PUNTO Y FINAL
Mi querida amiga, cuando en una conversación, da igual que sea seria o desenfadada, pronuncia la traída frase, se acaba el asunto tratado. Además, la pronuncia de forma tan tajante y categórica, que no hay manera, por más que uno quiera, de retomar el discurso. A mí, me pone de los nervios, ya que muchas de las conversaciones, me da la impresión de que se quedan incompletas con el esto es lo que hay de marras. Es como decir, "confórmate con lo que hay, porque no hay más remedio que aceptarlo". O lo que es lo mismo, "lo tomas o lo dejas, porque no hay otra cosa". Aún así, la sigo queriendo. A un amigo se le perdona todo, hasta la reiterada pronunciación de esta frase tan lapidaria.
No obstante, reconozco que me estoy empezando a preocupar. Yo, que soy un recalcitrante inconformista, últimamente la estoy pronunciando con relativa frecuencia. No sé si será la edad, la imposibilidad de cambiar muchas de las cosas y actitudes que me rodean, y que me desagradan, el caso es que me sorprendo recreándome con la manida frase. No diré que le estoy cogiendo gustillo a ella, pero sí que es cierto, que me relaja en según qué circunstancias. Observo que acostumbro a pronunciarla cuando no me apetece dar muchas explicaciones ni quiero discutir. Es también, como le sucede a mi amiga, mi punto y final.
Si será tan popular la frase, que hasta se ha colado en casa. Recientemente celebramos un acontecimiento familiar y la protagonista recibió un hermoso y perfumado ramo de liliums blancos. Me encanta esta flor y sobre todo, el olor que de ella se desprende. Cuando las vi aparecer por la puerta de casa, fueron por mí recibidas como un venerado huésped. ¡Qué bonitas eran! Y ¡qué bien olían!. Es una planta que me transporta a momentos muy, muy felices.
El caso es que, feliz y contento, fui a buscar un jarrón para depositar el ramo de flores y colocarlo en un lugar que se viera bien e inundara toda la casa con su perfume. Con el recipiente en la mano, oí una voz que me espetó: "¿Dónde vas con ese jarrón?". A lo que contesté: "A poner el ramo de liliums". En punto y seguido, fui informado de que el ramo salía de casa de inmediato. Miré a los ojos de mi interlocutora y pude comprobar que las flores ya habían surtido efecto despertando a su alergia. Media docena de ininterrumpidos estornudos pusieron el broche final a la mini conversación. Regresé el jarrón a su lugar de origen, hice tres fotografías a las bellas flores y antes de que pudiera plantear una solución intermedia, que siempre existe para todo, escuché: "Esto es lo que hay".
Punto y final.
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