que nunca llegan a “mirarse”. No acabé de entenderlo. Era un niño. No conocía ni a suegras ni a nueras y sólo veía bellas flores, aunque entre ellas se dieran la espalda. Con el paso de los años, todo comenzó a tener sentido.

Ahora, cuando veo una amaryllis, no puedo dejar de sonreír, de contemplar su belleza y de recordar a mi madre en el balcón de su dormitorio, inclinada feliz sobre la belladonna.

 




miércoles, 24 de agosto de 2022

01036 Te Cambio una Rosa

POR UN PESAR


Te cambio una rosa
por un pesar.
Piénsatelo bien,
sólo tengo dos rosas
y ningún rosal.

Te doy una rosa
por un simple penar.
Elige bien, 
sólo tengo dos rosas, 
y a mi pesar, 
ningún rosal.

Te regalo una rosa
por algo que te haga llorar.
                                                                                    Piensa, piénsatelo bien.
                                                                                    Recuerda
                                                                                    que sólo tengo dos rosas
                                                                                    y ningún rosal.

                                                                                    Te envío una rosa
                                                                                    a cambio de una aflicción. 
                                                                                    Piensa, piensa con atención.
                                                                                    Sólo tengo dos rosas
                                                                                    sin rosal.

                                                                                    Te llevaré una rosa
                                                                                    por todo lo que te haga reír. 
                                                                                    No pienses, 
                                                                                    no, 
                                                                                    ahora no.

                                                                                    Sí,
                                                                                    tengo sólo dos rosas,
                                                                                    las primeras
                                                                                    de un inmenso y florido rosal.
                                                                                       
                                                                   
                                                                                    




martes, 11 de febrero de 2020

00904 El Anturio

LA PLANTA DEL AMOR

Mirando el índice de este caleidoscopio vital, observo que tengo algo abandonada otra de mis pasiones: las flores y plantas. Así, que sin más dilación, me he dirigido al extenso archivo de imágenes de esta categoría y después de echarle un rápido vistazo no he dudado ni un segundo en traer hasta aquí al anturio. Me gustan todas las plantas, pero por esta tengo especial predilección. Será por su caprichosa formación, belleza, soberbia vistosidad y recuerdos, el caso es que me tiene ganado el corazón.

Sus flores son en realidad espatas y espádices, una especie de hoja de brillante colorido que crece alrededor de una pequeña espiga de flor.

Elegante, esbelta y tropical, se la conoce también como lengua del diablo y en el mundo anglosajón como flamenco flower. Leo que "el anthurium es el nombre genérico de unas 700 especies extendidas por casi toda latinoamérica. No obstante, su catalogación es relativamente reciente". Fue el botánico Edouard André, célebre paisajista que participó en el ajardinamiento del París decimonónico, quien la descubrió en las selvas colombianas en 1876, durante una expedición financiada por el gobierno francés.

El anturio simboliza el amor, por la forma de sus flores y hojas; la hospitalidad, por la duración de sus flores; y la amabilidad. También está considerada como la planta de la felicidad y la abundancia.





jueves, 22 de noviembre de 2018

00869 La Sansevieria

ESPADA DE SAN JORGE

Si la memoria no me falla, que todo puede ser, creo recordar que esta fue la primera planta que cuidé de manera personalizada cuando me independicé. Fue con ella y con alguna que otra especie de fácil cuidado con las que me inicié en el gusto y afición por las plantas.

Si fue la sansevieria y no otra, me imagino que sería porque es una de las plantas de interior más resistentes que hay. Lo aguanta y soporta todo, es una gran superviviente. Le da lo mismo el ambiente seco y caliente de las habitaciones, la escasa luz, el olvido del riego y el olvido en general. Siempre está allí con mayor o menor fortuna.

Llegué a tener un buen ejemplar cuyos "hijos" fui transplantando a otras macetas o regalando a quien me lo pedía. Con el tiempo conseguí una gran familia de sansevierias de decorativas y sobresalientes hojas.

Hace unos días me topé en mi caminar con una jardinera de hermosos y saludables ejemplares. Su visión me trasladó al salón de aquellos años en los que nos hicimos compañía y en los que su sola presencia relajaba la estancia con su alentador color y la caprichosa forma de sus hojas.

Intento ahora recordar qué fue de ellas cuando dejé el piso para emprender una nueva vida. No sé si se quedaron allí o les busqué otro cobijo. No recuerdo. No sé qué me da que van a volver a casa.

Por cierto, debido a sus hojas duras y punzantes, la sansevieria es conocida popularmente como "espada de San Jorge", "planta de la serpiente", "cola de lagarto" y "lengua de suegra".



martes, 23 de octubre de 2018

00848 El Ficus de Gantel

ABSTRACCIÓN Y ENCANTO


Hace tiempo que no traigo plantas a este caleidoscopio vital. He estado entretenido en otros menesteres.y cuantas plantas y flores hay en mi entorno, ya he aireado por aquí mi gusto por ellas. Tengo alguna que otra planta fotografiada a la espera de sumarse a estas diez mil cosas, pero no doy con su nombre botánico, ni con su apodo popular y ni siquiera tengo historia que contar al respecto. Solo sé de ellas que me gustan y poco más.

Algo parecido me sucedía con la planta que hoy muestro. A la vista está que se trata de un ficus, pero de este género de plantas ya hablé en algún momento. En concreto, en algún instante de mis días en el Pasaje "El Mirador", en Sariñena, donde se encontraba mi recordada por siempre Radio Sariñena. Allí, en la primera planta del pasaje comercial,  espectaculares ficus benjamina convivían, conviven,  con unas no menos espectaculares y hermosas buganvillas, bajo el cuidado y atenta supervisión de mi entrañable Juan.

Hoy, revisando fotografías, me he reencontrado con este ficus y me he propuesto no dejarlo de la mano hasta encontrar su apellido, que no es otro, si mi enciclopedia de flores y plantas no me engaña, que el de Gantel. El ficus está estrechamente relacionado a la ornamentación interior por su espectacularidad de crecimiento y fácil cuidado. Se trata de una planta muy agradecida. En el caso del ficus de Gantel, para mi gusto, tiene un valor añadido de elegancia y vistosidad, gracias a sus hojas que parecen pintarse día a día. Se me antojan como cuadros inacabados en los que la naturaleza tiene la última palabra. Sus tonalidades verdes sobre un fondo blanco amarillento le transfieren una peculiar y atractiva personalidad que invitan a una especial atención. No hay dos hojas iguales y cada una tiene su abstracción. Supongo que aquí radica su encanto y mi atención por ella.

















jueves, 6 de septiembre de 2018

00791 Los Helechos

ARMONÍA, FECUNDIDAD Y LEALTAD



Siempre que veo un helecho no puedo dejar de recordar mis días de internado en Zaragoza tras el pronto y repentino fallecimiento de mi padre.

Tras uno de los muros del patio del recreo del colegio discurría el "salvaje" río Huerva, al que se accedía por una puerta de metal. Había que pedir permiso a alguno de nuestros hermanos tutores para poderla atravesar tras explicar el oportuno motivo. Habitualmente siempre era para recoger una pelota o un balón que había traspasado el muro en el fragor del juego. Siempre había voluntarios para atravesar la puerta que conducía a una especie de jungla. Yo entre ellos. Me gustaba caminar entre los matorrales y aspirar el olor a humedad que el río desprendía. Eran también mis pequeños momentos de libertad. Se trataba dw un pequeño pero intenso paseo en el que en ocasiones se volvía sin trofeo al ver como las aguas se llevaban sin posibilidad de recuperación nuestro tesoro.

Otra de las excusas para atravesar la puerta de metal llegaba de la mano de Don Lucio, nuestro profesor de Ciencias Naturales. De vez en cuando nos mandaba encargos a los internos del colegio. Un día nos mandaba traer plantas para conocer el proceso de la clorofila o para estudiarlas y posteriormente pegarlas en un cuaderno que nos acompañaría durante todo el curso. Un cuaderno, por cierto, que todavía conservo y que precisamente lo inaugura una gran hoja de helecho. Otro día nos encargaba recoger insectos, algo que no me gustaba absolutamente nada,  o variedades de hongos que por allí proliferaban. Eran pequeñas excursiones, breves instantes de entretenida libertad que alegraban sobre manera mis días de internado.

De todas las plantas que poblaban ese pequeño y fantástico universo había una que me llamaba especialmente la atención por su esperanzador color, dimensión y frescura: el helecho. Había multitud de ellos y me transmitían tranquilidad y alegría. Desconozco el por qué, pero me reconfortaban. Ha pasado mucho tiempo desde aquellos infantes años, si bien la sensación cuando veo un helecho sigue intacta.

En alguna ocasión he llegado a tener en casa algún ejemplar pero su vida ha sido muy corta. No he conseguido que aguante más allá de algunos meses. Hace tiempo que desistí para conformarme con admirar helechos ajenos.

Dicen que el helecho es símbolo de soledad y que está asociada a la fecundidad y la lealtad. Se dice también que el helecho es un excelente protector contra energías negativas, accidentes, personas envidiosas. Además de ser el emblema de Nueva Zelanda, se trata de una planta famosa por atraer la lluvia en épocas de sequía y calor, y de llamar a la suerte y la fortuna.



viernes, 3 de agosto de 2018

00765 El Hibisco

ABUNDANCIA Y BIENESTAR

Traigo hasta este caleidoscopio vital una de mis plantas favoritas y más preciada: El hibisco. He tenido pocos ejemplares, todos rojos; tres si mal no recuerdo. El clima de esta tierra en la que habito no le es propicio, aunque también es cierto que por aquí he visto hibiscos, pocos, pero algunos tengo controlados que, maravilla de la naturaleza, se han adaptado con fuerza y parece que se sienten a gusto.

Los tres ejemplares que he llegado a tener me los regaló mi hermana María Engracia,  conocedora de mi asombro cuando vi esta planta en su casa por primera vez. Me pareció una planta hermosa, muy atractiva, sugerente, vistosa y alegre. Me sorprendió la breve vida de sus flores, apenas veinticuatro horas, apenas un lento abrir y cerrar de  ojos. Pero incluso esta breve existencia tenía su atractivo.

La primera atención del día era para ella,  con un aseo personalizado y recuento de flores de las que disfrutar a lo largo de la jornada. Era como un pequeño y  efímero micro mundo. Creo que es de las plantas con las que más he llegado a disfrutar y más orgulloso me sentía de su desarrollo hasta que llegaba el invierno y observaba con desencanto su definitiva despedida. Y sí, la echaba en falta.

Ahora me conformo con el deleite de su contemplación cuando me topo con ellas. No cuento sus flores ni aseo las plantas, solo las contemplo y dejo que me transmitan su bienestar. Es más que suficiente. Por cierto, esta flor típica del estado de Hawai y delicada belleza es símbolo de abundancia, bienestar y alegría.


martes, 5 de junio de 2018

00712 Los Lirios Silvestres

DOMESTICADOS

Han tenido que pasar dos años para que unos lirios silvestres que recogí en un día de campo y planté en una maceta de la terraza de casa me regalaran lo mejor de ellos; sus flores. Dos años de cuidados y atenciones para que finalmente, esta primavera, me obsequiaran con dos hermosas flores moradas. Creo que ha sido un premio que me han concedido por mi tenaz constancia, por perseverar en una ilusión de recuperar para mi entorno una flor de la que tan gratos recuerdos guardo anclados en tiempos pretéritos. Estaba convencido de que tarde o temprano esta flor me volvería a acompañar. Era solo cuestión de tiempo y espera.

Fueron tan solo dos varas de flores. Suficientes para disfrutarlas durante unos días efímeros. Disfrute que comenzó cuando descubrí que entre las hojas de la planta "algo" parecía querer despuntar. Eran dos varas que buscaban el cielo abierto donde eclosionar fruto y color. No se trataba de unos simples lirios silvestres. Era el recuerdo que regresaba del pasado para quedarse, una pequeña ilusión que se hizo grande cuando alcanzó la planta todo su esplendor. Parecerá una tontería, pero las apenas dos semanas que las flores habitaron en mi terraza, me parecieron como un festival de sensaciones con imágenes difíciles de olvidar.

Las flores fueron cumpliendo su ciclo vital y marchitaron un día casi sin avisar. Corté las varas, no sin antes agradecerles su vuelta al hogar. Ahora la planta despunta sus verdes hojas lanceadas en la espera, en nuestra espera, de que el color y los recuerdos retornen a brotar.

Se dice que los lirios morados transmiten un deseo que se escapa del control de nuestros sentidos. Esta flor, que emana belleza y un dulce aroma, sugiere y expresa lo que sentimos. El lirio morado representa, en el lenguaje de las flores, la justicia, la paz y el control.