miércoles, 11 de enero de 2017

00412 Retazos

ENTORNO AL PARQUE


Me acerco a lo más próximo, a lo más cercano de un entorno que parece ya aprendido. Me aproximo a un mosaico de colores de hojas, suspiros y espumas entretejidas a golpe de estaciones provistas de vida.

Reduzco el espacio para encontrar más belleza ya de por sí hermosa. Del todo, de pronto, en un apenas abrir y cerrar de ojos, asoma algo parecido a esa imagen que un día traje de la ladera de un monte en un otoño cambiante. Me parece estar allí de nuevo sumergido en un silencio que no hace daño y que genera hábito.

Me gustan las distancias cortas. Se aprecia mejor el sentido de las cosas, la virtud y el defecto del afecto. La perspectiva es más audaz y severa. Apenas cabe el disimulo en la cercanía. Ya habrá tiempo de nuevo cuando el paisaje se haga distancia. Al final solo son puntos de vista todo lo que aleja y aproxima.

El juego llega a su fin. Pienso que la vida es hermosa mientras una mujer, abajo en el parque, mira a unos muchachos con aire vacilante. La puerta de casa se abre de nuevo y el retazo del paisaje se abraza a lo que era, a lo que siempre ha sido, un apunte, un punto cualquiera de un todo aparente.







lunes, 9 de enero de 2017

00411 Un Disimulo Gastronómico

CREMA DE MEJILLONES


Conozco a gente que aún gustándole el sabor de un alimento, lo rechazan por su color, apariencia, textura o porque desde siempre ha sido así. Sé de personas cercanas a mí que, por ejemplo,  les encanta el ajo y cocinan con él, pero no son capaces de comerlo, lo apartan como si se tratase de un apestado cuando se lo encuentran en el plato. O por ejemplo, y estas son multitud, aquellas a las que les encanta el sabor y el olor del tomate, pero son incapaces de meterse un trozo en la boca. Es como si su ingesta les fuera a parar el corazón o helar la sangre. He visto hasta llorar ante la obligación, por autoritaria tozudez, de probar un trozo, un trocito de nada. No hubo manera. Sí en cambio, a estas personas les encanta el gazpacho, el salmorejo, los guisos con tomate, el zumo de tomate o el socorrido kétchup. C'est la vie.

El mejillón es uno de esos alimentos que no a todo el mundo le entra bien por los ojos. Su aspecto fuera de la concha que les protege, puede producir un "va de retro" difícil de vencer. En un punto y seguido a esta observación, hay quien llegado el caso, no desmerece su sabor si está bien disimulado. Y es aquí cuando entra una humilde y sencilla propuesta gastronómica personalmente testada en varias ocasiones. Tan sencillo como poner en el vaso de la batidora una lata de mejillones en escabeche, otra de mejillones al natural y una tarrina de queso fresco cremoso. Se tritura todo bien ayudado de la batidora hasta formar una crema con delicioso y suave sabor a mejillones. Su resultado se puede disponer sobre finas rebanadas de pan, tostiletes o pequeñas tartaletas saladas, e incluso untar en la crema crujientes patatas chips, bastoncillos o regañas.

A partir de la base mencionada de mejillones en lata y la tarrina de queso fresco cremoso, se pueden añadir gustos particulares; un poco de pimienta molida o una piparra o un poco de tomate frito... Es cuestión de probar y seguir disimulando.

domingo, 8 de enero de 2017

00410 El Hayedo de Betato

UNA SUTIL FANTASÍA


Dicen que es un lugar mágico y que guarda historias de brujas y aquelarres en las que se funden realidad y leyenda. Un lugar prohibido, vedado, en el que la belleza cada día asea aquí su despertar. Un bosque encantado y tocado de un encanto natural, sin artificios que distraigan su verdad. Hayas y robles centenarios prestan su arropo mientras musitan arriba, en lo más alto de su existir, un alivio de acompasado y sereno caminar.

Es el otoño la fiesta de su esplendor. Oro y grana a los pies de una verticalidad de hechizo. Solo el sol con una inhabitual timidez irrumpe en el manto estudiado de hojas caídas al amparo de un silencio desmedido. Más que un espectáculo visual, más que un recreo de los sentidos, más que el color hecho regalo;  es una llamada al alma para que se vista de sutil fantasía.

Dicen que este lugar del Valle de Tena  fue habitado por brujas que preparaban pócimas con plantas mágicas. En la localidad de Tramacastilla de Tena está documentada una "epidemia" de posesión demoníaca que llegó a afectar a casi 200 mujeres en todo el valle y que obligó a movilizar a la Santa Inquisición, que desplazó desde Madrid, por orden de Felipe IV, al Alto Aragón, para intentar aclarar estos sucesos y exorcizar a las afectadas. Documentos de la Inquisición de aquellos "autos" hablan de reuniones secretas en el bosque de Betato, donde se realizaban supuestos aquelarres acompañados de ritos y música. La leyenda   cuenta que junto a la puerta de la Iglesia hay una piedra que un día al año no puede pisarse y que quien la pise quedará embrujado.

Algo tendrá este bosque que cuanto más lo contemplo,  más hechizado me tiene.








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sábado, 7 de enero de 2017

00409 Las Patatas Fritas

HISTORIA DE UNA TOZUDA CASUALIDAD


No recuerdo ciudad en la que no me visualice disfrutando de unas patatas fritas o chips. No contemplo un verano sin dejar de tomar patatas fritas de mi listado de fabricantes preferentes, según sea el lugar en el que me encuentre. Podría hacer un mapa geográfico sólo con los nombres comerciales de patatas fritas envasadas o servidas envueltas en un cucurucho de papel.

Las patatas fritas siempre van de la mano de micro momentos de felicidad sin historia ni particularidad alguna, salvo su aceitoso crujir en un indeterminado paraje. Solas o en compañía de una cerveza;  patatas y espumosa bebida hacen un buen equipo a la hora de matar cualquier gusanillo que se pueda presentar. En el paseo urbano de una ciudad, mirando al mar sin mirar, crujiendo en una terraza sin pensar, sentado en el río cuidando de no resbalar, haciendo hora en  cualquier espera, sentado en una escalera o en un banco del parque viendo como juegan. En el cine no, que allí molestan. Por gustar, hasta mi bar de referencia de rutina fue así elegido gracias a las patatas que acompañan a la consumición.

Mientras esto escribo, mi espalda está rozando con dos bolsas de patatas con sabor a olivada. Estoy tentado en dar buena cuenta de ellas, este también puede ser un buen momento para hacerlas crujir. Pero no, hoy es mi primer día de realidad tras el desenfreno navideño. Mejor seguir escribiendo e interesarme por el origen de tan siempre caprichoso alimento.

Por lo que he podido leer, el origen de las patatas chips fue fruto de la tozudez y del herido amor propio de un cocinero y no aragonés, precisamente. Su inventor fue un tal George Crum, cocinero del "Moon Lake Lodge", un restaurante ubicado en un elegante centro turístico de Saratoga Sprints, Nueva York. En el verano de 1853, en el menú del citado restaurante figuraban las patatas fritas al estilo francés y que "Crum elaboraba de acuerdo con las normas francesas que preconizaban cortadas con cierto grosor y que tanto alabó en el siglo XVIII Thomas Jefferson cuando era el embajador de los Estados Unidos en Francia. Él fue quien popularizó la receta en América al ofrecerla a sus invitados en Monticello, y quien hizo de ella un acompañamiento popular e importante en las cenas".
En cierta ocasión, un cliente consideró que las patatas fritas de Crum eran demasiado gruesas para su gusto y las rechazó. Así, el cocinero preparó otra remesa de patatas pero cortándolas más finas. Tampoco fueron del agrado del exigente comensal. Crum, me imagino que harto y exasperado, decidió freír unas patatas finas y crujientes, imposibles de pinchar con un tenedor. El resultado no pudo ser más espectacular. El cliente se quedó sorprendido ante aquellas patatas tostadas, delgadas como el papel y hasta saladas. Otros comensales pidieron a Crum las mismas patatas, que a partir de entonces empezaron a figurar en el menú con el nombre de "Saratoga Chips". George Crum llegó a montar su propio restaurante con las patatas chips como especialidad de la casa.

En el año 1895, una vez jubilado ya Crum, William Tappendon decidió empaquetar y comercializar las patatas chips. El tubérculo, en aquel entonces, exigía la tediosa labor de ser pelado y cortado a mano.En el año 1920 llegaría el invento de la mandolina mecánica, lo que permitió que las patatas chips pasaran de ser una modesta especialidad a convertirse en un alimento tipo snack que alcanzó ventas astronómicas.








jueves, 5 de enero de 2017

00408 Los Bastones de Caramelo

DULCE MENTA


Una cabeza de cartón con los colores del parchís y media luna por sonrisa. Y un bastón de caramelo.
Una pizarra negra con cinco vocales sueltas. Y un bastón de caramelo.
Un dormir en duermevela para unos pasos que no llegan. Y un bastón de caramelo.
Un sillín para dos ruedas. Y un bastón de caramelo.
Una suave caricia ilusionada. Y un bastón de caramelo.
Un pijama de botones de los que abrochan las noches. Y un bastón de caramelo.
Un disco que canta a la libertad. Y un bastón de caramelo.
Un libro que habla del mar. Y un bastón de caramelo.
Una fragancia que recuerda una edad. Y un bastón de caramelo.
Una mirada a las estrellas con la intención de despistar. Y un bastón de caramelo.
Dulce menta, despertar dulcemente tras una noche de deseos y un bastón de caramelo.

Siempre me han llamado la atención los bastones de caramelo. No sé por qué,  pero su simple visión me relaja, tranquiliza y algo se remueve en mí que hace que me sienta bien. Su sola visión ensancha las comisuras de mis labios para sacarme una sonrisa infantil nada ensayada. Me resultan simpáticos y sugerentes. Me he interesado por conocer su origen, por saber de su pequeña o gran historia y me he llevado alguna que otra sorpresa.

En primer lugar, y contra todo mi pronóstico, no se trata de un típico producto americano. Este dulce hecho de caramelo duro con forma de bastón, tradicionalmente blanco y con barras rojas, y saborizado con menta, piperita o canela, nació en Europa, si bien no está muy claro cuando y dónde. He encontrado varias teorías y leyendas que paso a compartir.

Una de ellas cuenta que originariamente se trataba de una barra recta de caramelo blanco y elaborada por religiosos franceses en el siglo XV. La forma de bastón se la habría dado un maestro de coro de la Catedral de Colonia, quien en 1670 le dio forma de bastón para simbolizar el báculo de un pastor. Los caramelos serían después repartidos entre los niños que asistían a la misa. En torno a esta idea,  existe una leyenda popular que ubica su origen también en esa ciudad alemana y con los mismos protagonistas, aunque en esta ocasión cambia algún que otro matiz. Efectivamente, el maestro del coro encargó a un pastelero que elaborara caramelos para los niños de la ciudad, ya que armaban mucho alboroto en las celebraciones navideñas. Para justificar el dulce durante los oficios, el maestro pidió que tuvieran forma de bastón para recordar a los niños los pastores que visitaron al Niño Jesús o simbolizando al mismo Cristo en su papel de pastor. Otra teoría dice que la forma de bastón se la dio la gente de Alemania para adornar de forma funcional el árbol de Navidad.

En Suecia se narra la historia de una joven viuda que en 1859 comenzó a fabricar los caramelos en su casa para poder mantenerse ella y su hija, logrando obtener una licencia de fabricación de parte de las autoridades, hecho único en aquel tiempo. El caramelo se popularizó en toda la región sur de Suecio y sólo comenzó a decaer con la aparición de la fabricación industrial de las manzanas caramelizadas y los bombones de chocolate. No obstante, los bastones de caramelo siguen siendo parte de la tradición navideña sueca.

Lo que sí parece claro es que los bastones de caramelo fueron creados en Europa y que llegaron a tierras estadounidenses a través de la inmigración. No sería hasta finales del XIX cuando el candy cane empezó a estar asociado con las festividades navideñas.










miércoles, 4 de enero de 2017

00407 La Casa de Botines en León

GAUDÍ


Acabo de ordenar y clasificar las imágenes que recogí en el pasado mes de mayo en nuestro viaje familiar a la hermosa y acogedora ciudad de León, invitado por nuestra amiga y leonesa Ana Aller, y quien sumó en su persona las veces de anfitriona y cicerone.  ¡Qué cantidad de cosas que me gustan he podido enumerar! Algunas ya las he mostrado en este caleidoscopio vital. Otras irán apareciendo, según me lo vayan reclamando los sentidos.

Me apetecía traer aquí y ahora una de esas muchas cosas. No acababa por decirme hasta que he recordado el simpático y breve monólogo que mantuve con el gran Antonio Gaudí, sentados en un banco ubicado en frente a una de las tres obras que imaginó y construyó fuera de Cataluña: la Casa Fernández y Andrés, conocida popularmente como Casa de Botines. 

La primera visión de este edificio neogótico con influencias propias de Gaudí, me deslumbró tanto por lo inesperado en mi urbano caminar como por su espectacularidad y belleza. La cámara fotográfica me pedía una y otra vez que la acercara a mi ojo. Una fachada, una ventana, un torreón, un pináculo, buhardillas, un contra picado de su faz principal, un detalle, otro y otro más, la recia piedra... Me enganchó el fantástico edificio que por un momento me recordó a una construcción de Exin Castillos.

El edificio, declarado Monumento Histórico en el año 1969, fue construido entre los años 1892 y 1893, y es en la actualidad propiedad de Caja España que lo habilitó para su sede central. Según información que en ese momento recogí, mientras Antonio Gaudí se encontraba terminando la Casa Episcopal de Astorga, Eusebio Güell, amigo y mecenas, le recomendó para que construyera la sede de una empresa textil en el centro de León. Simón Fernández y Mariano Andrés, propietarios de la empresa que antes fuera de Joan Homs y Botinas, de ahí el apodo del edificio, encargaron al arquitecto catalán la construcción de un edificio de viviendas con almacén. Gaudí diseñó un palacio con aire medieval y numerosas características del neogótico que reforzó con cuatro torres cilíndricas rematadas con pínáculos que instaló en cada una de las esquinas.

La construcción se realizó en tan solo diez meses, lo que dio pie a que la población local extendiera rumores sobre la fragilidad del edificio y su posible derrumbamiento. Indignado Gaudí, solicitó un informe técnico para frenar la falta de confianza de los ciudadanos. Los ingenieros no encontraron indicios sobre problemas de estructura, quedando así desmentidos los rumores.

El edificio consta de cuatro pisos, un sótano y un ático: los sótanos para almacenamiento de mercancías de la empresa textil, la planta baja para oficinas, viviendas de los propietarios en el primer piso y el resto de plantas para alquiler.

La entrada principal está coronada por una escultura de piedra de San Jorge, que muestra cómo éste mata un dragón con una lanza. Durante unos trabajos de restauración en el año 1050, los trabajadores descubrieron un tubo de plomo dentro de la escultura en cuyo interior se encontraban planos originales firmados por Gaudí y recortes de prensa de la época.

Sobre el contenido de la perorata que le lancé al afamado arquitecto mientras pensativo tomaba unas notas en un banco, mejor lo dejaré para otra ocasión.













lunes, 2 de enero de 2017

00406 Las Nécoras

ANDARICAS


Ningún alimento conviene degustarlo a la carrera, no se disfruta. Pero si hay uno que requiere más parsimonia a la par que destreza, éste es la nécora. Y mejor en compañía, el entretenimiento de su ingesta es más amable y placentero si cabe.

Marisco de ritual cuya sola visión me transporta a recordados fines de semana de mesa y mantel en Bilbao, cuando el Puente de Deusto todavía desplegaba sus alquitranadas alas para dejar paso a los "plateneros". Agua fría y con sal,  y en el momento en el que comience a hervir, contar de 4 a 6 minutos en función del tamaño de la nécora de aterciopelado caparazón. Dejar enfriar.

El ritual prosigue con su sabrosa y pausada degustación. Primero las patas. Una a una, como las pipas. Que trabajen los incisivos. Cras, cras, cras. Las pinzas es otro cantar. Que actúen molares y premolares. No hay palabra alguna, sólo miradas de asentimiento. Momento de abrir el pequeño bocado de mar. De nada vale la fuerza bruta, ni para lo que nos ocupa ni para nada, maña y buen hacer se hacen aquí necesarios como en todo. Desprendido el cuerpo del caparazón, una cucharilla limpiará el resto. A partir de aquí, dedos y dientes se pondrán a trabajar para hacerse con la blanca y delicada carne mientras el mar se adueña de todas y cada una de las papilas gustativas. La distracción no ha hecho nada más que comenzar.

Abstenerse impacientes y perezosos.