jueves, 22 de febrero de 2018

00648 El Olor a Hierba Cortada

NADA ES PERFECTO


Soy muy de olores. Tengo buen olfato y me cuesta muy poco identificar su procedencia. Determinados olores me producen pequeños instantes de felicidad o me transportan a momentos agradables vividos. Supongo que la química o las sustancias de las que se componen esos aromas tendrán buena culpa de ello. Yo soy más superficial que todo eso y me quedo con el mero hecho de respirar su fluido y hasta de disfrutarlo. 

En este caleidoscopio vital ya he dejado constancia de algunos de ellos. Pero si hay un olor que me produce un intenso bienestar y es capaz de anestesiar cualquier desazón, este es el que emana de la hierba recién cortada. Lo tengo más que comprobado. Es el flautista de Hamelín de mis olores. Olor a limpio, verde de emoción en un transitar cualquiera, aplauso incontenido de un siempre despierto sentido y me paro a respirar para hacer acopio de una vitamina necesaria y amiga...... Pero stop, se acabó el encanto del verde olor a campo, a jardín y a amanecer en algún rincón soñado.

Acabo de leer en la revista digital ecodiario.es que "el olor a hierba recién cortada no es tan maravilloso como piensas". Según el artículo referido, "el olor fresco de un césped recién segado significa que la hierba está tratando de salvarse de la lesión que se acaba de inflingir". Al parecer, "cuando las plantas se ven amenazadas liberan compuestos químicos que se esparcen en el aire". "Se ha podido confirmar mediante un estudio que las plantas pueden usar estos compuestos para comunicarse, avisando a otros entes cercanos sobre el peligro que están experimentando".

"Un grupo de científicos alemanes se percató de que las plantas dañadas liberan compuestos orgánicos llamados GLV. Además de emitir un olor "verde" específico, el GLV ayuda a generar nuevas células para curar heridas, prevenir infecciones bacterianas y emitir compuestos químicos para evitar más daños. Algunos compuestos GLV son señales de socorro, sugiriendo que las plantas tienen una forma de lenguaje basada en la liberación de estos compuestos químicos. Estas plantas tienen la capacidad de modular las señales que envían para avisar del tipo de ataque que está sufriendo".

En fin, no hay nada perfecto. Tampoco mi atractivo olor a hierba recién cortada.




miércoles, 21 de febrero de 2018

00647 El Ojo Turco

NAZAR

Desconozco si este abalorio de mal de ojo surte efecto, pero me gusta. La azulada gota de agua me relaja y de hecho, se ha convertido en un ornamento más de mi visión diaria a través de un gran ojo colocado en el salón de casa y de una decena de diminutos ojos colocados dentro de un recipiente de cristal en la cabecera de la cama. Será por amuletos.

Ojos turcos los hay de varios colores. De momento, mi relación es con el de color azul, que es el símbolo del buen karma, asociado al agua y vinculado con las buenas energías. Es, por otro lado, el color más usado en el ojo turco.

El ojo turco es un amuleto que también se denomina "nazar" y es de cristal construido a mano. Desde hace mucho tiempo, se ha venido considerando en diversos lugares del mundo, sobre todo en Turquía, como amuleto que protege de los malos augurios y del mal del ojo. Muchos turcos tienen adornos de este tipo en sus domicilios e incluso los portan a modo de pulseras, tobilleras o colgantes. No se trata de un amuleto que se utilice para atraer la suerte o para tener éxito en la vida, sino lo que hace es proteger al que lo lleva o las estancias de contaminadores exteriores. En general, se suele usar también para protegerse de las malas vibraciones, de las personas que quieren hacernos daño y de todos aquellos elementos externos que tratan de romper la unidad familiar o perturbar la tranquilidad personal.

En Grecia se conoce como el ojo griego y se utiliza contra la influencia negativa de la envidia o el mal de ojo. Según la tradición, en tiempos de Babilonia, los malos sentimientos del ser humano se proyectaban a través de la parte más expresiva del cuerpo, los ojos.

lunes, 19 de febrero de 2018

00646 Las Citas a Ciegas

CON LOS LIBROS


Desde la biblioteca municipal de Sariñena se nos propone para estos días una “cita a ciegas con un libro”.  Una original idea que cumple su tercera edición y que en esta ocasión también cuenta con los lectores más pequeños. Tras una selección de medio centenar de títulos, en su mayoría de autores poco conocidos o menos prestados, los ejemplares son envueltos en papel de regalo. Se puede decir que son libros “sorpresa”, que no se descubren hasta que el lector los ha solicitado. Según la bibliotecaria del centro, Luisa Casañola, “la temática es muy variada y se da la oportunidad a nuevos géneros y autores, así como una segunda oportunidad a determinados libros”.

Con esta iniciativa se pretende que el libro encuentre su lector y que el lector encuentre su libro.  Me gusta la propuesta de mantener una cita a ciegas con los libros. Nunca se me hubiese ocurrido una cita a ciegas con la palabra, el sentimiento, el verso, la tradición, la fantasía, la intriga, el amor o el desamor, el apego, la confesión, la vivencia personal... y además, una cita envuelta en papel de regalo. Nada se sabe de ellos, ni de su decir, ni una reseña, ni un sugerente título, ni una portada que nos pueda atraer o atrapar. Nada, solo que están allí en espera de una cita.

Una cita atractiva y poco arriesgada, que ya no estamos para sobresaltos ni para aventuras descontroladas.




00645 Los Pimientos Asados con Ajo

VERSATILIDAD

Recojo aquí la versión más humilde de los pimientos asados; simplemente con ajos. Humildad, sabor y versatilidad para una propuesta gastronómica, que en una ocasión leí cómo era clasificada en el apartado de "cocina para novatos". Y así es, este puede ser un buen principio para que cualquiera se pueda familiarizar con la cocina, cogerle el gusto y disfrutar de uno de sus muchos aromas.

Tan sencillo como asar unos pimientos al horno, quitarles la piel y las semillas de su interior y trocearlos en tiras longitudinales. Freír en una cazuela unos ajos en aceite de oliva virgen, si nos gusta el picante podemos incorporar un par de cayenas,  y cuando estos empiecen a coger color, añadir los pimientos y sazonar. Cocinar unos minutos a fuego medio, y como se dice ahora, y ya.

No queda más que disfrutar y saborear de tan sencillo preparado. Como aperitivo, entrante, a modo de montadito, como acompañamiento a carnes y pescados, en ensalada, para un pica pica, en verano,  en invierno o en las estaciones intermedias, en comidas, cenas o para matar el gusanillo entre horas. Siempre a mano y siempre dispuestos.


domingo, 18 de febrero de 2018

00644 Pajaritas Marineras

PAJARITAS DE PAPEL

Volaron o se las llevó el aire. Quisieron conocer mundo, respirar otros aires con sabor a sal y espuma blanca o llevar perfúmes de verde albahaca a un hogar donde el recuerdo las aguardaba. Bajaron de su verde pedestal del paseo de un parque para para jugar con el vaivén de la libres olas o llevar los juegos de una infancia todavía deletreada."¡Oh pajarita de papel! Águila de los niños con las plumas de letras sin aplomo y sin nido".

Volaron para quedarse a jugar con el mar, con un  niño y un barco de madera.

En el parque Miguel Servet de la capital oscense se localiza uno de los símbolos de la ciudad de Huesca. Se trata de una obra del artista oscense Ramón Acín, (1888-1936) que dejó como legado a su ciudad natal: el monumento a Las Pajaritas. Dos grandes y blancas figuras de papiroflexia dispuestas una enfrente de la otra y que se asientan sobre unos cubos. "Cuando el Ayuntamiento de Huesca dio a conocer el proyecto de construir un parque para la ciudad, Ramón Acín escribió un artículo en el Diario de Huesca (6 de junio de 1927) elogiando la idea, y pensando, como sensible pedagogo que era, en los niños. ´Las aguas, las escuelas, los árboles. He aquí los tres problemas capitales de la ciudad. Todo para los niños; la higiene, la cultura, la alegría y la salaud. Los niños son la única esperanza de un mañana mejor".

Ramón Acín fue ilustrador y diseñador gráfico, pintor y escultor, autor de numerosos artículos en prensa y revistas de Huesca y Barcelona, profesor de Dibujo en la Escuela Normal de Maestros, pedagogo renovador y destacado militante anarcosindicalista. Fue fusilado en Huesca el 6 de agosto de 1936.


viernes, 16 de febrero de 2018

00643 El Conejo al Ajillo

DE CHUPARSE LOS DEDOS

En algún momento de este caleidoscopio vital he dejado constancia de mi gusto por esta carne y compartido alguna receta. Así que iré directamente al grano e intentar que desde aquí llegue el olor de una de las recetas con pedigrí de arraigo y tradición: el conejo al ajillo. Uno de esos guisos, y sin que sirva de precedente, obligado comer con las manos y chuparse los dedos. Y no lo digo como una frase hecha sino literal: chuparse los dedos para acabar de saborear esa película viscosa que se queda impregnada en ellos y que sabe a delicia.

Todo lo que suena a ajillo me resulta fenomenal, pero si le unimos el conejo, es una cosa ya bárbara. Pensando, pensando puede que fuera una de las primeras cosas que aprendí a elaborar. Su sencillez y resultado debieron atraparme. Hay varias maneras de hacerlo, según se tenga por tradicional costumbre. A partir de la base, conejo y ajos, hay quien le añade unos cuadraditos fritos de patatas, hierbas, pimienta, caldo de carne... todas las propuestas son buenas, No obstante, como más me gusta es sin añadiduras; bueno, con un chorrito de vino blanco. Así lo aprendí en su día y así lo hago, pero incluso hasta el vino puede sobrarle. Lo importante y la gracia del guiso está en los ajos y en su lenta cocción.

Así que manos a la obra. Cubrimos de aceite virgen de oliva la base de una tartera o sartén grande. Todavía en el frío aceite, echamos una decena de dientes de ajo pelados y comenzamos a guisar con el fuego muy bajo. Dejamos que se vaya aromatizando el aceite con los ajos y cuando estos empiecen a dorarse, incorporamos las piezas del conejo, previamente bien troceadas, sazonadas y pasadas por harina. Subimos ligeramente el fuego y dejamos que el conejo se vaya haciendo y tomando color. Fundamental, que no se nos quemen los ajos. Cuando el conejo está casi a punto, añadimos un generoso chorro de vino blanco y dejamos que el guiso ligue la salsa. También fundamental, sin prisas, despacito. Ya está. Solo queda chuparnos los dedos.





jueves, 15 de febrero de 2018

00642 Los Espárragos

SIEMPRE AGRADECIDO

Bienvenida sea esta planta y verdura al listado de gustos y querencias. ¡Qué buena aliada también en la cocina y qué cómplice es en días de nada! Porque a ver, ¿qué despensa que se precie no tiene una lata de espárragos a la espera de su oportunidad? Amigos del jamón y de las menestras, de los huevos escalfados, de ensaladas, de pasteles de verduras, de puddings, de pinchos y de mayonesas. Y para qué contar cuando llegados los meses de febrero y marzo aparecen en los mercados los frescos espárragos nacidos en tierras navarras, riojanas o aragonesas.  Hervidos y servidos templados con aceite y sal. Sin más. De pecado.

Se dice que los espárragos son muy apreciados ya desde la antigüedad, tanto por sus usos culinarios como por las propiedades medicinales que posee. Con un mínimo aporte calórico, dado su bajo contenido en hidratos de carbono, los espárragos son un alimento imprescindible para una dieta sana en cualquier ciclo de la vida. Poseen vitaminas A, C, E, B1, B2 y B6, además de antioxidantes y minerales como el hierro, calcio, fósforo y sodio. Contribuyen a la formación de glóbulos rojos y son un gran depurativo.

No obstante, y seguro que mientras esto lees te ha venido a la cabeza, algún pero tienen que tener. Y es que algunos de sus componentes se metabolizan y excretan en la orina, dándole un inconfundible y "ligero" olor un tanto desagradable. Pero se le puede perdonar. ¡Son tan buenos y sabrosos!

Ah! y qué decir de su uso como botiquín casero de primeros auxilios. Siempre recordaré, siendo niño, cómo unos espárragos ayudaron a desincrustar de mi garganta una espina de pescado. ¡Qué mal lo pasé! Y qué aliviado me sentí cuando los espárragos, no sé en qué número, consiguieron arrastrar la espina. Aunque solo sea por esto, siempre agradecido al espárrago.