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martes, 10 de octubre de 2023

01190 Las Peras al Horno con Queso Azul, Miel y Nueces

 SIEMPRE APROVECHANDO


Siguiendo mi máxima, heredada de mi abuela y de mi madre, de "aquí no se tira nada", descubrí, no hace mucho tiempo, una receta bien caprichosa e interesante.

El caso es que compré unas peras pequeñas, aparentemente muy apetitosas y bien de precio. Pero cuál sería mi sorpresa al comerlas, que no sabían prácticamente a nada. Y se trataba, nada más ni nada menos, que de un kilo de fruta. Tengo que reconocer, que lo primero que me pasó por la cabeza fue tirarlas al cubo de la basura. Fue un primer impulso que duró un instante, ya que la mencionada máxima, me llamó al orden.

Algo se podría hacer con tan insulsas y desafortunadas peras. Así, que me dirigí a la estantería de los libros y recortes de recetas para encontrarles una salida. Busqué y rebusqué. Me costó encontrar algo sugerente, si bien en la búsqueda, topé con un buen número de recetas de otra índole, que fui seleccionando para los días de homenaje.

La receta en cuestión, encontrada para mis pequeñas peras, tenía una pinta sensacional y auguraba un buen provecho. Se trataba de unas peras al horno con queso azul, miel y nueces. Todos los ingredientes a emplear eran de mi agrado y como soy amigo de mezclar lo dulce con lo salado, el resultado podía ser prometedor. Me puse manos a la obra, siguiendo las indicaciones precisas de la receta y... ¡justo en la diana!. ¡Un postre delicioso! El crujir de las nueces, el contraste de sabores, a pesar de que la pera aportaba poca cosa, y la potencia del queso azul, más la dulzura de la miel, hacían un combinado de los de relamerte los labios. Me gustó. 

Aunque el asunto era aprovechar las peras, me queda pendiente volver a cocinar este postre, pero con los frutos más en su punto y con sabor. Tiene que ser delicioso al cuadrado.

Ingredientes de la receta original: 8 peras de tamaño mediano y maduras, 100 gramos de nueces peladas, 250 gramos de queso azul y miel.

Elaboración: Lavar las peras, secarlas y cortarlas por la mitad, de forma longitudinal. Quitar las semillas y el corazón a las peras, procurando no romper el fruto. Colocar las peras, con la piel hacia abajo, en una bandeja de horno. Introducir la bandeja en el horno precalentado a 180 grados centígrados por espacio de 15 minutos. Sacar la bandeja del horno y colocar en el centro de cada media pera, un trozo de queso azul y nueces troceadas. Introducir de nuevo la bandeja en el horno durante unos 5 minutos o hasta que veamos que el que se ablanda. Sacar la bandeja del horno y verter por encima de cada pera una cucharada de miel. Listo para servir.



domingo, 17 de septiembre de 2023

01186 Higos y Uvas

 AL FINAL DEL VERANO


Dice mi suegra que "uvas y queso saben a beso". No he probado tal combinación, pero si lo dice ella, así será.

Yo soy más de uvas e higos, que no tienen rima, pero me lo paso pipa. Llevo un par de semanas cenando estos dos frutos. Prácticamente, desde que la higuera y la parra del huerto comenzaron a dulcificar sus frutos. Todos los días, un buen puñado de uva moscatel y siete higos. Podían haber sido seis, ocho o nueve higos, pero comencé hace ya algunos años con siete, y allí que sigo anclado. Manías.

Tanto la parra como la higuera son heredad de mi suegro, que en paz descanse. Las cuidaba como un tesoro, como todo lo que dependió de él en vida. En su ausencia, le tomé el relevo, aunque no le llego ni a la suela del zapato. Hago lo que puedo y mal que bien, cada año, y desde hace tres, voy consiguiendo que mantengan el tipo. Es lo menos que puedo hacer en su recuerdo.

Disfruto con estas cenas y también me pongo un tanto triste. Cenar en el mes de septiembre higos y uvas, significa que el verano está llegando a su fin y que pronto nos adentraremos en los días cortos de lluvias y fríos. Me gusta el estío con sus calores, olores, días de luz y largas horas de huerto, amén de otras excelencias. Pero como ser positivo se ha convertido casi en una obligación, esa tristeza es un mero atisbo, pues en menos que nos demos cuenta, llegará de nuevo la primavera y volveremos a empezar el ciclo vital. Mientras tanto, seguiré disfrutando de estas dulces y relajantes cenas, hasta que la parra y la higuera regalen sus últimos frutos.










martes, 27 de septiembre de 2022

01062 Los Placeres Mundanos

EL OASIS DE CADA DÍA


Desayunar en la terraza a cuerpo gentil, tiene para mí los días contados. Pronto tendré que volver a guarecerme en la cocina e intentar que no se me indigeste el café americano, mientras me pongo al corriente de lo que pasa en el mundo a través del televisor. Y ya me fastidia, porque desayunar al aire libre sin más sonido que el que nace en la calle, sin más información que la que se desprende del cielo y sin más horario que el de las campanas de la vecina iglesia, forman parte del listado de mis pequeños placeres mundanos, de mi oasis de cada día. Pequeños placeres cotidianos que proporcionan diminutos instantes de felicidad y que ayudan, sin ser muy consciente de ello, a afrontar el devenir diario.

Estamos, afortunadamente, rodeados de placeres mundanos que se traducen en momentos de necesitada abstracción, donde el mundo, no siempre atractivo, queda en suspenso, incluso lejano. Nada parece tan importante como ese instante en el que la dicha, la pequeña ventura, se traduce en una amalgama de plácidas sensaciones difíciles de definir.

Consciente de que los desayunos en la terraza están tocando a su fin por esta temporada, he decidido despedirlos de manera especial. Para ello, he cambiado mi habitual café americano por un generoso plato de dulce y sabrosa fruta, en recuerdo de todos los gratos amaneceres que me ha brindado este espacio en cada despertar. El cielo está prácticamente despejado, apenas blanqueado por unos viajeros cirrocúmulos. Las escuálidas y desarmadas albahacas, todavía fragantes, parecen rendirse a los vaivenes de un incómodo frío viento. De todas las voces que llegan de la calle, una, la de un niño, se hace fuerte: no quiere ir al colegio. Humphrey viene a visitarme para cerciorarse de que está todo bien. Me lame. Le doy un beso en la cabeza. Me pregunto si sabrá que es un beso de afecto. Le pregunto. Inclina hacia un lado su cabeza y levanta las orejas. Se va. En la calle una voz dice tener prisa. Yo no. He olvidado lo que son las prisas. Queda un trozo de piña y otro de melón. Cerraré el desayuno con el de melón. Es más dulce para esta momentánea despedida.

 

 

 







viernes, 8 de abril de 2022

00963 Las Fresas

 DEL HUERTO


Me enfrento en esta ocasión ante un fruto que me ha gustado toda la vida, pero con matices. Me explicaré. 

Me gustan a la vista, la alegra. Me complace su olor. De hecho, su nombre botánico, "Fragaria vesca", procede del vocablo latino "fragans", que significa, precisamente, olorosa, una de las características de este fruto. Y como no, me gusta su sabor, aunque tiene que estar en su punto justo de maduración. Cuántos chascos no me habré llevado a la hora de comprar una caja de hermosas y olorosas fresas o fresones y al llegar a casa llevarme una enorme decepción. O bien escasamente sabían a fresa o estaban en su interior excesivamente verdes. Al final acababa consumiéndolas en batidos con leche y azúcar o en un preparado que acostumbraba a hacer mi madre cuando las fresas no tenían mucho sabor. En este caso, se cortan las fresas en cuatro partes de forma longitudinal y se ponen en un recipiente al que se le incorporan un par de cucharas con vinagre y otras tantas de azúcar. Se dejan reposar veinticuatro horas y a consumir. Y es que el vinagre o ácido acético, además de actuar como conservante natural, da a los alimentos un aroma especial, y junto al azúcar, hace la ingesta de esta fruta, cuando no está madura, más amable.

Hace tres años planté en el huerto una docena de pequeñas plantas de fresas que he venido cuidando con auténtico celo. Procuro que estén siempre libres de hierbas. Máxima atención a que no se las coman los pájaros y otros animales que habitan en el huerto. Y por supuesto, cuando llega el invierno, me encargo de que estén bien abrigadas. El resultado final hasta la fecha es de pocas fresas, sesenta a lo sumo en toda la temporada, pero no pueden ser más deliciosas. Tanto es así, que no he vuelto a comprar más. Quizás sea yo en este caso algo excesivo, pero es que el sabor de estas fresas recién cogidas de la planta es excepcional. Solo una de ellas te deja en la boca su característico sabor durante largo tiempo. Tengo que reconocer que, contra todo pronóstico, se han convertido en las mimadas del huerto.

Por cierto, las fresas contienen una interesante riqueza mineral, especialmente de hierro y magnesio, además de ser excelente fuente de vitaminas C, K y ácido fólico. Ayudan a curar la anemia, previenen los problemas cardiovasculares y son una aspirina natural al contener ácido salicílico. 




martes, 8 de marzo de 2022

00945 Los Higos

ALIMENTO DE LOS FILÓSOFOS


Si hay un fruto que me transfiere paz, sosiego y serenidad, entre otras dichas, este es el higo. Será porque desde hace muchos años lo veo nacer, crecer y madurar, para acabar regalándome todo su delicioso y dulce sabor llegados los primeros días del mes de septiembre. Será por las plácidas imágenes que me trasladan de días de sol junto a un huerto que no compite. Será porque cada año espero su llegada como un acontecimiento doméstico triunfal. Será porque me entretiene el paso de sus días y ver como se desarrolla en unas pocas semanas. Verde diminuto como el botón de un abrigo. Verde que todavía te veo muy verde. Verde que va cediendo su color al morado. Morado de piel agrietada. Es el momento, mi momento. Cuatro o cinco tirones de piel y a la boca de un bocado. Dulce y delicado bocado bajo un árbol repleto de ramas, hojas, frutos y hasta de pequeñas historias. Todo un placer de lo cotidiano sin importancia en cualquier tarde del verano que ya se marcha.

Se cuenta que Galeno, médico y filósofo griego, recomendaba este fruto a los atletas como alimento básico en su dieta. Y que también se le denominaba el "alimento de los filósofos" dado el aprecio que mostraban por este fruto filósofos como Platón o Diógenes. Y es que este fruto, por cierto que si bien lo consideramos como una fruta, botánicamente es una infrutescencia, o lo que es lo mismo, la fructificación de varios frutillos dentro de los que parece un solo fruto, como las frambuesas o las fresas, tiene un alto valor energético, además de un nada despreciable contenido en fibra. Contiene calcio, es antioxidante y cuida la microbiota intestinal.

Se calcula que existen más de 750 especies de higos diferentes entre las comestibles y no comestibles.

Me gustaría contar aquí mi experiencia con los higos en la cocina, cuyo recetario es bastante amplio, pero no es posible. No consigo cocinarlos ni siquiera en ensalada. Nunca tengo acopio suficiente de este delicioso fruto.

 





miércoles, 19 de septiembre de 2018

00805 Las Uvas

CON ALGÚN PERO...


Mi gusto por este fruto comienza ya por su estética en la vid y la vistosidad de sus racimos. Llama la atención. No pasa desapercibido.

Si no fuera por mi tortuosa y desesperante relación con la uva, comería más. Me gusta, además de ser un momento entretenido. Solo la consumo llegado el mes de septiembre y el día de Noche Vieja con sus tradicionales doce unidades.

Me explicaré. Hay algunos alimentos de los que me encanta su sabor pero que por algún motivo tengo dificultad para que me pasen por el gaznate. Por ejemplo, la chufa o el coco. Los mastico todo lo que puedo, les saco toda la esencia y al final acabo sacando el resto de mi boca. No es plan.

Con la uva me sucede algo parecido. No puedo ni con sus pepitas ni con sus hollejos. Y mira que lo intento. Así,  que cuando me dispongo a comer uva necesito una preparación preliminar que es casi como un castigo. Tengo que coger grano a grano, partirlo por la mitad, desvestirlo de su hollejo y quitarle las pepitas. Tampoco es plan. Si alguna vez he hecho la hombrada de obviar la operación mencionada, y dicho lo dicho, os podéis imaginar el caos que se forma en mi boca.

Cuando tengo la oportunidad como ahora de coger las uvas de la propia parra me resulta más sencillo y no necesito tanto ceremonial. Se trata de una parra de confianza y  libre de pesticidas. Es una parra "brava". En este caso, cojo el grano, lo limpio con las yemas de los dedos y absorbo su pulpa. El resto, a una bolsa de basura. Disfruto lo que no está escrito. Una maravilla. Incluso me entreno a tragar granos, pero no hay manera. En fin, ¡viva la uva!





viernes, 10 de noviembre de 2017

00579 Los Palosantos

KAKIS


Me acabo de poner como el kiko por dentro y un poco por fuera. Estaban deliciosos. Maduros, dulces y golosos como yo los recordaba. De comer con una cucharilla, de otra forma habría sido imposible hacerlo. La pulpa estaba en su punto, gelatinosa, jugosa y sabrosa. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto comiendo este fruto. Ha habido alguna que otra aproximación, pero como en esta ocasión, me tendría que remontar lejos, muy lejos.

Desde que la conocí, y de esto hace ya varias décadas, siempre me pareció un fruto muy especial. Por su sabor tan peculiar, por su forma atomatada, por su atractivo color... y ahora, pasado el tiempo, por los gratos recuerdos que vienen a mi memoria y que no volveré a relatar pues ya fueron escritos en este blog en algún momento de su andadura.

Para mí siempre han sido kakis, pero si hoy los denomino así, es en honor y gratitud a mi amigo Juan, de Sariñena. Hemos estado un rato conversando sobre varias cuestiones, o mejor dicho, él ha hablado y yo le he prestado atención. Me gusta escuchar la voz de la experiencia pronunciada, eso siempre se nota, desde un trabajado corazón. Ahora mi amigo Juan anda preocupado y molesto por los impuestos de transmisiones patrimoniales. Uno de los muchos grandes debates de la actualidad que nos toca vivir. Ya nos despedíamos que me ha interrogado, ¿te gustan los palosantos? Vaya si me gustan, los adoro. A los pocos minutos se ha presentado con una caja de cartón y una docena de tan por mí, apreciado fruto. "Son de los árboles de mi huerto", me ha dicho con su habitual sonrisa. Nada más verlos he intuido que tenían que estar de diez. Y así ha sido, de los de recordar.

Por cierto, que he estado mirando el por qué de palosantos, y al parecer esta popular denominación tiene que ver con la festividad de "todos los santos", que cae justo durante la mejor temporada de este fruto.

jueves, 12 de octubre de 2017

00555 El Melón Blanco de Monegros

LA SEMILLA DE UNA ILUSIÓN


Recientemente fui invitado a una cata de melón blanco de Monegros, sabiendo quien me invitaba de mi gusto y afición por el melón. De la excesiva querencia por este fruto ya contaré otro día. 

Fue Nico Abadías, un joven hortelano monegrino, miembro de la Cooperativa La Sazón y miembro también de la junta directiva de la Red de Semillas de Aragón, quien me cursó la invitación. Con anterioridad a la cata, Nico me contó que se está intentando recuperar en la Comarca de Los Monegros variedades locales de productos hortícolas, casi en el olvido, y que en su momento fueron referente de las huertas monegrinas. En el caso del melón blanco de Monegros, me hizo saber que en su cooperativa vienen trabajando con él desde hace tres años, tras una petición de semillas al Banco de Germoplasma de Especies Hortícolas del Centro de Investigación y Tecnología del Gobierno aragonés, de una referencia que tenían de esta variedad de melón y cuya semilla fue recogida en la localidad de Bujaraloz.

En este momento están tratando de conocer mejor la variedad y su forma de cultivo para llevarla definitivamente al mercado. Se trata de un melón redondo, de piel amarillenta y carne blanca, muy diferente al acostumbrado y denominado "piel de sapo". El día de la cata pude comprobar que se trata de un melón grato al paladar, de carne tersa, si bien, para mi gusto, le faltaba algo de dulzor. En la conversación posterior a la cata, para eso están las catas, para aprender, observar y comentar, se me advirtió de que efectivamente, en la pequeña producción de la que se dispone había habido frutos más dulces que el por mí probado y que se estaba en el proceso de ensayo de ver cómo evoluciona el grado de azúcar.

Con Nico tuve la oportunidad después de prolongar la conversación frente a un café. Hablamos poco del melón que nos había reunido. Me interesé más por su trabajo de hortelano y agricultor ecológico. Me hablaba desde la pasión y yo le escuchaba con auténtica admiración. Me dijo que le gusta la tierra de Los Monegros, vivir allí y sentirla, y que la horticultura, aunque muy sacrificada y con mucho trabajo, le permitía salir adelante. Me hizo saber que a lo largo de todo el año cultivan cerca de 60 especies vegetales diferentes que hacen llegar a sus clientes. Y me habló sobre todo de la plena ilusión por el futuro y de la satisfacción que le produce su trabajo.

Estoy convencido de que esta desconocida y recuperada variedad de melón monegrino pronto oiremos hablar de ella, porque tanto Nico como el resto de compañeros de la cooperativa así se lo han propuesto. El melón blanco de Los Monegros no es ni mejor ni peor que otros, es distinto y peculiar, y sobre todo, encierra en su interior la semilla de la ilusión. 

¡Enhorabuena y mucha suerte!







martes, 4 de julio de 2017

00507 Los Paraguayos

DONUT PEACH


Aunque no la consumo con asiduidad, creo que está en mi top ten de las frutas. Igual es por eso, porque la como al cabo del año en contadas ocasiones y cuando lo hago, disfruto lo que no está escrito. Esta mutación de melocotón no siempre la veo en mis  fruterías de costumbre en su justo momento. O está muy verde, con lo cual la descarto, o tan maduras que hay que consumirlas a la voz de ya. Esto y que el precio se viene un poco arriba. Los paraguayos que ilustran esta entrada estaban deliciosos, en su justa madurez. Se pelaban como cuando te quitas la piel en verano por tomar el sol de forma desmedida, crujiente la mordida y de dulce sabor. Vamos, un alborozo. Y hablo en pasado porque ya no quedan.

Desde pequeño siempre me llamó la atención el nombre que se le daba a esta fruta, además de su curiosa forma achatada. Y como niño que era, en un yo me lo guiso y yo me lo como,  pensé que sería porque venía de Paraguay. He intentado ahora dar respuesta a la pregunta pero no ha habido forma de encontrarla. No he dado con  referencia alguna. Sí, en cambio, me he topado con curiosos apuntes desconocidos por mí.

Por ejemplo, que el paraguayo, también conocido como paraguaya, proviene de China, aunque también hay quien afirma que su origen se encuentra en la antigua Persia. Fuera de nuestras fronteras adquiere los nombres de pan tao, donut peach, saturn peach, saucer peaches, peento peaches o chinese flat peach.

Lo definen como el hermano gemelo de la nectarina y presenta unas características nutricionales similares a las del melocotón. Aportan grandes cantidades de agua y antioxidantes que le confieren un efecto anticancerígeno. Es rico en carótenos y vitaminas C, A, B1, B2 y B6, y contiene minerales tales como el potasio, fósforo, magnesio, azufre, hierro y calcio. Además, gracias a su contenido en fibra dietética, ayuda a regular el tránsito intestinal y a evitar el estreñimiento.

Ah! Y me encanta el olor que deja el paraguayo en mis dedos antes de lavarlos. Huelen a verano después de cenar.





miércoles, 5 de abril de 2017

00463 Los Kiwis

SÚPER FRUTA


Cada vez que veo esta original fruta, no puedo dejar de rememorar cuando supe de su existencia. Fue en Barcelona, en una casa de comidas para llevar ubicada en  la calle Balmes. Eran tiempos en los que cada mirar era un asombro y cada paso una curiosidad. Recuerdo un suculento escaparate donde se exponían albóndigas, calamares en su tinta, pollo guisado de varias guisas, canelones, espaguetis, redondos de carne, escalibada, redondos de carne, esqueixada, croquetas... todo muy aparente y apetitoso. Pero sobre todas las cosas, algo me llamó poderosamente la atención por su alegre y vistoso colorido. Se trataba de un alargado pastel de hojaldre relleno de crema y sobre el que se disponían, en perfecta y alineada formación, finos trozos de fresa, melocotón, naranja y "cosas verdes con puntitos negros", como así los referencié en aquel momento cuando pregunté a mi hermana por su identidad. Eran de un verde intenso y brillante. Muy atractivas y seductoras. Mi hermana me dijo que eran kiwis. Me hizo gracia. Como las aves.

Todavía tardaría algunos años en probar tan curiosa fruta. Donde yo vivía no se "estilaba" en las fruterías y si alguna vez hacían acto de presencia, su precio no invitaba a su consumo. Cuando probé este fruto por primera vez, me gustó. Maduro y con un sabor muy personal. Incluso la forma de comerlo me pareció divertida y original; con cucharilla. Desde aquel entonces la incorporé a mi dieta habitual.

Conocido en la antigua China como Yang Tao, el kiwi se popularizó en esta cultura no solo por su sabor, sino también por sus propiedades medicinales. Este fruto fue introducido por los misioneros en Nueva Zelanda a principios del siglo XX, y posteriormente en los Estados Unidos a finales de la década de 1960. A partir de estos años, el cultivo del kiwi creció con intensidad en todo el mundo. Hoy en día, Italia, Chile, Francia, Japón y Estados Unidos son los mayores productores de dos variedades: el kiwi verde y dorado.

El kiwi proporciona un 273% de la cantidad diaria recomendada de vitamina C y es un estimulante natural del sistema inmune que evita los resfriados y la gripe. Además, contienen buenas cantidades de vitamina A y vitamina E y limita tanto la hipertensión como la presión arterial alta. El kiwi es uno de los pocos alimentos ricos en vitamina B6 que ayuda al sistema inmunológico. El folato en el kiwi protege contra los defectos congénitos, enfermedades del corazón y cáncer. Las cantidades saludables de fibra mantienen al sistema funcionando sin problemas, lo que reduce el riesgo de diverticulitis y carcinógenos en el cuerpo. Su poder antioxidante proporciona efectos similares cuando se trata de neutralizar los radicales libres que pueden dañar las células, causar inflamación y el cáncer.

Solo una advertencia, el kiwi debe consumirse con moderación, ya que contiene fructosa, que puede ser perjudicial en cantidades excesivas.











viernes, 24 de marzo de 2017

00457 Los Fruteros

COLOR Y CONTRASTE


Parecerá una tontería, pero me gustan los fruteros. Son de esas cosas del mirar cotidiano que pasan desapercibidas. No molestan, no hacen ruido, no entorpecen, no requieren atenciones. Siempre amables y atentos con los sentidos. Ahora me gusta su color, dentro de un rato algún familiar olor atraerá mi atención y más tarde, jugar con sus redondeces y sensuales figuras como si se tratase de un tic incontrolable.

Arte y arquitectura doméstica en su efímero montaje. Color y contraste para un bodegón que jamás será inmortalizado. Fuente de capricho generoso con néctares de mil lugares que ornamenta reposada cualquier espacio vacío.

Siempre al alcance de la mano, generosos y  triunfantes, socorridos y recurrentes. Plácida compañía para los días de vigilia. Siempre en paciente espera a la mano que agradezca su dulce reposo almibarado.

Parecerá una tontería.





jueves, 23 de marzo de 2017

00456 El Aguacate

PERSEA AMERICANA


Confieso que a pesar de conocer su existencia, tardé muchos años en darle mi primer mordisco. Y no fue tal, ya que mi primera catadura fue a través del guacamole. Me encantó. Al principio, su aspecto, el del aguacate, no me inspiraba mucha confianza y cuando lo veía untado en pan se me removían las tripas. No le encontraba el aire.

En una ocasión, en una de esas conversaciones sin importancia que nos asaltan en algún tiempo muerto, alguien, casi sin venir a cuento, me empezó a hablar de las bondades de este peculiar fruto y de sus muchas propiedades beneficiosas para nuestro organismo. Que si era uno de los mejores alimentos que un deportista podía consumir. Que si era una buena fuente de ácidos grasos Omega 3. Que si era más rico en zinc y potasio que el plátano, y que mejoraba el sistema inmunológico gracias a su alto contenido de carotenoides, además de ser un buen aliado en la lucha contra la artrosis y el colesterol... Vamos, una auténtica panacéa de alimento. Me contó incluso que raro era el día que no consumía un aguacate, ya fuera en ensalada, untado en biscotes o a palo seco,  si el fruto estaba en su punto.

Tanto me caló la disertación, que un día que me cogió de buen tono,  decidí romper la barrera con el ignorado fruto. A sabiendas de su neutro sabor, me interesé por el modo de hacer guacamole. El hecho de que llevara cebolla, tomate, limón, cilantro, chile y sal, me hacía albergar alguna que otra garantía. Y sí, como he comentado al inicio, me encantó. Después probé con ensaladas: tomate, anchoas, cebolla y aguacate; cebolla, huevo duro y aguacate; canónigos y aguacate. Con el tiempo llegarían el sushi y otros preparativos culinarios que se han ido incorporando a mi dieta diaria hasta convertir al aguacate en un elemento habitual de mi colorista frutero. Eso sí, todavía no he conseguido comerlo simplemente untado en pan.




domingo, 26 de febrero de 2017

00444 Las Ciruelas

DULZURA Y JUGOSIDAD


Llevo ya un rato sentado frente a estas imágenes de ciruelas de colores y no se me ocurre nada al respecto sobre ellas. Me gustan y no sé qué más decir. De aquí no salgo. Rebusco en mis recuerdos y están vacíos de su presencia. No tienen historia, ni situación sobrevenida, ni árbol cercano al que encaramarme, ni sensación más allá de su dulzura y jugosidad. Me gustan y de aquí no salgo.

Cuando llega su periodo de esplendor pasan a formar parte del diario frutero y prestar su color para convertirlo en un seductor bodegón. Para las cenas me resultan muy gratificantes y saciantes. Bien lavadas, en plato sopero, siete u ocho ejemplares. Dependerá de su tamaño. Partidas por su mitad y desprovistas de su almendrada semilla, caen como pipas. Imagino lo que alguna mente pensará en estos momentos. Y no, no me producen el efecto imaginado. 

Tampoco en la cocina, a pesar de reconocer que es una dulce aliada, acompaña mis entretenimientos gastronómicos. Como mucho en algún relleno navideño.

Nada, que no se me ocurre nada. Me da la impresión de que no les estoy haciendo justicia. Y mira que son agradecidas ellas. Su uso continuado contribuye a vencer al intestino perezoso y a reeducar la función intestinal. Son bajas en calorías y ricas en potasio. Existen más de 200 variedades y según su color, regala uno u otro sabor. Las amarillas, ácidas y con abundante jugo; las rojas, dulces; las negras de piel azulada, ideales para cocer; y las verde, las llamadas Claudia, las que más me gustan, el caramelo de las ciruelas.

Pues nada, aquí estáis ya recogidas aunque sea de puntillas.








lunes, 23 de enero de 2017

00419 El Limón

SIEMPRE A MANO


No concibo una cocina sin limones ni un patio sin limoneros. "Partan los gajos a lo exquisito y esquizoide, y saboreen la orgía que harán tus papilar; luego griten de emoción al enterrarle el cuchillo o la cuchara y que el jugo delicioso se eleve". Ni verano de polo en palo de ácido sabor electrizante. No es un guiño, es un gesto incontrolado al contacto de las papilas con el líquido no edulcorado. "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero"

"De las frutas del solar no hay una como el limón que tenga la condición de lucir y de curar. Muy buena para aplacar la sed dura y rigurosa. La limonada sabrosa, hecha de azúcar o miel que penetra hasta la piel, con su frescura aromosa". Siempre a mano para un por si acaso. Aunque sea para adornar, para pinchar alfileres, para perfumar o para sentir bienestar solo con un mirar.

Suena bien. Unas gotas de limón, ralladura de limón, elixir de limón, un gajo de limón, piel de limón, sorbete de limón, suspiros de limón. "En un limón limonero escrita está nuestra suerte, que puede ser un 'te quiero' o bien sentencia de muerte. Lo juraste por tu madre con la luna por testigo: 'Que la sangre se me pare si no me caso contigo'. Y vivo despavorida, esperando, compañero, me des la muerte o la vida bajo un limón limonero"

Hasta aquí un mero juego de palabras, olores, imágenes y sensaciones en torno a este sugerente, llamativo y amarillo fruto que no es  mas que un preámbulo, una forma de empezar cuando no se sabe cómo hacerlo. Un fruto que más allá de su bondad, vistosidad y  simpatía es de gran ayuda para nuestro organismo, un gran disolvente de sustancias tóxicas y magnífico depurativo. Cuentan que ya en el siglo XVII, antes de que se descubriese el poder de la vitamina C, la flota inglesa en sus travesías viajaba con un cargamento de limones para evitar que los marineros contrajesen la enfermedad del escorbuto, que se produce por la carencia casi total de esa vitamina. Aparte de la vitamina C, el limón contiene vitaminas del grupo B y vitamina E, así como muchos minerales: potasio, magnesio, calcio, fósforo, cobre, cinc, hierro y manganeso; un cóctel de vitaminas y minerales que refuerzan nuestro sistema inmunológico. Buen aliado con el sistema cardiovascular, hígado, vesícula e intestinos, así como contra los catarros, inflamaciones de garganta y procesos febriles.

Estoy viendo en el frutero unos hermosos limones que me están pidiendo a gritos ser voluntarios para una buena lemon curd. Quizás mañana.











domingo, 15 de enero de 2017

00414 El Persimón

CAQUI, KAKI, PALOSANTO


Si de algún alimento me acuerdo de su  primera vez, este es el caqui. Fue en la localidad de Binéfar, en la finca de  unos amigos de mis padres. Mi padre acababa de fallecer y  mi madre y yo fuimos invitados a pasar allí un fin de semana. Tú, Engracia, te distraerás, y el crío disfrutará en el campo y en la piscina. Sí, supongo que en aquel momento disfruté de sendas propuestas pero sobre todo, lo que sí recuerdo como si fuese ayer, es de la devoción que desde aquel día profeso a un fruto por aquel entonces totalmente desconocido para mí y cuyo sabor se quedó enganchado en mi memoria gustativa.

En los límites de la finca había muchos árboles frutales, manzanos y perales en su mayoría, y unos pocos más que parecían, por sus frutos, tomateras gigantes. El tronco de estos árboles era muy llamativo por su color pardo verdoso. Sus hojas en verano se presentaban verdes y fuertes. No así en otoño que se tornaban rojas y que dejaban al árbol desnudo con la llegada del invierno para dejar al descubierto su llamativo fruto rojo. Un fruto rojo que me cautivó no solo por su peculiar sabor sino también por la forma de comerlo. Estaba tan maduro que era imposible desprenderlo de su piel, así que fui adiestrado para comerlo con cucharilla. El mero anuncio de mi madre de una nueva visita a aquella finca producía en mí una auténtica alegría festiva. Sí, el campo y la piscina, si era verano, estaban muy bien, pero a mí, lo que realmente me fascinaba, era volver a degustar esos "tomates rojos" que crecían de los árboles y que se comían con cucharilla. Desde entonces, siempre que como un caqui, ahora más persimón, regresan dulces recuerdos vestidos de sonrisa.

En mis habituales establecimientos de alimentación no suelo encontrar caquis, sí en cambio, persimón, que no es otra cosa que una variedad de caqui con denominación de origen protegida. En concreto, se trata de una variedad denominada "Rojo Brillante". El nombre de persimón es la marca comercial registrada de la "Denominación de Origen Kaki Rivera del Xúquer".

El caqui es una fruta que pierde muy pronto su turgencia. Cuando el caqui está aún verde y turgente presenta una gran cantidad de taninos solubles; un compuesto que le proporciona gran astringencia y da la sensación seca y arenosa como cuando mordemos un membrillo. En realidad, el caqui clásico y el persimón son la misma fruta. La diferencia estriba en su punto de madurez. Así el clásico se recolecta maduro y se comercializa tal cual, mientras que el persimón se recolecta semi maduro para ser sometido a un tratamiento de desastringentado. De esta manera, la pulpa del persimón se muestra dura y se puede pelar y cortar como una manzana, conservando el mismo sabor que el caqui tradicional y sin los inconvenientes habituales que produce su poca firmeza.

El cultivo del caqui se remonta al siglo VIII en China y Japón. A principios del siglo XIX llegó a Estados unidos y a España en en año 1870. El árbol del caqui es de la familia del ébano y puede llegar a medir hasta los 12 metros de altura. Se trata de un árbol caducifolio y su fruto es en realidad una baya, aunque lo consideremos como una fruta. Se recolecta en octubre.