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martes, 16 de julio de 2024

01410 La Villa de Ansó

"UNO DE LOS PUEBLOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA"


Este caleidoscopio vital quiere llevarme a la atractiva y encantadora Villa de Ansó, lugar declarado Conjunto Histórico-Artístico y uno de “Los pueblos más bonitos de España”.  Ajena al paso del tiempo, se hermosea en el Pirineo aragonés más occidental, cerca del límite con Navarra.

En la distancia, nada más ver la población, capitaneada por su iglesia de San Pedro, algo te dice que la visita al lugar no va a decepcionar. Y así es. Pasear por sus calles de piedra, salidas al paso, y admirar la belleza de su cuidada y sólida arquitectura tradicional es todo un aliciente, más que suficiente, para que en la despedida te lleves un grato recuerdo.

De origen medieval, Ansó es un referente de la provincia oscense y cuyos vecinos han sabido preservar su esencia, ya no solo en materia arquitectónica, sino también en lo referente a sus tradiciones. Sus calles de piedra y construcciones de piedra, madera, forja y teja, materiales propios del territorio en el que se enclava la villa altoaragonesa, hacen de la visita un auténtico regalo para los sentidos.

La visita a Ansó tiene que ser pausada, muy observante de cuantos detalles jalonan el paseo por la pintoresca villa. No puede ser de otra manera. Como cada lugar, Ansó tiene sus destinos obligados para conocer o aproximarse a su patrimonio e historia. En este listado hay que escribir la iglesia de San Pedro; un centro religioso del siglo XVI de gran volumen. “En su estilo arquitectónico se perciben elementos defensivos, fruto de la conflictiva época en la que se construyó el templo. En su interior conserva un interesante retablo Mayor de estilo barroco. La torre medieval, del siglo XVI; uno de los elementos más conocidos de la localidad. “Declarado Bien de Interés Cultural, es el lugar donde, según la leyenda, permaneció presa la reina Blanca II de Navarra, una ves desposeída del trono. Formó parte de una red defensiva conformada por varios torreones construidos en los siglos XV y XVI, relativamente convulsos en el Alto Aragón”.

Otro de los lugares de interés y muy especial para los ansotanos es la ermita de la Virgen de Puyeta. Se trata de una pequeña y sobria capilla rural, ubicada a las afueras de la localidad. “Está dedicada a la Virgen de Puyeta, patrona del valle de Ansó. Cada 8 de septiembre, día de la virgen, se celebra una romería que conduce a cientos de personas” hasta este emblemático lugar.

Para conocer mejor la realidad local es imprescindible visitar sus museos. Así, ubicado dentro de la iglesia de San Pedro, se encuentra el Museo Etnológico y de Arte Sacro. “Se trata de una completa colección de objetos etnográficos de la zona, desde trajes a telares, cerámica, muebles y demás objetos tradicionales, que se complementan con importantes piezas de carácter religioso que abarcan desde el siglo XVI hasta el XVIII. Sirva de ejemplo la bula del papa Gregorio XIV en la que concede a Ansó la patrimonialidad de la villa”.

Si se quiere conocer lo que es el Parque Natural de los Valles Occidentales, lugar donde se encuentra la localidad, hay que visitar el Centro de Interpretación de la Naturaleza. Y, por último, y con especial atención por cuanto significa de apego y cuidado por la tradición, muy recomendable la visita al Museo del Traje de Ansó, donde se muestra la evolución de este traje, uno de los más antiguos de Europa. (En este blog está recogido tan atractivo y vistoso traje en su entrada número 01360). Tan singular museo se encuentra ubicado en la ermita de Santa Bárbara. El último domingo de agosto se celebra la Fiesta del Traje Típico Ansotano, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Ese día, los ansotanos abren sus baúles para mostrar a los visitantes la belleza de sus trajes tradicionales y recrean en sus calles el modo de vivir de sus antepasados.

Como broche final a tan atractiva visita, muy recomendable comer los platos típicos de montaña en bares y restaurantes como el Berari, el Dimboa o el Maiberallas, o en las bordas Arracona o Chiquín, antiguas casas de campo, reconvertidas en sugerentes restaurantes donde degustar y disfrutar de unas excelentes migas a la pastora o asados de carnes.

No es gratuito que Ansó sea “Uno de los pueblos más bonitos de España”.

 










sábado, 25 de mayo de 2024

01353 La Plaza Mayor de Graus

BELLEZA QUE CONQUISTA


La Plaza Mayor de pueblos y ciudades tiene un atractivo especial, no solo por su habitual belleza, sino también, por todo lo que representa. Este espacio público hace referencia al lugar de convivencia, encuentro y esparcimiento de los vecinos del lugar, además de ser un destino turístico por su atractivo histórico y monumental.

A estas plazas se les denomina “mayores”, ya no solo por el gran espacio que ocupan en la localidad, sino porque que aquí se desarrollaba, en el día a día, la mayor parte de la actividad de la urbe. En España, un buen número de plazas mayores siguieron una ordenanza de los Reyes Católicos, en 1480, que obligó a la creación de los ayuntamientos en estos espacios. Otras, surgieron de forma espontánea a raíz del establecimiento de mercados. Según he podido leer, “la primera plaza mayor planificada fue la de Valladolid, en 1562. Felipe II mandó a Francisco de Salamanca que reconstruyera la antigua plaza del Mercado. Lo hizo realizando un conjunto urbanístico compuesto por una planta baja porticada, que favorecía el comercio en días de lluvia y, en la parte superior, edificios para vivienda”.

La segunda plaza mayor con una arquitectura uniforme fue la de Madrid. Las obras se iniciaron el 2 de diciembre de 1617, por decisión de Felipe III de reformar la antigua plaza del Arrabal y convertirla en una plaza propia de la villa y corte.

Con esta breve introducción al significado social de la plaza mayor, traigo hasta este caleidoscopio vital una plaza mayor muy querida por mí, ya no solo por su belleza, sino por el buen número de vivencias personales de las que ha sido testigo. Se trata de la Plaza Mayor de Graus, declarada de Bien de Interés Cultural en 1975.

Su origen data del siglo XVI, coincidiendo con el crecimiento de la villa altoaragonesa y con la necesidad de abrir un espacio de confluencia social y económica. Bajo sus arcadas de medio punto, ojivales o adintelados fluyó la ajetreada vida comercial de Graus y se elevaron los ejemplos arquitectónicos que ahora resaltan por su belleza.

Su estructura en forma de pentágono irregular, agrupa tipos de arquitectura muy tradicionales. El complejo, restaurado hace escasos años, lo forman el Ayuntamiento grausino, junto con la Casa del Barón, Casa Heredia, sede la Comarca de la Ribagorza, Casa Bardaxi, Casa Capucho o Casa Loscertales. Esta magnífica plaza se ha convertido en la actualidad en un gran foco de atención para quienes visitan la villa, y lugar de ocio y escenario principal de la vida y tradiciones locales, como la popular Mojiganga. Su belleza ha conquistado a importantes artistas, entre estos al pintor Ignacio Zuloaga, quien después de conocerla, no dudó en plasmar uno de sus lienzos sobre una de las fachadas de la plaza.

Su peculiar belleza y encanto, llevó a los responsables publicitarios de la marca de pasta fresca “Pastas Rana”, a transformar la Plaza Mayor de Graus en una típica plaza italiana para rodar dos anuncios televisivos. También, Lotería Nacional se fijó en este enclave para rodar un anuncio en el verano de 2015 y su slogan “¿Y si cae aquí el Gordo de Navidad?”.

El séptimo arte también ha traído hasta aquí sus claquetas para rodar la comedia española “Villaviciosa de al lado”, dirigida por Nacho García Velilla, o “Al otro lado del túnel”, de Jaime de Armiñán.

La última vez que disfruté de esta plaza fue haciendo un doblete pausado. Por la mañana, tomándome un café americano en una terraza; por la noche, deleitándome con una caña en esa misma terraza, acompañado de una ligera lluvia y de las luces de la plaza que la hacían más bella y atractiva, si cabe. 

Ya tengo plan para estos días en los que te preguntas: Y hoy, ¿Qué se puede hacer?

 

 
















viernes, 2 de octubre de 2020

00927 Ortilla

PLACENTERA VISITA


Mi empeño por conocer todas y cada una de las localidades de la provincia oscense me lleva hoy hasta Ortilla. Como sucede siempre en estos casos, voy provisto de mi cámara fotográfica, mi cuaderno de sensaciones y con los ojos de reconocer y admirar.

No sé cuántas veces habré pasado a su vera sin llegar a detenerme para prestarle la debida atención. Nunca hasta hoy había sido destino, interesante y grato destino, y que gracias al objetivo que un día me marqué, el olvido se convierte ya en recuerdo.

La pequeña localidad, que comparte municipalidad con la vecina población de Lupiñén,  se encuentra a unos veinte kilómetros de la capital oscense, en la vega del río Sotón y próxima al embalse de La Sotonera. 


  


Antes de adentrarme en su casco urbano, mis ojos fijan su atención en una preciosa iglesia que se me antoja como una amable bienvenida. Uno de los bancos apostados a la entrada del edificio invita a sentarme en él y a sacar el teléfono del bolsillo para conocer algo sobre la atractiva y bien conservada construcción. Para ello acudo a la siempre recomendable web de Antonio García Omedes www.romanicoaragones.com. Comienzo a leer: "A pié de carretera se halla su templo parroquial dedicado a San Gil Abad. Su datación original se remonta a finales del XII. Fue diseñada en principio como iglesia de nave única, seguramente rematada en ábside semicircular. En el siglo XVII se sustituyó su cabecera por otra que le confiere planta de cruz latina a base de testero plano y dos capillas laterales con elevación en el transepto de linterna sobre pechinas edificada con ladrillo, todo ello en mampostería salvo los pilares, más cuidados, que sustentan arcos torales y formeros. Al mismo tiempo que se remodelaba la cabecera, se recreció el tempo con una "falsa" corrida circundada con ventanales al estilo de los edificios nobles aragoneses".


                 


La mañana es cálida y el sol parece querer aliarse con mi lectura. Continuo leyendo mientras mis ojos comparten conocimiento con su traslación de lo leído a las centenarias piedras. Me parece fascinante. "La portada del templo se halla a los pies del muro sur en un cuerpo ligeramente adelantado. Se compone de cuatro arquivoltas doveladas alternativamente de arista y bocel enmarcadas al exterior por guardapolvo. Apean mediante imposta corrida en tres pilastras y dos capiteles con sus columnas. Dichos capiteles son de motivos geométricos de estilo ya tardío. Son curiosos los del lado este con su mitad superior -labrada- de mayor diámetro que la inferior como si fuese un segundo ábaco. En el más exterior quedan vestigios de dos deterioradas caritas. La zona interior de la cesta, de menor diámetro, tiene una sencilla decoración geométrica a base de sucesivos círculos secantes". 

Por un momento me siento dueño y señor del lugar a falta de paisanaje. En el tiempo que llevo sentado a los pies de la iglesia no he visto alma alguna. No sé la hora que es y tampoco me importa demasiado. Estos pequeños instantes hay que vivirlos y disfrutarlos sin marcajes, ni tan siquiera horarios. "Muchos de los sillares del templo románico, tanto al interior como al exterior, lucen las habituales marcas de cantero, pero hay uno hacia la mitad del muro sur, a la altura de los ojos, que llama mi atención al haber en él una firma en su ángulo inferior izquierdo. Parece leerse 'donamxho'. Es interesante porque acaso pudiera ser una firma de autoría del templo, a pesar de que no se acompaña del habitual 'me fecit'".



Se está bien, estoy bien, pero es momento de proseguir con la visita. Mis pasos se dirigen ahora hacia un gran edificio de aparente abandono y que bien pudiera hablar de días de esplendor. Resulta ser la casa del General Felipe Perena, un destacado militar oscense que tuvo un importante protagonismo en las contiendas bélicas acaecidas por estas tierras entre finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX. En la fachada de la señorial casa hay una placa en la que se puede leer: "El Instituto de Estudios Oscense, en homenaje al Excmo, Sr. D. Felipe Perena, Teniente General de los Reales Ejércitos de España, héroe de la Independencia Patria e ilustre hijo de Huesca. 2-11-MCMLIX".

Mi siguiente destino antes de adentrarme en las calles de Ortilla es un curioso muro de sillares de piedra y que según se lee en un panel informativo ubicado a la entrada de la localidad, es un frontón del siglo XVII. Toda una sorpresa.

El trazado urbano de la pequeña localidad es de calles anchas, rectas y limpias. Sus casas presentan buena sillería y algunas muestran piedras armeras en sus fachadas. El silencio acompaña mi pausado caminar. Sigo sin saber qué hora es, pero algo me dice que es el momento de atender mis obligaciones familiares. Me hubiese gustado concluir el recorrido con la visita, por razones obvias, a la ermita de Nuestra Señora de la Garganta. Desde una cruz de término, respirando tranquilidad y con la mirada puesta en el horizonte al pico de Gratal, me comprometo a una próxima y pronta visita para completar el circuito. Me he sentido muy a gusto.


martes, 10 de abril de 2018

00660 Barluenga

PASABA POR AQUÍ

Vuelvo a la sierra de Guara y sus aledaños. Regreso para recrear horizontes y tamizar ánimos en tierra queda y sin sobresaltos. Acudo a la llamada de un paisaje que atrapa entre rocas, ocres y verdores, un asombro que ya traía puesto de casa.

Murmuran las aguas de una fuente cercana como murmuran dos vecinos a la puerta de una casa. Se me antojan vigías a la entrada de un pueblo que me resulta atractivo. Edificios de piedra sillar, de apacible apariencia, mimetizados a un paisaje al que no quieren perturbar. Las calles huelen a limpio, a día de colada. Pronto, a no mucho tardar, el olor será de brasa, de cocina de puchero que sabe a tradición lenta y honrada.

La iglesia parroquial de San Miguel eleva campanas sobre el pequeño pueblo que quiere proseguir su historia. La visita es breve y la estancia se hace grata entre portalones, floridos rincones y un "sin pecado concebida". Se trataba de pasar por aquí, coger cuatro detalles, cumplir un objetivo y dejar un saludo cortés en la despedida.








jueves, 29 de marzo de 2018

00650 Fornillos

DE APIÉS

Prosigo en mi empeño por conocer todos y cada uno de los núcleos de población de la provincia oscense. Sesenta años han tenido que transcurrir, y un propósito, para que me acercara hasta Fornillos, una pequeña localidad a tan solo cinco kilómetros de Huesca. Se incorporó al municipio de la capital oscense en la década de 1970 y tiene el añadido de Apiés, para diferenciarlo de otro Fornillos que se localiza en las proximidades de Berbegal.

El pequeño municipio se recorre en un santiamén, algo más prolongado por pequeños detalles que llaman mi atención; un picaporte, la celda de una ventana, puertas con arco de medio punto, el olor a día pre festivo o la iglesia parroquial de Santa Águeda levantada en el siglo XVIII, de una sola nave distribuida en tres tramos. En la plaza se amontonan troncos, leña y madera. Se aproxima Santa Águeda, día de reunión en torno a una hoguera para los pocos vecinos y algún allegado que se dejará caer para seguir la tradición.

El día es limpio, luminoso y plácido para un saludo al alcalde y una breve conversación con una laboriosa y provisional vecina que se ha acercado hasta su casa para "darse una vuelta y limpiar un poco". El pueblo no es "gran cosa", me dice, pero "se está bien", prosigue. Y por supuesto, "no lo cambiaría por nada del mundo". Es normal, pienso. La querencia y el apego a la tierra de uno, a las cosas y vivencias, al latido de los días de uno, nunca se deben renunciar ni darles la espalda.

Y al fondo, vestido de luz, el Salto de Roldán; dos pétreas moles de leyenda que abren al paso hacia una sierra siempre admirada, la de Guara.






jueves, 8 de febrero de 2018

00635 El Valle de Tena

CON NOMBRE DE COBIJO


Al margen de su indiscutible belleza, encanto y singular atractivo, este valle altoaragonés tiene para mí un especial significado que me obliga a mirar y pensarlo de manera también peculiar. Fue aquí, en aquellos días del despertar a la vida con los sentimientos, emociones y atenciones algo revueltas, despistadas e incontenidas, donde comencé a apreciar y valorar el regalo de la existencia. Aquí tendría que ir a buscar los primeros sueños que confié a las estrellas, los primeros besos sentidos en la desnudez no solo de palabra y los segundos vómitos de una embriaguez inesperada.

Aquí fue donde puede aprender a retener en mi siempre frágil memoria,  nombres pronunciados de siluetas vigías de un paisaje perfumado de querencias: Foratata, Telera, Tendeñera. Días de asombros en cada paso, en cada mirada, en cada sentir de las humildes incursiones en un territorio que llegué a hacer mío. Sallent, Lanuza, El Pueyo de Jaca, Tramacastilla, Biescas, Hoz de Jaca, Panticosa... vida en piedra sobre piedra esperanzada. Y en cada escapada, una emoción archivada al regreso.

Aquí, en este limpio valle con nombre de cobijo, aprecié el significado del color y del contraste y del sonido del agua en calma. Acaricié músicas, degusté apetitos de pastores, admiré siglos recuperados, respiré dichas entre verdores y brumas. Y aunque nunca se lo he dicho, aquí aprendí a querer a una tierra que desde entonces ha dejado de ser ajena.








viernes, 2 de febrero de 2018

00630 En Algún Lugar de Villalangua

PALABRAS PARA UN PAISAJE

En algún lugar de Villalangua descansa el tributo de la dicha que aguarda paciente las horas del día entre musgos, copas y caminos empedrados. Lugar de ensueño de verde cielo y azul florido en las horas de descanso. El silencio arrulla, que no estremece, el idilio de un paisaje armonioso de veredas y de árboles que parecen gigantes a pesar de su realce.

Todavía oigo las risas de una mañana de sol sobre un mantel tendido. Todavía puedo escuchar el sonido del asombro ante el hallazgo entre la tierra y a qué suena la precaución ante un cazador con rifle en bandolera. Todavía alcanzo a recordar el beso almibarado entre dos árboles que no se alcanzaban, mientras el tiempo se hacía aire entre filigranas doradas.

En algún lugar de Villalangua aguardan los suspiros prendidos en las ramas de un húmedo bosque anclado en un paisaje tocado por una sutil y sentida calma. Suspiros de dicha, suspiros por nada, suspiros que esperan un nuevo regreso antes pronto que mañana.